39979(24-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 124.   

Bogotá,  D.C., veinticuatro (24) de abril de  dos mil trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada   por   el   defensor   de   MANUEL   ANTONIO   CÓRDOBA,  contra  la  sentencia  del  25  de  junio  de  2012,  proferida  en segunda instancia por el  Tribunal  Superior de Villavicencio, confirmatoria de la dictada el 25 de agosto  de  2010  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de la misma ciudad, que  condenó  al  procesado a la pena principal de 5 años de prisión; la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso;  y,  la  obligación  de  indemnizar  los  perjuicios; por haberlo  declarado  autor  penalmente  responsable  de la conducta punible de  acceso  carnal  abusivo  con  menor  de catorce años.  Al  sentenciado  se  le  negó  el  sustituto  de  la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

H E C H O S  

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron  relatados  en  el  fallo de segundo grado, como se transcribe a  continuación:   

“Se  dieron  a  conocer  a  través  de denuncia No. 915 instaurada ante la Sala de denuncias de  la     SIJIN     de     esta     ciudad     por     la     menor    [E.K.G.C.]1  de  13 años de edad, cuando  refirió  que  el  22  de  febrero y el 27 de abril de 2006, en compañía de su  prima  concurrió  al  apartamento  de  MANUEL  ANTONIO CÓRDOBA, de 65 años de  edad,   con  el  cual  sostuvo  relaciones  sexuales  ante  su  ofrecimiento  de  entregarle  una  fuerte  suma de dinero.”    

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En  atención a la denuncia formulada por la  menor    E.K.G.C.  el  27  de  abril  de  20062, dando cuenta de los atentados  contra  la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales, así como al informe  sexológico    extendido    por   medicina   legal3,  el  9  de  mayo  de  2006 la  Fiscalía  16  Seccional  de  Villavicencio dispuso adelantar una investigación  previa4  y,  luego  de  practicar  algunas  pruebas, ordenó la apertura de  instrucción  por  auto  del  siguiente  16 de junio5,  así como la vinculación de  MANUEL  ANTONIO  CÓRDOBA,  mediante                 indagatoria6,  oportunidad  en la que se le  imputó  la  conducta  punible  de  acceso  carnal  abusivo con menor de catorce  años.   

El  ente  instructor resolvió la situación  jurídica  del  sindicado  el  25  de julio de 2007, absteniéndose de imponerle  medida           de           aseguramiento7.   La   decisión   no   fue  recurrida.   

El  25  de  junio  de  2008  se clausuró la  investigación8.  El  sumario  se  calificó  el  20  de agosto de 20089,  profiriendo  resolución  de  preclusión a favor de MANUEL ANTONIO  CÓRDOBA.  Contra esa providencia interpuso el recurso  de  apelación  el delegado de la Procuraduría y el 28 de noviembre de 2008, la  Fiscalía  Segunda  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio la  revocó  y  acusó al procesado por el delito de acceso carnal abusivo con menor  de  catorce  años  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  de  acuerdo  con  la  descripción   típica  consagrada  en  el  artículo  208  del  Código  Penal.   

La  etapa  del  juicio  le  correspondió al  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Villavicencio que asumió el conocimiento  el      15      de      abril      de      200910;   celebró   la   audiencia  preparatoria   el  20  de  agosto  del  mismo  año11; y, la pública el siguiente  3              de              noviembre12.   

La   sentencia  de  primera  instancia  se  profirió    el    25    de    agosto    de   201013,   de   cuya  naturaleza  y  contenido  se  hizo  mérito en el acápite inicial de esta providencia, la cual  fue  confirmada  por  la  Sala  Penal de Descongestión del Tribunal Superior de  Villavicencio14,  mediante  la que es objeto del recurso extraordinario15.   

LA  DEMANDA   

Un  cargo  dice  formular  el  demandante al  amparo  de  la  causal  primera  del  artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal,  por  violación  indirecta de la ley sustancial, consistente en error de  hecho por falso raciocinio.   

Considera   que   las  normas  de  derecho  sustancial  violadas  por  esta vía, son los artículos 232, 234, 238 y 277 del  Código de Procedimiento Penal.   

En  desarrollo  del  cargo,  afirma  que  se  equivocó  el  Tribunal al restarles credibilidad, por tratarse de la compañera  permanente  y  de  dos  protegidas  del  implicado, a los testimonios de Jazmín  Perdomo  Gasca, Cindy Carolina Zárate Romero y Detsy Rocío Zea Romero, quienes  afirmaron  que  la  víctima  sólo  estuvo  en  el  apartamento de MANUEL  ANTONIO CÓRDOBA, durante un corto  lapso,  pues,  “No  obstante  lo  anterior  que  en  principio  bien  pudiera  parecer lógico y acorde con los postulados de la sana  crítica…”,  el mismo Juez Colegiado argumentó de  forma  contraria  que  Martha  Lucía  Bermúdez  Cano  no  había  rechazado la  posibilidad  del  acceso  carnal,  aunque  aceptó  que  el procesado y la menor  permanecieron en una habitación durante poco tiempo.   

Fue   precisamente   ese   corto   tiempo  –agrega–   que   compartieron   E.K.G.C.   y  MANUEL  ANTONIO CÓRDOBA, lo  que hace poco creíble la versión de la menor.   

Argumenta  que contrariando la sana crítica  el  Ad quem descalificó a tres testigos por la supuesta cercanía y dependencia  con  el  procesado, pero admitió lo dicho por la otra declarante (Martha Lucía  Bermúdez  Cano)  que  declaró  lo  mismo  que  Jazmín Perdomo, Cindy Carolina  Zárate  y  Detsy  Rocío  Zea,  quienes  señalaron  que  E.K.G.C. estuvo en el  apartamento entre 15 y 30 minutos.   

Explica que son cuatro las declaraciones que  “…los  juzgadores  de primera y segunda instancia  valoraron  de  manera  errónea  incurriendo con ello en un falso raciocinio, es  decir  de  espaldas  a  la  sana  crítica,  sin  observancia  de los principios  lógicos,  de los postulados de la ciencia o de las reglas de la experiencia, lo  que  implica  que  se  desconoció el método de apreciación racional señalado  por el legislador.”   

Para    el   libelista   “No  es  lógico  y por ende no tiene ningún asidero…”  que  el  acceso  carnal  denunciado se hubiese ejecutado en muy  poco  tiempo  y  en  un apartamento en donde permanecían otras cuatro personas,  entre   quienes   estaban  la  compañera  del  implicado  y  una  prima  de  la  víctima.   

Cita un concepto de falso raciocinio expuesto  por   “la  doctrina”  y  transcribe  el significado de máximas de la experiencia publicado por Friedrich  Stein,   para   argumentar  que  la  “…inferencia  lógica  que  utilizó  la  Sala de Descongestión del Tribunal de Villavicencio  que  en  principio pudiera antojarse como plausible en la medida que descalifica  el   dicho  de  tres  deponentes  por  su  cercanía  con  el  sindicado,  queda  absolutamente  desdibujada  cuando  la  propia  prima  de la menor supuestamente  accedida   corroboró   plenamente  lo  que  en  su  momento  se  dijo  respecto  que  (sic)  [E.K.G.C.] solo  estuvo  durante  un  corto espacio de tiempo en el apartamento de MANUEL ANTONIO  CÓRDOBA.”   

Agrega      que      “…esas     mismas     reglas     de     experiencia…”  enseñan que no es probable haber accedido a la menor cuando en  el     mismo     sitio     estaban     la     compañera     de     CÓRDOBA  y  la  prima  de  la  víctima.   

El  actor  señala  que  los jueces debieron  apreciar   las   pruebas  en  conjunto  y  de  acuerdo  con  la  sana  crítica,  “…respetando     los    principios    de    la  lógica…”,  a los que no se ajusta “…contradecir  el  mérito  que  razonadamente se le asigne a cada  prueba  individualmente considerada a partir del “conjunto de la prueba”; el  conjunto  probatorio  está constituido por la sumatoria de pruebas particulares  que  tienen  su  propia  identidad  no pudiendo aquel erigirse en una “entidad  probatoria       independiente”       de       corte       “meta–procesal” que tenga la capacidad de  desnaturalizar   o  negar  la  esencia  de  sus  partes  integrantes.”   

Es ahí donde a juicio del demandante radica  el   falso   raciocinio,   puesto   que   la   segunda   instancia  desautorizó  apresuradamente  unas  pruebas  que  al  ser  cotejadas  con  la  versión de la  víctima  de acuerdo con las reglas de la sana crítica, permitían concluir que  la menor había mentido.   

Transcribe apartes de la denuncia en los que  E.K.G.C.  narra  lo  que ocurrió durante el primer acceso carnal y pone en duda  su  credibilidad  argumentando  que  “…es de todos  conocido    (sic)   las  dificultades  que  experimenta un hombre adulto para despojar de su virtud a una  doncella  máxime  cuando  en  un  caso  como éste había tal desproporción de  edades, tallas y pesos.”   

Además,  porque  la menor no detalló cómo  “…fue   lubricada   para   así   permitir   la  penetración,  o  si ésta le había dolido, o cuantos  (sic)  intentos  se tuvieron que hacer para vencer la  resistencia  del  himen  y un sinfín de detalles que se aprecian en los relatos  de  casos  en  los  que  los  menores  relatan  la  manera abusiva en que fueron  accedidos.  Incluso  nótese  como  la  menor al hablar de la supuesta relación  utiliza  repetidamente  la  muletilla  “entonces” muy propio esto de quienes  están faltando a la verdad.”   

Cree  que  es  inexplicable  la  reacción  posterior  de  la  menor,  quien a pesar de haber autorizado la relación sexual  por  la  que  recibió un millón de pesos, decidió encontrarse con su madre en  un  almacén,  le  comentó que el procesado le había regalado ese dinero, pero  ésta  no  le  preguntó  la razón del obsequio, y E.K.G.C. procedió a comprar  ropa  para  sus  progenitores  y  hermanas. Esos hechos, para el demandante, son  muestra de la mentira.   

