40137(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO   

Aprobado   acta   N°  060   

Bogotá, D.C., veintisiete (27) de febrero de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

La  Corte  resuelve el recurso de reposición  interpuesto  contra  la providencia del 12 de diciembre de 2012, por medio de la  cual  se  negaron  las pruebas en el trámite judicial de extradición que cursa  respecto   del  ciudadano  colombiano  Ericson  Vargas  Cardona.   

ARGUMENTOS  DEL  RECURSO  

El     defensor     de    Vargas  Cardona  pide a la Sala revocar la  providencia,  mediante  la  cual  negó  la práctica de los elementos de juicio  solicitados, por las siguientes razones:   

Aduce  que  el  derecho  de  defensa ha sido  desconocido  en  su “concepción de derecho a probar,  al  no  posibilitarse  la  presencia  de  los  medios  adecuados para ejercer la  defensa”;  y  en cuanto al indictment dice que no es  una  providencia  acusatoria  definitiva  y, por lo mismo,  no contiene los  hechos  concretos  que  son  objeto  de  acusación,  es  decir, “no  informa previa y detalladamente al procesado sobre la acusación  que obra en su contra”.   

Reitera  que en este asunto se incumplió lo  estatuido  en  el  artículo  493.2  de  la  Ley  906  de 2004, por cuanto en el  exterior  no  se  ha  dictado  una  resolución  de acusación o su equivalente,  motivo  por  el  cual  insiste  en  que  las  probanzas resultaban pertinentes y  conducentes.   

Anota  que  el  indictment,  en  su esencia,  carece   de   contenido  fáctico  concreto,  es  decir,  no  informa  previa  y  detalladamente  al  procesado  sobre  la acusación. Así mismo, expresa que esa  falla  es  necesario  discutirla  en  este estadio procesal, en la medida en que  debe existir una providencia legalmente expedida.     

Comenta  que  la negativa de la Sala para la  práctica  de  las  pruebas  deprecadas,  desconoce  la  legislación colombiana  aplicable    en    materia    de    extradición     y    la    Convención  Americana.   

Sostiene     que     “existe  un  conflicto  entre  la  prioridad efectivista que tiene la  Sala  de  Casación  Penal  al  resolver  los  trámites  de  extradición  y el  cumplimiento  de la ley, lo cual crea un desorden legal insostenible en el caso,  razón  por  la  cual  debe  modificarse  la providencia recurrida, aceptando la  petición de pruebas”.   

Después  de  enunciar  la  definición  de  acusación  por  parte  de  la  Corte  Interamericana  de  Derechos Humanos y de  referirse  a dos providencias de este órgano, entre ellas, las adoptadas en los  casos   de  “Fermín  Ramírez  contra  Guatemala”  y  “Barreto  Leiva  contra  Venezuela”,  acota  que la Sala con su decisión que  impugna  permite  que  el indictment no tenga un contenido fáctico concreto que  informe  verdaderamente  cuál  es  la  acusación,  vulnerando  el principio de  imparcialidad,  siendo “ inflexible al impedir que en  el  trámite  de  extradición  se  pruebe  la  existencia  de tales fallas, que  lógicamente  variarían  el  contenido del concepto que debe emitir”.   

Como normas vulneradas cita los artículos 29  y  35 de la Constitución Política, 397 y 398 de la Ley 600 de 2000 y 336, 337,  490,  493.2,  494, 495.2 y 502 de la Ley 906 de 2004. Así mismo, comenta que se  desconocen  las  garantías  judiciales  mínimas  previstas  en  la Convención  Americana    y    el    Pacto    Internacional    de    Derechos    Civiles    y  Políticos.   

Con  lo  anterior  pretende  “demostrar  la inexistencia de una resolución acusatoria”  y “…que el indictment, providencia  aportada  como  pretendida  resolución  acusatoria,  no cumple con el contenido  mínimo   exigido   por  esa  normatividad…”.   

Sostiene  que  la  Sala,  en  una  posición  meramente  estratégica,  evadió el debate sobre la equivalencia del indictment  y  la  acusación,  aduciendo  que  es  un  tema eminentemente  jurídico y  sería objeto de discusión al emitirse el concepto.   

Expresa  que la Corporación “incurre   en   una  falencia  grave,  al  determinar  que  sobre  la  resolución  acusatoria  sólo  puede  darse  una  argumentación  jurídica, es  decir,  únicamente se aceptan proposiciones normativas, desconociendo que parte  del  debate  lo conforman proposiciones fácticas, que se refieren a hechos, que  son   los   que   realmente  se  pueden  probar…”.   

