39896(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 382  

Bogotá D.C., octubre diecisiete (17) de dos  mil doce (2012)   

VISTOS  

De   conformidad  con  la  preceptiva  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, acomete la Corporación el examen sobre el  cumplimiento  de  las  exigencias de crítica lógica y sustentación suficiente  en   el   libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  de  los  procesados  OSCAR   JAVIER   URREGO   RODRÍGUEZ   y     MARÍA     VICTORIA    BENAVIDES  RODRÍGUEZ,  contra  la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  4  de  julio  de  2012,  confirmatoria  de  la  dictada en primera instancia por el Juzgado Tercero Penal  Municipal  con  funciones  de conocimiento de la misma ciudad el 19 de abril del  año  citado,  por  cuyo  medio  condenó  a  los  mencionados  ciudadanos  como  coautores del delito de hurto calificado agravado.   

HECHOS  

Aproximadamente a las 8:25 de la mañana del  8  de  mayo  de  2009,  en  el Almacén Carrefour de la calle 170 con 64 de esta  ciudad,  el  guarda  de  seguridad  Leonardo  Mariano  López  observó cómo OSCAR  JAVIER  URREGO RODRÍGUEZ violentó una vitrina con una  navaja,  de  la  cual  sacó  varios teléfonos celulares, los cuales entregó a  MARÍA  VICTORIA  BENAVIDES,  dirigiéndose  ambos  a  la  sección  Bazar  Hogar  no cubierta por el circuito  cerrado  de  televisión,  donde  se  reunieron  con otros individuos. Cuando el  grupo  se  percató de la presencia de personal de seguridad, dejaron en el piso  una  maleta,  verificándose  que de los ocho celulares sobre los cuales recayó  la  acción, dos Iphone   de   16   y   8   gigas   fueron   sustraídos.   En   poder   de   URREGO  se  encontró la navaja utilizada  para    violentar    la    cerradura.    La    cuantía    fue    estimada    en  $4.440.298.oo.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  realizada  ante  el  Juzgado  Dieciocho  Penal  Municipal  con  control  de garantías de Bogotá se impartió  legalidad   a  la  captura  de  OSCAR  JAVIER  URREGO  y    MARÍA    VICTORIA  BENAVIDES,  oportunidad  en  la  cual la Fiscalía les  imputó  la comisión del delito de tentativa de hurto calificado agravado, pero  no solicitó para ellos la imposición de medida de aseguramiento.   

          El  5 de junio de 2009 se entregó el escrito de acusación y el 1º  de  julio  de la misma anualidad se realizó la correspondiente audiencia, en la  cual  la  Fiscalía  les  imputó  la  comisión  del delito de hurto calificado  agravado   consumado,   en   atención   a   que   dos   celulares   no   fueron  recuperados.   

          Surtido  el  debate oral, el Juzgado Tercero Penal del Municipal con  funciones  de  conocimiento  de  Bogotá profirió fallo el 19 de abril de 2012,  por   cuyo   medio  condenó  a  URREGO  y BENAVIDES a la  pena  principal  de  ciento  ocho  (108)  meses  de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  objeto de  acusación.   

          En  la  misma  providencia les fue negada la suspensión condicional  de la ejecución de la pena y se ordenó su captura.   

Impugnada  la  sentencia  del  a  quo por el defensor de los procesados,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá la confirmó mediante fallo del 4 de julio de  2012,  el  cual  es ahora objeto de recurso de casación presentado por el mismo  sujeto  procesal,  quien  allegó  el  respectivo  libelo, cuya admisibilidad se  estudia en este auto.   

LA DEMANDA  

Bajo  la  égida  de  la  causal  tercera de  casación  establecida  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el censor  manifiesta  que  el  fallo  adolece  de  errores  de  hecho  por falso juicio de  existencia,  falso juicio de identidad y falso raciocinio, los cuales condujeron  a  la  falta  de  aplicación  de  los artículos 7º, 379, 380, 381 y 403 de la  citada legislación adjetiva.   

En  el  desarrollo del reparo afirma que fue  omitido  el  informe  elaborado  por  Leonardo Rafael  Mariano  López,  persona  que  vio  el desarrollo del  delito   investigado   desde   cuando   OSCAR  JAVIER  URREGO  violentó  la vitrina, sacó los celulares, se  los  entregó  a MARÍA VICTORIA BENAVIDES  y  luego  dejaron  botada  la  maleta,  en  la  cual  Guillermo  Medina estableció que hacían  falta dos celulares.   

