39606(01-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No.364  

Bogotá D.C., primero (1°) de octubre de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del acusado Daniel  Alberto  Fuel  Arroyo  contra la sentencia de segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Pasto el 4 de junio pasado, a través de la cual revocó  la  dictada  por el Juzgado Segundo Promiscuo de Familia el 26 de marzo del año  que   trascurre,   en  la  que  había  absuelto  al  procesado  del  delito  de  homicidio.   

ANTECEDENTES  FÁCTICOS   

Fueron   consignados   en   la   sentencia  así:   

Se  sabe que siendo aproximadamente las 9.30  de  la  noche  del 28 de febrero de 2010, en el sitio donde se encuentra ubicado  el  Puesto  de  Salud  de  la  vereda  Yamuesquer, comprensión del municipio de  Potosí  (Nariño),  se presentó un enfrentamiento entre dos grupos de personas  que  se  transportaban en sendas motocicletas, producto del cual resultó muerto  Wilson  Germán Guamelamag Recalde, acción atribuida al adolescente Daniel Fuel  Arroyo”.   

ANTECEDENTES    PROCESALES    RELEVANTES   

          1.  Por  los  hechos antes referenciados, la Fiscalía General de la  Nación  el  30  de junio de 2010, presentó escrito de acusación contra Daniel  Fuel  Arroyo,  por  el  delito  de  homicidio. Dicha acusación fue formulada en  audiencia del 12 de julio siguiente.   

2.  Agotado  el  juicio  oral,  el  Juzgado  Promiscuo  de  Familia del municipio de Ipiales profirió sentencia condenatoria  de  fecha  26  de  marzo  de  2012, en la que absolvió del cargo de homicidio a  Daniel  Fuel  Arroyo, quien para la época de los hechos contaba con 17 años de  edad.   

          3.  El  fallo  de  primera instancia fue recurrido por la fiscalía,  recurso  en razón del cual el Tribunal Superior de Pasto el 4 de junio de 2012,  revocó  la  sentencia  de  primer  grado, condenando a Daniel Fuel Arroyo, como  autor  del  delito  de  homicidio,  imponiéndole  como  sanción  tres años de  privación de la libertad.   

          4.  Contra  el  anterior fallo, el defensor del procesado recurre en  casación, siendo este el objeto del actual pronunciamiento.    

LA DEMANDA  

          Plantea  como  causal el manifiesto desconocimiento de las reglas de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se ha fundando la  sentencia,  toda  vez  que se incurrió en un error de hecho por falso juicio de  identidad.   

          Señala  que  los  hechos muestran que se confrontaron dos grupos de  personas,  por  un lado se encontraban Wilson Germán y Jaime Roberto Guamelamag  y  Edison  Emilio  Lucero,  y  por  otro,  Daniel  Alberto  Fuel Arroyo y Wilmar  Alexander  Arcos  Fuel,  quienes son los únicos testigos de lo acontecido el 28  de febrero de 2010.   

          Comienza  por  analizar  cada  una  de las versiones de las personas  citadas   en   precedencia,   iniciando  por  el  testimonio  de  Jaime  Roberto  Guamelamag,  de  quien  señala,  incurrió  en  contradicciones  respecto de la  entrevista  vertida  el  8  de  abril  de 2010, con la rendida el 20 de mayo del  mismo  año,  pues  en  la primera indicó que vio cuando el acusado le pegó la  puñalada  a  su  hermano  Wilson Germán, mientras que en la segunda manifestó  que no vio “exactamente” ese suceso.   

          “Y  al  ser contrainterrogado apoyado en los documentos en los que  constaban   las  declaraciones  previamente  rendidas,  comienza  una  serie  de  contradicciones,  excusas por falta de memoria y suposiciones concluyentes de lo  que  pudo  haber  pasado,  se  torna  en  un  testigo  agresivo,  intimidante  e  irrespetuoso”.   

          No  considera  creíble  la afirmación del testigo acerca de que no  haya  advertido  el  momento  en  el que su pariente recibió la puñalada en el  pecho   a  pesar  de  que  según  su  dicho,  se  encontraba  a  dos  pasos  de  distancia.   

