40321(17-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 113  

Bogotá,  D. C., abril diecisiete (17) de dos  mil trece (2013)   

VISTOS:  

La Sala resuelve sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado Francisco José  Villar  Padilla1   contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena,  que  revocó la absolutoria dictada por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  la  misma ciudad y lo condenó como autor de los delitos de acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años  agravado,  cometido en concurso  homogéneo, e incesto.   

HECHOS       Y    ACTUACIÓN   PROCESAL   RELEVANTE:   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad  quem  en los siguientes  términos:   

“Los  hechos  génesis  de  la  presente  investigación  parten  de  la  denuncia formal presentada por la señora Ingrid  Jhoana  López  Martínez,  quien manifestó al respecto que los mismos tuvieron  ocurrencia  en  el  mes  de  septiembre  del  año 2006, en el barrio El Bosque,  vivienda  militar,  transversal  48  B No. 21B-108 [de  Cartagena],  lugar  donde  el señor Francisco Villar  Padilla  «le  chupaba  la  cola y el pipí y hacía que los infantes S.J.V.L. y  S.E.V.L.  se  lo  chuparan  a  él» (sic).”   

Con fundamento en lo anterior, fue vinculado  mediante  indagatoria  Francisco  José  Villar  Padilla  y, el 27 de febrero de  2009,  en  la  Fiscalía  Treinta  y  Dos Seccional de Cartagena de la Unidad de  Delitos  contra  la  Libertad, Integridad y Formación Sexuales, se le profirió  resolución  acusatoria  como  presunto  autor de los ilícitos de acceso carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años agravado e incesto cometidos en concurso  homogéneo    (arts.    208,   211   —num.     2º    y    4º—  y  237  del  C.P.),  la  cual  quedó  ejecutoriada el 19 de marzo  siguiente2.   

La   etapa   de   la  causa  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Cartagena, donde fueron  celebradas  la  audiencia  preparatoria y la vista pública, tras lo cual, el 23  de septiembre de 2009, se absolvió al procesado.   

Ese  fallo  fue apelado por el representante  del  Ministerio  Público  y,  el  27  de abril de 2012, el Tribunal Superior de  Cartagena  lo  revocó y condenó al enjuiciado Francisco José Villar Padilla a  la  pena  principal  de  104  meses  de  prisión,  así  como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término,  al  hallarlo autor de los delitos de acceso carnal abusivo con  menor  de  catorce  años  agravado  cometido  en  concurso homogéneo e incesto  (arts.   208,  211  —num.  4º—  y  237  del  C.P.),  negándole  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y el  mecanismo sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Contra   esa  decisión  el  defensor  del  procesado presentó recurso de casación.   

LA      DEMANDA:   

Después de hacer referencia al alcance de la  presunción   de   inocencia   y   el  in  dubio  pro  reo,  formula  una  sola  censura, cuyos argumentos se  sintetizan de la siguiente manera.   

Cargo   único:  

Al  amparo de la causal primera de casación  consagrada  en  el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, el actor denuncia la  “violación      directa      de     la     ley  sustancial”,  por  cuanto  a  pesar  de  que  en  la  sentencia se reconoce la duda, se condenó al incriminado.   

Enunciado lo anterior y luego de reiterar las  expresiones   sobre   el  alcance  de  la  presunción  de  inocencia  y  el  in  dubio  pro reo, recuerda que  en  la  sentencia  de  segunda  instancia  se  hizo  alusión  tanto al dictamen  sexológico  practicado  al menor S.J.V.L., en donde se indicó que “no  existen  huellas  de  penetración  pero no se descarta otro  tipo  de abuso”, como al realizado al niño S.E.V.L.,  en  el  que  por  igual se consignó que “no existen  huellas  de  penetración,  pero  no  se descarta otro tipo de maniobras de tipo  sexual”,  lo  cual  pone  en  duda  el  “abuso sexual”.   

Así  las  cosas,  indica  que  se ha debido  acudir  a  la  “prueba  psicológica”,  respecto de la cual asegura que no se tuvo en cuenta “en  ningún  momento”,  en  especial  “el  informe  de valoración psicológica realizado  al  niño  S.J.V.L.,  en  donde  se concluye… que… «no presenta indicadores  clínicos  que  denoten  la presencia manifiesta o larvada de alguna alteración  psicopatológica”,  así  que  de allí “se  desprende  que  no  están  demostradas  fehacientemente las  conductas punibles que se endilgan al procesado”.   

Añade que la violación de la ley sustancial  también  “provino  de no apreciar bien las pruebas  testimoniales  de… Ingrid Jhoana López Martínez… (…denunciante)… Jairo  López  Posso  (padre de la denunciante…), Dominga Padilla de Villar (…madre  del  procesado…)  y…  el  informe  de  valoración psicológica realizada al  niño S.J.V.L.” atrás identificado.   

Agrega que Jairo López Posso manifestó que  su  hija  Ingrid  Jhoana  López  Martínez,  luego  de  ingresar  a  la iglesia  cristiana   a   la   que   pertenecía,   “tuvo  un  comportamiento  diferente”,  quien  en  una ocasión  “llegó  a su casa en procura de ayuda alegando que  los  miembros  de  la iglesia con la que se encontraba vinculada le dominaban su  mente”,  oportunidad en la que sostuvo que no sabía  que  le  había  pasado  “cuando  el  pastor  de la  iglesia…  le metió a ella en la mente que su esposo Francisco le hacía daño  a los niños”.   