          Considera  que  la  prueba  fue  omitida, pues los falladores dieron  credibilidad   a   lo   dicho   por  Leonardo  Rafael  Mariano  en  el juicio oral para tener por configurado  el  delito  de  hurto  calificado  agravado  consumado, pese a que en la primera  versión  no  se  refirió  a  más  personas,  sino únicamente a los acusados,  motivo   por   el   cual   la   Fiscalía   imputo  inicialmente  el  mencionado  comportamiento a título de tentativa.   

          Advera  que  no  se tuvo en cuenta que únicamente intervinieron dos  personas,  las  cuales fueron capturadas, sin que en su poder se encontraran los  celulares,  sino  una  navaja  y  una  bolsa  plástica,  pero no los artefactos  efectivamente   extraviados,  y  por  ello  considera  que  la  declaración  de  Mariano  López en el juicio  fue acomodada y mendaz.   

          Concluye  que  si  se  hubiera  tenido en cuenta la prueba echada de  menos   se   “resquebrajaría  la  certeza  de  la  ocurrencia   del   hecho   implicando   el   cambio  ostensiblemente    (sic)    del   sentido   del   fallo  (absolutorio)  al  dar  paso  a  la  aplicación  de recientes teorías sobre la  antijuridicidad  material  en  hurtos a almacenes de cadena y/o hubiese emergido  una  duda  que  obligara la aplicación del principio constitucional de in dubio  pro reo”.   

          De  otra parte afirma que el falso juicio de identidad tuvo lugar en  la  valoración  del  video  del  almacén filmado el día de los hechos, con el  cual  no  se  acredita  que  hubieran  participado  personas  diferentes  a  sus  asistidos,  y  tampoco  aparecen  en  imágenes tomadas por otras cámaras en el  establecimiento  de  comercio,  de  manera  que  “el  delito  no pudo ser consumado, por lo menos bajo la responsabilidad de los aquí  enjuiciados”.   

          En  punto  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  advera que  “no  está demostrada la participación de personas  distintas  a  los  aquí enjuiciados”, máxime si los  miembros  de  seguridad  no  aportaron  los  videos  de las puertas de entrada y  salida  del almacén, amén de que “las reglas de la  experiencia  y la sana crítica nos enseñan que al momento de surgir un posible  acto  delictual,  inmediatamente  todos  los vigilantes al unísono son avisados  por  los  sistemas  internos de radio, por ende resulta poco creíble que siendo  las  8  y  30  de  la  mañana  aproximadamente, donde había poco público, los  supuestos   cómplices   que   además  por  cierto  nadie  vio,  hayan  logrado  evadirse”.   

          Acto  seguido  el  defensor plantea que se encuentra comprometida la  responsabilidad  del  personal  de  seguridad que intervino en el procedimiento,  pues  accedieron  a  la maleta abandonada y a los videos del almacén, de manera  que   los   supuestos   cómplices   nunca  existieron  y  sus  patrocinados  no  consiguieron    la    consumación    del    delito    por    el   cual   fueron  acusados.   

          También  afirma  que  no  está  demostrada la preexistencia de los  elementos  que  se dice fueron hurtados, ni en cabeza de quién se encontraba la  propiedad  de  los  mismos, pues nunca se arribó prueba en tal sentido, además  de  que  no  se  introdujeron  las  cajas  desocupadas  que  se  encontraron,  y  “no  se  compadece  con  las  reglas  de  la  sana  crítica,  porqué,  si  se  tenían  8  celulares,  sólo se hayan desaparecido  convenientemente 2?”   

          Advera   que  los  acusados  actuaron  solos  y  desistieron  de  la  comisión  del  delito, luego no puede serles imputado el punible de hurto, sino  daño  en  bien  ajeno  o tentativa de hurto, con mayor razón si los vigilantes  siempre  observaron el desarrollo de la conducta sin que mediara antijuridicidad  material.   

          Finalmente  concluye  que  no  está  demostrada la materialidad del  delito  de  hurto  calificado  agravado  consumado,  y que de no compartirse tal  apreciación  surge  duda razonable sobre el mismo aspecto que impone aplicar el  principio  in dubio pro reo a  favor de sus representados.   

