39675(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  376  

Bogotá,  D.C.,  diez (10) de octubre de dos  mil doce (2012)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  la  apoderada  de  la  firma  Hernando Bueno Figueroa y  Asociados  S.  en C., vinculada como tercero civilmente  responsable,  en contra del fallo del 16 de abril de 2012, a través del cual el  Tribunal   Superior  de  Buga  revocó  parcialmente  la  decisión  de  primera  instancia,  en  el  sentido  de condenar a la mencionada sociedad al pago de los  perjuicios   civiles   de   orden  moral,  dentro  del  proceso  seguido  contra  Manuel    Antonio    Rodríguez   Pineda, por el delito de homicidio culposo.   

H E C H O S  

Hacia  las  7:50 a.m. del 28 de noviembre de  2005,  el  vehículo tipo tractor, conducido por Manuel  Antonio   Rodríguez  Pineda,  en  el  cual  viajaban,  además,  Alexander  Torres y Freddy Pomea Mosquera, sufrió un volcamiento a la  altura  del  puente  Agua  Azul, sobre la vía  que comunica las veredas La  Buitrera  y  Chontaduro,  ubicadas en jurisdicción del municipio de Palmira. En  dicho  vehículo, se transportaba un tanque de agua de 500 galones, amarrado con  un   cable,   el  cual  cayó  al  río  al  pasar  por  el  mencionado  puente,  ocasionándose así la muerte de Pomea Mosquera.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  hechos  anteriores,  el  13 de  diciembre  de  2005,  una  vez  superada la investigación previa, el Fiscal 149  Seccional  de  Palmira abrió la correspondiente instrucción. Así mismo, el 27  de  igual  mes  admitió  la  constitución  como  parte civil del representante  judicial  de  las  víctimas;  el  10 de marzo de 2006 escuchó en indagatoria a  Manuel    Antonio    Rodríguez   Pineda  y  el 9 de mayo siguiente, a solicitud de la parte civil, vinculó  como    tercero    civilmente    responsable    a    la    firma    Hernando   Bueno   Figueroa   y   Asociados   S.  en  C.   A  través  de  resolución  del  7  de  noviembre  de 2007,  acusó   al   mencionado  Rodríguez  Pineda como autor  del  delito  de homicidio culposo (artículo 109 del Código Penal), providencia  que   cobró   ejecutoria  el  26  del  mismo  mes  y  año.   

2.  La  causa  fue adelantada por el Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de Palmira, despacho que, luego de correr el traslado  del  artículo  400 de la Ley 600 de 2000 y celebrar las audiencias preparatoria  y  pública  del  juicio,  el  31  de  enero  de  2012  condenó  a Manuel  Antonio  Rodríguez  Pineda  a las  penas  principales  de  2  años  de prisión, multa por cuantía de $7.630.000,  privación  del  derecho  a conducir vehículos automotores y motocicletas, así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por el mismo término de la pena privativa de la libertad,  como autor del delito por el que fue acusado.   

Además,   lo  condenó  al  pago  de  los  perjuicios  morales,  por  cuantía  de  $15.260.000  (equivalente a 40 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes), derivados de la ejecución de la conducta  punible,    de    manera    solidaria    con   el   particular   Rolando   Reina  Sánchez.   

Apelada  la sentencia de primer grado por el  apoderado  de  la  parte civil, el Tribunal Superior de Buga, en fallo del 16 de  abril  de  2012,  modificó su  numeral  tercero,  en  el  sentido de incluir al tercero civilmente responsable,  Hernando   Bueno   Figueroa   y   Asociados   S.   en  C.,  como  responsable  del  pago  solidario  de  los  perjuicios morales ocasionados a las víctimas.   

Inconforme  con lo resuelto, la apoderada de  dicha  firma  formuló  y  sustentó  oportunamente el recurso extraordinario de  casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La   apoderada   del   tercero  civilmente  responsable,  Hernando Bueno Figueroa y Asociados S. en  C.,  luego de señalar en escrito separado que la  Sala  debe  admitir  discrecionalmente  la  demanda  de casación, con el fin de  garantizar  los  derechos  fundamentales  de  su  asistido,  en  especial  el de  pronunciarse     sobre     “los     medios     de  defensa”,   y  desarrollar  la  jurisprudencia  sobre  la  responsabilidad  del  tercero civilmente responsable, presenta sendos  cargos  con  fundamento  en  las  causales  de  casación  tercera y primera del  Código de Procedimiento Penal de 2000.   

Solicita   a   la  Corporación  que  case  integramente  la  sentencia  y,  en  consecuencia,  absuelva  a  la sociedad que  representa,   “debiéndose  proferir  fallo  acorde  con    la  prosperidad  del  cargo  propuesto  y  la  causal  de  casación  igualmente   mencionada   con  posterioridad”.  Así  mismo,  reclama  la  casación  del  fallo  impugnado por el cargo de violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  según  la petición subsidiaria.  Sus  argumentos se resumen así:   

“Petición  principal”   

Al  amparo  de  la  causal  de  que trata el  artículo  207,  numeral  3,  de  la  Ley  600  de 2000, la censora denuncia una  irregularidad    sustancial    que   ‘obligaría’ a  disponer   la   nulidad  de  lo  actuado  desde  la  resolución  de  cierre  de  investigación.   

Alega      que      la   fiscalía,   en  contravía  de  lo  consagrado  en  los  artículos  20  y   

24  de  la  Ley  600 de 2000, desconoció el  principio  de  investigación  integral,  toda  vez  que mientras la parte civil  solicitó  la  vinculación  del  tercero  civilmente  responsable  por  ser  el  propietario  del  vehículo  que ocasionó el siniestro, el acusador, al admitir  la  demanda de parte civil y acceder a dicha vinculación, no advirtió que más  allá  de  la  manifestación  del  entonces  sindicado,  en  el  sentido de que  trabajaba  como  administrador de la finca Cantaclaro, no existía prueba alguna  de   la   propiedad   del   vehículo   en   cabeza  de  la  firma  Hernando  Bueno  Figueroa y Asociado, ni la  fiscalía lo allegó.   

Por  el  contrario,  agrega, al contestar la  demanda,  dicha  sociedad  demostró  que  no  era  la  propietaria del tractor,  situación  que  obligaba  a la fiscalía a demostrar esa circunstancia, la cual  fue  alegada  por  la  parte civil, sin que tal carga pudiera acreditarse con la  aseveración  del  sindicado.  Por  no  hacerlo así, el ente acusador violó el  deber  de  imparcialidad en la búsqueda de la prueba. Lo anterior condujo a una  incongruencia  entre  las  razones  que  motivaron  la  vinculación del tercero  civilmente  responsable  y  las que manifestó el Tribunal, a la hora de deducir  su responsabilidad al pago de los perjuicios.   

Por  lo  tanto,  la  prueba que la fiscalía  indebidamente  omitió  recaudar  fue  la  propiedad del rodante en cabeza de la  sociedad      Hernando     Bueno     Figueroa     y  Asociados,   a  través  de  la  inscripción  en  el  registro.  Y  aún  cuando  es  cierto  que  el  tractor  no tenía placa, dicha  situación  debió  ser  dilucidada  por  el acusador. De haber obrado la prueba  reclamada,  se  habrían  resuelto  de  manera  favorable  las  pretensiones del  tercero civilmente responsable.   

“Petición  subsidiaria”       

Con apoyo en el artículo 207, la demandante  sostiene  que  el  juzgador  violó indirectamente normas de derecho sustancial,  como  consecuencia  de  incurrir en falso juicio de identidad por adición,  el  cual  perjudicó  a su asistida, pues no tenía obligación de pagar la suma  objeto de condena.   

Así, sostiene que la injurada del sindicado  “no  daba” para concluir  que  al  momento  de  la  muerte  de  la víctima aquel desarrollaba una acción  vinculada  con su actividad laboral, de suerte que el juzgador le dio un alcance  que  no se le podía atribuir de forma objetiva. Alega que el entonces sindicado  expresó  que  trabajaba  como  administrador  de  la  hacienda  Cantaclaro,  de  propiedad  de  la  firma  Hernando  Bueno  Figueroa  y  Asociados  S.  en  C.,  que  el  tractor que estaba al  servicio  de  aquella fue llevado allí en arrendamiento y que con él realizaba  los trabajos propios de la finca.   

Pero,  nunca  dijo, y es allí donde, según  dice,  se  evidencia  la  indebida  adición  de  la  prueba,  que  la labor que  desempeñaba  en  el  momento  del  hecho  trágico  fuera propio de su gestión  laboral,  sino que se encontraba colaborando en la construcción de una torre de  comunicaciones  para  otra  empresa. Tampoco es cierto, agrega, que el procesado  hubiera  dicho  que  el  insuceso ocurrió en predios de la mencionada hacienda,  sino  en  una carretera aledaña al mismo, particularmente al llegar a un puente  en  una  vía rural, afirmaciones de las cuales el fallador extrajo conclusiones  que  no  fueron  objeto  de  pretensión  por  la  parte civil y condujeron a la  condena al pago de perjuicios en contra del tercero.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  Corporación  anticipa  su  decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación,  toda vez que incumple los requisitos de lógica, claridad, debida  fundamentación  y  trascendencia, consagrados en el artículo 212 de la Ley 600  de 2000, y desarrollados ampliamente por su jurisprudencia.   

1.  La  demanda  contiene varias importantes  inconsistencia  en  la postulación de los cargos, las cuales impiden conocer la  verdadera  intención  de  la libelista; aquella alega que se debe absolver a su  representada  por  razón  del  cargo principal, solicitud que no resulta acorde  con  lo  alegado,  pues,  en  principio,  un  cargo  de  nulidad no acarrea como  consecuencia  una  sentencia  absolutoria.  Por  otra parte, hace mención de un  cargo  subsidiario  de  violación directa de la ley sustancial que no existe en  el escrito.   

2.  El   argumento  que  desarrolla  el  cargo  principal   carece   de   una   petición    concreta    y,    además,   resulta  intrascendente    para    acreditar    un    vicio    de    estructura    o   de  garantía.   

2.1.  La Sala encuentra que la impugnante no  precisa  con  claridad  cuál  es su pretensión; y aún cuando es cierto que al  inicio    del    cargo    menciona    que   la   irregularidad   “obligaría”  a decretar la nulidad desde  el  cierre  de  investigación,  también lo es que tal afirmación carece de la  asertividad  necesaria  como  para  afirmar  con  precisión la naturaleza de la  pretensión.  Además,  la  recurrente  alega  en  el  escrito  que  aspira a la  absolución  de su asistida respecto de la responsabilidad civil, petición que,  como ya se señaló, no corresponde a la de un reproche de nulidad.   

2.2.  Ahora  bien,  recuérdese  que en este  cargo,  la demandante plantea que la fiscalía violó el deber de investigación  integral  por cuanto, como era su deber, no aportó prueba que acreditara que la  firma  vinculada como tercero civil responsable fuera la propietaria del tractor  siniestrado.   

Al  respecto,  la  Corte tiene que decir que  ninguna  relevancia  tiene  la  supuesta  omisión,  pues el fallador, de manera  atinada,  con  el  fin de sustentar la responsabilidad de la mencionada sociedad  invocó  los  artículos  2347 y 2349 del Código Civil, los cuales consagran el  deber   de   los   empleadores  de  responder  por  el  daño  causado  por  sus  trabajadores,  con  ocasión  del  servicio  prestado,  lo  que por parte alguna  involucra la circunstancia que alega la censora.   

Así,  surge  nítido  que  la  prueba de la  propiedad  del  vehículo  carece  de  relevancia  para derribar los fundamentos  probatorios  de  la  sentencia,  sin  que,  por  otra  parte, sea exigible en el  proceso  penal  la  congruencia que propone la recurrente, pues lo cierto es que  el  juzgador  encontró demostrados los elementos señalados por la legislación  sustantiva  civil  que  le  permitieron condenar patrimonialmente a la sociedad,  determinación  que encuentra sustento en el artículo 16 de la Ley 600 de 2000,  según  el  cual  el  funcionario judicial tiene el deber de hacer prevalecer el  derecho    sustancial    y   buscar   su   efectividad,   el   56   ibid  que obliga al juzgador a condenar al  responsable     de     los    daños    ‘de  acuerdo  a  lo  acreditado  en  la  actuación’   y,   en  especial,  el  21  del  mismo estatuto que lo compulsa a hacer cesar los efectos  creados por la comisión de la conducta punible.   

Téngase  en  cuenta,  además,  que  no fue  solamente  la condición de propietario del vehículo la que motivo la petición  de  vinculación  del tercero civilmente responsable formulada por el abogado de  la  parte  civil,  sino principalmente la de trabajador de la firma Hernando  Bueno  Figueroa  y  Asociados del  hoy  procesado;  más  aún, dicha circunstancia -la propiedad del automotor- no  fue  tenida  en  cuenta  de  manera  explícita  por  la fiscalía al momento de  admitir  la  solicitud de vinculación del tercero, como si lo fue la última de  las mencionadas, esto es, la de dependencia respecto del patrón.   

De  igual  manera,  de  la  lectura  de  la  providencia  impugnada  se  concluye  que  aún  cuando  en  ella se dice que la  mencionada  empresa  era  “la titular del derecho de  propiedad   del   tractor”,  lo  cierto  es  que  el  fundamento  de  la  condena  fue  sin duda la dependencia entre el conductor del  vehículo y la aludida firma.   

2.3.  Por  lo  tanto,  la  casacionista  no  precisa,  ni  la Sala lo avizora, qué trascendencia pueda tener la prueba de la  propiedad  del  tractor  con  el  que  se  produjo  el  resultado dañoso con el  fundamento  probatorio  de  la  condena  en  perjuicios  al  tercero  civilmente  responsable.  Al  respecto, es necesario recordar que, como la jurisprudencia de  la  Sala  lo ha reseñado, lo decisivo para configurar la violación al deber de  investigación  no  es la omisión probatoria por ella misma, sino su relevancia  frente a la estructura argumentativa de la decisión impugnada.   

3.  A       través       del       cargo  subsidiario la recurrente alega que la firma condenada  no  tenía  el  deber de responder por el pago de perjuicios, toda vez que de la  indagatoria  del  entonces  sindicado  no se extrae que al momento del siniestro  estuviese  prestando  servicios  a  la empresa Hernando  Bueno Figueroa y Asociados S. en C.    

3.1.  La  impugnante  incurre en un yerro de  debida  fundamentación  que  necesariamente  da al traste con sus pretensiones,  pues  es  notoria la falta de mención de las normas sustanciales vulneradas, lo  cual  constituye  la  más  básica  de  las  exigencias al postular un cargo de  violación indirecta de la ley sustancial.   

Y   aún   cuando   la  casacionista  cita  tangencialmente  la  violación  de  los  artículos  46  y  140  del Código de  Procedimiento   Penal,   lo   cierto   es   que   ello  resulta  manifiestamente  insuficiente,  pues  aparte  de que no precisa el sentido de la violación, esto  es,   si   los   artículos   fueron   vulnerados   por   aplicación  indebida,  interpretación  errónea  o  exclusión  evidente,  no  enseña el contenido de  dichas  normas  ni  formula argumentación alguna que permita dilucidar cuál es  la clase de violación que invoca.    

Por  otra parte, olvida citar y demostrar la  violación  de  otras  normas  igualmente  relevantes, como lo serían el 2347 y  2349  del  Código  Civil.  Tampoco la enunciación de los artículos 232 y  siguientes  de  la  Ley  600  de  2000  satisface  la  exigencia de proposición   jurídica   completa,  pues  dichos  artículos  se  refieren  al tema probatorio, no a lo sustancial, por lo  que  a  lo  sumo  se dirá que son normas medio que conducen a la infracción de  normas  sustanciales, las cuales, insiste la Sala, no aparecen precisadas.    