De  otro  lado, el censor refiere que Ingrid  Jhoana  López Martínez, en la audiencia pública, varió su versión inicial y  sostuvo   que   el   pastor   de   la   iglesia   le   decía  que  “el    niño    [S.J.V.L.]  era  abusado  y  empezó  a  interrogar  al  niño y el niño era  callado,  y  él decía que el niño no habla porque usted está aquí, entonces  me  envió  al  colegio…  [por  lo  que]  en  realidad  yo  no  escuché  lo  que  el  niño dijo, y cuando  regresé  encontré  a la esposa de él llorando y a él todo sorprendido, y él  dijo  que  el  niño  dijo que el papá lo tocaba”, a  partir  de  lo  cual  el impugnante concluye que la citada no escuchó a su hijo  referir    el    abuso,   por   lo   que   ésta   expresó   que   “siempre     pensé     que     era     falso,     pero     ellos  insistían”,   por   lo  que  se  vio  “toda enredada”.   

Señala  el demandante que de lo anterior se  sigue  que  la  acusación provino del pastor de la iglesia, lo cual genera duda  acerca  de  la  ocurrencia  de los hechos y de la responsabilidad del procesado,  por  tanto,  está  ausente la certeza de que trata el artículo 232 del Código  de Procedimiento Penal.   

En  esa  medida,  expone  que toda duda debe  resolverse  a  favor  del  procesado,  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el  artículo  7º de la Ley 600 de 2000, así que en este asunto se debe absolver a  Francisco  José  Villar  Padilla  de  los  delitos  de  acceso carnal abusivo e  incesto,   pues   se   aplicó   indebidamente  el  artículo  232  ibídem,   por   tanto,  pide  casar  la  sentencia y dictar una de reemplazo en el sentido advertido.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   SALA:   

I.      Cuestión    Previa:   

Como  quiera  que a lo largo de la sentencia  impugnada  e igualmente en la de primer grado, se alude al acusado con el nombre  de  Francisco Javier Villar Padilla, cuando en realidad responde al de Francisco  José  Villar  Padilla,  en  la parte resolutiva de esta providencia se hará la  aclaración correspondiente.   

En  efecto,  las  constancias  procesales se  encargan  de  evidenciar  que  el  nombre  correcto del incriminado es Francisco  José  Villar  Padilla,  así  se  puede  observar  en  la  denuncia3  (la cual fue  presentada   por   la   esposa),   en   la   resolución   de   apertura  de  la  instrucción4,   en   el   informe   de   aprehensión   del   citado5  y en el acta  de        derechos        del        capturado6.   

Por tanto, si bien en el encabezado del acta  que  recoge  la diligencia de indagatoria rendida por el inculpado se indica que  se   llama   Francisco   Javier   Villar   Padilla7,  por  igual  se  tiene que al  final,  en  su  antefirma,  se  refirió que su nombre es Francisco José Villar  Padilla,  quien  al  suscribir  tal  documento  claramente  lo  hizo  con  éste  nombre8.   

Adicionalmente, se tiene que al imponérsele  medida           de           aseguramiento9   y  proferirle  resolución  acusatoria10,  se lo mencionó con su nombre correcto, el cual también aparece  en   el   acta   de   la   audiencia   preparatoria11,  de  manera que si bien en  el  encabezado12  del acta que recoge la primer sesión de la audiencia pública se  volvió  a  citar  como Francisco Javier Villar Padilla, en la antefirma aparece  su  nombre  correcto,  quien  a  su  vez suscribió la diligencia como Francisco  José            Villar            Padilla13,   nombre   correcto   que  igualmente  es  señalado  en  la segunda, tercera y cuarta sesiones      de      la      vista     oral14.   

Así  las  cosas,  no  hay  duda  de  que el  procesado  responde  al  nombre de Francisco José Villar Padilla, razón por la  cual  en  la  parte  resolutiva  de  esta  decisión  se  hará  la  aclaración  inicialmente advertida.   

II.       Sobre    el      recurso      de      casación    en       la       Ley       600     de    2000:   

La  Corte al examinar la admisibilidad de la  demanda  de  casación,  centra  su  interés  en  verificar  el cumplimiento de  ciertas  exigencias de lógica y adecuada fundamentación en punto de los cargos  que  la  integran, con el propósito de impedir que el recurso extraordinario se  convierta  en  una  instancia adicional a las ordinarias ya agotadas, atendiendo  al  hecho  de  que  la  sentencia  arriba  a  esta  sede  revestida  de la doble  presunción de acierto y legalidad.   

Por  tal  motivo,  los  requisitos  que  se  reclaman  persiguen  que  la  demanda  satisfaga  unos  presupuestos mínimos de  coherencia,  lo  cual  supone  expresar  de  forma clara, precisa y completa los  argumentos,  en  orden a garantizar el entendimiento del problema jurídico a la  Corte, en tanto el recurso de casación es eminentemente rogado.   

Corresponde    entonces   al   libelista  especificar,  de  conformidad con lo preceptuado en el artículo 212 del Código  de  Procedimiento Penal, la causal de casación que pretenda hacer valer y, a su  vez,  desarrollar  completamente  el  cargo  que  sirve  de sustento al recurso,  respecto  del  cual  debe  expresar  los  fundamentos  de  hecho y de derecho e,  igualmente,  le  asiste  el  deber  de demostrar la trascendencia del reparo, en  aras  de  cumplir  alguno  de  los  fines  establecidos  por el legislador en el  artículo  206 ibídem, valga  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes    o    la    reparación   de   los   agravios   padecidos   por  éstos.   

Entonces,    determinado   el   esfuerzo  argumentativo  que  corresponde  desarrollar  al  impugnante,  la  Sala  entra a  verificar  si la demanda formulada por el defensor del procesado Francisco José  Villar   Padilla  satisface  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  adecuada  sustentación.   

