39808(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 454.   

Bogotá, D. C., diez (10) de diciembre de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  MARCELINO  MARIANO  CORREA GONZÁLEZ contra  la  sentencia  del  2  de  mayo de 2012 mediante la cual el Tribunal Superior de  Bogotá  confirmó  el  fallo  adoptado  el  25  de julio de 2011 por el Juzgado  Cuarenta  y  uno  Penal  del  Circuito  de  la  referida ciudad, que condenó al  procesado  a  la  pena  principal  de  64  meses  de prisión, al igual que a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, como autor penalmente responsable del delito de  acceso carnal abusivo con menor de 14 años agravado.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente forma:   

          “A  mediados  del  años  1998,  cuando BIBIANA MARCELA GUTIÉRREZ  CASTRO  tenía 13 años de edad y se encontraba pasando las vacaciones escolares  con  su  abuela,  fue  de  visita  al  apartamento  de  su  tía BERNARDA CASTRO  HERNÁNDEZ,  ubicado  en  el  barrio Bochica III de esta ciudad, donde MARCELINO  MARIANO  CORREA GONZÁLEZ, esposo de aquella, aprovechando que lo habían dejado  solo  con  la menor, la ingresó a una habitación, la acostó en la cama, luego  le   bajó   la   ropa   interior   y  la  accedió  carnalmente”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El 5 de diciembre de 2006 la Fiscalía 21  Seccional  dispuso  la  iniciación  de  la  respectiva  instrucción  penal, en  desarrollo    de    la    cual    escuchó   en   indagatoria   a   MARCELINO         MARIANO        CORREA        GONZÁLEZ.   

2.  Clausurada  la investigación, el fiscal  calificó  el 8 de abril de 2008 el mérito del sumario, profiriendo preclusión  de la instrucción a favor del procesado.   

3.  La  mencionada  decisión fue objeto del  recurso  de  apelación  por  el  apoderado  de la parte civil, por cuya vía la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Bogotá  la revocó y, en su lugar,  profirió    resolución    de    acusación    en    contra   de   MARCELINO  MARIANO CORREA GONZÁLEZ, por el  delito  de  acceso  carnal  abusivo  con menor de 14 años agravado.   

4.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Cuarenta y uno Penal del Circuito de esta ciudad, cuyo titular realizó  las  audiencias  preparatoria  y pública de juzgamiento, tras lo cual profirió  la  sentencia de primera instancia, confirmada luego por el Tribunal Superior de  la  misma  sede  en virtud del recurso de apelación interpuesto por el defensor  del procesado.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  el  mismo sujeto procesal acudió al recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal,  que apoya en la causal primera, cuerpo segundo de la Ley 600 de 2000.  En  ese orden, denuncia la violación indirecta de la ley sustancial derivada de  error de hecho por falso raciocinio.   

          Para  sustentar  el  reproche  empieza  precisando que en este caso,  atendida   la   edad   de  la  presunta  víctima,  el  tardío  momento  y  las  circunstancias  de  la  denuncia,  así  como  la  participación familiar en el  contexto de los acontecimientos,   

no  es  aplicable  la  tesis  de  la  Corte  consistente  en  que  no  constituye  regla de la experiencia el hecho según el  cual  la  violación  genera  en  la  mujer  traumas  que  le  impiden  sostener  relaciones  sexuales  de  manera  inmediata  o  dentro  de un plazo más o menos  largo.   

          A  renglón  seguido  reseña los testimonios con base en los cuales  se  fundamentó la condena y transcribe en extenso las consideraciones expuestas  por  el  Tribunal  para  sustentar el fallo, lo mismo que algunos apartes de las  diversas   versiones  ofrecidas  por  Bibiana  Marcela  Gutiérrez   Castro,  tras  lo  cual  estima  que  los  juzgadores  desconocieron  las reglas de la experiencia y la lógica al apreciar  el relato brindado por la prenombrada.   

