40413(06-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA     DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 029  

Bogotá  D.C.,  febrero  seis  (6) de dos mil  trece (2013)   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  de  WILDER   TORRES   CÁRDENAS   contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de Ibagué del 26 de julio de 2012, por cuyo  medio  modificó la pena impuesta en el fallo de primera instancia dictado el 22  de  julio  de  2010  por  el  Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de esa ciudad,  fijándola  en  treinta  y seis (36) meses de prisión, multa de $26’196.000   e   interdicción   en   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  lapso,  como autor  responsable    del    delito    de    omisión    del    agente    retenedor   o  recaudador.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

La  situación  fáctica  se precisó por el  juzgador   ad  quem  de  la  siguiente forma:   

“La  Administración  Local  de  Impuestos Nacionales de Ibagué, Grupo Unidad Penal,  elevó  denuncia  el  21  de  septiembre  de  2007  en  contra  de Wilder Torres  Cárdenas,   en  razón  a  que  presentó  declaraciones  tributarias  pero  no  consignó  dentro del término de ley los dineros recaudados en su condición de  persona  natural  correspondiente  al impuesto de ventas del año 2006 periodo 6  por    un    valor   total   de   $13’098.000”.   

Los   sucesos   narrados   en  precedencia  condujeron   a   la   apertura   de   instrucción1  en  contra  de  WILDER   TORRES  CÁRDENAS,  a  quien  se  vinculó         mediante         indagatoria2,  siendo calificado el mérito  del  sumario  el  25  de  febrero  de  2008  con  resolución de acusación como  presunto    autor    del   delito   de   omisión   del   agente   retenedor   o  recaudador.   

          La  etapa  del  juicio  le correspondió al Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  de  Ibagué,  despacho  ante  el  cual  se  adelantaron las audiencias  preparatoria3       y       de       juzgamiento4,  luego  de  lo cual, el 22 de  julio  de  2010, profirió fallo condenatorio, modificado el 26 de julio de 2012  por  el  Tribunal  Superior de Ibagué, exclusivamente respecto del quantum       punitivo,  previa impugnación de la defensa.    

En  desacuerdo  con  la  determinación  de  segunda   instancia,   el   apoderado  del  declarado  responsable  interpuso  y  sustentó,   mediante   demanda,   recurso  extraordinario  de  casación,  cuya  admisibilidad procede a analizar la Sala.   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  el  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, el  defensor  formula  un  único cargo contra la sentencia proferida el 26 de julio  de 2012 por el Tribunal Superior de Ibagué, el cual enuncia así,   

          “Acuso  la  sentencia  impugnada por la  causal  primera  de  Casación,  prevista  en  el  artículo  207 del Código de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000,  en  razón  de haberse proferido una  sentencia  violatoria  de  una norma de Derecho sustancial por error de hecho al  darse  una selección de la norma correcta (Art. 63 C.P.), pero en su alcance se  restringió  el  mismo  al negarse al procesado la suspensión condicional de la  ejecución  de la pena cuando se daba el cumplimiento de las exigencias de orden  objetivo  y  subjetivo.  Es  decir,  se aplica la norma adecuada al caso pero al  interpretar  el  precepto  le  otorga  un sentido del que carece o en cambio, le  asigna  efectos distintos o contrarios a su contenido (interpretación errónea)  al  negarle  al  señor WILDER TORRES CÁRDENAS la suspensión condicional de la  ejecución  de  la pena, desconociendo que las mismas exigencias con base en las  cuales  se le otorgó la prisión domiciliaria son aplicables para la concesión  de   la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena”.    

En  demostración  del  cargo señala que la  errónea  interpretación y posterior aplicación del precepto aludido por parte  de  la Sala Penal del Tribunal Superior de Ibagué se concreta en la afirmación  acorde     con     la     cual     WILDER    TORRES  CÁRDENAS   no reúne la exigencia subjetiva para  concederle  el  subrogado  de  la  condena  de ejecución condicional de la pena  porque cuenta con anotaciones penales.   