III.       Sobre    la   censura   en   particular:   

Como  el  libelista  denuncia  la violación  directa  de  la  ley sustancial bajo el argumento de que el Tribunal, a pesar de  reconocer  la  duda, terminó condenando al procesado y no obstante lo anterior,  en  desarrollo  del cargo el censor realiza su propia valoración de las pruebas  con  el  propósito de demostrar la incertidumbre acerca de la existencia de los  hechos  y  la responsabilidad del acusado, de esto se sigue que el reparo carece  de  lógica  y  de  adecuada fundamentación, por lo que desde ahora se concluye  que la demanda será inadmitida.   

En efecto, sobre la manera de alegar la duda  en sede de casación, la Sala ha expresado:   

“Si  bien  es  cierto  que  a la aplicación indebida o a la falta de  aplicación del principio in dubio pro reo, contenido  en   el   artículo   7º  de  la  Ley  600  de 2000,  puede  llegarse  tanto por la vía directa como por la  indirecta  de  transgresión  a  la  ley  sustancial,  también    es    claro    que   los   antecedentes  jurisprudenciales15  han dejado establecido que  en  cada  eventualidad  el  desarrollo y demostración  del  cargo  debe corresponder al camino escogido para  su  denuncia  y  a  la  realidad  que  la  actuación  revele.   

De   este   modo,   si   se  acude  a  la  vía    directa,    debe    demostrarse    que   el  sentenciador,  a  pesar de  afirmar  duda  acerca  de  la  existencia  del  hecho  o  de  la responsabilidad   del  procesado,  decidió  proferir  fallo  de  condena, debiendo absolver (falta de aplicación)  o,  en  otro sentido, no obstante observar certeza en estos dos  extremos,  decide  absolver  cuando  debió  proferir  fallo de condena (aplicación indebida).   

Y  si lo invocado  es  la  violación  indirecta  de dicho precepto, por  incurrirse  en  errores  de  hecho  o  de  derecho en la apreciación     probatoria,     además     del  señalamiento   concreto  de  la  especie  de  error  probatorio,  el  casacionista  debe  demostrar  que  el  fallador llegó  a  la  errada  conclusión  de que las pruebas no conducen a  la  certeza del hecho o la responsabilidad del procesado (aplicación  indebida), o erradamente concluyó que  los  medios  conducían  a  la  certeza  requerida  y  condenó,    cuando    en    verdad    de    ellos  surgía   incertidumbre  que  debió  ser resuelta en  favor  del  procesado  (falta  de  aplicación). Para  dicho   efecto,   tiene   por   carga  presentar  una  argumentación  acorde con el tipo de error cometido por el juzgador al apreciar  los medios de convicción.   

…[Ahora,]  cuando     en    sede  extraordinaria  se  denuncia  violación  directa por  falta    de    aplicación,   aplicación     indebida    o    interpretación  errónea  de  normas  de derecho sustancial, es deber  del  demandante  aceptar  los  hechos  y  las  pruebas  de ellos tal como fueron  declarados      unos      y      apreciadas  las  otras  por el juzgador de segunda instancia, y exponer  su   discrepancia   en   el  ámbito  del  raciocinio  estrictamente  jurídico,  es  decir, sólo   con  las  consecuencias  jurídicas  atribuidas   a   los   hechos  declarados,  sin  que  resulte  viable  alegar  o  sugerir  al tiempo errores  de  apreciación probatoria, dado que para ello la ley  previó    la    vía  indirecta.”16   

De  acuerdo con lo anterior, se advierte que  en  el  caso  de  la  especie  el  demandante  realizó  una mezcla de imposible  aceptación  en  sede  extraordinaria,  por  cuanto inicialmente, al enunciar el  cargo  alegando  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  expresó que  pretendía  demostrar  que  el  Tribunal había reconocido la duda y sin embargo  ello  no  se  reflejó  en  la  parte  resolutiva  del  fallo,  de manera que le  correspondía  entrar  a  mostrar  en  qué  apartes  de  la  sentencia  así se  evidenciaba, no obstante, guardó absoluto silencio al respecto.   

Adicionalmente,  se  dedicó  a  plasmar  la  apreciación  personal  de  las  pruebas  que  a  su juicio conducían a la duda  acerca  de  la  existencia de los hechos y la responsabilidad del procesado, mas  no  a señalar verdaderos y trascendentes yerros en la valoración de los medios  de convicción legalmente practicados.   

Así las cosas, es clara la falta de lógica  y  adecuada  fundamentación de la censura, en tanto que, como se dejó expuesto  por  la  Sala  en  la  decisión  que  se  transliteró,  cuando  se  acude a la  violación  directa  de  la  ley sustancial, se parte de aceptar los hechos y la  estimación probatoria conforme es consignada en el fallo.   

Ahora, aún salvando el yerro del censor al  haber  invocado  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  para después  cuestionar  la  estimación  probatoria,  de  concentrar  la  Corte la atención  exclusivamente  en la eventual existencia de errores de hecho en la apreciación  de  los  elementos  de  convicción  conforme  lo  insinúa  la  censura  en  su  desarrollo,  la  ausencia  de lógica y suficiente argumentación persiste, toda  vez  que  en  modo alguno el censor consigue demostrar la incertidumbre que a su  juicio  aflora de la apreciación de la prueba, pues se limita a escoger algunos  medios de persuasión y convenientemente deja de lado otros.   