También   le   resta  credibilidad  a  la  ocurrencia  del  segundo  acceso  carnal, porque la víctima limitó su relato a  decir  que  “…la penetraron y luego eyacularon por  fuera   de   ella,   aparte   de   repetir   una   y   otra   vez  la  muletilla  “entonces”…”   

Por  ello,  “La  impresión  que  le  deja al suscrito el anterior relato es que no corresponde a  la  verdad  y  por ello es tan pobre en detalles respecto del episodio sexual en  sí  que  como ya advertimos tuvo que ser bastante difícil y dispendioso por la  desproporción entre sus actores.”   

Considera  que el relato de los hechos no se  hizo  de  forma  espontánea,  sino  que  obedeció  al disgusto del padre de la  menor,  quien  al  ser  advertido  por  su  sobrina  sobre  una  “situación  fea”  decidió  que su hija  denunciara  al  agresor, empero sin informar que las relaciones también habían  sido  orales  y  anales,  lo  que  dijo  sólo  cuando se le interrogó por esos  específicos   aspectos   repitiendo  lo  que  le  habían  preguntado;  y,  eso  únicamente  significa  que  había  animadversión  e  intención de perjudicar  a     MANUEL     ANTONIO     CÓRDOBA.   

“Respecto de una  relación  por  vía  anal,  hasta  el más novicio de los operadores judiciales  sabe  que  éstas  necesitan  de  una  especial preparación y de un tratamiento  singular  por  la  disparidad de tamaños entre la cavidad anal y el asta viril,  situación  que  se potencializa muchísimo más si se trata de una menor virgen  de  tan  solo  trece  años de edad que supuestamente fue accedida contra natura  por  un  adulto de un metro con ochenta y de contextura gruesa. Empero, la menor  ningún   detalle   aportó  sobre  esta  especial  forma  de  contacto  sexual,  muchísimo    menos    respecto   del   supuesto   contacto   genito  (sic)  oral,  situación  que nos hace  dudar    muchísimo    más   de   la   veracidad   de   su   relato.”   

Admite  entender que el dictamen sexológico  de  medicina  legal  fue  parte  del fundamento de la sentencia de condena, pero  estima  que  la  prueba testimonial y la propia versión de la víctima sugieren  que  ella  tenía  “…otros  contactos  y  que muy  seguramente  esas  señales de actividad sexual obedecían a ellos y no a lo que  pudo  haber realizado MANUEL ANTONIO CÓRDOBA quien como lo advierte la restante  prueba  recaudada  solamente  se  limitó a realizar insinuaciones sexuales a la  menor,   mas   nunca   tuvo   una  oportunidad  real  de  accederla.”   

Concluye  que  de no haberse incurrido en el  falso  raciocinio y de haberse apreciado la integridad de las pruebas de acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana  crítica,  se  hubiese  establecido  que  no fue  MANUEL  ANTONIO  CÓRDOBA el  autor del acceso carnal abusivo del que fue víctima la menor.   

En consecuencia, solicita de la Sala casar el  fallo impugnado y absolver al procesado.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

1. De conformidad  con   el   artículo   205  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  recurso  extraordinario  de  casación procede contra las sentencias de segunda instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  adelantados por delitos que tengan señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho años, aunque se haya  impuesto  como  sanción una medida de seguridad. Ésta es la que se conoce como  casación común.   

De  acuerdo con el inciso tercero del citado  precepto,   la   denominada   casación  excepcional  opera  también  frente  a  sentencias  de  segunda  instancia,  pero distintas a las mencionadas, es decir,  las  dictadas  por  esos  estrados en procesos adelantados por delitos cuya pena  máxima  no  exceda  de  ocho años, o por los juzgados penales del circuito. En  estos  casos  la Corte, de modo discrecional, puede admitir excepcionalmente una  demanda  de  casación,  cuando  lo considere necesario para el desarrollo de la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos fundamentales, siempre que el  libelo   reúna  los  requisitos  previstos  en  la  ley  y  se  satisfagan  los  presupuestos de oportunidad, legitimidad e interés.   

1.1. En el presente  asunto,  la sentencia de segunda instancia fue proferida el 25 de junio de 2012,  dentro  de  un  proceso adelantado por el delito acceso carnal abusivo con menor  de  catorce  años,  sancionado con pena de prisión cuyo máximo es de 8 años,  según  la  normativa  que  el Tribunal aplicó por ser la que regía el caso en  consideración  a la fecha de realización de la conducta (22 de febrero y 27 de  abril  de  2006),  fechas en las cuales aún no operaba el sistema acusatorio en  el  Distrito  Judicial  de  Villavicencio,  por  lo  que  no  tenía vigencia el  incremento  general  de penas previsto en el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

De  conformidad con lo anterior, es evidente  que  no  tiene cabida la casación común, puesto que tanto para la fecha de los  hechos  como para la del fallo de segunda instancia, la ley procesal establecía  como  requisito  para  acceder  a  la  misma que la pena prevista para el delito  excediera de los ocho (8) años.   

1.2.  Asimismo, es  ostensible  que  el demandante no invocó el inciso tercero del artículo 205 de  la  Ley  600  de  2000, es decir, no fue explícito en indicar que la demanda de  casación era excepcional.   

Tampoco se desprende del contenido del libelo  la  intención,  así  sea  imprecisa,  de  acudir  a  esa  especie  del recurso  extraordinario,  porque  en  ningún  aparte del escrito alude a la necesidad de  desarrollar   la   jurisprudencia   nacional   o   de  garantizar  los  derechos  fundamentales,  pues  el recurrente no pasa de formular simples enunciados sobre  supuestas  irregularidades a las cuales no les da cabal desarrollo y respecto de  las  que,  dicho  sea  de  paso,  la  Corte  no encuentra que se concrete algún  elemento  que  permita  obrar  de  oficio,  según  la  facultad otorgada por el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

Y,  a pesar de que según lo ha precisado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  no  constituye condición ineludible que el actor  deba  mencionar  que  acude  a la casación discrecional, sino que es suficiente  con  que del contexto de la demanda surja que esa es su intención porque expone  de   manera   adecuada,   al   menos,   alguno   de   los  dos  motivos  que  la  permiten16,  la  Corte  no  la  admitirá,  como quiera que en su formulación  omite  cumplir los demás requisitos de forma establecidos en la ley.   

1.3.  En  efecto,  tiene  dicho  la  Corte17,  y  ahora  lo reitera, que  las  demandas  de  casación  discrecional,  aparte  de  las exigencias de orden  general  relacionadas  en el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal de  2000,  deben  satisfacer  los requisitos señalados en la parte final del inciso  tercero del artículo 205 ibídem.   

Así,  dos  son  los  propósitos  de  esta  modalidad        de        impugnación       extraordinaria:       (i) obtener de la Corte nuevos elementos  de  análisis  que  incidan en el desarrollo de la jurisprudencia y (ii) procurar los mecanismos protectores  de las garantías fundamentales.   

En   cualquier   caso,   debió              el  impugnante  exponer  en  capítulos  separados,  con  suficiente  sustento  lógico,  cuál  de  esas dos finalidades  –o   ambas–          pretendía   alcanzar   por   medio   de   la  demanda.   

1.3.1. Entonces,  si  su  propósito  es  el  primero,  esto  es,  propiciar  el  desarrollo de la  jurisprudencia,  su  planteamiento  debe ser preciso y claro en dos sentidos: el  señalamiento  de  la utilidad inmediata de la decisión pedida y su proyección  sobre la jurisprudencia.   

En  el  caso  de que su ánimo sea unificar  criterios  jurisprudenciales,  basado en que ha descubierto dentro del acervo de  pronunciamientos  de la Sala posiciones encontradas sobre un determinado aspecto  de  derecho,  así  debe  demostrarlo,  mediante  la  confrontación  objetiva y  conceptual    de    las    piezas    jurídicas   que   han   sido   objeto   de  conocimiento.   

Si  su  intención es provocar que la Sala  asuma  una posición sobre una determinada tesis doctrinaria en torno de la cual  no  ha  tenido oportunidad de hacerlo, o acerca de la cual ha plasmado conceptos  vagos  o  inacabados,  igualmente debe dejarlo establecido, luego de efectuar un  seguimiento  minucioso  de  la  jurisprudencia  con  el  objeto  de destacar las  carencias señaladas.   

Ahora  bien, si lo que ambiciona es que la  Corte  actualice  su  postura  frente  a un determinado problema jurídico, bien  porque  la  doctrina ha depurado sus elaboraciones al respecto, o bien porque el  devenir  social y humano así lo reclaman, su discernimiento en orden a crear la  necesidad  de  esa  innovación  ha  de  ser  de  más  amplio  espectro y mayor  profundidad18.   

1.3.2. Empero, si  la  finalidad  perseguida  es la segunda, es decir, la garantía de los derechos  fundamentales,  el  esfuerzo dialéctico del actor debe  encaminarse  a  mostrarle  a  la  Corte,  mediante una  argumentación  lógica, el desconocimiento de un derecho de tal envergadura por  haberse  quebrantado  la  estructura  básica  del  proceso  o  la actividad del  juzgador,  e  indicar  las  normas constitucionales que lo protegen, su concreto  conculcamiento  con  la  sentencia  y  por  qué  el  procesado  fue  privado de  oportunidades   que  le  permitieran  sacar  avante  posturas  favorables  a  su  situación.   

En  ese  sentido,  reiterativamente  se ha  dicho  que  cuando  se  aduce violación del debido proceso, debe comprobarse la  existencia  de  la irregularidad sustancial que afecte la estructura del sistema  que  lo  inspira,  vr. gr., falta de apertura de investigación, no vinculación  del  procesado,  no  definición  de  la  situación  jurídica  cuando ella sea  obligatoria,  o  ausencia  de  la  decisión  de  cierre  de  la investigación;  desconocimiento  de  la  etapa  de  investigación  y/o  juzgamiento; dentro del  juicio:  de  la  fase probatoria y/o de debate oral; de formulación de cargos o  sentencia, o la posibilidad de recurrir en segunda instancia.   

1.4.  En  todo  caso,   es   competencia   exclusiva   de   la   Corte,   en   ejercicio  de  su  discrecionalidad,  ponderar la fundamentación expuesta por la parte que acude a  dicho  mecanismo  y  decidir  si  admite  o  rechaza el trámite de la casación  excepcional.   

1.5.  Aún  en el  evento  de  que se dijeran superados esos escollos, para la Sala es claro que el  cargo  postulado  por  el  libelista  no  resiste  el  análisis  de la adecuada  fundamentación,  pues,  en  la  censura  propuesta  al  amparo  de la causal de  casación  contemplada  en  el  numeral primero del artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal, es decir, que la sentencia es violatoria indirectamente de  la  ley  sustancial,  oculta  la intención de contraponer su criterio sobre los  juicios  valorativos  de  la  segunda  instancia  a  partir  de  los  cuales  se  determinó  la  autoría  y  responsabilidad de MANUEL  ANTONIO   CÓRDOBA  en  el  atentado  contra  la  libertad,  integridad  y formación sexuales, pretendiendo  entronizar  los  suyos  como más contundentes, aunque no alcanza a perfilar los  vicios  que  por  su  trascendencia  obliguen a proferir, en reemplazo, un fallo  absolutorio para el procesado.   

2. Conforme lo ha  sostenido  la  jurisprudencia  de  esta Sala, el falso raciocinio difiere de los  falsos  juicios  de  identidad  y de existencia en que el medio de prueba existe  legalmente  y  su  tenor o expresión fáctica es aprehendida por el funcionario  con  total  fidelidad,  sin  embargo, al valorarlo le asigna un poder persuasivo  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, y en tales eventos el  demandante  corre  con  la  carga  de  demostrar  cuál  ley  científica, cuál  principio  de  la  lógica o cuál máxima de la experiencia fue desconocido por  el  juez, e igualmente tiene el deber de indicar cuál era el aporte científico  correcto,  cuál el raciocinio lógico o cuál la deducción por experiencia que  debió aplicarse para esclarecer el asunto.   

No sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate  de  errores  de hecho o de derecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  la  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable a la parte que alega el  respectivo dislate.   

Ahora bien, en lo que concierne al tema de  la        sana  crítica,   presupuesto     del     cargo     presentado    por    el defensor de  MANUEL  ANTONIO  CÓRDOBA,  para  la  Sala  es  claro  que  los razonamientos del  Ad   quem   en  los  que  se  soporta  la  decisión  condenatoria,  no  pueden  controvertirse  a partir de la simple negación de su  validez  o  proponiendo axiomas que omite confrontar  adecuadamente  con los hechos demostrados para explicar  cómo  operan  en  los  casos que plantea,     y     sin     siquiera    señalar    cuáles    serían  los  apotegmas  que debieron acogerse en la valoración de  los  medios  de persuasión;  a  lo  cual se suma que las  denominadas por el defensor  indistintamente    como  principios  lógicos  y  reglas  de  experiencia  o  del      sentido  común,  no pasan de ser  afirmaciones  ficticias,  fundadas en su concepción  de   cómo   deben   interpretarse   las   evidencias  que  no  favorecen  a  su  defendido.   

Así     por    ejemplo,  omite explicar cuál principio de la  lógica     o     cuál     máxima     de     la    experiencia    transgredieron  los  jueces por no haberle dado credibilidad a los  testimonios  de  Jazmín  Perdomo  Gasca,  Cindy Carolina Zárate Romero y Detsy  Rocío  Zea  Romero.  Tampoco  expone  por qué se vulneraron esos postulados ni  cuáles  de ellos, por haberle dado crédito a la versión de la víctima y a la  declaración  de  Martha  Lucía Bermúdez Cano, con  mayor     razón    cuando    esta    Sala   tiene   decantado   en   relación  con  el  tema,  que  la  credibilidad  no  es  de  suyo  censurable en casación, habiéndose ya abolido  el   sistema   de   la   tarifa   legal             –mismo  que  sugiere   el  actor  al  referirse  a  que  fueron  cuatro  los  testigos que se refirieron al tiempo que  permaneció      la      menor     en     casa     del     implicado–,  pues  la  tarea  de  valoración  probatoria  la  realiza  el  juez  con  sujeción  a  los  principios  de  la  sana  crítica  o  libre  persuasión racional, como se  colige  de  los preceptos consagrados en los artículos 238 y 277 del Código de  Procedimiento Penal.   

Mucho  menos  precisa  por  qué el aludido  poco  tiempo que permaneció  la   menor   E.K.G.C.   en  casa  de  MANUEL  ANTONIO  CÓRDOBA,   imposibilitó  que  éste  ejecutara  los  accesos  carnales  y si esa tesis corresponde a una regla de la experiencia o de  la lógica.   

No  dice  cuál  fue el principio lógico o  cuáles        las        “…reglas       de  experiencia…” que se desconocieron, por no haberse  considerado  que  era imposible que el atentado contra la libertad, integridad y  formación  sexuales  de E.K.G.C. se ejecutara en un lugar en donde permanecían  otras  cuatro  personas, entre quienes estaban la compañera del implicado y una  prima  de  la  víctima,  máxime  cuando para el mismo procesado ese aspecto no  constituía  ningún  obstáculo  moral o material, porque él mismo admitió en  la  indagatoria  sin  ningún  recato  –refiriéndose  a  una ocasión en que fue sorprendido en una de sus  aventuras  sexuales–  que  “…mi  esposa  nos vio en la cama y yo le dije que  si   me   formaba   un  escándalo  que  se  iban  las  dos  y  ella  se  quedó  callada…”   

En    todo    caso,    no  tuvo en cuenta el libelista que los  principios  de la lógica no  son  los  mismos  que  gobiernan  la  experiencia  y, si se trata de señalar su  violación,  es  menester  precisar cuál en concreto de unos u otros ha sido el  postulado vulnerado.   

En    otras    palabras,  cuando el  demandante  se refiere al poco tiempo en el que en su  sentir  transcurrieron los hechos, a que en el sitio había otras personas, a la  presencia  de  la  compañera  permanente  del procesado en el lugar y a la poca  credibilidad    que    le   merece   la   versión   de   la   menor,   no  está  relacionando,  así  lo diga, alguna máxima de la experiencia o principio de la  lógica,  sino  tratando  de  introducir  presuntas  fórmulas  con el ánimo de  controvertir  la  decisión  del  Tribunal,  que  le  atribuyó a su asistido la  coautoría  y  la  responsabilidad  en  el  acceso  carnal  abusivo con menor de  catorce años.   

En     síntesis,     el   actor   trata  de  anteponer  su  criterio  a  los  juicios  valorativos  de  la segunda  instancia,  partiendo de simples conjeturas como que no existe ninguna evidencia  que    demuestre    la   autoría   y   la   responsabilidad   de   MANUEL  ANTONIO  CÓRDOBA, en los delitos  de los cuales fue víctima la menor E.K.G.C.   

El libelista  ni  siquiera dice en dónde  se   hallan  insertas  esas  normas  o  cómo  operan  para  el  caso  concreto,  tornándose     sus  afirmaciones  en  meras  peticiones  de principio, carentes de soporte fáctico,  jurídico o probatorio.   

Si  de  verdad  esos  postulados tuviesen  vocación  de  representar  reglas  de la experiencia  o  principios  lógicos,  cuando  menos  habría  de  explicar  en  dónde residen sus características de  generalidad  y  universalidad, a partir de las cuales deducir que, en efecto, en  todos  o  en  casi  todos  los casos de acceso carnal  abusivo    con    menor    de    catorce    años,    tiene   que   transcurrir  un  tiempo  determinado en la ejecución del hecho, o  que  no  puede  haber otras personas presentes en la casa donde ocurrieron o que  no  es  posible  llevar  a cabo el acceso carnal si la compañera permanente del  sujeto   activo  se  encuentra  presente  en  el  mismo  apartamento.   

Incluso,  la  argumentación  del  demandante  se vale de  falsas  premisas,  como  que  la  prueba  testimonial  y la  propia   versión   de   la  menor  sugieren  que  ella  tenía  “…otros   contactos   y  que  muy  seguramente  esas  señales  de  actividad  sexual  obedecían  a ellos y no a lo que pudo haber realizado MANUEL  ANTONIO  CÓRDOBA  quien como lo advierte la restante prueba recaudada solamente  se  limitó  a  realizar  insinuaciones  sexuales a la menor, mas nunca tuvo una  oportunidad  real  de accederla.”, pues, no es cierto  que  de  la  víctima  hubiese declarado en ese sentido o que de los testimonios  vertidos  al  proceso  se  desprenda  esa  insinuación. El defensor ni siquiera  ilustra  a  la  Sala sobre el contenido de las pruebas en las que aparezcan esas  constancias;  y,  de  haber  obrado  en  el  expediente  sin que el Tribunal las  valorara,  entonces  debió  encausar el ataque por la senda del falso juicio de  existencia por omisión.   

Ahora bien, no  se  trató  de un acceso carnal violento –como          equivocadamente  parece  entenderlo el  libelista–,  sino  de  un  acceso  carnal  abusivo,  derivado  del  consentimiento  viciado  de  la menor, que  cedió  frente  a  la promesa del  pago  de  dos  millones  de  pesos, aspecto éste que  acertadamente explicó el Tribunal:   

“En  este  ejercicio   de  apreciación  probatoria,  la  Sala  constata,  como  se  adujera  en  la  decisión  de  primera  instancia,  que su  testimonio  es  por  completo  coherente,  hilvanado,  claro  y  suficientemente  estructurado  para  otorgarle  íntegra credibilidad a sus señalamientos y así  para  soportar  el  juicio  de responsabilidad erigido a MANUEL ANTONIO CÓRDOBA  por  el  delito  de  Acceso  Carnal  Abusivo  con  menor de 14 años en concurso  homogéneo y sucesivo.   

En este sentido se encuentra que la menor  presentó  un  relato  cronológico  en  el  cual hizo alusión a todos aquellos  eventos  antecedentes, concomitantes y posteriores a  sus  encuentros con MANUEL ANTONIO CÓRDOBA, a partir  de  un  señalamiento  claro  de  las personas que observó y de sus acciones en  espacios  y  límites  de tiempo concretos, características o rasgos narrativos  que  se  presentan  como aspectos relevantes para estructurar su valor suasorio;  pues   al   hacer   referencia   a  múltiples  circunstancias  que  pueden  ser  corroboradas  por  otros  testimonios, disminuyen la posibilidad que se trate de  una  versión  dictada  a  la  menor  o de una simple  construcción fantasiosa elaborada por ella.   

Y  es  precisamente  esta  la  situación  advertida  en  este  caso, en las declaraciones de Martha Lucía Bermúdez Cano,  Sindy  Carolina  Zárate  Romero  y  Jazmín  Perdomo  Gasca  al igual que en la  diligencia  de  indagatoria vertida por MANUEL ANTONIO CÓRDOBA se hizo alusión  directa  a  esas  circunstancias, en las cuales la menor víctima se dirigió al  apartamento  del  procesado  por primera vez y luego en otras ocasiones, además  en las mismas condiciones por ella referidas.   

Adicionalmente  se verifica que su relato  observó  una descripción precisa sobre las condiciones de tiempo, modo y lugar  en  las  cuales se desarrollaron los dos episodios del acceso acaecidos el 22 de  febrero  y  el 27 de abril de 2006 en el apartamento de MANUEL ANTONIO CÓRDOBA,  ante  la propuesta de entregarle la suma de dos millones de pesos a cambio de la  relación sexual.   

(…)  

En este punto rechaza por completo la Sala  el  llamamiento del apelante para restar fuerza demostrativa a su relato ante la  omisión  de detalles relacionados con la lubricación, la forma y multiplicidad  de  la penetración, así como la sensación, entre otros aspectos, que devienen  de la actividad sexual y resultan necesarios para ejecutarla.   

Lo  anterior, pues esos precisos detalles  reclamados   por   el   censor  frente  a  las  circunstancias  específicas  de  preparación  para  la penetración tanto anal como vaginal, son aspectos de tal  sensibilidad  que generalmente suelen ser excluidos al carecer de un vínculo de  confianza  con el interlocutor y sobre los cuales no es posible indagar desde el  interrogatorio  sin  el soporte de un profesional que evite o aminore la posible  afectación  de  la  menor  víctima  en  la  concepción  y  percepción  de su  intimidad como en su desarrollo sexual.   

(…)  

Por  otra  parte,  aun cuando la menor no  mencionara  que  las  relaciones  sostenidas  con el procesado se produjeren por  penetración  anal,  oral  y  vaginal  cuando hizo su exposición inicial de los  hechos,  la  Colegiatura  enfatiza  que no supone ello una variación del relato  sobre  el  cual  pueda  fundarse  indicio  de  mentira  ni  menos una refulgente  evidencia  de  la animadversión e intención de la menor en perjudicar a MANUEL  ANTONIO  CÓRDOBA,  como  pretende  el  apelante sea  reconocido.   

(…)  de conformidad con lo anterior, es  claro   que   esta   afirmación   se  trata  simplemente  de  una  explicación  subsiguiente  a  la  indicación  general  de  la  conducta,  al ser en la misma  diligencia  y  ante  el  requerimiento directo del funcionario que la menor hace  claridad  sobre  la  diversidad  de  las  acciones ejecutadas por MANUEL ANTONIO  CÓRDOBA  cuando  sostuvieron  una  actividad  sexual  prohibida  por  la  norma  penal.   

En  el  mismo  orden  se  muestra  inocuo  argumentar  que  la  niña  faltó  a  la  verdad  al  hacer claridad sobre este  aspecto,  ante  la  existencia  de  una prueba técnica que revalida su versión  respecto  a  la  naturaleza  de las maniobras sexuales de las que participó con  una  voluntad  viciada, como se constata al revisar el Informe      Técnico   Médico   Legal  Sexológico  efectuado  al  siguiente  día  de  la  denuncia  y  de  la última  actividad  sexual,  en el cual se exponen como hallazgos en el examen genital un  desgarre  antiguo  en  el  meridiano  de las 6 horas según el tablero del reloj  convencional  en  el  himen  y  además  una  equimosis  de 1×1 cm en el reborde  superior  del  ano,  siendo  estos  signos  clínicos  de  penetración  vaginal  (antigua) y anal (reciente).   

(…)  

Refuerza   la   veracidad   del  relato  incriminatorio,  la  declaración vertidas por Ingrid Catalina Bermúdez Cano en  la  cual  se expone un conocimiento directo sobre la información provista el 27  de  abril de 2006 por la víctima de la conducta punible, frente a la ocurrencia  de  un  episodio  traumático  donde  había  tenido participación no menos que  MANUEL ANTONIO CÓRDOBA.   

(…)  

Lo  anterior, pues resulta contrario a la  luz  de las reglas de la experiencia que en el lapso en el cual el padre llega a  su  vivienda  con  motivo  de la llamada efectuada por Ingrid Catalina Bermúdez  Cano  y  conduce  a  su hija ante las autoridades para presentar denuncia penal,  ésta  hubiese  podido concebir una situación de abuso con exposición clara de  su  autor,  así  como  de  las  condiciones  temporales,  modales y espaciales,  además   bajo  el  aparente  propósito  de  favorecer  a  su  madre,  como  se  manifestara  en  la  diligencia  de  indagatoria así como en la declaración de  Jazmín        Perdomo       Gasca.”   

En  el caso que se examina, el libelista no  propone  ningún planteamiento que desvirtúe los de la segunda instancia, pues,  no  aborda  críticamente  las  motivaciones  del  fallo; se limita a mencionar,  reiteradamente,  los  supuestos  falsos raciocinios, pero nada dice en relación  con  los verdaderos fundamentos de la sentencia, los que en conjunto confluyeron  para  formar  el  convencimiento  de los jueces, necesario en la estructuración  del correspondiente juicio de reproche.   

Tampoco aporta ningún elemento que permita  enervar las conclusiones del médico legista.   

En      su     real     contenido  argumental,   las  manifestaciones  del  demandante  apenas  constituyen  las  aseveraciones   que  pretende  contraponer  a  las  inferencias  de  la  segunda  instancia,  es decir, que  el  Tribunal  dedujo la autoría y la responsabilidad  en  el  delito, no sólo  del       testimonio       de      la  menor,  sino  de  la demostración científica del    acceso    carnal,   así   como  de   los   demás  testimonios  y  de  la indagatoria.   

El demandante dirige la censura a tratar de  desvirtuar  las  circunstancias  que  detalló  la  víctima,  sin que alcance a  restarle     credibilidad     a     su     versión,     porque     –se          itera–    todos   esos   aspectos   fueron  debidamente    corroborados    con    las    demás    pruebas    allegadas   al  plenario.   

En  suma,  pudo  el Tribunal colegir que el  sentenciado  fue  autor del atentado contra la libertad, integridad y formación  sexuales  de  la  niña E.K.G.C.; aspecto  contra  el  que        el  impugnante  argumenta que no corresponde  a  la  realidad,  recurriendo  al  fácil pretexto de introducir  apreciaciones  personales  que  denomina  máximas de la experiencia   y  principios  lógicos.   

Por   lo   demás,   en   punto  de  la  trascendencia,  si  en  gracia  de  discusión  se  dijera  que las afirmaciones  escuetamente  planteadas  constituyen  reglas  de la  sana   crítica,   bien   poco   hizo  el  defensor  para delimitar el alcance  de  los  presuntos  yerros, pues obvió referirse a la totalidad de elementos de  convicción  allegados al expediente y a la forma en que esa presunta violación  incide  sobre  el  análisis  probatorio  conjunto,  al  extremo  de  imponer la  absolución de su asistido.   

En síntesis, la trascendencia en los falsos  juicios       (identidad,      existencia      y  raciocinio),   implica  que  el  demandante  haga  un  análisis  objetivo de todo el conjunto probatorio con inclusión de las pruebas  en  relación con las que predica el error, para demostrar que si no se hubiesen  valorado   como   lo   hizo  el  Ad  quem, la decisión habría sido distinta.   

Resulta claro  el  interés del        defensor  por  extender  a esta sede el debate  sobre     la     inocencia     de    MANUEL  ANTONIO  CÓRDOBA, mismo  que zanjó el Tribunal al asumir  la  valoración  de  todos  los medios de convicción para confirmar el fallo de  primera instancia, conforme se expuso en precedencia.   

3. Conforme se  había               anunciado  al  inicio de las consideraciones,  ante   el   abandono   del   defensor  por   las  exigencias  que  vienen  de  reseñarse, la demanda será inadmitida.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se advirtió la concurrencia de alguna de las hipótesis que  le  permitirían  a la Corte obrar de conformidad con el artículo 216 de la Ley  600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR  la  demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  la  procesado  MANUEL   ANTONIO   CÓRDOBA,   por   su  defensor.   

Contra  este  auto  no  procede  recurso  alguno,  conforme lo disponen los artículos 213 y 187, inc. 2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  La  Corte  en  estricto acatamiento del artículo 47, numeral 8°, numeral octavo de  la  Ley  1098  de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia) se abstiene de  divulgar el nombre de la menor afectada.   

2  Folios 3 al 6   

3  Folios 14 y 15   

4  Folios 16   

5  Folios 32   

6  La  indagatoria se recibió el 15 de agosto de 2006. Fol. 46 al 49.   

7  Folios 72 al 79   

8  Folios 91   

9  Folios 117 al 137   

10  Folios 167   

11  Folios 180   

12  Folios 188 al 193   

13  Folios 195 al 207   

14  Según  Acuerdo  PSAA11  –  8493  del  12  de  septiembre  de  2011,  de  la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  fol.  4  y 5 C. de segunda instancia del Tribunal  Superior   

15  Folios 4 al 31, C. de segunda instancia   

16  Confrontar  Sala  de Casación Penal, Auto del 18 de noviembre de 2004. Rad. No.  22.082.   

17  Corte  Suprema  de Justicia. Sala de Casación Penal. Auto del 5 de diciembre de  2002. Rad. No. 19.961.   

18  Tales  precisiones  las  ha refrendado la Sala, entre  otros  pronunciamientos,  en los realizados el 30 de junio de 2004, Rad. 21.770;  el  6  de  julio  de  2006,  Rad.  24.810; y el 3 de agosto del mismo año, Rad.  25.812.     

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