39784(29-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 169   

Bogotá,  D.C.,  veintinueve (29) de mayo de  dos mil trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Procede la Sala a verificar los requisitos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor   de   RAFAEL  RICARDO  NEGRETE  VELÁSQUEZ.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos   por  el  ad quem en estos términos:   

“El 30 de agosto de 2011, siendo las 18:20  horas  aproximadamente,  llamó  a  la  línea  de  emergencia  del  Gaula de la  Policía   Nacional   el  ciudadano  Andrés  Mauricio  Toro  Meneses,  el  cual  manifestó   que  hace  veinte  días  aproximadamente  se  había  acercado  al  establecimiento  comercial  de su propiedad “Tienda Renacer” una persona que  dijo  llamarse  Alejandro  y  quien  se  identificó  como  miembro  de la banda  criminal  “Los  Urabeños”,  el cual le realizó una exigencia económica de  $1.500.000  a  cambio  de  no atentar contra su vida o contra el establecimiento  comercial.  El  mismo  día,  pero  con  anterioridad a la llamada se acercó el  precitado  ciudadano al establecimiento comercial a intimidarlo y amenazarlo, en  esta  ocasión  portando un revólver en su mano, luego de lo cual le manifestó  que  a  las  7:00 p.m., llegarían unos trabajadores para recoger el dinero, que  fue   tal   la   presión   que   no   vio   otra   opción  que  denunciar  los  hechos.   

El  Gaula  ordenó  desplegar la operación  correspondiente  para  salvaguardar  y  proteger la vida y bienes del ciudadano,  realizando  la  planeación  y proyección del plan anti-extorsión, ubicándose  en  lugares estratégicos al establecimiento comercial con el fin de dar captura  a  las  personas  que  realizaban la exigencia económica a través de amenazas.  Fue  así cuando se observó llegar al establecimiento a cuatro personas, dos de  ellas  que  se  acercaron  al  mostrador y las otras que se quedaron en la parte  exterior mirando hacia todos los lados.   

Una  vez  al  interior  del establecimiento  comercial   el   señor   RAFAEL   RICARDO   NEGRETE  VELÁSQUEZ  tomó  contacto con la víctima, recibió  de  esta  un  paquete que simulaba la suma de $1.500.000, el cual guardó, luego  salió  del  establecimiento junto con los demás sujetos, momento en que fueron  interceptados   y   capturados   por  funcionarios  del  Gaula  de  la  Policía  Nacional”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Presentado           escrito  de  acusación por estos hechos el 30 de septiembre de 2011  ante  el Juzgado Segundo Penal Municipal de Santa Marta (Magdalena) y agotado el  trámite  correspondiente, el estrado judicial en cita anunció, el 9 de febrero  de  2012,  el sentido condenatorio del fallo, al cual dio lectura el 27 de marzo  del   mismo   año  imponiendo  a  NEGRETE  VELÁSQUEZ  las penas principales de cuarenta y ocho (48) meses de  prisión,  multa  de  doscientos  (200) salarios mínimos legales mensuales y la  accesoria  de  inhabilitación de derechos y funciones públicas por el término  de   la   sanción   privativa   de   la   libertad,  al  hallarlo  cómplice   penalmente  responsable  del  delito  de  extorsión  agravada  en  grado  de  tentativa. Negó los subrogados  penales  y,  en  la misma determinación, absolvió de los cargos formulados por  esa  conducta  punible  a  Armando  Enrique Carbono Barrios, Dairo José Pacheco  Sánchez     y     Edwin     García     Gracia.1   

3.  Apelada   esta   providencia  por  la  Fiscalía  y  la  defensa  de  NEGRETE             VELÁSQUEZ,  fue modificada  el  25  de  junio  de  2012 por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Santa  Marta  en  proveído  en  el  que  impuso  al  citado, como  autor   responsable   del  ilícito  mencionado  en  precedencia,  las  penas principales de noventa y seis  (96)  meses,  multa de tres mil (3.000) salarios mínimos legales mensuales y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término,  confirmándola  en los demás.2   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  del  sentenciado  interpuso el  recurso  extraordinario  para  postular un cargo único  en  contra  de la determinación de segunda instancia,  invocando  para  el  efecto la causal prevista en el artículo 181, numeral 3°,  de  la  Ley  906  de  2004,  “por error de hecho por  falso  juicio de identidad, como consecuencia de (sic) error de hecho manifiesto  y  evidente  generado  en la defectuosa apreciación de algunas pruebas a la luz  de la sana crítica”.   

Aduce el casacionista que el Tribunal dio por  demostrado,  sin  estarlo,  que  su prohijado obró como coautor de un individuo  llamado  “Alejandro”,  ignorando  la  presencia de duda razonable que, en su  criterio,  debió  conducir  a  la  aplicación  del  principio  de in   dubio   pro  reo.  De  esta  manera,  cuestiona  la  conclusión  referida  a  la existencia de responsabilidad penal,  pues  estima  que  del  testimonio  de  la  víctima no se puede deducir acuerdo  previo para la ejecución de la conducta punible.   

Retoma apartes de su declaración vertida en  el  juicio  oral,  para  asegurar  que  se  limitó  a  relatar  la forma en que  “Alejandro”  lo  coaccionó  en  repetidas  oportunidades  con el fin de que  accediera  a  sus  exigencias,  anunciándole  que  enviaría  otras  personas a  recoger   la   suma   demandada,   en  estas  condiciones,  cuando  NEGRETE   VELÁSQUEZ   coincidencialmente  acudió  a  su  negocio  para  recaudar  un  dinero  producto  de la venta de un  celular,  tal  y  como lo aseveraron él y los demás procesados, fue confundido  junto  con  sus  acompañantes  con  los  verdaderos  encargados  de  recibir la  extorsión.   

Así,  atribuye  el  yerro  del ad  quem, en equiparar la persona descrita  por  el  ofendido  como la designada para obtener el dinero con el ciudadano que  resultó  condenado.  Por  ello, a su juicio, debieron colegirse dos situaciones  diferentes:  i)  una  ilícita,  referida  al cobro de la extorsión y, ii) otra  legal,  consistente  en  la  transacción  que  recaía  sobre  el  celular  que  involucraba   a   su   asistido.  Igualmente,  afirma  que  es  indiferente  que  “Alejandro”  hubiese  indicado  a  su  víctima  que  sus  emisarios harían  alusión  a  un  negocio  indefinido para identificar su propósito, porque esta  aclaración  sólo  tenía  vigencia si la policía, a la par, acudía al lugar,  lo que no sucedió.   

Sostiene  que  la  tergiversación  de  este  testimonio  condujo  a  decisión  de condena y a la aplicación indebida de los  artículos  9,  28,  29,  244,  245,  numeral  3°,  del  Código  Penal, con la  consecuente  falta  de  aplicación  de  los artículos 7 y 381 de la Ley 906 de  2004.  Por  lo  tanto, depreca casar la sentencia y, en su lugar, la emisión de  fallo absolutorio.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De  antemano  hay  que  decir  que en la  demanda  que  ocupa  la  atención  de  la Sala brilla por su ausencia cualquier  parámetro  de lógica jurídica con la cual ha de invocarse su intervención en  sede   extraordinaria,   circunstancia   que   derivará   en   la  inadmisión de la misma.   

2.  El  proceso penal se caracteriza por una  serie  de etapas concatenadas, revestidas de un plexo de garantías, durante las  cuales    se   somete   a   controversia   de   la   jurisdicción   un   asunto  jurídico-procesal   cuya  discusión  culmina  con  la  sentencia,  la  que  es  susceptible  de  impugnación  por  vía  de  la  apelación,  en aras de que la  inconformidad  de  quien la interpone sea solventada por el superior jerárquico  del  funcionario  que  emitió  la  decisión  para que la confirme, modifique o  revoque, cuando a ello hubiere lugar.   

Ello  explica  cómo  el  debate  sobre  las  aristas  de  interés  para  el  ejercicio  de la acción penal culmina en tales  escenarios,  es  decir,  durante  el  decurso de las instancias, previéndose la  existencia  de  un  recurso  extraordinario,  la casación, solamente cuando por  específicas                 causales3  se  pretenda  un  estudio  respecto  de la legalidad de la sentencia por parte de la  Corte Suprema de Justicia.   

No  se  trata,  entonces,  de  prolongar  la  controversia  que  feneció  con  la emisión de una providencia amparada con la  presunción   de  acierto  y  legalidad,  pues  esta  decisión  únicamente  es  discutible  a través de la demostración de errores atribuibles al sentenciador  y,  de tal magnitud, que sólo con la casación pueda restaurarse la legitimidad  de la pieza procesal atacada.   

En   ese   orden,   existen   parámetros  conceptuales  que  hacen  de  la  demanda  correspondiente un escrito sometido a  estrictas  y  específicas  reglas  de  postulación,  el cual bajo la égida de  principios  tales  como  el  de autonomía, limitación, prioridad, entre otros,  debe  bastarse  a  sí  mismo  para  demostrar  tanto  la  existencia  del yerro  planteado  como  su  trascendencia, bajo la premisa fundamental de que la simple  discrepancia   de   criterios  no  constituye  un  aspecto  susceptible  de  ser  auscultado en sede extraordinaria.   

3. Lo anterior se menciona para reiterar que  ninguno  de  estos  aspectos  lógico-conceptuales  fueron  considerados  por el  censor,  ya  que  únicamente plasmó en su escrito ideas genéricas ausentes de  contenido  argumentativo  y  descontextualizadas  desde  todo punto de vista, si  pretendía  derruir  la  presunción  de  legalidad  de  la  sentencia  atacada.   

Basta   confrontar   el   contenido   del  cargo  único  para advertir  que  no  supera  la  mera  inconformidad  del  recurrente  con  la decisión del  Tribunal,  al  plantear  un criterio subjetivo que, por más respetable que sea,  sólo  resulta  admisible  para  el  debate propio de las instancias. Además el  reproche,  de  forma  errónea  y  simultánea,  entremezcla  de manera confusa,  respecto  de  la  misma  prueba,  críticas  asociadas  con  dos  modalidades de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  que  difieren  en su contenido y  alcance,  esto  es  el  falso  juicio  de  identidad  y  el falso raciocinio. Un  proceder  de  este  tipo vulnera no sólo el principio de claridad y precisión,  sino  también el de autonomía de las causales, pues dada la diversa naturaleza  de   cada   infracción,   distinta   ha   de   ser  su  presentación  en  sede  extraordinaria.4   

4. En efecto, ha señalado insistentemente la  jurisprudencia  de la Corte que la postulación del falso juicio de identidad se  concreta  respecto de determinado medio de prueba legal y regularmente aportado,  cuando   el   juzgador   hace   atribuciones   fácticas  trascendentes  que  no  corresponden  a  su contenido (falso juicio de identidad por adición), o porque  recorta  aspectos  sustanciales  de  su  texto  (falso  juicio  de identidad por  cercenamiento  o supresión), o porque muda o cambia el sentido de su expresión  literal  (falso  juicio de identidad por distorsión o tergiversación), eventos  en   los   que   se  pone  a  decir  al  medio  de  prueba  lo  que  no  expresa  materialmente:   

“Cuando se alega  esta  especie  de  vicio, se exige al demandante identificar inequívocamente la  prueba  sobre  la  cual  recae  la  incorrección que se denuncia, asistiéndole  primero  el deber de revelar lo que fidedignamente dimana de ella de acuerdo con  su  estricto  contenido  material,  y  luego  la obligación de precisar en qué  aspecto  radicó  la  desfiguración  de su literalidad, bien por supresión, ya  por  adición,  ora  por tergiversación, ejercicio que se lleva a cabo mediante  una  elemental confrontación de las precisiones hechas en el fallo acerca de su  tenor,     con     lo     que     en    realidad    enseña    ésta”.5   

Y  en  lo  que tiene que ver con el error de  hecho  por  falso  raciocinio  también  la jurisprudencia de la Sala, de manera  reiterada,  ha  indicado  que  se  comete  cuando el sentenciador al valorar las  pruebas  ha  incurrido en vulneración a los postulados de la sana crítica, por  lo  que  debe  el  censor  indicar  qué  dice  de  manera  objetiva el medio de  convicción,  cuál  fue  la inferencia que de el dedujo el juzgador, el mérito  persuasivo  otorgado,  señalar  el  postulado  de  la  lógica, de la ciencia o  máxima   de   la  experiencia  desconocido,  especificar  cuál  es  el  aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que  debió  tomarse  en consideración y, finalmente, demostrar la  trascendencia  del  yerro  con  la indicación de la apreciación correcta de la  prueba  o  pruebas  cuestionadas  y  que  habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente  opuesto  al  que  es  objeto  de  censura,  análisis que ha de  incluir  la  valoración conjunta y mancomunada de los demás probanzas respecto  de  los  que no recae censura alguna y, por lo mismo, de las cuales se acepta su  correcta                 apreciación6.   

5. Estos presupuestos conceptuales develan la  impropia   postulación  conjunta  de  los  ataques,  al  obviarse  la  estricta  sujeción  a  las pautas metodológicas que corresponden para cada uno de ellos.  Así,  la  enunciación  del  falso  juicio  de  identidad  no  supera  su  mera  invocación,  toda  vez  que  sólo  se  aludió a un segmento del contenido del  medio   de  conocimiento  denunciado  tergiversado,  el  testimonio  de  Andrés  Mauricio  Toro  Meneses, pero el mismo no se cotejó con el sentido material que  de  él  extrajo  el  sentenciador  de  segundo grado, es decir, no se agotó la  primera  fase  para  acreditar el yerro consistente en el análisis objetivo-contemplativo  de  la  presunta  disonancia   probatoria.   Simplemente,  el  defensor  evocó  extractos  de  la  declaración  en  comento  y  expuso  apreciaciones  subjetivas de lo que, en su  sentir,  debía  colegirse  de  ella,  con el propósito de predicar la supuesta  variación  por  el hecho de no haberle conferido el Tribunal el mérito por él  pretendido,   lo  que  de  ninguna  manera  implica  adición,  cercenamiento  o  transmutación  de  su contenido suasorio, porque el tenor de lo reportado nunca  se alteró. Esto fue lo que el Tribunal refirió del relato:   

“…El  señor  Andrés  Mauricio  Toro  Meneses,  víctima  del  punible  estudiado, en juicio oral manifestó: “…en  ese  momento  llega el señor que está allí presente, uno de los muchachos que  está  allí  presente  a  cobrarme  lo  del  asunto de un celular , yo llamo al  Gaula,  la  primera vez que llamo al Gaula no me contestan, de por si me dijeron  que  ni me conocían ni sabían quien era yo, la segunda vez llamo nuevamente me  contesta  creo  que  fue  mi  cabo Pérez, creo que si fue él y dejo el celular  debajo  de  la vitrina, ellos escuchan la conversación que se sostuvo alrededor  de  unos  veinte  minutos  aproximadamente,  en realidad yo no sabía si estaban  escuchando  la  conversación, el Gaula llega después y es donde le dan captura  a ellos…”.7   

En  la  demanda únicamente se plasma lo que  para  el  libelista  debió  inferirse  de  este  testimonio, se repite, y no se  específica  en  que  consistió su hipotética modificación literal. Ahora, el  que  no  se le haya dado a esta prueba el alcance por él auspiciado no puede ni  llega a configurar el vicio invocado.   

En  estas condiciones, lo que en últimas se  cuestiona  es  el  análisis  que  hizo el juzgador del elemento de convicción,  ataque  que  involucraría  la  presencia  de  un  error por falso raciocinio al  aducirse  que  el  ejercicio  intelectivo  desplegado  por el operador jurídico  desbordó  la  dimensión  cognoscitiva  de  la declaración. No obstante, no se  precisa  si  ello  se produjo con ocasión de la trasgresión a las reglas de la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica  o las máximas de la experiencia, es  decir,      no      se      desarrolló      el      escenario      objetivo-valorativo   propio   de   esta  modalidad  de violación indirecta. En otras palabras, el recurrente confunde el  momento  de  apreciación  material del medio probatorio a través de la lectura  de  su  contenido,  con el instante de asignación de su mérito suasorio, fases  diversas de formación del conocimiento.   

De   contera,   se   tiene  que  la  labor  demostrativa  de  la  censura  se  centró  en la imposición de una evaluación  personal  de  los  elementos  de  juicio a la manera de un alegato de instancia,  concluyendo   el   libelo   que   NEGRETE  VELÁSQUEZ  no  es responsable de la conducta punible imputada por  resultar  fortuita  su  concurrencia  al  sitio  en  donde se entregaría dinero  producto  de  una extorsión, sin consideración a que esa versión exculpatoria  fue  descartada  por  la  judicatura y no es la casación una etapa in  extremis  para  procurar el éxito de  una  postura  defensiva  ya estudiada. Circunstancia que desconoce que la simple  disparidad  de  criterios  no  constituye  error  demandable  en  esta  sede, se  recalca,  toda  vez que el juzgador, dentro del método de persuasión racional,  goza  de libertad para apreciar los elementos de juicio válidamente allegados a  la  actuación  sólo  limitado por las reglas que estructuran la sana crítica,  sin  que, en este caso, el actor haya demostrado falencias de valoración en las  condiciones  propias del recurso extraordinario. Verbi  gratia,  si  lo  pretendido  era demostrar error en la  tesis  del  Tribunal  referida  a  que la contribución del implicado en la fase  ejecutiva  del  delito  fue  de  tal  importancia para acometer su consumación,  cuando  se  “present[ó]  en  dos  ocasiones  en el  establecimiento  comercial, entablar conversación con la víctima Mauricio Toro  Meneses,  realizarle  la  exigencia  económica  en clave tal como lo describió  alias  “Alejandro”,  quien  hacía las llamadas extorsivas…”8, debió  atacar  ese razonamiento mediante la demostración de yerros  en la construcción de los indicios, de la siguiente forma:   

“…el  censor  debe  informar  si  la  equivocación  se  cometió respecto de los medios   demostrativos   de  los  hechos  indicadores,  la   inferencia   lógica  , o en el proceso de valoración conjunta al apreciar  su  articulación,  convergencia   y  concordancia  de  los varios indicios  entre  sí,  y  entre  éstos  y  las restantes  pruebas, para llegar a una  conclusión fáctica desacertada.   

De  manera  que  si  el  error radica en la  apreciación   del   hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro medio de prueba de los legalmente establecidos, necesario  resulta  postular  si  el  yerro  fue  de  hecho o de derecho, a qué expresión  corresponde,   y   cómo   alcanza   demostración   para   el  caso.   

Y  si  el  error  se ubica en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se acredita el hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en la  labor  de  asignación  del  mérito  suasorio  se  apartó  de  las leyes de la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en qué consiste y cual es la operancia correcta de cada uno de ellos,  y      cómo      en      concreto      esto      es     desconocido…”.   9   

Planteadas así las cosas, surge claro que el  demandante  no  agotó  la  lógica  formal que orienta la exposición del vicio  denunciado  y mucho menos en su discurso acierta en la presentación adecuada de  un  error  trascendente que de lugar a desquiciar las conclusiones del fallo, lo  que deriva en que no tenga vocación de prosperidad el reproche.   

6.  En  fin, el censor se aparta de la dialéctica connatural al recurso  extraordinario  y  pretende  hacer  prevalecer  su  inconformidad,  se  insiste,  asimilando  que  la casación es una especie de tercera instancia, en la cual, a  través  de  un  escrito de libre confección puede cuestionar de cualquier modo  las  decisiones  judiciales  producto  de  un  proceso  penal  cuando ello no es  así.   

Por  lo  anterior,  al carecer la demanda de  casación  del  sustento conceptual, lógico y argumentativo propio de esta sede  será  inadmitida, además del  estudio  del  expediente  no se vislumbra violación de derechos fundamentales o  garantías  de  los sujetos procesales que den lugar al ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole constitucional y legal que al respecto le asiste a la Sala  para asegurar su protección.   

7.  Por último, debe recordarse que contra  esta   determinación  procede  el  mecanismo  de  insistencia  conforme  a  los  lineamientos  precisados  en  la  providencia  del  12  de  diciembre  de  2005,  proferida en el radicado 24322.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  RAFAEL   RICARDO   NEGRETE   VELÁSQUEZ  en contra de la sentencia proferida por  la   Sala   Penal   del  Tribunal  Superior  de  Santa  Marta  el  25         de         junio      de      2012.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, es viable la presentación del mecanismo  de insistencia.   

Comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal  de  origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         GUSTAVO    ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ   

      LUIS  GUILLERMO  SALAZAR     OTERO                                                  JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folio   148   y   siguientes   cuaderno   actuación   

2  Fl. 272 y s.s c.a   

3  Artículo 181 de la Ley 906 de 2004   

4  Acerca  de  este  y  otros  principios  que  rigen la  casación   puede   consultarse   Rad.   33559,   auto   de   18  de  agosto  de  2010   

5  Cfr.  entre  otras,  Rad.  23667,  sentencia de 11 de  abril de 2007    

6  Cfr. entre otras, Rad. 21042, sentencia de 1 de junio  de 2005   

7  Fl. 293 c.a   

8  Cfr. Fl. 302 c.a   

9  Casación 12062 del 2 de agosto de 2001. Ver también  casaciones  14535 del 30 de noviembre de 1999, 11135 del 26 de noviembre de 2003  y 20827 del 12 de diciembre de 2005.     

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