En   síntesis,   el   defensor   muestra  inconformidad   con  la  decisión  recurrida,  porque  aduce  que   se  le  desconoció  el  derecho  de  defensa  al  no  dársele la oportunidad de probar  aspectos  que se refieren al caso, que no hay claridad en la acusación respecto  al  acontecer  fáctico, que la Corte no ha permitido el debate entre indictment  y  la  resolución de acusación “y en tal sentido no  es  viable  decretar  pruebas  sobre el tema”, que la  argumentación  de la Sala está sustentada en proposiciones genéricas falsas y  contrarias   al  contenido  probatorio  y  que  la  Corporación  aduce  que  la  extradición  no  es  un  proceso  penal  y,  además,  crea  una definición de  resolución   de   acusación  “para  ser  utilizada  únicamente frente a los tramites de extradición”.   

Por   lo  expuesto,  solicita  revocar  la  providencia    impugnada    y,    en    su    lugar,    ordenar    las   pruebas  solicitadas.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.    La  Sala,        de       manera       reiterada, ha  sostenido  que  el  recurso de reposición tiene como  finalidad    permitir    al   funcionario   judicial  corregir los errores de orden fáctico o jurídico en  que     hubiere     podido     incurrir    en    la    decisión    recurrida,  otorgándole  la posibilidad  de  reexaminar  la  situación  que  con  ella  se resuelve y, si hubiere lugar,  proceder   a   revocarla,   reformarla,   aclararla   o   adicionarla   en   los  aspectos   en                  los           cuales          la            inconformidad      encuentre        verificación,      por   lo  que  es  indispensable  que  la  parte  que acude a dicho medio de impugnación,  presente         los         motivos         de            su            inconformidad      en   la  oportunidad  predicha  por  la  ley,  exponiendo  las  razones    de    hecho    y    de    derecho    que   fundan   su   inconformidad.      

2.  En  punto  de  la  pertinencia  del medio  probatorio,  la  Corporación  nuevamente  le recuerda al defensor cómo la fase  judicial  del trámite de extradición tiene como finalidad obtener que la Corte  rinda  concepto  sobre  la  viabilidad  de  autorizar  la  entrega del ciudadano  requerido  previa  verificación, conforme lo previsto en el artículo 502 de la  Ley  906  de  2004,  bajo  los  siguientes aspectos: (i) la validez formal de la  documentación  presentada,  (ii)  la  demostración  plena  de la identidad del  solicitado,  (iii) el principio de la doble incriminación, (iv) la equivalencia  de   la  providencia  proferida  en  el  extranjero  y,  eventualmente,  (v)  el  cumplimiento de lo consagrado en los tratados públicos.   

En ese orden, los medios  de  convicción  impetrados  por  el  interviniente  deben guardar relación con  dichos  aspectos;  de  no  ser  así,  carecen  de  conducencia,  pertinencia  o  utilidad.   

Consideraciones en este caso  

1. En  el supuesto que ocupa la atención  de  la  Sala,  teniendo  en  cuenta   las razones que expone el defensor de  Vargas  Cardona,  en orden a  que  se  revoque la providencia, se observa que no presenta argumentos distintos  a los exhibidos en el escrito de petición de probanzas. Véase:   

Reitera que el indictment no es equivalente a  la  resolución  acusatoria  colombiana,  en  la  medida  en que “no   se  incluye  una  relación  clara  y  sucinta  de  los  hechos  jurídicamente  relevantes…y,  menos, un relato de conducta fáctica llevada a  cabo por mi representado”.   

Aunque  ésto  es  motivo  del  concepto  de  extradición;  de  todas maneras, la Corporación considera oportuno ilustrar al  memorialista  que  el  auto  de  procesamiento  o  acusación  dictado  por  las  autoridades   judiciales  de  los  Estados  Unidos  de  América,  contiene  una  narración  de  la  conducta  investigada y las circunstancias de tiempo, modo y  lugar  que  la especifican, se basa en las pruebas allegadas a la investigación  y  tal  pieza constituye el punto de partida de la etapa del juicio, en donde el  acusado  puede  controvertir las evidencias y los cargos que pesan en su contra,  luego de lo cual se profiere el fallo de mérito.   