          Critica  que  en  el  momento  en  el  que se le puso de presente la  entrevista  en  la que afirmó lo contrario, se haya negado a reconocer su firma  en  el documento, negando que él haya hecho tal señalamiento. Sin embargo, fue  este  testimonio  el  que en últimas fundó la sentencia condenatoria contra su  representado,  a  pesar  del  nerviosismo  que  se  evidenció cuando rindió su  declaración,  circunstancia  que hace de su testimonio carente de credibilidad.   

          En  palabras  del  recurrente:  “Tenemos  entonces  que  la  prueba  testimonial  en  lo  que  respecta  a  Jaime  Roberto  Guamelamag,  es  una prueba material que obra en el proceso a la que el Tribunal  le  ha  concedido  una  supervaloración porque finalmente el testigo no vio, no  presenció,  no  le consta, no es fuente directa para esclarecer la verdad, como  no lo es tampoco el testimonio del joven Edison Emilio Lucero”.   

          Continúa  su  escrito,  analizando  el  testimonio de Edison Emilio  Lucero,  a  quien acusa de haber recitado un libreto, además de no haber estado  en  capacidad  de  observar el momento en el que el occiso fue herido, ni cuando  cayó  al  piso, por lo que el fallo no se puede fundamentar en declaraciones de  personas  que no presenciaron el suceso criminal, lo cual va en contravía de lo  preceptuado  en  el  artículo  402  del  Código de Procedimiento Penal, cuando  señala  que el testigo sólo podrá declarar lo que en forma directa y personal  hubiese tenido ocasión de observar o percibir.   

          Añade  que  la  sentencia  condenatoria se aleja de lo postulado en  los  artículos 402 y 404 de la Ley 906 de 2004, referidos a la apreciación del  testimonio y al conocimiento para condenar.   

          Luego  entra  a  resaltar  los testimonios de descargo dentro de los  que  se  incluye  el  del  propio  acusado  y el de Wilmar Alexander Arcos Fuel.   

          Al  referirse  al  testimonio  del  acusado  lo califica de creíble  frente   a   la  actitud  serena,  respetuosa  y  colaboradora  asumida  por  el  declarante,  de  donde  debe darse por cierto su afirmación, según la cual él  no  peleó  con Roberto Jaime Guamelamag, sino que fue su primo Wilmar Alexander  Arcos.   

          Cuando  aborda  el estudio de este último sujeto, indica que él es  quien  aceptó  ser  el  único  que  confrontó  al occiso, hiriéndolo con una  navaja,  siendo  ésta  la única arma presente en la escena, sin embargo, el ad  quem  resta  credibilidad  a  tal  exposición.  No obstante la versión de este  testigo,  la  fiscalía  nunca  lo  consideró  partícipe del delito, pues ello  facilitaba  que  Daniel Alberto Fuel, fuera declarado como el único responsable  del homicidio.   

          “Finalmente, la tarea que debió cumplir  el  Tribunal  era  la  de  contextualizar  los medios de prueba recaudados en el  proceso,   valorarlos   en  su  integridad  para  obtener  la  realidad  de  los  acontecimientos,  no  lo  hizo,  dejando  de  lado  el  mandato  plasmado  en el  artículo 380 del Código de Procedimiento Penal”.   

          Solicita  que se case la sentencia del Tribunal de Pasto, en orden a  que  se  reviva  el  fallo  absolutorio  del  juez  de  primera instancia.    

         

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

    

1. Calificación de la Demanda     

No obstante que la Corte ha precisado que en  la  Ley  906  de  2004  no  se  distingue entre recurso de casación por la vía  común  y  por  la  discrecional,  al  eliminar  la  exigencia  del quantum  de  pena del delito por el que se  procede  para  acceder  a  tal  impugnación,  también lo es que corresponde al  demandante  acreditar  la afectación de derechos o garantías fundamentales, lo  cual   le  impone  contar  con  interés  para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del  recurso  y  demostrar  que  es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de la referida normatividad para la  mencionada  impugnación,  esto  es,  la  efectividad  del  derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos   por   éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia1.   

         Además,  se  tiene  que de acuerdo con la  preceptiva  del  artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, no será admitido el  libelo   cuando el demandante carezca de interés, no señale la causal, no  desarrolle  adecuadamente  los cargos de sustentación, o cuando se advierta que  no   es  necesario  el  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso.   

Una   vez   clarificado  lo  anterior,  se  abordarán las censuras postuladas por el impugnante.   