   

Agrega  que  no  desconoce  los  hechos, las  pruebas  y  la  valoración  de las mismas realizada por las instancias, pero no  está  de  acuerdo  con  las apreciaciones esbozadas para negar el subrogado del  artículo  63  del  Código  Penal,  pues,  contrario  a  lo  considerado por el  Tribunal,    sí    se    reunían    los    requisitos    para   conceder   ese  beneficio.     

Lo  anterior por cuanto el aspecto subjetivo  demanda  ponderar la personalidad del sentenciado, reflejada en sus antecedentes  personales,  sociales  y  familiares,  así  como  la  modalidad  y gravedad del  delito,  manifestada  en  las  concretas  circunstancias  de  ejecución  de  la  conducta  punible,  todo lo cual permite establecer si el procesado requiere que  se haga efectiva la pena.   

En  ese orden, señala, el Tribunal debió  otorgar  el  subrogado  por cuanto la pena impuesta fue de 36 meses de prisión,  configurándose  el  factor  objetivo.  Además,  porque  el  aspecto  subjetivo  también  se  reúne,  pues  al proceso sólo se allegaron anotaciones que daban  cuenta  de  la  existencia  de  sentencias  en  contra del procesado, pero no se  aportaron  los fallos y a la luz del artículo 248 de la Constitución Política  únicamente   las  condenas  contenidas  en  sentencias  tienen  la  calidad  de  antecedentes penales.   

Por  tanto,  como  estaban  presentes  los  requisitos  para conceder el subrogado, el Tribunal vulneró la norma sustancial  al  inferir la necesidad de la ejecución de la pena por la simple existencia de  anotaciones penales.   

Ello, además, porque el análisis del factor  subjetivo  es  similar  en  punto  de  la prisión domiciliaria y de suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  motivo  por  el  cual no resulta  entendible  que  se  accediera  a  la  primera pero no a la segunda, en tanto la  ponderación  efectuada  para  una  figura era válida para la otra, concluyendo  que  “las consideraciones hechas por la Corporación  resultan  superfluas  y  poco  asertivas  en cuanto al análisis que requiere la  negativa   que   hoy   se  ataca  por  este  recurso  extraordinario”.   

Con  base  en lo expuesto, solicita casar la  sentencia   impugnada   y,   en  su  lugar,  conceder  al  declarado  penalmente  responsable  el  subrogado  de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Al  tenor  de  lo previsto en el numeral 3° del artículo 212 de la  Ley  600  de  2000,  la  demanda  de  casación  deberá  contener  “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación del cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

De  esta  manera,  la  presentación  de  la  demanda  de  forma  clara  y  precisa supone la carga para quien la suscribe, en  atención  al  carácter  rogado  del  recurso  extraordinario,  de  esbozar una  argumentación  razonable,  coherente,  comprensible,  lógica  y  suficiente en  orden  a  lograr  derrumbar el fallo del cual se disiente, tras demostrar que ha  incurrido en errores que afectan su constitucionalidad o legalidad.   

         

En  el  evento bajo examen el actor opta por  invocar  en  apoyo del único cargo que formula, “la  causal  primera  de  Casación,  prevista  en  el  artículo  207 del Código de  Procedimiento  Penal,  Ley 600 de 2000”, sin precisar  si  se  refiere  al  cuerpo  primero  o  segundo  de esa preceptiva, esto es, si  postula  la violación directa o indirecta de la ley, con lo cual desatiende las  reglas mínimas de claridad y precisión propios del recurso.   

A  pesar  de  la  precaria  y contradictoria  argumentación  otorgada,  la  Sala  colige que el cargo se dirige a pregonar la  violación  directa  de la ley por interpretación errónea, contexto dentro del  cual se procede a su examen.    