          En  ese sentido, no juzga lógico ni verosímil que una persona como  Bibiana  Marcela, después de  ser  violentada  sexualmente  a sus 13 años por el aquí procesado, según así  lo  afirmó,  por  cuya  razón  alberga  sentimientos de rechazo, odio, miedo y  repugnancia,  a  pesar  de  todo  establezca  con  él  una  relación  íntima,  “lo  frecuentara  y  pernoctara  en su domicilio, le  pidiera  dinero  prestado,  le hiciera llamadas nocturnas al celular, y aceptara  sin   reparo   alguno   que  la  recogiera  en  su  vehículo  en  horas  de  la  noche”,  hechos  ocurridos durante aproximadamente 9  años,  “y que sólo hasta cuando fue sorprendida (a  sus  21 años) en situación íntimamente comprometedora con su presunto agresor  (cónyuge  de  su  tía  Bernarda) se animara a denunciar el supuesto ultraje de  antaño”.   

          Para   el  actor,  esa  relación  íntima  quedó  probada  en  las  instancias,  luego  de  dicho  vínculo  es  válido  edificar  la  regla  de la  experiencia  acorde  con la cual “la persona agredida  sexualmente  (violada)  en  su  infancia,  siempre o casi siempre se abstiene de  entablar un romance con su agresor”.   

          Insiste  el  demandante  en  considerar  inusual,  contradictorio  e  ilógico  el comportamiento de una persona que ha sido violentada sexualmente en  su  infancia,  quien  además  cuenta con la suficiencia y altivez para evadir o  rechazar  esa  clase  de  compañía  y  con la estructura propia de quien posee  estudios  de derecho, siendo una alumna destacada y aplicada, como ocurre con la  denunciante.   

          En  su  criterio, si los falladores hubiesen apreciado correctamente  las     aseveraciones     de     Bibiana    Marcela  Gutiérrez,  habrían  absuelto  al  procesado, por lo  menos  en  grado  de duda, pues la regla de la experiencia en mención conduce a  poner en tela de juicio la ocurrencia del acceso carnal denunciado.   

          Se  ocupó  luego  de la versión de Blanca  Nelly  Castro Hernández, madre de la denunciante. Tras  reseñar,  con  cita de algunos de sus apartes, las distintas salidas procesales  de  aquélla, el censor se mostró en desacuerdo con el Tribunal cuando señaló  que  su  relato  corrobora la incriminación formulada en contra del acusado. En  su  sentir, lo único que le consta a la testigo son los comentarios que le hizo  su  hija  luego  de  ser  sorprendida  el  13  de  noviembre  de 2006 desnuda en  compañía  del  procesado,  es decir, que éste intentaba ese día violarla, lo  cual  ya  había  hecho  cuando  ella  tenía  13  años,  agresión  igualmente  presentada   con   dos   sobrinas   de   Blanca  Nelly  de  nombre Paola y      Liz     Alexandra     Hernández  Riveros.   

          Para    el   impugnante,   el   ad   quem  desatina  al  analizar el referido testimonio, pues no  infiere  que  de  su  conocimiento  sobre  los  presuntos hechos de abuso sexual  recaídos  en  sus sobrinas y de la conducta asumida por su hija durante más de  9  años,  no podía surgir la certeza probatoria para condenar. Al respecto, es  del  criterio  que  tanto  Blanca  Nelly  como  la  familia  misma  sabían  de las pretéritas situaciones de  abuso  del  acusado.  Por  ello,  le  parece extraño que persistiera en dejarla  frecuentar  el domicilio de éste y, es más, ya en la edad adulta, la instara a  llamarlo  para  pedirle  dinero prestado y le encargara recogerla en horas de la  noche cuando salía a bailar.   

          Por  eso,  estima vulnerada la regla de la experiencia acorde con la  cual  “nadie  en esta posición (madre conocedora de  graves  riesgos)  pone deliberadamente en peligro a su hija, dejándola en manos  de  un  potencial agresor; cuando el individuo ha tenido experiencias negativas,  o  las  ha  presenciado en terceros cercanos, siempre o casi siempre tratará de  que  las  mismas  no  se repitan en sus congéneres, menos aún si son del grupo  familiar”.   

          En  su  opinión,  si el Tribunal hubiese valorado la referida regla  de     la     experiencia,     en    vez    de    certeza,    habría    hallado  incertidumbre.   

          Con   posterioridad   examinó  las  declaraciones  de  Liz    Alexandra,    Nidia    Yulieth   y  Ángela    Paola    Hernández   Riveros.  Luego de transcribir fragmentos de tales probanzas, concluyó que  a  las  aludidas  no  les  consta  absolutamente  nada acerca del presunto abuso  sexual  ocurrido a mediados de 1998 por parte de CORREA  GONZÁLEZ    en    la    persona   de   Bibiana    Marcela    Gutiérrez.   Cree,  contrariamente,  que  la  correcta  valoración  de  dichos  testimonios lleva a  afirmar  que  la conducta del núcleo familiar de la denunciante, en particular,  de  sus  primas,  no  es  la usualmente asumida por quienes sospechan, prevén o  temen  fundadamente  que  alguien  cercano  a ellas constituye un riesgo para la  integridad,  libertad  o  formación  sexuales  de  los  menores  que  habitan o  comparten su entorno.   

          En  tal  sentido,  le parece que el ad quem  desatendió  la regla de la experiencia según la cual  “cuando en el entorno familiar se sabe o se sospecha  que  uno  de los miembros ha cometido abuso sexual sobre un menor de edad, hacia  el  futuro  siempre  o  casi  siempre  se  generan  sentimientos  de  reproche y  desconfianza   frente   al  agresor,  y  consecuencialmente,  se  acentuará  la  protección,  vigilancia y cuidado de los niños, procurando evitar a toda costa  que   éstos   tengan   cualquier   contacto  con  el  potencial  victimario”.   

          Lo  anterior porque, añade, si las primas de la denunciante sabían  que  el  procesado  abusaba  de  las  niñas de la familia, no entiende por qué  jamás  procuraron  evitar  que  Bibiana  tuviera  algún contacto o acercamiento con el agresor, “así  fuera con la sencilla y básica advertencia a los padres de  aquella (sus tíos), y/o las obvias prevenciones a Bibiana”.   

          Finalmente,     abordó     la    declaración    de    Amanda   Morales   Herrera,  reproduciendo  algunos  de  sus  apartes. Acto seguido advirtió cómo la testigo lo único que  refirió  fue haber sido junto con Bibiana transportada  en  algunas  oportunidades  por  el  procesado  y  que  aquella  le comentó en una ocasión sobre la violación en su infancia, y de un  hecho similar ocurrido a las primas de ella.   

          Para  el  casacionista,  el  Tribunal pasó por alto el alcance real  del  mencionado  testimonio, es decir, en cuanto indicaba el nivel de cercanía,  protección  y  familiaridad  de  la  denunciante  con  el  acusado.  De haberlo  apreciado  en esa dimensión, añadió, hubiera inferido un  comportamiento  contrario a las reglas de la sana crítica.   

          Tras  transcribir  en  extenso  apartes del fallo de segundo grado y  hacer  lo  propio, aun cuando en menor proporción, con el de primera instancia,  el  actor  considera  que  en  el  proceso,  con  las  reglas  de la persuasión  racional,  quedó  demostrada  la  relación  íntima  de  la denunciante con el  procesado,  la  cual  desdice  o  pone  en duda la existencia de las acusaciones  dirigidas  contra  éste.  Además,  añade,  las  declaraciones de las hermanas  Hernández   Riveros   ni  afianzan  ni  se  constituyen  en  respaldo  de  lo  afirmado  por  Bibiana Marcela   

          Frente  a  tal  panorama,  considera  que  la  decisión  de fondo a  adoptar  era  la  absolución,  al  menos  en  virtud del principio in   dubio   pro   reo.  Por  tal  razón,  solicitó  casar  la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar,  proferir  una  decisión   favorable   a  los  intereses  del  acusado.       

                      

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         Corresponde  a la Sala determinar si la demanda de casación objeto  de  examen  reúne  o  no  los requisitos de lógica y  adecuada  fundamentación  exigidos  por  la  ley como  condición  para su admisión. En este caso tales presupuestos están contenidos  en  el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal  de  2000,  en particular, en su numeral 3º, de acuerdo con el cual en el libelo  se  debe  enunciar la causal y formular el cargo con indicación clara y precisa  de    sus   fundamentos   y   de   las   normas   que   el   demandante   estime  infringidas.   

          Según  criterio  reiterado  de  la  Sala,  el cumplimiento de dicho  requisito  impone  al  actor  la  carga de efectuar una labor de fundamentación  lógica  y  coherente,  en tal forma que los cargos formulados correspondan a la  causal  invocada  y  se  orienten  a  demostrar que el sentenciador incurrió en  vicios   in   procedendo  o  in  iudicando, de acuerdo con  el  motivo  de  casación seleccionado, para lo cual, además, se hace necesaria  la  satisfacción  de  las  pautas  de sustentación que la jurisprudencia de la  Corte  tiene  establecidas frente a la estructuración de cada uno de los yerros  demandables por la vía extraordinaria en mención.   

          En  el  evento  objeto  de examen, advierte la Sala que el censor no  cumple dichas exigencias de fundamentación de la demanda.   

          En  efecto,  en  el único cargo que formula contra la sentencia del  Tribunal   denuncia   la   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  como  consecuencia  de  incurrir  en falso raciocinio frente a los testimonios con los  cuales se fundó la condena.   

         Conforme  lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia  de  la Sala, el  referido  error de hecho se presenta cuando el fallador, al apreciar el conjunto  probatorio,  desconoce  los  principios  de  la sana crítica, los cuales están  conformados  por  las  reglas  de  la experiencia, los postulados lógicos y las  leyes   de   la   ciencia.                  

Para   su   demostración,   al  actor  le  corresponde  indicar  la  regla de la experiencia, el postulado lógico o la ley  de  la ciencia desatendida, precisar cuál principio de la sana crítica debió,  en   su   defecto,   aplicar   el  juzgador  y  explicar  la  trascendencia  del  yerro.   

          Tal  carga  argumentativa  no  la satisfizo el libelista. Obsérvese  cómo    cuestiona    al    ad   quem   por  vulnerar  indistintamente  las  reglas  de la experiencia y los  postulados    lógicos   cuando   apreció   el   testimonio   de   Bibiana  Marcela Gutiérrez Castro, como si  se  tratara  de  conceptos análogos, olvidando que corresponden a principios de  la sana crítica de diversa naturaleza.   

          Es   cierto   que  más  adelante,  sin  incurrir  en  la  comentada  imprecisión,  reprocha al juzgador desatender la regla de la experiencia según  la  cual  “la persona agredida sexualmente (violada)  en  su  infancia,  siempre o casi siempre se abstiene de entablar un romance con  su agresor”.   

          Sin  embargo,  el demandante se limita a afirmar que en este caso no  es  aplicable  el criterio de la Sala expuesto en la sentencia del 4 de marzo de  20091,  cuando  se  señaló  que  situaciones como la antes enunciada no  alcanza  la condición de máxima de la experiencia, por cuanto la premisa de la  que  parte  el  censor  es,  si  acaso,  producto  de  su aprehensión personal.   

Para  el  efecto  sostiene que la edad de la  presunta  víctima, el tardío momento y las circunstancias de la denuncia, así  como  la  participación  familiar en el contexto de los acontecimientos, tornan  diferente  el  asunto entonces juzgado por la Corte. Empero, no explica por qué  esas   situaciones   hacen   que   en  este  caso  la  actitud  de  Bibiana  Marcela  Gutiérrez  sí configura  la  aducida  regla  de la experiencia, cuando aquí tampoco se suministran datos  suficientes   para   afirmar   el   carácter   universal   de   ese   tipo   de  acontecimientos.   

          Más  aún,  el  libelista construye la regla de la experiencia bajo  el  supuesto  de  que la víctima fue objeto de violencia sexual, sin considerar  que  a  CORREA GONZÁLEZ se le  condenó,  en  realidad,  por el delito de acceso carnal abusivo con menor de 14  años,  cuya  configuración  no  exige  la presencia de acto de esa naturaleza,  pues  si ello ocurre el punible a atribuir es el de acceso carnal violento, como  lo  tiene  decantado  la  jurisprudencia  de la Sala2.   