El fallo impugnado se encarga de revelar esa  realidad, pues alí se expresa:   

“En  efecto,  con  independencia de si se  comparte  o  no  el  razonamiento acogido por el despacho de primer grado, en la  sentencia  impugnada  se  observa  que,  luego  de  realizar  un recuento de las  páginas  procesales,  así  como de la jurisprudencia y la doctrina, no se hace  una  confrontación para la elaboración de un análisis de las pruebas obrantes  en  el  expediente  y  de  los  argumentos  expuestos por las partes, veamos por  qué:   

Inicialmente se cuenta con la denuncia penal  formulada  por  la  madre  de  los  menores S.J.V.L. y S.E.V.L., es en esa misma  diligencia  donde  ciertamente  se  da cuenta de la forma como fueron ultrajados  sexualmente  sus  hijos,  para  cuyo efecto su agresor (Francisco Villa Palencia  (sic)),  con  el  fin  de  obtener  estos  propósito  sexuales,  aprovechó  su condición de padre de los  menores  y  decidió  realizarles maniobras de tipo sexual prohibidas por la ley  penal  colombiana.  Tal  situación  se  puede  corroborar con el examen médico  legal  sexológico No. 2006C-02010107606, practicado al infante S.J.V.L. el día  22  de  septiembre del año 2006, donde se dictaminó por parte del Instituto de  Medicina  Legal,  que si bien no existe huellas de penetración, no menos cierto  es  que  no  descarta  otro  tipo  de abuso; igualmente, se cuenta con el examen  médico  legal  sexológico No. 2007C-020200618, practicado al infante S.E.V.L.,  el  día  30  de  enero  del  año  2007,  donde igualmente se dictaminó que no  existían  huellas  de  penetración,  pero  no  se  descartaban  otro  tipo  de  maniobras de tipo sexual.   

Pero  no  solo es lo anterior, a folio 38 y  ss.  del  cuaderno  original de la instrucción milita la declaración del menor  S.J.V.L.,  en  la  que  con  lujo  de  detalles, y en igualdad de circunstancias  narradas  en  el  acápite  de  la anamnesis rendida en el Instituto Nacional de  Medicina  Legal  para su valoración sexológica, el menor en referencia detalla  aspectos  como:  «Preguntado:  (…)  dínos  cómo  es el comportamiento de tu  papá  Francisco José para contigo. Contestó: mal porque me chupaba la cola, a  veces  me  metía el dedo en la cola, no me dolía. Preguntado: qué otras cosas  hacía  tu  papá  Francisco. [Contestó:]  también  me  metió su pipí en mi boca, y también me cogía mi  pipí y se lo ponía en la boca de él (…)».   

En  ese mismo sentido, a folio 43 y ss. del  cuaderno   original  de  la  instrucción,  milita  la  declaración  del  menor  S.E.V.L.,  en  la  que  con  lujo  de  detalles, y en igualdad de circunstancias  narradas  en  el  acápite  de  la anamnesis rendida en el Instituto Nacional de  Medicina  Legal  para su valoración sexológica, el menor en referencia detalla  aspectos  como:  «él me bañaba y también a mi hermanito, me bañaba el pipí  y  la  colita, me besaba el pipí también, se deja constancia que el menor hace  demostración  de  que  el  papá le ponía el pipí en su boca, y dice y con la  boquita de él me besó el pipí (…)».   

Luego  es  claro  que  no  solo  el  hecho  existió,  sino  que  además la prueba técnica de medicina legal, en este caso  el  examen  sexológico,  demuestra  que  si bien no hubo penetración, no menos  cierto  es  que  se evidenció la práctica de otras formas de abuso, como lo es  la  penetración vía oral y que en tal sentido la adecuación típica concuerda  con la evidencia adosada en tal sentido a los autos”.   

De  otra  parte,  no se ajusta a la realidad  procesal  la  afirmación  del  demandante  conforme  a  la  cual,  en  el fallo  impugnado  no  se  tuvo  en cuenta tanto la valoración psicológica en donde se  concluyó  que el menor S.J.V.L. no presentaba una alteración psicopatológica,  como  la  retractación de Ingrid Jhoana López Martínez (madre de los niños y  denunciante)  y  los  testimonios de Jairo López Posso (padre de la anterior) y  Dominga  Padilla  de  Villar  (madre  del procesado), por cuanto el Tribunal, al  hacer  referencia  a  los  fundamentos  del  recurso  de apelación, indicó que  según   el   recurrente,  “el  recorrido  procesal  muestra  que  el  llamado  componente  religioso  surge en las postrimerías del  proceso  y  en  boca  del  suegro  y de la madre del procesado, lo que indica un  cambio  de  estrategia  defensiva,  ello si se tiene en cuenta que en ninguna de  las   incursiones  procesales  [de  la  madre  de  los  niños]  señaló  que  la  denuncia que se presentó  hubiese   sido   producto   de   una   manipulación   mental  de  los  líderes  religiosos”.   

Ahora,  concluido el resumen del recurso, en  la    parte    considerativa   del   fallo   el   ad  quem,  después  de  analizar  el tipo penal de acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años en orden a precisar que en estos  casos  no  es  posible  que  la  víctima  otorgue su consentimiento, expuso que  “luego  de  una  lectura a fondo del fallo atacado,  para  la  Sala  es  claro que en el presente caso, sin que resulte arbitrario ni  caprichoso  el  apoyo empleado por el juez a quo para sustentar su decisión, se  dejó  de  hacer  un  análisis de los elementos suasorios que se allegaron a la  investigación   al   tamiz   de   los   postulados   que   enarbolan   la  sana  crítica”.   

Entonces,  si  se  observa la sentencia de  primera  instancia,  es claro que la misma se fundó en las pruebas que el actor  denuncia  como  no  valoradas,  en  las  cuales se menciona que la acusación se  basó  en la influencia religiosa ejercida por el pastor de la iglesia a la cual  pertenecía  la  madre  de los niños, de donde se sigue que no es cierto que el  Tribunal  no  haya  valorado  los medios de convicción de descargo, sino que no  les  otorgó credibilidad, lo cual incluso se pone en evidencia cuando descartó  la  versión  del procesado sobre la inexistencia del abuso a sus menores hijos,  amén  de  que el ad quem, a  partir  del  dictamen psicológico del 28 de septiembre  de   2006   practicado   al   menor   S.J.V.L.,   concluyó   que   “no  existe  duda  sobre la credibilidad del abuso de que ha sido  objeto  el  menor  por parte del imputado, que lo ha llevado a un gran temor por  la  convivencia  cercana  que  le  ha  afectado;  informe  este  que  con  mayor  contundencia  da  cuenta  de la veracidad de los hechos nefastos vividos por las  víctimas,    otorgándosele    así    plena    credibilidad   a   sus   dichos  testimoniales”.   