La violación directa de la ley sustancial se  concreta  cuando a partir de la apreciación de los hechos legal y oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los  falladores  omiten  aplicar la  disposición  que se ocupa de la situación en concreto, en cuanto yerran acerca  de  su  existencia  (falta de aplicación o exclusión  evidente),  realizan  una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida), o le atribuyen a  la  norma  un  sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a  su contenido (interpretación errónea).   

En  tal  caso,  sin  importar  la especie de  quebranto  directo de la preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea  porque se dejó de lado el precepto regulador de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho se ajusta a una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

En  consecuencia,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

Visto  lo anterior, la Sala encuentra que el  libelista  desconoció  la  técnica  propia  de  esta  causal, pues aunque dice  aceptar  los hechos expuestos en la sentencia y la valoración de los mismos, en  realidad  se  aparta de la visión y ponderación efectuada en el fallo respecto  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Así, en el fallo de segundo grado, sobre el  tema se manifestó,   

“No obstante el  juez a  quo                                                                                                                                                                                                                                                                                                             en  torno  al  análisis  del presupuesto subjetivo del subrogado penal (art. 63  C.P.),  consideró  que no se obtiene un estudio favorable para el procesado por  cuanto  al revisar los antecedentes personales, sociales y familiares, así como  razones  de  prevención  general  y  especial,  se  advierte la necesidad de la  ejecución  de  la  pena,  apreciación  que  la  Sala comparte, pues si bien no  reposa  en  la carpeta copia de sentencias condenatorias proferidas en contra de  Wilder  Torres Cárdenas, no se puede desconocer las anotaciones penales que por  procesos  de favorecimiento, homicidio, inasistencia alimentaria y fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  o municiones en su contra reposa en el  sistema de información sobre antecedentes SIAN.   

A  la  luz del art. 248 de la Constitución  Política,  únicamente  las  condenas  proferidas  en  sentencias judiciales en  forma    definitiva    tiene    (sic)   la   calidad   de  antecedentes  penales,  no  obstante  todas  las  informaciones  que alberga el Estado por concepto de investigaciones penales que  adelantan  las  autoridades  y  que  no constituyen antecedentes penales, pueden  servir  a  los funcionarios judiciales para inferir los antecedentes personales,  sociales  y  familiares  del  sentenciado,  situación  que  tiene  relación  e  incidencia  de  manera  directa  en  el  estudio  de  viabilidad  del  mecanismo  sustitutivo  de la ejecución de la pena”5.        

En ese orden, el reparo cuya admisibilidad se  estudia  no  propone  un  asunto  de  rigurosa  raigambre jurídico –  conceptual, como debía hacerse. Por  el  contrario,  se  encamina  a deplorar que el Tribunal, producto de una errada  valoración  probatoria,  no  haya aceptado la tesis defensiva según la cual en  el  evento  bajo  examen  se  reúnen  los  requisitos objetivo y subjetivo para  concederle  al  declarado  penalmente responsable el subrogado de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Con  el  referido proceder, el demandante se  sustrae   a  la  obligación  dispuesta  por  el  legislador  de  exigir  a  los  recurrentes  que el libelo contenga “la enunciación  de  la  causal  y  la formulación del cargo, indicando en forma clara y precisa  sus    fundamentos     y    las    normas    que   el   demandante   estime  infringidas”.   

Este puntual defecto de lógica es suficiente  para  inadmitir  el cargo, pues pese a plantear la violación directa de la ley,  el  censor  encaminó  su  esfuerzo  a atacar de manera imprecisa y genérica la  ponderación  probatoria  contenida en los fallos de primera y segunda instancia  en  punto  del subrogado del artículo 63 del Código Penal, circunscribiéndose  a  confrontar  su  criterio  personal con el plasmado en la sentencia impugnada,  desconociendo  que  esa actitud riñe con la naturaleza del recurso, en tanto no  constituye una tercera instancia.   

