40229(12-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta N° 179.  

Bogotá, D.C., doce (12) de junio de dos mil  trece (2013).   

V I S T O S  

Resuelve  la  Sala  el recurso de apelación  presentado  por  el  apoderado  especial  del INSTITUTO  NACIONAL        DE       VÍAS       –INVÍAS–,  contra  el  auto  dictado  el 16 de  octubre  de 2012, por la Sala Penal del Tribunal Superior de Cartagena, mediante  el  cual resolvió decretar, a instancia del Fiscal 24 Delegado ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  la  preclusión  de  la  indagación  adelantada  por la  hipótesis   de   prevaricato   por   acción,  contra  el  doctor  ELÍAS  DE  JESÚS  ORTÍZ BONILLA, ex Juez  Quinto   Civil   del   Circuito   de   Cartagena,   por   atipicidad  del  hecho  investigado.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN   PROCESAL   

Fueron  relatados  por la primera instancia,  como se transcribe a continuación:    

“Se conoce que  en  fecha  13  de  octubre de 2009 el Dr. ELÍAS DE JESÚS ORTÍZ BONILLA, en su  carácter  de  Juez  Quinto Civil del Circuito de Cartagena, profirió sentencia  dentro  del  proceso  de  reivindicación ficta, radicado 7500752001, adelantado  por    el    señor    RAFAEL    PATERNINA    SUMOSA  (sic)  en  contra  del  INSTITUTO  NACIONAL  DE VÍAS  (INVÍAS),  en  virtud  del  cual  condenó  a  esta  última  a  pagar  DOS MIL  SEISCIENTOS      CINCUENTA     MILLONES     DE     PESOS     ($2.650’000.000),     a     favor     del  demandante.   

El    anterior   tramite   (sic)  se cumplió pese a que, dentro de  la  actuación,  la  entidad demandada presentó como excepción previa la falta  de  jurisdicción  y  competencia  del  juzgado  en  cita,  fundada  en  que  la  jurisdicción  llamada  a  resolver  ese  tipo  de  litigios  es  la contenciosa  administrativa,  no obstante lo cual el funcionario consideró que, de acuerdo a  la  jurisprudencia de la Honorable Corte Suprema de Justicia, sí era competente  para  tramitar  la  actuación  al  igual  que  lo  hicieron  otros  jueces  del  país.”   

En     efecto,     el     INSTITUTO           NACIONAL           DE          VÍAS               –INVÍAS– por intermedio de apoderado especial,  elevó   denuncia   penal   contra   el   Juez   Quinto   Civil  del  Cartagena,  doctor  ELÍAS  DE  JESÚS  ORTÍZ BONILLA,  por  considerar  que había adelantado el proceso reivindicatorio  promovido   por  Rafael  Paternina  Sumoza,  a pesar de que la competencia estaba atribuida a la jurisdicción  contenciosa  administrativa  y,  en  consecuencia,  sus  decisiones habían sido  manifiestamente  ilegales,  “…configurando de tal  forma   los   elementos   objetivos   del   tipo   penal   de   prevaricato  por  acción.”   

La  Fiscalía  24  Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá  inició  una  indagación contra el Juez Quinto Civil del  Circuito  de Cartagena y, el 10 de enero de 2012, radicó ante la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  esa  ciudad la solicitud de preclusión, argumentando la  atipicidad de los hechos investigados.   

FUNDAMENTOS    DE    LA   SOLICITUD   DE  PRECLUSIÓN.   

El  Fiscal  24  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  pidió que se decretara la preclusión de la indagación  adelantada    contra    ELÍAS   DE   JESÚS   ORTÍZ  BONILLA,   ex  Juez  Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cartagena,  con  fundamento  en  el  artículo  332,  numeral  4, del Código de  Procedimiento     Penal,     es     decir,     por    atipicidad    del    hecho  investigado.   

Señaló  que el indiciado, en desempeño de  su  cargo  durante  varios  años  y hasta el 2009, conoció el proceso civil de  reivindicación  ficta  iniciado  contra  el  INSTITUTO  NACIONAL  DE VÍAS, por Rafael  Paternina  Sumoza, pretendiendo la restitución de unos  predios    ocupados    por   el   INVÍAS.   

El  Juez  falló el caso el 13 de octubre de  2009  a favor del demandante, condenando a la demandada al pago de una alta suma  de  dinero,  ante  la  imposibilidad  de  la  restitución,  porque los terrenos  reclamados  habían  sido  ocupados  para la construcción de una vía pública,  concretamente  de  un  tramo  de  la carretera al mar que de Cartagena conduce a  Barranquilla.   

Entonces,  un  apoderado  del  INVÍAS    denunció    a   ELÍAS  DE  JESÚS  ORTÍZ  BONILLA por el  delito   de  prevaricato  por  acción,  argumentando  que  dictó  la  referida  sentencia  careciendo  de competencia, porque ésta radicaba en la jurisdicción  contenciosa  administrativa,  concretamente  en  el  Tribunal  Administrativo de  Bolívar.   

A  juicio  del Fiscal Delegado este hecho es  atípico.   Lo  único  que  se  denunció  fue  la  falta  de  competencia  del  funcionario  judicial.  No  se puso en conocimiento de la Fiscalía ninguna otra  conducta.   

La  supuesta  falta  de competencia del Juez  Quinto      Civil      del      Circuito      de      Cartagena     –agregó–  no  constituye  prevaricato. Destaca  que  la  queja  se refiere a un aspecto de estricto derecho, evidenciándose que  lo  dispuesto  por  el  indiciado  no  es  manifiestamente  contrario  a la ley,  especialmente  porque se trata de un asunto que admite diversas interpretaciones  y se trata de un caso discutible.   

Como sustento de la denuncia, se anunció un  fallo     de     tutela    de    la    Corte    Constitucional    (T–313  de  2010),  en  el  que  dijo esa  Corporación  que  la  competencia  para conocer los procesos de reivindicación  ficta  que  se adelantaran contra el INSTITUTO NACIONAL  DE  VÍAS, recaía en la jurisdicción administrativa,  posición  que  venían  sosteniendo  el  Consejo de Estado y algunos Tribunales  Administrativos,  sin  que  se  tratara  de  una tesis indiscutible, pacífica y  definida,  porque  la  Corte  Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Civil,  sostenía  lo  contrario,  es  decir, que la competencia en esos casos era de la  justicia ordinaria.   

