39370(06-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 447  

Bogotá, D. C.,  seis (6) de diciembre de  dos mil doce (2012).   

VISTOS:  

El Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Buga,  mediante  sentencia  proferida  el  29  de  marzo  de  2012,  declaró  a  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  exjuez  Primero  Laboral del Circuito de Buenaventura,  como  autor  responsable  del  delito  de  peculado  por apropiación a favor de  terceros,  respecto  de  los  hechos  aludidos  en  el proceso ordinario laboral  adelantado   por   MIGUEL  ÁNGEL  GARCÉS  HURTADO.   

Igualmente,  cesó  todo  procedimiento a su  favor  por  el  mismo delito, por prescripción de la acción penal, respecto de  la  conducta  generada  dentro  de  los  procesos  adelantados  por JOSÉ  LUÍS BANGUERA, CAMILA COSIO COPETE y MOISÉS PEREA ANDRADE.   

Contra  la aludida sentencia, la defensa, la  Fiscalía   y   el  agente  del  Ministerio  Público,  presentaron  recurso  de  apelación, que ahora procede a resolver la Sala.   

HECHOS:   

Entre  los  años de 1993 y 1994, el acusado  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ, en  su  calidad  de  Funcionario  Judicial,  Juez  Primero  Laboral  del Circuito de  Buenaventura,  tramitó  seis  (6)  procesos ordinarios adelantados a través de  apoderado  judicial  por  los  señores  JOSÉ  LUÍS  BANGUERA1,    CAMILA    COSIO    DE    COPETE2,   MIGUEL   ÁNGEL   GARCÉS  HURTADO3,     MARCIAL     GARCÍA     CASTRO4,      MOISÉS      PEREA  ANDRADE5    y    JEREMÍAS    PÉREZ    ROJAS6,   condenando  a  la  entidad  estatal  demandada, Fondo de Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia, en  adelante,  FONCOLPUERTOS, a  pagar  a  favor  de  los  extrabajadores  portuarios,  una  serie  de acreencias  laborales  e indemnizaciones moratorias, sobre las cuales, según la acusación,  no tenían derecho.   

Sentencias   que   al   surtir   el  grado  jurisdiccional  de  consulta,  fueron revocadas en segunda instancia por la Sala  Laboral  de  Descongestión del Tribunal Superior de Bogotá mediante proveídos  calendados  28,  18 y 25 de junio de 2002, 31 de julio de la misma anualidad, 21  de noviembre de 2001, y 23 de diciembre de 2002, respectivamente.   

Las  referidas revocatorias se fundamentaron  en  que  el  juez  colegiado en lo laboral encontró diversas irregularidades en  las   sentencias   de   primer   grado   emitidas   por   el  juez  GAMBOA   VELÁSQUEZ,   entre  ellas,  la  indebida  aplicación  de  la  Convención Colectiva de Trabajo, la condena más  allá  de  lo pedido por los demandantes y la ausencia de claridad, precisión y  consistencia  en  los  hechos  y  pretensiones  contenidos en las demandas. Como  consecuencia     de     lo     anterior,    se    absolvió    a    FONCOLPUERTOS   de   las   pretensiones  deprecadas   por   los   antiguos   trabajadores   de   la  Empresa  Puertos  de  Colombia.   

Con  ocasión  de  esas  decisiones,  se dio  inicio  a  esta  actuación  procesal  penal,  con  el  objeto de establecer las  posibles  conductas  punibles  en  que  hubiera  podido  incurrir el funcionario  judicial  HAROLD GAMBOA  VELÁSQUEZ, al proferir los fallos  de     condena    que    fueron    hallados    ilegales    por    su    superior  jerárquico.   

ANTECEDENTES    PROCESALES:   

1. Con base en el informe presentado por los  investigadores   adscritos   al  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones,  C.T.I.,  destacados  ante  la  Estructura de apoyo para el caso FONCOLPUERTOS7, la Fiscalía  20  Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá, a través de proveído del 28  de          abril          de          20068, ordenó la apertura formal de  instrucción    en    contra    de   HAROLD   GAMBOA  VELÁSQUEZ,  como  presunto  autor  del  delito de prevaricato por acción en concurso con el de peculado por  apropiación,  a  efecto  de determinar las irregularidades en torno al trámite  judicial   adelantado   con   motivo   de  la  demanda  laboral  instaurada  por  MARCIAL  GARCÍA  CASTRO, ex  trabajador de Puertos de Colombia.   

2. En la misma fecha, el fiscal investigador  dispuso  acumular y tramitar conjuntamente las investigaciones originadas en las  sentencias  proferidas  dentro  de  los  procesos laborales en los que figuraron  como  demandantes  JOSÉ LUÍS BANGUERA, MIGUEL ÁNGEL  GARCÉS  HURTADO,  MARCIAL  GARCÍA  CASTRO,  MOISÉS  PEREA  ANDRADE, JEREMÍAS  PÉREZ    ROJAS,    extrabajadores   portuarios,   y  CAMILA  COSIO  DE COPETE, en  calidad   de   sustituta  pensional  de  señor  JUAN  FRANCISCO          COPETE          MOSQUERA9.   

3.   Practicadas   algunas   pruebas,   el  funcionario  investigador,  mediante  proveído  del  27  de  noviembre de 2006,  vinculó    como    persona    ausente    a   GAMBOA  VELÁSQUEZ,      designándole     defensor     de  oficio10.    

4. Seguidamente, el 13 de diciembre de 2007,  resolvió   que  no  resultaba  obligatoria  la  definición  de  la  situación  jurídica   provisional  ni  la  detención  preventiva  bajo  los  presupuestos  consagrados  en  los artículos 313 y 314 de la Ley 906 de 2004, al considerarla  aplicable  al  presente  caso en cumplimiento del principio de favorabilidad; al  tiempo  que  precluyó  a su favor la instrucción por los eventuales delitos de  prevaricato  por  acción  y peculado por apropiación, por haber sobrevenido el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción de la acción penal, únicamente, de  los  hechos  originados  en  los  procesos  ordinarios  laborales promovidos por  MARCIAL   GARCÍA   CASTRO   y   JEREMÍAS   PÉREZ  ROJAS.   

5.  Igualmente,  en  el  referido proveído,  resolvió  que  la  investigación  penal que se adelantaba en su contra, debía  proseguir  exclusivamente  por  el delito de peculado por apropiación, agravado  por  la  cuantía,  en  relación  con  los  “hechos  cifrados  en  los  radicados  conexos  originales  distinguidos con los números  15607,    15613,    15694    y   15697”11.   

6.  El  cierre  de  la  investigación  fue  ordenado  a través de la resolución emitida el 11 de abril de 200812  y el 26 de  agosto    del    mismo    año,    HAROLD    GAMBOA  VELÁSQUEZ    fue   acusado   por   el   delito   de  “peculado  por apropiación a favor de terceros, en  concurso   homogéneo,  agravado”,  respecto  de  su  actuación    en   los   procesos   laborales   adelantados   por   JOSÉ  LUIS BANGUERA, CAMILA COSIO DE COPETE, MIGUEL ÁNGEL GARCÉS  HURTADO y MOISÉS PEREA ANDRADE.   

7.  Ejecutoriado el vocatorio a juicio el 10  noviembre  de  2008,  el  conocimiento  del proceso lo asumió la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de Buga. Corporación que resolvió negar las solicitudes de  cesación  de  procedimiento  y  nulidad  de  la  actuación, presentadas por la  defensa   en   audiencia   preparatoria  el  9  de  agosto  de  201013.     

8.  Realizada  la  audiencia  pública  de  juzgamiento  el  7  de abril de 2011, se produjo fallo de carácter condenatorio  el  29  de  marzo  de 2012, contra el que se interpuso recurso de apelación que  ahora debe resolverse.   

LA      SENTENCIA    IMPUGNADA:   

De  la  prescripción.  

El  Tribunal indicó que en la medida en que  dentro  del  proceso  promovido  por  el  señor JOSÉ  LUÍS   BANGUERA   sólo  se  acreditó  el  pago  de  $3.841.223.48  en virtud del oficio No.1738 del 15 de septiembre de 1993, época  en  que  los  50  salarios  mínimos  legales  vigentes  ascendían a la suma de  $4.075.50014   

,  forzoso  era  concluir  que las conductas  constitutivas  de  peculado por apropiación en favor de terceros frente a estos  comportamientos  prescribieron  antes  de  que  se  emitiera  la  resolución de  acusación.   

Seguidamente,   advierte  el  a  quo  que la misma situación ocurre en  los  peculados  de los procesos ordinarios laborales propuestos por CAMILA  COSIO  DE  COPETE  y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE, al considerar que:   

“en  ellos, las sumas canceladas  a  favor  de  los  demandantes  por  FONCOLPUERTOS, en cumplimiento [de]  las  sentencias  proferidas por el  procesado,  no  superan  el  monto  de los [cincuenta]  (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes  para  las  fechas  en  que  fueron  efectivamente  pagados los dineros estatales  –año  de  1993-; y dado  que  como  se  dejó  dicho  anteriormente  la  resolución de acusación cobró  firmeza  el  10 de noviembre de 2008   para  todos y cada uno de los peculados, entre uno y otro evento,  ya  se  había  superado  el  término  máximo  de  prescripción  en  la etapa  investigativa,  establecido  en  diez  (10)  años de  prisión.”15   

Los         procesos   restantes.   

En  criterio  de  la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Buga,  se reunieron los presupuestos exigidos por el artículo 232  de  la  Ley 600 de 2000 para condenar al exjuez GAMBOA  VELÁSQUEZ,  como  autor del  delito  de  peculado por apropiación a favor de terceros, al proferir decisión  manifiestamente  contraria  a  la  ley,  dentro  del  proceso  laboral seguido a  instancia  de  la demanda presentada por MIGUEL ÁNGEL  GARCÉS  HURTADO,  pues  halló  prueba del detrimento  patrimonial  que sufrieron los bienes estatales ante la disponibilidad jurídica  que  tuvo  de los mismos el exjuez acusado por un valor superior a los cincuenta  (50) salarios mínimo mensuales legales vigentes en el año 1994.   

En   palabras   de   la   Corporación  de  instancia:   

“Para el caso del ex trabajador portuario  Miguel  Ángel Garcés Hurtado, se profirió la sentencia No.248 del 06 de abril  de     1994,     por     medio     del    cual    se    declaró    [que]   la   pensión   de  jubilación  reconocida  mediante  resolución  No.  004283  del  17  de  septiembre  de 1982  [por] valor de $124.803.26  mensuales,           al          reajusta[rse]  de conformidad con la ley 71 de 1988 asciende a $290.146.91.   

En  esa  misma sentencia condenó a pagar a  favor  del  actor  dentro  de  los  cinco  días  siguientes a la ejecutoria del  proveído    el    valor    $8.741.263.25    por    diferencia    de    pensión  reajustada.   

En cuanto al valor de $2.491.260 se tasaron  por  el  acusado a través de auto de cúmplase fechado al 13 de abril de 1.994.   

El pago de la referida condena fue ordenado  mediante   oficio   No.   1038  del  2  de  agosto  de  1994  por  un  valor  de  $11.232.523.25”16     

Conforme  a  lo  anteriormente reseñado, el  Tribunal  resolvió  aplicar,  en  el  presente caso, “por favorabilidad” el  artículo  397  de  la  Ley  599  de 2000, imponiéndole al acusado HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  una  pena  de  setenta  y  dos  (72)  meses  de  prisión,  multa  por once millones doscientos  treinta  y  dos  mil  quinientos  veintitrés  pesos  con  veinticinco  centavos  ($11.232.523.25),    equivalente,    para    el    a  quo,   “al   valor   de   los  apropiado”,  a  la  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un periodo igual a la pena  privativa  de  la libertad y al pago de perjuicios materiales por el mismo valor  de  la  multa17.   

LA   IMPUGNACIÓN:  

La  decisión  que  viene de reseñarse, fue  recurrida  en apelación por la Fiscal Quinta Delegada ante el Tribunal Superior  de  Buga, el delegado del Ministerio Público y HAROLD  GAMBOA VELÁSQUEZ.   

La Fiscalía  

Expuso que la prueba documental allegada por  el   Ministerio   de   la   Protección   Social,   Grupo   Interno  de  Trabajo  G.I.T.–Área   Sistema  Nacional  de  Pagos,  referente  a  memorandos  y  resoluciones administrativas,  indican   que   los   fallos  de  primera  instancia  dictados  por  el  acusado  HAROLD      Gamboa  Velásquez,  en  los procesos ordinarios laborales que  tramitó  en  condición  de  Juez Primero Laboral del Circuito de Buenaventura,  surtieron  efectos  hacia  el futuro, porque modificaron las mesadas pensionales  de los extrabajadores, por lo que afirma:   

“el  monto a  considerar  en estos casos no son lo referenciados en el fallo, sino la suma de:  $59.583.029.86,  $29.216.142.98  y  $86.937.595.48;  por  cuanto esas fueron las  cuantías  recibidas al rectificarse y reajustarse nuevamente la pensión de los  ex  trabajadores  (sic)”18.   

Seguidamente,  subraya  los medios suasorios  “omitidos  de valoración probatoria”  y  las  sumas  pagadas  mensualmente  de  más  a  los demandantes  José   Luis   banguera,  Camila        Cosio       de       copete        y        MOISES            PEREA            ANDRADE,  solicitando  se  revoque  el  apartado de la decisión  impugnada  a través del cual se resolvió  decretar  la cesación de procedimiento  por    prescripción   de   la   acción   penal   a   favor   del  acusado,  para  que,  en  su     lugar,     se     dicte     la     sentencia    condenatoria  correspondiente.   

El Ministerio Público  

Sostiene  que los valores considerados en la  sentencia  de  condena  como  cuantía  de  los  peculados  por apropiación son  desacertados,  delimitando  el  objeto  de  su  inconformidad con las siguientes  palabras:    

“olvidó el Juez A quo, que los fallos que  se  profirieron  a  favor  de  los señores JOSÉ LUIS BANGUERA, CAMILA COSIO DE  COPETE  Y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE, -los cuales constituyeron fuente de derechos  ilegítimos-,  también  tuvieron  efectos hacia el futuro, ya que modificó las  mesadas  pensionales  a  favor  de  los ex trabajadores o de sus herederos, y de  ello  da  cuenta  el Ministerio de Protección Social, a través del Área Grupo  Interno  para  el  pasivo  la  Empresa  Puertos de Colombia (sic), que obligó a  REINTEGRAR   los  dineros,  al  haber  sido  REVOCADO los fallos de Primera  Instancia  por  el  Tribunal  de  Descongestión  Sala Laboral, creando en forma  legítima  para  cumplir  el  grado jurisdiccional de consulta (artículo 69 del  C.P.L.).   

El  detrimento del patrimonio de la extinta  Empresa  FONCOLPUERTOS,  no  solo  tuvo  ocurrencia  de manera primigenia con la  entrega  de dineros ordenados en las sentencias laborales, las cuales reconoció  unas  mínimas  cuantías,  sino  que  sus  efectos se prolongaron en el tiempo,  causados  mes  a  mes, por muchos años, generando un detrimento económico a la  entidad   del   Estado,   el   cual  se  prolongó  hasta  que  el  Tribunal  de  Descongestión  Sala  Laboral  ordenó  REVOCAR  en su integridad las decisiones  proferidas por el acusado”.   

En ese mismo sentido, afirma el recurrente,  que  el  a quo no valoró las  certificaciones  expedidas por el Grupo Interno del Trabajo del Ministerio de la  Protección  Social,  a través de las cuales se demuestra la existencia de unos  pagos  que  comprenden  las  sumas  específicas  ordenadas en la sentencia y el  reajuste  pensional  que  se  canceló de manera periódica a los extrabajadores  portuarios  y  a  sus  sustitutos  pensionales,  como consecuencia directa de la  modificación  introducida  por  razón del fallo del Juzgado Primero Laboral de  Buenaventura.   

Así,  las  cosas,  solicita la revocatoria  parcial   del   fallo   proferido   por  el   Tribunal   Superior   de   Buga,   para   que   “en    consecuencia    se    dicte    la    sentencia   [condenatoria]    correspondiente   con  relación  a los procesos laborales donde aparecen como demandantes los señores  José   Luís   banguera,  Camila        Cosio       de       copete        y       MOISÉS            PEREA            ANDRADE.”19   

El   procesado  

Reclama  la  revocatoria  de  la  sentencia  condenatoria  con  fundamento en variados argumentos que agrupó de la siguiente  manera:   

1.    Grado  jurisdiccional de consulta   

Aduce  que  el  haber  omitido  surtir  el  trámite   de   la   consulta  “no  constituye  una  actuación    ilegal”20,  pues  arguye  que  en  la  época  en  que  emitió  los fallos laborales no se consagraba ese recurso para  las sentencias adversas a las entidades descentralizadas.   

De   ello  concluye  que  las  sentencias  laborales  proferidas  en  los  años  1993 y 1994 habían quedado en firme y no  podían  ser objeto del grado jurisdiccional ordenado por el Consejo Superior de  la  judicatura, e insiste en la carencia de competencia territorial de las Salas  Laborales  de  Descongestión  que  desataron  la consulta, para lo cual cita el  artículo 63 de la Ley 270 de 1996.   

Por tanto, considera viciados de nulidad los  fallos  de consulta, pues vulneraron el debido proceso, la seguridad jurídica y  el  principio  de  cosa  juzgada,  razón  por  la  cual no podían tenerse como  fundamento   de   la   sentencia   condenatoria,   sino   excluirse  del  acervo  probatorio.   

Así   mismo,   arguye   que   no  existe  concordancia21  con lo estipulado en el artículo 10 del Código Procesal Laboral,  norma   que  asigna  la  competencia  de  los  juicios  contra  establecimientos  públicos  al  juez  del  domicilio  del  demandado o al del lugar donde se haya  prestado  el  servicio,  a elección del demandante, en razón de lo cual era el  Tribunal  de  Buga  y no el de Bogotá o Pereira, el competente para conocer del  grado   jurisdiccional   de   consulta,  pues  Buenaventura  pertenece  a  aquel  distrito.   

De  esta  manera,  afirma, aunque las Salas  Laborales  de  Descongestión ostentaban competencia funcional, adolecían de la  territorial22,  en  tanto  sólo  la ley puede modificar dichas reglas, mas no un  acto    administrativo    proferido    por    el    Consejo   Superior   de   la  Judicatura.   

En  razón  de  lo  anterior,  colige  la  inexistencia  en  el  proceso  penal  de  decisión  legalmente proferida por la  jurisdicción  ordinaria  laboral  mediante  la cual se demuestre que los fallos  proferidos  por  Harold  Gamboa Velásquez  fueron  desacertados, pues, insiste, las decisiones de consulta no  sirven    para    demostrar   la   responsabilidad   del   procesado23.   

2. Análisis probatorio  

El  impugnante  manifestó su inconformidad  con  la  sentencia  condenatoria  afirmando  que  las  demandas fueron admitidas  porque  reunían  los  requisitos del artículo 25 del Código Procesal Laboral,  aspecto  no  controvertido por la empresa demandada, por manera que las Salas de  Descongestión  no  podían,  de  manera  oficiosa,  declarar la ineptitud de la  demanda,   pues   asegura  que  “si  en  gracia  de  discusión  las  demandas  no  hubiesen  sido  claras, constituye deber del juez  interpretar  el  libelo  con  el  fin  de descubrir la auténtica intención del  suplicante,   sin   que   ello   comporte   desconocimiento   del  principio  de  congruencia”24.   

Seguidamente,  cuestiona la afirmación del  Tribunal  a quo conforme a la  cual   “olvidó   su  función  de  juzgador  para  convertirse  en  un simple liquidador”, arguyendo que  hacía  parte  de  su  labor  de  administrar  justicia  determinar el valor por  concepto  de  diferencia  de  pensión  reajustada,  razón por la que considera  suficiente  que  el actor manifieste en el libelo una incorrecta liquidación de  su  pensión  para  que se revisen todos los factores que la conforman, tal como  ocurrió  en  las  inspecciones  judiciales  realizadas,  donde  se  recaudó la  información necesaria para fallar de fondo el asunto.   

3. Atipicidad de la conducta  

El recurrente pregona la ausencia de prueba  demostrativa  de un actuar doloso y, por el contrario, considera que la realidad  procesal  evidencia cómo la decisión proferida a favor de las pretensiones del  extrabajador    MIGUEL   ÁNGEL   GARCÉS   HURTADO  se  ajustó  a las pruebas recaudadas en el proceso, a  la ley y a la Convención Colectiva de Trabajo.   

Con  tal  postura, censura el recurrente el  que  se  haya  procedido a su condena por el delito de peculado por apropiación  con  base  en  el  criterio  emitido  por  la  Sala  Laboral  que conoció de la  sentencia  del  6 de abril de 1994, ya ejecutoriada, situación ésta que, en su  decir,   desconoce   los   fines  del  recurso  ordinario  de  apelación  y  el  extraordinario          de         casación25.   

A  su  vez,  cuestiona la afirmación de la  Sala  Penal  relativa  a  que  cuando  el exjuez Primero Laboral del Circuito de  Buenaventura  profirió la sentencia condenatoria en contra de Foncolpuertos, su  conducta  se  tipifica  en  el  delito  de  peculado por apropiación a favor de  terceros,  pues  considera  que  ello  conduciría  a establecer como regla que:   

“…los operadores judiciales26…   que  profieran  sentencias  condenatorias  que  involucren un patrimonio en contra de  las  Entidades  Descentralizadas  también  se  convierten en administradores de  bienes  oficiales  y  podrían  disponer  de  sus  bienes  y por sustracción de  materia…  conduce  a  la  errada  conclusión que cuando el Juez Laboral profiere sentencias condenatorias  en  contra  de  una  entidad  descentralizada  que  ha sido demandada se podría  derivar    una    conducta    que   tipifica   el   delito   de   peculado   por  apropiación”27.   

De lo anterior deduce que si algún reproche  le   cabe  al  acusado  con  ocasión  de  la sentencias laboral revocada al surtirse el grado jurisdiccional  de  consulta,  sería  por  el  delito de prevaricato, cuya prescripción ya fue  decretada.   

Con  sustento en las anteriores razones, el  procesado  Gamboa  Velásquez  solicita   se   revoque   el   fallo   impugnado   y,   en   su   lugar,  se  le  absuelva.   

Por   último,  afirma  que  como  en  el  expediente  reposa  copia  de la condena del 12 de marzo de 2002 proferida en su  contra  por  el  Tribunal  Superior  de  Buga  por  el delito de enriquecimiento  ilícito  derivado  del  punible  de  peculado,  no  puede  ser juzgado por este  último  delito so pena de afectar el principio de non  bis  in  ídem28.   

      

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE:   

1. Competencia  

A la Sala de Casación Penal le corresponde  desatar  el recurso de apelación interpuesto, de acuerdo con la competencia que  le  asigna  el  numeral 3° del artículo 75 de la Ley 600 de 2000, toda vez que  la  acción  penal  es ejercida contra el exjuez Primero Laboral del Circuito de  Buenaventura,  quien  fue  juzgado en primera instancia por el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Buga  por  conductas realizadas en ejercicio de sus  funciones.   

Conforme  a lo estipulado en los artículos  31  de la Constitución Política y 204 del Estatuto Procesal Penal en mención,  la  labor  de  esta Corporación se contraerá a examinar los aspectos sobre los  cuales  se  expresa  inconformidad,  incluyendo,  como  lo autoriza esta última  preceptiva,   los   temas   inescindiblemente   vinculados   al   objeto  de  la  censura.   

2.   Análisis   de   los   escritos   de  apelación.   

En  punto  a  definir  las  impugnaciones  propuestas,  la  Sala  abordará el análisis de los siguientes tópicos: (i) Si  la  condena  por  enriquecimiento  ilícito enervaba la posibilidad de juzgar al  exjuez    HAROLD    GAMBOA   VELÁSQUEZ  por  el  punible de peculado por apropiación a favor de terceros;  (ii)  la legalidad de la prueba con la que se acreditó la existencia del delito  de  peculado;  (iii)  la  prueba  del actuar doloso de los hechos aludidos en el  proceso    ordinario    laboral   adelantado   a   instancia   de   MIGUEL  ÁNGEL  GARCÉS  HURTADO; (iv) la  prescripción  de  la acción penal declarada por el a  quo  respecto  de los procesos laborales adelantados a  instancia  de  JOSÉ  LUIS  BANGUERA, CAMILA COSIO DE  COPETE   y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE.  (v) De la responsabilidad penal del acusado,  y (vi) la modificación de las penas impuestas.   

Como  quiera que el planteamiento citado en  primer  término  conllevaría  a  la cesación de procedimiento en razón de la  eventual  vulneración  del  principio  de  non bis in  idem, la Sala procede a dar respuesta a ese reparo, en  tanto  se  observa  que  el  inculpado ya cuenta con una condena en la que se le  sancionó  por  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de servidor público,  sanción    que    a   su   juicio   subsume   el   delito   de   peculado   por  apropiación.   

i)  Si  la  condena  por  enriquecimiento  ilícito  enervaba la posibilidad de juzgar al exjuez por el punible de peculado  por apropiación a favor de terceros.   

Expresó   el   procesado   Harold  Gamboa  Velásquez  que  por haber  sido  condenado  como autor del punible de enriquecimiento ilícito derivado del  delito  de  peculado, no podía ser juzgado por esta última infracción so pena  de    afectar   el   principio   de   non   bis   in  ídem.   

Esta Corporación considera que tal reproche  no  tiene  vocación de prosperidad en tanto los tipos penales que se confrontan  están  dirigidos  a  tutelar  objetos  jurídicos  distintos,  de tal forma que  sancionan   aspectos   diferentes   del   accionar   delictivo  de  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ.   

En  efecto, en la actuación adelantada por  el   punible   de   enriquecimiento   ilícito,   que  finalizó  con  sentencia  condenatoria  el  12  de  marzo  de  2002,  se  sancionó al exjuez Gamboa  Velásquez por haber lesionado con  su  conducta  el  interés  jurídico tutelado de la probidad y honestidad de la  administración  pública,  tras  haberse demostrado el incremento injustificado  de  su  patrimonio;  mientras que en el presente proceso penal adelantado por la  conducta  peculadora,  se  le reprocha el haber defraudado con su comportamiento  las  expectativas  del  rol  que de él se esperaba como titular Juzgado Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  esto  es,  el  recto  ejercicio de la  función  estatal  de  custodia y administración de bienes, al haber puesto con  sus  decisiones en manos de terceros (extrabajadores de Foncolpuertos) de manera  injustificada, dineros pertenecientes al erario público.   

Como  se  advierte, se trata de una afrenta  autónoma  e  independiente  al  interés  tutelado  por  la  conducta jurídico  penalmente desaprobada de peculado por apropiación.   

La  Sala,  ratificando  este planteamiento,  recientemente dijo:   

“De  vieja  data  la  Corte  Suprema  de  Justicia  viene  afirmando  la  viabilidad  jurídica de que concursen de manera  efectiva  el  delito de enriquecimiento ilícito con delitos que afecten el bien  jurídico  de  la  administración  pública,  en  la  medida  que  dentro de la  globalidad   que   implica   este   bien   jurídico  se  encuentran  plenamente  diferenciados  otros  intereses  jurídicos  que  merecen  tutela  judicial y no  quedan desplazados.   