De otra parte, contrario a lo afirmado por el  libelista,  el  fallo censurado no valoró como antecedentes las anotaciones del  Sistema  de  Información  SIAN. Simplemente precisó que esa información sirve  “a  los  funcionarios  judiciales  para inferir los  antecedentes  personales,  sociales y familiares del sentenciado, situación que  tiene  relación  e incidencia de manera directa en el estudio de viabilidad del  mecanismo  sustitutivo  de la ejecución de la pena”.   

En  ese  orden, las notas del sistema fueron  utilizadas  por  los  falladores  para  deducir las condiciones particulares del  sentenciado  y no para señalar que contaba con antecedentes penales. Aún más,  fue  el Tribunal el que destacó cómo ese tipo de información no ostenta dicho  estatus jurídico.   

De  la misma forma, la censura acorde con la  cual  el  fallo  demandado  infringió  la  ley  “al  negarle  al  señor  WILDER  TORRES  CÁRDENAS  la suspensión condicional de la  ejecución  de  la pena, desconociendo que las mismas exigencias con base en las  cuales  se le otorgó la prisión domiciliaria son aplicables para la concesión  de   la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena”,  desconoce  que  dichos  institutos  no son idénticos en tanto  ostentan  naturaleza,  requisitos  y  finalidades  diversas.  Así,  mientras la  prisión  domiciliaria  constituye  una  pena  en  sí misma, el subrogado es un  mecanismo de sustitución de la pena privativa de la libertad.   

De igual forma, los factores a considerar en  cada  figura  jurídica  son diferentes. Mientras la domiciliaria procede cuando  la  sentencia  se  impone  por conducta punible cuya pena mínima prevista en la  ley  es  de  cinco  años  de  prisión  o menos, el subrogado resulta aplicable  cuando  la  sanción  impuesta  no  excede los tres años. Y en punto del factor  subjetivo,  si  bien  en  los  dos  eventos  se  revisa  el desempeño personal,  familiar  y  social  del  sentenciado,  en  la  domiciliaria  la ponderación se  elabora   para   determinar   si   el   declarado   responsable  “no  colocará  en  peligro  a  la  comunidad  y  … no evadirá el  cumplimiento  de  la  pena”, en tanto en el subrogado  se   hace   para   establecer  si  existe  necesidad  de  la  ejecución  de  la  pena.   

En  ese  orden,  se  trata  de  institutos  jurídicos  diferentes  que  no  pueden  ser asimilados en todos sus componentes  como lo pretende el libelista.    

   

Se concluye de lo expuesto en precedencia que  el  cargo  formulado  contra  la  sentencia no se desarrolló en forma adecuada,  esto  es,  indicando de manera precisa y coherente los fundamentos de la causal,  aspecto  de suyo suficiente para inadmitirlo dada la naturaleza de este medio de  impugnación.   

Por  ello,  se  impone  inadmitir la demanda  presentada   por   el   defensor   de  WILDER  TORRES  CÁRDENAS,  teniendo  en  cuenta  que  el principio de  limitación   que  regenta  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  cuya  regulación  se encuentra en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, impide a la  Corte  subsanar  las  incorrecciones  anotadas,  máxime  cunado  no se advierte  violación  de garantías fundamentales que reclame la intervención oficiosa de  la Sala.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada   por   la   defensa   de   WILDER  TORRES  CÁRDENAS,  por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                    GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ           

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                        JULIO  ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA                 

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 El 25  de septiembre de 2007, ver folio 13 del cuaderno original No. 1.   

2 EL 8  de noviembre de 2007, folios 29 y ss del cuaderno original No. 1.   

3  Audiencia  realizada  el  2  de  febrero de 2009; folio 71 cuaderno original No.  1.   

4 El 17  de febrero de 2010, folios 107 y ss del cuaderno original No. 1.   

5 Cfr.  Folios 13 y 14  del cuaderno de la causa.     

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