Así,  en  la  acusación  dictada  por  los  órganos  judiciales  de  los  Estados Unidos se consignan las circunstancias de  tiempo,  modo  y  lugar  en  que  se  ejecutó  la  conducta  ilícita objeto de  imputación,  su  descripción  típica  y las normas sustanciales aplicables al  caso,  pieza  procesal  que  será  el  marco  fáctico  jurídico sobre el cual  versará el juicio.   

Para  el defensor, como tema principal de su  petición,  la  acusación  aportada  por  el Estado solicitante no satisface la  condición  de equivalencia con la providencia que en ese sentido prevé nuestro  ordenamiento,    porque    no    contiene,   entre   otros,   una   “relación   clara   y   sucinta   de  los  hechos  jurídicamente  relevantes…y,  menos,  un  relato  de  conducta fáctica llevada a cabo por mi  representado”,   solicitando  la  normatividad  que  regula el indictment.   

Frente  al  anterior supuesto argumentativo,  examinado  el indictment que aportó el Estado solicitante, tales señalamientos  resultan  infundados,  porque  aquél sí contiene una narración circunstancial  de  las  conductas  que  se  imputan  al  nacional  colombiano.  Además, en las  declaraciones  juradas  sustento  de  la  solicitud  de  extradición  bajo  los  títulos    de   “antecedentes”,   “pruebas”,  “identificación”,  “el proceso del gran jurado”, “acusaciones y leyes  pertinentes   de   los   Estados  Unidos”  y  “resumen  de  los  hechos  del  caso”,  igualmente se hace una descripción completa  del   acontecer   fáctico   y   el   por   qué   es   solicitado  Vargas          Cardona         en  extradición.   

Ahora  bien,  el  defensor del solicitado en  extradición  nuevamente  advierte  que  el  tema  central  de  su escrito es la  equivalencia  del  indictment  con  el escrito de acusación, en cuanto a que no  constituye  el  fundamento o punto de partida para el juicio, lo cual no deja de  ser  más  que  una  apreciación  personal  respecto del ordenamiento jurídico  estadounidense,  cuando las propias autoridades norteamericanas han explicado la  naturaleza  de  dicha  decisión,  bajo el entendido que es en relación con los  cargos   en  él  contenidos  que  versará  el  juicio  y  el  acusado  deberá  defenderse.   

Basado  en  lo  que  considera  “falencia” de la providencia aportada,  el   profesional   derecho   que   vela   por  las  garantías  de  Vargas  Cardona  solicitó  en  pretérita  oportunidad  lo  siguiente:  cuáles  eran  las  pruebas  practicadas dentro del  proceso  penal que cursa en el extranjero, si los hechos relatados por el Fiscal  y   el  agente  de  la  DEA  están  plenamente  probados,  si  la  legislación  Norteamérica  prevé  que para cada acto cometido hay una conspiración, que se  informe  los  nombres de las personas con las que su defendido conspiró, si los  elementos  incautados  al momento de su captura fueron puestos a disposición de  los Estados Unidos de America y si estos modificaron el indictment.   

Por  lo  expuesto,  debemos  manifestarle  al  defensor  que supone, de manera errada, que las investigaciones y los juicios de  ambos  países deben identificarse y ser idénticas las decisiones que le sirven  de  fundamento, cuando en verdad lo que exige nuestra legislación es apenas una  equivalencia entre las acusaciones.   

En   esa  medida,  no  resulta  válida  la  afirmación  del  recurrente,  según  la  cual, la Corte vulneró el derecho de  defensa,  cuando  se adujo que el indictment y el escrito de acusación, por ser  piezas  de  carácter  jurídico,  se estudiaría en el punto de la equivalencia  con  mayor  amplitud  al  momento  de  emitirse  el  correspondiente concepto de  extradición.   

Empero,  la  Sala  advierte  que  antes  de  emitirse  el  indictment  en  Estados  Unidos  de América, no se agota el mismo  trámite  procesal  que  se  lleva a cabo en Colombia como preámbulo de nuestra  resolución  de  acusación,  o que el órgano que acusa es diverso, como que en  delitos  de  la especie de los que acá se postulan, es un Gran Jurado el que lo  hace  en  el  Estado reclamante, por ello la equivalencia entre aquélla y ésta  se  fija  más  por  los  efectos  subsiguientes  que  generan,  así:  las  dos  decisiones  precisan  los  cargos  por  los  cuales  ha de responder el acusado;  también  se  mencionan  las  preceptivas  que  se  estiman  infringidas  por la  conducta  imputada; en ambos escenarios se abre paso al juicio, y en esta etapa,  tanto  aquí como allá, existe plena oportunidad de controversia de las pruebas  aducidas  por el órgano que profirió la acusación y se realiza el debate para  tratar de enervar los cargos o atenuarlos.   