          En  tales  circunstancias, el actor no hace cosa distinta a postular  su  particular  experiencia  para  rebatir el mérito probatorio asignado por el  fallador  al  testimonio  de la víctima, sin entonces acreditar la vulneración  de  los  principios  de  la  sana  crítica  en  la  labor  apreciativa oficial.   

          Situación  similar  se advierte en las reglas de la experiencia que  edifica  para demeritar los testimonios de Blanca Nelly  Castro  Hernández,  Liz  Alexandra,  Nidia  Yulieth  y  Ángela    Paola    Hernández   Riveros,    madre    y    primas,    respectivamente,    de    Bibiana   Marcela  Gutiérrez.  Al  efecto  considera  inusual  el  silencio  de  las  aludidas frente al comportamiento del  procesado,  pues  si alguien sabe que una persona ha atentado sexualmente contra  los  miembros de su familia procura evitar que ese tipo de acciones se vuelvan a  repetir.   

          Sea  lo  primero destacar cómo frente al testimonio de Blanca  Nelly  Castro el actor construye la  regla  de la experiencia con fundamento en el particular mérito que le atribuye  a  las  pruebas, pues infiere que la aludida sabía de antemano que el procesado  había   abusado   sexualmente   de   Liz   Alexandra  y  Nidia Yulieth,  cuando  tanto  ésta como su cónyuge expresaron que se enteraron  de  ello  apenas con ocasión de los hechos ocurridos el 13 de noviembre de 2006  en   su   vivienda,   conforme  lo  puso  de  presente  el  Tribunal3   

          De   otro  lado,  sostener  que  las  versiones  de  las  primas  de  Bibiana  Marcela  no ameritan  credibilidad  porque,  en  vez  de  proteger  a esta última, guardaron silencio  sobre  lo  que les ocurrió a dos de ellas, es dejar de considerar que en muchos  casos  las  víctimas  de  ese  tipo de atropellos sexuales prefieren ocultar lo  ocurrido  por  vergüenza, miedo o para no causarle daño a sus progenitores. De  hecho   Liz   Alexandra   y  Nidia  Yulieth refirieron que  nunca  denunciaron  esos  insucesos  y  sólo  vinieron  a hablar de lo ocurrido  cuando  ya  estaban  adultas, sin que tampoco en esa época decidieran denunciar  al procesado.   

          En  fin,  la demanda corresponde al personal enfoque asignado por el  impugnante  a  las  pruebas  de  cargo,  situación  que  se evidencia con mayor  claridad  cuando  acusa  al  Tribunal de vulnerar las reglas de la sana crítica  por   inadvertir  el  alcance  real  del  testimonio  rendido  por  Amanda    Morales   Herrera,   pero   sin  identificar  el  postulado  de  tal  estirpe  desatendido  por  el  juzgador. El  particular  criterio  así  expuesto lo opone a la valoración realizada por los  sentenciadores,  pretendiendo  de  la  Corte acoja el suyo y desestime el de los  funcionarios  judiciales,  con  lo  cual  olvida  que  ese tipo de controversias  probatorias  no  están llamadas a prosperar en sede de casación, dada la doble  presunción  de  acierto y legalidad de que está dotada la decisión confutada.   

          En   consecuencia,   por   su   inadecuada   confección,  la  Corte  inadmitirá   la   demanda   instaurada   por   el   defensor   de  MARCELINO   MARIANO   CORREA   GONZÁLEZ.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Sala  no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          Es  de  anotar  que  estando  el  proceso  en  esta  Corporación la  apoderada  de  la  parte  civil presentó escrito con el fin, según precisa, de  contestar  la  demanda de casación. La Sala, sin embargo, no hará referencia a  los argumentos allí expuestos por su manifiesta extemporaneidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  MARCELINO   MARIANO   CORREA   GONZÁLEZ.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO             JULIO        ENRIQUE        SOCHA       SALAMANCA                    

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Radicación 23909.   

2  Sentencia del 20 de octubre de 2010, radicación 33022.   

3  Páginas 16 y 17 del cuaderno principal.     

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