Ante  esas  visiones  enfrentadas,  el  juez  debía  optar  por  una  de  las dos y el doctor ORTÍZ  BONILLA  se  acogió  a  la  que  proponía la Sala de  Casación  Civil,  además,  porque estaba obligado a seguir el precedente, pues  la  misma  Corte Constitucional ha reiterado que el criterio de la Corte Suprema  de  Justicia  es  de obligatorio acatamiento para los Jueces de la República, y  ello  excluye  la  configuración del prevaricato, así ese razonamiento hubiese  sido  equivocado,  puesto  que  adoptó una interpretación aceptada en el marco  jurídico.   

En materia de definición de competencias, le  corresponde  al  Consejo  Superior  de  la  Judicatura establecer a cuál de las  jurisdicciones   (ordinaria   o  administrativa)  le  concernía  adelantar  los  procesos      reivindicatorios      fictos      contra      el      INVÍAS, y esta autoridad judicial tampoco  ha sido pacífica en ese aspecto.   

La  denuncia  relacionó un precedente de la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  que le asignó la competencia a la justicia  administrativa,  pero  en providencia posterior, del 14 de diciembre de 2010, la  misma entidad dijo que era atribución de los jueces ordinarios.   

Finalmente,   señaló   que   la   Corte  Constitucional  tampoco  ha  llegado a un acuerdo en ese sentido, porque incluso  en  la  sentencia  T–313 de  2010,  hubo un salvamento de voto, lo cual demuestra que el tema no es pacífico  y,   en   consecuencia,   la   conducta   atribuida   al   juez   denunciado  es  atípica.   

Oposición    del    apoderado    de   la  víctima.   

Oponiéndose a que se decrete la preclusión  de   la   investigación,   señala   que   el   comportamiento   del  juez  fue  manifiestamente contrario a la ley.   

Advierte  que  en curso del proceso civil se  propuso  la  excepción previa por falta de jurisdicción y competencia, pues el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  desde el 6 de abril de 2005, definió un  conflicto  de  competencias  asignándole  el  conocimiento  a  la jurisdicción  administrativa,  lo que demuestra que para esa época el indiciado conocía esas  decisiones.   

En  razón  de  ello,  debió  promoverse un  proceso  de  reparación directa que eludieron los demandantes, al percatarse de  la  caducidad de la acción, que es de dos años. Tal circunstancia –agrega–  motivó  a  la  Corte Constitucional  para  declarar la nulidad de cerca de 37 procesos adelantados en el departamento  de  Sucre  y  para  ordenar  que  se  compulsaran  copias  para investigar a los  funcionarios judiciales.   

Argumentó que contra la sentencia proferida  en  el  caso  de  Rafael  Paternina Sumoza,  el  apoderado  del  Instituto  Nacional  de  Vías  interpuso una  acción   de  tutela  que  resolvió  favorablemente  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  el  7  de  octubre  de 2011, decretando la nulidad de todo lo actuado  para   que   se   remitiera   el   expediente  a  la  Jurisdicción  Contenciosa  Administrativa.  Sin  embargo,  esa  decisión  fue  recurrida y revocada por la  Corte  Suprema  de Justicia al considerar que no se había cumplido el requisito  de la inmediatez.   

Con  todo,  el  funcionario  que sucedió al  doctor  ELÍAS  DE  JESÚS  ORTÍZ BONILLA,  el  8  de  marzo  de  2011  invalidó lo actuado en otro proceso,  concretamente  el  seguido  por  Benjamín  Herrera  Gómez  contra  el INVÍAS,  atendiendo la doctrina de la Corte Constitucional.   

A  juicio  del  apoderado  del  INVÍAS  la  Fiscalía  no  se  preocupó  por  conocer  todas las incidencias procesales que  llevaron  al juez implicado a proferir la sentencia que considera contraria a la  ley,  con  el fin de determinar si se cumplían los elementos objetivos del tipo  penal  de  prevaricato  por acción, lo que fue omitido porque no se allegaron a  la  actuación  las copias de las providencias que resolvían las solicitudes de  nulidad  presentadas  por  el  apoderado  del  ente  estatal y por el Procurador  delegado  para asuntos administrativos, planteando la falta de Jurisdicción del  Juez Quinto Civil del Circuito de Cartagena.   

Asegura  que  el  apoderado  del  Instituto  Nacional  de  Vías  pidió,  dentro  de  la contestación de la demanda, que se  oficiara  a  los  distintos archivos del extinto Distrito de Obras Públicas del  Instituto  Nacional  de  Vías,  con el fin de verificar si el predio en disputa  había sido objeto de alguna negociación.   

Tampoco  se  refirió  la  Fiscalía  a  la  indemnización  previa pagada por el Instituto Nacional de Vías y a la falta de  legitimación  en  la causa por activa, en consideración a que el predio había  sido vendido a un tercero.   

Intervención del defensor.  

Dijo  que  se acogía a los argumentos de la  Fiscalía,  porque  era  absurdo  que la justicia penal se dedicara a supervisar  las   decisiones   adoptadas  por  la  jurisdicción  civil.  Explicó  que  los  argumentos  ahora expuestos por la víctima debieron hacerse valer en el proceso  civil  que  adelantó el doctor ELÍAS DE JESÚS ORTÍZ  BONILLA.  Sobre la competencia para fallar ese tipo de  asuntos,  existían varias posiciones, por lo que la decisión de su asistido no  puede   considerarse   manifiestamente  contraria  a  derecho.  Además,  no  se  demostró  que  hubiese  interés  de  favorecer  a  alguna  de  las  partes del  litigio.   

LA  DECISIÓN  IMPUGNADA  

Señaló  el  A  quo  que  a  pesar  de  la  inasistencia  del indiciado y su defensor, se debía dar lectura a la decisión,  porque  los  registros  mostraban  que habían sido citados en debida forma para  que  asistieran  a  la  audiencia.  Además, porque la presencia del defensor se  hacía  indispensable  sólo  si  el procesado estuviese privado de la libertad.  Por  lo  demás,  consideró  la  Sala  que  la  solicitud de la Fiscalía y los  intereses  de  la  defensa son coincidentes, en tanto que de ser acogida habría  un beneficio procesal para el implicado.   

Asimismo,   explicó el Tribunal que en  esa  fase  únicamente  la Fiscalía está legitimada para pedir la preclusión,  sin  que  una decisión contraria a esa pretensión pudiera ser impugnada por el  defensor.   

En  lo  que  se  refiere  a  la petición de  preclusión,  en  el  auto  del 16 de octubre de 2012 precisó el Juez Colegiado  que  se  había acreditado suficientemente la condición de funcionario judicial  que  ostentaba  el  doctor  ELÍAS  DE  JESÚS  ORTÍZ  BONILLA, para la época de los hechos.   

De  conformidad  con  el  artículo  331 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el Fiscal está legitimado para solicitar la  preclusión,  con  fundamento  en  cualquiera  de  las  hipótesis que prevé el  artículo 332 ibídem.   