3.2.  En  todo  caso,  la  supuesta adición  probatoria  que  propone  la censora, aún cuando se acreditara su materialidad,  carecería  de  relevancia  para mutar el sentido del fallo, pues no consulta el  verdadero  contenido de la sentencia; en efecto, en ésta se concluye, con apoyo  en  el  certificado  de  existencia  y  representación de la firma Hernando   Bueno   Figueroa   y   Asociados   S.  en  C.  y el testimonio de Julio César Pomeo Cabrera, que sí existía la  relación  de  dependencia  entre  el  trabajador y el patrón que la impugnante  niega,  toda  vez  que  el  tractor empleado por el procesado fue rentado por el  ingeniero  Diego  Fernando  Mendoza, como contratista de la empresa Micol  Ltda, “lo  cual,  a  no  dudarlo,  indica  el  pago de ese arriendo a la sociedad demandada  Hernando  Bueno  Figueroa  y  Asociados  S.  en  C.  en  cuyo giro normal de sus  negocios   estaba   precisamente  celebrar  ese  tipo  de  contratos”.   

3.3. Así, entonces, el reproche de adición  probatoria  como  tal  nada demuestra para los fines del recurso extraordinario,  pues  la recurrente confunde la prueba con lo probado, esto es, el contenido del  dicho  del  declarante  con aquello que de él infirió el sentenciador, lo que,  en  últimas,  la  conduce  a  elaborar  un  discurso que solamente pretende una  apreciación  de  las  atestaciones  del  procesado acorde con los intereses que  representa.   

3.4.  En  esas  condiciones,  el  yerro  de  apreciación  que  pregona  la  recurrente, que en su sentir recayó en el dicho  del  penalmente  responsable  Manuel Antonio Rodríguez  Pineda,  ninguna  trascendencia tiene para derribar la  construcción  argumentativa  de la sentencia, pues el juicio de responsabilidad  del  tercero  civilmente  responsable no se fundó exclusivamente en la versión  de aquel.        

4.  Por último, aún cuando la libelista se  esfuerza  en  acreditar  la  necesidad  de que se admita la demanda de casación  para  que  la Corte elabore un desarrollo jurisprudencial acerca de los derechos  del  tercero  civilmente  responsable,  lo cierto es que la abogada no demuestra  esa  necesidad,  comoquiera que olvida que en numerosas oportunidades la Sala se  ha       ocupado       de       ese       tema1,  sin que ahora acredite cómo  es  que  las  posturas  ya  fijadas  no son aplicables al caso, deban orientarse  hacia  otro rumbo, o bien que se requiera avanzar hacia un tema no desarrollado,  con  la  seguridad  de  que  éste  habría  de  concurrir  a  la  solución del  caso.   

5.     En  conclusión,  por   las   razones   precedentes,  los  cargos  formulados  por  la  representante  judicial  del  tercero  civilmente  responsable  adolecen  de una  deficiente  fundamentación,  razón  por  la  cual,  como  ya  se anticipó, la  demanda  será  inadmitida  a esta sede extraordinaria, sin que, por otra parte,  la  Corte  evidencie  del estudio de las diligencias la necesidad de superar los  defectos  del libelo con el fin de corregir de manera oficiosa alguna violación  a las garantías fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por la  apoderada  del  tercero  civilmente  responsable,  Hernando   Bueno   Figueroa   y   Asociados   S.  en  C.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ              LUIS              BARCELÓ  CAMACHO                    FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   MUÑOZ                           LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO            

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                            JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia  del  5  de  diciembre,  7 y 19 de noviembre de 2002, radicaciones No.  18863,  16994  y  18619; sentencias del 10 de agosto, 15, 7 de septiembre y 6 de  julio  de  2005,  radicaciones  20489, 20003, 23925 y 17829; más recientemente,  sentencia   del   22   de   junio   de   2011,    rad.  36734  entre  otras  muchas.     

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