39319(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado     acta     Nº.376   

Bogotá,    D.C., diez (10) de octubre de dos mil doce (2012).   

V    I   S   T   O  S   

         La  Sala  resuelve  la  admisibilidad  de  la  demanda de casación  presentada  por el defensor de Fernando Uriel Benjumea  Sanabria,   contra  la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Florencia,  el  30  de  noviembre  de  2011,  mediante la cual confirmó la proferida por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, el 15 de febrero de  2010, que lo condenó por el delito de peculado por apropiación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juzgador de segundo grado de la siguiente manera:   

“Ocurrieron hacia los años 2005 y 2006 al  interior  de  la  Agencia  Logística  de  las  Fuerzas  Militares  –  Regional  Florencia,  en la cual se  presentaron  unas irregularidades administrativas, relacionadas con el extravío  de  cabezas  de ganado, venta indebida de productos agrícolas, manejo irregular  de  libranzas,  suministros,  entre  otros, por parte del Director de la entidad  para  la época de los hechos, Mayor ® Fernando Uriel Benjumea Sanabria, dichos  desfalcos    ascendieron    a    la   suma   de   $399.   762.426,26”.   

         2.   Por   el  anterior  acontecer,  luego  de  la  correspondiente  investigación  y  por  razón  de  la manifestación del acusado de acogerse al  trámite  de  sentencia anticipada, la Fiscalía General de la Nación, el 18 de  septiembre  de  2009,  imputó  a  Benjumea  Sanabria  el  cargo de peculado por  apropiación,  que  fue  aceptado  por  éste  de  manera  libre,  voluntaria  y  debidamente asistido.   

         3.  El  expediente  pasó  al Juzgado Primero Penal del Circuito de  Florencia,  autoridad  que el 15 de febrero de 2010, profirió fallo, condenando  a  Fernando Uriel Benjumea Sanabria a la pena principal de 90 meses de prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  5  años y multa de $239.857.455.76, como autor del punible citado  en precedencia.   

         4.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el Tribunal Superior de  Florencia, el 30 de noviembre de 2011, lo confirmó.   

         Contra   esa  decisión,  el  anterior  sujeto  procesal  interpuso  recurso de casación.   

L  A     D E M A N D A      

         Basado  en la causal primera, conforme a la sistemática reglada en  la   Ley   600   de   2000,  presenta  cuatro  reproches  contra  la  sentencia,  así:   

         Primer cargo   

         Acusa  al  Tribunal de haber violado directamente la ley sustancial  por  aplicación  indebida  de  los artículos 59, 60 y 61 del Código Penal, en  tanto  estima  que  se  está  ante una conducta continuada; de tal manera   “si  damos  aplicación  a  la agravante del artículo 397 ibidem, esto es, que  se  tengan estas conductas como apropiaciones superiores a 200 salarios mínimos  mensuales  vigentes  legales,  daríamos  aplicación  a  un  agravante indebida  contemplada    en    el    artículo    397   de   la   misma   obra”.   

         Agrega  que  lo  anterior  constituye  una  doble  sanción  lo que  constitucionalmente está prohibido.   

         Segundo cargo   

         Advierte  que  en  el  proceso de determinación de la sanción, el  sentenciador   consideró   que  únicamente  existen  circunstancias  de  menor  punibilidad,  pero  ello  no  se  vio  reflejado, en la medida en que para estos  efectos partió de 150 meses y no de 96 como correspondía.   

         Tercer cargo   

         Argumenta  que  no  obstante  que en la sentencia impugnada se hizo  referencia  al  principio  de favorabilidad, de todas formas al acusado sólo se  le    reconoció    una    rebaja    equivalente    al    40%,   “cuando   se  reitera  estábamos  era  ante  una  circunstancia  de  atenuación   punitiva   y   así  no  se  reflejó  esta  favorabilidad  en  el  fallo”.   

         Cuarto cargo   

         Estima  que  al  procesado  se  le  está reteniendo la mitad de la  pensión  para  el  pago  de  los  perjuicios  derivados  de  la comisión de la  conducta  punible  de  peculado,  lo  cual  viene  haciendo  antes  de  dictarse  sentencia  de  primera  instancia;  empero,  en  los fallos no se reconoció esa  particular  circunstancia  de  menor  pena  contemplaba  en el artículo 401 del  Código Penal.   

         En  esa  medida,  pide  a  la Corte casar parcialmente la sentencia  impugnada    y    por    lo    mismo,    determinar   nuevamente   la   sanción  impuesta.   

         En  acápite  separado,  igualmente  solicita  que  se acumule este  diligenciamiento   a   otro   que   cursa   en   esta   Corporación,  pues  hay  “causas  conexas”  que  deben  ser resueltas en una sola sentencia, a fin de evitar, entre otros, fallos  ausentes de uniformidad.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.   La   casación  en  la  Ley  600  de  2000   

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  de  esta  impugnación, al libelista compete elaborar la demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados  en  la  ley y decantados por la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso  se  cometió  un error de derecho o de  actividad,  dado  que  corresponde  demostrar  la  existencia  del  vicio  y  su  trascendencia    frente    a   las   plurales   decisiones   adoptadas   en   el  fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa  la legalidad de la sentencia. De ahí que el libelo cumpla  las  formalidades estatuidas en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, toda vez  que  en  él  se debe señalar, de manera clara y precisa, la causal con la cual  se  pretende  la  infirmación  del  fallo,  argumentando cómo el vicio de  derecho   o   de   actividad,   según   el  caso,  conduce  a  resquebrajar  la  providencia.   

Así, no resulta atinado denunciar sólo la  existencia  del yerro que se invoca, sino que al libelista incumbe demostrar que  el  mismo  tiene la trascendencia suficiente para romper la sentencia de segunda  instancia  y  por  lo  mismo,  obliga  a  la  Corte  intervenir como Tribunal de  Casación  en procura de repararlos agravios sufridos a los intervinientes en el  proceso objeto de censura.   

         Presupuestos  de lógica y debida fundamentación de la infracción  directa de la norma sustancial   

         Cuando  el reproche se postula por esta vía, el casacionista está  aceptando  que  los  hechos  declarados  como  probados  en  la sentencia fueron  correctamente  apreciados,  razón  por  la  cual el debate se circunscribe a la  aplicación  del  derecho,  sin  que  tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

         En  esa  medida,  la labor de demostración de la trascendencia del  vicio  se  contrae a evidenciar que el juzgador seleccionó una norma que no era  la  llamada a gobernar el asunto, omitió otra que sí resolvía los extremos de  la  relación jurídico procesal o, habiéndola escogido correctamente le dio un  alcance interpretativo que no se deriva del texto de la ley.   

                    

         Calificación de la demanda   

         En  primer  término,  resulta  imperioso  verificar  lo atiente al  interés  del  censor  en  la  postulación de los cargos, toda vez que el fallo  devino   del   acogimiento  del  acusado  al  trámite  abreviado  de  sentencia  anticipada.   

         De  acuerdo con el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, el procesado  y  su  defensor  únicamente  tienen interés, en orden a recurrir en casación,  los  aspectos  relacionados  con  la  dosificación  de  la pena, los mecanismos  sustitutivos  de la sanción privativa de la libertad, la extinción del dominio  sobre    bienes    y    la    violación   de   garantías   de   los   derechos  fundamentales.   

         En  esa  medida,  resulta  fácil  advertir  que  el actor no tiene  interés   respecto   del    primer  reproche,  en  la  medida  en  que  la  fundamentación  de  su  inconformidad  está  postulada  en  retractarse de los  cargos  que  aceptó en la diligencia donde se le imputaron los mismos, toda vez  que   el   procesado  Benjumea  Sanabria  manifestó  de  manera  afirmativa  su  compromiso  penal, en torno a la imputación de un delito continuado de peculado  por   apropiación   por  cuantía  superior  a  $399.000.000,  conforme  a  las  circunstancias especificadas en el acta.   

         Por  tanto,  se  erige  en  un  desatino  entrar  a  cuestionar ese  aspecto,  dado que ese supuesto fáctico fue libremente aceptado por el acusado,  situación  que  implica  una negación a  la manifestación de acogimiento  al trámite de sentencia anticipada.   

         

Así  las  cosas,  la Sala se abstendrá de  estudiar  la  primera  censura  por  el  motivo  expuesto,  máxime cuando en el  proceso  de  determinación de la pena se respetaron los cargos atribuidos y por  ende  el  postulado  de  congruencia, en razón a que en el acto de fijación de  los  extremos  de  la  punibilidad  se  tuvo   en  cuenta  que al delito de  peculado  por  apropiación  agravado  por  la cuantía, competía aumentarse la  sanción  en  una  tercera  parte  por  tratarse de delito continuado, según lo  estipulado  en  el artículo 31 único parágrafo del Código Penal de 2000 y lo  aceptado por Benjumea Sanabria.   

         Ahora   bien,   en   lo   que  atañe  a  los  cargos  segundo,           tercero       y       cuarto, los cuales están fundados   sobre  una  presunta  equivocación  del  sentenciador  al  determinar  la pena,  tampoco  cumplen  los presupuestos de lógica y debida fundamentación, en torno  a su admisibilidad.   

         En  lo  atinente  a  la  segunda  censura fundada por la vía de la  infracción  directa,  porque  no se partió del mínimo de pena reglado para el  mencionado  delito,  sino  que  se estableció en 150 meses y no en 96 meses, el  actor  no  presenta ningún argumento para demostrar un desatino del juzgador al  momento de dosificar la punibilidad.   

         En  efecto,  las  pocas  líneas  que  el  casacionista  ocupa para  demostrar  el  yerro, únicamente pone de manifiesto una inconformidad frente al  citado  proceso  penológico,  sin  que  evidencie  la existencia de la invocada  infracción a la ley.   

         De  todas  formas,  vale  aclarar  que el fallador de primer grado,  luego  de  fijar  el  ámbito  de  movilidad, en razón a que en el procesado no  concurrían   circunstancias   de   mayor   pena,  consideró  atinadamente  que  dosificaría  la  sanción  en  el  primer  cuarto,  esto es, de 96 a 162 meses,  fijándola  en  150  meses.  Posteriormente,  procedió  a  reconocer una rebaja  equivalente al 40%, aplicando el principio de favorabilidad.   

         

           En  consecuencia,  no  se  advierte que a Benjumea Sanabria se le  hayan  atribuido  dos  circunstancias  de  agravación  punitiva, como de manera  farragosa lo deja entrever  el libelista.   

         Expresado  de  otra  forma,  critica al  juzgador  por  no  haber  partido  del  mínimo del primer cuarto del ámbito de  movilidad  para dosificar la pena, pero no presenta argumento, a fin de poner de  relieve  la anunciada transgresión directa de la ley, reclamando una reducción  de 16 meses.   

         Igual  situación  acontece con el tercer  cargo,  habida  cuenta  que  como  una  constante, la  afirmación  del  censor carece de respaldo probatorio, en cuanto a que no se le  reconoció  al  acusado  el  principio  de  favorabilidad  respecto del monto de  rebaja  de  pena por haberse acogido a sentencia anticipada, ya que seguidamente  señala  que  por  este  motivo  a  Benjumea  Sanabria  se le otorgó una rebaja  equivalente  al  40%  de  la  sanción  a  imponer,  esto  es, una superior a la  estatuida  en  el artículo 40 de la Ley 600 de 2000 para etapa de instrucción,  que es de una tercera parte.   

           Si su intención era demostrar que el procesado tenía el derecho  al  50%  de  descuento  punitivo  por  esa  condición procesal, tampoco puso de  relieve  la  existencia  de algún yerro por parte del fallador para no conceder  esa cantidad.   

         Por  último, en torno al cuarto reproche  fundado sobre el supuesto que al implicado tampoco se  le  reconoció  la  circunstancia  de  atenuación  punitiva  consagrada  en  el  artículo  401  del  Código  Penal, por cuanto él venía haciendo un reintegro  parcial  de  lo  ilícitamente  apropiado  antes  de  acogerse  al  trámite  de  sentencia  anticipada,  también  se  quedó en el simple enunciado, dado que no  demostró la veracidad de sus asertos.   

         Según  la  evidencia recaudada en el diligenciamiento, se advierte  que  no  obra  elemento  de  juicio  que  acredite  que  el  acusado haya estado  reintegrando  lo indebidamente apropiado previo a acogerse al trámite abreviado  de  sentencia  anticipada.  Todo lo contrario, el expediente indica que luego de  ser  declarado  persona  ausente  y posteriormente comparecer al trámite penal,  siempre  mantuvo  su posición de demostrar su  ausencia de responsabilidad  frente  a  los  cargos  que  se  le  atribuía,  situación  que  varió  en una  ampliación  de  indagatoria,  en  la  que  solicitó  que  se  le dictara fallo  anticipado,  conforme  a  lo  estipulado  en  el  artículo  40  del  Código de  Procedimiento Penal.   

         Así  las cosas, carece de fundamento reclamar una circunstancia de  menor   pena,  cuando  la  actuación  no  indica  que  el  sentenciado  hubiese  reintegrado  parcialmente  el  valor  de  lo  apropiado y en esas condiciones no  tenía   derecho   a   que   se  le  disminuyera  la  pena   por  reintegro  parcial.   

         Al no asistirle interés y razón en la  formulación   de  las  censuras,  deviene  necesariamente  la  inadmisión  del  libelo.   

           De  otro  lado, recuérdesele al demandante que la competencia de  la  Sala  se  circunscribe a la calificación de la demanda; de ahí que resulta  improcedente  la  petición  de acumulación de procesos, pues ni siquiera está  prevista en la legislación procesal penal.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación, se hayan violado  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga  superar los defectos de la demanda, en orden a decidir de fondo, según  lo dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada          por         el     defensor   de   Fernando         Uriel         Benjumea        Sanabria.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                   FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                              LUIS  GUILLERMO   SALAZAR   OTERO                

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  DE JESUS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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