Así  las  cosas, según se dejó señalado  desde  el  comienzo, como quiera que la censura incurre en profundos defectos de  lógica  y  adecuada  fundamentación,  pero  además, el demandante simplemente  pretende  sobreponer  su  apreciación  probatoria  a la del Tribunal, se impone  inadmitir la demanda.   

IV.      Casación    oficiosa:   

En ejercicio de las facultades conferidas en  el  artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000,  observa  la  Sala  la  eventual  vulneración   de   la   garantía   de  non  bis  in  ídem   y   del   principio   de   legalidad   de  la  pena.   

1.        Sobre    la         garantía        de        non    bis    in    ídem:   

Con  el  propósito  de dilucidar si ésta en  efecto  se  quebrantó  en  el  sub judice,  inicialmente  resulta  oportuno  recordar  que  en la resolución  acusatoria  se imputó al procesado el delito de acceso carnal abusivo con menor  de  catorce años cometido en concurso homogéneo, el cual estaba descrito en el  artículo  208  del Código Penal, para la época de los hechos, de la siguiente  manera:   

“El  que  acceda  carnalmente  a persona  menor  de  catorce  (14)  años, incurrirá en prisión de cuatro (4) a ocho (8)  años.”   

Cabe anotar que en la convocatoria a juicio,  respecto  del  ilícito  en  cita, también se atribuyeron las circunstancias de  agravación  señaladas  en  los  numerales  2º  y  4º  del  artículo 211 del  Estatuto  Punitivo,  las  cuales  eran del siguiente tenor para la época de los  hechos:   

“Las penas para los delitos descritos en  los  artículos  anteriores,  se  aumentarán  de  una tercera parte a la mitad,  cuando:   

1. (…)  

2.   El  responsable  tuviere  cualquier  carácter,  posición  o cargo que le dé particular autoridad sobre la víctima  o la impulse a depositar en él su confianza.   

3. (…)  

4. Se realizare sobre persona menor de doce  (12) años.   

(…)”  

Así  mismo, en la convocatoria a juicio se  dedujo  el  delito  de incesto cometido en concurso homogéneo contemplado en el  artículo  237  de  la  codificación  anotada, el cual estaba descrito, para la  fecha    de    los    hechos    aquí    investigados,    en    los   siguientes  términos:   

“El que realice acceso carnal u otro acto  sexual  con un ascendiente, descendiente, adoptante o adoptivo, o con un hermano  o hermana, incurrirá en prisión de uno (1) a cuatro (4) años.”   

Conocida  la  imputación  realizada  en  la  acusación,  resulta  oportuno  mencionar que la misma se mantuvo en parte en la  sentencia  condenatoria  de  segundo grado que revocó la absolutoria dictada en  primera instancia.   

En efecto, en dicha decisión no se dedujo la  circunstancia  de agravación consagrada en el numeral 2º del artículo 211 del  Código   Penal,   lo   cual   es   coherente  con  la  jurisprudencia  de  esta  Sala17  conforme  a  la  cual,  la  misma  no  se  debe atribuir cuando se  sustente  en  el  hecho  de  que  el  sujeto activo es el padre de la víctima y  efectivamente  aquel  actúe como tal frente al menor y a su vez se le impute el  delito   de   incesto,   como   ocurre   en   el  sub  lite,   pues   se   desconocería   el  principio  de  prohibición de doble incriminación.   

Precisado lo anterior, se tiene que según se  dejó  planteado  inicialmente,  en el caso de la especie se dedujo el delito de  acceso  carnal abusivo con menor de catorce años consagrado en el artículo 208  del  Código  Penal  y  en  relación  con  él se atribuyó la circunstancia de  agravación   contenida  en  el  numeral  4º  del  artículo  211  ibídem, por cuanto los ofendidos tenían  una  edad  inferior  a  la anotada, valga decir, S.J.V.L. cinco años y S.E.V.L.  tres años, para la época de los hechos.   

También  se  indicó  que para la fecha de  comisión  de  los hechos que aquí son objeto de juzgamiento, el numeral 4º en  cita  establecía  que la pena se agravaba si el delito previsto en el artículo  208  del  Estatuto  Punitivo  “Se  realizare  sobre  persona menor de doce (12) años”.   

Conviene señalar que con posterioridad a la  época  de  los  hechos que aquí concitan la atención, el numeral 4º a que se  ha  hecho  mención  fue modificado por el artículo 7º de la Ley 1236 de 2008,  por  lo  cual  quedó  con  el  siguiente tenor: “Se  realizare sobre persona menor de catorce años (14) años”.   

A  su  vez,  tal  numeral  fue  objeto de  revisión  por  la  Corte  Constitucional  y mediante sentencia C-521 de 2009 lo  declaró  exequible  condicionadamente en relación con los artículos 208 y 209  del  Código  Penal,  por  cuanto  concluyó  que  no  procedía respecto de los  delitos  descritos  en  estos  dos  artículos,  pues  encontró  que violaba el  principio    de   non   bis   in   ídem.   