En  tal  sentido,  existen  una  serie  de  intereses  concretos  que no necesariamente por el hecho de estar inmersos en el  genérico  bien jurídico de la administración pública, pierden su identidad o  autonomía  de  cara  a la intencionalidad del legislador al tipificar conductas  que  reporten  violación  a  esos  intereses.  Por  ejemplo,  el  peculado, que  propende  por  la  protección  del patrimonio del Estado; el de concusión, que  protege  la  legitimidad  del  ejercicio  del  poder estatal; el de celebración  indebida  de  contratos,  que  vela por la transparencia de la contratación; el  tráfico  de  influencias,  que  censura  atentados  contra  la independencia de  servidores  públicos;  el  cohecho, que propende por la absoluta igualdad en la  prestación  del servicio público; el prevaricato, que sanciona los agravios al  incorrecto  funcionamiento de la administración; entre otros, son muestra de la  presencia   de   particulares   intereses   que  diferencian  uno  u  otro  tipo  penal.”29.   

De esta forma, se desestima el planteamiento  del  recurrente  al  limitar  su  argumentación  a  sostener  que  se  está en  presencia   de  los  mismos  hechos,  cuando  se  trata  de  conductas  punibles  autónomas   e   independientes   y,   por   ende,  edifican  distinto  reproche  penal.   

Conviene    agregar    que   la   Corte  Constitucional,  al  analizar  los  alcances  de  la  prohibición  de  la doble  incriminación  —non bis  in  ídem—,  por igual ha  señalado:   

“La prohibición del doble enjuiciamiento  y  de  la doble sanción por un mismo hecho no impide que la conducta objeto del  reproche  pueda  dar lugar a diversas investigaciones, siempre y cuando cada una  de  estas  atiendan  a  los  siguientes  criterios: (i) que la conducta imputada  ofenda  distintos bienes jurídicamente protegidos; (ii) que las investigaciones  y  las sanciones tengan distintos fundamentos normativos; (iii) que los procesos  y  las  sanciones  atiendan  a  distintas  finalidades; (iv) que el proceso y la  sanción  no presenten identidad de causa, objeto, sujetos, acciones, fundamento  normativo,      alcance      y      finalidad”30   

En  esa medida, es claro que a pesar de que  al  acusado anteriormente se lo declaró penalmente responsable por el delito de  enriquecimiento               ilícito31, nada impide la persecución  de  las  conductas punibles de peculado por apropiación a favor de terceros, en  contra   de   Harold   Gamboa  Velásquez,  pues  no  existe  identidad de fundamento normativo, de causa, de  alcance,  de  finalidad  o  de  sanción en las dos conductas cuestionadas y por  tanto  no  se  vulnera  el  principio  de  non bis in  ídem.  Razón  por  la  cual  carece  de  asidero  la  postulación defensiva analizada en este acápite.   

ii)  Legalidad  de  la prueba con la que se  acreditó la existencia del delito de peculado.   

El  enjuiciado  censura que la sentencia de  condena  emitida  en  su contra por la Sala Penal del Tribunal Superior de Buga,  se  funda  en  el  fallo laboral de consulta del 25 de junio de 200232   dictado  dentro   del   proceso   adelantado   a  instancia  del  extrabajador  portuario  MIGUEL    ÁNGEL    GARCÉS    HURTADO,  por  cuanto,  en  su  opinión, en la época en que se emitió no  existía  el  grado  jurisdiccional para las sentencias adversas a las entidades  descentralizadas,  empresas comerciales del Estado o establecimientos públicos.  Por  tanto,  la  decisión  de segunda instancia proferida como resultado de ese  mecanismo  está  viciada  de  nulidad  y  por ello no podía ser apreciada como  prueba del presente proceso penal.   

La Sala encuentra que dicha crítica carece  de  fundamento  por  cuanto las sentencias laborales emitidas como resultado del  grado  jurisdiccional  de  consulta están amparadas por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  por  manera que no pueden ser desconocidas por la simple  inconformidad      del      procesado      GAMBOA  VELÁSQUEZ  con su contenido o por su disenso frente a  las  órdenes  administrativas  que  dispusieron el proceso de descongestión en  cuyo marco se profirieron.   

Por tanto, ostentan plena vigencia y son de  obligatorio  cumplimiento,  más  aún  cuando  no  fueron  objeto de acción de  revisión   o   de   cualquier   otro   cuestionamiento   que   en   efecto  las  modificara.   

Ahora, en cuanto hace al cuestionamiento del  impugnante  en  punto  del  proceso  de  descongestión  ordenado  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la Judicatura respecto de los trámites  laborales  adelantados  contra  FONCOLPUERTOS,  no  por  ausencia de competencia  funcional  sino  territorial, al que acude con el propósito de restarle validez  a la decisión de la consulta, es del caso señalar lo siguiente:   

Si bien el recurrente aduce que el artículo  63  de la Ley 270 de 1996 autoriza a la Sala Administrativa del Consejo Superior  de  la Judicatura a implementar programas de descongestión, en todo caso afirma  que  en su ejecución se debía respetar la competencia territorial, tal como lo  disponen  los  artículos  15  de  la Ley 1285 de 2009 y 10 del Código Procesal  Laboral.  Entonces,  a  su juicio era el Tribunal  Superior de Buga y no el  de  Bogotá  o Cundinamarca, el competente para conocer del grado jurisdiccional  de consulta, pues Buenaventura pertenece a aquel distrito.   

Al  respecto  se ofrece oportuno mencionar,  que  esta  Corporación  ha decantado cómo el Consejo Superior de la Judicatura  está  facultado  para  la  implementación  de  programas  de  descongestión y  refiriéndose  a  la  designación de jueces o tribunales para atender los casos  asociados   a   la   liquidación   de  FONCOLPUERTOS, estableció:   

“En efecto, la  Carta  Política  de  1991  al  crear  el  Consejo Superior de la Judicatura, lo  revistió   de  facultades  que  se  plasmaron  en  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia  (Ley  270  de  1996),  disposiciones  que  fueron  sometidas  a  control  constitucional,  dentro  de  las  cuales  se encuentra el  artículo  85-5  ibídem,  del  siguiente tenor: “Crear, ubicar, redistribuir,  fusionar,  trasladar,  transformar  y suprimir tribunales, las salas de éstos y  los   juzgados,   cuando  así  se  requiera  para  la  más  rápida  y  eficaz  administración  de  justicia,  así  como para crear salas de descongestión en  ciudades  diferentes  de  las  sedes de los distritos judiciales, de acuerdo con  las    necesidades    de    estos”.   Consecuente  con  lo anterior, el Consejo Superior de la Judicatura  —Sala  Administrativa—  dispuso  la  integración de Juzgados de Descongestión para que cumplieran las funciones  de  juez  a-quo  en  el presente caso; por consiguiente, la decisiones adoptadas  por  la  Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura no comportan,  en  manera alguna, como lo piensa el recurrente, la violación del principio del  juez  natural derivada de la ausencia de la preexistencia del juez o tribunal al  hecho  que  se  juzga”33 .   

A su vez, la Ley 270 de 1996, vigente en la  época   de   implementación   del   programa   de   descongestión   referido,  disponía:   

“Artículo 63. La Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en  caso de congestión de los Despachos  Judiciales,  podrá  regular la forma como las Corporaciones pueden redistribuir  los  asuntos  que  tengan para fallo entre los Tribunales y Despachos Judiciales  que  se  encuentren  al  día;  seleccionar  los procesos cuyas pruebas, incluso  inspecciones,  puedan  ser  practicadas mediante comisión conferida por el Juez  de  conocimiento,  y determinar los jueces que deban trasladarse fuera del lugar  de  su  sede para instruir y practicar pruebas en procesos que estén conociendo  otros jueces”.   

La regla previamente citada, autorizaba a la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura a redistribuir los  asuntos   entre   los  diferentes  tribunales  y  despachos  judiciales  que  se  encontraban   al   día,   tal  como  acaeció  en  el  caso  bajo  examen.  Con  posterioridad,  esa  Corporación continuó el programa de descongestión de los  procesos  de  FONCOLPUERTOS,  renovándolo  y  ampliándolo  por  varios años a  través de diversos actos administrativos.   

Evidentemente,  la facultad de redistribuir  los  asuntos entre los diferentes tribunales y despachos judiciales comportó su  envío  momentáneo  a  otra  sede  territorial,  luego de lo cual regresaron al  juzgado  de  origen  para surtir la notificación y actuación subsiguiente, sin  que  ello envuelva la vulneración al debido proceso por el hecho de que se haya  dispuesto  el  traslado  para adoptar decisiones puntuales, con el propósito de  lograr  agilidad  y eficiencia en la administración de justicia, descartándose  el   quebranto   de   las   reglas   de   competencia   según   lo  pregona  el  recurrente.   

Lo  anterior,  con  mayor  razón,  si  se  considera  que  la  norma referida para demostrar el presunto desbordamiento del  marco  legal  por  parte del Consejo Superior de la Judicatura, fue expedida con  posterioridad   a   la   implementación   de   programa  de  descongestión  de  FONCOLPUERTOS.   

Cabe recordar entonces, que únicamente con  la  Ley  1285  de 2009, modificatoria del artículo 63 de la Ley 270 de 1996, se  dispuso   que   la  redistribución  de  procesos  en  virtud  de  programas  de  descongestión  debía  acompasarse  con  la competencia territorial. Por tanto,  cuando  se  ordenó  surtir la consulta antes varios tribunales en relación con  los  procesos  laborales  objeto  de  esta  investigación,  no existía ninguna  limitante al respecto.   

Aunado a que al efectuar la revisión previa  de  la  modificación  de  la ley estatutaria de administración de justicia, en  punto  de  la  naturaleza  jurídica  de  los jueces de descongestión, la Corte  Constitucional   señaló  que  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  puede  determinar   su   ámbito   de   acción  territorial,  sin  que  ello  comporte  vulneración   de   ninguna   garantía,   al  expresar  sobre  tal  aspecto  lo  siguiente:   

“Así mismo, la  norma  dispone  que  «los  jueces  de  descongestión  tendrán  la competencia  territorial  y  material  específica que les señale el acto de su creación».  Los  jueces  de  descongestión  no son cargos permanentes y por tanto no forman  parte  de  la  estructura  misma  de  la administración de justicia. Son cargos  creados  de  manera transitoria por el Consejo Superior de la Judicatura, dentro  de  la  facultad  prevista  en  el  artículo  257-2  de  la  Constitución y de  conformidad   con   las   políticas  y  programas  de  descongestión  judicial  establecidos por dicho organismo.   

Por  lo  mismo,  la creación de jueces de  descongestión  no  es  en  sí  misma contraria a la Carta Política, en cuanto  contribuye  a  garantizar  la  eficacia  de  la  administración de justicia. No  obstante,  su  implementación debe ajustarse a los preceptos de orden Superior,  lo   que   se   examinará   en   detalle   al  analizar  el  artículo  15  del  proyecto.   

En  este punto ha de tenerse en cuenta, en  primer  lugar,  que  su  designación  debe hacerse con cabal observancia de las  garantías  fundamentales  en materia de juez natural y de sujeción a las leyes  preexistentes  al acto imputado, de manera tal que no se llegue a configurar una  atribución  “ex  post  facto”  de competencias judiciales. En consecuencia,  para  la creación de los jueces de descongestión se ha de partir siempre de la  base  de  la  preexistencia  de  determinada  categoría  de  jueces, que tienen  previamente  definida  su  competencia  en forma clara y precisa y en cuyo apoyo  habrán  de  actuar los jueces creados con una vocación esencialmente temporal.  Dicha  circunstancia  evita  la  violación  del  principio del juez natural, en  cuanto  no se permite la creación de jueces o tribunales «ad hoc», puesto que  será  posible  conocer  siempre de antemano cuál será la categoría de jueces  competentes   para  decidir  cada  patrón  fáctico  en  particular”34.   

El citado criterio jurisprudencial descarta  la  irregularidad  referida  por  el  apelante  y evidencia cómo las sentencias  C-392  y  393  de  2000  de  la Corte Constitucional, citadas para apuntalar una  supuesta  afectación de garantías fundamentales no aplican al caso, por cuanto  no  se  refieren  a jueces de descongestión sino a la creación y adjudicación  de competencia a los jueces especializados.   

iii)  La  prueba  del  actuar  doloso  de  HAROLD  GAMBOA VELÁSQUEZ en  el   proceso   ordinario   laboral   adelantado   a  instancia  de  MIGUEL ÁNGEL GARCÉS HURTADO.   

Argumenta  el  recurrente  en su defensa la  “ausencia     de     responsabilidad”,  ante la inexistencia de prueba demostrativa del dolo peculador  y  que,  en cambio, las irregularidades fueron producidas por la Sala de Laboral  del  Tribunal  Superior  que  resolvió  un  ilegal  grado  jurisdiccional,  sin  competencia  territorial  para  ello, para concluir que no pudiéndose calificar  su  desacierto  en  la  decisión  judicial del 6 de abril de 1994, tampoco, por  vía  de  una  interpretación  diferente  a  la  vertida en su fallo, se podía  concluir  que  existió  un  peculado a favor de terceros cometido por él en su  condición de juez laboral.   

Evidente  es  que el alegato del acusado se  pierde  entre  los  senderos propios del delito de prevaricato, olvidando que la  condena  apelada le fue impuesta por la infracción prevista en el artículo 397  de  la  Ley  599  de  2000,  y  que los elementos suasorios de su comportamiento  doloso  son  los fundamentos expuestos en la sentencia por él proferida a favor  de   las  pretensiones  del   demandante  MIGUEL  ÁNGEL  GARCÉS  HURTADO,  pues  tenemos que el exjuez  GAMBOA     VELÁSQUEZ  mediante sentencia de abril 6 de 1994, ordenó a favor  del    accionante   el   pago   de   $8.741.263.2535 por diferencia a la pensión  reajustada,   logrando   que  ascendiera  su  mesada  pensional  a  $290.146.72.   

