39394(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 376.   

Bogotá, D. C., diez  (10) de octubre de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de ÁNGEL  MIRO  ARMERO URBANO, CARLOS ALBERTO PAZ LÓPEZ y  JOHN  EDUARD  PAZ  LÓPEZ contra  la  sentencia  del  30  de abril de 2012 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de Pasto revocó la sentencia absolutoria proferida el 10 de  noviembre  de 2011 por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de la  misma  sede  y, en su lugar, condenó a los procesados a la pena principal de 36  años  de  prisión,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el término de 20 años, como  autores  del  delito  de  homicidio  agravado,  en  concurso  con  fabricación,  tráfico y porte ilegal de armas.   

HECHOS  

          Los  resumió  el  Tribunal en los siguientes términos:           

          “El  12 de noviembre del año 2008, los  habitantes  del  municipio de Buesaco (N) se aglomeraron en las instalaciones de  la      captadora      ilegal      de     dinero     denominada     ‘D.R.F.E    Proyecciones’,  toda  vez que en varios municipios  del  país  tales  establecimientos  estaban desapareciendo con el dinero de las  personas  que  habían  invertido  en  ellos.  A  medida que pasaba el tiempo el  ambiente  se  iba  tornando  más  tenso  y  las  personas empezaron a perder la  calma.   

         A  las  cuatro  de la tarde hizo presencia en el lugar el Personero  Municipal  de  Buesaco,  doctor  Byron Giovanni Santander Narváez, junto con su  secretaria  y  personal  del  Juzgado Promiscuo Municipal de esa población para  adelantar  un  inventario  de  los  bienes existentes en la empresa para lo cual  ingresaron  en  la  casa  sede  de  la  misma. El personero se presentó ante la  comunidad y se dirigió a ella en dos oportunidades.   

         Ulteriormente,  en  horas de la noche, la turba se tornó violenta,  lanzó  piedras  a  las  instalaciones de la empresa captadora e ingresó por la  fuerza  al  interior  de las mismas tumbando la puerta de acceso. Ante tal acto,  las  personas  que  estaban  dentro,  incluido el Personero, presas del pánico,  abandonaron  la  edificación  por  su parte trasera atravesando las terrazas de  las  construcciones  aledañas,  descendiendo a unos predios cultivados de café  por  los  que  caminaron  hasta llegar a la finca de propiedad del señor Amelio  Santacruz.   

         La  multitud al percatarse de la huida, supuso que los empleados de  ‘D.R.F.E.’   y  las  demás  personas  que  se  hallaban  dentro  del  inmueble  se  estaban llevando el dinero y por tal motivo  salieron en su persecución.   

         El  doctor  Byron  Giovanni  Santander Narváez, el señor Franklin  Miguel   Fajardo  Cadena  y  Mery  Liliana  Martínez  Chimachaná  –los  dos  últimos  trabajadores  de  ‘D.R.F.E.  Proyecciones”-  arribaron  al  patio  principal  de  la casa del señor Amelio  Santacruz, en donde infructuosamente llamaron buscando protección.   

         Estando  allí,  ingresaron  al  patio  dos  personas  que llevaban  puestas  capas plásticas con capucha, quienes insultaron a los premencionados y  les  exigieron la entrega del dinero de la captadora; como ellos manifestaron no  tenerlo, fueron requisados por los dos sujetos.   

         Ocurrido   esto,   irrumpió  en  la  escena  una  tercera  persona  igualmente  vestida  con una capa, portando un arma de fuego tipo pistola, quien  continuó  lanzando  improperios  en  contra  del  personero, el que para evitar  cualquier  agresión  se  identificó  como tal, no obstante el individuo armado  hizo  un  disparo  al piso y seguidamente asestó otro en el rostro del entonces  servidor   público,   quien   falleció   en   el   mismo   lugar  a  causa  de  éste.   

         De  forma inmediata el hombre con el arma apuntó a la cabeza de la  señora  Mery  Liliana  Martínez  Chimanchaná,  quien  suplicaba  por su vida,  momento  en  el  cual  se  presentó en el lugar el joven Wílder Edil Santacruz  –hijo  del  dueño de la  casa  donde tuvieron lugar los acontecimientos narrados- quien se dirigió hacia  el     homicida     diciéndole:    ‘marica  ya  la cagaste, no la cague más”, con lo cual evitó que  le   disparara  a  la  mujer  y  acto  seguido  los  tres  hombres  huyeron  del  lugar.   

         Los   señores  Mery  Liliana  Martínez  Chimanchaná  y  Franklin  Fajardo  Cadena  ingresaron  a  la vivienda del señor Amelio Santacruz en donde  permanecieron  acostados  en  el  piso  por  unos  momentos  y,  posteriormente,  mediante   llamada   vía   celular   comunicaron   los  hechos  a  la  Policía  Nacional.   

         Tras   varias  diligencias  investigativas,  los  aquí  procesados  CARLOS  ALBERTO  PAZ  LÓPEZ, JOHN EDUARD PAZ LÓPEZ y ÁNGEL MIRO ARMERO URBANO  fueron  señalados  como  presuntos  coautores  del  homicidio,  por  lo  que se  expidieron las correspondientes órdenes de captura”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En audiencia preliminar realizada el 1º  de  marzo  de  2010,  el Juzgado Promiscuo Municipal de Buesaco con funciones de  control    de    garantías    legalizó   la   aprehensión   de   CARLOS  ALBERTO  PAZ  LÓPEZ,  JOHN EDUARD PAZ LÓPEZ y ÁNGEL MIRO  ARMERO  URBANO. En la misma audiencia el delegado de la  Fiscalía  les  formuló  imputación  por  los  delitos de homicidio agravado y  fabricación,  tráfico  y  porte ilegal de armas de fuego. Seguidamente el juez  los  afectó con medida de aseguramiento de detención preventiva por los mismos  punibles.   

2.  Oportunamente, la Fiscalía presentó el  respectivo  escrito  de  acusación.  El  27  de mayo del precitado año el Juez  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Pasto realizó la audiencia de  acusación.   

3.  El funcionario judicial llevó a cabo la  audiencia  preparatoria el 23 de junio siguiente y realizó el juicio oral entre  el  30 del mismo mes de junio de 2010 y el 6 de octubre de 2011, a cuyo término  anunció  el  sentido del fallo, precisando que sería de carácter absolutorio.  El 10 de noviembre postrero profirió la sentencia de rigor.   

4.  Contra  el  fallo  de  primera instancia  interpusieron  recurso  de  apelación la Fiscalía, el Ministerio Público y el  representante  de  las  víctimas, con ocasión del cual el Tribunal Superior de  Pasto  revocó  la  absolución  y  condenó  a  los acusados, imponiéndole las  sanciones referidas en el acápite inicial del presente proveído.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  los  defensores  promovieron  el  recurso extraordinario de  casación.   

LAS  DEMANDAS   

          Se  trata  de  dos  libelos,  uno  presentado  por  el  defensor  de  ÁNGEL  MIRO ARMERO URBANO y  otro  por  el  representante  de  CARLOS  ALBERTO PAZ  LÓPEZ  y  JOHN  EDUARD PAZ  LÓPEZ.   

          La  Sala,  sin  embargo, sólo resumirá el primero de esos libelos,  no  así el segundo, pues su presentación se hizo por fuera de término, y ello  conduce    a   su   inmediato   rechazo,   sin   necesidad   de   ningún   otro  análisis.   

          Con  fundamento  en  la Ley 906 de 2004, el defensor de ARMERO  URBANO  formula  un  único cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  el  cual  apoya  en  la causal tercera de  casación.  Por  esa  vía denuncia la violación indirecta de la ley sustancial  como consecuencia de incurrirse en falso raciocinio.   

          El  yerro,  según  precisa, recayó en los testimonios rendidos por  Jaime    Andrés    Salazar   Cifuentes  y  Luis  Miguel Díaz Reina.  En  relación  con  el  primero,  el ataque lo segmentó en cinco  secuencias  fácticas  siguiendo,  según  dice, el orden de análisis efectuado  por los falladores.   

          Así,   frente   a   la  primera  secuencia,  trae  a  colación  la  afirmación  del  testigo en el sentido de haber escuchado a uno de los hermanos  PAZ LÓPEZ cuando manifestó  respecto  del personero que a “ese hijueputa hay que  matarlo”,  para  predicar  la  vulneración  de  las  reglas  de  la  lógica  porque la testigo Liliana del  Carmen  Burbano  Cerón  situó  al  occiso  en  lugar  diferente      al     referido     por     Salazar  Cifuentes.  Por  tanto,  considera  que el Tribunal no  debió otorgarle credibilidad.   

          Por  lo  demás,  estima  que la referida exclamación (“a  ese hijueputa hay que matarlo”) no  puede  catalogarse  como  originaria  de  una  idea  o  convenio criminal. En su  sentir,   las  reglas  de  la  experiencia  y  el  sentido  común  indican  que  “el  acaloramiento  de  ánimos incide en los seres  humanos  a proferir esa clase de expresiones especialmente en personas de baja o  mediana  preparación  como  en  este  caso,  especialmente cuando se encuentran  sometidas a circunstancias de alto impacto…”   

          Respecto  de  la  segunda  secuencia,  el  actor  se  refiere  a  la  afirmación  del testigo, en cuanto dijo que observó a tres personas con capas,  entre  quienes identificó a ARMERO URBANO,  para  considerar  violatorio  de las reglas de la lógica y de la  ciencia  el  análisis del Tribunal, acorde con el cual el testigo se encontraba  a  6  metros  de  distancia  y  no  a  300  como lo concluyó el a quo de manera  equivocada,  por  cuanto  independientemente de ello, lo cierto es que estaba de  noche  y  además  las fotografías tomadas en el lugar revelan que la distancia  sí  era  bastante considerable, luego no le era posible, por las condiciones de  limitada visibilidad, observar al procesado.   

          Además,  para  el  libelista,  no es cierta la congruencia afirmada  por   el   ad   quem   entre   el   testigo   Salazar  Cifuentes    y    los    declarantes    Franklin  Miguel  Fajardo  y Liliana  Martínez  Chimachaná, pues, de  una  parte,  mientras  el  primero  dijo que las condiciones de visibilidad eran  adecuadas,   los   otros,   junto  a  Carlos  Augusto  Amórtegui  Perdomo,  afirmaron  lo contrario. Y de la  otra,     porque    Salazar    Cifuentes  mencionó  el  ingreso a la escena de los hechos de dos personas,  en    tanto   Fajardo   y  Martínez hicieron alusión  a una sola.     

          Considera,  por  otro  lado,  equivocada  la postura del Tribunal de  otorgar   credibilidad   a  la  versión  de  Salazar  Cifuentes    en    punto    a    la    “individualización   fisionómica   del   agresor”,  con el argumento de que si bien llevaban capas con capucha, ésta  les  cubría  la  cabeza  mas  no los rostros, pues si los testigos Franklin  Miguel  Fajardo  y Mery   Liliana   Benavides,  quienes  se  encontraban  a  corta  distancia, no pudieron identificar a los agresores, menos  lo pudo hacer aquél si se encontraba bastante lejos.   

          Dentro  de  esta  segunda  secuencia  el  casacionista  cuestiona la  conclusión  del  ad  quem,  realizada  con  fundamento  en la prueba documental  allegada  del  Instituto  de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales y  del  Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional, acorde con la cual el  testigo    Salazar   pudo  distinguir  a  ARMERO URBANO  cuando  en  compañía  de otros sujetos se estaba poniendo la capa, pues aunque  esa      noche      estaba      “nublado      y  lloviendo”,      la     oscuridad     no     era  absoluta.   

          Al  respecto,  el  censor  reclama  tener  en  cuenta  la  parte del  concepto  del  Observatorio  Astronómico,  en  cuanto  aclaró  que habría muy  buenas  condiciones de visibilidad en la zona “si no  existía  excesiva nubosidad”, y así precisamente lo  declararon  los  testigos,  aspecto  a  lo cual debe sumarse que el sitio estaba  rodeado  de  vegetación  y,  además,  se interponía una malla con postes. Si,  añade,   deponentes   como   Liliana   del   Carmen  Burbano    y    Fajardo  Cadena  dicen  haber  distinguido  al personero, no es  porque  hubiese  existido  buenas condiciones de visibilidad, sino porque o bien  iban a su lado o lo habían visto con anterioridad.   

          En   su   criterio,   por  tanto,  el  Tribunal  no  debió  otorgar  credibilidad    al    testigo    Salazar,  máxime  cuando la descripción física que hizo de los agresores  no  coincide  con los del procesado, sin que para desestimar sus afirmaciones se  requiera  haber  cuestionado su capacidad visual, pues esa omisión no garantiza  que hubiese presenciado los hechos.    

         

          En  la  tercera  secuencia  fáctica  el  impugnante  se ocupa de la  aseveración   del  testigo  cuando  expresó  haber  seguido  a  tres  personas  “en tanto éstas intentarían recuperar los dineros  invertidos  en  la  captadora  ilegal”, para sostener  que  de  su  relato no surge quiénes lanzaban consignas tales como “nuestra   plata   la   recuperamos   a   las   buenas  o  a  las  malas”   o   “ladrones  hijueputas  a  robar a otra parte”, pero en todo caso  de   dicha   declaración   tampoco  puede  extractarse  que  esos  desconocidos  transeúntes hayan acordado cegar la vida de un tercero.   

          En  la  cuarta secuencia el actor alude a la descripción que de los  hechos   ocurridos  en  la  casa  del  señor  Amelio  Santacruz  efectuó  el  deponente  para  fustigar  el  razonamiento  del  sentenciador  cuando  dijo  que  aun cuando la luz de la casa  provenía  de  un  bombillo  que  estaba en la parte delantera, el reflejo de la  misma  daba probablemente hacia el patio. Sobre el particular, una vez más puso  de   presente   cómo   si   los   testigos  Franklin  Fajardo    y    Liliana  Martínez  no  alcanzaron  a  ver  los  rostros de los  agresores,  a  pesar  de  encontrarse  muy  cerca de ellos, tampoco Salazar   pudo   observarlos,   pues  se  encontraba a considerable distancia.   

          En  este  aparte  el  demandante censura también la afirmación del  Tribunal  conforme a la cual los testigos de la Fiscalía ocultaron información  por  amenazas,  pues  no  resulta  acorde  con  la  lógica que si, por ejemplo,  Liliana Martínez estaba muy  cerca  de  los  agresores  negó haber visto sus características físicas y, en  cambio,  en  forma categórica afirmó que ÁNGEL MIRO  ARMERO no estaba allí.   

          Al  respecto, considera que el análisis del ad quem no emerge de lo  declarado    por    Liliana   Martínez    y    Franklin   Fajardo,  pues  éstos  jamás  mencionaron  la existencia de amenazas, por  cuya  razón  si  negaron poder reconocer a los agresores fue porque el lugar se  encontraba  bastante  oscuro,  lo que igual sucedía con el testigo Salazar,  máxime  cuando estaba distante  de  allí.  En  este aspecto reclama porque el juzgador no analizó con el mismo  rasero  los  testimonios  de  Wílder Edil Santacruz,  Jorge  Eliécer  Pesillo  y  del  propio  ARMERO  URBANO, quienes dijeron haber sido  objeto de amenazas.   

          Estima,   de  igual  manera,  que  la  afirmación  de  Liliana  Martínez,  en  el sentido de no  observar  a  ARMERO URBANO en  el  lugar  de  los hechos, no se aparta de las reglas de la lógica, sino que se  explica  en  que  lo conocía desde hace mucho tiempo, circunstancia que, por lo  demás,  la  habría  hecho actuar de forma diferente en el lugar de los hechos,  si  en  realidad  hubiese  estado  allí,  como  rogarle  no  atentar  contra su  vida.    

          Finalmente,  en la quinta secuencia el libelista hace énfasis en la  incongruencia   presentada   entre   lo   dicho   por  el  testigo  Salazar  Cifuentes  y  lo  declarado  por  Liliana    Martínez   y  Franklin Fajardo, pues estos  últimos  manifestaron  que solamente uno de los tres agresores portaba un arma,  mientras  el  primero  sostuvo  que  todos  iban  armados,  a lo cual se suma la  también  incoherencia  que  surge  del  informe  del  investigador Perengüez,  en cuanto allí se registró  que  ARMERO portaba un fusil,  para después afirmarse que se trataba de una pistola.   

          Para   el   demandante,   además,  al  testimonio  de  Salazar   no   se   le   debe   otorgar  credibilidad,  pues  relata  los hechos con demasiada minucia, al punto de decir  que  uno  de  los victimarios llevaba un trapo negro en la mano, de describir el  tipo   de   armas   que   llevaban   y  dar  cuenta  del  orden  en  el  que  se  movilizaban.   

          En  su criterio, resulta inaceptable la explicación ofrecida por el  testigo  Salazar frente a la  contradicción   en  que  incurrió,  cuando  primero  señaló  a  JHON  PAZ de ser quien disparó contra la  víctima  y  después  atribuyó  esa acción a ÁNGEL  MIRO  ARMERO. La supuesta peligrosidad de este último,  añade,  no  es  creíble,  máxime cuando al final se dio a la tarea de obtener  fotografías  del  prenombrado,  arriesgándose así a realizar el trabajo de la  policía judicial.   

          Se   muestra,   por  último,  inconforme  con  la  conclusión  del  Tribunal,    en    el   sentido   de   que   el   testimonio   de   Salazar   es   verosímil   porque   es  congruente  con  los  demás  declarantes  de cargo, amén de que se trata de un  testigo  incluido  en  el  programa de protección de la Fiscalía. Al respecto,  estima  que  aquél  incurre  en  ostensibles  contradicciones  y sobre aspectos  importantes  y  el  hecho  de  encontrarse  en  el  programa  de  protección no  garantiza que esté diciendo la verdad.   

          El  casacionista,  luego de reiterar los puntos que, según dice, se  apreciaron  indebidamente  en el fallo de segundo grado, concluye señalando que  si  el  sentenciador  hubiese  valorado  el  susodicho testimonio conforme a los  principios    de    la    sana    crítica,    lo    habría    desechado    por  inverosímil.   

          En  lo  concerniente al testimonio de Luis  Miguel  Díaz  Reina,  el  actor  atribuye  al ad quem  asignar    a    las    declaraciones    de   Liliana  Martínez   y   Franklin  Fajardo  una  afirmación  no contenida en ellas, pues  éstos  jamás  refirieron la presencia de otra persona diferente a Wílder  Edil  Santacruz,  a  pesar de lo  cual  el  Tribunal  infirió  que  allí  también  estaba el menor Luis Miguel Díaz.   

          Censura,  de  otra parte, al juzgador por considerar creíble que el  menor   hubiera   reconocido   en   el   sitio  de  los  hechos  a  ARMERO  URBANO por su voz y contextura, en  cuanto  lo  conocía  hacía  cinco  años  y  había hablado con él en algunas  ocasiones.  En  criterio del impugnante, el testigo en realidad no reconoció al  procesado  inmediatamente  sino  que  presumió que se trataba de él por cuanto  quince  días  después  Wílder Santacruz  hizo  la  siguiente  afirmación:  “El  DRFE  sí  cumple,  pero  mi  tío  la  cagó”.    

          Además,  para  el demandante, el reconocimiento es dudoso porque no  se  hizo por la fisonomía sino por la voz, lo cual engendra mayor dificultad en  el  proceso  de  percepción,  máxime cuando en esos cinco años apenas habían  hablado  en algunas ocasiones, a lo cual se suma que no se trató de un diálogo  extenso  sino  de  expresiones cortas emitidas en un ambiente de acaloramiento y  de furia.   

          Tampoco,  en su criterio, es creíble la afirmación de Díaz  Reina  cuando dijo que el homicida  se  acercó a Wílder  y  a   él   para   que   se   quedaran   callados.   Los   testigos   Liliana    Martínez   y   Franklin  Fajardo,  añade, nunca dijeron  eso.   

          De   otra  parte,  descarta  que  Wílder  Santacruz  haya dicho: “mi  tío  la  cagó  con matar al personero”, pues lo que  en   realidad   expresó   fue   “mi  tío  sí  la  cagó”,   conforme  lo  confirmó  el  investigador  Jorge  Ferney Perengüez. En  su  sentir, eso último no permite inferir que el testigo se haya referido a una  muerte   ocasionada   por  ARMERO  URBANO,  máxime cuando el parentesco entre éstos no aparece demostrado y  si  así  lo  estuviese, el propio Wílder  mencionó que tiene otros tíos, amén de no resultar creíble que  éste  entrara  a  hacer  la  primera  de  esas  afirmaciones cuando el supuesto  diálogo en el cual se hizo no se refería a ese tema.   

          Se  refiere,  finalmente, al razonamiento del Tribunal acorde con el  cual  Díaz Reina reconoció  a  ARMERO  URBANO como quien  portaba  el  arma  de  fuego  y la disparó. Tal manifestación, en su concepto,  aparece  desvirtuada  con  los  testimonios de Liliana  Martínez   y   Franklin  Fajardo,  cuya  versión  es  además  respaldada  por  Wílder     Santacruz,  Jhon    Ánderson    Suárez    Delgado    y    Víctor    Alfonso    Castillo  Figueroa,   habiéndose   conocido   que,   incluso,  Díaz Reina entró a la casa  con  Suárez y Castillo  y  se acostaron en el piso, sin  salir de allí por el miedo que les causaba la escena exterior.   

          Tras   resumir   los   aspectos,   en   su  criterio,  indebidamente  apreciados,  el  censor  concluyó  que  si  el  fallador  hubiese  aplicado los  principios   de   la   sana  crítica  en  la  apreciación  del  testimonio  de  Díaz  Reina, no le hubiera  otorgado credibilidad.   

          A  renglón  seguido  el  demandante  se  ocupó  de los testimonios  presentados  por  la defensa. Y al efecto estimó que las cuatro inconsistencias  con   las   cuales   el   ad  quem  desestimó  las  versiones  de  Wílder  Edil  Santacruz  y  Jhon    Jairo    Chindoy,   en   cuanto  incriminaron     a     Franco     Hermel    Gómez  López  y  Víctor  Jurado  Chaves  por  la  muerte  del  personero,  carecen  de  fundamento.   

          Para    la    defensa,    es    intrascendente    que   Wílder  Santacruz  hubiese intercambiado  palabras   con   Franco   Hermel  Gómez  cuando  éste  ya tenía el arma en la mano o antes de esgrimirla,  pues  lo  importante  es  determinar  quién  disparó  sobre  la  humanidad del  personero,  aspecto  decantado  por el testigo presencial con absoluta claridad.  Por  lo  demás,  la duda o confusión del declarante sobre el momento en que se  sacó   el  arma  no  tiene  la  virtualidad  para  considerar  inverosímil  su  testimonio.   

          De  la misma manera, considera que no puede calificarse lo dicho por  Wílder y los otros testigos  como  impreciso  e  inverosímil  por el hecho de desconocer exactamente cuánto  tiempo  transcurrió entre el primer y segundo disparo, pues ese dato no aparece  demostrado en el proceso.   

          Por  último, es del criterio que la existencia de parentesco con el  procesado  ARMERO  URBANO no  es  motivo  para  desechar  los  testimonios,  máxime  cuando  en este caso tal  situación   solamente   es   predicable  de  Wílder  Santacruz, vínculo que de todas maneras no se probó,  y  lo  dicho por los declarantes no solamente favorece a aquél sino a los otros  acusados.                  

          De  otra  parte,  cuestionó el razonamiento del Tribunal acorde con  el  cual  el  señalamiento  de última hora efectuado en contra de Franco   Hermel   Gómez  y  Víctor  Jurado constituía una coartada.  Para  el libelista, no puede calificarse de tal porque la incriminación se hizo  en   forma   clara,   expresa   y  directa  respecto  de  personas  conocidas  e  identificadas,  sin  que fuese sorpresiva o surgida en el juicio oral, porque ya  de   antemano   esa   situación   la   conoció  el  investigador  Perengüez,  amén de que en la audiencia  preparatoria  la  defensa  anunció  que los testigos de descargo darían cuenta  sobre quiénes eran los autores materiales del ilícito.   

          Además,  añade,  se  ofreció información concreta de las veredas  donde  residían,  los  lazos  de  amistad  que  tenían, su contextura física,  fisonomía, etc.   

          Se  refirió  luego el impugnante al argumento del ad quem, conforme  al  cual  la  coartada  de  los  procesados en el sentido de encontrarse en otro  lugar  no  descarta  su  participación  en  el  homicidio.  Al respecto dice no  entender  cómo el fallador puede afirmar que el procesado estaba en dos lugares  al  mismo  tiempo  o que se desplazó de la terraza del D.R.F.E hasta la casa de  Amelio   Santacruz   para  disparar  contra  la humanidad del personero, dirigirse a la casa de la mamá de  Salazar  Cifuentes  y luego  regresar  al  primer  lugar, cuando las dificultades para la salida y el retorno  eran evidentes.   

          Criticó  enseguida  al  juzgador  por  considerar violatorio de las  reglas   de  la  lógica  y  la  experiencia  lo  afirmado  por  los  deponentes  Leonardo  Alexánder Díaz y  Fabio Vicente Basante, en el  sentido  de  que  no  perdieron  de  vista  a  ARMERO  URBANO  durante  aproximadamente 10 horas, no obstante  tratarse  de  un  lugar conmocionado y con alteración de orden público, y ello  tanto  más cuando el segundo de ellos, miembro de la Policía Nacional, dice no  haber estado pendiente del personero y sí del acusado en mención.   

          Según  el  actor,  del  contexto de las afirmaciones de los citados  testigos  se  desprende,  en realidad, que durante todo el tiempo que estuvieron  encerrados    en   la   terraza   ARMERO   no   se  movilizó  porque  las  circunstancias  físicas  se  lo  impedían,  lo  cual  no  aconteció  con  el  personero, quien sí abandonó el  lugar, sin informar de ello previamente al uniformado.   

          Aludió  acto  seguido  al  razonamiento del Tribunal, acorde con el  cual  el  sargento  Basante recibió directamente en su celular la llamada en la  cual   se   le   comunicaba   del  homicidio,  desvirtuándose  así  que  fuese  ARMERO  quien  le  pasó el  teléfono,  como  lo  dijo  el  referido  policial  para  tratar  de asegurar la  permanencia  del  acusado  en  la terraza. Según el libelista, lo importante en  este  aspecto  no  es quién informó de la muerte del personero ni quién pasó  el   celular,   sino  la  presencia  de  ÁNGEL  MIRO  ARMERO  en  la  terraza  del  D.R.F.E.  cuando  había  ocurrido  la  muerte  del  servidor  público  y  cuando  se  informó  sobre el  deceso.   

          Al  cuestionamiento  del  ad quem consistente en que los testigos de  la  defensa  dieron  su  versión obedeciendo a un texto aprendido y, en fin, no  fueron  espontáneos,  replicó  el  casacionista  que  se  trata de un reproche  genérico  y  fruto  de la subjetividad del juzgador, siendo lo cierto que quien  tuvo  la  inmediación  de la prueba fue el Juzgado, sin que se hiciera claridad  sobre quiénes fueron los testigos no espontáneos.   

            El demandante, de esa manera, consideró contraria a las reglas de  la  lógica y de la experiencia la conclusión del fallador de segundo grado, al  tenor  de  la  cual  las  pruebas  incorporadas  al juicio aportan certeza de la  responsabilidad  de  los  procesados,  mientras los testimonios de la defensa no  ostentan    contundencia    suficiente    para    mostrar    que    ARMERO  URBANO  permaneció  lejos  de la  casa  de Amelio Santacruz. En  su  sentir,  contrariamente,  la prueba de la Fiscalía confrontada con la de la  defensa no permite proferir una condena.   

         Solicitó,  por  tanto,  casar  la sentencia y, como consecuencia de  ello, dictar fallo absolutorio.   

                    

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          Demanda    presentada    por    el    defensor    de    CARLOS  ALBERTO  PAZ LÓPEZ y JOHN EDUARD PAZ LÓPEZ:   

          De  conformidad con lo establecido en el artículo 183 de la Ley 906  de  2004,  modificado  por  el  artículo  98 de la Ley 1395 de 2010, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  interponerse  dentro de los cinco (5) días  siguientes  a la última notificación, mientras la respectiva demanda habrá de  presentarse en un término común posterior de treinta (30) días.   

          En  el  presente  caso,  la notificación de la sentencia de segundo  grado  se  efectuó  en  estrados el día 30 de abril de 2012, luego los sujetos  procesales  disponían  hasta  el 8 de mayo siguiente para interponer el recurso  de   casación   y   hasta   el   22  de  junio  para  presentar  la  respectiva  demanda.   

          El  defensor  de CARLOS ALBERTO PAZ LÓPEZ  y  JOHN  EDUARD  PAZ LÓPEZ  interpuso  el  recurso  el  8  de  mayo, luego lo hizo  oportunamente.  No obstante, la demanda la presentó el 25 de junio siguiente en  la  secretaría del Tribunal Superior de Pasto, es decir, por fuera de término.   

          Se  observa que el sujeto procesal en mención previamente, el 22 de  junio,  presentó el libelo en la Oficina Judicial de la Dirección Seccional de  Administración Judicial de Pasto.   

          Empero,   como  lo  ha  señalado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  “la   manifestación  de  inconformidad,  como  la  demanda,  deben  ser  expresadas y presentadas ante el funcionario que conoce de  la  actuación y, una y otra, para efectos procesales, sólo pueden considerarse  cumplidas  dichas cargas procesales el día en que son recibidas por el despacho  de  su  destino  (artículo 84 del C. de P. C., modificado por el D. E. 2282/89,  artículo  1º  Num.36)  y  si el actor opta por remitir la demanda de casación  desde  el  lugar  de su residencia, como también lo prevé dicho Estatuto en el  artículo   373   (Modificado.  D.E.  2282/89,  art.  1º,  num.188),  la  misma  ‘se    tendrá   por  presentada  en  tiempo  si llega a la secretaría antes de que venza el término  del               traslado’”1   

.  

          Se   sigue  de  lo  anterior  que  el  defensor  de  los  procesados  PAZ  LÓPEZ  no cumplió con  la  carga  de  allegar oportunamente la demanda de casación al órgano judicial  que  profirió  la  sentencia  impugnada.  Si  bien  la  presentó en la Oficina  Judicial  el 22 de junio de 2012, último día con que contaba para sustentar el  recurso,  tal  acto no suplió la obligación de hacerlo en el Tribunal Superior  de  Pasto,  cuerpo  colegiado  que  no  hace  parte de la Oficina Judicial, pues  ésta,  conforme  surge de lo dispuesto en el Acuerdo 1853 de 2003 proferido por  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura, solamente sirve  de apoyo a los juzgados de la respectiva sede.   

          En   consecuencia,  por  su  presentación  extemporánea,  la  Sala  inadmitirá el libelo en cuestión.   

          Demanda  presentada  a  nombre  de  ÁNGEL  MIRO ARMERO URBANO:   

El   estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004,  conforme  ocurre  con  el  previsto  en la Ley 600 de 2000, también exige, como  condición  para  la  admisión  de la demanda de casación, la satisfacción de  exigencias      de     lógica     y     adecuada  argumentación,  cuyo fin es permitirle a la Corte, a  partir    de    la    coherencia    y    precisión  conceptual      del      libelo,     establecer   sin   dificultad   cuál  es  el  error  atribuido  al  sentenciador,     causante     de     la   violación   de   la  Constitución   o   la  ley  o  la  afectación  de  las  garantías  fundamentales de las partes.   

Esos   presupuestos   de   sustentación,  acorde  con  lo establecido  en  los  artículos  183  y  184, inciso segundo de la  precitada  Ley 906 de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal  invocada     y     al     adecuado    desarrollo  de  los  cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

          Además,  se hace imperioso que el actor justifique la necesidad del  fallo  de  casación  de  cara  al cumplimiento de alguna de las finalidades del  recurso,  según  así  lo  tiene  también  establecido  el  inciso segundo del  precitado artículo 184.   

          En  el  caso  objeto  de  examen,  advierte la Sala que el censor no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

          En  efecto,  en  el único cargo que formula contra la sentencia del  Tribunal   denuncia   la   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  como  consecuencia de incurrir en falso raciocinio.   

         Conforme  lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia  de  la Sala, el  referido  error de hecho se  presenta  cuando  el fallador, al apreciar el conjunto probatorio, desconoce los  principios  de la sana crítica, los cuales están conformados por las reglas de  la  experiencia, los postulados lógicos y las leyes de la ciencia.            

Para   su   demostración,   al  actor  le  corresponde  indicar  la  regla de la experiencia, el postulado lógico o la ley  de  la ciencia desatendida, precisar cuál principio de la sana crítica debió,  en   su   defecto,   aplicar   el  juzgador  y  explicar  la  trascendencia  del  yerro.   

Tal  carga argumentativa no fue cumplida por  el  libelista,  porque  a  lo  largo  del  desarrollo  del reproche se dedica en  términos   generales   a   postular  su  propia  valoración  de  las  pruebas,  pretendiendo  hacer  valer  su  particular punto de vista sobre el del Tribunal,  olvidando   que  en  sede  de  casación  ese  tipo  de  controversias  resultan  inadmisibles,  dada la presunción de acierto y legalidad de que está revestida  la sentencia impugnada.   

Solamente,  en  algunos  de  los apartes del  libelo  el  impugnante  predica  la  violación  de  los  principios  de la sana  crítica.  En  unas  ocasiones,  las más de las veces, limitándose a aducir el  simple  desconocimiento  de  los  postulados  lógicos  y  de  las  reglas de la  experiencia,  pero  sin explicar cuáles exactamente vulneró o dejó de aplicar  el Tribunal.   

Y  en  otras  oportunidades,  a  pesar  de  mencionar  circunstancias que califica como reglas de la experiencia, postulados  lógicos  o  leyes  de  la ciencia, no se esfuerza por demostrar que en realidad  constituyen  principios  de  la  sana  crítica.  A este respecto, es pertinente  señalar  que  la  edificación  de una regla de la experiencia, de un postulado  lógico  o  de  una ley científica no depende de las particulares opiniones del  impugnante  sino  de  situaciones objetivas y reales que se presenten en la vida  cotidiana o que aparezcan demostradas en la actuación.   

Por lo anterior, sostener que la exclamación  consistente   en   “a   ese   hijueputa   hay  que  matarlo” no puede catalogarse como originaria de una  idea  o  convenio  criminal,  porque  a ello se opone la regla de la experiencia  según  la  cual “el acaloramiento de ánimos incide  en  los  seres  humanos  a  proferir  esa  clase de expresiones especialmente en  personas  de baja o mediana preparación como en este caso, especialmente cuando  se  encuentran  sometidas  a  circunstancias  de  alto impacto…”,  es  dejar  de  considerar  que  en  muchas  ocasiones ese tipo de  amenazas    se    concretan,    a   pesar   de   proferirse   en   momentos   de  acaloramiento.   

Ahora bien, estimar violatorio de las reglas  de  la  lógica y de la ciencia el razonamiento del ad  quem,  acorde  con  el  cual  el  testigo Jaime       Andrés       Salazar       Cifuentes      identificó  a  ARMERO URBANO entre  los  tres  sujetos  que  vestían  capas,  por  el  hecho  de  encontrarse  a considerable distancia y en limitadas condiciones de visibilidad,  es  partir  de  la  particular valoración de la prueba efectuada por el actor y  repudiar  la conclusión del juzgador, quien, encontró acreditado lo contrario,  es  decir,  que  el  deponente  se  encontraba  cerca  del  lugar  y contaba con  luminosidad suficiente para apreciar los hechos.     

En   fin,   se  insiste,  la  postulación  casacional  no  pasa  de ser la personal visión que el demandante presenta a la  Corte  sobre  el  alcance  suasorio  de las pruebas, a partir de la cual termina  acusando  al Tribunal de desconocer las reglas de la lógica y de la experiencia  solamente  por  concluir  que  los  elementos  de  convicción incorporados a la  actuación  aportan  certeza  acerca  de  la  responsabilidad de los procesados,  cuando  lo  que,  en  su  criterio, debió sostenerse fue la ausencia de mérito  para  condenar, pero sin acometer la demostración de un yerro de tal naturaleza  en la labor apreciativa del juzgador.   

Más aún, en ese largo análisis valorativo  que  emprendió  el  censor  resultó  entremezclando argumentos propios de otro  motivo  casacional,  desatendiendo  de  esa forma el principio de autonomía que  rige  en  esta sede extraordinaria. Tal impropiedad ocurrió cuando cuestiona al  Tribunal   por   afirmar  que  los  testigos  Liliana  Martínez    y   Franklin  Fajardo   ocultaron   información  por  amenazas  y,  además,  por atribuirles referir la presencia de Luis  Miguel  Díaz  en  el lugar de los hechos, pues dichos  declarantes,   según   el   actor,  jamás  hicieron  alusión  a  amenazas  ni  mencionaron   a   persona  distinta  a  Wílder  Edil  Santacruz.   

De esa manera, insinuó la configuración de  un  falso  juicio  de  identidad,  error  de  hecho  que  se  presenta cuando el  sentenciador,  al  apreciar  la  prueba,  distorsiona su contenido fáctico para  hacerle  decir  lo  que  ella  no  expresa,  en  cuanto  la  cercena, adiciona o  translitera.  Yerro  que,  de  todas  maneras,  el  casacionista  se  abstuvo de  sustentar   adecuadamente,  pues  no  efectuó  el  necesario  cotejo  entre  el  contenido  de  los  testimonios  y  el atribuido por el fallador, precisando los  apartes   donde  se  presentó  la  distorsión,  como  tampoco  fundamentó  la  incidencia  de  los  errores  en  el  sentido  de  la decisión, presupuestos de  redacción   a   cumplir   cuando   se  acude  a  esa  modalidad  del  error  de  hecho.   

En   suma,   el  sustento  de  la  censura  corresponde  más  a  un  alegato  de  instancia,  en  el  cual el libelista, se  recalca,  ensaya  su  personal  enfoque  acerca  del  mérito  probatorio de las  pruebas,  sin que se allane a satisfacer las exigencias de redacción propias de  la impugnación extraordinaria.   

En  consecuencia,  atendida  la  inadecuada  sustentación  del  cargo  formulado,  deficiencias  que no permiten advertir la  necesidad  del  fallo  de  casación,  la  Sala inadmitirá la demanda objeto de  examen,  considerando  además la no concurrencia de circunstancias vulneradoras  de  garantías,  que  impongan superar los desaciertos técnicos para decidir de  fondo.   

     

Se  precisará,  finalmente,  que  contra la  anterior  decisión  sólo  cabe  el mecanismo de insistencia, conforme lo tiene  establecido  el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede  bajo  las  reglas  fijadas  en  jurisprudencia  reiterada de la Sala2.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  CARLOS ALBERTO PAZ  LÓPEZ  y  JOHN  EDUARD PAZ  LÓPEZ,  por  presentación  extemporánea.   

         2.-      INADMITIR      la   demanda   de   casación   interpuesta   por  el  defensor  de  ÁNGEL  MIRO ARMERO URBANO,  por sustentación inadecuada.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos referidos en el acápite final de la   presente   providencia,  contra  la  inadmisión  del  libelo  mencionado  en  precedencia  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Rad.  18647,  auto de casación del 15 de mayo de 2002 y Rad. 21383, auto de casación  del  26  de  enero  de  2005. En el mismo sentido, auto del 3 de agosto de 2006,  radicación 23553.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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