Hace  referencia  a  la  conducta punible de  prevaricato  por  acción  tipificada  en  el  artículo  413 del Código Penal,  explica   en  qué  consiste  y  alude,  especialmente,  al  elemento  normativo  manifiestamente   contrario   a  la  ley  contenido la descripción; aspecto que de no aparecer con absoluta  claridad,  torna  inexistente  el  delito, pues, “En  esencia,  lo  injusto  del  comportamiento se fundamenta en que la decisión del  juez  (funcionario)  se aparta ostensiblemente del derecho, sin que importen los  motivos  que  el  empleado  tuvo para ello; dicho de otra manera, la adecuación  típica  de  una  acción u omisión prevaricadoras no está determinada por los  móviles  del  juez  sino por la justificación jurídica de lo que hizo o dejó  de   hacer.”   Entonces,  basta  demostrar  que  la  intención     del     sujeto    activo    fue    agraviar    el    ordenamiento  jurídico.   

El  Tribunal  consideró  que  el  problema  jurídico  consistía en establecer si la asunción de competencia por parte del  doctor   ORTÍZ  BONILLA  se  había   fundamentado  en  una  interpretación  razonable  de  las  normas  que  regulaban   la  materia,  no  obstante  haber  sido  la  demandada  una  entidad  estatal.   

Parte  de  que  para  el  momento  en que se  decidió  el asunto, no existía un criterio uniforme acerca de la jurisdicción  competente para tramitar ese tipo de asuntos.   

De  un  lado,  la  Sala  de  Casación Civil  consideraba  que  los  procesos  de  reivindicación ficta, aún aquellos que se  dirigían  contra  entes  oficiales,  eran competencia de los jueces ordinarios.  Del  otro,  el Consejo Superior de la Judicatura señalaba que la competencia en  esos eventos era de la justicia administrativa.   

Entonces,   el   funcionario   investigado  consideró  que  era  competente  y  esa  circunstancia generó la reacción del  Instituto  Nacional  de  Vías  y motivó la presentación de la denuncia contra  ELÍAS    DE   JESÚS   ORTÍZ   BONILLA.   

El Juez se vio enfrentado a elegir una de las  interpretaciones  que  para  entonces  se  ofrecían,  con el fin de resolver el  debate        propuesto       por      las      partes      “…independientemente  a  la  aquiescencia  o no que tal escogencia  tuviera  en  una  de  aquellas,  precisamente porque en la litis, sobre un punto  específico  de  derecho  siempre encontraremos voces disidentes, cuestión que,  desde  luego,  es  consustancial  a  la  dialéctica informadora de todo proceso  judicial.”   

A  pesar  de  que  la  decisión de la Corte  Suprema  de  Justicia  sobre  la competencia para conocer ese tipo de casos data  del  2 de agosto de 2004, y la del Consejo Superior de la Judicatura es del 6 de  abril  de  2005,  advierte el Tribunal que no hay constancia de que esta última  hubiese  sido  allegada  al  proceso  civil  en  el  que  era parte Rafael  Paternina  Sumoza, pronunciamiento  que  estaba  enfrentado  con  otro  de  la máxima autoridad de la jurisdicción  ordinaria  encargada  de  unificar  la  jurisprudencia nacional, siendo el de la  Sala  de  Casación  Civil un precedente que el inferior está en la obligación  de acatar.   

Lo  anterior  significa  que antes de que el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  se  pronunciara al respecto, se sostenía  pacíficamente  que  la  competencia  era  de  los  jueces  ordinarios  en  esos  específicos procesos.   

El  indiciado  en esas condiciones resolvió  escoger  la  interpretación que consideraba acorde a la solución del caso, con  fundamento  en  el precedente vertical como método de interpretación jurídico  admitido  en  la  práctica  judicial, “…cuestión  que  viene  a  impregnar  de  justeza  su  determinación,  al  estar nutrida de  criterios  racionales, que son los que en últimas importan, como ya se dijo, de  cara  al  juicio  de tipicidad del delito de Prevaricato Activo, particularmente  en            lo            que           atañe           al           elemento  normativo          –manifiestamente     contrario    a  derecho–    que   lo  circunda.”   

Además, el proceso civil se falló el 13 de  octubre  de  2009,  cuando  todavía  no  se habían proferido las sentencias de  tutela     T–310    y  T–696 de 2010, citadas por  el   apoderado   del  INVÍAS,  mediante  las  cuales  la  Corte  Constitucional  estableció  que  era la jurisdicción administrativa la competente para conocer  de    los    procesos    reivindicativos    que   se   promovieran   contra   la  nación.   

Entonces,  las  decisiones  que  acaban  de  reseñarse  no  podían tomarse como fuente de derecho aplicable para definir la  competencia funcional.   

Adicionalmente, el 15 de diciembre de 2010 el  Consejo  Superior  de la Judicatura recogió la postura del año 2005 y dijo que  la  competencia  recaía  en  los  jueces  civiles  del  circuito,  con  lo  que  corroboró que no era unánime el criterio.   

Son  esas  las  circunstancias  que permiten  descartar  en  este caso, la concurrencia del elemento normativo “manifiestamente  contrario a la ley” que  consagra el tipo de prevaricato por acción.   

Por  último  advierte  el  A  quo  que  la  enajenación  del  inmueble,  la  indemnización  previa por parte de la entidad  oficial  y  la  falta  de  legitimidad  por  activa que plantea el apoderado del  Instituto   Nacional   de   Vías,  no  son  elementos  que  hubiese  puesto  en  conocimiento  de  la Fiscalía el denunciante; y, advierte que la denuncia no es  un  acto  de  libre  formulación  porque  se  debe someter a las exigencias que  consagra el artículo 69 de la Ley 906 de 2004.   

Entonces, fue bajo los supuestos que puso en  conocimiento  de la Fiscalía el denunciante, que se enmarcó la investigación,  sin  que  sea este el momento de modificar los hechos objeto de la noticia, para  agregar situaciones que no se le plantearon al instructor.   

Resolvió el A quo acoger los argumentos del  Fiscal   Delegado  y  declaró  la  preclusión  de  la  indagación  preliminar  adelantada  contra  el  doctor  ELÍAS DE JESÚS ORTÍZ  BONILLA,   por   la  hipótesis  de  prevaricato  por  acción.   

El Fiscal y el representante del Ministerio  Público, se mostraron de acuerdo con la decisión.   

EL      RECURSO      DE   APELACIÓN   

El    apoderado    del    INVÍAS,   por  su  parte,  interpuso  el  recurso  de  apelación  al  considerar  que  la  Fiscalía no tuvo en cuenta la  indemnización    que    la    entidad   oficial   le   pagó   a   Rafael   Paternina   Sumoza,   o   a  los  posteriores propietarios.   

Argumenta que en su momento el apoderado del  INVÍAS   expuso   que  el  demandante  no estaba legitimado en la causa por activa, porque el predio había  sido  vendido  en  octubre  de 1995 a un tercero. Entonces, el bien ya no era de  Rafael   Paternina  Sumoza,  quien tampoco tenía derecho a reclamar.   

No  obstante,  el  Juez indiciado hizo caso  omiso  de  esa  situación,  así como tampoco tuvo en cuenta las pruebas que se  solicitaron  en  la  contestación de la demanda, referentes a la indemnización  que  posiblemente  le hubiese cancelado el Fondo Vial Nacional sustituido por el  Instituto Nacional de Vías.   

Se refiere al incidente de nulidad propuesto  por  un  apoderado del INVÍAS  y  asegura  que  al  final  del  escrito  dice  anexar  la decisión del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  del  6  de abril de 2005, en la que se señalaba a  cuál  autoridad  le  correspondía  por  competencia  adelantar  esa  clase  de  procesos,  decisión  que debió ser analizada en su momento por el juez. Por lo  que  se  duele  de  que la Fiscalía no hubiese allegado los elementos de prueba  que    tuvo    en    cuenta    el    doctor    ORTÍZ  BONILLA,    para    rechazar    la    petición   de  nulidad.   

En su sentir los pronunciamientos judiciales  a  partir  de  los  cuales se aseguró el doctor ORTÍZ  BONILLA   que la decisión no fue manifiestamente  contraria  a  la  ley,  databan  de 1955, 1997 y 2004, los que, en su sentir, no  eran   un   criterio  jurisprudencial  unánime,  porque  los  separaban  lapsos  considerables.   

Aduce el impugnante que la preceptiva legal,  concretamente  el  anterior  Código  Contencioso Administrativo, establecía la  competencia  para  conocer  los procesos por ocupación permanente o temporal de  inmueble  y  se  la  asignaba  a  la  jurisdicción  administrativa,  empero ese  ordenamiento  fue  desconocido  por  el  Juez ELÍAS DE  JESÚS ORTÍZ BONILLA.   

Lo  dispuesto  en  el  Código  Contencioso  Administrativo    fue   ratificado   –asegura–  en   las leyes 446 y 1107, lo que evidencia aún más que el funcionario se  apartó  de  las  normas  de  manera  caprichosa.  Incluso, porque el Consejo de  Estado  en  providencia  del 9 de agosto de 1984 había dicho que la competencia  era de la justicia administrativa.   

Considera  que  el  juez  debió  acatar el  criterio  del  Consejo  Superior de la Judicatura y no el de la Corte Suprema de  Justicia,  porque  el  primero  es  el  llamado  a  definir  los  conflictos  de  competencia.   

En  relación  con  las  omisiones  en  la  denuncia  por  parte  del apoderado del Instituto Nacional de Vías, asegura que  ello  no  es  óbice  para que la investigación se extendiera a esos elementos.   

Además,  detalla que varios días después  de  haberse presentado la solicitud de preclusión que ahora se debate, la Corte  Constitucional  revocó  el  fallo  de tutela proferido por la Sala de Casación  Civil,    mediante    sentencia    T–390  de  2012,  dejó sin efecto el fallo dictado dentro del proceso  promovido   por  Rafael  Paternina  Sumoza     contra    el    INVÍAS,   ordenó   que  se  enviara  la  actuación  a  la  jurisdicción  administrativa   y   compulsó   copias   para   que   se  investigada  penal  y  disciplinariamente al funcionario judicial.   

En consecuencia, solicita de la Corte que se  revoque la providencia por la que se decretó la preclusión.   

Intervención      de      los     no  recurrentes.   

El Fiscal.  

Considera  que  el  representante  de  la  víctima  reconoce  que  la  decisión  del  Tribunal  es  acertada,  porque  el  fundamento  de  la  preclusión  es  que el tema de la competencia funcional era  discutible  y  por  ello  no podía predicarse el prevaricato. Sin embargo, pide  que  se revoque la preclusión para que la Fiscalía investigue otros hechos que  no  fueron  denunciados,  sin explicar por qué no los denuncia bajo la gravedad  del  juramento,  para  que  pueda  hablarse  de  un eventual responsable por una  posible falsa denuncia.   

No  importa  que  la  doctrina  de la Corte  Suprema  de  Justicia  fuese de vieja data, pues era esa la posición que estaba  vigente  al  momento  en  que  el  juez  asumió el conocimiento y se trataba de  decisiones de su superior jerárquico.   

No es cierto que el artículo 84 del Código  Contencioso  Administrativo  sea  claro  al  asignar  la competencia, porque esa  norma  se  refiere  a  la  indemnización  por  ocupación  de  predios de forma  permanente  o  transitoria  y  eso fue lo que tuvo en cuenta la Corte Suprema de  Justicia  para  decidir  que  la  competencia era de la jurisdicción ordinaria,  porque  en los procesos reivindicatorios no se persigue una indemnización, sino  la  recuperación  del predio. Lo que ratifica que el hecho sí era discutible y  no hubo prevaricato.   

Agrega  que  las  decisiones  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura tienen efectos inter partes, mientras que las de la  Corte  Suprema de Justicia tienen efectos erga omnes, porque precisamente uno de  sus fines es la unificación de la jurisprudencia nacional.   

Además, ni siquiera el Consejo Superior de  la  Judicatura  ha  tenido  una posición uniforme al respecto, porque ha fijado  criterios distintos en cuatro ocasiones.   

Pide confirmar la decisión.  

El Ministerio Público.  

Considera que si se variara el objeto de la  investigación,   se   variarían   sin  motivo  las  reglas  en  perjuicio  del  investigado,  pues  lo  que  se  denunció  fue  la  falta  de  competencia  del  funcionario  judicial para adelantar ese específico proceso, sin que se hubiese  demostrado   que   el   juez  había  asumido  tal  función  contraviniendo  el  ordenamiento    legal   de   forma   ostensible,   porque   existían   diversas  interpretaciones sobre el punto.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

Al  tenor  de lo dispuesto en el artículo  32,  numeral  3,  de  la Ley 906 de 2004, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  es  competente  para desatar el  recurso  de apelación interpuesto por el representante de la víctima contra el  auto  por  medio  del  cual  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cartagena,  decretó  la  preclusión   de  la  indagación  solicitada  por  la  Fiscalía  a  favor  del  ex  Juez  Quinto  Civil del  Circuito   de   la  misma  ciudad, doctor ELÍAS   DE   JESÚS   ORTÍZ   BONILLA,  dentro   de   la   actuación   seguida  por la conducta punible de prevaricato por acción.   