          Con  base en la argumentación precedente, el defensor solicita a la  Corte   casar   el   fallo   impugnado,   para   en  su  lugar  absolver  a  los  acusados.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  sentado la Colegiatura que si bien en  el   estatuto   procesal   de   2004  no  media  distinción  entre  el  recurso  extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó  la  exigencia  de  la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha  impugnación,  es  claro que corresponde al recurrente demostrar el quebranto de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual exige contar con interés para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de sustentación del  recurso  y  demostrar la necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de  los  fines  establecidos  por  el  legislador  en  su artículo 180, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las censuras el acatamiento de las exigencias de lógica y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional  a  las  ordinarias.  Tales  requisitos se orientan a conseguir el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte  en  su  función reglada de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece  de   interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de sustentación”     (subrayas     fuera     de     texto),    el    libelo    se  inadmitirá.   

Una  vez advertido lo anterior, encuentra la  Colegiatura  que el demandante se sustrae de lo dispuesto en el artículo 183 de  la   Ley   906   de   2004,   según  el  cual,  corresponde  al  censor  acudir  “mediante    demanda    que    de    manera  precisa  y  concisa  señale las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo preciso alude a lo exacto, riguroso, estricto o  minucioso,  y  lo  conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o directo, no  se  aviene  con  esa  exigencia dispuesta por el legislador que postule un falso  juicio  de  existencia  por  omisión  del  informe  elaborado  por el guarda de  seguridad  Leonardo Rafael Mariano López,  sin percatarse que dicho medio de convicción fue ponderado en la  decisión  de  primer  grado  (fol.  14),  la cual conforma una unidad con la de  segunda instancia al haber sido objeto de confirmación.   

Impera  señalar  que  el  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  tiene  lugar  cuando  pese  a  estar  la prueba en el  diligenciamiento  no es objeto de apreciación judicial, caso en el cual debe el  actor   indicar  el  elemento  probatorio  omitido,  cuál  es  la  información  objetivamente  suministrada,  el  mérito demostrativo al que se hace acreedor y  cómo  su  estimación conjunta con el resto de pruebas conduce a trastrocar las  conclusiones  de la sentencia impugnada, deberes cuyo cumplimiento no asumió el  impugnante,  con  mayor  razón  si  no es leal a la actuación, pues como ya se  dijo,  el  a quo se refirió  al informe que echa de menos.   

En  punto  del falso juicio de identidad que  también  postula,  es  pertinente rememorar que dicho yerro acontece cuando los  falladores   al   ponderar  el  medio  probatorio  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo,   adicionándolo   o   tergiversándolo,   motivo   por  el  cual  correspondía  al  demandante  identificar  a  través del cotejo objetivo de lo  dicho  en el elemento de convicción y lo asumido en el fallo, el aparte omitido  o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos producidos a partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte resolutiva de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con el simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del  recurrente  sobre  la  prueba cuya  tergiversación  denuncia,  en  cuanto es su obligación acreditar materialmente  la  incidencia del yerro en la falta de aplicación o la aplicación indebida de  la  ley sustancial en el fallo, esto es, señalar la modificación sustantiva de  la  sentencia atacada con la corrección del error y la debida valoración de la  prueba,  en  conjunto  con  las demás, obligaciones no asumidas en forma alguna  por el libelista.   

En  efecto,  es  evidente  que en manifiesto  desconocimiento  de la presunción de acierto y legalidad del fallo, el defensor  procede   a  plasmar  su  personal  percepción  fragmentaria  del  asunto,  sin  demostrar  por  qué  los  miembros del cuerpo de seguridad del almacén tenían  interés  en hacer más gravosa la situación de los aprehendidos al desaparecer  “convenientemente”  dos  celulares.   

          Tampoco  dice  en  qué  consistió  la  tergiversación, añadido o  supresión  de  alguna  prueba por parte de los falladores, y cómo tal proceder  condujo  a  edificar  la  sentencia de condena, pues únicamente se esfuerza por  crear  una hipótesis ajena a la realidad probatoria, esto es, que los empleados  de  seguridad  del  almacén  se  apoderaron de los dos celulares, sin que medie  elemento de convicción alguno sobre el particular.   

Con  relación  al  error de hecho por falso  raciocinio  constata  la Sala que el defensor olvida sus deberes de señalar con  precisión  qué  dice  en concreto el medio probatorio indebidamente ponderado,  qué  se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el postulado lógico, la ley científica o la  máxima  de  experiencia  cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo a  la  par  indicar  su  consideración  correcta,  identificar la norma de derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y  finalmente,  demostrar  la trascendencia del error expresando con claridad cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable  obligación  de  acreditar  que  la  enmienda  del yerro daría lugar a un fallo  esencialmente  diverso  y  favorable  a  los  intereses  de  sus  representados,  proceder que en este asunto tampoco acometió el libelista.   

Por  el  contrario,  se  quedó en el simple  planteamiento  de su parecer, como cuando dice, sin señalar la fuente y validez  de  su aserto que “las reglas de la experiencia y la  sana  crítica  nos enseñan que al momento de surgir un posible acto delictual,  inmediatamente  todos  los  vigilantes al unísono son avisados por los sistemas  internos  de  radio,  por ende resulta poco creíble que siendo las 8 y 30 de la  mañana  aproximadamente,  donde  había poco público, los supuestos cómplices  que   además   por   cierto   nadie  vio,  hayan  logrado  evadirse”.   

Es   preciso   indicar   que   en   el  desarrollo  del  reproche  el  casacionista  cuestiona  la  falta  de  aplicación de las que en su opinión se  erigen  en  “reglas  de  la experiencia”,  sin  tener  en cuenta que éstas tienen una entidad definida y  no   corresponden   a  simples  percepciones  personales  de  quien  demanda  en  casación.   

Al  respecto  ha  dicho  la Sala1:   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto   temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

“Así las cosas,  las   reglas   de   la   experiencia   corresponden  al  postulado  ‘siempre   o   casi  siempre  que  se  presenta   A,   entonces,   sucede   B’,   motivo   por   el   cual   permiten   efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el acontecer que sobrevendrá  a  la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los segundos,  predicables  de  la  posibilidad de establecer a partir de la observación de un  suceso     final     su     causa     eficiente     (retrospección)”.   

          Conforme  a  lo  anterior,  se  advierte  que el defensor procede de  manera  impropia  a  cuestionar  las  pruebas  de  cargo  y a enunciar supuestas  “reglas     de     la    experiencia”,  pero no explica por qué sus postulados tienen tal condición,  y  de  qué  manera  fueron  quebrantados  de  manera  trascendente  en el fallo  atacado,  circunstancia  a  partir  de  la  cual  se establece que su escrito no  guarda  el  debido  rigor  en  la  proposición  y  desenvolvimiento del reparo,  quedándose  en  la simple exposición de su percepción personalísima sobre el  asunto,  sin  identificar  los  pilares  de la sentencia y encaminar su esfuerzo  argumentativo demostrativo a derruirlos.   

          Como  el  censor  plantea  la  necesidad  de  aplicar  el  principio  in   dubio  pro  reo,  sin  dificultad  se  constata que no atinó a precisar qué elemento de la estructura  óntica  del  delito no encontró acreditación, pues salvo alusiones genéricas  e  imprecisas a la ausencia de antijuridicidad material o a la preexistencia del  objeto  sobre el cual recayó el delito, cual si se tratara en este último caso  de  una  exigencia  legal,  no  señaló  los  aspectos  que en el ámbito de la  materialidad  del  punible  o  la  responsabilidad  de  sus  asistidos no fueron  demostrados más allá de toda duda.   

De conformidad con lo expuesto, encuentra la  Sala  que en evidente olvido de la dual presunción de acierto y legalidad de la  cual  se  encuentra  revestido el fallo, el casacionista únicamente orientó su  esfuerzo   a   exponer  en  forma  desordenada  y  sincrónica  toda  suerte  de  situaciones  que  en  su criterio condujeron a la sentencia de condena, pero sin  detenerse    a    observar    las    reglas    propias    de   este   medio   de  impugnación.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  confección,  su  presentación  con base en análisis probatorios fragmentarios  e  indemostrados,  y  sin  atenerse  a  las  reglas lógicas y argumentativas que la gobiernan, obliga a la  Sala  a  inadmitirla  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  pues  en virtud del principio de limitación propio del trámite  casacional,   la   Corte   no   se   encuentra  facultada  para  enmendar  tales  incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal,  violación de derechos o garantías, como para adoptar la  decisión  de  superar  los defectos de la demanda y decidir de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional   presentado   por   el  defensor  de  los  procesados    OSCAR    JAVIER   URREGO   RODRÍGUEZ  y MARÍA VICTORIA BENAVIDES  RODRÍGUEZ   por   las   razones   expuestas  en  las  consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Sentencia del 28 de septiembre de 2006. Rad. 19888.     

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