     

1. Violación  indirecta de la norma  sustancial   por   error   de   hecho   derivado   de   un   falso   juicio   de  identidad     

         El   recurrente  plantea  como  único  cargo  el  indicado  en  el  enunciado  anterior,  toda  vez  que  a  su parecer el fallador de segundo grado  desconoció  las  reglas  de producción y apreciación de la prueba testimonial  sobre la cual se fundó la sentencia contra su representado.   

         Sin  embargo  el  recurrente,  olvida  precisar la forma en que los  testimonios          fueron         indebidamente         apreciados,  cuando  alude  a  un  falso juicio de  identidad, según las exigencias que se indican a continuación.   

En   tratándose   de   error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad,  que  es  el motivo que se invoca en la demanda objeto de estudio,  “éste  se  presenta  cuando el juzgador al apreciar  una  determinada  prueba,  falsea  su  contenido  material,  bien porque le hace  agregados  que  no  le  corresponden  a su texto (tergiversación por adición),  porque  omite tener en cuenta apartes importantes del mismo (tergiversación por  cercenamiento),   o   porque   trasmuta   su  literalidad  (tergiversación  por  trasmutación).  Esto  significa  que  lo  primero  que  debe  hacerse cuando se  plantea  esta  clase  de  error  es  precisar  qué dice la prueba que se afirma  tergiversada,  y cuál fue el contenido que el juzgador le atribuyó, en orden a  evidenciar  que  entre  una  y  otra  existen discrepancias, y que por razón de  éstas  se  le  puso  a  decir  lo  que  no  dice”2.   

          Cualquier  cargo de error de hecho por violación indirecta, como el  mismo  tiene  que ver con el proceso lógico desplegado por el juez para valorar  la  prueba,  exige  de  quien lo demanda, la carga argumentativa de hacer ver en  forma  expresa  cuál  fue  el  yerro,  que  en  tratándose  de falso juicio de  identidad,  exige  del  censor  indicar  la  equivocación y la trascendencia de  ésta,  al  igual  que  la  confrontación  del contenido de la probanza con las  premisas  utilizadas  por  el  juzgador  de  instancia  para  dar por acreditada  determinada  circunstancia,  por  manera que se evidencie la tergiversación, el  cercenamiento  o  la  transmutación  de  lo  que el elemento de juicio muestra.   

         Para  el  presente  caso,  como  ya  se  dijo,   el  recurrente    no   precisa   a   qué   tipo   de   tergiversación  corresponde   el   yerro   del  ad  quem,  tampoco  la comparación del contenido  de  cada  uno  de los testimonios con lo que sobre ellos interpretó el Tribunal  de  Pasto,  pues  desde  el  comienzo  de  su  escrito  se  dedicó  a  restarle  credibilidad  a  las declaraciones de las personas que acompañaban al occiso en  el  momento de ocurrencia del hecho delictivo y sobre las cuales se concluyó la  responsabilidad   del   entonces   adolescente  Diego  Alberto Fuel Arroyo.   

         Su   desacuerdo  se  finca  en  el  poder  suasorio  de  la  prueba  testimonial, a pesar de que ninguno de los deponentes  vio  el  momento  exacto  en  el  que  la  víctima  recibió la puñalada en el  corazón,  pues lo único que vieron fue que se desmayó sin observar sangrado y  en  esos  términos,  dichas  probanzas mal podrían llevar a responsabilizar al  procesado por tal conducta.   

         Sin  mayor  dificultad  se  advierte que la demanda es meramente un  escrito   en   el   que  el  recurrente  plantea  su  discrepancia  con   el   mérito  dado  a  las  declaraciones  de  Jaime  Roberto  Guamelamag   y   Edisson  Emilio  Lucero,  restando  todo  crédito  a  las  exculpaciones  vertidas  por el  acusado  cuando  decidió  declarar  en  su  propio  juicio,  al  tiempo  que no  consideró  la  posibilidad  de  que  otra  persona haya herido mortalmente a la  víctima,  planteamientos  que  en  nada  se  asimilan  a un yerro recurrible en  casación,  pues  de  ninguno  de sus argumentos se avizora la tergiversación  probatoria,  tampoco  que las  probanzas    fueron   cercenadas,   trasmutadas   o   adicionas   por  el  fallador  de  segundo grado, quien simplemente concluyó que  como  los  acompañantes  del  occiso  observaron que  cuando       Fuel  Arroyo  se  acercó  a  su  familiar,   éste  cayó  inconciente  al  piso,  el acusado y no otro individuo  el  que  atestó  la herida mortal en su pecho, sin que para ello haya incurrido  en  adiciones  a  tales testimonios, en ponerlos a decir lo que no trasmitían o  en mutilar su contenido.   

