39745(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 454.   

Bogotá D.C., diciembre diez (10) de dos mil  doce (2012).    

VISTOS  

Acomete  la  Sala  el  estudio  sobre  la  admisibilidad   del   libelo   de   casación  presentado  por  el  defensor  de  JUAN CARLOS OBREGÓN CAMPAZ  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Cali  el 5 de junio de la anualidad en curso, a través de la cual revocó la de  primer  grado  dictada el 2 de diciembre de 2010 por el Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  Especializado  con  Funciones  de  Conocimiento de la misma ciudad por  cuyo  medio absolvió al mencionado del delito de homicidio agravado en grado de  tentativa.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

         Hacia  las  8:00  de  la  noche  del  día 3 de marzo de 2008 en el  estadio   Pascual   Guerrero   de  la  ciudad  de  Cali,  durante  el  encuentro  futbolístico  disputado  entre los equipos Deportivo Cali y América, en una de  las   tribunas  se  presentaron  enfrentamientos  violentos  entre  hinchas  que  precisaron  la  intervención  de  la  Policía  Nacional.  Al  incursionar  los  miembros  de  la  Fuerza  Pública  al lugar de los disturbios, entre quienes se  encontraba  el  uniformado  Gabriel  Albeiro Vallejos  Rosero,  fueron  agredidos  con diferentes elementos,  tales  como  tubos  PVC, botellas plásticas y de vidrio y armas cortopunzantes,  recibiendo  el  institucional  referido, de uno de los fanáticos, una lesión a  la  altura  del  cuello  precisamente  con  este último tipo de instrumento. De  haber  sido  el  autor  de  la  aludida  agresión  se  sindica  a  JUAN  CARLOS  OBREGÓN CAMPAZ, por razón  de lo cual un juez de control de garantías dispuso su captura.   

Lograda la aprehensión del prenombrado, el  13  de  abril  de 2009 se llevó a cabo audiencia preliminar concentrada ante el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal  con  Función de Control de Garantías de la  misma  capital,  durante  la  cual  se  legalizó  su  captura,  la fiscalía le  formuló  imputación  por el delito de homicidio agravado en grado de tentativa  y  se  lo  afectó  con  medida  de  aseguramiento  privativa  de la libertad en  establecimiento carcelario. El imputado no aceptó el cargo.   

El  11  de  mayo  siguiente,  la  Fiscalía  radicó  escrito  de acusación contra OBREGÓN CAMPAZ  por el mismo delito, reprimido en los artículos 103,  104-10  y  27  del C.P., cargo que reiteró durante la audiencia de formulación  de  acusación  celebrada  el  11  de  junio subsiguiente ante el Juzgado Cuarto  Penal   del   Circuito   Especializado   con   Funciones   de   Conocimiento  de  Cali.   

Ante  este  último  despacho  judicial  se  llevaron  a  cabo las audiencias preparatoria y del juicio oral, a cuyo término  absolvió  al  procesado  de  la  conducta  por  la  cual  fue acusado, mediante  sentencia de fecha diciembre 2 de 2010.   

Esta última determinación fue revocada por  el  Tribunal  Superior  de  Cali el 5 de junio del año en curso, al resolver el  recurso  de  apelación  que  en  su  contra  interpuso  el  representante de la  Fiscalía,  para  en  su  lugar  condenar  al  implicado  a la pena principal de  doscientos  (200)  meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso como autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  agravado en la modalidad de  tentativa.  En  la  misma providencia, le negó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y el sustitutivo de la prisión domiciliara.   

Inconforme con la decisión adoptada por el  ad-quem,  la  defensa  del  sentenciado  la  recurrió  extraordinariamente,  para  lo cual allegó demanda,  sobre  cuya  admisibilidad,  en  punto  del  cumplimiento de los presupuestos de  lógica y adecuada argumentación, se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

         El  actor formula dos censuras contra el fallo de segunda instancia  con  fundamento  en  las  causales primera y tercera del artículo 181 de la Ley  906  de  2004.  La  primera,  por  “interpretación  errónea  de  una  norma  legal” y, la segunda, ante  “el  manifiesto  desconocimiento  por  parte de los  magistrados  de  las  reglas de apreciación de las pruebas, sobre las cuales se  fundó        la       sentencia”.     

         Primer   cargo.   Interpretación   errónea  de  una  norma  legal.   

Para  el  libelista,  se  incurrió en este  yerro,  dado  que  al  revisar  los hechos “estos no  pueden  dar  nacimiento al proceso ya que demuestran que no nos encontramos ante  una  conducta punible de tentativa de homicidio agravado, ya que ni las lesiones  que  se  profirieron  contra  la  humanidad  del  policial eran suficientes para  producir  la muerte ni el arma esgrimida tenía la potestad de producir un daño  tan  grave  como  la  muerte  y  más  aún cuando en verdad quienes ingresan al  estadio a estos partidos son requisados por la policía”.   

Lo  anterior,  agrega,  por cuanto no obran  elementos  de  juicio  suficientes  para  acreditar  la  responsabilidad  de  su  defendido,  pues  “no sólo basta con realizarse la  imputación   de   un  delito,  sino  que  el  ente  acusador  debe  probar  que  efectivamente  esa  fue  la  conducta  punible  cometida  y  en  este caso no se  probo  (sic)  que en algún  momento  estuviera  en peligro la vida del agente de la policía Gabriel Albeiro  Vallejo Rosero”.   

Sobre  esto último enfatiza que de acuerdo  con  las  declaraciones de la víctima y los policiales que se encontraban en el  estadio   “en   ningún   momento  observaron  que  cualquiera  de  ellos haya estado en peligro de muerte y menos se pudo demostrar  que  los  medios utilizados fueran capaces de causar la muerte a un agente de la  policía,  lo  cual  nos  lleva  a  determinar  que  estamos  ante  una conducta  imposible     de     ser     cometida     por     mi    defendido”.   

Lo que está demostrado, a su juicio, es la  comisión  de  un  delito  de lesiones personales, de naturaleza excarcelable y,  por  virtud  de  esa  incorrecta  adecuación, se conculcaron los derechos de su  protegido al debido proceso y libertad.   

Segundo cargo. Manifiesto desconocimiento de  las      reglas      de      apreciación     de     las     pruebas.     

         Este   yerro  se configura, según el actor, por razón de que  el  Tribunal  ponderó  indebidamente  las pruebas recaudadas en el juicio oral,  por  dedicarse  más a atacar la valoración efectuada por el juzgador de primer  nivel, quien tuvo percepción directa en su realización.   

         Así,     para     empezar,     esa     Colegiatura    “tuvo  como  prueba reina una prueba documental consistente en un  video  gravado (sic) por el  canal   RCN   y   entregado  varios  días  después  editado  a  los  policías  investigadores”,  particularmente  por  el  agente  investigador      Álvaro      Antonio     Ropero  Barrera,  “quien como es  obvio  sólo  estaban  buscando  a  quien  echarle  la  culpa  y  volverlo chivo  expiatorio   de  la  comunidad,  ya  que  con  ese  comportamiento  y  el  video  reproducido  por  los  medios noticiosos hacían que ellos sintieran burla de la  comunidad”, sin respetar el procedimiento de cadena  de custodia.   

         Además,  añade,  dicho  video no fue apreciado en conjunto con la  demás  prueba,  como  sí  lo  hizo el sentenciador de primer grado. Al otorgar  valor  a  dicha  probanza,  precisa,  el colegiado también violó el derecho de  defensa  “cuando  en  una  instancia  en  donde  no  podemos  aportar  nuevas  pruebas  los  magistrados  le dan validez a una prueba  ilegal  llevada  al  proceso  y  ello  no  se  tuvo en cuenta en la sentencia de  segunda instancia”.   

         De  la  misma  forma,  prosigue,  se  violaron  los  principios  de  presunción   de   inocencia   e  in  dubio  pro  reo  en  detrimento  de  su prohijado, porque “se  partió  de  la base de la responsabilidad del acusado y por  esa   razón  siempre  se  intento  (sic) sólo buscar su condena”.   