Decisión que tras ser revocada, fue objeto  de   los   análisis  adelantados  por  el  Ministerio  de  Protección  Social,  lográndose establecer que:   

“…el monto de la pensión, se   modificó  por  la  providencia  de  Primer   instancia,   que   ordenó   reajustarla   en   $290.146.7236…  El  valor  a  recuperar por  diferencia  de  mesadas  canceladas  de  más  por  nómina  es  de $206.794.096.27”37   

Es  decir,  son  las  pruebas  documentales  obrantes  en  el  acervo,  con  precisión  en  el cuaderno original del proceso  ordinario   laboral   instaurado  por  MIGUEL  ÁNGEL  GARCÉS  HURTADO,  que  no  el  fallo  de consulta que  revocó  la  sentencia  del  entonces  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,   las   que   demuestran   la   conducta  dolosa  de  Gamboa   Velásquez,  pues  evidencian  su  deseo  de no cumplir con los exigencias mínimas previstas en los artículo 25 y  305  de  los  Códigos Procesal Laboral y Civil, correspondientemente, al omitir  el  análisis  y  verificación de los elementos básicos que debe contener toda  demanda  para ser admitida, sumado a que el exjuez se apartó de la causa  petendi  al  resolver  aspectos no  planteados ni debatidos en el proceso.   

Es  por  eso  que  la  Corte  tiene sentado  que:   

“El  dolo  como manifestación del fuero  interno  del  sujeto  activo  de la conducta punible, no puede conocerse de otra  manera   que  a  través  de  las  manifestaciones  externas  que  esa  voluntad  encaminada  a  la consecución de un determinado propósito va concretando   en   hechos   a  medida  que  va  recorriendo  el  camino criminal. El  Estado,  así  mismo,  los  va  estimando como punibles en sus diferentes fases,  desde  aquellos  primigenios,  pero  ya  dañosos, que considera tentados, a los  consumativos,  a los que agotan la conducta, a los que la agravan o la atenúan,  según  sean  las  manifestaciones  posteriores,  o los hace concursar con otros  tipos  penales  al  exteriorizarse  en  comportamientos que superan en mucho los  naturalísticamente    implícitos    en   una   determinada   tipología.    

Esos  hechos  no  pueden  fijarse  de otra  manera  que  probatoriamente,  a  través  de  los  diferentes medios que la ley  procesal  acepta  como  tales y que estimados por el Juzgador en una exposición  racional  y  razonable  en  el texto de la sentencia del mérito que le asigne a  cada   uno,   constituyen   su   fundamento  fáctico  y  jurídico.”38   

De tal manera, entonces, que no se trata de  una  valoración  de un elemento probatorio ilegal, sino de inferir, a partir de  unos  medios  probatorios  que  informaban  la  faz material de la conducta, las  manifestaciones intrínsecas del comportamiento.   

Corolario de las consideraciones expuestas,  evidente  es  que  al  proferir el procesado el fallo del 6 de abril de 1994, no  solo  dispuso  el  pago de la diferencia por pensión reajustada por un valor de  $8.741.263.25,  sino,  también, el reajuste a la mesada pensional que se había  reconocido     a     MIGUEL     ÁNGEL     GÁRCES  HURTADO,  generando  una  ostensible  variación en la  cantidad  que  se  siguió  cancelando  en  lo  sucesivo  de  forma  mensual por  FONCOLPUERTOS.   

Razón por la que ha concluirse que el monto  de  lo  ilícitamente  tomado  de las arcas estatales no ascendió únicamente a  $11.232.523.25,  suma  escueta  pagada  después de emitido el fallo39,  como  lo  entendió  el  a  quo; sino,  que  al  diferirse  en  el  tiempo  los  efectos  patrimoniales  de la decisión  proferida   por   el   acusado   GAMBOA  VELÁSQUEZ,  la  cuantía  ascendió a $206.794.096.27, tal como lo  demuestra  el  estudio  adelantado  por  el  Ministerio  de  Protección Social,  allegado     al     expediente,     mediante     oficio    GPSPC    –  ASNP  468  del  11 de abril de 2005.   

No  obstante,  por  expresa observancia del  principio  de  no reforma en peor, no se incluirá el referido valor en el valor  de la pena de multa, ni en la condena en perjuicios.    

iv)  Sobre  la  prescripción de la acción  penal  que  fuera  declarada  por el a quo  respecto  de los procesos laborales adelantados a instancia de los  extrabajadores     de     FONCOLPUERTOS,  JOSÉ  LUIS  BANGUERA, CAMILA COSIO DE  COPETE   y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE.   

La  discusión propuesta por la delegada de  la  Fiscalía  y  el  representante  del  Ministerio  Público  está limitada a  determinar  cuál  es  el  monto  de  la  pena  a aplicarse con fundamento en la  resolución  de  acusación, en relación con la cantidad de dinero que resultó  apropiada  por  particulares  como  consecuencia  de  la  condena  que el exjuez  GAMBOA     VELÁSQUEZ  profirió  a  favor  de  los  demandantes José       Luis       banguera,  Camila  Cosio de copete   y  MOISÉS    PEREA  ANDRADE; y, en consecuencia, cuál es el momento  en  que operaría la prescripción de la acción penal.   

A   efectos  de  delimitar  el  marco  de  análisis,   la   Sala  encuentra  oportuno  recordar  los  extremos  punitivos,  condicionados  éstos  por  la imputación contenida en el llamamiento a juicio,  el  cual se convierte en ley del proceso, como ha sido reiteradamente reconocido  por esta Corporación.   

   

La acusación.  

La  Fiscalía  General de la Nación, en la  convocatoria   a   juicio,   refirió   la imputación fáctica en los siguientes términos:   

“JOSÉ LUIS BANGUERA:  

(…)  

Se   concluye  que  la  cuantía  de  la  apropiación  por  valores  pagados  de  más en virtud de la sentencia del 1 de  julio  de                                                          1993,  asciende  a  la  suma  de $63.424.253.54 gradualmente cancelados entre el  año  1993  al 2005, equivale a 166.24 salarios mínimos vigentes a la fecha del  último   acto   consumativo   de   la   conducta.40   

(…)  

MOISÉS ANDRADE  

Como  consecuencia  de  la revocatoria del  fallo  en  grado  jurisdiccional  de  consulta,  el Ministerio de la Protección  Social  por  medio de la Resolución No. 000477 del 2 de junio de 2005 (fls. 1-6  Rad.  Conexo  15694),  incorporando  al  mismo Memorando No.566 del 6 de mayo de  2005  (fls.78-86  Rad. Ppal.), dispuso sobre el reintegro por valores pagados de  más  al  año  2005, de la suma de $86.937.595.46; al valor en el que estima la  cuantía       de       la       apropiación.41   

(…)  

CAMILA  COSIO  DE  COPETE  en  calidad  de  Beneficiaria  Sustituta  del  ex  portuario JUAN FRANCISCO COPETE MOSQUERA… la  cuantía   de  los  valores  pagados  de  más  con  motivo  del  fallo  y  como  consecuencia  del  mismo  en primera instancia proferido a favor del demandante,  suma      en      total      $31´070.305,75”42   

Y en estricta correspondencia con los hechos  relatados      acusó      a     HAROLD     GAMBOA  VELÁSQUEZ,  en  su condición de Juez Primero Laboral  del   Circuito   de   Buenaventura,  como  autor  del  delito  de  peculado  por  apropiación a favor de terceros, tras advertir que:   

“…el  tratamiento  que  para  fines de  adecuación  típica  provisional  debe  darse  al  comportamiento,  permite  su  ubicación  en  la  clasificación  de  delitos  de ejecución permanente en los  cuales,  sin  perjuicio  del  concepto  de  unidad  de acción donde el hecho se  representa  unívoco  sumadas las cantidades individuales pagadas mediante actos  parciales,  la ofensa al bien jurídico de la administración pública por medio  de  la  materialización  de  la  conducta  que  se  reprime bajo la nominación  jurídica  de  PECULADO POR APROPIACIÓN, no obstante conservar el mismo núcleo  descriptivo  en  el  tránsito de legislación, las consecuencias jurídicas son  diversas  dependiendo  de  la  cuantía de lo ilícito o injustamente apropiado,  cuantías  que  –siguiendo  orientaciones  ilustradas  en  las  Sentencias  C-070  y  C.- 118 de 1996, entre  otras-  se  representan  en  términos  de salarios mínimos vigentes, como modo  ideado  por el Legislador para mantener actualizada la equivalencia a efectos de  la    dosificación    punitiva    y    ubicación   típica   punible   de   la  conducta.”43   

Para la Sala, después de revisar el escrito  calificatorio,  y  de  acuerdo  con  lo  que se ha transcrito en precedencia, en  relación  con  el monto del supuesto peculado originado en la condena proferida  por  el  juez  laboral  a  favor  de  los  demandantes  José  Luis  banguera,  Camila  Cosio de copete   y  MOISÉS             PEREA            ANDRADE,  resulta  claro que sí se incluyeron los valores que ahora los representantes de  la  Fiscalía y el Ministerio público, en calidad de recurrentes, pregonan como  el monto de lo ilegalmente apropiado.   

Así  las  cosas, esbozados los parámetros  trazados  en  la  acusación, con el fin de resolver los recursos formulados, es  procedente  abordar  el análisis del tópico referente a la prescripción de la  acción.   

Considera  el  Tribunal de Buga  que la cuantía está determinada por el  valor   de   lo   apropiado   al   momento  de  dictarse  los  fallos  laborales  manifiestamente  contrarios  a  la  ley.  De tal forma, que enuncia las sumas de  $2.311.077.4244,              $2.925.634.0045  y $3.210.801.4946, canceladas  a  los  demandantes  JOSÉ LUIS BANGUERA, CAMILA COSIO  DE  COPETE  y  MOISÉS  PEREA ANDRADE, respectivamente,  por     FONCOLPUERTOS  en  razón  a las órdenes que impartió en calidad de  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  afirmando  que  éstas  “no  alcanzan  el  monto  de  50  salarios mínimos  legales                 mensuales”47 exigidos por la legislación  penal  vigente  para  la  época,  motivo  por  el  que  decreta la cesación de  procedimiento  como efecto de haber sobrevenido el fenómeno de la prescripción  de la acción penal.   

Para  la  delegada  de  la  Fiscalía  y el  representante  del  Ministerio  Público, en cambio, la cuantía de lo apropiado  debe   abarcar  todo  aquello  de  lo  que  ilegalmente  se  apropiaron  los  ex  trabajadores      de     FONCOLPUERTOS  valiéndose  de las sentencias que a su favor dictó el procesado,  pues  lo  contrario  implicaría  dejar  en  la  impunidad  la  mayor  parte del  comportamiento,  debido  a  que  no se cubriría la totalidad de lo despojado al  patrimonio  del  Estado.  Para  consolidar su criterio citan las consideraciones  expuestas  por  ésta Sala bajo la radicación 38.384, sentencia del 21 de marzo  de    201248.   

Relevante resulta estimar la cuantía de lo  apropiado,  por cuanto de ello depende establecer la norma aplicable al presente  caso,  ante  el tránsito de legislaciones penales sustantivas vigentes entre la  época  en  que  el aquí procesado incurrió en las conductas punibles (Decreto  100 de 1980, Ley 190 de 1995 y Ley 599 de 2000).   

La  Sala,  entonces,  para  responder  a la  divergencia  de criterios atinentes a estimar la cuantía de lo apropiado con el  fin  de  concretar  si  ha  operado  o no el fenómeno de la prescripción en el  presente  caso, ha de observar la entidad de las pretensiones reconocidas en los  fallos  proferidos  por el entonces Juez HAROLD   GAMBOA   VELÁSQUEZ,  a  fin  de  establecer  si trascienden en el tiempo en contra del patrimonio de FONCOLPUERTOS,  con miras a determinar el  monto de lo apropiado en cada caso, por cuanto se tiene que:   

a)  A  través  de  la sentencia el 15 de septiembre de 1993, se ordenó  reajustar  la  pensión  de  jubilación de JOSÉ LUIS  BANGUERA,  condenándose  a  FONCOLPUERTOS  al  pago  de  $2.311.077.42  por  concepto  de  la pensión reajustada, la cual ascendió a la  suma  de  $135.081.67.  Posteriormente, el aquí acusado, mediante oficio del 15  de  septiembre  de  1993  ordenó  al Gerente del Banco Popular de Buenaventura-  Valle,  pagar  a  favor del demandante el título judicial No. 0729341 por valor  de   $3.841.223.48.   Revocado   el  referido  fallo  por  la  Sala  Laboral  de  Descongestión  del  Tribunal  de  Bogotá el 28 de junio de 2002, al desatar el  grado  jurisdiccional de consulta, el Ministerio de Protección Social adelantó  un  estudio al comportamiento de la mesada pensional del extrabajador portuario,  estableciendo,  mediante memorando GPSPC- ASNP 1163 del 10 de noviembre de 2004,  que:   

“…  el monto  de  la  pensión  se  modificó  por la providencia de  primera  instancia,  en  septiembre  de 1993 en la suma de $33.694.33 (Ver Anexo  Fol.26)  y  mediante  la resolución No.1918 (colectiva) del 07 de septiembre de  1995  se  ordenó reajustar el monto a la suma de $135.081.67 y pagar diferencia  de  mesadas  por  la  suma  de  $3.245.264. Valores cancelados en nómina en los  meses  de  septiembre  de  1995  y enero de 1996 respectivamente… El  valor  a recuperar por diferencia de mesadas canceladas de más  por  nómina  es  de $56.087.504.74… en virtud de la  revocatoria  de la sentencia de primera instancia”49   

b)  Referente    al    proceso    laboral   instaurado   por   CAMILA  COSIO  DE  COPETE,  el  aquí acusado, mediante fallo del 8 de junio de 1993, dispuso  el  pago  de  $1.637.956.73,  por  concepto  de  diferencia en proporción de un 50% de la pensión reajustada  de  acuerdo  a  la  ley,  desde  el  19  de  septiembre de 1989 a la fecha de la  providencia50.  Es  de  anotar  que una vez fue revocado el referido fallo por la  Sala  de  Descongestión Laboral del Tribunal Superior de Bogotá el 18 de junio  de  2002,  al  Ministerio  de  Protección  Social  le  fue asignada la labor de  determinar  la  incidencia de las decisiones emitidas por el exjuez, en el valor  establecido  como  mesada  pensional  para  quien había trabajado en la entidad  portuaria,   el   señor   JUAN   FRANCISCO   COPETE  MOSQUERA. Es así que en memorando GPSPC-ASNP 1216 del  18 de noviembre de 2004, se logró establecer:   

“el  monto  de la pensión, se  modificó como consecuencia del fallo  emitido       en       primera       instancia51…       el  valor  a  recuperar por diferencia de  mesadas   canceladas   de   mas   por   nómina   es  de                    $26.216.762.98  al  mes  de noviembre de  2004”52.   

c)  MOISÉS PEREA  ANDRADE, a quien mediante sentencia del 22 de abril de  1993,  se  ordenó  reajustar  la  mesada  pensional  por  $18.996.07,  sumado a  $2.498.678.49,  por  concepto  de  la  diferencia a la pensión reajustada. Cabe  advertir  que la Sala Laboral de Descongestión del Tribunal Superior de Bogotá  revocó,  el  21 de diciembre de 2001, el referido proveído al desatar el grado  jurisdiccional  de consulta, razón por la que, posteriormente, el Ministerio de  Protección  Social  debió  adelantar  un  análisis  sobre la trascendencia de  aquel  fallo  en el comportamiento de la correspondiente mesada pensional, en el  que se logró establecer que:   

“El  PAGO  de  la sentencia proferida en  primera  instancia  por el Juzgado Primero Laboral del Circuito de Buenaventura,  se  ordenó con la Resolución No. 2718 de 1º de junio de 1993, por valor total  de  $3.210.801.41  por  concepto de diferencia de pensión reajustada la suma de  $2.498.678.49  y $712.123.00 por concepto de agencias en derecho, a órdenes del  Juzgado   Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  en  la  cuenta  de  depósitos  judiciales  que  lleva  dicho juzgado en el Banco Popular, según se  señala  en  la  misma  resolución…  el  Área  de  Sistema Nacional de Pagos  procedió  a  analizar  el  comportamiento  de  la  mesada  pensional del señor  MOISÉS  PEREA  ANDRADE,  a  fin  de  verificar si su pensión fue reajustada en  virtud  de  la  sentencia dictada por el Juzgado Primero Laboral del Circuito de  Buenaventura,  el  22  de  abril de 1993, arrojando los siguientes resultados…  Como  bien  se  aprecia  en  el  comportamiento de la  mesada  pensional,  el  monto de la pensión del señor MOISES PEREA ANDRADE, se  modificó  como  consecuencia  de  la sentencia de primera instancia…  adicionalmente  es de resaltar que el reajuste ordenado por la  sentencia  fue  aplicado doble vez, en el mes de julio y septiembre de 1993 como  se  observa en los reportes de nómina… En virtud de  la  revocatoria del fallo de primera instancia… el valor a REINTEGRAR asciende  a    la   suma   de   $86.987.595.46,   que  corresponde  a  $3.210.801.41  pagado mediante resolución No.  2718  de  1º  de  junio  de  1993,  más  $83.726.794.05 pagados en nómina por  diferencia           de          mesadas”53.   

Evidente  resulta,  entonces,  del material  probatorio                 enunciado54,  que  los  proveídos  del  procesado     GAMBOA    VELÀSQUEZ    modificaron  en  todos  los  casos  las futuras mesadas pensionales,  siendo   procedente  concluir  que  sus  conductas  punibles  generaron  efectos  patrimoniales   diferidos,   creando   “un  estado  antijurídico   solo   determinable   con   el   paso   del   tiempo55”.   

Lo  anterior  significa,  que  al proferir cada una de las sentencias el  procesado  no  solo dispuso el pago del reajuste pensional con retroactividad al  momento  en  que  se reconocieron las jubilaciones de los trabajadores, sino que  tales  cantidades  se  siguieran  cancelando  en  lo sucesivo, de forma mensual,  conforme  lo  detalló  el  Grupo Interno de Trabajo para la Gestión del Pasivo  Social  de  la  Empresa  Puertos  de  Colombia,  mediante memorandos GPSPC- ASNP  números:                    116356,       121657,  56658             y            46859.   

De esta forma, aflora con claridad meridiana  de  los  elementos  suasorios  citados,  que  si  bien  es cierto el titular del  Juzgado  Primero  Laboral  del  Circuito de Buenaventura impartió órdenes para  que  se  reajustara  la pensión de jubilación con retroactividad al momento de  su  reconocimiento  por  valores  que  no excedían para la época los cincuenta  (50)  salarios mínimos legales mensuales; también lo es, que sus decisiones al  no  ser apeladas, ni tampoco remitidas al superior para que se surtiera el grado  jurisdiccional  de  consulta,  cobraron  ejecutoria, de tal forma que los fallos  comenzaron  a  pagarse  por  FONCOLPUERTOS,  quien desembolsó por razón de los  mismos     las     sumas     de    $56.087.504.7460,  $26.216.762.9861,  $86.987.595.4662 .   

Motivo  por  el  que  el  menoscabo  a  los  recursos  públicos  se  evidencia en la relación de los pagos que mensualmente  se   les   hizo   a  los  extrabajadores  JOSÉ  LUIS  BANGUERA  y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE,  así como a CAMILA  COSIO  DE COPETE, en calidad de sustituta pensional del  señor  JUAN  FRANCISCO COPETE MOSQUERA, demandantes     beneficiados     con     los     ilícitos    fallos  judiciales.   

Debe  concluirse, entonces, que la cuantía  de  lo apropiado se establece por la totalidad de lo ilícitamente obtenido y no  con base en el primer pago.   

Fundamento de lo anteriormente expresado, es  la  atribución  al  procesado de la disponibilidad jurídica de los bienes, que  no  de  la  material, por lo que resultando imposible advertir un desplazamiento  inmediato   del   bien,   necesario   es   verificar   que  esa  “facultad  legal  de  ordenar a otros la entrega o pago, se traduzca  en  el  cumplimiento  de  la decisión, que puede operar en momento más o menos  cercano  a  su  expedición,  o  diferirse  en  el tiempo, de conformidad con la  naturaleza     de     lo     ordenado”63.   

La  ejecución,  en consecuencia, no podía  hacerse  en  un  solo acto como parece entenderlo el Tribunal, sino mediante una  sucesión  de  actos  parciales finalísticamente orientados hacia la obtención  del  resultado  típico  regido  por  el mismo designio criminal; propósito que  consistió  en declarar de forma ilegal que el monto de la pensión reconocida a  favor  de los demandantes era inferior a la que se les liquidó en su momento y,  por  supuesto,  en  ordenar  que  el  reajuste  de esas mesadas se les pagara en  adelante,  periódicamente,  es decir, cada mes, lo que en efecto ocurrió hasta  cuando     las     sentencias     constitutivas     de     prevaricato    fueron  revocadas.   

Sobre    el    tópico    la    Corte  afirmó:   

“Lo  que  interesa entonces es que en el  manejo  y  administración  de  los  bienes  públicos se involucra una compleja  actividad  en  donde  se  combinan  no sólo la disponibilidad material…   sino  la  jurídica…   Es  cierto  que  para  el  momento  en  que fueron  entregados  y  pagados la totalidad de los cheques representativos del valor del  auxilio,  el  sindicado  ya  no  ostentaba la calidad de servidor público, pues  tales  actos se cumplieron en los meses de enero y febrero de 1991. Este aspecto  no  desdibuja  la  autoría  que  le  fuera imputada en las instancias frente al  delito  de  peculado por apropiación, en la medida que la gestión del auxilio,  la  incorporación al presupuesto y la competencia del diputado de ser la única  persona  que  podía  señalar  a  los beneficiarios, la cumplió cuando fungía  como  Diputado y así con la finalidad de lograr la apropiación que previamente  se  había  propuesto,  obtuvo,  cuando ya no lo era, la entrega de los dineros,  actos  de  agotamiento  que en todo caso no se hubieran cumplido sin el trámite  anterior   realizado  en  virtud  de  su  carácter  de  servidor  público  que  intervenía  de  manera  específica  en la ordenación del gasto”64.   

Y   ratificando   este   planteamiento,  recientemente,  y  sobre  un caso similar respecto del mismo procesado, expresó  esta Sala:   

“…el momento  de  comisión  del  hecho  punible y sus implicaciones en la prescripción de la  acción  penal,  dependen  de la modalidad de la conducta en cada caso concreto.  Si  se  trata  de un solo acto, el período de prescripción de la acción penal  deberá  contabilizarse desde el momento de su realización y si se trata de una  sucesión  de acciones, deberá serlo a partir de la última, conforme lo prevé  el artículo 84, inciso 2°, del Código Penal.   

Admitir  que no forma parte de la cuantía  el  reajuste pensional pagado a partir de la ejecutoria de los fallos laborales,  equivaldría  a consentir que no hubo apoderamiento respecto de los recursos que  desembolsó   periódicamente   Foncolpuertos  con  posterioridad  al  pago  del  retroactivo,  pues, el ilícito apoderamiento únicamente recaería en las sumas  sobre  las  que,  representadas  en  títulos  judiciales,  tenía  disposición  material el acusado.   

Se  insiste,  al  proferir cada una de las  sentencias  HAROLD  GAMBOA VELÁSQUEZ dispuso el pago de incrementos pensionales  a  favor  de  los demandantes, en las cuantías que el mismo acusado señaló; y  ordenó  que  esas  cantidades  se  siguieran  cancelando  en  adelante, lo cual  permite  determinar,  de  una  vez,  que  la  cuantía  de lo apropiado no puede  fijarse  por  las cantidades inicialmente entregadas, sino por todos los valores  que  alcanzaron  a cobrar los ex trabajadores amparados en los fallos, es decir,  autorizados  por  una  orden  judicial.  Y,  se  relieva, no es posible escindir  ninguno    de    los   pagos   periódicos,   de   la   decisión   —acto de disposición jurídica único  atribuido  al  procesado—  que  conforma  la  conducta  punible  por  la  cual  se  acusó  al  funcionario  judicial.   

Si   se   dijera,   por   ello,  que  lo  ilícitamente  apropiado  corresponde  apenas  a  lo  que se pagó en calidad de  retroactivo  pensional, debería significarse, de un lado, que la disponibilidad  jurídica  sobre  los  bienes es fragmentada en el acusado, y del otro, que esos  otros  dineros  periódicamente pagados tienen fuente legal, o cuando menos, que  la  posibilidad de recuperación se halla en el limbo porque no obedecen al acto  delictuoso                examinado”65.   

Ahora  bien,  estimada  la  cuantía  de lo  apropiado,  es  procedente establecer la norma que resulta aplicable al presente  caso,  en  orden  a  establecer  si  operó  o  no  el fenómeno jurídico de la  prescripción de la acción penal en la etapa de instrucción.   

Así, pues, es importante precisar, que con  lo  establecido  en  el artículo 83 de la Ley 599 de 2000, durante la etapa del  sumario  la  acción  penal prescribe en un término igual al máximo de la pena  establecida  en la ley para la infracción, pero en ningún caso en uno inferior  a  cinco  (5)  años.  En  el ciclo de la causa tal lapso comienza a contarse de  nuevo  a  partir  de  la  ejecutoria  de la resolución acusatoria por un tiempo  igual  a  la mitad del establecido para la fase de instrucción, sin que tampoco  pueda ser menor a cinco (5) años.   

Adicionalmente, de conformidad con la norma  en  cita,  cuando  la  conducta  punible  es  cometida  por servidor público en  ejercicio  de  sus  funciones,  el  tiempo mínimo de prescripción, tanto en la  etapa  de  la  instrucción  como  en  la  del  juzgamiento, se incrementa en la  tercera parte, es decir que será de 6 años y 8 meses.   

En  cuanto atañe al delito de peculado por  apropiación,  encuentra  la  Sala que el artículo 133 del Decreto 100 de 1980,  sanciona  dichos  comportamientos  con  una pena de dos (2) a diez (10) años de  prisión  cuando el valor de lo apropiado es inferior a los quinientos mil pesos  ($500.000.oo),  y  de  cuatro  (4)  a  quince  (15)  años  cuando  supera dicho  monto.    

Posteriormente,  el  artículo 19 de la Ley  190  de  1995,  redujo  la  mencionada  punición de la mitad a las tres cuartas  partes,  cuando  el  valor  de  lo  apropiado no superaba los cincuenta salarios  mínimos legales mensuales vigentes.   

Actualmente,  el  Código  Penal  de  2000  dispone  una  pena de seis (6) a quince (15) años de privación de la libertad,  para  aquellos  eventos  en  que  el  valor  de  lo apropiado excede un valor de  cincuenta  (50)  salarios mínimos legales mensuales vigentes, y de cuatro (4) a  diez (10) años cuando es inferior a dicha cuantía.   

Corolario de lo anteriormente expuesto, por  tratarse  de  las  sumas de dinero aquí determinadas, deberá tenerse en cuenta  que  la  cuantía  de  lo  apropiado  en  los casos que son objeto de análisis,  superó  los  50  salarios  mínimos  legales  mensuales  a  que  se  refiere la  atenuante  punitiva  consagrada  en el inciso segundo del artículo 19 de la Ley  190  de  1995,  razón  por  la  que  no resulta procedente su aplicación, como  erróneamente   lo   dedujo   el   a  quo.   

Siendo  ello  así,  la acción penal no se  encuentra  prescrita  en  los  casos  en  los  que  figuraron  como  demandantes  JOSÉ    LUIS    BANGUERA,    CAMILA    COSIO    DE  COPETE   y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE,  dado  que  no  transcurrió el lapso máximo  previsto  en  esa preceptiva, si se considera la fecha de la apropiación de los  recursos  estatales  como  aquella  en  la que se efectuó el último pago al ex  trabajador  o,  ante  su  fallecimiento,  a  sus sustitutos o beneficiarios, que  oscila  entre  los  años  2002  a  2004, de acuerdo al estudio realizado por el  Ministerio  de  la Protección Social al comportamiento pensional de aquellos, y  la   ejecutoria   de  la  resolución  de  acusación  el  10  de  noviembre  de  2008.   

Con  mayor  razón cuando debe aplicarse el  incremento  punitivo  de  una  tercera parte previsto en el canon 83 del Código  Penal  para  los  delitos  cometidos por servidores públicos, con lo cual dicho  término   es   de   20   años   en   la   investigación  y  10  años  en  la  causa.   

Como consecuencia de la conclusión a la que  se  arriba,  se  impone  verificar  el cumplimiento de los elementos objetivos y  subjetivos  del  cargo  de peculado por apropiación en favor de terceros que le  imputó  al  procesado  la  Fiscalía,  respecto  de  los hechos aludidos en los  procesos  ordinarios  laborales  adelantados por JOSÉ  LUIS  BANGUERA,  CAMILA  COSIO  DE  COPETE  y  MOISÉS PEREA ANDRADE, en apartado siguiente.   

v)  La  responsabilidad penal del procesado  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  respecto  de  su actuación en los procesos laborales adelantados a instancia de  JOSÉ LUIS BANGUERA, CAMILA COSIO DE COPETE y MOISÉS  PEREA ANDRADE.   

Necesario  es precisar que el tipo penal de  peculado  por  apropiación  en  favor  de terceros, en su elemento objetivo, es  considerado  un  delito  de  resultado,  eminentemente  doloso cuya descripción  típica tiene la siguiente estructura básica:   

a)  Tipo penal de  sujeto  activo  calificado,  para  cuya  comisión  se  requiere  la  calidad de  servidor público en el autor.   

Para  la  Sala no se discute en modo alguno  por   parte   de   los   sujetos   procesales,   que   el  acusado  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  fungía como  funcionario   judicial,   esto   es,   Juez  Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  para  la  fecha  en  que  en el referido Despacho se tramitaron y  fallaron    los    procesos    ordinarios    laborales    a    favor    de   los  demandantes   JOSÉ  LUIS  BANGUERA,   CAMILA   COSIO   DE   COPETE  y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE;  y  como  tal,  ostentaba  la  calidad de  servidor público,  exigida por el artículo 133 del Decreto 100 de 1980.   

Obra  en  el  expediente, como prueba de la  exigida  cualificación  especial  del  sujeto activo de la acción, copia de su  hoja  de vida, de la que se extracta claramente que el 31 de mayo de 1991, tomó  posesión  como Juez Primero Laboral del Circuito de Buenaventura, cargo para el  que  fue  designado  en periodo de prueba mediante Acuerdo No. 10 del 4  de  abril  del  mismo  año,  emanado del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cali  y mediante Acuerdo 039 del 8 de octubre de 1991, la citada Corporación lo  nombró  en propiedad en el mismo cargo, tomando posesión el 22 del mismo mes y  año,  permaneciendo  en  ese  juzgado hasta el 20 de abril de 1998.     

b)  Que se abuse  del  cargo  o  de  la  función  apropiándose o permitiendo que otro lo haga de  bienes  del  Estado o de empresas o instituciones en  que  éste  tenga  parte  o  de  bienes  o  fondos  parafiscales, o de bienes de  particulares  cuya  tenencia  o  custodia  se le haya  confiado por razón o con ocasión de sus funciones.   

Sobre  el alcance de la norma jurídica, la  Corte ha señalado:   

“En el entendido de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica  y  que esa disponibilidad no necesariamente deriva de una asignación  de  competencias,  sino  que  basta que esté vinculada al ejercicio de un deber  funcional,  forzoso  es  concluir  que  ese  vínculo  surge entre un juez y los  bienes  oficiales  respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en que  con  ese  proceder  también  está  administrándolos.  Tanto  es  así  que en  sentencias  judiciales  como  las  proferidas  por  el implicado en los procesos  laborales  que  tramitó  ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que  sumas  de dinero que estaban en cabeza de la Nación (FONCOLPUERTOS –Ministerio  de  Hacienda  y  Crédito  Público),  pasaron  al  patrimonio de los ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia  y del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto  de  administración  de  mayor  envergadura  es  aquel  con el cual se afecta el  derecho           de           dominio.”66.   

Las  sentencias  emitidas  por HAROLD  GAMBOA  VELÀSQUEZ  el  15  de  septiembre,  8 de junio y 22 de  abril  de 1993 modificaron el  monto   de  la  pensión  de  jubilación  de  los  extrabajadores  JOSÉ  LUIS  BANGUERA,  CAMILA  COSIO  DE  COPETE  y  MOISÉS PEREA  ANDRADE,  en  el sentido de acrecentar el valor de las  mesadas   a   cargo  de  FONCOLPUERTOS,  pues   ordenó   reconocer,  sin  fundamento  legal  alguno,  nuevos  factores  remuneratorios y prestacionales, generando perjuicios al patrimonio de  la  referida empresa portuaria por sumas estimadas en $56.087.504.7467,  $26.216.762.9868 y $86.987.595.4669,  correspondientemente,  en  los  términos  establecidos en los memorandos GPSPC-  ASNP            números:            116370,       121671,  56672             y            46873.   

Resultados   dañosos   sobre   los   que  recabaremos,  seguidamente,  en  orden  a  ofrecer  mayor claridad respecto a la  trascendencia  de  la acción indebida o abusiva del inculpado, en los apartados  destinados  a la constatación de los elementos  antijurídicos y culpables  en   la   conducta   del   entonces  titular  del  Juzgado  Primero  Laboral  de  Buenaventura.   

Ahora bien, verificada la efectiva presencia  de  los  elementos  objetivos  del  delito  de  peculado  por apropiación, cabe  señalar  que en lo que toca con el aspecto subjetivo, esta Sala ha precisado al  respecto:   

“El  dolo  como manifestación del fuero  interno  del  sujeto  activo  de  la conducta punible sólo puede ser conocido a  través  de  las manifestaciones externas de esa voluntad dirigida a determinado  fin”74.   

Así,  en  el sub  judice,  el dolo emerge de las providencias proferidas  por  el  acusado,  pues  en  su  condición  de  juez, sin consultar la realidad  fáctica  y  jurídica  de  cada  uno  de  los  procesos laborales, propició la  apropiación  de recursos estatales por parte de terceros que no tenían derecho  a  ellos;  situación,  por  demás, indicativa de la consciencia y voluntad del  operador  judicial  de  vulnerar  la  ley  al  emitir decisiones manifiestamente  contrarias a derecho.   

Luego,   entonces,   de  las  actuaciones  desplegadas  por  el  acusado al interior de cada uno de los procesos laborales,  se  evidencia un comportamiento consciente y voluntario orientado a favorecer la  postura  de  los  demandantes en detrimento de la parte demandada y, sobre todo,  de los recursos de ésta.   

Es decir, las manifestaciones externas de la  voluntad      dolosa      de     HAROLD     GAMBOA  VELÁSQUEZ  fueron acceder a  las  pretensiones  de  los  demandantes  JOSÉ   LUIS   BANGUERA,   CAMILA   COSIO   DE   COPETE   y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE   sin   que  se  configuraran  los  fundamentos  sustanciales  para  reconocerlas  y  habilitar  como  medio de prueba documentos que no reunían las  exigencias  legales; acciones que revelaron su voluntad de infringir la ley para  favorecer  las  posturas procesales de los demandantes, medio a través del cual  estos  accedieron  a  recursos  estatales  a  los que no tenían derecho, habida  cuenta   que  las  condenas  emitidas  en  contra  de  FONCOLPUERTOS,   como  era  de  conocimiento  de  los  operadores    judiciales    de    la    época,    las    asumía    el   Estado  colombiano.   

En  lo  atinente  a  la verificación de la  existencia   de   material   probatorio   en  el  sub  judice  demostrativo  del elemento antijurídico en el  comportamiento   del   procesado,  debe  precisar  esta  Sala  que  el  interés  expresamente    escogido    y    tutelado    por   la   legislación75  sustancial  penal  en  el  tipo penal del peculado por apropiación, no es otro distinto que  el  recto  ejercicio  de  la  función  estatal de custodia y administración de  bienes  que  se le han confiado al servidor público en razón o con ocasión de  sus  funciones;  el  cual,   lesionó  el  inculpado,  tal como lo se logra  establecer   mediante   el  análisis  conjunto  de  los  siguientes  documentos  probatorios:   

PROCESO             

SUMAS ORDENADAS EN LOS  FALLOS             

   

SE HACE EFECTIVA LA SENTENCIA  

MEDIANTE:            

   

COMPORTAMIENTO     DE    LA    MESADA  PENSIONAL  

JOSÉ LUÍS BANGUERA             

Fallo  del  15  de  Septiembre de 1993.   

$135.081.67 Reajuste pensión  

$3.245.264  Reliquidación  del reajustes  pensional.             

   

Resolución  1918  del 7 de septiembre de  1995  dispone  dar  cumplimiento a lo ordenado en el  fallo del Juzgado Primero Laboral del Circuito de Buenaventura.   

            

Memorando  GPSPC-ASNP 1163 del 10  de noviembre de 2004:   

Se modificó la  mesada pensional.   

Efectuado   el  desmonte  del  reajuste  ordenado  por  el Juzgado de primera instancia, el valor a recuperar a noviembre  de        2004       es:       $56.087.504.7476   

CAMILA  COSIO  DE  COPETE             

Fallo del 8 de junio  de 1993.   

50%   de   aumento   por   reajuste  de  pensión.   

$1.637.956.73 Por diferencia del reajuste  pensional.             

   

Resolución   473   de  febrero  23  de  1996             

Memorando  GPSPC-ASNP 1216 del 18  de noviembre de 2004:   

Se modificó el  monto  de  la  pensión.  El  valor  a  recuperar  a  noviembre  de 2004, era de  $26.216.762.9877  

MOISÉS   PEREA  ANDRADE             

Fallo  del  22  de  abril de 1993:   

$516.878.81 Reajuste pensión  

$2.498.678.49       Diferencia  pensional.             

   

Memorando     GPSPC    –ASNP  No.  566  del  6  de  mayo de  2005:   

“El  Fondo  Pasivo  Social  de  la  empresa Puertos de Colombia, dando cumplimiento al fallo  reajustó   la   pensión   en   julio   y  septiembre  de  1993”.             

Memorando   GPSPC  –ASNP  No.  566  del  6  de  mayo de  2005:   

“…  el    monto    de    la    pensión   del  señor  MOISES  PEREA  ANDRADE, se  modificó  como  consecuencia  de  la  sentencia  de  primera   instancia…  En  virtud  de  la  revocatoria  del  fallo  de  primera  instancia…   el  valor  a  REINTEGRAR  asciende  a  la  suma  de  $86.987.595.46,   que  corresponde  a  $3.210.801.41  pagado  mediante  resolución  No.  2718 de 1º de junio de 1993,  más  $83.726.794.05  pagados  en  nómina  por diferencia de mesada78”..  

Las enunciadas sumas de dinero ordenadas en  su   sentencia   por   el  entonces  titular  del  Juzgado  Primero  Laboral  de  Buenaventura,  a  favor  de  los  demandantes,  fueron efectivamente pagadas por  FONCOLPUERTOS  mensualmente  durante más de un década, generando un detrimento  patrimonial  al  Estado por sumas que en su conjunto asciende a ciento sesenta y  nueve  millones  doscientos  noventa  y uno mil ochocientos sesenta y tres pesos  ($169.291.863.18).   

Relevante,   resulta   precisar   que  el  derecho  penal de acción se  halla  consagrado  en  nuestra  Carta  Política  en el artículo 29,  premisa  que el legislador desarrolló  en  el  texto  del  Código  Penal  en  las preceptivas referentes a la conducta  punible,  al  amparo  de  que  el  presupuesto  esencial  del  injusto  típico,  antijurídico  y  culpable  es  la  conducta  humana, pues se comprende que es a  partir  de ella y con relación a la misma como se erigen, conciben y construyen  todos  los  conceptos  y  categorías  dogmáticas  penales  que se ocupan de su  regulación, tratamiento y valoración.   

Habida cuenta que en apartes precedentes se  constató  la  presencia  de  los  elementos  típicos  y  antijurídicos  en la  conducta   de  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  solo  resta analizar lo atinente a la culpabilidad de su acción,  esto  es,  si  al  momento  de  realizar  la conducta el sujeto agente tenía la  absoluta   conciencia  de  la  ilicitud  de  su  actuar,  es  decir,  si  tenía  conocimiento  de  que  su  comportamiento  era  antijurídico y, no obstante tal  conocimiento, su voluntad se precipitó hacia su comisión.   

De  las  referidas  pruebas  documentales  obrantes  en  el  acervo es posible evidenciar el desvalor de acción, es decir,  que  el procesado desatendió las prescripciones de los cánones 25 y 305 de los  Códigos  Procesal  Laboral  y  Civil,  respectivamente,  pues,  conforme  a  la  enunciada  normatividad,  la  Sala  encuentra  que  si  bien el juez, en aras de  efectivizar  el  derecho  material,  puede  interpretar las partes oscuras de la  demanda,   ello  no  lo  habilita  para  pretermitir  la  constatación  de  los  requisitos  mínimos del libelo y, menos aún, para apartarse de la causa   petendi.   En   ese  orden,  las  facultades  de  dirección  e  interpretación  no  le  facultan  para  resolver  aspectos no planteados ni debatidos en el proceso.   

Ello,  además,  porque  las  partes  deben  formular  con  claridad  sus  pretensiones  y demostrar el supuesto fáctico del  cual  pretenden  derivar  provecho, conforme al principio de la carga probatoria  consagrado  en  el  canon 177 del Código de Procedimiento Civil, por cuyo medio  incumbe  a las partes probar el supuesto de hecho de las normas que consagran el  efecto  jurídico  que  ellas  persiguen. Así mismo, porque acorde con el canon  305  ibídem,  la sentencia  debe  expedirse  en  consonancia  con  los  hechos y pretensiones aducidos en la  demanda.   

Al   respecto,  mediante  los  documentos  visibles  entre  los  folios  27  a  36  y 248 del cuaderno original del proceso  ordinario  laboral  adelantado  a instancia de MOISÉS  PEREA  ANDRADE,  queda acreditado que los hechos y las  pretensiones  consagrados  en la demanda laboral son imprecisos y confusos; así  como,   que   el   demandante   dejó   de   prestar   sus  servicios  en  fecha  anterior79,     al    momento    que    fue    suscrito    el    convenio  colectivo80  que  le  fue  aplicado  por el inculpado en la sentencia del 22 de  abril  de  1993,  pese a no haber solicitado el extrabajador portuario de manera  expresa  la reliquidación de la pensión de jubilación por la no inclusión de  las  vacaciones  al  momento  de  su  retiro.  Es  decir, el exjuez GAMBOA     VELÁSQUEZ    profirió       sentencia       condenando       a      FONCOLPUERTOS al reconocimiento y pago de  los citados conceptos no debatidos en el curso del proceso.   

Similar  razonamiento  es  aplicable  en el  tramite  adelantado  por  el  acusado en el proceso ordinario laboral instaurado  por  la  señora  CAMILA  COSIO DE COPETE,  en  calidad de esposa sobreviniente del extrabajador JUAN  FRANCISCO  COPETE,  por  cuanto  no  obstante   exponer   la   demandante  en  el  libelo  que   “no     se     incluyeron     todos    los    factores    salariales  convenidos”  y,  posteriormente,  enunciar  de forma  contradictoria  los  “factores  que  se  incluyeron  deficitariamente”,  el  entonces titular del Juzgado  Primero  Laboral del Circuito de Buenaventura ordenó el reajuste de la pensión  de  jubilación,  al  estimar  que  debían  incluirse como factores salariales:  “la  prima  de  antigüedad”  y  “vacaciones”,  cuando éste concepto no  podía  tenerse  en  cuenta como factor salarial por contravenir lo expresado en  el  artículo  142 de la convención colectiva, mientras que aquella “prima”  se  hallaba  incluida en la liquidación elaborada por la empresa portuaria, tal  como  puede  deducirse del documento obrante a folio 30 de citado expediente. De  manera  que  el  juez ordenó, valiéndose de su calidad, el pago de dineros del  Estado, por obligaciones inexistentes.   

Otro tanto hay que predicarse de la conducta  de   GAMBOA  VELÁSQUEZ  al  momento   de  fallar  a  favor  de  las  pretensiones  del  señor  JOSÉ  LUÍS  BANGUERA contra FONCOLPUERTOS,  aun  cuando el demandante  no  detalló  los  factores  salariales  y  las  cuantías que predicaba debían  habérsele  pagado  por  ellos, y, menos aun, solicitó se incluyera el concepto  de  vacaciones que tuvo en cuenta el exjuez al momento de ordenar el reajuste de  la  pensión  de jubilación del actor; empero, ésta le fue reconocida con base  en  documentos  que adolecen de las solemnidades estipuladas en el artículo 469  del   Código   Sustantivo   del  Trabajo,  es  decir,  que  fueran  debidamente  autenticados  y  con  las  constancias de depósito expedida por las autoridades  del    entonces   Ministerio   de   Trabajo   y   Seguridad   Social81.   

Los  elementos  suasorios  que se acaban de  memorar,  evidencian el ánimo jurídicamente desaprobado del exjuez    GAMBOA    VELÁQUEZ   de  faltar  a  la fidelidad al derecho, pese a tener la capacidad de  reaccionar  normativamente,  de  serle  exigible  adecuar su conducta a derecho,  pues  se  le  reprocha  al  acusado que en su calidad de Juez Primero Laboral de  Buenaventura  y,  por  ende,  servidor  público,  dispuso  de dineros públicos  mediante  el  proferimiento de decisiones alejadas y con abierto desconocimiento  de  la  normatividad  legal,  la  jurisprudencia  laboral  y  lo  probado  en el  proceso.   

En  suma,  la conducta jurídico penalmente  desaprobada  del  inculpado  se  encuentra  plenamente  demostrada  mediante los  elementos   probatorios   previamente  citados,  de  manera  que  se  encuentran  cabalmente  cumplidos  todos los requisitos para declarar penalmente responsable  al    procesado    GAMBOA    VELÁSQUEZ  como  autor  del  delito  de  peculado,  conforme  a  los  presupuestos  exigidos  por  el artículo 232 de la Ley 600 de  2000,  dado que en su condición de Juez Laboral, al tramitar procesos sometidos  a  su  jurisdicción  y competencia, desarrolló actos de disposición jurídica  sobre  bienes estatales que comportaron la apropiación de recursos por parte de  terceros que no ostentaban derecho a obtenerlos.   

vi)  Sobre  la  modificación  de las penas  impuestas.   

De  acuerdo  con  lo  anterior,  se  impone  incluir  en  la  dosificación  punitiva  establecida en el fallo, las penas que  debieron  serle impuestas al acusado GAMBOA VELÁSQUEZ  por  los delitos de peculado por apropiación en favor  de  terceros,  respecto  de  los  hechos  aludidos  en  los  procesos ordinarios  laborales  adelantados por JOSÉ LUIS BANGUERA, CAMILA  COSIO  DE  COPETE  y  MOISÉS PEREA ANDRADE; así como,  modificar  la  sanción asignada al procesado, por el mismo delito, en relación  a   su   actuación   en   el   proceso   laboral  instaurado  por  MIGUEL  ÁNGEL GÁRCES HURTADO, en orden a  corregir  el  yerro advertido por ésta Corporación en cuanto a la legislación  seleccionada   por   la  Corporación  de  instancia,  en      los      términos      analizados      en  precedencia.   

Ahora  bien,  en atención a que en el caso  sub   examine  todas  las  sentencias  proferidas por el acusado que generaron detrimento patrimonial a los  bienes      estatales      fueron      emitidas82  en  vigencia  del artículo  133  del  Decreto 100 de 1980, debe ser ésta la norma sustantiva aplicable para  el  presente caso, en lo que respecta a la dosificación de la pena, en tanto la  función  de  garantía  del  tipo  penal  así  lo  establece y el principio de  favorabilidad           lo           exige83;  no así, la prevista en el  artículo  19  de  la  Ley  190  de  1995,  ni  mucho  menos la estipulada en el  artículo  397  de  la  ley  599  de  2000,  contrario  a  lo considerado por el  a quo.   

El  artículo  133 del Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  artículo 2º de la Ley 43 de 1982, sancionaba el delito de  peculado por apropiación en los siguientes términos:   

“El  empleado oficial que se apropie en  provecho  suyo  o  de  un  tercero  de  bienes  del  Estado  o  de empresas o de  instituciones  en  que  éste  tenga  parte,  o  de  bienes  particulares,  cuya  administración  o  custodia  se  le  haya confiado por razón de sus funciones,  incurrirá  en  prisión  de  dos  a diez años, multa de un mil a un millón de  pesos  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  de  uno  a cinco  años.   

Cuando  el  valor de lo apropiado pase de  quinientos  mil  pesos la pena será de cuatro a quince años de prisión, multa  de  veinte  mil  a dos millones de pesos e interdicción de derechos y funciones  públicas     de     dos     a     diez    años84.”   

Imperioso resulta, entonces, recordar que lo  apropiado   a  favor  de  terceros  como  resultado  de  la  conducta  jurídico  penalmente  desaprobada  realizada  por  HAROLD GAMBOA  VELÁSQUEZ,  en  cada  uno  de  los procesos laborales  promovidos  por  los  señores  JOSÉ  LUIS BANGUERA,  CAMILA  COSIO  DE  COPETE  y  MOISÉS  PEREA  ANDRADE,  excedió  el  valor  estipulado  en  la  normatividad referida ($500.000.oo), al  realizar  los  extrabajadores  portuarios  cobros  de  sus  mesadas  pensionales  reajustadas,  durante  más  de  una  década,  amparados  por la orden judicial  emitida         por         el        acusado85.  De  tal  forma,  que  los  extremos   punitivos   quedan,   entonces,   de   cuatro   (4)   a  quince  (15)  años.   

Relevante, también, es precisar que pese a  ser  el  Decreto  100  de  1980,  la norma sustantiva aplicable para el presente  caso86,  la  Sala  acudirá al sistema de cuartos establecido en el actual  Código  Penal,  Ley 599 de 2000, por cuanto, ésta normatividad racionaliza con  favorables criterios el ejercicio sancionador en materia penal.   

De  esta  manera,  si  la  pena legal va de  cuarenta  y  ocho  (48)  a  ciento  ochenta (180) meses de prisión, el marco de  movilidad  es de ciento treinta y dos (132) meses, que al ser dividido en cuatro  nos  arroja  un  guarismo  equivalente  a  treinta  y  tres  (33)  meses de pena  privativa  de  la libertad. Así las cosas, el primer cuarto de movilidad oscila  entre  cuarenta  y ocho (48) y ochenta y un (81) meses, los cuartos intermedios,  entre  ochenta  y  un meses y un día a ciento catorce (114) y de éste a ciento  cuarenta  y siete (147) meses; el cuarto superior, entre ciento cuarenta y siete  (147) y un día a ciento ochenta (180) meses de prisión.   

Ahora  bien,  como  en  la  resolución  de  acusación  no  se  establecieron  circunstancias  genéricas de agravación, la  pena  a  imponer  deberá ser ubicada dentro del primer cuarto de movilidad, que  va de cuarenta y ocho  (48) a ochenta y un (81) meses.   

Considerando   la   gravedad  del  hecho,  representado  en  el  cuantioso  daño  causado  al  patrimonio del Estado, y la  intensidad  del  dolo  que se refleja en la reiteración de la conducta ilícita  como  forma  de  instrumentalización  de  la  justicia  para fines particulares  indebidos,  razones  que  confluyen  para  que  no  se parta del mínimo sino de  cincuenta  (50) meses,  base que se incrementa en veinticuatro (24) meses a  razón  de  seis  (6) meses  para cada uno de los cuatro delitos de la  misma  naturaleza  concurrentes, para un total de setenta y cuatro (74) meses de  prisión.   

En cuanto hace a la multa, también prevista  como  pena  principal en el artículo 133, modificado por el artículo 2º de la  Ley  43  de  1982, se determinó que oscilaría entre  “veinte  mil  a  dos millones de pesos”, por lo que  se  debe imponer, acudiendo al sistema de cuartos, una multa dentro del referido  ámbito  de  movilidad;  el cual, a su vez, determina un marco de punibilidad de  un  millón  novecientos  ochenta mil pesos ($1.980.000), que al ser dividido en  cuatro  nos  arroja  una  cifra  equivalente a cuatrocientos noventa y cinco mil  pesos  ($495.000)  de  pena  multa.   Así  las  cosas, el primer cuarto de  movilidad  oscila  entre  veinte  mil  ($20.000.oo) y quinientos quince mil  pesos  ($515.000), los cuartos intermedios entre quinientos quince mil y un peso  ($515.001)  a un millón diez mil ($1.010.000) y un millón quinientos cinco mil  pesos  ($1.505.000) y el cuarto superior entre un millón quinientos cinco mil y  un peso ($1.505.001) y dos millones de pesos ($2.000.000).   

Como  en  la  convocatoria  a  juicio no se  determinaron  causales  genéricas  de agravación, por tanto la multa a imponer  deberá  ser fijada dentro del primer cuarto de movilidad, esto es, entre veinte  mil ($20.000) y quinientos quince mil pesos ($515.000).   

Así mismo, ha de estimarse que se trata de  un  concurso de conductas jurídico penalmente desaprobadas, razón por la que a  la  pena  del  delito base de la pena tasado en doscientos mil pesos ($200.000),  se  le sumará “otro tanto”, conforme a lo estipulado en el artículo 26 del  Decreto          100         de         198087,  para concretar la multa en  la suma de cuatrocientos mil pesos ($400.000).   

Aplicando  el  referido  parámetro  a  la  dosificación  de  la pena, se fija la sanción de inhabilitación de derechos y  funciones   públicas   en   cuarenta   (40)  meses88   

.  

Igualmente, se condenará  al  pago  de  perjuicios  de  orden  material  a  favor  de  FONCOLPUERTOS,     en     cuantía    de     ciento  sesenta  y  nueve  millones  doscientos  noventa  y  uno mil  ochocientos    sesenta   y   tres   pesos                ($169.291.863.18),  que corresponde  al  valor de los dineros cancelados por la entidad en mención como consecuencia  de   las   sentencias   emitidas   por   HAROLD   GAMBOA  VELÁSQUEZ  a  favor de JOSÉ  LUIS      BANGUERA89,  CAMILA  COSIO  DE  COPETE90 y  MOISÉS   PEREA   ANDRADE91,  equivalentes  a  doscientos  noventa  y  ocho (298,73) salarios mínimos legales  vigentes,  indexados  a  la fecha del pago, valor al que deberá restársele los  dineros  que  hubieran sido recuperados por descuentos ordenados, una vez fueron  revocadas    las   sentencias   al   surtirse   el   grado   jurisdiccional   de  consulta.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

    

1. REVOCAR el numeral primero de la sentencia  impugnada,  en  cuanto  declaró la cesación de procedimiento por prescripción  de  la  acción  penal  respecto  de tres (3) delitos y, en su lugar, condenar a  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  como  autor responsable de los delitos de peculado por  apropiación  a favor de terceros, en concurso homogéneo y sucesivo, originados  en  los  procesos laborales ordinarios instaurados por  JOSÉ   LUÍS  BANGUERA,  CAMILA  COSIO  DE  COPETE  y  MOISÉS        PEREA        ANDRADE.     

    

1. MODIFICAR  el numeral segundo del fallo apelado, en el sentido de  imponer  a  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ las penas de setenta y cuatro (74) meses de  prisión  y  multa  de cuatrocientos mil pesos ($400.000) e inhabilitación para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por un término de cuarenta (40)  meses.     

3.            MODIFICAR  el  numeral  tercero  de la decisión objeto de alzada, en el sentido de condenar al  sentenciado      GAMBOA     VELÁSQUEZ   al  pago  de  ciento  sesenta y nueve millones doscientos noventa y un mil ochocientos sesenta  y   tres  pesos  ($169.291.863.18),  por  concepto  de  perjuicios materiales.   

4.  En  lo  demás,  el  fallo  de  primera  instancia se mantiene incólume.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Comuníquese y devuélvase la actuación al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                   JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Sentencia del 15 de septiembre de 1993.   

2 Fallo  proferido el 8 de junio de 1993.   

3  Emitió,  el  aquí acusado, sentencia a favor de sus pretensiones el 6 de abril  de 1994.   

4 El 12  de  septiembre  el  Juez  Primero Laboral del Circuito de Buenaventura, falló a  favor del demandante.   

5  Sentencia del 22 de abril de 1993   

6 Fallo  del 26 de septiembre de 1994   

7 Folio  2 del C. O. No. 1.   

8 Cfr.  folios 21 del C. O. No. 1.   

9  Folios 24 a 29 del C.O. No.1   

10  Folios 33 a 36 del C.O. No. 1.   

11  Esto  es  por  los  hechos  originados  en  los  procesos  ordinarios  laborales  instaurados  por  los extrabajadores portuarios JOSE LUIS BANGUERA, CAMILA COSIO  DE  COPETE,  MIGUEL  ÁNGEL  GARCÉS HURTADO y MOISÉS PEREA ANDRADE. Folio 61 del C.O. No.1.   

12  Ibídem, folio 113.   

13  Folios 238 a 259 del C.O. No.1.   

14     ARTICULO 133. PECULADO POR APROPIACION. El servidor público  que  se  apropie  en  provecho  suyo  o  de un tercero de bienes del Estado o de  empresas  o  instituciones  en  que  éste  tenga  parte  o  de  bienes o fondos  parafiscales,  o  de  bienes  de  particulares  cuya administración, tenencia o  custodia  se  le  haya  confiado  por  razón  o  con ocasión de sus funciones,  incurrirá  en  prisión  de  seis (6) a quince (15) años, multa equivalente al  valor  de lo apropiado e interdicción de derechos y funciones públicas de seis  (6) a quince (15) años.   

Si  lo  apropiado  no  supera  un  valor de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, dicha pena se  disminuirá de la mitad (1/2) a las tres cuartas (3/4) partes.   

Si   lo  apropiado  supera  un  valor  de  doscientos  (200)  salario  mínimos  legales  mensuales vigentes, dicha pena se  aumentará  hasta  en la mitad (1/2). (Resaltado fuera  de texto original).   

15  Folio 461 del C.O. No.1   

16  Folio 465 del C.O. No.2   

17  Folio 486 a 489 del C.O.No.2.   

18  Folio 545 del C.O. No.2.   

19  Folio 562 del C.O. No.2.   

20  Folio 501 del C.O.No.2.   

21  Folio 506 del C.O. No. 2.   

22  Ibídem,     folio  505.   

23  Folio 512 del C.O. No.2   

24  Folio 118 del C.O. No.4.   

25  Ibídem, folios 522 a 530.   

26  Folio 535, C. O. No. 2. .   

27Ibídem   

28  Folio 537 del C.O. No.2   

29  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  Única de  Juzgamiento del 27 de septiembre de 2012, radicación No. 37322.   

30  Cfr.  entre  otras  las  sentencias C-244 de 1996, C-060 de 1994, C-139 de 1994,  C-427 de 1994 y C-526 de 2003   

31  “ANTECEDENTES…   Un  escrito  anónimo  remitido  a  la  Dirección  Seccional  de Fiscalías de Buga  informó    que    el    doctor    HAROLD    GAMBOA  VELÁSQUEZ,  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito de  Buenaventura,  había  adquirido cuantiosos bienes con los dineros que exigía a  los  abogados que representaban a trabajadores de COLPUERTOS en los procesos que  se         tramitaban        en        su        despacho…        CONSIDERACIONES…Como la determinación  del   enriquecimiento,  que  por  no  provenir  de  fuentes  lícitas  se  torna  delictivo,  se  hizo como quedó visto mediante la confrontación del patrimonio  con  los ingresos demostrados de la pareja, su sola existencia permite concluir,  contrario  a  lo  afirmado por el defensor, que los bienes no fueron conseguidos  “con  el  fruto  de  su  trabajo  y esfuerzo”, sino aprovechando la función  pública   que   el   Estado   le   había  discernido  al  doctor  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  quien no acrecentó  sus  caudales a espaldas de su esposa sino, más bien, de consuno con ella, como  que  los  inmuebles fueron adquiridos conjuntamente y, en general, el manejo del  haber  conyugal  revela  el  concurso de los dos abogados en su consolidación e  incremento  ”  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  sentencia  de  segunda  instancia  del  21  de enero de 2003,  radicación No. 19489.   

32  Pronunciado por la Sala Laboral del Tribunal Superior de Bogotá.   

33  Cfr. Sentencia del 19 de octubre de 2006, Rad. No. 25804.   

34  Cfr. Sentencia C-713 de julio 15 de 2008.   

35  Memorando GPSPC- ASNP 1209 del 18 de noviembre de 2004, folio 98.   

36  Ibídem, folio 99.   

37  Folio 100 del C. O. No. 1.   

38  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación del  12 de diciembre de 2002, radicación n.° 13.745.   

39  Valor cancelado mediante oficio No.1038 del 2 de agosto de 1994.   

40  Folios 132 a 133 del C.O. No. 1.   

41  Folio 133 del C.O. No.1.   

42  Ibídem, folio 134.   

43  Folio 135 del C.O. No.1.   

44  Ref.  al  proceso  instaurado  por  JOSÉ  LUIS  BANGUERA,  folio  445  del C.O.  No.2.   

45  Suma  cancelada  a  CAMILA  COSIO  DE  COPETE,  conforme  a  lo expresado por el  a  quo,  ver  al  respecto  folio 446 del C.O. No.2.   

46  Conforme  con lo expresado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Buga es la  suma   cancelada   al   demandante   MOISÉS   PEREA   ANDRADE.  Folio  446  del  C.O.No.2.   

47  Ibídem.   

48  Folio 550 del C.O.No.2.   

49  Folio 93 del C.O. No.1.   

50  Folio 75 del C.O. No.1.   

51  Ibídem, folio 76.   

52Ibídem,  folio  77,  memorando GPSPC-ASNP 1216 del 18 de noviembre  de 2004.   

53  Ibídem,   folio   78   del              C.O.   No.1             

54 Al  efecto ver incluso los pies de página respectivos.   

55  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 21 de marzo  de 2012, radicación No. 38384.   

56  Folio 90 y siguientes del C.O. No.1.   

57  Folio 75 y siguientes del C. O. No.1.   

58  Folio 78 y siguientes del C. O. No.1.   

59  Ibídem, folio 100.   

60  JOSE LUIS BANGUERA.   

61  CAMILA COSIO DE COPETE   

62  MOISES PEREA ANDRADE   

63  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala Penal de Casación, sentencia del 21 de marzo  de 2012, radicación No. 38384.   

64  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal. Sentencia del 9 de mayo de  2003, radicación No. 16569.   

65  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala Penal de Casación, sentencia del 21 de marzo  de 2012, radicación No. 38384.   

66  Sentencia del 6 de marzo de 2003, Radicado 18.021.   

67  JOSE LUIS BANGUERA.   

68  CAMILA COSIO DE COPETE   

69  MOISES PEREA ANDRADE   

70  Folio 90 y siguientes del C.O. No.1.   

71  Folio 75 y siguientes del C. O. No.1.   

72  Folio 78 y siguientes del C. O. No.1.   

73  Ibídem, folio 100.   

74  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 9 de mayo de  2003, radicación No. 16569.   

75  “antijuridicidad material  debe  referirse,  en principio, al interés expresamente escogido y tutelado por  la   ley”,  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación   Penal,   sentencia   del   19  de  mayo  de  1999,  radicación  No.  13.922.   

76  C.O. No.1, folio 92   

77  Ibídem, folio 77   

78  Ibídem, folio 100.l   

79 El  15 de diciembre de 1976.   

80 El  convenio colectivo fue suscrito el 8 de diciembre de 1981.   

81  Conforme  al  Decreto  2145  de  1992,  artículo 35, numeral 8, se le asignaron  funciones  a  la  División de Reglamentación y Registro Sindical, entre otras,  la   de   “expedir  certificaciones  y  fotocopias  auténticas de los documentos que reposan en el archivo.”   

82  Ordenó  el  acusado  reajustar  la  mesada  pensional  a  favor  de: JOSÉ LUIS  BANGUERA,  JUAN  FRANCISCO  COPETE  MOSQUERA,  MIGUEL  ÁNGEL  GÁRCES  HURTADO,  MOISÉS  PEREA  ANDRADE,  mediante sentencias del 15 de septiembre de 1993, 8 de  junio  de  1993,  6  de  abril  de  1994,  22 de abril de 1993, respectivamente.   

83 Los  individuos  solamente  podrán ser sancionados, cuando el hecho y la punibilidad  están  legalmente  determinados  en  forma  preexistente,  así  lo  informa el  artículo 29 de la Constitución Política.   

84El  inciso  2  fue  modificado  por  el  artículo  2 de la ley 43 de 1982, el texto  original   estipulaba:  “Cuando  el  valor  de  lo  apropiado  pase  de  quinientos  mil  pesos  la  pena  será  de 4 a 15 años de  prisión,  multa  de  veinte  mil  a  quinientos  mil  pesos  e interdicción de  derechos y funciones públicas de 2 a 10 años.”   

85 Es  importante  recordar los criterios expuestos por ésta Corporación en sentencia  del   21  de  marzo  de  2012,  bajo  el  radicado  No.  38384,  al  considerar:  “…la  cuantía  de  lo apropiado no puede fijarse  por  las cantidades inicialmente entregadas, sino por los valores que alcanzaron  a  cobrar  los extrabajadores amparados por los fallos, es decir autorizados por  una  orden judicial… no es posible escindir ninguno de los pagos periódicos ,  de  la  decisión ­acto de  disposición     jurídica    único    atribuido    al    procesado­ que conforma la conducta punible por  la cual se acusó al funcionario judicial.”   

86 En  el  artículo  133  del  Decreto 100 de 1980 se tipificaba el delito de peculado  por  apropiación,  sancionando dichos comportamientos con una pena de dos   (2)  a  diez (10) años de prisión cuando el valor de lo apropiado era inferior  a  los  quinientos  mil  pesos  ($500.000),  y de cuatro (4) a quince (15) años  cuando  lo  excedía.  La  referida  cuantía  equivale  a 87,7192 salarios  mínimos  mensuales  vigentes  en  1981,  teniendo  en cuenta lo señalado en la  sentencia  C-070  de  1996  de  la  Corte  Constitucional, por cuanto el salario  mínimo  en  aquel  entonces fue fijado por el Gobierno Nacional en $5.700. Como  en  el  caso sub examine,  los valores objeto de apropiación exceden dicho  monto,  en  tanto  el  de  menor cuantía asciende a $26.216.762.98, consecuente  resulta   imponer  una  pena  que  oscile  entre  los  4 a 15 años. La que  difiere  en su límite mínimo a la contemplada en el artículo 19 de la ley 190  de  1995,  cuando  se  superaban  los cincuenta (50) salarios mínimos mensuales  vigentes  para  la época, que estaba fijada entre seis (6) a quince (15) años.  De   tal   forma,  que  no  se  dan  los  presupuestos  del  principio  de   favorabilidad,  esto  es: 1.La sucesión de dos o más leyes en el tiempo; 2) la  regulación  de  un  mismo  supuesto de hecho, pero que conlleva a consecuencias  jurídicas  distintas;  y, 3), la permisibilidad de una disposición respecto de  la otra.   

87  Artículo  26:  “El  que  con  una  sola  acción u  omisión  o  con varias acciones u omisiones infrinja varias disposiciones de la  ley  penal  o  varia  veces  la  misma  disposición, quedará sometido a la que  establezca la pena más grave, aumentada hasta en otro tanto.”   

88 En  relación  con  esta  pena,  el ámbito de movilidad queda así: De veinticuatro  (24)  a ciento veinte (120) meses de prisión, arrojando un marco de punibilidad  de  noventa  y  seis  (96)  meses,  que  al ser dividido en cuatro nos arroja un  guarismo  equivalente  a  veinticuatro  (24)  meses.  Así  las cosas, el primer  cuarto  de movilidad oscila entre 24 y 48 meses, los cuartos intermedios 72 y 96  meses  y  el  cuarto  superior  entre 96 y 120 meses de pena de interdicción de  derechos y funciones.   

89El  valor  estimado  a  recuperar  por  el  Ministerio  de  Protección Social es de  $56.087.504.74, tal como se expresa a folio 92 del C.O. No.1.   

90 La  suma  a  recuperar  en  su  proceso,  según  lo  afirmado  por el Ministerio de  Protección Social es de $26.216.762.98.   

91  “el  valor  a REINTEGRAR asciende a la suma de $86.987.595.46”, en Memorando  GPSPC-ASNP No.566 del 6 de mayo de 2005.     

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