39441(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 454.   

Bogotá, D. C., diez (10) de diciembre de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de HENRY  POLO  AGUILAR,  EDWARD  ALFIRIO NIETO CORONEL, JAIRO ELIÉCER  CETINA   HERNÁNDEZ,   JUAN   CARLOS  RAMÍREZ  CETINA,  ALIRIO  ANTONIO  LÓPEZ  RODRÍGUEZ,  JOSEPH  ALEXÁNDER  ALDANA  CETINA,  BLANCA  FLOR CETINA HERNÁNDEZ  y   LEIDY  MARCELA  ALDANA  CETINA,  contra  la  sentencia  del 10 de mayo de 2012  mediante  la  cual  el Tribunal Superior de Cúcuta confirmó el fallo proferido  el   23   de  febrero  anterior  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de la misma sede, que condenó a los seis primeros como coautores  de  los  delitos  de  homicidio  agravado,  concierto  para delinquir agravado y  fabricación,  tráfico  y  porte  ilegal de armas de uso privativo y de defensa  personal,  y  a  las  dos  restantes  por los dos punibles últimos mencionados.   

HECHOS  

          Los   resumió   el   juez   de   primer   grado   de  la  siguiente  manera:           

          “La  central  de  radio  de  la Policía  Nacional  por  medio  del  Comandante  de  Guardia  de  la  Sijin  Mecuc, siendo  aproximadamente  las  siete  de  la  mañana  del  31 de mayo del año anterior,  informó  que  en  la  carretera  que del corregimiento de Juan Frío conduce al  municipio  de  Ragonvalia  se  encontraban  tres  cadáveres  de sexo masculino,  quienes    presentaban    múltiples    heridas    producidas    por   arma   de  fuego.   

          Conocida  la información se trasladaron hasta el sitio las unidades  de  policía en compañía del laboratorio móvil de criminalística de la Sijin  Mecuc,  con  el  fin  de  llevar  a  cabo  las  diligencias  de  inspección  de  cadáveres,  determinándose  que  estos  correspondían a JUAN GABRIEL JIMÉNEZ  ROJAS,    RICHARD    ANTONIO    MENDOZA    DADAVIA   y   MANUEL   ABRAHAN   MENA  PALACIO1.   

          Ese  mismo  día se obtuvo información que quienes habían sido los  presuntos  autores  se  encontraban  en el inmueble ubicado en la avenida 53 No.  18-25  del  barrio  Antonia Santos de esta ciudad, efectuándose un allanamiento  al  lugar  siendo  capturados  OBEIMAR  GUZMÁN  SIMANCA, EUCLIDES MANUEL FERIAS  PINEDA  y  DIOMEDES  ORTUZ  BLANDÓN, quienes portaban armas de uso privativo de  las fuerzas armadas y se allanaron en audiencias concentradas.   

          A  raíz  de  este  allanamiento  reciben  información  que  en  el  inmueble  ubicado  en  la  calle  19  No.  15-35  del  Barrio Aguas Calientes se  encuentran  otros  miembros  de  la  banda,  por  lo  que  se  realiza una nueva  diligencia   de  allanamiento  donde  igualmente  se  encuentran  armas  de  uso  privativo  de las fuerzas armadas, material de intendencia, como camuflados, una  pistola  calibre 9 mm., con proveedor para 30 cartuchos y de acción automática  tipo  sub  ametralladora,  se  retuvieron  a  BLAUDIMIR RODRÍGUEZ ORTIZ, EDWARD  ALFIRIO  NIETO  CORONEL,  HENRY  POLO AGUILAR, ALIRIO ANTONIO LÓPEZ RODRÍGUEZ,  JUAN  CARLOS  RAMÍREZ  CETINA,  JAIRO  EILIÉCER CETINA HERNÁNDEZ, BLANCA FLOR  CETINA  HERNÁNDEZ,  JOSEPH  ALEXANDER  ALDANA  CETINA  y  LEIDY  MARCELA ALDANA  CETINA”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 3 de  junio  de  2011,  el  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal de Cúcuta legalizó la  aprehensión  de  HENRY  POLO  AGUILAR, EDWARD ALFIRIO  NIETO  CORONEL,  JAIRO  ELIÉCER CETINA HERNÁNDEZ, LEIDY MARCELA ALDANA CETINA,  ALIRIO   ANTONIO   LÓPEZ   RODRÍGUEZ,  JOSEPH          ALEXÁNDER         ALDANA         CETINA, JUAN CARLOS RAMÍREZ CETINA y  Blaudemir  Rodríguez Ortiz.  En  la  misma  audiencia el delegado de la Fiscalía les formuló  imputación  por  los  delitos  de concierto para delinquir, homicidio agravado,  tráfico,  fabricación o porte ilegal de armas o municiones de uso privativo de  las  fuerzas  militares  y  tráfico,  fabricación  o porte de armas de defensa  personal.  Seguidamente  el  juez  los  afectó  con  medida de aseguramiento de  detención preventiva por los mismos punibles.   

          En    el    curso   de   la   mencionada   diligencia   Rodríguez   Ortiz   se   allanó   a  la  imputación, produciéndose la ruptura de la unidad procesal.   

2.  Oportunamente,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de acusación contra los otros imputados. El 23 de agosto del precitado  año  el  Juez  Primero  Penal del Circuito Especializado de Cúcuta realizó la  audiencia de acusación.   

3.  El funcionario judicial llevó a cabo la  audiencia  preparatoria  el  19  de  octubre siguiente y realizó el juicio oral  entre  el  21  de noviembre y el 28 de diciembre del mismo 2011, a cuyo término  anunció  el  sentido del fallo, precisando que sería de carácter condenatorio  para  HENRY POLO AGUILAR, EDWARD ALFIRIO NIETO CORONEL,  JAIRO  ELIÉCER  CETINA  HERNÁNDEZ, JUAN CARLOS RAMÍREZ CETINA, ALIRIO ANTONIO  LÓPEZ  RODRÍGUEZ  y JOSEPH  ALEXÁNDER  ALDANA  CETINA, así como para BLANCA        FLOR        CETINA       HERNÁNDEZ       y  LEIDY MARCELA ALDANA CETINA,  aun  cuando  estas  últimas  sólo  por los delitos de homicidio  agravado  y  concierto  para  delinquir  agravado,  pues  en  relación  con los  punibles  de  fabricación, tráfico o porte ilegal de armas o municiones de uso  privativo  de las fuerzas militares y tráfico, fabricación o porte de armas de  defensa  personal  las  cobijó  con  absolución.  El  23  de  febrero  de 2012  profirió la sentencia de rigor.   

En dicha decisión, efectivamente, absolvió  y   condenó   a   BLANCA   FLOR   CETINA  HERNÁNDEZ  y   LEIDY  MARCELA  ALDANA  CETINA,  conforme  lo  anunció al término del juicio  oral, imponiéndoles 7 años de prisión.   

Por  su  parte,  a  los otros procesados les  irrogó  56  años  de  prisión  y 2.800 salarios mínimos legales mensuales de  multa,  como coautores de los  delitos  por  los cuales se les formuló la acusación.   

A   todos   los  inculpados  les  aplicó,  igualmente,  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  a las dos primeras mencionadas por el término de 7 años  y a los demás por el lapso de 20 años.   

4.  Contra  el  fallo  de  primera instancia  interpusieron  recurso  de apelación los defensores de los procesados, por cuya  vía  el  Tribunal  Superior de Cúcuta impartió confirmación a las decisiones  condenatorias.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda   instancia,  los  mismos  sujetos  procesales  promovieron  el  recurso  extraordinario de casación.   

LAS  DEMANDAS   

El defensor de HENRY  POLO   AGUILAR   formulada   tres  cargos,  y  aunque  inicialmente  invoca  las  causales  primera y segunda de casación, al final en  los  tres  aduce  la violación indirecta de la ley sustancial, en su orden, por  falso  juicio  de  legalidad, falso raciocinio y falso juicio de convicción. El  representante  judicial de EDWARD ALFIRIO NIETO CORONEL  propone  dos  reproches,  ambos al amparo de la causal  segunda.  Finalmente,  la  asistente  de JAIRO ELIÉCER  CETINA  HERNÁNDEZ,  JUAN CARLOS RAMÍREZ CETINA, BLANCA FLOR CETINA HERNÁNDEZ,  LEIDY   MARCELA  ALDANA  CETINA,  ALIRIO  ANTONIO  LÓPEZ  RODRÍGUEZ  Y  JOSEPH  ALEXÁNDER  ALDANA  CETINA estructura dos censuras, una  con  fundamento  en  la  causal  segunda  y  la  otra  con  apoyo  en  la causal  tercera.   

          Por  razones  de  método  y  con  el  fin  de  evitar  repeticiones  innecesarias,  la  Sala  en  el  acápite siguiente realizará el resumen de las  demandas y de inmediato ofrecerá la respuesta respectiva.   

                     

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          Antes  de  abordar  el enunciado estudio, es preciso recordar que el  estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004, conforme ocurre  con  el  previsto en la Ley 600 de 2000, también exige, como condición para la  admisión  de la demanda de casación, la satisfacción de exigencias de lógica  y  adecuada  argumentación,  cuyo  fin es permitirle a la Corte, a partir de la  coherencia  y  precisión conceptual del libelo, establecer sin dificultad cuál  es  el  error  atribuido  al  sentenciador,  causante  de  la  violación  de la  Constitución  o  la ley o la afectación de las garantías fundamentales de las  partes.   

Esos  presupuestos de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado  desarrollo de los cargos formulados a  la  sentencia atacada, para lo cual se requiere que cada reproche se sustente de  manera  separada  y  que  las  razones  aducidas  se  correspondan  con el yerro  denunciado,  sin  que  sea dable entonces incluir en una misma censura conceptos  que  se opongan entre sí ni incurrir en inconsistencias de argumentación, pues  ello  atentaría contra los principios de no contradicción y autonomía que son  inherentes al recurso extraordinario de casación.    

          Además,  se hace imperioso que el actor justifique la necesidad del  fallo  de  casación  de  cara  al cumplimiento de alguna de las finalidades del  recurso,  según  así  lo  tiene  también  establecido  el  inciso segundo del  precitado artículo 184.   

Bajo  los  anteriores parámetros procede la  Sala a analizar los libelos casacionales presentados.   

         

DEMANDA   A   NOMBRE   DE   HENRY   POLO  AGUILAR:           

          El  primer cargo,  en  el  cual  predica la existencia de un falso juicio de legalidad,  lo sustenta afirmando la incursión en el  curso  del  proceso  de  varios yerros consistentes en la falta de acreditación  por  parte  de  la  Fiscalía  de  su teoría del caso y en la no aportación de  prueba   para  demostrar  la  calidad  de  coautor  del  procesado  POLO  AGUILAR, esto último por cuanto las  probanzas  del  ente  acusador  se reducen a los informes de balística rendidos  por  los  señores  Jairo Rodríguez Bernal, Guillermo  Mora  Hernández  y Rigoberto  Antolinez  Jaimes, los cuales no permiten demostrar que  aquél  hubiese  manipulado  las  armas incautadas, máxime cuando nunca hubo un  estudio  comparativo  entre  éstas  y  las  ojivas  encontradas en los cuerpos.  Tampoco,  añade,  se  practicó  una  prueba  de  absorción  atómica,  ni una  dactiloscopia  a  las armas para saber si el acusado manipuló las utilizadas en  los hechos.   

          Adicionalmente,  destaca cómo POLO AGUILAR  se   encontraba   almorzando  en  el  momento  de  la  ocurrencia  de  los  sucesos,  sin que se le hubiese encontrado en su poder arma  alguna,  amén  de  que la vivienda objeto de allanamiento no correspondía a su  residencia  y  él  trabajaba  como  ebanista,  respecto  de  lo cual atestiguó  Camilo  Méndez, luego surge  en este caso una duda razonable.   

          Califica  de  inexacta,  de  otra parte, la afirmación del Tribunal  según  la  cual  los  procesados  fueron  capturados  pocas  horas  después de  ocurrida  la masacre, pues en realidad –sostiene-  la  masacre  ocurrió aproximadamente a las 7:00 p.m. del  31  de  mayo  de  2011,  mientras  la  diligencia  de allanamiento respectiva se  realizó  a  la  1:00  p.m.  del  1º  de junio de 2011, es decir, casi 24 horas  después.   

   

          Para  el  demandante,  si bien la fuente humana no formal mencionada  por  la  Fiscalía  indicó  que en la vivienda de Antonia Santos se encontraban  los  autores materiales de la masacre, la segunda fuente humana referida por ese  organismo  nunca  señaló  que en la vivienda Aguas Calientes, donde se produjo  la  captura  de  POLO AGUILAR,  se  encontraran  partícipes o autores de dicha masacre, sino personas dedicadas  al  hurto,  quienes  guardaban  allí  armas,  razón  por  la  cual  no  existe  consonancia  entre  las  fuentes  humanas  y  lo  que pretende demostrar el ente  acusador.   

          Por  tanto,  es del criterio que en este caso no se escuchó testigo  presencial   que   señale   al   procesado   como   partícipe  en  el  acaecer  delincuencial,  apareciendo  así  que  su  presencia  en  el  inmueble de Aguas  Calientes fue meramente circunstancial.   

          Considera,   finalmente,   que   en  la  aducción  del  informe  de  grafología   suscrito   por   Nelson  J.  Avellaneda  se cometió el error de no aportarse la certificación  que  acreditara  la  idoneidad  del perito, conforme lo contempla los artículos  413 y 420 de la Ley 906 de 2004.   

          En    el    segundo    cargo,  en  donde  postula  un falso raciocinio, atribuye al ad  quem  apartarse de los principios de la  sana  crítica  y  basarse  exclusivamente  en  pruebas superfluas. Le reprocha,  además,  pasar por alto, pese a advertirlo, la actitud del Ministerio Público,  quien  influyó  de  manera  abierta  en  el  fallo condenatorio, en cuanto hizo  señalamientos,  lanzó  acusaciones,  interrogó  a  testigos  y  los tachó de  falsos,  mostrando  en todo momento animadversión hacia su cliente, con lo cual  logró   que   el   juzgado   se   apartara   de   los  postulados  de  la  sana  crítica.   

          Cuestiona,  de  otro  lado,  la  actitud  del juzgado al no tener en  cuenta  el  proceder de la Fiscalía de vincular dentro de la misma actuación a  más  de  40  personas.  Y  reprocha  al  Tribunal calificar de sustanciosas las  pruebas,  pese  a  reconocer  que  son  escasas,  cuando  en realidad carecen de  certeza, mientras las acusaciones se basan en una cortina de humo.   

          Finalmente,  el  tercer cargo, formulado  por  falso juicio de convicción, lo sustenta insistiendo  en  que  los  falladores  se  apartaron  de  los postulados de la sana crítica.  Además,  se  duele  porque en las sentencias se desvirtuaron los testimonios de  los  autores materiales de los homicidios, quienes manifestaron que POLO   AGUILAR   no   hace  parte  de  la  organización  ilícita “Los Urabeños”,  con  el  argumento  de  no  ser  creíbles  por  tratarse de unos  delincuentes.   

          Para  el  censor,  la  condena  obedeció  al  solo  hecho de que el  procesado  es  de  Tierra  Alta,  Córdoba.  Y nuevamente dice que el Ministerio  Público  influyó indebidamente en el fallo condenatorio y que la presencia del  acusado   fue  meramente  circunstancial,  sin  existir  en  el  proceso  prueba  demostrativa de su responsabilidad.   

         

          De  esa  manera,  solicitó casar la sentencia impugnada para, en su  lugar, absolver al procesado.   

Consideraciones de la Sala  

          La   demanda   presenta   serias   y   múltiples   deficiencias  de  fundamentación  que conspiran contra su claridad y coherencia. Obsérvese cómo  el  actor  inicialmente invoca las causales primera y segunda de casación, pero  al  estructurar  los  ataques que dirige contra la sentencia del Tribunal, en un  evidente  giro argumentativo, alude a la causal tercera, denunciando entonces la  violación indirecta de la ley sustancial.   

          Y  en tal dirección formula tres cargos, pero en su fundamentación  incumple  paladinamente las pautas fijadas por la jurisprudencia de la Sala para  el efecto.   

         Es  así  como  en el primer reproche acusa al Tribunal de incurrir  en  falso  juicio  de  legalidad, error de derecho que  se  configura  cuando  el fallador asigna validez a un  medio  de prueba, a pesar de que en su producción y aducción se desconocen las  reglas  establecidas  en  la  ley  para el efecto, y también cuando el juzgador  deja  de  apreciar  algún elemento de convicción, por considerar erróneamente  que en su recaudo se desatendieron dichas reglas.   

          Para  su  demostración,  al libelista   le  corresponde  identificar  claramente  la  prueba  indebidamente  apreciada,  señalar las normas medio que  regulan  su  formación,  acreditar  que  la  prueba  fue  excluida debiendo ser  apreciada    o   que   fue   valorada   debiendo  ser  excluida, y demostrar las implicaciones del error en  las conclusiones probatorias.   

          Nada  de  lo anterior cumplió el actor. En momento alguno atribuyó  al  juzgador  apreciar  alguna  prueba  recaudada con desatención de las reglas  legales  o  desestimar  una correctamente practicada con el erróneo criterio de  que  se  incorporó  sin  cumplir  los  presupuestos  normativos fijados para el  efecto.   

          Contrariamente,  se dedicó a cuestionar al Tribunal por no advertir  que  la  Fiscalía omitió acreditar su teoría del caso, no aportando la prueba  demostrativa  de  la  responsabilidad  del  acusado,  con  lo cual introdujo una  discusión  relativa  al alcance suasorio de los elementos de juicio allegados a  la  actuación,  ajena  totalmente al motivo casacional seleccionado para atacar  la sentencia.   

          Y  si  bien  al  final de su argumentación reprocha al ad  quem  apreciar el informe grafológico  rendido    por   Nelson   J.   Avellaneda,  a  pesar  de  que  en  su  aducción no se aportó certificación  acerca  de  la idoneidad del perito, se sustrajo a demostrar que dicho documento  constituye  un  requisito  de  la esencia del dictamen pericial, al punto que su  ausencia da al traste con la validez del mismo.   

          Situación  similar  acontece  con  las  otras  dos  censuras. En la  segunda  predica la presencia de un falso raciocinio, pero en su fundamentación  se  circunscribe  a cuestionar al Tribunal por apartarse de los principios de la  sana  crítica,  lo  cual  lo  obligaba a indicar la regla de la experiencia, el  postulado  lógico  o  la  ley  de  la  ciencia, en concreto desatendidos por el  juzgador, exigencia que no cumplió.   

          En  vez  de  lo  anterior,  se  dedicó  a  fustigar  la actitud del  Ministerio  Público  durante  el trámite del proceso, así como el proceder de  la  Fiscalía por vincular a la actuación a más de 40 personas, desbordando de  esa  manera  el  impugnante  el motivo casacional invocado. En esas condiciones,  desconoció  el  principio  de  autonomía que rige en esta sede extraordinaria,  conforme  al cual la sustentación del ataque se debe corresponder con la causal  enunciada.  Pero,  adicionalmente,  planteando  la  presencia de irregularidades  procesales   sin  esforzarse  por  demostrar  el  carácter  sustancial  de  las  mismas.   

          Al  final, terminó también controvirtiendo el mérito asignado por  el  ad  quem  a las pruebas,  olvidando  que  ese  tipo  de discrepancias están vedadas en sede de casación,  dada  la doble presunción de cierto y legalidad con la cual arriba la sentencia  a la Corte.   

          Igualmente,  mediante  el  expediente  de  censurar  la apreciación  probatoria  realizada por el juzgador, el libelista abordó la sustentación del  tercer  cargo, pasando por alto que allí denunció un error de derecho derivado  de  falso  juicio  de  convicción, el cual se estructura cuando el sentenciador  niega  a  la prueba el valor que la ley le atribuye, o le asigna uno distinto al  que el mismo legislador le otorga.   

          Le  correspondía, por tanto, acreditar que el Tribunal desconoció,  en  el  proceso  de apreciación de una o varias pruebas, la tarifa asignada por  la ley a ellas, cometido que en ningún momento emprendió.   

          En  consecuencia,  por las falencias que exhiben los tres cargos, la  Sala   inadmitirá   el  libelo  instaurado  por  el  defensor  de  HENRY POLO AGUILAR.   

         

          DEMANDA A NOMBRE DE EDWARD ALFIRIO NIETO CORONEL:   

          En    el    primer   cargo   aduce  la violación del derecho de defensa o del debido proceso por  carencia  de  motivación circunstanciada fáctica y jurídica tanto del escrito  de  acusación  como  de  la  formulación  de la acusación, por cuanto en esas  piezas  procesales la Fiscalía no realizó una relación clara y sucinta de los  hechos  jurídicamente  relevantes,  en  un  lenguaje  comprensible, tal como lo  exige  el  numeral  2º  del artículo 337 del Código de Procedimiento Penal de  2004.   

          Para  fundamentar  el reproche evoca decisiones de esta Corporación  donde  se  han  precisado  el  alcance de la disposición antes mencionada y las  consecuencias  de  su  desconocimiento.  Acto seguido transcribe los fundamentos  fácticos  del  escrito de acusación, en esencia, similares a los contenidos en  la  audiencia  de  acusación,  y  luego  plantea unas preguntas, cuya respuesta  negativa    acredita,    según    señala,    la    anomalía   denunciada.   A  saber:   

          1)  ¿Qué  hacía  el  procesado  en la casa allanada? “¿Vivía  allí,  estaba de paso o estaba alquilado? “Quién es  él?”.   

         

2) ¿Qué conducta desplegó el antes aludido  el  día  de  la  masacre  de  Juan  frío. ¿Acaso él  disparó,  quizás fue el campanero, tal vez no estuvo en la escena del crimen o  de   pronto   fue   quien   preparó   la   comisión   delictiva”. En fin, ¿qué papel desempeñó en esas muertes?   

         

3)  ¿Cuándo  se  concertó  NIETO      CORONEL?     “¿Qué  día  específicamente  fue  que  ocurrió el concierto para  delinquir?  ¿Par  qué  se  concertaban? ¿Quiénes se concertaba? (sic)”.   

         

4)  ¿Cuántas  armas  se  encontraron en la  vivienda?    ¿Cuál    era   la   del   acusado   en   mención?   “Había    revólveres    o    solo    pistolas?”   ¿Cuál   es   la   conducta   que   se   le  endilga?  “¿El    porte    o    la   tenencia   de   armas   y   de   cuál  arma?”.   

         

5) ¿De quiénes eran los instrumentos de uso  privativo  de  las  fuerzas armadas? “¿EDWAR ALFIRIO  NIETO CORONEL era el dueño, poseedor o tenedor de alguno?”.   

         

6)  ¿Qué  estaba haciendo el acusado en la  casa  de “Aguas calientes”  al     momento     de     su    registro    y    allanamiento?    ¿“Almorzando,  viendo  televisión, en la habitación con su novia,  leyendo,  saliendo de su casa, disparando, asesinando, violando, concertándose,  durmiendo?.   

          En  criterio  del  censor,  con  la  lectura  de la acusación no es  factible  responder  a  las  mencionadas preguntas, por cuya razón, insiste, no  hubo  una  narración  de  los “hechos jurídicamente  relevantes”,     situación    constitutiva    de  nulidad   por  desconocimiento del debido proceso en cuanto a su estructura  y  del  derecho  de  defensa  porque  no  se  garantizó el conocimiento previo,  expreso,  claro y detallado de los hechos que motivan el ejercicio de la acción  penal.   

          Considera  que en este caso no se presentó convalidación, pues aun  cuando  en la audiencia de formulación de la acusación la defensa nada dijo al  respecto,  el  yerro cometido fue tan grande y afectó de manera irreparable los  derechos fundamentales del procesado.   

          De  esa manera, solicitó decretar la nulidad de lo actuado desde la  audiencia  antes citada y, consecuencialmente, ordenar la libertad inmediata del  procesado.   

          En    el   segundo   cargo   predica  también  la violación del derecho de defensa o del debido  proceso,  esta  vez por motivación incompleta o deficiente de las sentencias de  primera  y  segunda  instancia,  en  cuanto  en  ellas  se  omitió precisar los  fundamentos fácticos y jurídicos sustento de la condena.   

          Al  respecto  destaca  cómo,  con  cita de los apartes respectivos,  mientras  en  el  fallo de primer grado en los 67 párrafos de los cuales consta  su  fundamentación  tan  sólo  se  nombra  al  procesado en 9 ocasiones, en la  decisión  de  segundo  grado  de  los  27  párrafos  de  la  misma  naturaleza  únicamente  se  le menciona en 2 oportunidades, alusiones que, en todo caso, se  hacen  de  manera común y sin llevar a cabo un análisis profundo y juicioso de  responsabilidad.   

          Es  así  como, añade, en dichas providencias no se realizó (i) un  análisis  de  las pruebas que vinculen a NIETO CORONEL  con  el  punible, (ii) un razonamiento jurídico sobre  el  verbo  rector  de  cada  uno  de los ilícitos, (ii) argumentación sobre la  tipicidad  objetiva  y  subjetiva,  (iv)  valoración  probatoria  atinente a la  estructuración   del  delito  y  la  calidad  de  coautor  del  procesado,  (v)  explicación   por  parte  del  ad  quem  del  porqué  el  solo  hecho de encontrarse en una casa convierte a  una  persona  en autor de cientos de delitos, y (vi) apreciación de las pruebas  orientadas a demostrar el dolo y la imputación objetiva.   

          En  fin,  para  el  censor,  los  juzgadores  aluden  a afirmaciones  subjetivas  o  a juicios hipotéticos, sin indicar el mérito de persuasión que  los  llevó  a  concluir  acerca  de  la  existencia  de  los  tipos  objetivo y  subjetivo,   así   como  de  la  responsabilidad  y  de  la  participación  de  NIETO CORONEL.   

          Tras  citar  precedentes tanto de esta Corporación como de la Corte  Constitucional  relacionados con la motivación de las sentencias, el demandante  insiste   en   atribuir  a  los  falladores  incurrir  en  deficiencias  de  esa  naturaleza,  al  punto  de  que  sus  decisiones  no  permiten saber cuál es la  conducta  específica  por  la  cual  se  condenó al acusado, ni en qué lugar,  cuándo y cómo  la realizó.   

          Considera  trascendente  la  irregularidad, dada la imposibilidad de  contradicción   jurídica,   fáctica   y   probatoria   sobre  las  decisiones  cuestionadas,   si   se   tiene   en  cuenta  que  los  falladores  “invirtieron  la  institución de la “sana crítica”  que  gobierna  la  valoración  y el juzgamiento de los colombianos por la “íntima  convicción  de  responsabilidad”  donde los “pálpitos” del juez y no las  pruebas   son   los   encargados   de   demostrar   la   culpabilidad   de   las  personas…”.   

         

          De  esa  manera,  solicitó decretar la nulidad de las sentencias de  instancia,   con  el  fin  de  que  los  juzgadores  motiven  adecuadamente  sus  decisiones.   

Adicionalmente, refiere que la única razón  por  la  cual  los  sentenciadores no pudieron fundamentar de manera racional la  condena  es  porque  en  este  caso  no  existen  pruebas  de responsabilidad de  EDWAR  ALFIRIO NIETO CORONEL,  en  tanto  lo  único  que  lo  vincula con los delitos es el haber estado en el  lugar  equivocado,  el día equivocado. Pero, en su sentir, tener mala suerte no  es ningún delito.   

Consideraciones de la Sala  

          También  esta  demanda será inadmitida, pues la fundamentación de  los  dos  reproches  formulados no se hace con apego a los pautas fijadas por la  Corte.   

          En  efecto, en el primer cargo el  actor  señala que en el escrito acusación, cuyos términos son  en  esencia  similares  a  la  fundamentación  formulada  en  la  audiencia  de  acusación,  no  se  realizó  una  relación  clara  y  sucinta  de  los hechos  jurídicamente relevantes.   

          Al   desarrollar   la   censura,  empero,  el  libelista  desatiende  paladinamente  el  principio  de corrección material que gobierna el recurso de  casación,  acorde  con  el cual las razones, fundamentos y contenido del ataque  deben  armonizar en un todo con la realidad procesal2   

         

          Lo  anterior  porque  si  bien  el  mencionado  escrito contiene una  lacónica  referencia  a  las  circunstancias  soporte  de  la  acusación,  tal  deficiencia  la  corrigió  la Fiscalía con la adición posterior que presentó  al  pliego  de  cargos,  añadidura que en la posterior audiencia tuvo en cuenta  para formular la respectiva acusación.   

          Ciertamente,   en   el   escrito   de   acusación   el  funcionario  investigador  se  limitó  a  referir  la  ocurrencia  de  una masacre en la que  murieron  cinco  personas  y  luego  a  reseñar  cómo,  con  fundamento  en la  información  suministrada  por  una  fuente humana, se realizó el allanamiento  del  inmueble  situado  en  la  Av.  53  No.  18-25 del Barrio Antonia Santos de  Cúcuta,  en  cuyo  desarrollo  se dio captura a tres individuos y se incautaron  armas  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas, a las cuales se les realizó  cotejo  balístico, determinándose uniprocedencia con las ojivas encontradas en  los  cuerpos de los occisos y en el lugar de los hechos, sujetos que entonces en  la  audiencia  de  imputación  aceptaron  los  cargos.  Acto  seguido el Fiscal  escribió lo siguiente:   

          “A  raíz  de  este allanamiento surge información que indica que  en  otro  inmueble también se encuentran miembros de una banda criminal, por lo  cual  luego  de  ser verificada la información y de llevarse a cabo el trámite  legal  correspondiente  se  allana  el  inmueble  ubicado  en  el  Barrio  Aguas  Calientes  calle  19 No. 15-35, donde se encuentran varias armas de fuego de uso  privativo  de las F.F.M.M. material de intendencia como camuflados y en especial  una  pistola  calibre  9  mm  con  proveedor  para  30  cartuchos  y  de acción  automática  tipo  subametralladora.  En  esta  vivienda son detenidos BLAUDEMIR  RODRÍGUEZ  ORTIZ,  EDWAR  ALFIRIO  NIETO  CORONEL,  HENRY  POLO AGUILAR, ALIRIO  ANTONIO  LÓPEZ  RODRÍGUEZ,  JUAN CARLOS RAMIRÉZ CETINA, JAIRO ELIÉCER CETINA  HERNÁNDEZ,  BLANCA  FLOR  CETINA  HERNÁNDEZ,  JOSEPH  ALEXANDER ALDANA CETINA,  LEIDY  MARCELA  ALDANA CETINA, a quienes se les imputó las conductas penales de  concierto  para  delinquir agravado, homicidio agravado, fabricación tráfico y  porte  de  armas  y  municiones  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas y  explosivos   y   fabricación,   tráfico   y   porte   de   armas  de  fuego  o  municiones…”.   

          De  esa  manera,  el  funcionario los acusó a título de coautoría  por razón de los mencionados punibles.   

          Empero,  en  la adición al escrito de acusación el Fiscal precisó  que  la  atribución  del  concierto  para  delinquir  tenía como fundamento la  pertenencia  de  los  acusados  a  la denominada banda criminal los “Urabeños”  autora de la masacre  en   cuestión,   mientras   el  homicidio  agravado  obedecía  a  la  concreta  intervención  de  aquéllos  en esos hechos, atribución que soportó en cotejo  balístico  de  conformidad  con  el cual las ojivas y vainillas halladas en los  cadáveres  arrojaron  también  uniprocedencia  con  las armas incautadas en el  segundo  allanamiento.  En  la  adición,  igualmente,  se mencionó el material  bélico  que  sirvió  de  fundamento a  los cargos también formulados por  los   delitos   previstos   en   los   artículos   366   y   365   del  Código  Penal.   

          En  la  demanda  el impugnante se dedica a reprochar con denuedo que  en  el  escrito de acusación no se precisó el papel, en concreto, desempeñado  por   EDWARD   ALFIRIO   NIETO  CORONEL  durante  la masacre, ni la actividad que desarrollaba en el inmueble  cuando  se  produjo  su  captura,  como  tampoco  la  forma  como  el aludido se  concertó  y  menos  su  relación  con  las  armas  halladas  en  ese lugar. No  obstante,  en  momento  alguno  se  esforzó por demostrar por qué el pliego de  cargos,  incluida  la  adición  considerada  en  la audiencia de acusación, no  contiene  los  hechos  jurídicamente  relevantes,  si  allí  se precisa que el  aludido,  así como los demás capturados durante el segundo allanamiento, hacen  parte     de     la     banda     criminal    “Los  Urabeños” e intervino en la masacre que fundamentó  la  iniciación  de  este  proceso, señalamiento efectuado con fundamento en el  hallazgo  de  armas  utilizadas  en  dicho acto delincuencial, justamente, en el  mismo lugar donde se produjo su aprehensión.   

          Consecuentemente,   omitió  demostrar  por  qué  los  hechos  así  condensados  en  la acusación le impidieron al procesado ejercer debidamente el  derecho de defensa.   

          En    el   segundo   cargo   el   censor  reprocha  a  los  juzgadores  incurrir  en  motivación  incompleta  o  deficiente,  en  cuanto  en  las  sentencias de primera y segunda  instancia  no  se  precisaron los fundamentos fácticos y jurídicos sustento de  la condena.   

          La  Corte  ha  sido  reiterativa  en  referir  que  cuando,  con ese  fundamento,  se  denuncia la existencia de nulidad, al demandante le corresponde  demostrar  la  presencia  de uno cualquiera de los siguientes vicios: (i) que el  fallo  carece  totalmente de motivación; (ii) que siendo motivado, es dilógico  o   ambivalente;  (iii)  que  su  motivación  es  incompleta;  o  (iv)  que  la  motivación     es    aparente    o    sofística3.     

          En  el  caso  objeto  de  estudio,  si bien el impugnante alude a la  motivación  deficiente,  encuentra  la  Sala que, en realidad, su inconformidad  con  los  fallos  surge no por presentar defectos de motivación, sino porque no  comparte   los   razonamientos   probatorios   con  los  cuales  los  falladores  sustentaron la condena.   

Al  respecto,  es  necesario  recordar  el  criterio  de  esta  Corporación  acorde  con  el  cual  no  es lo mismo que una  providencia  judicial  adolezca  de defectos de motivación, por ausencia de las  razones  de  orden  probatorio  y  jurídico que soportan la decisión, a que la  argumentación  traída  por  el  fallador  no  cumpla  con las expectativas del  sujeto  procesal, quien la tilda de inadecuada, desacertada o insuficiente en su  fundamentación fáctica, jurídica o probatoria.   

         Sólo  en  la  primera hipótesis el error será susceptible de ser  atacado  dentro  del  marco  de la causal tercera, mientras que en el segundo el  error  es  de  juicio,  caso  en  el cual debe ser ventilado en el ámbito de la  causal  primera,  demostrando los errores de fundamentación fáctica, jurídica  o   probatoria   que   llevan   a   tildarla   de   inadecuada,   desacertada  o  insuficiente4.   

El  actor,  en  efecto,  sostiene  que  los  juzgadores  se  basaron  en  afirmaciones  subjetivas o juicios hipotéticos, de  manera  que  no  indicaron  el  mérito de persuasión que los llevó a concluir  acerca  de  la  existencia  de  los  tipos objetivo y subjetivo, así como de la  responsabilidad   y  de  la  participación  de  NIETO  CORONEL. Por tanto, añade, sus decisiones no permiten  saber  cuál  es  la conducta específica por la cual se condenó al acusado, ni  en qué lugar, cuándo y cómo  la realizó.   

Las  sentencias  evidencian,  empero,  una  realidad  distinta  a  la  presentada  por el libelista. En efecto, el juez para  sustentar  tanto  la  existencia  de los punibles como la responsabilidad de los  procesados  consideró que éstos fueron capturados en situación de flagrancia,  en  cuanto  en  la  vivienda  donde  se  encontraron  se  produjo el hallazgo de  material  bélico  tanto de uso privativo de las fuerzas armadas como de defensa  personal.   

Igualmente, evidenció que en dicho inmueble  se  encontró  también  una  agenda  de  color  azul,  en  la cual “se  relacionan  armas  de  fuego,  listados  de  pago,  un giro a  Servientrega  del  señor  EUCLIDES  MANUEL  FERIAS  PINEDA,  quien se allanó a  cargos  por  los  homicidios investigados y según informe pericial grafológico  calendado  6  de  julio  de  2011,  suscrito por NELSON J. AVELLANEDA, perito en  grafología  y  documentología  forense,  se  concluye  que existe concordancia  entre  el  material  dubitado (escritura de la agenda de color azul), la cual en  su  interior  contiene  unas  notas  de  la  recuperación  de un armamento y el  material  indubitado  patrón  de  comparación (muestras escriturales tomadas a  HENRY  POLO  AGUILAR)  existe  identidad  gráfica,  que  son  uniprocedentes…  (sic)”5.   

El    a   quo  puso  de  presente,  de  igual  manera,  cómo  en  la  referida  agenda  aparece  consignado que los dos grupos que se desplazaron para  participar  en  la  masacre  estaban  conformados  cada uno por siete muchachos,  número  de  personas  de  ese  sexo,  justamente, capturadas en el allanamiento  realizado  a  la vivienda del Barrio Aguas Calientes6.    

En  la  sentencia se ponderaron, así mismo,  los  informes balísticos en los cuales se determinó que tanto la pistola GLOCK  9  mm.  hallada  en  el  primer allanamiento como el arma de la misma naturaleza  encontrada  en el segundo se utilizaron para ultimar a las víctimas7.   

   Con  fundamento  en  esos  elementos  indiciarios, el juzgador de primer grado concluyó lo siguiente:   

“La  prueba relacionada precedentemente me  permite  concluir que HENRY POLO AGULAR, JAIRO ELIÉCER CETINA HERNÁNDEZ, EDWAR  ALIRIO  NIETO  CORONEL,  JUAN  CARLOS  RAMÍREZ  CETINA,  ALIRIO  ANTONIO LÓPEZ  RODRÍGUEZ  y  JOSEPH  ALEXANDER  eran  miembros  del grupo delincuencial “Los  Urabeños”  y  se  presentaron junto con otros la noche del 30 de mayo de 2011  en  el  corregimiento  de Juan Frío para dar muerte a cinco miembros al parecer  de  la  organización  delincuencial  “Los  Rastrojos”, utilizando para ello  armas   de   uso   privativo   de   las   fuerzas   militares   y   de   defensa  personal”8.   

El  Tribunal,  por  su  parte,  se  refirió  también  a  la anotación descubierta en la agenda de color azul consistente en  que  los  dos  grupos  seleccionados  para perpetrar la masacre estaba integrado  cada  uno  con  7  muchachos.  Además,  tuvo  en consideración las entrevistas  rendidas  por  quienes  aceptaron los cargos, incorporadas a la actuación en lo  pertinente  mediante  el  mecanismo  de  impugnación  de  la  credibilidad  del  testimonio,  donde  los aludidos admitieron que la masacre la cometieron más de  11  personas,  quienes se desplazaron en un taxi y dos motos, clase este último  de   vehículo  hallado  en  el  segundo  allanamiento  en  ese  mismo  número,  resultando   ser   uno  de  tales  velocípedos  de  propiedad  de  JUAN CARLOS RAMÍREZ CETINA.   

          Sopesó,   igualmente,  el  hallazgo  en  esa  misma  diligencia  de  “abundantes   teléfonos   móviles  y  un  par  de  teléfonos    marca    Alcatel,    entre    otros   a   EDWARD   ALFIRIO   NIETO  CORONEL”   y  resaltó  cómo  varios  de  esos  celulares  y  algunas sim cards fueron arrojados al tanque del agua que abastece  a la casa para evitar su incautación por parte de las autoridades.   

          De  esa  manera,  en  armonía  con  el  a  quo,  la  Corporación  de  segundo  grado  arribó al  siguiente corolario:   

              “De  conformidad  con  el  sistema  de  persuasión  racional con apoyo en los medios  probatorios  con  los  que cuenta el proceso, se puede concluir que las personas  capturadas  al  interior  de  la  vivienda ubicada en el barrio Aguas Calientes,  sabían  el  accionar  ilícito  de  la  banda  criminal  autodenominada  “Los  Urabeños”  y  además  formaban  parte  de  ella.  En  cuanto a los acusados,  comparte  la  Sala  la  conclusión  de  la  juez,  el  fiscal  y  el agente del  ministerio  público,  referida  a  que  participaron  en  la masacre, según lo  demostrado  perfectamente  por  la  vía  indiciaria  sumado al contenido de los  interrogatorios  de  quienes aceptaron los cargos analizados articuladamente con  sus  testimonios,  lo  consignado en la agenda incautada, la prueba pericial, el  informe  sustancial  de  la  fuente humana, las armas encontradas en la vivienda  donde  fueron  capturados  ellos,  junto  a  las  que  dieron  positivo  con  la  uniprocedencia  en  el  quíntuple  asesinato,  las  dos  motos que da cuenta la  investigación       y       la       agenda”9.   

Lo anterior, por tanto, pone de manifiesto el  equívoco  del  ataque  seleccionado,  pues  en  la medida en que los juzgadores  sustentaron  la  condena  con fundamento en hechos indiciarios que les permitió  llegar  a la conclusión acorde con la cual las siete personas de sexo masculino  capturadas  en  desarrollo  del allanamiento realizado en el inmueble del barrio  Aguas   Calientes   pertenecían  a  la  banda  “Los  Urabeños”  e intervinieron en la masacre ocurrida en  el  sector  de  Juan  Frío, lo correcto era denunciar la existencia de un vicio  in  iudicando  mediante  el  cumplimiento,  desde  luego, de las exigencias de redacción propias del error o  errores invocados, cometido no satisfecho en este caso.   

          DEMANDA  A  NOMBRE DE JAIRO ELIÉCER CETINA HERNÁNDEZ, JUAN CARLOS  RAMÍREZ  CETINA,  BLANCA  FLOR  CETINA HERNÁNDEZ, LEIDY MARCILA ALDANA CETINA,  ALIRIO ANTONIO LÓPEZ RODRÍGUEZ Y JOSEPH ALEXÁNDER ALDANA CETINA:   

          En    el    primer   cargo   denuncia  el desconocimiento del debido proceso por la violación de  las  garantías de los sujetos procesales, derivada de la continua e inapropiada  intervención  del  delegado  de  la  Fiscalía  y  del  agente  del  Ministerio  Público,  asumiendo  el  rol  del juez, quien permitió tal injerencia, como lo  puso  de  presente  el  Tribunal  al  resolver  la  apelación,  pese  a lo cual  confirmó la sentencia condenatoria.   

          Considera,  de esa manera, que el juicio no se llevó a cabo con las  garantías  mínimas  para los testigos de la defensa. En este sentido exhorta a  la  Sala para escuchar todas y cada una de las cintas magnetofónicas, pues así  se   comprobarán  las  intervenciones  e  intimidaciones  inapropiadas  de  los  referidos funcionarios.   

          Para  la  impugnante,  si  los declarantes de la defensa no hubiesen  sido  intimidados, muy distinto habría sido el sentido de la decisión adoptada  por el Tribunal.   

          En    el   segundo   cargo   sostiene   que  el  juzgador  desatendió  la  sana  crítica,  pues  fundamentó  la  sentencia  con  base  en la información de la fuente humana no  formal  que  se  presentó  ante  las  autoridades  para  indicar el lugar donde  podían  ser  ubicadas las personas autoras de los hechos delictivos, pese a que  ese  tipo  de  elemento de conocimiento no constituye prueba de responsabilidad,  máxime  cuando  la  fuente  humana  nunca  ubicó a sus prohijados “en    tiempo,   modo   y   lugar   en   la   comisión   de   los  delitos”.   

         

          Al  respecto,  estima  que  el  fallador  atribuyó  a los referidos  procesados  la  pertenencia  a  la  banda criminal que arribó a la región, sin  pruebas  relevantes  y  contundentes,  amén  de desestimar las declaraciones de  quienes  relevaron de responsabilidad a aquéllos, solamente porque reconocieron  su participación en los ilícitos.   

          En  tal  virtud,  solicitó  casar  la  sentencia impugnada y, en su  lugar,  declarar la nulidad “de todo lo actuado en la  primera y segunda instancia”.   

          Finalizó  pidiendo, con apoyo en extensa cita jurisprudencial de la  Sala,  se  examine  en  forma oficiosa, en caso de inadmitirse la demanda por no  cumplir  las  exigencias  formales, la violación de garantías fundamentales de  los intervinientes.   

Consideraciones de la Sala:  

          Esta  demanda  correrá  la  misma  suerte de las anteriores, por lo  siguiente:   

          Cuando,   como   ocurre   en   el   primer  cargo,  se  acude a la causal de casación orientada a  obtener  la  nulidad  de  la  actuación, el  ataque  debe  contener,  como  mínimo, la identificación de la  irregularidad,  la  expresión  clara de sus fundamentos, el señalamiento de si  se  trata  de  un  vicio de estructura o garantía, la indicación de la norma o  normas  violadas,  la  mención  del  momento  procesal en donde se presentó la  anomalía  y  de  las  actuaciones  afectadas con la misma, así como motivar su  trascendencia,  demostrando  a  la Corte que la nulidad se erige como el remedio  único  y  extremo  para  enmendar  la  incorrección  procesal,  surgiendo así  indispensable el fallo de casación.   

          La   censora  no  se  allana  a  satisfacer  tales  presupuestos  de  fundamentación.  En  primer  lugar,  no  precisa  la naturaleza del vicio, pues  indistintamente  habla  de  violación  del debido proceso, que corresponde a un  vicio  de  estructura,  y  del  quebranto  de  las  garantías  procesales,  sin  precisar,  por  demás,  cuál de ellas se vio afectada con la irregularidad que  reseña.   

          En  segundo  término,  tampoco  sustentó  adecuadamente  el  vicio  denunciado,  pues genéricamente aduce que la Fiscalía y el Ministerio Público  intervinieron  indebidamente  en  la  dirección del juicio y luego exhorta a la  Corte  para que entre a verificar todas y cada una de las cintas magnetofónicas  en  las  cuales  aparece  el  registro  del  recaudo  probatorio,  olvidando  el  carácter  rogado  del  recurso  de  casación,  lo cual le impone al demandante  demostrarle  a  la Sala cuál es el yerro o vicio que presenta la actuación, la  ubicación del mismo y su trascendencia.   

          Le  correspondía,  por  tanto,  identificar  el medio sobre el cual  recayó  la  indebida injerencia, precisar si cobijó toda la prueba o solamente  una  parte  de ella e indicar la incidencia que la misma tuvo en la cimentación  de  la  condena,  acreditándole  a  la  Sala  que  de  no haberse presentado la  anomalía  el  sentido de la decisión habría sido diferente. Nada de ello hizo  la impugnante.   

          Aun  cuando en el segundo cargo  sugiere la presencia de un error de hecho por falso raciocinio, en  momento  alguno emprende su fundamentación, pues no indica los principios de la  sana crítica vulnerados por el fallador.   

          En  vez  de  realizar  tal  labor,  sostiene  que  la  sentencia  se  sustentó  con  base  en la información de fuente humana no formal, elemento no  constitutivo  de prueba de responsabilidad, con lo cual no hace sino deslizar el  ataque  hacia  los terrenos del falso juicio de convicción, pero sin indicar el  precepto  que  consagra  la  tarifa  legal  aducida,  ni  la incidencia de dicha  evidencia  en el sentido de la sentencia, como corresponde cuando se acude a esa  modalidad del error de derecho.   

          Al  final,  la  libelista  resulta  ensayando  su particular enfoque  acerca  del  mérito suasorio de las pruebas, señalando que la condena se basó  en  medios  no  relevantes ni contundentes, punto de vista que opone al plasmado  por   los  juzgadores,  con  lo  cual  olvida  que  ese  tipo  de  controversias  probatorias  están  vedadas  en sede de casación, dada la doble presunción de  acierto y legalidad que acompaña a las sentencias de instancia.   

En  consecuencia,  la  Sala  inadmitirá las  demandas  objeto de examen, sin que, de otra parte, evidencie la concurrencia de  circunstancias  vulneradoras de garantías fundamentes, que impongan superar los  desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

     

Se  precisará,  finalmente,  que  contra la  anterior  decisión  sólo  cabe  el mecanismo de insistencia, conforme lo tiene  establecido  el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede  bajo  las  reglas  fijadas  en  jurisprudencia  reiterada de la Sala10.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de casación interpuesta por los defensores de  HENRY  POLO  AGUILAR,  EDWARD  ALFIRIO  NIETO CORONEL,  JAIRO  ELIÉCER  CETINA  HERNÁNDEZ, JUAN CARLOS RAMÍREZ CETINA, ALIRIO ANTONIO  LÓPEZ   RODRÍGUEZ,   JOSEPH  ALEXÁNDER  ALDANA  CETINA,  BLANCA  FLOR  CETINA  HERNÁNDEZ  y  LEIDY MARCELA  ALDANA CETINA.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos referidos en el acápite final de la   presente   providencia,  contra  la  inadmisión  del  libelo  mencionado  en  precedencia  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO             JULIO        ENRIQUE        SOCHA       SALAMANCA                    

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Es de  anotar  que  en  estos hechos también fueron ultimados los individuos de nombre  Luis   Francisco   Gaviria   Gaviria   y      Óscar      José      Sáenz  Hernández.   

2 Cfr.  Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

3  Sentencia del 18 de julio de 2007, radicación 26255.   

4 Cfr.  Auto del 28 de febrero de 2006, radicación 24783.   

5  Página 32 del fallo de primer grado.   

6  Página 38 ídem.   

7  Páginas 36 y 36 ibídem.   

8  Página 39 ídem.   

9  Páginas 18 y 19 del fallo de segundo grado.   

10  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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