39809(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 382  

Bogotá, D. C., diecisiete (17) de octubre de  dos mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Alexander   Contreras  Lugo  y       Luis       Alberto       Balaguera       Grimaldo,   contra  la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Bogotá,  mediante la cual  confirmó  la  proferida por el Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado  de  la misma ciudad, que los condenó como coautores de los delitos de homicidio  agravado,  homicidio  agravado en grado de tentativa y concierto para delinquir.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“A  partir  de los EMP y evidencia física  recaudada,  refieren  que  el  13  de  diciembre de 2009, en la carrera 62 D con  calle  72  Sur de esta ciudad (Bogotá) fue herido el señor Michel Bustamante a  consecuencia  de  un  disparo  de  arma  de  fuego, ejecutado en el marco de una  disputa    de    poder    sobre    una    de    las   denominadas   ‘Ollas’, de dominio de Heraldo Contreras Lugo  y  su  hermano  Alexander  Contreras  Lugo,  al servicio del microtráfico en el  barrio  La Estancia de Ciudad Bolívar. En el mismo hecho, resultaron muertos la  señorita  Nevin  Trujillo  Guayara,  compañera  sentimental de Bustamante y el  joven  Andrés  Enrique  Arenilla  Rojas,  Auxiliar  Bachiller  de  la  Policía  Nacional”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó  escrito  de  acusación contra Alexander   Contreras  Lugo  y  Luis  Alberto Balaguera Grimaldo, por los  delitos  de  homicidio  agravado,  homicidio  agravado  en  grado de tentativa y  concierto para delinquir.    

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral, el Juzgado Tercero Penal     del    Circuito    Especializado  con  función  de  conocimiento de Bogotá,         el         25  de  octubre  de  2011, dictó sentencia de primera instancia en la  que  condenó  a  Alexander Contreras Lugo y   Luis   Alberto   Balaguera   Grimaldo  a  las  penas  principales  de 590 meses de prisión y  multa  de  9000 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por 20  años,   como  coautores  de  las  conductas  punibles  de  homicidio  agravado,  homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa  y concierto para delinquir.    

3.   Apelado  el   fallo     por   el  defensor,  el Tribunal Superior de Bogotá,  el  14  de   

junio de 2012, al  desatar    el    recurso,   lo   confirmó en su integridad.   

Contra  la anterior decisión, la defensa de  los procesados interpuso recurso de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Al amparo de la causal  tercera, según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de  2004,  presenta un único   cargo,  a  través  del cual  acusa   al   Tribunal  de  haber  transgredido,  de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial,   “referente  a las reglas para la  tasación  de  las  penas  de  que habla el capitulo segundo, de los criterios y  reglas  para  la  determinación de la punibilidad artículo 54 y siguientes del  Código   Penal  y  las  reglas  generales  de  las  pruebas  testimonial  y  en  particular,  la  apreciación del testimonio, sana crítica del mismo, artículo  383 y siguientes…”   

Acota  que  la  fiscalía  presentó  como  “prueba   reina”   el  testimonio  de  Juan  Carlos  Castro  Gutiérrez,  al  cual  se  le otorga total  credibilidad,  dado  que  se  trataba  de  una persona presencial de los hechos,  “que   siendo  participe  de  los  mismos  entrega  evidentemente     una     idea     clara    sobre    el    acontecer”.   

Sostiene  que  la  condena  en  contra  de  Contreras Lugo se estructuró  con  el  testimonio  de  Castro  Gutiérrez,  calificandolo  como coautor de los  punibles,  cuando  en  su  sentir  debía  haber  sido condenado como cómplice,  según    lo   dispuesto   en   el   artículo  30  del  Código Penal, vulnerándose con   

ello   los   derechos   y  garantías  fundamentales de su defendido.   

Después de transcribir apartes de la teoría  del  caso  de la fiscalía y la versión de Castro Gutiérrez, dice que éste al  haber  señalado  a Alexander Contreras como una de las personas “que  recibió  de  manos  de  aquellos  las  armas utilizadas en el  ataque  y  su  ocultación  facilitó la huida de los atacantes”, hizo  que  los  juzgadores  radicaran  en  él  la coautoría de los  delitos  y  no  la  complicidad  que  es  el  grado  de  participación  que  le  corresponde.   

Reitera    que    no    “existe     prueba     que     soporte     o    confirme”   que  su  defendido  estuviese  esperando  a  los  autores  materiales  para  recibir  las  armas  y  facilitarles  la huida, incurriendo el  Tribunal    en    un    error    en    la    apreciación    del   elemento   de  convicción.      

Aduce  que la sentencia de primera instancia  no  tiene argumento que soporte el por qué se llega a éste quantum de pena, en  la  medida  en  que  no  adujeron los elementos de juicio tenidos en cuenta para  establecer el grado de participación de su procurado.   

Afirma  que  “el  móvil   para   ocasionar  la  muerte  al  señor  Michel  Bustamante  provenía  directamente  del señor Heraldo Contreras Lugo, porque es éste quien se entera  de  las  intenciones  de Bustamante y adelantándose a los hechos decide atentar  contra la vida de aquel…”.   

Recalca  que Contreras Lugo no participó en  la  ejecución  de  los  hechos  y  que a Castro Gutiérrez no le consta que los  autores  materiales  de  los  homicidios  se dirigieron al parque, con el fin de  entregarle  las  armas  a  Alexander Contreras, “que  efectivamente  si ello hubiese ocurrido, recordemos que el testigo se encontraba  en  una cancha de tejo…y la distancia entre un sitio y otro es de más de tres  cuadras,  mal  podría pregonarse o aseverarse que mi representado era parte del  plan,  pues  la  prueba  que  soporta  el  testimonio  cuestionado no pudo nunca  presenciar lo sucedió en el parque”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su lugar, “declarar la  nulidad  de  todo lo actuado, a partir inclusive, de la audiencia de imputación  de    cargos    y    consecuentemente    se   decrete   la   libertad   de   los  acusados…”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación se concibe como un medio   

de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que  el censor incumplió los anteriores presupuestos, en  tanto  no  demostró  la  existencia  de  los  vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En  primer  lugar, resulta oportuno recordar  que  este  recurso fue estatuido para denunciar vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

De  otra  parte, los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en  tanto  se  excluye  un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral,  o  se  supone otro que no desfiló en el debate, se tergiversa su  contenido   material,  haciéndose   derivar   una   verdad   que   no  emerge  del  mismo, y cuando se aprecia en abierta  contrariedad    con    las   reglas   que   rigen   a  la  sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador al  valorar  la  probanza  se aparta de  la tarifa legal de pruebas o se inventa   

una que no regula la norma.  

Así mismo, en punto de la postulación de la  censura  el  actor debe enseñar a la Corte la clase del error y el falso juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto de la trascendencia del vicio,  compete  evidenciar  cómo  los  medios  de  prueba de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  el  fallo necesariamente habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y,  por  último,  también  le  corresponde  indicar  a  la Corte cómo el vicio incidió en la aplicación del derecho, esto  es,  se seleccionó una norma que no era la llamada a gobernar el asunto  o  se  excluyó  otra  que  sí  resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico-procesal.   

3.   En   lo   atinente   al  único  cargo  que el casacionista postula  contra   la   sentencia   de   segunda  instancia,  es  claro  que  el  discurso  argumentativo   no  muestra  la  existencia  de  un  error  en  la  apreciación  probatoria,  porque  el  mismo  está  concebido  para cuestionar la valoración  hecha  en  las  instancias  a  los  elementos  de  conocimiento,  en cuanto a la  existencia del hecho y la responsabilidad del acusado.   

En  efecto,  las  hipótesis expuestas en la  demanda  únicamente  exteriorizan  una  inconformidad con el mérito dado a las  probanzas  incorporadas al juicio oral, público y concentrado acerca del único  testigo sobre el cual se fundó el compromiso penal del acusado.   

En esa argumentación el casacionista afirma  que  el  juzgador  avasalló  los  postulados  de la sana crítica al estimar el  testimonio,  pero  no  indicó  cuál fue la ley de la lógica, la máxima de la  experiencia  y  el  principio de la ciencia quebrantado, de qué manera lo fue y  su incidencia con la parte dispositiva de la sentencia.   

Así mismo, sin guardar una logicidad en los  argumentos,  igualmente  cuestiona que los acusados debieron ser condenados como  cómplices,  dado el aporte que prestaron al acto delincuencial, pero no enseña  en  que  consistió el desatino del juzgador, en orden a inferir que éstos eran  verdaderos coautores.   

Finalmente,  como una constante, sin indicar  el  yerro  del juzgador, muestra inconformidad con la determinación de la pena,  bajo  la  hipótesis,  según la cual, el sentenciador no enseñó los elementos  de  conocimiento  sobre  los  cuales basó dicha dosificación punitiva; empero,  esa  afirmación  así  postulada  podría  conducir  a predicar una ausencia de  motivación  del  fallo,  argumento  que  ha  debido  de presentar por la causal  segunda de casación, aspecto que tampoco hizo.   

La  desorientación  del  casacionista cobra  mayor  notoriedad,  cuando  depreca  a  la  Corte  la  invalidez  de lo actuado,  olvidando  que la censura la postuló por la vía de la causal tercera, reproche  que  de  prosperar  llevaría  a  la Sala ha proferir el fallo de reemplazo y no  declarando la nulidad del proceso.   

En  síntesis, las hipótesis argumentativas  no  son más que una critica probatoria, que no pone de relieve la existencia de  un   error   atacable   en   casación    y,    menos,   su   trascendencia  frente  a la decisión adoptada en el   

fallo.    

Ante esa simple discrepancia de criterios, se  impone la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del  fallo impugnado o dentro de la actuación, se violaron  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga   superar   los    defectos    del   libelo  en  orden  a  decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo   184  de  la   Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación presentada,   procede el mecanismo de insistencia de conformidad con  lo  establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido   instituto   procesal,   la   Sala   ha   definido     las    reglas   que   habrán   de   seguirse   para   su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de   Alexander  Contreras  Lugo  y  Luis Alberto Balaguera Grimaldo,   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO             FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                             LUIS              GUILLERMO             SALAZAR  OTERO           

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                      JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *