39781(15-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 148.  

Bogotá D.C., mayo  quince (15) de dos mil trece (2013)   

VISTOS  

Conforme a la preceptiva del artículo 184 de  la  Ley  906  de  2004, acomete la Colegiatura el examen del cumplimiento de los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  demostración  en  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   LUIS  EDUARDO MERCHÁN CASTILLO, contra la  sentencia   de   segunda   instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el 28 de junio de 2012, confirmatoria de la dictada el 23 de abril  de  la  misma  anualidad por el Juzgado Primero Penal del Circuito con funciones  de  conocimiento  de  Soacha,  a  través  de  la  cual  lo  condenó como autor  penalmente  responsable del concurso de delitos de concusión y uso de documento  público falso, y como cómplice del punible de fuga de presos.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento   fueron   sintetizados   por  el  a  quo  en  el  fallo  de  primer  grado, de la siguiente  manera:   

“Adelantadas las  audiencias  preliminares  por  el  Juez  Cuarto  Penal  Municipal  de control de  garantías    de    esta    localidad   (Soacha,   se  precisa)  dentro  del  proceso  seguido  contra Jorge  Orlando  Duarte  Borja,  por  los  delitos de hurto calificado y agravado, porte  ilegal  de  armas  y  secuestro  simple,  se  le  impuso medida de aseguramiento  consistente  en detención preventiva en establecimiento carcelario para lo cual  se  libró la boleta de detención 1494 de 2009, siendo el encargado de hacer el  traslado    del    detenido,    el    patrullero    Boris    Leonardo    Galindo  Barrera.   

“Sin embargo, el  17  de diciembre de 2009 Paula Mayerli Suárez Silva que laboraba para esa fecha  en  el  Centro  de  Servicios  Judiciales  de  esta  localidad, por solicitud de  Leonardo  Galindo  confirma  oficio  número  1821  del  26 de noviembre de 2009  aparentemente  firmado  por  la  Juez  Primero Penal del Circuito de Soacha Dra.  Ketty  Jurado Rueda, a través del cual se ordenaba la sustitución de la medida  impuesta  a  Duarte  Borja  por detención domiciliaria, confirmando la empleada  dicho  oficio,  pero  dando los datos que correspondían a su amiga Diana Triana  con  su  correspondiente  número  de  cédula.  A  la postre, cuando el Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Soacha se percata de lo sucedido, se advierte que  el  oficio  era apócrifo, pues no correspondía a los formatos de dicho juzgado  y  menos  a la firma de su funcionaria. Leonardo Galindo Barrera señaló que el  encargado  de conseguir y entregarle el oficio había sido LUIS EDUARDO MERCHÁN  CASTILLO  quien  exigió  la  suma  de  $25.000.000  de  pesos  para elaborarlo,  recibiendo  el  patrullero  directamente del procesado Duarte Borja inicialmente  la  suma  de  $8.000.000,  los  cuales  entregó  personalmente  a  LUIS EDUARDO  MERCHÁN  y  este  a su vez le entregó el oficio espurio, el cual entregó a la  Cárcel  Modelo  para  que  se  hiciera  el traslado del detenido al lugar de su  residencia, de la cual se fugó”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 2 de junio de 2011 en audiencia realizada  en  el  Juzgado  Cuarto Penal Municipal con función de control de garantías de  Soacha,  el  ente  acusador  imputó  a  LUIS EDUARDO  MERCHÁN  la  comisión  del  concurso  de  delitos de  concusión,  falsedad  en  documento  público y fuga de presos, que no aceptó.  Ulteriormente  a  pedido de la Fiscalía le fue impuesta medida de aseguramiento  de detención preventiva en establecimiento carcelario.   

          Una  vez  presentado  el  escrito  de acusación, el 12 de agosto de  2011  se  realizó  la correspondiente audiencia en el Juzgado Primero Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Soacha,  oportunidad  en la cual  MERCHÁN   CASTILLO   fue  acusado  por  los  mismos  punibles  que sustentaron la medida de aseguramiento,  cargos a los que tampoco se allanó.   

Surtido  el  debate oral, el citado despacho  profirió  fallo 23 de abril de 2012, por medio del cual condenó a LUIS  EDUARDO MERCHÁN a la pena principal  de  ciento  cuarenta  y  seis  (146)  meses  de  prisión,  multa  por  el valor  equivalente  a  sesenta  y  ocho  (68)  salarios  mínimos  legales  mensuales e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por ochenta  y  cuatro  (84)  meses,  como  autor  penalmente  responsable  de los delitos de  concusión  y  uso  de documento público falso, y como cómplice del punible de  fuga  de  presos. En la misma providencia le negó la suspensión condicional de  la ejecución de la pena.   