Conforme lo ha señalado la Sala1, cuando de los  resultados  de la indagación preliminar, cuyo propósito se dirige a establecer  la  ocurrencia  de  los  hechos  llegados  al  conocimiento  de la fiscalía, si  constituyen  o  no  infracción a la ley penal, la identificación o al menos la  individualización  de  los  presuntos  autores  o  partícipes  de  la conducta  punible  y  el  aseguramiento  de los medios de convicción que permitan ejercer  debidamente  la  acción punitiva del Estado, la Fiscalía encuentre evidenciada  alguna  de las causales previstas en el artículo 332 del Código Procesal Penal  o   de   extinción   de   la   acción   contemplada   en   el   artículo   77  ibídem2,  deberá  solicitarle  la preclusión de la investigación al juez  de  conocimiento, decisión que puede ser adoptada en la indagación3  (es  decir,  antes  de  la  formulación  de  imputación),  en  la  investigación (luego de  surtida  la  imputación)  y  en  el juzgamiento, por causales objetivas en este  último caso.   

El  artículo  332  de  la  Ley 906 de 2004  señala  que  el  fiscal  solicitará la preclusión de la investigación en los  siguientes casos:   

“1.  Imposibilidad   de   iniciar   o   continuar   el   ejercicio   de   la  acción  penal.   

2. Existencia de una causal que excluya la  responsabilidad, de acuerdo con el Código Penal.   

3.     Inexistencia     del    hecho  investigado.   

4.     Atipicidad     del     hecho  investigado.   

5.  Ausencia de intervención del imputado  en el hecho investigado.   

6.   Imposibilidad   de   desvirtuar  la  presunción de inocencia.   

7.   Vencimiento  del  término  máximo  previsto en el inciso segundo del artículo 294 del este código.   

PARÁGRAFO.  Durante  el  juzgamiento,  de  sobrevenir  las  causales  contempladas  en  los  numerales 1 y 3, el fiscal, el  Ministerio  Público  o la defensa, podrán solicitar al juez de conocimiento la  preclusión.”   

En  el presente evento, considera el señor  Fiscal  24  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que los hechos  denunciados   como   punibles  y  cuya  ejecución  se  le  atribuye  al  doctor  ELÍAS    DE   JESÚS   ORTÍZ   BONILLA,  son  atípicos, por lo que fundamenta la solicitud de preclusión  en  la  causal cuarta de la citada disposición, pretensión que fue acogida por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cartagena,  actuando  como Juez de  conocimiento.   

A  juicio  del apoderado de la víctima, el  delito     que    cometió    el    doctor    ORTÍZ  BONILLA  es prevaricato por acción, en consideración  a  que en su condición de Juez Quinto Civil del Circuito de Cartagena tramitó,  sin  ser  el  funcionario  competente,  el proceso reivindicatorio promovido por  Rafael   Paternina   Sumoza  contra  el  INSTITUTO  NACIONAL  DE  VÍAS              –INVIAS–, pues  en  curso  del proceso, con la contestación del libelo, propuso las excepciones  de  falta  de  jurisdicción  y  competencia,  alegando  que  el caso debía ser  resuelto  por  la  justicia  administrativa;  y,  posteriormente  pidió  que se  decretara  la  nulidad  de  lo  actuado  por  falta  de  jurisdicción,  sin que  prosperara  el  incidente,  empero la Fiscalía omitió allegar los elementos de  juicio que tuvo en cuenta el indiciado para decidir.   

El   funcionario   denunciado,   mediante  sentencia    del    13   de   octubre   de   2009,   condenó   a   INVIAS    acogiendo   parcialmente   las  pretensiones  formuladas en la demanda, y explicando en el fallo que la falta de  jurisdicción    y    competencia    había    sido   resuelta   “…mediante  autos  de  fechas  9  de  noviembre  de  2005,  13  de  diciembre  de  2006,  24  de  mayo  de  2007,  todos en forma desfavorable a los  incidentalistas,   según   consideraciones   expuestas   en   cada  providencia  referenciada.”   

En el recurso de apelación que ahora ocupa  la     atención     de    la    Sala,    el    apoderado    del    INVIAS   insiste   en  que  la  sentencia  proferida   por   el  Juez  ELÍAS  DE  JESÚS  ORTÍZ  BONILLA,  dictada  en  el  proceso reivindicatorio que  viene  de  reseñarse,  es  constitutiva  de  prevaricato por acción, porque el  funcionario   judicial   carecía   de   competencia   para   conocer   de   ese  asunto.   

En  consecuencia,  deberá analizarse si la  conducta  del  Juez  Quinto  Civil  del Circuito de Cartagena es típica, porque  concurren  los elementos del tipo descrito en el artículo 413 del Código Penal  y,   en   especial,  si  la  asunción  de  competencia  por  parte  del  doctor  ORTÍZ    BONILLA    fue  “manifiestamente  contraria  a  la  ley”.   

La  conducta  punible  de  prevaricato  por  acción  está  consagrada  en  el  artículo  413  del  Código  Penal,  en los  siguientes términos:   

“El  servidor  público   que   profiera   resolución,  dictamen  o  concepto  manifiestamente  contrario  a  la ley, incurrirá en prisión de tres (3) a ocho (8) años, multa  de  cincuenta  (50)  a  doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para el ejercicio de funciones públicas de cinco  (5) a ocho (8) años”.    

Conforme lo ha reiterado esta Corporación,  los  supuestos que estructuran el tipo objetivo son la concurrencia de un sujeto  activo  calificado,  es  decir, que debe ser servidor público; el sujeto pasivo  es  el  Estado y la Sociedad; el bien jurídico que con este delito se lesiona o  pone  en  peligro  es la administración pública, concretamente la exigencia de  respeto  por  parte  de  la  autoridad  hacia  la  ley y el derecho; la conducta  consiste  en  proferir  resolución,  dictamen  o  concepto;  y,  como  elemento  normativo,   destaca   que   la   resolución,  dictamen  o  concepto  debe  ser  “manifiestamente contrario a la ley”.   

La   norma  hace  referencia  a  aquellas  resoluciones,   dictámenes  o  conceptos  de  cuyo  contenido  se  infiere  sin  dificultad  la  falta  de  fundamento  para  juzgar  los  supuestos  fácticos y  jurídicos  de  un  asunto  sometido  a  conocimiento  del servidor público, en  razón  de  la  evidente  intención  de  apartarse de la norma jurídica que lo  regula.   

La contrariedad manifiesta de la resolución  con  la  ley,  se refiere a las decisiones que sin reflexión, y aún con algún  tipo  de  razonamiento,  ofrecen  conclusiones  opuestas  a  lo que muestran las  pruebas  o  la  normatividad  que  deben  regir  el  asunto,  al  punto  que  el  reconocimiento  que  se  haga resulta arbitrario y caprichoso al provenir de una  deliberada  y mal intencionada voluntad del servidor público por contravenir el  ordenamiento jurídico.   

En  consecuencia,  no  tienen  cabida  las  simples  diferencias  de  criterio  respecto de un determinado punto de derecho,  especialmente  en  materias  que por su complejidad o por su ambigüedad admiten  diversas  interpretaciones  u opiniones, porque no es posible ignorar que suelen  ser  comunes  las  discrepancias  aún en temas que aparentemente no ofrecerían  dificultad.   

En síntesis, la jurisprudencia de la Corte  ha  señalado  que  el  delito  de prevaricato por acción de servidor judicial,   

“(…)  se  realiza,   desde   su   aspecto  objetivo,  cuando  se  presenta  un  ostensible  distanciamiento  entre  la  decisión  adoptada  por el servidor público y las normas de derecho llamadas a  gobernar la solución del asunto sometido a su conocimiento.   

También  ha  señalado  la  Sala  que  al  incluir  el  legislador  en  la  referida descripción un elemento normativo que  califica  la  conducta, el juicio de tipicidad correspondiente no se limita a la  simple  y llana constatación objetiva entre lo que la ley manda o prohíbe y lo  que  con  base  en ella se decidió, sino que involucra una labor más compleja,  en  tanto  supone efectuar un juicio de valor a partir  del  cual ha de establecerse si la ilegalidad denunciada resiste el calificativo  de  ostensible  por  lo cual, como es apenas natural,  quedan  excluidas  de  esta  tipicidad  aquellas decisiones que puedan ofrecerse  discutibles  en  sus  fundamentos pero en todo caso razonadas, como también las  que  por  versar  sobre preceptos legales complejos, oscuros o ambiguos, admiten  diversas  posibilidades  interpretativas  por  manera  que  no  se  revelan como  manifiestamente     contrarias     a    la    ley4.   

7. El delito de prevaricato sólo admite la  modalidad  dolosa  en  los términos del artículo 22 de la Ley 599 de 2000 y se  presenta   cuando  el  servidor  público  profiere  de  manera  voluntaria  una  resolución,  dictamen  o  concepto  manifiestamente  contrarios  a  la  ley,  y  además,  es  consciente  de que con su comportamiento vulnera el bien jurídico  de la administración pública.   

8.  Tiene  dicho  la Sala que a la hora de  hacer  el  examen  del  aspecto subjetivo   de   la   conducta  prevaricadora  se  ha  de  observar  que  su  concurrencia   puede   inferirse  a  partir  de  la  mayor  o  menor  dificultad  interpretativa  de  la  ley  inaplicada  o tergiversada, así como de la mayor o  menor  divergencia de criterios doctrinales y jurisprudenciales sobre su sentido  o  alcance,  elementos  de  juicio  que  no  obstante su importancia, no son los  únicos  que  han  de  auscultarse,  imponiéndose avanzar en cada caso hacia la  reconstrucción  del  derecho verdaderamente conocido y aplicado por el servidor  judicial  en  su  desempeño  como  tal,  así  como  en  el  contexto en que la  decisión    se    produce,   mediante   una   evaluación   ex   ante   de   su  conducta5.   

9. Otro aspecto que se debe tener en cuenta  es   el  referido  a  las  simples  diferencias  de  criterios  respecto  de  un  determinado  punto de derecho, especialmente frente a materias que por su enorme  complejidad  o  por  su  misma  ambigüedad  admiten diversas interpretaciones u  opiniones,  situaciones  en las que no se puede considerar la decisión judicial  como  propia  del  prevaricato,  pues  no  puede  ignorarse  que  en el universo  jurídico  suelen  ser comunes las discrepancias aún en temas que aparentemente  no    ofrecerían    dificultad    alguna    en    su   resolución.”6   

En el evento específico,  el  doctor  ELÍAS DE JESÚS  ORTÍZ                BONILLA,  actuando  como  Juez  Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cartagena, profirió la sentencia del 13 de octubre de  2009,  en  el  caso  de Rafael  Paternina   Sumoza   contra  el   INSTITUTO  NACIONAL  DE  VÍAS,      declarando      “…no   probadas  las  excepciones  de  mérito  propuestas   por   la   parte   demandada,  de  acuerdo  a  las  consideraciones  hechas…”;  al  igual que  “Se   accede   a   la  reivindicación  demandada,  en la modalidad contemplada en el artículo 955 del  C.C.7  (…)”;en  consecuencia,  ciñéndose    al    avalúo    del    perito    designado    para    ese   fin,  “Como  consecuencia de lo  anterior   se   ordena   al  Instituto  Nacional  de  Vías  –INVÍAS–,  pagar al  demandante  la  suma  de  un  mil  quinientos  un  millón  quinientos mil pesos  ($1.501’500.000)  moneda   legal,   correspondientes   al   valor   del   inmueble  objeto  de  la  reivindicación,     a    manera    de    daño    emergente.”;        y       también       condenó  “…al Instituto Nacional  de             Vías            –INVÍAS–,  [a]  pagarle al demandante la suma de un mil ciento  cuarenta  y  cuatro  millones  cincuenta  y tres mil cuatrocientos ochenta y dos  pesos    con   nueve   centavos   ($1.144’053.482,09),  a    manera    de    frutos    civiles    dejados    de    percibir    por    el  demandante.”.   

Y,   se   itera,  el  funcionario  judicial  también  se  pronunció  acerca  de  las  excepciones de  mérito  propuestas, en concreto, las que denominó la demandada al responder el  libelo   “La   cuantía  estipulada   en  la  demanda  no  contempla  ningún  soporte”  y  “El  plano  aportado  que  determina el área supuestamente afectada  por  mi  mandante, no se encuentra avalado por autoridad oficial competente para  ello.”,  en  relación con  las    que   explicó   que   no   prosperaban   porque   “…el  dictamen  pericial rendido por el experto  contiene   la  equivalencia  en  dinero  que  corresponde  al  bien  objeto  del  proceso…”      y  “…el  dictamen pericial  arrojó  como resultado el área exacta de terreno ocupado por INVÍAS a través  de      la     Carretera     al     Mar.”   

Además, al referirse a  la  falta  de  legitimidad  por activa propuesta, en consideración a la alegada  enajenación   del   inmueble   por  parte  del  demandante,  señaló  el  Juez  ORTÍZ  BONILLA:   

“De  esa  norma  y de las siguientes relativas al  tema,  la  jurisprudencia  patria ha estructurado los siguientes requisitos para  la  prosperidad  de  esa  acción:  A)  derecho  de  dominio  en  el  demandante  (…).   

En el caso que ocupa la  atención  del  Despacho,  no  hay  duda  que  el primero de tales requisitos se  cumple  pues  la  propiedad  del inmueble la está probando el demandante con la  Escritura  Pública  3.343  de  Agosto  6  de  1991  de  la  Notaría Tercera de  Cartagena,   registrada   en   el   folio   de   matrícula   inmobiliaria   No.  060–35934,  el  cual también aparece como prueba en  los                  autos.”   

Ahora bien, luego de que  fracasara  la  conciliación  intentada  el  5  de  abril de 2002, desestimó el  señor  Juez  Quinto  Civil  del Circuito de Cartagena las peticiones de nulidad  por   falta   de   jurisdicción   y  competencia,  propuestas  como  incidentes  –no  como  excepción,  conforme  pretende hacerlo  creer   el   apoderado   de   la  víctima–, mismos que  se  resolvieron  de  forma  desfavorable  a  la  entidad  demandada  que omitió  interponer  los  recursos  ordinarios contra esos específicos pronunciamientos,  así  como  se abstuvo de impugnar en debida forma el fallo, cuyo recurso debió  ser  inadmitido  por  el  Tribunal  Superior,  por  falta  de  legitimidad de la  impugnante,    quien   carecía   de   poder   especial   para   adelantar   esa  gestión.   

La  evidencia allegada al diligenciamiento,  enseña   que   sobre   la  competencia  para  conocer  y  fallar  los  procesos  reivindicatorios  en  los que fuera demandada una entidad del Estado, no había,  para aquella época, una posición uniforme.   

En  efecto,  según  lo  manifestado por el  Tribunal  de  Cartagena,  el  fallo  cuestionado  no  puede  ser calificado como  prevaricador,  habida  cuenta  que para el momento en que el indiciado resolvió  el   asunto,  la  jurisprudencia  predominante  otorgaba  la  competencia  a  la  jurisdicción ordinaria.   

Entonces,  el  específico  aspecto  que el  apoderado  de  la  víctima califica como manifiestamente contrario a la ley, no  resulta  arbitrario  o  absurdo, porque se ajustaba a una línea jurisprudencial  vigente.   

Es que, en el expediente aparece copia de la  decisión  proferida por la Sala Jurisdiccional Disciplinaria el 14 de diciembre  de  2010,  es  decir,  más de un año después que el juez indiciado adoptó la  decisión  tildada  de  ilegal,  en  la que, al definir un conflicto positivo de  competencia  trabado  entre el Juzgado Tercero Civil del Circuito de Sincelejo y  el  Tribunal Administrativo de Sucre, para conocer de un proceso reivindicatorio  contra  el  INSTITUTO  NACIONAL  DE  VÍAS,   dirimió   la   colisión  asignándole  el  conocimiento  a  la  jurisdicción   civil,   lo   cual  igualmente  enseña  que  la  posición  del  funcionario  indiciado,  que  se  negó  a  rehusar la competencia, se avenía a  criterios  jurisprudenciales  que  prevalecían en ese momento, en la medida que  el  mismo  Consejo Superior de la Judicatura citó como sustento de la decisión  que  se  comenta,  pronunciamientos la Sala de Casación Civil, de la  Sala  de        Decisión        Civil–Familia–Laboral  del  Tribunal  Superior  de  Sincelejo  (sentencia del 2 de  agosto  de  2004);  el Tribunal Administrativo de Sucre, sin más referencias, y  de  la  misma  Sala Jurisdiccional Disciplinaria del 25 de junio de 2008, en las  que  se  sostenía  que  ese  tipo de pretensiones debían conocerlas los jueces  ordinarios.   

En  uno de los apartes, precisó el Consejo  Superior de la Judicatura:   

“Así  las  cosas,  desde  este punto de vista, como se dijo, la competencia para conocer de  los  procesos  declarativos  está radicada en la jurisdicción civil ordinaria,  pues  en  el  sub  judice, la pretensión no está relacionada con la nulidad de  acto  administrativo  alguno,  sino  con  una acción reivindicatoria, es decir,  aquí  no  existe  actividad de la administración demandada mediante una de las  acciones  determinadas en el Código Contencioso Administrativo como competencia  de  esa  jurisdicción,  menos  se  está en presencia del evento previsto en el  artículo   33   de   la   Ley   142,  que  exige  precisamente  esa  actuación  administrativa susceptible de controversia judicial.   

Y  si  bien  es  cierto el articulo 82 del  Código  Contencioso  Administrativo  fue modificado por la Ley 1107 de 2006, en  tanto  ya  no  interesa  la materia del asunto, sino a naturaleza de la entidad,  debe  tenerse  en  cuenta  que lo pretendido es que la jurisdicción contencioso  administrativo  juzgue  todo  lo  relacionado  con  las controversias y litigios  originados  en  la  actividad  de las entidades públicas y en este evento no se  está  demandando  un  acto  administrativo de la empresa demandada, sino que se  reclama  la  cesación   de  la  perturbación del derecho de dominio de un  inmueble,  lo  cual  como  quedó  establecido  en el artículo 396 del C. de P.  Civil se tramita bajo el proceso ordinario.   

En el caso que ahora nos ocupa se reitera,  revisadas  las  pretensiones  de  la  demanda, se advierte que las mismas están  orientadas  a la reivindicación de un bien, razón por la cual la jurisdicción  competente  para  conocer  del  asunto  no es otra que la ordinaria civil, a las  voces  del  artículo  396  del  Código  de  Procedimiento Civil, sin que tenga  cabida  entonces  la  diferenciación  entre  factor orgánico o factor material  como  determinante  de  la  competencia,  pues  tampoco  se  aprecia  actuación  administrativa del Estado.”   

En tales condiciones, para el momento en que  el   Juez  Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cartagena  profirió  la  sentencia  cuestionada,  existía  una  interpretación  pacífica  sobre la competencia en  esos  asuntos,  razón  por  la  cual  no  se  puede  afirmar  que  la misma sea  manifiestamente   contraría   a   la   ley,   sin   que  el  Juez  ORTÍZ  BONILLA  tuviera la obligación de  adoptar  un  criterio  de  competencia diferente al que en ese momento exponían  las  altas  Corporaciones  y  especialmente  la  Sala  de  Casación Civil, como  superior funcional.   

En consecuencia, ninguna razón le asiste al  recurrente  para  solicitar  la  revocatoria  de  la  providencia que ordenó la  preclusión   de   la  indagación  que  cursa  contra  el  doctor  ELÍAS  DE  JESÚS  ORTÍZ  BONILLA, puesto  que  como viene de analizarse, no era necesario aportar al trámite otros medios  de   convicción,   a   partir  de  los  cuales  la  Fiscalía  estableciera  la  configuración  objetiva  del tipo de prevaricato, con mayor razón, porque como  lo    señaló    el    Fiscal   Delegado,   el   apoderado   del   INVÍAS   ni  siquiera  menciona  cuáles  pudieron  haber  sido  los  elementos materiales probatorios, la evidencia o los  informes  que  permitirían variar la opinión en ese sentido, porque se limitó  a  enunciar  el  tema  de  forma genérica como una posibilidad que le incumbía  agotar al investigador.   

Y,  si  en  gracia  de  discusión  tales  elementos  estuvieran  constituidos  por  la  supuesta  falta de respuesta a las  excepciones  y la omisión en el decreto de una prueba, debe hacerse claridad en  que  tampoco  le  asiste  la  razón  al  apoderado  del  Instituto  Nacional de  Vías.   

En  primer  término,  no  es cierto que la  entidad  demandada hubiese propuesto las excepciones de falta de jurisdicción y  falta   de  competencia;  éstas,  en  cambio,  fueron  el  sustento  de  varios  incidentes  de  nulidad  que  se respondieron negativamente en curso del proceso  civil;     y,     las     excepciones    que    se    plantearon    –de         mérito–   fueron   resueltas  al  dictar  la  sentencia, conforme se explicó en precedencia.   

En  segundo  lugar, la prueba pedida por la  entonces  apoderada  del  INVÍAS,  relativa  a  que se oficiara “…al      Instituto     Nacional     de     Vías     –  Regional  Bolívar  con  el fin que  certifique  al  Juzgado, si dentro de los archivos del extinto Distrito de Obras  Públicas  No.  3 que reposan en esa dependencia, se encuentra prueba documental  que   indique   el   pago   al   señor  RAFAEL  PATERNINA  SUMOSA  (sic)  o a otra persona, por la ocupación  del  predio…”, sí fue decretada por el Juez Quinto  Civil  del  Circuito de Cartagena, en el auto de apertura a prueba fechado el 18  de abril de 2002, en los siguientes términos:   

“PRUEBAS DE LA  PARTE DEMANDADA…   

Inspección  judicial con intervención de  peritos  para  que  determinen si el predio ocupado por un área pública, es el  mismo  que  se describe en el certificado de Libertad y Tradición y en el plano  aportado.  Y  determine  el  área  total  afectada  por  la construcción de la  carretera  en dicho predio e indiquen el valor del metro cuadrado. La diligencia  se  llevará a cabo el día 23 de agosto/2002 a las 9 a. (sic) Nómbrase peritos  Ingenieros  Civiles  a…,  quienes  pasarán  por  este  juzgado  el día 21 de  agosto/2002.   Ofíciese   a   la  Sud–dirección   (sic)   de   Valorización   y  Peaje  de  Invías,  y  solicítese  lo pedido en el capítulo de pruebas Fl.  38   cuaderno  ppal.  y  se  oficie  al  Invías  Regional  Bolívar…”   

Por  lo demás, esa prueba no fue echada en  falta  por  la  demandada  en  curso  del  proceso,  máxime  porque  apenas fue  solicitada   para   verificar  si  eventualmente  había  constancia  de  alguna  indemnización   previa   a   la   ocupación   del  predio  (“…que  certifique  al  Juzgado,  si  dentro  de  los  archivos… que  reposan  en  esa  dependencia,  se  encuentra  prueba  documental que indique el  pago…”),  la  que  de haber existido, con absoluta  seguridad  se  hubiese presentado como excepción por pago o por inexistencia de  la obligación, lo cual no ocurrió.   

De   conformidad   con   las  precedentes  consideraciones,   se   confirmará  la  providencia  por  la  que  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de  Cartagena   decretó  la  preclusión  solicitada        por        la        Fiscalía       24  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bogotá con ocasión del  presente   asunto,   a   favor  del  ex  Juez    Quinto    Civil   del     Circuito     de    la    misma  ciudad,  doctor  ELÍAS  DE  JESÚS ORTÍZ BONILLA.   

Por último, ante la renuncia presentada por  el  abogado  Santiago  Martínez  Devia como apoderado del Instituto Nacional de  Vías,  se  le  reconocerá  personería para actuar a la doctora María Liliana  Ortega  Álvarez,  a  quien la Jefe de la Oficina Asesora Jurídica de la citada  entidad,  debidamente  autorizada  en la Resolución No. 02614 del 2 de junio de  2011   (art.   10-1)   suscrita   por   el  Director  General  del  INVÍAS,  le  confirió  poder  especial,  amplio y suficiente.   

En  mérito  a  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

1º. CONFIRMAR la  decisión impugnada.   

2º.    ADVERTIR     a   las  partes  que  contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

3°. En  los términos del poder conferido, se  le  reconoce  personería  para  actuar  en     este     trámite     a     la  doctora   María  Liliana  Ortega  Álvarez, como apoderada especial del   Instituto   Nacional   de   Vías.   

Notificada   en   estrados  la  presente  decisión,  se devuelven las  diligencias a su lugar de origen.   

Cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                        JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTÍZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1   Ver,   entre   otros,   auto   del   27   de   abril   de   2007,  radicado  No.  26.740.   

2  Muerte  del  imputado  o  acusado,  prescripción,  aplicación del principio de  oportunidad,    amnistía,    oblación,    caducidad    de    la   querella   y  desistimiento.   

3  Conforme   la   Sentencia   de  Exequibilidad  C-  591  de  2005,  de  la  Corte  Constitucional.   

4 Sala  de Casación Penal. Sentencia del 13 de julio de 2006, Rdo. 25.627.   

5 Sala  de Casación Penal. Sentencia del 25 de mayo de 2005. Rdo. 22.855.   

6 Sala  De   Casación   Penal.   Sentencia   del   23   de   febrero   de   2006.  Rdo.  23.901.   

7     ARTICULO  955. Reivindicación del precio de bien enajenado.  La  acción  de  dominio  tendrá  lugar  contra el que enajenó la cosa para la  restitución  de  lo  que  haya  recibido  por  ella,  siempre  que  por haberla  enajenado  se  haya hecho imposible o difícil su persecución; y si la enajenó  a   sabiendas   de   que   era   ajena,   para   la   indemnización   de   todo  perjuicio.   

El reivindicador que recibe del enajenador  lo  que  se  ha  dado  a  éste  por  la  cosa,  confirma  por el mismo hecho la  enajenación.     

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