Ahora  bien,  Sala  al estudiar un caso que  trató   una  situación  similar  a  la  que  aquí  se  conoce,  concluyó  lo  siguiente:   

“Los   jueces  de  instancia  hicieron  concurrir  el  tipo  penal  del  artículo  209,  actos sexuales con menor de 14  años,  con  la  causal  de  agravación  del artículo 211.4 del Código Penal,  prevista para cuando la víctima es menor de 14 años de edad.   

Con  tal procedimiento, aplicaron en forma  indebida  el  numeral  4º  del artículo 211 de la Ley 599 del 2000… Esto es,  desconocieron  el  postulado del non bis in ídem, en tanto una persona no puede  ser    sancionada    más    de    una   vez   por   una   misma   circunstancia  fáctica.   

Los jueces partieron del artículo 209, en  concordancia  con  el  211-4,  del Código Penal, de donde surge que, al parecer  (porque   nada   dijeron),   aplicaron   el   artículo  211  original,  sin  la  modificación   que   le  introdujera  el  artículo  7°  de  la  Ley  1238  de  2008.   

Conforme  lo  que tuvieron por probado los  jueces,  los hechos ocurrieron desde que la víctima contaba con 5 años de edad  (mayo  del  2004)  hasta  el  15  de abril de 2009. En ese lapso, en un comienzo  rigió  el original artículo 209 de la Ley 599 del 2000, que señalaba una pena  de 3 a 5 años de prisión…   

Ahora bien, el artículo 211.4 de la misma  Ley  599  del  2000  establecía  que  el  castigo previo se incrementaba de una  tercera  parte  a la mitad, cuando el hecho fuese realizado sobre un menor de 12  años.   

Pero  el  artículo  7º de la Ley 1236 de  2008  subrogó la anterior preceptiva, disponiendo la imposición del aumento de  pena solamente cuando la víctima fuese menor de 14 años.   

En  estas  condiciones,  se debe acoger el  principio  y  derecho  constitucional  fundamental de la favorabilidad, en tanto  resulta  de  buen  recibo,  retroactivamente, el artículo 7º de la Ley 1236 de  2008,  que impone agravar la pena cuando la víctima tenga menos de 14 años (no  12 como la derogada).   

Aplicado  ese artículo 7º de la Ley 1236  del  2008  y  enfrentado  al tipo penal por el que se procede (artículo 209 del  Código  Penal), se concluye, de necesidad, que no es de recibo la agravante, en  cuanto  la  conducta  por  la  que se condena parte de la base de una edad de la  víctima   de  menos  de  14  años,  luego  tal  circunstancia  mal  puede  ser  considerada  doblemente:  para  adecuar  la conducta en el delito de acto sexual  abusivo  con  menor de 14 años y como causal para aumentar la pena por la misma  situación fáctica: que el ofendido cuente con menos de 14 años.   

La Corte Constitucional, en fallo C-521 del  4  de agosto de 2009…  declaró la exequibilidad condicionada del numeral  4º  del  artículo 211 del Código Penal, modificado por el artículo 7º de la  Ley  1236  de 2008, en el entendido de que el mismo no era aplicable tratándose  de los tipos penales de los artículos 208 y 209 del Código Penal.   

La   Sala   de  Casación  Penal  se  ha  pronunciado  en  los mismos términos, como por ejemplo en fallo del 28 de abril  de 2010 (radicado 32782).   

La declaración de inconstitucionalidad de  la  causal  de  agravación  no  comporta  que  la  norma  derogada (el original  artículo  211.4  de  la  Ley  599  del 2000) recobrase vigencia, pues ésta fue  expresamente  subrogada  por  aquella, esto es, que desde la promulgación de la  Ley  1236  del  2008,  y  específicamente de su artículo 7º, desapareció del  orden  jurídico  el  original  artículo  211.4  de  la  Ley  599, en tanto fue  subrogado  por  aquel.  Por tanto, solamente persistiría la modificación de la  Ley 1236, igualmente inaplicable por su declarada inexequibilidad.   

En  casos como el analizado debe imponerse  el  tipo  penal  sin el agravante, toda vez que, para hechos cometidos desde ese  momento  hacia  el  futuro,  la norma vigente (artículo 7º de la Ley 1236) fue  declarada  inconstitucional  y  para eventos anteriores igual debe preferirse la  misma  disposición  con sus consecuencias, en este caso, por resultar benéfica  al  acusado, en aplicación de la favorabilidad.”18   

Así  las  cosas,  no  cabe  duda  que  en el  sub   judice  se  aplicó  indebidamente  el numeral 4º del artículo 211 del Código Penal, razón por la  cual  se  debe casar la sentencia y proceder a la redosificación de la pena, no  obstante,  dicha labor se hará posteriormente, como quiera que la Sala también  identifica  que  eventualmente  se  ha desconocido la legalidad de la pena, como  enseguida se entrará a analizar.   

2.        Sobre    el      principio     de     legalidad    de   la   pena:   

Al respecto se observa que el Tribunal, en el  proceso  de determinación de la sanción privativa de la libertad, inicialmente  identificó  el  delito  más  grave,  es decir, el de acceso carnal abusivo con  menor  de  catorce  años  agravado cometido en concurso homogéneo (arts. 208 y  211-4  del  C.P.)  y  afirmó  que  éste tenía una pena mínima de 64 meses de  prisión  y  una  máxima  de  144  meses,  conclusión que en principio resulta  acertada,  teniendo  en cuenta la imputación deducida y la época de ocurrencia  de los hechos.   

Precisado  lo  anterior,  estableció  que el  ámbito  de  movilidad  era  de  80  meses,  inferencia   que  por igual es  correcta  en  principio  según  la imputación atribuida al procesado, así que  procedió   a   especificar   los   parámetros  de  cada  cuarto,  como  sigue:  “el  primer cuarto punitivo va de 64 meses hasta 84  meses;  el  segundo  cuarto  punitivo  va de 84 meses hasta 104 meses; el tercer  cuarto  punitivo va de 104 meses hasta 124 meses y el último cuarto punitivo va  de  124  meses  hasta  144  meses”, lo cual no es del  todo acertado según se verá más adelante.   

Acto   seguido,  sostuvo  que  “es   lo  cierto  que  dentro  del  presente  proceso  no  vienen  acreditadas    circunstancias   de   mayor   punibilidad…   pero   sí   viene  evidenciándose  una  circunstancia  específica  de agravación que… obliga a  que  la  Sala  se  ubique  en el segundo cuarto punitivo, ello de acuerdo con la  distribución    efectuada,    es    decir,   de   84   hasta   104   meses   de  prisión”,  lo  que  igualmente  no es completamente  correcto según se mostrará después.   

Afirmado lo anterior, indicó que “en   consideración   a   los  delitos  cometidos”,  es  decir,  de  acceso  carnal abusivo con menor de catorce años  ejecutados     en     concurso     homogéneo,     se     hacía    “necesario  hacer  un aumento de ocho (8) meses a la pena mínima  establecida    en    el   segundo   cuarto   mínimo   pertinente”.   

Posteriormente,   realizó  el  proceso  de  determinación  de  la  pena en relación con el delito de incesto (art. 237 del  C.P.),  frente  a  lo  que  no  hay  reparo, tras lo cual concluyó que por esta  infracción   la   sanción   privativa  de  la  libertad  se  aumentaba  en  12  meses.   

En  esa  medida, fijó la pena de prisión en  104  meses,  que  resultaron  de asignar 84 meses por el delito de acceso carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años,  aumentarle  8  meses  por  el concurso  homogéneo y adicionar 12 meses por el ilícito de incesto.   

Así  las  cosas,  el  primer  error  en  que  incurrió  el  Tribunal  al individualizar la pena consistió en tener en cuenta  la  circunstancia  “específica”  de  agravación prevista en el numeral 4º  del  artículo  211  del  Código  Penal para no ubicarse en el primer cuarto de  movilidad,  pues  olvidó  que el inciso 2º del artículo 61 del mismo estatuto  prevé  que  “El  sentenciador  solo podrá moverse  dentro  del  cuarto  mínimo  cuando  no  existan  atenuantes  ni  agravantes  o  concurran  únicamente  circunstancias  de  atenuación  punitiva, dentro de los  cuartos  medios  cuando concurran circunstancias de atenuación y de agravación  punitiva,   y   dentro   del   cuarto   máximo   cuando  únicamente  concurran  circunstancias  de  agravación  punitiva”, de manera  que  la  norma  alude  es a las circunstancias “genéricas” de menor y mayor  punibilidad    consagradas    en   los   artículos   55   y   58   ibídem19.   

La  segunda equivocación en que incurrió el  sentenciador  de segundo grado, radicó en que de conformidad con lo preceptuado  en  el inciso 1º del artículo 61 del Código Penal, solamente hay tres cuartos  de  movilidad, valga decir, “uno mínimo, dos medios  y  uno máximo” y no cuatro cuartos como se afirma en  la sentencia impugnada.   

En  efecto,  sobre  el particular la Corte ha  puntualizado:   

“…a  pesar  de  que  el  método  para  obtener  el  ámbito  punitivo  de movilidad ordena dividir el marco punitivo en  cuatro  cuartos,  de  acuerdo  con  el inciso 2º del artículo 61 sólo existen  tres     (3)    ámbitos    de    movilidad:    el  primero,  conformado  con el cuarto mínimo, «cuando  no  existan  atenuantes  ni agravantes o concurran únicamente circunstancias de  atenuación   punitiva»,   el  segundo,  con  los dos cuartos medios «cuando concurran circunstancias de  atenuación   y   agravación   punitiva»   y,   el  tercero,  con  el cuarto máximo «cuando únicamente  concurran     circunstancias     de    agravación    punitiva».”20   

Entonces,  precisados  los  errores  en  que  incurrió  el  Tribunal  al individualizar la sanción privativa de la libertad,  le  corresponde  a  la  Corte  casar de oficio la sentencia y, según se indicó  previamente,   lo  propio  debe  ocurrir  por  razón  del  desconocimiento  del  principio  de  prohibición  de doble incriminación, de manera que enseguida se  procederá   a   dosificar   la   pena   en   orden   a   conjurar   los  yerros  cometidos.   

V.     Determinación    de   la   pena:   

Establecido  que  en  este  asunto  no  era  posible  imputar  la  circunstancia  específica de agravación consagrada en el  numeral  4º  del  artículo  211  del  Código  Penal,  por cuanto ello resulta  violatorio    del    principio   de   non   bis   in  ídem,  pero  además,  que  la  misma  circunstancia  sirvió  para  ubicarse  en  los  cuartos medios para individualizar la pena, en  orden  a  fijar  la  pena  de  manera correcta se tendrá en cuenta el delito de  acceso   carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años  cometido  en  concurso  homogéneo  (art.  208 ídem)  sin  la  referida  agravante, así como la conducta punible de incesto (art. 237  ibídem) y para el efecto se  conservará  el  criterio  plasmado  por el Tribunal en la sentencia, a pesar de  ser  equivocado,  como más adelante se verá, en orden a conservar la garantía  de  non reformatio in pejus,  en tanto se está ante la figura del apelante único.   

Entonces,  en  el caso particular el delito  más  grave  es el previsto en el artículo 208 del Código Penal, el cual, para  la  época  de  los  hechos,  tenía  asignada  una  pena  de  48  a 96 meses de  prisión.   

En esa medida, el ámbito de movilidad es de  48   meses,   por   lo   que   el  cuarto  mínimo  va  de  48  a  60  meses  de  prisión.   