          Impugnada  la  sentencia  por  el defensor y el Ministerio Público,  fue  confirmada  por el Tribunal Superior de Cundinamarca mediante proveído del  28  de  junio  de  2012,  decisión  contra  la  cual  la  defensa  interpuso en  oportunidad  recurso  extraordinario  de  casación y allegó la correspondiente  demanda, cuya admisibilidad se examina en este auto.   

EL LIBELO  

El recurrente formula tres cargos, los cuales  desarrolla en los siguientes términos:   

          1.        Primer  cargo:  Nulidad  por  indebido reconocimiento de la víctima   

          Advera  el  recurrente que se violó el derecho al debido proceso de  su  asistido, toda vez que la Juez Primero Penal del Circuito de Soacha, doctora  Ketty    Jurado,    fue  precipitadamente   reconocida   como   víctima  sin  verificar  si  tenía  tal  condición  y  sin que concurrieran en ella las condiciones dispuestas en la ley  para  ostentar  dicho  carácter,  pese  a  lo  cual  se le permitió una activa  intervención.   

          Destaca  que en la audiencia de formulación de acusación dispuesta  para  el  reconocimiento  de las víctimas nadie invocó esa condición, pero en  la  tercera  sesión  de  la  audiencia preparatoria se hizo presenten la citada  funcionaria  con un abogado, el cual fue reconocido, sin más, como apoderado de  la  víctima,  sin  constatar  su posición de víctima frente a los delitos por  los que se procede.   

Precisa  que  la  víctima  participó en el  descubrimiento  de  las  grabaciones  de Paula Mayerli  Suárez, solicitó la práctica de pruebas, se opuso a  algunas  solicitudes probatorias de la defensa, intervino en la instalación del  juicio   oral   y   en   la   audiencia,   alegó  de  conclusión  y  presentó  pronunciamiento  como  no  recurrente  en  la  impugnación  del fallo de primer  grado,  en  suma,  “actuó  enérgicamente en útil  apoyo    de    la    Fiscalía”    “en  contravía  de  las  garantías esenciales del Sr. LUIS EDUARDO  MERCHÁN CASTILLO”.   

          2.        Segundo  cargo  (subsidiario):  Error de derecho por falso juicio de  legalidad   

          “El  reproche en este punto se dirige a  :   (i)   La  copia  de  la  actuación  identificada  bajo  el  código  único  25754-61-08-002-2009-81338-01  adelantada  contra  Jorge  Orlando Duarte Borja y  otros;  así  como  (ii)  Las  reproducciones  correspondientes  a la actuación  identificada      bajo      el      código     único     de     investigación  25754-61-08-002-2010-00094-00.  El  planteamiento  radica  en  que  si  bien  la  primera  citada  se  trató  de  una  prueba  documental  no  descubierta por la  Fiscalía  en  su  escrito  de  acusación  y  en  continuación  del proceso de  develamiento  suasorio  fue  debidamente  enunciada en la audiencia preparatoria  sin  oposición  alguna  de la defensa –   teniéndose  así  como  implícitamente  conocida  por  aquella  – su pretensión como tal  no  fue  sustentada  posteriormente  dentro de las solicitudes de la Fiscalía y  pese  a  ello  se  decretó en dicha oportunidad, siendo por ende valorada en la  sentencia.  En  el caso de la segunda, sí se trató de un documento relacionado  en  el  escrito de acusación, pero no formó parte de le enunciación, ni de la  solicitud  probatoria  efectuadas por la Fiscalía en desarrollo de la audiencia  preparatoria”.   

          Puntualiza  que “se ordenó la práctica  de  una  prueba  que  carecía  de  solicitud  de  la  parte  interesada para su  práctica  y  por  ende  resultaba  totalmente  huérfana  de una argumentación  – inviable de suplir por  el    tercero   neutral   llamado   a   resolver   el   conflicto   –  respecto  de  su  relación con los  hechos, pertinencia y admisibilidad”.   

          Luego  de  citar jurisprudencia sobre la enunciación y la solicitud  probatoria  advera  que  “la  omisión  evidenciada  afectó  directamente  la  legalidad  de las pruebas documentales referidas, que  hábilmente  el señor fiscal fusionó en el juicio y por ende, bien separadas o  bien  una  subsumida en otra para aparentar unidad, se trata de una obtenida con  total  inobservancia  del debido proceso probatorio, que no podía ser valorada,  resultando,  en concepto de la defensa, imperioso su sometimiento a la cláusula  de exclusión”.   

          Acto  seguido,  el  actor  transcribe  apartes de la audiencia en la  cual   se   aludió   a   las   pruebas  documentales  en  cita,  tanto  en  los  interrogatorios   a  los  testigos,  como  en  las  alegaciones  finales  de  la  Fiscalía;  igualmente  señala  que  dichos documentos fueron ponderados en los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia,  y  sirvieron para fundar la condena  adoptada en contra de su asistido.   

          Depreca  a la Sala “la desestimación de  las  citadas  pruebas  documentales  y  su  contenido,  al haberse demostrado la  necesidad  de su exclusión para así restablecer la garantía al debido proceso  probatorio”.   

          3.        Tercer    cargo:    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

          Afirma  el  recurrente que las instancias erraron en la apreciación  de   los   testimonios  de  Amanda  Ortiz  y Ketty Jurado.  Acto  seguido  transcribe  apartes  de las decisiones de primera instancia, así  como  de  la  audiencia,  para  finalmente  concluir  que  dichas  declaraciones  “fueron  cercenadas en su contenido, limitándose a  ajustar  aquellos  apartes  que  correspondían con la teoría del caso del ente  acusador  para  así  determinar  que  se  habló  de un oficio específicamente  buscado  para  imitar  la  firma  de la señora Juez, como parte de un elaborado  plan  que  comprendía tal etapa, demeritando sin mayor sustento la veracidad de  la   señora  AMANDA  ORTIZ  DÍAZ,  al  afirmar  escueta  y  limitadamente  que  ‘no       es  convincente’. Motivación  que  por  el  contrario fue precisa en señalar la defensa respecto de la débil  credibilidad  de  la  testigo  KETTY JURADO RUEDA, no solo por la contradicción  entre   sus   anteriores   manifestaciones,  sino  también  por  la  clarísima  parcialidad frente al acusado”.   

          Asevera   que  “no  resulta  sostenible  entonces  que  buscando  un  oficio  firmado  del citado despacho para lograr su  imitación,   lo   solicitara  a  la  empleada  AMANDA  ORTIZ  DÍAZ,  le  fuera  efectivamente  entregado y además de tal actividad se desarrollara en diciembre  de  2009  o  el mes inmediatamente anterior. Eso no revela la prueba”.   

          Como  segundo  reproche  al amparo de la misma causal por violación  indirecta  de  la  ley,  refiere  el  defensor  que  también  se  erró  en  la  apreciación   del   testimonio   de   Boris  Galindo  Barrera, Patrullero de la Policía Nacional, quien era  el  encargado  de  las  remisiones  de  las  personas  privadas  de  la libertad  requeridas   ante  el  Centro  de  Servicios  Judiciales  de  Soacha.  Luego  de  transcribir   en   extenso   fragmentos   de   la   decisión  del  a  quo y del ad  quem,  así  como  de lo declarado en audiencia por el  citado  ciudadano, concluye el recurrente que el testigo incurrió en múltiples  contradicciones,  con  las  cuales  logró  confundir  a  la  Fiscalía  y a los  falladores.   

          Como  tercer  yerro  dentro  de  la  misma  causal,  el casacionista  refiere  que  se  valoró  indebidamente  la declaración del abogado y empleado  Efrén David Gamboa Patiño,  para  lo cual reproduce apartes de las sentencias y de lo dicho por aquél en el  juicio,  y  después  indica  que  con  su exposición se desvirtúa lo relatado  “por  Jorge  Orlando  Duarte  Borja,  miembro de la  Policía  Nacional quien afirmó haber adelantado la radicación de la boleta de  sustitución  tachada  de  espuria  ante  la Cárcel Nacional Modelo”.   

          Señala   como  violados  los  artículos  29  y  250  de  la  Carta  Política,  y 6º, 7º, 15, 23, 276, 356, 357, 361, 403, 424 y 457 de la Ley 906  de 2004.   

          Con  base en lo expuesto, el demandante solicita decretar la nulidad  de  lo actuado a partir de la instalación de la audiencia preparatoria, y en su  defecto, proferir fallo absolutorio a favor de su representado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene sentado la Corporación que si bien en  el   estatuto   adjetivo   de   2004  no  media  distinción  entre  el  recurso  extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó  la  exigencia  de  la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha  impugnación,  corresponde  al  recurrente  demostrar el quebranto de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  acreditar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo impone el  artículo 184 de la citada legislación procesal.   

Desde luego, en el  examen  de los requisitos de admisibilidad de los libelos casacionales, es deber  de   la  Sala  constatar  en  la  formulación  y  desarrollo  de  los  reparos la  sujeción  a  las  exigencias  de lógica y pertinente  demostración   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por   la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional     a    las    ordinarias.    Tales    requisitos    pretenden    conseguir    el   desenvolvimiento   de  los  libelos  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  demostración  de  los  cargos propuestos, en cuanto resulten inteligibles, esto  es,    precisos    y   claros,   pues   no   corresponde   a   la   Corte  en  su  función reglada de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Señalado lo anterior, en cuanto atañe a la  primera  censura encuentra la  Colegiatura  que  al  postular  la  causal  segunda  de  casación en procura de  conseguir  la  invalidación  del  diligenciamiento,  era  deber  del demandante  señalar  claramente  la  especie  de  incorrección sustantiva que determina la  nulidad,  los  fundamentos fácticos y las normas que estima conculcadas, con la  indicación  de  los  motivos  de  su  quebranto.  También  era  de  su resorte  especificar  el  límite de la actuación a partir del cual se produjo el vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  invalidación, demostrar que procesalmente no  existe  manera  diversa  de restaurar el derecho afectado y, lo más importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo incidencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  pues  este  recurso  extraordinario  no  puede  sustentarse  en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones   ausentes   de   quebranto,   labor  que  no  acometió  en  debida  forma.   

En  efecto,  el defensor señala el proceder  que  estima  incorrecto,  pero  no  atina  a  especificar  de  qué forma real y  concreta  los  derechos  de su asistido sufrieron menoscabo, de manera que omite  concretar  la trascendencia de su reparo, limitándose a adverar que la víctima  “actuó   enérgicamente  en  útil  apoyo  de  la  Fiscalía”     “en  contravía   de   las  garantías  esenciales  del  Sr.  LUIS  EDUARDO  MERCHÁN  CASTILLO”.   

          Sobre  el  particular  impera  señalar que el actor no se detiene a  decir  cuál  habría  sido el curso del proceso y la situación de su defendido  si  no hubiera intervenido la víctima en el trámite, circunstancia a partir de  la  cual  se  concluye  que  la  queja  no denota perjuicio específico para los  derechos   de   LUIS   EDUARDO  MERCHÁN.   

Las  razones expuestas bastan para inadmitir  el reparo.   

          Con  relación al segundo cargo  es pertinente puntualizar que el error de derecho por falso juicio  de  legalidad  acontece  cuando  los  falladores  al  apreciar  alguna prueba la  asumieron  equivocadamente  como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la descartaron  aduciendo  de  manera  errada su ilegalidad, pese a que se cumplieron cabalmente  los  requisitos  dispuestos  en la ley para su práctica o aducción, caso en el  cual,  es  del  resorte del demandante identificar el medio probatorio que tacha  de  ilegal,  indicar las disposiciones legales o constitucionales cuyo quebranto  determina  su  ilegalidad  y  demostrar la efectiva ocurrencia de lo denunciado;  ora, comprobar la legalidad de la prueba desechada por el juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada, deberes que en este asunto no emprendió el libelista.   

          En  el  caso  de  la  especie  se  consigue verificar que si bien el  recurrente  indica  cuál  es el yerro de legalidad que propone, no se detiene a  señalar  de qué manera al marginar las pruebas cuya aducción tacha de ilegal,  el  sentido  del  fallo  sería  diverso,  pues es claro que el fundamento de la  decisión  de  condena,  tanto  en  primera  como  en  segunda  instancia, no se  edificó  sobre las copias de las actuaciones a las cuales se refiere el censor,  sino  a  partir  de  la  prueba  testimonial,  especialmente  lo  declarado  por  Boris    Leonardo    Galindo    Barrera,  Patrullero de  la  Policía Nacional encargado de las remisiones de las personas privadas de la  libertad  requeridas  ante  el  Centro  de Servicios Judiciales de Soacha, quien  recibió  de  Jorge  Orlando Duarte Borja  el  dinero  que  luego  entregó  al acusado en su residencia como  “pago”  por su ilícito  proceder,  amén  de  lo expuesto por otros declarantes, tales como Amanda  Ortiz  Díaz,  Efrén  David  Gamboa  Patiño, Ketty Jurado  Rueda   y  Paula  Mayerli  Suárez  Silva, de manera que con o sin las pruebas que  tacha  de  ilegales  el  defensor,  el  sentido  del  fallo  y la atribución de  justicia  serían los mismos, lo cual permite advertir la irrelevancia del cargo  examinado.   