         En   segundo  lugar,  cuestiona  la  valoración  otorgada  por  el  ad  quem  al testimonio de  Juan  Pablo  Murillo,  no  obstante   “fue   el  testigo  que  los  policías  intentaron  presionar  para  que declarara contra su trabajador y por esa razón  fue  llevado  al recinto de la audiencia y como es obvio éste mantuvo su verdad  y  demostró  que todo lo manifestado en su declaración fue más que suficiente  para  dejar  en  claro  que  este  testimonio  fue  totalmente  contrario  a los  intereses  de  la  fiscalía,  ya  que éste fue enfático al manifestar que los  policiales  habían  llegado  a  su  casa  con  el  acta elaborada y además que  pretendían  que  él  inculpara  a quien fuera su trabajador es decir al señor  JUAN    CARLOS   OBREGÓN   CAMPAZ   y   éste   no   le   hizo   caso   a   esa  infamia”.   

         Incluso,  sostiene, los uniformados obligaron al deponente a firmar  un  reconocimiento  videográfico  obtenido sin las formalidades previstas en la  Ley  906  de 2004, persiguiendo únicamente el Tribunal al otorgarle mérito que  “exista      otra     prueba     para     poder  condenar”.   

         La  valoración  de este medio de convicción, agrega, “por  haber  sido  dictada  en segunda instancia afecta el debido  proceso,   ya   que  se  variaron  las  reglas  mediante  la  cual  (sic)  se  había acusado al señor JUAN  CARLOS   OBREGÓN   CAMPAZ   y   con  elementos  nuevos  diferente  (sic)  a  los  apreciados por el juez de  conocimiento,  se  le  sorprendió  con  unos  análisis  totalmente  contrarios  (sic)   a  la  evidencia  material  que  reposa  en  el  expediente  y  las manifestaciones de los sujetos  procesales,  cuando en verdad estaban dadas todas las condiciones para confirmar  la    sentencia   de   primera   instancia”.    

         Por  lo anterior, expresa más adelante, se incurrió en errores de  hecho  sustentados “en plurales juicios de identidad  que  al  final  sólo  nos permiten demostrar que se realizaron interpretaciones  contrarias  a  las  normas  de  la  sana  critica  y solamente se estudiaron las  pruebas  de  acuerdo con el deseo del investigador y del fallador de obtener una  condena  y  no  de  ser  justo  con  el  procesado”.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  casar  el  fallo  impugnado  con el objeto de que se condene al procesado por el  delito  de  lesiones personales “con una incapacidad  mínima”  y, por consiguiente, se modifique la pena  impuesta, disponiéndose su libertad inmediata.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Impera precisar, en primer término, que si  bien  con  la Ley 906 de 2004 se amplió la cobertura para acceder al recurso de  casación   en   tanto   que,  a  diferencia  de  los  ordenamientos  procesales  precedentes,  ahora  es  viable contra todo tipo sentencias de segunda instancia  “en     los     procesos     adelantados     por  delitos”,  sin  que obre restricción alguna en relación con la autoridad que  la     profiere,     y     eliminarse     la    exigencia    del    quantum  de  pena  del  delito,  ello no  significa  que  quien  acuda  a  este  medio  de  impugnación  esté  exento de  satisfacer una serie de requisitos formales.   

Así, de conformidad con el artículo 184 de  dicha  normatividad,  para  que  la demanda de casación sea admitida es preciso  que  se  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales, lo cual  impone  contar  con  interés para impugnar, señalar la causal, desarrollar los  cargos  de  sustentación del recurso y demostrar que es necesario el fallo para  cumplir  alguno  de  los fines establecidos para el recurso en el artículo 180,  siendo  estos, la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de   los   intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  sufridos  y  la  unificación de la jurisprudencia.   

Por     consiguiente,    sólo   se   admitirán   las   demandas   que  exhiban  una adecuada  estructura                lógica   y  cuenten   con   una  argumentación  mínima orientada a ofrecer las razones  de  disenso  frente  al  fallo  impugnado,  a más de  persuadir    que    se    precisa    del  fallo  para  lograr alguno de los fines  del  recurso,   taxativamente   contemplados  en  el  aludido     artículo  180.   

Lo dicho en precedencia, sin embargo, no es  óbice         para     que     la     Corte    “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia   planteada”,   como   lo   prescribe  textualmente  el  citado  artículo  184, supere los defectos de la demanda para  decidir  de  fondo,  lo  cual  se  corresponde  totalmente  con  la orientación  marcadamente teleológica que tiene ahora el recurso.    

Con  esa  misma  visión  también se puede  presentar  la  hipótesis  contraria, esto es, que inadmita la demanda no empece  verificar  que cumple con los reseñados presupuestos lógicos argumentativos al  advertir  que,  acorde con los fines que la orientan, no se precisa del fallo de  fondo.   

