39275(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPRE MA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO   

Aprobado    Acta  N°376   

Bogotá,  D. C., diez (10) de octubre de dos  mil doce (2012).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado Lino Humberto  Caro  Acevedo  contra la sentencia proferida el veintitrés (23) de enero de dos  mil  doce  (2012)  por el Tribunal Superior de Yopal que lo declaró responsable  como  autor  de  los  delitos  de  homicidio agravado, secuestro simple, hurto y  extorsión.   

HECHOS  

         A  finales  del  año 1997, el frente 28 de las autodenominadas FARC  sustrajeron  el  ganado  que se encontraba en la finca El Guamo, de propiedad de  Ronaldo  Barrera Bohórquez, quien advertido de lo sucedido, decidió seguir los  rastros  de  los 200 animales hurtados en compañía de su empleado Josué Tumay  Cristancho,   localizando  los  semovientes  en  la  vereda  Campo  Hermoso  del  municipio  de  Támara  –  Casanare,  en  manos  de  la  guerrilla,  grupo  que  se  negó a su devolución  argumentando  que  el  ganado  había sido robado por Barrera Bohórquez a quien  retuvieron  por  espacio  de  catorce  días  mientras  era sometido a un juicio  guerrillero por presuntamente auxiliar a grupos de autodefensa.   

El  día  26  de  noviembre  de  1997,  la  inspección  rural  Las  Tapias  de  la  Policía, realizó el levantamiento del  cadáver  de  Rolando Barrera en jurisdicción del municipio de Hato Corozal. Su  cuerpo  fue  encontrado  dentro del vehículo de su propiedad, campero de placas  GQJ  102  y  se  pudo  verificar  que falleció por disparos de arma de fuego al  nivel de la cara y el tórax.   

Tres  meses  después  del deceso de Rolando  Barrera,  su  hermano  Holman  fue  requerido  por alias Roldan, guerrillero que  había  ordenado  la  muerte  de su hermano, así como el hurto del ganado, para  que    se    presentara    en    el    municipio    de    Manare    –   Casanare,  lugar  en  el  que  fue  obligado  a  entregarle  a  la esposa del occiso, Lucinda Niño, cien cabezas de  ganado,  a  pagar  un crédito que ésta tenía con el Banco Agrario y a retirar  la  denuncia  que  había  promovido  ante  las  autoridades por la muerte de su  hermano  Rolando o de lo contrario sería ultimado. Dichos requerimientos fueron  cumplidos dentro de los dos días siguientes.   

ANTECEDENTES    PROCESALES    RELEVANTES   

1.  Por  los  hechos antes narrados, la Fiscalía General de la Nación,  el  9  de  octubre  de  2008  profirió  resolución  de  acusación contra Lino  Humberto  Caro  Acevedo  como  coautor  de  los  delitos  de homicidio agravado,  secuestro  simple,  hurto  calificado  agravado  y  extorsión.   El pliego  acusatorio  adquirió  ejecutoria  el  22  de diciembre de 2008, fecha en la que  quedó  en firme la decisión que declaró desierto el recurso de apelación que  en   contra   de   la   citada  resolución  había  interpuesto  el  procesado.   

2. La etapa de juzgamiento fue adelantada por  el  Juzgado  Único Penal del Circuito Especializado de la ciudad de Yopal   que  el  31  de  agosto de 2011, condenó al procesado a la pena de 360 meses de  prisión  y  multa  de  100 SMLMV por los mismos cargos por los que fue acusado.  Como  sanción  accesoria  se  le impuso la inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el igual lapso que la pena privativa de la  libertad.   

3.  Contra el fallo de primera instancia, la  defensa  del sindicado y la parte civil, interpusieron el recurso de apelación,  el  cual  fue  resuelto  por  el  Tribunal Superior de Yopal que el pasado 23 de  enero,   modificó   la   sentencia  del  juzgado  del  circuito  especializado,  imponiendo  la  pena de 483 meses de prisión y multa de 100 SMLMV, la accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas por el término de 10 años.  Como condena en perjuicios se irrogó la de 400 gramos oro.   

4.  La defensa de Lino Humberto Caro Acevedo  recurrió  en  casación,  siendo  la  calificación de la demanda el objeto del  actual pronunciamiento.   

LA DEMANDA:  

El  censor  plantea un sólo cargo contra la  sentencia del Tribunal así:   

    

1. “Violación de la Ley sustancial  por  vía  indirecta –error  de hecho”     

Al amparo de la causal primera prevista en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, aduce la falta de aplicación de los  artículos   29,  232  y  238  de  la  misma  normatividad  por  errores  en  la  apreciación  y  valoración  de  las  pruebas  al suponer la existencia de unos  medios  de  convicción que no aparecen materialmente en el expediente, omitir y  suponer la estimanción de otros para la acreditación del dolo.   

     

1. “Error   de   hecho   por  falso  raciocinio  o  falso  juicio  de  apreciación con referencia a la prueba testimonial”     

El  supuesto  error  lo  concreta  en  los  testimonios  de  Holman  Barrera  Bohorquez y Josué Tumay Cristancho, afirmando  que  el Tribunal con base en esas declaraciones contradictorias, omitió valorar  las  pruebas  con un sentido objetivo, inaplicando los principios de la lógica,  la ciencia y la experiencia.   

Seguidamente, se dedica a trascribir apartes  de  las  declaraciones  aportadas  por la defensa, calificándolos de creíbles,  contundentes  y  demostrativos  de  la  inocencia  del  acusado a quienes no les  asiste  interés  de  favorecer  al procesado, pero a los que el Tribunal restó  todo mérito probatorio.   

Luego   sostiene  que  los  juzgadores  de  instancia  ni  siquiera  citan  en  sus  decisiones  los  testimonios  de Carlos  Sánchez,  Lucimio  Fuentes  y  Parmenio  Martínez, quienes señalaron que Lino  Humberto  Caro  Acevedo  no  ostentaba en la organización ningún tipo de mando  como para haber ordenado la muerte de Ronaldo Barrera.   

Concluye   señalando   que   el  ad  quem  tergiversó   las   declaraciones   de  los  testigos  de  la  fiscalía  y  que  distorsionó las pruebas testimoniales de la defensa.   

     

1. “Error  de  hecho  por falso juicio de existencia por omisión con  referencia a la prueba testimonial”     

Sostiene  que  el  Tribunal  omitió  hacer  referencia  a las declaraciones que desvirtuaban los cargos contra Lino Humberto  Caro,  en su mayoría ex miembros de las FARC y que restaban toda credibilidad a  los  testigos  de  cargo,  los cuales de haberse valorado, habrían llevado a un  fallo    absolutorio,    pues    la    sentencia    de    condena   “carece de todo respaldo probatorio”.    

Por  último, indica que la dosificación de  la  sanción  hecha  por el juez de segundo grado que la aumentó de 360 meses a  486   meses,  es  violatoria  del  debido  proceso,  por  lo  que  solicita  que  “la   Corte  Suprema  de  Justicia  verifique  tal  situación”.   

La  pretensión  del  recurrente  es  que la  Corporación  emita  fallo  de  reemplazo, revocando la condena para en su lugar  absolver  a  Lino  Humberto  Caro  de  los  delitos  por  los que fue condenado,  ordenando su inmediata libertad.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          Calificación de la demanda   

1.  La  Sala ha precisado reiteradamente, en  punto  de la violación indirecta de la ley sustancial por errores de hecho, que  la  misma  puede  presentarse  en los siguientes casos, a saber, falso juicio de  existencia,  falso juicio de identidad y falso raciocinio. En el primer caso, el  juzgador  se  equivoca  al  apreciar  la  prueba,  bien sea porque obrando en el  proceso  omite  valorarla,  o  porque  sin  figurar en la actuación, supone que  allí  aparece y la tiene en cuenta en su decisión; el segundo error alude a la  distorsión   del   contenido  de  la  prueba  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola;  y  el  tercero  trata  de  que  el  juzgador deriva del medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios de la sana crítica,  esto  es,  los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de  la experiencia.   

Los reparos propuestos contra la sentencia de  segunda  instancia,  aunque en su enunciación aluden a violaciones indirectas a  la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho,  al ser desarrollados faltan a los  mínimos  lógicos  y  de  coherencia,  pues  el  casacionista  a lo largo de su  discurso  alude  a  infracciones a las reglas de la sana crítica, a omisión en  la  valoración de los medios de convicción, a la tergiversación de los mismos  y  las  equivocadas  conclusiones  del  Tribunal  cuando  decidió  no otorgarle  credibilidad a varios testimonios.   

Así por ejemplo, en la primera censura habla  de  un falso raciocinio el que equipara a lo que el censor denomina “falso   juicio  de  apreciación  en  relación  con  la  prueba  testimonial”,  alejándose por completo del concepto  de  falso  raciocinio,  en el que corresponde a quien lo alega, indicar en forma  objetiva  qué  dice  el  medio  probatorio,  cuál  fue  la inferencia a la que  equivocadamente  arribó  el  juzgador  y  cuál  es  la  correcta, así como el  mérito  persuasivo  otorgado  y  el  postulado lógico, la ley científica o la  máxima de la experiencia  que fue desconocida en el fallo.   

          En  cambio limita su discurso a señalar que el ad quem incurrió en  una   omisión   probatoria   cuando   olvidó   apreciar   unas  declaraciones,  circunstancia  que no se ajusta a un falso raciocinio, sino a un falso juicio de  existencia por omisión.   

          Y  al  pretender  demostrar  esta  supuesta  falencia,  ingresó  al  terreno  del  mérito otorgado por el sentenciador a dichas probanzas con lo que  se  encuentra  en desacuerdo, ya que a su juicio la prueba testimonial decretada  a  favor  de  la  defensa  era  demostrativa de la inocencia de su representado.   