          El reparo debe ser inadmitido.   

Como  en la tercera  censura  el defensor invoca la presencia de errores de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  conviene rememorar que tal especie de  yerro  tiene  lugar  cuando  los  falladores  al  ponderar  el  medio probatorio  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo, adicionándolo o tergiversándolo,  motivo  por  el  cual corresponde al demandante identificar a través del cotejo  objetivo  de lo dicho en el elemento de convicción y lo asumido en el fallo, el  aparte  omitido  o añadido a la prueba, los efectos producidos a partir de ello  y,  lo  más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte  resolutiva de la sentencia atacada.   

Sobre  la acreditación de dicho error se ha  puntualizado  que  no puede sustentarse con el simple planteamiento del criterio  subjetivo  del  recurrente acerca de la prueba cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación demostrar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustancial en el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustantiva de la sentencia atacada  con  la  corrección del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto  con  las  demás, obligaciones no asumidas en forma alguna en este asunto por el  casacionista.   

          En  efecto,  encuentra  la  Corporación  que  inicialmente el actor  orienta  su  esfuerzo  a encontrar inconsistencias e imprecisiones nimias en las  declaraciones    de    Amanda    Ortiz,     Ketty     Jurado     y   Boris   Galindo  Barrera,  para  luego  plantear  su  personal  visión del asunto, proceder  inadmisible  en  este  recurso  de  índole extraordinaria. Basta referir que el  Patrullero  Boris Galindo fue  claro  al  señalar  que  el  acusado: (i) Le sugirió cómo podía Jorge  Orlando  Duarte obtener su libertad  en  forma  irregular;  (ii) Le dijo cuánto valía tal actividad ilegal; y (iii)  Le  recibió  en  su  residencia  parte del dinero solicitado que previamente le  había     entregado    Duarte    Borja.   

          Acerca   de   los  yerros  en  la  apreciación  del  testimonio  de  Efrén   David  Gamboa  es  oportuno  señalar  que  el defensor incurre en imprecisiones como cuando afirma  que  se  desvirtúa  lo  dicho  “por  Jorge Orlando  Duarte  Borja, miembro de la Policía Nacional quien afirmó haber adelantado la  radicación  de  la  boleta  de  sustitución tachada de espuria ante la Cárcel  Nacional  Modelo”,  habida  cuenta  que Duarte  Borja se encontraba privado de la  libertad,  y  fue  quien  con  el  oficio  espurio  entregado  por  MERCHÁN,  consiguió  el  traslado de la  Cárcel Modelo a su domicilio, de donde luego se fugó.   

          Resta  señalar  que  el  impugnante  no  explica  a la Sala de qué  manera  se  produjo  la  violación  indirecta  de los preceptos que simplemente  relaciona  en  su  demanda,  esto  es,  no  precisa  si  se trata de la falta de  aplicación  o  aplicación  indebida  de los mismos, y de qué manera ello tuvo  lugar e importancia en el fallo censurado.   

En  suma, constata la Sala que el demandante  se  sustrae de lo dispuesto en el artículo 183 de la Ley 906 de 2004, según el  cual,   corresponde   al  censor  acudir  “mediante  demanda  que  de  manera precisa y concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo  preciso alude a lo  exacto,  riguroso,  estricto  o  minucioso,  y lo conciso se refiere a lo breve,  sucinto,  escueto  o  directo,  no  se aviene con esa exigencia dispuesta por el  legislador  que  se  limite  a  exponer  simple  y llanamente, sin demostración  alguna,  su inconformidad, en evidente desconocimiento de la dual presunción de  acierto   y   legalidad   de   la   que   se   encuentra   revestido   el  fallo  atacado.   

Las    falencias   anotadas         imposibilitan       a      la      Colegiatura         emprender    el    estudio  de  fondo  del  libelo,  pues si no se  trata  de  un  alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con  base en  postulaciones  imprecisas  e indemostradas,  y sin atenerse a las reglas lógicas  y     argumentativas     que     gobiernan    este  recurso,    impone   su  inadmisión,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  en  virtud  del  principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales incorrecciones.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos   o   garantías  del  procesado,  como  para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la  demanda  y  decidir  de  fondo, según lo dispone el inciso 3º del precepto citado.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  LUIS    EDUARDO    MERCHÁN    CASTILLO,    por    las    razones    expuestas   en   las   consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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