Así   mismo,  valga  insistir  en  que  la  participación  de la Colegiatura en el trámite no está encaminada a comprobar  si  los  cargos  imputados  acaecieron  en las circunstancias mencionadas, si el  solicitado  es responsable o si los medios probatorios acopiados son suficientes  para  construir  una decisión desfavorable, pues constituyen aspectos ajenos al  objeto  del  concepto  y  cuyo  escenario  natural para ser reivindicados por la  defensa es el proceso penal base de la solicitud.   

No   se   puede  perder  de  vista  que  la  extradición  es un mecanismo de cooperación judicial internacional orientado a  combatir      el     crimen     y     erradicar     la     impunidad,    y    en   tal   virtud, se rige por reglas propias que difieren  de las previstas en el proceso penal ordinario.   

2. Respecto de los medios de convicción cuya  práctica  deprecó  el  apoderado  del  reclamado  en  pretérita  oportunidad,  resultan  improcedentes,  puesto que ignora que la fase judicial del trámite de  extradición  no  está  diseñada  para intentar discusiones en torno de lo que  será   materia   de   controversia  en  el  país   requirente    ante          sus         autoridades       judiciales   competentes,   que  por  el  contrario,  está encaminada a  constatar  el         cumplimiento        de        específicos    requisitos       (artículos    502   de  la Ley 906, en concordancia con lo puntualizado en los artículos  490,     493     y     495     ibídem).   

De no adoptarse un alcance como el que viene  de  señalarse en la etapa judicial del trámite de extradición, se llegaría a  la  contradicción  de realizar juicios de valor que son precisamente los que se  deben    agotar    en   el   Estado   requirente   dentro   de   la   actuación  respectiva.   

Una actividad distinta a la constatación de  los  requisitos previstos en los artículos  502  de  la  Ley  906,  en  concordancia  con  lo indicado en los  artículos   490,   493   y  495  ibídem,  de suyo envolvería una indebida intromisión en los asuntos del  Estado  solicitante, el cual, en punto de sus poderes judiciales frente a los de  nuestro país, goza de absoluta soberanía.   

Acerca  de este tema es preciso recordar que  esta Corporación de manera reiterada ha señalado:   

“Debido precisamente a que en Colombia el  trámite  de  extradición  no  corresponde  a  la  noción  estricta de proceso  judicial  en  el  que  se  juzgue  la  conducta  de aquél a quien se reclama en  extradición,  en  su  curso  no  tienen  cabida cuestionamientos relativos a la  validez  o  mérito de la prueba recaudada por las autoridades extranjeras sobre  la   ocurrencia   del   hecho,   el  lugar  de  su  realización,  la  forma  de  participación  o  el  grado  de  responsabilidad  del  encausado…  pues tales  aspectos  corresponden  a  la  órbita exclusiva y excluyente de las autoridades  del  país  que eleva la solicitud y su postulación o controversia debe hacerse  al  interior  del  respectivo  proceso utilizando al efecto los instrumentos que  prevea   la   legislación  del  Estado  que  formula  el  pedido”1.   

Esta  postura  es  acogida  por  la  Corte  Constitucional, que ha hecho las siguientes precisiones:   

«…el  acto  mismo  de la extradición no  decide,  ni  en  el  concepto  previo,  ni  en  su concesión posterior sobre la  existencia  del  delito,  ni  sobre  la autoría, ni sobre las circunstancias de  tiempo,  modo  y lugar en que se cometió el hecho, ni sobre la culpabilidad del  imputado…  todo  lo  cual  indica  que  no se está en presencia de un acto de  juzgamiento,  como  quiera que no se ejerce función jurisdicente”2.   

De otro lado, como de antaño lo ha precisado  la  Corte,  a  la solicitud extranjera no se acompañan  las  pruebas  en  las  que  se  sustenta  la acusación que origina el pedido de  extradición,  puesto  que le está vedado examinar la  legalidad  de  la  providencia que fundamenta la petición. Sobre el particular,  en  el  concepto  del 21 de abril de 2004, emitido en la actuación radicada con  el  N°  21.6723, la Sala afirmó:   

“Tampoco le está permitido a la Corte en  el  trámite  de  la  extradición  juzgar  la  validez  de  la  providencia que  constituye  el  soporte  de  la  solicitud,  ni  menos determinar si la misma se  ajusta  a  las  exigencias  formales  y materiales previstas por la legislación  interna  del  país  requirente,  cuestionamientos jurídicos que le competen al  requerido  y a su defensor proponerlos al interior del proceso adelantado por la  autoridad judicial de aquel estado.   

“Cualquier  intervención  distinta  a la  legalmente  atribuida,  constituirían  -sin  duda- actos de injerencia indebida  en   los  procedimientos  y  juicios  que  sólo  son competencia del país  extranjero  y  ajenos  al  instrumento  de  cooperación  internacional,  único  facultado  para  discutir  y resolver las inquietudes del defensor del requerido  sobre    supuestas   violaciones   al   debido   proceso   y   al   derecho   de  defensa.   

“De    igual    manera   no  es  requisito el acompañamiento a la petición de extradición  de  las  pruebas  en  la  que  se  sustenta  la  acusación  que dio origen a la  solicitud  de  modo  que  facilitara  su  controversia,  pues no se trata de una  actuación  en  la que sea posible la discusión sobre la legalidad y alcance de  los  medios  de convicción, y ante la diversa índole  de los procedimientos judiciales surge inadmisible tal pretensión.   

3.  En  lo  atinente  a  la  solicitud  del  memorialista,  en relación con las pruebas practicadas dentro del proceso penal  que  cursa en el extranjero, esto es, si los hechos relatados por el Fiscal y el  Agente  de  la  DEA están plenamente probados, si la legislación Norteamérica  prevé  que  para  cada  acto cometido hay una conspiración, que se informe los  nombre  de  las  personas  con  las que su defendido conspiró, si los elementos  incautados  que  poseía  al  momento de la captura el requerido en extradición  fueron  puestos  a  disposición de los Estados Unidos de América, cuál era el  fundamento  de  esa  petición,  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar que  sustentan  los cargos tres y cuatro, quién ordenó el allanamiento en donde fue  capturado  el  requerido  y  si  los objetos hallados modificaron el indictment,  como  quiera  que tales cuestionamientos tratan de enervar el trámite penal que  cursa  contra  el solicitado en extradición en los tribunales extranjeros, como  se  dijo en la providencia recurrida, esos aspectos deben ventilarse al interior  del proceso penal y no dentro de este diligenciamiento.   

En  esa  medida,  como  la extradición es un  trámite  administrativo  ajeno  al  juicio de responsabilidad penal, adelantado  bajo  la  observancia  de  las  leyes  colombianas,  y  siendo  un  mecanismo de  cooperación  internacional  regido por los principios del derecho internacional  público,       la       verificación       del      sustento      material  y  del  mérito sustantivo de la  acusación  foránea  por parte de los jueces colombianos implicaría no solo la  contravención  de  los  principios  de  confianza  legítima y recíproca entre  Estados,  sino  la  usurpación de la soberanía judicial del país solicitante.   

En  fin,  no  puede  perder  de vista que los  sistemas  de  enjuiciamiento  criminal  vigentes  en el país reclamante como en  Colombia,  si  bien  son  acusatorios,  no  puede  por  ello  indicarse  que son  idénticos.   

En  consecuencia,  no  asistiendo  razón  al     defensor  para que la Corte modifique el  sentido  de  la decisión impugnada, el auto recurrido  no se repondrá.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.  NO  REPONER  el  auto del 12 de diciembre de 2012, mediante el cual  se  negó  la  práctica de las pruebas solicitadas por la defensa del ciudadano  Ericson      Vargas      Cardona      requerido en extradición.   

2.    En  firme  este  proveído,  la  Secretaría   de   la   Sala  correrá  traslado  por  cinco  (5)  días  a  los  intervinientes  dentro  de  este  trámite,  para que presenten sus alegatos, de  acuerdo a lo dispuesto en el artículo 500 de la Ley 906 de 2004.   

3. Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                              FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                   JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA            

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, auto del 1º de agosto de 2007,  radicación No. 27450.   

2 Corte  Constitucional, sentencia C-1106 del 24 de agosto de 2000.   

3  Criterio  que,  además  ha sido acogido por la Corte  Constitucional:  cfr.,  sent.  C-243  de 2009, haciendo alusión a los conceptos  del  3  de  noviembre  de  2004  y  4  de julio de 2006, rads.: 22.072 y 25.333,  respectivamente.     

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