En  esa  medida  emerge  claro que el libelo  comporta   un   mero   alegato  de  instancia  que  se  encuentra  lejos  de  la  identificación   de   las  causales  alegables  en  sede  extraordinaria  y  la  coherencia   que   debe   existir  entre  la  selección  de  las  mismas  y  la  sustentación  de  la  censura,  pues  en  el  presente  caso  esa  relación de  coherencia  se  quiebra  cuando  anuncia un error de hecho por falso raciocinio,  luego  menciona  una  omisión  probatoria que corresponde a otro tipo de vicio,  para  después  exponer un discurso que tiene que ver con la credibilidad que le  merece al recurrente la prueba testimonial.     

          Se  hace  más  patente la trasgresión a los mínimos lógicos y de  coherencia  dentro  del  reparo  que  postula  y denomina como falso raciocinio,  cuando  menciona  la tergiversación y distorsión de las pruebas, ignorando que  una  queja  en  tal  sentido  se debe proponer y demostrar por la vía del falso  juicio  de identidad, cuyos presupuestos son bien diferentes a las del cargo que  inicialmente  propone,  pero  que  en  ambos  casos  incumple demostrar, pues se  reitera,  su  inconformidad  radica  en que el sentenciador no le dio crédito a  los  testimonios  que  señalaban que el procesado no hacía parte de los mandos  del  frente  guerrillero  que  ordenó  el  homicidio  de  la víctima, frente a  aquellos  que  lo  señalaron  como  el  sujeto  que dispuso la comisión de ese  suceso   criminal,  discusión  que  escapa  a  las  cuestiones  jurídicas  que  corresponde dilucidar a través del recurso de casación.   

2. Similares falencias se advierten respecto  del  segundo  de  los  cargos,  referido  por  el  censor  como  falso juicio de  existencia  por omisión, dado que lo hace consistir en la falta de credibilidad  que  al  Tribunal le merecieron los testimonios de ex miembros de las FARC sobre  la  ajenidad  del  procesado  en  la  ejecución  de  los hechos por los que fue  condenado,  cuestión  que  ninguna  relación  guarda con un cargo por omisión  probatoria,  en  donde  además  se  deja  precisar  si  el  yerro  lo  fue  por  suposición  de una probanza que jamás fue acopiada al proceso, o por omisión,  esto  es,  que  se  dejó  de  valorar   un medio de convicción legalmente  incorporado  al  debate,  pues  todo  se  resume al poder suasorio otorgado a la  prueba  aportada  por la defensa que a juicio de los sentenciadores de instancia  no fue suficiente para desvirtuar la acusación.    

También  faltando al principio de lógica y  debida  fundamentación,  dentro  de  este  mismo  reparo, denuncia que el fallo  carece  de  todo  respaldo  probatorio, cuestión que corresponde ser alegada en  cargo  separado  y   bajo  la  égida  de la causal de nulidad por falta de  motivación.   

Por  las  anteriores  razones, la demanda de  casación    será    inadmitida    por    la    totalidad    de    los   cargos  propuestos.       

Finalmente  y  aunque  el censor simplemente  solicita  una  revisión  de la dosificación de la pena, pero sin ajustar dicha  inconformidad  a  las causales de casación, ni señalar los motivos por los que  la  considera  incorrecta,  de  todas  formas  la  Corte en aras de verificar el  respeto  a  las  garantías fundamentales del procesado como uno de los fines de  la  casación,  la  Sala  advirtió  que  uno  de los aspectos impugnados por el  apoderado  de  la  parte  civil  frente a la sentencia de primera instancia, fue  justamente  el  relacionado  con  la  tasación  de  la  pena,   monto  que  consideró  injusto  dadas  las  condiciones  de  indefensión  en  las  que fue  ultimado Ronaldo Barrera Bohórquez.   

Así  las  cosas,  el  fallador  de  segunda  instancia  podía  agravar la pena, dado que el procesado no era apelante único  y  éste  fue  uno  de  los  temas  sobre  los cuales la parte civil enmarcó el  recurso de apelación.   

También se observa que el Tribunal calculó  la  sanción  para  cada  uno  de  los  delitos  por  los que fue condenado Lino  Humberto  Caro,  tomando  como  sanción base la prevista en el Código Penal de  1980,  vigente para la época de los hechos y que preveía unas penas inferiores  a las indicadas en la Ley 599 de 2000.   

Así  mismo,  tasó  las  penas  dentro  del  primero  de  los  cuartos,  irrogando  dentro  de  este  límite  montos  que no  superaron  el  extremo  máximo de ese primer cuarto, los que sumados resultaron  en  483 meses de prisión, quantum que no transgrede las reglas del artículo 31  del  Código  Penal,  pues  dicha  pena  no  supera  la  suma aritmética de las  sanciones  para  cada  uno  de  los  tipos  penales  atribuidos  individualmente  considerados.   

En  este  orden  de  ideas,  del estudio del  proceso    no    se    vislumbra    violación    de    derechos   fundamentales    o    garantías   de  los  intervinientes,  para  ejercer  la  facultad  oficiosa de índole  legal  que   al      respecto      le      asiste     a     la   Sala.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda   de casación presentada por la defensa del procesado Lino Humberto Caro Acevedo.   

         

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Comuníquese  y  devuélvase  al Tribunal de  origen. Cúmplase   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSE       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO   ALBERTO  CASTRO  CABALLERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                  LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

                  

   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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