Pues  bien,  respecto  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de JUAN CARLOS  OBREGÓN  CAMPAZ  se impone precisar que no cumple con  las   exigencias   señaladas  para  su  admisión  por  múltiples  razones,  a  saber:    

Porque   en   su   totalidad,   esto  es,  comprendiendo  los  dos  reparos  instaurados,  utiliza una redacción confusa e  incoherente  que,  sin  lugar  a  dudas, no colma los presupuestos de claridad y  concisión que se exigen legalmente para su admisión.   

Adicionalmente,   tan  ambiguas  son  las  propuestas   que,   por   ejemplo   en   el   segundo  cargo,  sustentado  en la causal tercera de casación  por  el invocado desconocimiento manifiesto de las reglas de apreciación de las  pruebas,  involucra  aspectos  y temáticas que no son propios de esta causal de  casación,       como       la       violación       del       derecho       de  defensa.                

Para  la  Sala  no  se remite a duda que la  vulneración  del derecho constitucional referido por el actor tiene su marco de  discusión  en  el  motivo  segundo  de  casación,  el  cual  procede  ante  el  “desconocimiento del debido proceso por afectación  sustancial   de   su   estructura  o  de  la  garantía  de  cualquiera  de  las  partes”,  que  no  sólo no tiene ninguna relación  con  la  causal  que  eligió  el  demandante  para  atacar  el fallo, sino que,  adicionalmente,  ha  debido  plantearlo  en  forma separada como única forma de  facilitar su comprensión.   

De  acuerdo con los principios que rigen el  recurso  de  casación,  por  conservar  su naturaleza rogada y erigir un juicio  técnico-jurídico  que  obliga  al demandante a sustentar su propuesta mediante  una  argumentación  coherente,  es  necesario  que  cuando  se trata de asuntos  conceptualmente  diversos  y,  con  mayor  razón  cuando  tienen  fundamento en  diversas  causales  de  casación,  como  aquí  sucede,  las censuras deben ser  abordadas  por  separado  conforme  al  principio  de autonomía, máxime si son  excluyentes,    para   evitar   transgredir   el   postulado   lógico   de   no  contradicción.   

Dichas  exigencias,  con el fin de conjurar  confusiones  argumentativas  y temáticas que puedan entorpecer el entendimiento  de  la propuesta, pues si bien se tiene dicho de tiempo atrás que el recurso de  casación   cuenta  con  una  serie  de  reglas  técnicas,  señaladas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por la jurisprudencia, con el propósito de que no  se  convierta  en  una tercera instancia, lo cierto es que aquéllas no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de  sus  reparos,  de  suerte  que  resulten  inteligibles  en cuanto precisos y  claros,  dado  que  no  corresponde  a  la  Sala,  en  desarrollo de su función  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   recurrentes   en  casación.   

Otro  tanto  ocurre  con  la  primera  censura donde no obstante invocar  la  causal  primera prevista en el artículo 181 del estatuto procesal penal, la  cual  concierne,  como  lo  tiene  sentado  la  Sala, a la denominada violación  directa  de  la ley sustancial, específicamente por interpretación errónea de  un   precepto  legal,  no  se  cumple  con  los  presupuestos  inherentes  a  su  naturaleza.   

En  efecto, es de la esencia de este motivo  casacional  sujetarse  a los fundamentos fácticos y probatorios de la decisión  impugnada,  como  quiera que el error se contrae a un debate puramente jurídico  que  deviene  de  la  falta  de aplicación (no se selecciona la norma llamada a  regular  el caso), de su aplicación indebida (se escoge para solucionar el caso  una  preceptiva  que  no es atinente) o de su interpretación errónea (en donde  si   bien   se   selecciona   la  normativa  correctamente,  se  le  otorga  una  hermenéutica equivocada).   

De  modo  que,  aunque esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de la ley sustancial, contemplada en el numeral tercero del artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, siempre a condición de que el censor demuestre que  el  fallador  incurrió  en errores de hecho o de derecho, los primeros producto  de  falsos juicios de existencia, de identidad o raciocinio y, los segundos, por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción, que a su vez generan  violación  de  la  ley  sustancial,  bien porque el precepto aplicado no debió  serlo   o   en   cuanto   se   dejó   de   aplicar  el  llamado  a  regular  el  caso.    

Precisamente  por la disímil esencia entre  las  dos  causales aludidas, se colige también que son excluyentes y, por ende,  deben  ser  formuladas a través de reparos independientes, con el fin de evitar  la  vulneración de los ya referido principios regentes de la materia casacional  de  autonomía  y  no  contradicción,  consagrados  en  procura de preservar la  claridad  y concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y  estudio.   

Desacatando  las anteriores directrices, en  este  reparo  se incurre en tal falencia cuando anuncia que tiene sustento en el  motivo  primero  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004 y, acto seguido, en su  desarrollo,  se  aparta  de  los presupuestos fácticos y probatorios del fallo,  para  adentrarse  en  una  discusión  de  esta  última  índole  eventualmente  compatible          con          la         causal         de         violación  indirecta.          

Corolario   de   lo   dicho,  surge  como  conclusión  irrefutable  que  la violación directa de la ley sustancial no era  la  vía  apropiada para impugnar la decisión de acuerdo con los planteamientos  del  censor  expuestos  en el primer cargo y que, desde esa perspectiva, incurre  en  un  defecto  insalvable que conduce a su inadmisión, cuando, so pretexto de  tal     motivo,     involucra     una    discusión    referida    al    mérito  probatorio.      

Ahora,  este defecto no se puede tomar como  meramente  nominal,  esto  es,  en  cuanto  del  contenido de la censura pudiera  extraerse,  con  la  indispensable claridad, un error de apreciación probatoria  compatible  con la violación indirecta de ley sustancial prevista en el numeral  3°  del  artículo  181 del estatuto adjetivo penal, con la magnitud suficiente  para  socavar  la  legalidad  del  fallo, lo que igual  sucede   con   el  segundo  reproche,   donde sí postula esta causal.   

Ello,  dado  que  en  ninguna  de  las  dos  censuras  centra  la  discusión  en  la  demostración de uno cualquiera de los  errores  de  apreciación  probatoria  con incidencia para derruir el fallo, por  vía,  como  ya  se  dijo,  de  errores  de hecho, derivado de falsos juicios de  existencia,  identidad  o  raciocinio, o de derecho, originado en falsos juicios  de  legalidad  o  de  convicción,  sino que, aún en el segundo reparo en donde  apenas  enuncia  la  concreción  de  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,  confundiéndolo  por cierto con el falso raciocinio, circunscribe el  cuestionamiento  al  mero esbozo de su disparidad personal sobre la forma como a  su juicio han debido valorarse las pruebas.     

Al  respecto,  bastante se ha insistido por  esta  Sala  en el sentido de que el recurso de casación no está concebido para  dirimir  discusiones que surjan de la convicción personal que se tenga sobre la  apreciación  probatoria,  pues  no constituye una tercera instancia y porque el  fallo  sometido a revisión llega a la sede cobijado por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  la cual no se desvirtúa con la simple exposición de un  criterio  particular,  según  ya  se  anotó  tampoco  claro  y suficientemente  explicado,  sino  con  la  demostración de errores trascendentes que socaven su  constitucionalidad o legalidad.   

     

Las  falencias  indicadas atentan contra la  claridad  y  concisión  que legalmente se exige de la demanda, pues no obra una  mínima  argumentación  dirigida  a  demostrar los errores atribuidos al fallo,  circunstancia   que,  consecuentemente,  torna  ineludible  su  inadmisión,  de  conformidad  con  lo  normado  en  los  artículos  183  y  184 de la Ley 906 de  2004.   

Se arriba a idéntica conclusión, además,  porque  del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no  encuentra  procedente  la Sala la necesidad en este caso de superar los defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.    

         

Ahora bien, habida  cuenta  que  contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 184 de la misma codificación  adjetiva,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de acatarse  las  reglas  fijadas  por  la  Sala  en  tal sentido1.   

         

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor  de    JUAN   CARLOS   OBREGÓN   CAMPAZ,     por     las    razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

         

De conformidad con lo dispuesto en el inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos  referidos  en  el  acápite  final de esta determinación, contra esta decisión  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                      GUSTAVO       ENRIQUE       MALO       FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                  JULIO   E.   SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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