Ahora, el juzgador de segundo grado tomó la  pena  mínima  y  la  incrementó en 8 meses de prisión por razón del concurso  homogéneo  de  delitos  de acceso carnal abusivo con menor de catorce años, lo  que  equivale  al  9,52%  de  los  84  meses  que  tuvo  en cuenta como punto de  partida.   

De  otra parte, se tiene que el juzgador de  segundo  grado,  en  relación  con  el  delito  de incesto, una vez realizó el  cómputo  correspondiente,  determinó  que  por  esta  infracción  se  debían  incrementar    12    meses    de   prisión   al   delito   más   grave   antes  aludido.   

Es del caso mencionar que el Tribunal dejó  de  lado  el  concurso  homogéneo  respecto del delito de incesto, omisión que  ahora  no  es  posible  corregir  en  razón  de  la  garantía  de non reformatio in pejus.   

En  esa medida, en definitiva la pena será  de  64  meses  y  16  días de prisión (48 meses por el delito de acceso carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años,  4  meses  y  16  días por el concurso  homogéneo  de  éste  y  12 meses por el ilícito de incesto), de manera que la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones tendrá  el mismo término.   

VI.    Sobre              los           mecanismos     sustitutivos     de     la    pena  privativa           de           la          libertad.   

Como  quiera  la  sanción  que  se fija en  contra  del  procesado  Francisco  José Villar Padilla es superior a 3 años de  prisión,  la  Corte  se  encuentra  relevada  de  examinar  la  procedencia del  sustituto  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, como  también lo hizo el Tribunal.   

De  otra  parte,  a  pesar de que las penas  mínimas  asignadas  a  las  conductas  punibles  por las que se procede en este  asunto  son  inferiores a 5 años de privación de la libertad, de manera que se  satisface  el  presupuesto  que  en  ese  sentido  establece  el numeral 1º del  artículo  38  del  Código  Penal,  por  igual  se tiene que en este caso no es  posible  aplicar  el  mecanismo  sustitutivo  de  la prisión domiciliaria allí  dispuesto,   por  cuanto  el  desempeño  personal  y  familiar  del  procesado,  observadas  las  infracciones  por  él  cometidas,  de suyo graves y de notorio  impacto  social,  permiten  inferir sin dificultad que de recluirlo en su propio  lugar  de  habitación  dejaría en riesgo a la comunidad, puntualmente a uno de  sus  sectores  más  vulnerables,  valga  decir, la población infantil, pues no  puede  perderse  de  vista  que  la  casa  del  encartado fue el escenario donde  ejecutó el concurso de abusos sexuales por el que se lo condenó.   

Bajo   esa   perspectiva,  la  sociedad  no  comprendería  cómo después de la comisión de tan graves delitos en su propio  domicilio,  al  condenado  se le permitiere pagar la pena en el mismo, pues, sin  duda,  para  el común de los ciudadanos el mecanismo sustitutivo de la prisión  domiciliaria  se  convertiría en una expresión de impunidad, motivo suficiente  para  ser  rechazado  por  la  comunidad, por tanto, no es posible beneficiar al  enjuiciado con su aplicación.   

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de  Casación   Penal,  administrando  justicia  en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:   

1.   ACLARAR    que  el  nombre  correcto  del  procesado  es Francisco José Villar  Padilla y no Francisco Javier Villar Padilla.   

2.  INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el defensor de  Francisco José Villar Padilla.   

3.   CASAR  oficiosa  y  parcialmente  la sentencia en orden a restablecer las garantías de  non  bis  in  ídem  y de  legalidad   de   la   pena,   en   consecuencia,   señalar   que   Francisco  José  Villar Padilla debe cumplir 64 meses y 16 días de  prisión  como pena principal, así como la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones por el mismo término, por su autoría en los  delitos  de  incesto y acceso carnal abusivo con menor de catorce años cometido  en  concurso  homogéneo,  sin  la  circunstancia  de agravación prevista en el  numeral 4º del artículo 211 del Código Penal.   

4.       PRECISAR  que  las restantes determinaciones que  se adoptaron en el fallo impugnado se mantienen incólumes.   

Contra  esta providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                                                                            Impedido   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                  JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1   En  la  parte  considerativa  de esta determinación se aclarará que este es el  nombre  correcto  del  acusado y no Francisco Javier Villar Padilla como se cita  en el fallo.   

2 Folio  106 vuelto del cuaderno No. 1.   

3 Folio  2 del cuaderno No. 1.   

4 Folio  17 ídem.   

5 Folio  29 ídem.   

6 Folio  30 ídem.   

7 Folio  34 ídem.   

8 Folio  36 ídem.   

9  Folios      52      a     57     ídem.   

10  Folios      99     a     106     ídem.   

11  Folio          119          ídem.   

12  Folio          121          ídem.   

13  Folio 127 del cuaderno No. 1.   

14  Folios    151    a    154,    182    a    187   y   186   a   188   ídem   (la   foliación   se   repite  erróneamente).   

15  “Casación   de   10   de   marzo  de  2004.  Rad.  18328.”   

16  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  decisión  del 28 de  noviembre de 2011, radicación No. 36222.   

17 Ver  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 25 de mayo de  2011,  radicación 34133. En el mismo sentido fallo del 5 de septiembre de 2012,  radicación No. 38164.   

18  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 25 de mayo de  2011, radicación No. 34133.   

19 En  este  sentido, Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del  16  de marzo de 2005, radicación No. 21328. Igualmente, fallos del 23 de agosto  de  de  2005  y  del 28 de febrero de 2006, radicaciones números 21954 y 22478,  respectivamente, entre otros.   

20  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia  del 30 de  noviembre de 2006, radicación No. 26227.     

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