         Contrario   de   lo   indicado  por  el  libelista,  el  Tribunal  sí  analizó la posibilidad  que  se  planteó  en  la sentencia de primera instancia, acerca de que el autor  del  homicidio  haya  sido  el  primo del procesado  Wilmar Alexander Arcos  Fuel,  descartando  dicha  posibilidad,  en  la  medida  en  que  la víctima se  desvaneció   fue   cuando   Daniel   Alberto   Fuel  Arroyo  se  le  acercó, al  otorgarle  credibilidad a los testigos que esa noche acompañaban a la víctima.  Sin  embargo, se ordenó investigar a Wilmar Arcos por su posible participación  en  el  homicidio,  sin  que  dicha  circunstancia  por  sí  sola  desligue del  compromiso   penal   que   fue   declarado   por  el  sentenciador a cargo del acusado como equivocadamente  lo plantea el recurrente.   

         Así  las cosas, emerge claro que la demanda de casación carece de  los  presupuestos de lógica y debida fundamentación,  dado  que  no  pasa de ser la manifestación de la inconformidad de la libelista  con  el  poder  demostrativo del que el Tribunal  dotó  a  los  testigos  de  cargo, debate que no es dable  abordar  en  sede  extraordinaria,  mucho  menos cuando el censor incumple      su     deber  además de identificar la causal de casación, cuál fue el falso  juicio  que  determinó  la  incursión  en  el  error,  aspecto  del  que como se  dijo  al  inicio,  adolece  la  demanda presentada en  representación  de  Daniel  Fuel  Arroyo,       por       manera       que       la       misma       será  inadmitida.                                                      

         

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar los defectos del libelo en orden a decidir de fondo.   

MECANISMO DE INSISTENCIA  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos3:   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

          (iii)  La solicitud de insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a  través de sus delegados para la casación penal, o ante alguno de  los  Magistrados  integrantes de la Sala de Casación Penal, según lo decida el  demandante.   

          (iv)  La  solicitud  respectiva  puede  tener dos finalidades: la de  rebatir  los argumentos con fundamento en los cuales la Sala decidió no admitir  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las incorrecciones del libelo,  es  preciso  que  la  Corte  haga  uso  de su facultad oficiosa para superar sus  defectos y decidir de fondo.   

          (v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

          (vi)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  admite  la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia   contra   la   cual  se  formuló  el  recurso,  con  la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la prescripción de la acción penal, efectos que no  se  alteran  con  la  petición de insistencia, ni con su trámite, a no ser que  ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la  ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con tal propósito, teniendo en cuenta que la  decisión  a  través  de  la cual no se admite la demanda está contenida en un  auto  a  cuyo  enteramiento  o  publicidad debe procederse obligatoriamente, con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por vía  del  procedimiento  señalado  en  el  artículo 169, inciso 3, de la Ley 906 de  2004,  esto es “mediante comunicación escrita dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o cualquier  otro   medio   idóneo  que  haya  sido  indicado  por  las  partes”,  se  establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A su vez, teniendo en cuenta que el examen de  la  solicitud  de  insistencia  supone  un  estudio ponderado de la misma, de la  demanda,  del  auto por el cual no se admitió y de la actuación respectiva, se  otorgará  al  Ministerio  Público  o  al  Magistrado interesado un término de  quince  (15)  días  para  el  examen de la temática planteada, vencido el cual  podrán  someter  el  asunto  a discusión de la Sala o informar al peticionario  sobre su decisión de no darle curso a la petición.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del  procesado Daniel Alberto Fuel Arroyo.   

         Contra  esta  decisión,  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

         

JOSE  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            FERNANDO  A. CASTRO CABALLERO   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ                     LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322, entre otros.   

2  Casación 15.586 de octubre 16 de 2002.   

3 Auto  del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *