39016(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 239.  

Bogotá  D.C.,  junio veintisiete (27) de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

          Decide   la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor del procesado GABRIEL DE  JESÚS  MOLINA  TAMAYO  con  el objeto de sustentar el  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto contra la sentencia proferida  por  el  Tribunal  Superior de Antioquia -Sala Penal de Descongestión- el 19 de  enero  del  año  en  curso,  por medio de la cual confirmó la dictada el 11 de  enero  de  2011  por  el Juzgado Promiscuo del Circuito de Santa Fe de Antioquia  que  condenó al mencionado por el delito de actos sexuales con menor de catorce  años.        

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad    quem, en los siguientes términos:   

“la investigación se inició por denuncia  que  hiciera  la psicóloga Claudia María Ruiz Cifuentes, del Plan de Atención  Básica  del  municipio  de Anzá, Antioquia, el día 12 de diciembre de 2005, a  quien         la        niña        L.F.Q.V.1,  de  diez  años de edad, le  contó  que a comienzos de ese año se acercó a la tienda del señor GABRIEL DE  JESÚS  MOLINA  TAMAYO,  ubicada en el municipio de Anzá, y que fue violada por  éste,  pero  según  dictamen  sexológico  practicado  en  el  año  2007,  se  determinó  que  la  niña  no  había  sido  desflorada,  no  tenía  signos de  violencia,        ni       de       contaminación       venérea”.   

Con  fundamento en lo denunciado, se dispuso  inicialmente   la  apertura  de  investigación  previa  y  después  formal  de  instrucción,  a  la  cual  se  vinculó,  mediante  diligencia  de indagatoria,  a   GABRIEL   DE  JESÚS  MOLINA  TAMAYO.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  su  mérito  el  27  de mayo de 2008 con resolución de acusación en contra del  procesado  por  el  delito de actos sexuales con menor de catorce años agravado  (arts.  209  y  211-4  del  C.P.),  determinación  que  fue  confirmada  por la  Fiscalía de segunda instancia el 10 de noviembre de 2009.   

La  fase  del  juicio  se asignó al Juzgado  Promiscuo  del  Circuito de Santa Fe de Antioquia, ante el cual se evacuaron las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento, a cuyo término profirió fallo de  primera  instancia  el  11  de  enero  de  2011,  mediante  el  cual condenó al  acusado  a la pena principal  de  tres  (3)  años  de  prisión  y  a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por un período igual, al tiempo  que  lo  condenó  al  pago  de  perjuicios  morales en la suma establecida y le  concedió  el  subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  tras  encontrarlo  responsable  del delito de actos sexuales abusivos con  menor         de         catorce        años2.   

En  desacuerdo con la anterior decisión, la  impugnó  el  defensor del procesado, motivo por cual el 19 de enero del año en  curso     el     Tribunal     Superior     de     Antioquia     se    pronunció  confirmándola.   

          El   fallo   del   ad  quem  es  ahora  objeto  del recurso extraordinario de casación promovido  por  igual  sujeto  procesal,  quien  lo  sustentó allegando el correspondiente  libelo,  sobre  cuyos presupuestos lógicos y argumentativos se ocupa la Sala en  esta decisión.   

LA DEMANDA  

El  defensor  formula dos censuras contra el  fallo  impugnado con fundamento en la causal primera del artículo 207 de la Ley  600  de  2000,  por  violación indirecta de la ley sustancial a consecuencia de  errores  de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la  apreciación probatoria, que  condujeron  a la aplicación indebida del artículo 209 del C.P. Los reparos son  del siguiente tenor:   

1.  Primer cargo:  

Según el actor, recae en la valoración del  testimonio    de   la   menor   L.F.Q.V.   Para  demostrarlo  comienza  por  señalar  que  el  Juzgado  requirió  de  la Institución Educativa Asunción Montoya de Torres certificara  si  organizaba  rifas  o  eventos  similares, a lo cual respondió el rector del  plantel  informando que durante el tiempo que estuvo a cargo no se acostumbraban  ese tipo de actividades.   

Acto seguido, indica que el dicho de la menor  en  cuanto  a  que el implicado “le metió el pipí,  no  le  dolió  y  la  contagió  de  verrugas”  fue  refutado  por  el  reconocimiento  ginecológico,  acorde  con  el  cual  no fue  desflorada,   no   se   hallaron   signos  de  contaminación  venérea,  ni  de  violencia.            

De  inmediato, resalta algunos apartes de la  declaración   de   Luis  Alfonso  Cano  en   torno   a   la   descripción   física  del  implicado  y  del  establecimiento   de   su   propiedad,  para  luego  advertir  que  “la  ofendida,  menor de 10 años, induce en error con el relato,  hace   una   narración   evocando   vivencias   falsas:   preciar  (sic)  el  tiempo,  modo  y  lugar de los  hechos  delictivos,  no  están demostrados plenamente; el abuso nunca sucedió,  está   certificado   por  el  médico  legista.  Como  quiera  que  tampoco  la  denunciante  -Psicóloga-, o la Fiscalía se ocupara de este tema, esto es haber  ordenado  una  entrevista  forense  a  la menor; para determinar: la memoria, la  contaminación  por  la  sugestión,  preguntas  aptas,  el  reconocimiento  del  problema,  el lenguaje no verbal en la detención (sic)  del  engaño  y  la  mentira,  en  busca de la verdad  material,  conforme  lo  enseñan  los  protocolos  de  entrevista forense a los  menores  de  edad,  tales  como  el protocolo pasosabio, protocolo SATAC (Fingid  Words),  protocolo NICHD, protocolo NICHD- modificado, brillaron por su ausencia  en  este  proceso.  La mentira fantástica. El menor que entiende el significado  de  mentir  posiblemente  fabrica  un  ‘cuento’ por  la frustración o la desilusión”.   

A  continuación,  transcribe  apartes  de  literatura  especializada  acerca  de  las  razones  que  llevan a los menores a  denunciar hechos falsos, para, inmediatamente, asentir:   

“El Tribunal entendió mal el dicho de la  menor;   ‘me  metió  el  pipí’ no le dolió y la  contagio  de  verrugas  fl  31.  Está  probado, que esta versión de la testigo  directo  en  los  hechos  es  falsa,  es un cuento acomodado, es producto de una  mentira  fantástica,  ante  el  problema de vaginitis que padecía. De contera,  engañó  a  la  Psicóloga,  a  sus  progenitores. Le adjudico al procesado una  venérea   que   nunca   ha  tenido.  Dice  que  la  presencia  de  ella  en  el  establecimiento   comercial  fue  por  la  venta  de  unas  boleta  (sic)  de  la  escuela,  en  fin  es  una  historia  fantástica,  que  riñen  con  la  verdad material de los hechos. Las  inferencias  indiciarias  construidas  pierden  entidad,  a  parir  (sic)  del  único  dicho. Inferir que el  supuesto  violador  (fl.24)  un  septuagenario,  de  uno  con  setenta  y dos de  estatura,  corpulento  y  con  prótesis  dental,  accediendo  y  contagiándola  carnalmente  mediante violencia a la niña de 10 años de edad…”.   

Por  lo  expuesto,  precisa  que  se incurrió en  “equivocada  imputación  jurídica”  en la acusación y en la sentencia condenatoria, pues “desde  el  punto  de vista de la tipicidad estricta de los actos  sexuales     no     existieron     (sic),  porque  el  acto  sexual  debe  ser  apropiado para estimular la  lasciva  del  autor  y  de  la  víctima o, al menos uno de ellos”.   

Enseguida,  advierte  que el fallo impugnado  “se   apoya   exclusivamente   en   frases  sacada  (sic) de la declaración de  la  menor  ofendida,  que  son citadas y luego distorsionadas en su significado,  siendo  este  el  único elemento de prueba que soporta la decisión de condena,  que   no   corresponden   a   la   realidad   material   del  tipo  ‘actos       sexuales’  el  Tribunal  pasmosa  y  de manera  sorpresiva,  trae  de los cabellos el pretexto que la menor a los 10 años no ha  despertado  sexualmente, se le olvida que existe la pubertad precoz, que aún en  niñas   de   7   años,   que   han   presentado   menarquía  La  (sic)  pubertad  precoz  puede  hacer  a una niña capaz de concebir a  muy tempranas edades”.   

Finalmente, y tras transcribir apartes de una  decisón  de  esta  Sala  acerca  de  la  credibilidad del testimonio del menor,  concluye  que  “en  el caso concreto se sabe que la  ofendida  tenía  10  años,  año  2005,  cuando  el  internet,  la  radio,  la  television,  las  clases  de  comportamiento y salud, informan sobre los organos  sexuales  por  su  nombre,  exonerar  a la menor que no conoce del tema, es como  negar   que   estamos  en  el  siglo  XXI,  como para que sus expresiones no sean  adecuadas  a  su edad, punto vacilar (sic) viola  indirectamente la ley, por aplicación indebida del tipo que  se  investigó  al  artículo  209,  artículo  6  Código  Penal.  articulo 232  C.P.P.  error de hecho por  falso raciocinio”.   

Con sustento en lo expuesto, depreca casar el  fallo  recurrido  y,  en  su lugar, se dicte sentencia absolutoria a favor de su  defendido.   

2.        Segundo       cargo  (subsidiario):   

Por  virtud de igual yerro en la valoración  de    las    pruebas    advierte    que    se    configuró    la   “aplicación  indebida  del  artículo 209 y falta de aplicación  del 29 constitucional”.   

Para el actor, se violaron reglas de la sana  crítica  en  la  valoración  probatoria  “en tanto  omitió  analizarlas  a partir de su contenido concreto que le permitiera lograr  la  mayor fidelidad posible en frente de los criterios de apreciación judicial,  como  quiera  que  el  medio  de  prueba para el caso concreto es la inspección  judicial,  la  misma  que  brilló  por  su ausencia, ante la personalidad de la  menor de edad”.   

Acto  seguido,  transcribe  segmentos  de la  declaración  suministrada  por  la  progenitora  de  la  menor  y del fallo del  Tribunal  en  torno a la fiabilidad que le mereció el dicho de la infante, tras  lo  cual  afirma  que  “la prueba que compromete la  responsabilidad  del  acusado,  el anunciado estudio pormenorizado de los mismos  se      queda      en     simples     declaraciones  que  enfatizan sus bondades probatorias pero sin que  la  decisión  de  concederles  credibilidad  se  vea acompañada de un juicioso  análisis    crítico-racional    que   evidencie   su   racional   (sic)  fundamentación  afectándose  por  igual  las pruebas recaudadas con posterioridad a la declaratoria de erradas las  premisas  (sic),  errada es  igualmente    la    conclusión   del   juzgador   acerca   de   que   dijo   la  verdad”.   

Después  de transcribir un aparte del dicho  de    la    menor    ante   el   “sexólogo”,   señala   que   “es  indicio,  es  otra verdad amañada al resultado del dictamen  médico  legal,  que  se  debió  en  su oportunidad socializarlo en el proceso,  porque  cambia el primigénio dicho de la menor, y que si en verdad se compadece  con la tipicidad de la sentencia”.   

De   inmediato   colige   que  “tales  deficiencias  en un análisis  integral  de  los  medios  de  convicción  han  debido  conducir  al fallador a  reconocer  una  duda  probatoria,  pues  con los testimonios imposible acreditar  (sic) la responsabilidad del  procesado  más  aún cuando no se practicó inspección judicial al lugar donde  ocurrieron  los  hechos,  los  testimonios  de  la  maestra, el testimonio de de  (sic)  las hermanas la menor  (sic),  los  dos  jóvenes  compañeros  de  estudio  (fl.1), el examen específico de algunos de los hechos  por  ellos  informados  luego  todo  ello  genera  fisuras  insuperables  en  la  credibilidad  de  la  menor.  Que abarca detalles que no fueron relatados en sus  primeras  intervenciones  y  que  de todas maneras llaman a la incertidumbre. Al  examen   sexológico   folios   72,   la  paciente  L.  F.Q.V.  De  (sic)   12   años   de  edad,  resultó  ‘Genitales:    himen  íntegro       sin       desgarros’…”.   

A   continuación,   señala   que   debe  otorgársele  credibilidad  a  lo  expuesto por su prohijado porque “demás      (sic)     de  ser  sordo  y  sin  memoria,  se colige que hay contradicciones  entre  el  testimonio  de  la  menor  y  la del procesado de éstos (sic)  se  infiere  que  GABRIEL DE JESUS  MOLINA  vivía  con  su hijo, que el establecimiento comercial La Mejor Esquina,  no  tiene  trastienda,  mucho menos depósito, que su negocio duró hasta cuando  llegaron  los  paracos, que estuvo hospitalizado en la ciudad de Medellín en el  Hospital  San  Vicente,  que  no  compra  boletas  de rifas, que nunca ha tenido  enfermedades  venereas  en  una  palabra  se  declara  inocente  ante los cargos  imputados por la menor”.   

Luego,  con  apoyo  en  jurisprudencia de la  Corte,  diserta  en  punto del testimonio único, el cual, asevera, en este caso  “se    ofrece    desquiciado    por   prueba   en  contrario”.   

Por   lo   anterior,   añade,        “la       investigación       decayó       (sic)  en  la  perplejidad,  en  la  duda  probatoria,  no  eliminada  de manera alguna, resultando aplicable, por ende, el  principio  del  in  dubio pro reo”, pues “es  probable  que  para el año 2005, el señor GABRIEL DE JESUS  MOLINA     TAMAYO,     porm    (sic)    presencia    de   los   ‘paracos’ ya  no  tenía  la  tienda,  así  como  tambien  es  probable que para el año 2005  hubiera  estado  hospitalizado, por ello, es indispensable que se sepa el tiempo  exacto  en  que  ocurrieron los hechos que narró la ofendida, para establecer a  ciencia     cierta     las     condiciones    tempero-espaciales    (sic),  por  ello, la garantía contenida  en  el artículo 7 del Código de Procedimiento Penal, era la que se adecuaba al  caso sometido a juzgamiento”.   

Como,  entonces,  entiende que conforme a lo  expuesto  no se desvirtuó la presunción de inocencia en favor de su defendido,  se  debe  aplicar  el  in  dubio pro reo y,  consecuentemente,  casar  el  fallo impugnado para, en su lugar,  absolverlo del delito imputado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

Es   evidente  que  el  libelo  casacional  presentado  por  el  defensor del procesado GABRIEL DE  JESÚS  MOLINA  TAMAYO no cumple los condicionamientos  previstos  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000, por lo cual la decisión  que corresponde adoptar es la de inadmitirlo.   

         

De  conformidad con la disposición procesal  aludida,   la   demanda   de  casación,  a  efecto  de  ser  admitida,  deberá  contener:   

“1.  La  identificación  de  los sujetos  procesales y de la sentencia demandada.   

2.  Una  síntesis de los hechos materia de  juzgamiento y de la actuación procesal.   

3.  La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y  precisa   sus   fundamentos  y  las  normas  que  el  demandante estime infringidas.   

4.   Si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán  en  capítulos separados. Es permitido formular cargos excluyentes  de    manera   subsidiaria”   (subraya   fuera   de  texto).   

Según   el   tercero  de  los  requisitos  contenidos  en  esta  preceptiva,  el  libelo  de  casación deberá precisar la  causal  invocada  contra  el  fallo  y,  lo más importante, formular el cargo y  expresar  sus  fundamentos  en  forma  clara  y  precisa, esto es, acorde con el  entendimiento  de  la  Sala,  ello  debe  traducirse  en la presentación de una  argumentación  coherente,  lógica  y suficiente en orden a demostrar alguno de  los  diversos  motivos  previstos  por  el  legislador para dar al traste con la  constitucionalidad  o  legalidad  del fallo impugnado, pues no es del resorte de  la  Sala  pronunciarse  en torno a demandas ininteligibles, ambiguas, confusas e  indescifrables,   dado   el  carácter  rogado  del  recurso  extraordinario  de  casación.    

Pues  bien,  precisamente  en  ese  último  aspecto  es  donde  residen  los  defectos de la demanda objeto de análisis, lo  cual conduce a la anunciada determinación de inadmitirla.   

          Empiécese    por    destacar   que   el   texto   de   las  dos  censuras, y por ello la necesidad  de  transcribirlas  casi  en su integridad, se aparta de las exigencias mínimas  de  contar  con una debida redacción que haga comprensible su inconformidad. En  efecto,  su  contenido  en  general  es  incoherente  y algunos de sus párrafos  consignan   un   cúmulo   de   ideas   dispersas  e  inconexas  que  se  tornan  ininteligibles  y  que,  por  demás, no compaginan con el error de apreciación  probatoria pretextado o con cualquier otro viable en esta sede.   

La  confusión  llega  hasta  el  extremo de  involucrar  en los dos reparos  temáticas  cuya naturaleza y esencia son disímiles, por lo que necesariamente,  se  ha  dicho  por la Sala, para garantizar su correcta comprensión, han debido  instaurarse  a  través  de  cargos  independientes,  como lo enseña el segundo  inciso del numeral 4 de la norma que viene de transcribirse.   

Así,  por ejemplo, a pesar de atribuirse al  fallo  impugnado un error de hecho por falso raciocinio, aduce que los medios de  prueba,  es  decir, el testimonio de la menor en el primer caso y en general las  obrantes  el plenario en el segundo, fueron distorsionadas frente a su contenido  fiel,  propuesta  que  no  se  corresponde  con  el  error  alegado, sino con el  también  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad, cuya postulación al  interior  del  mismo cargo y respecto de la misma prueba resulta contradictoria,  amén de que no expone por qué llega a tal conclusión.   

Peor   aún  ocurre  con  el  segundo   cargo  cuando  pregona  que  las  autoridades   judiciales   dejaron   de   practicar  algunas  pruebas,  como  la  inspección  judicial al lugar donde ocurrieron los hechos, y los testimonios de  la  maestra,  hermanas de la menor y de dos jóvenes compañeros de estudio, sin  los  cuales,  advierte, no es posible otorgar credibilidad al dicho incriminante  de la menor.   

Una tal propuesta, es claro, apunta hacia la  omisión  en  la  práctica  de  pruebas,  esto  es,  hacia  un  eventual  error  in   procedendo  que  debe  instaurarse  por  la  causal tercera de casación por haberse proferido el fallo  en  un juicio afectado de nulidad. En ese orden de cosas, no sólo se involucran  temáticas conceptualmente diversas sino, además, excluyentes.   

Tal  postura  atenta  contra  principios que  rigen  el  medio extraordinario de impugnación en procura de conseguir demandas  que  satisfagan  sus exigencias argumentativas y de lógica; entre otros, los de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales,  coherencia,  no  exclusión  y  no  contradicción.      

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  cabe  recordar, son consecuentes con el carácter dispositivo del  recurso  e  implican  que la demanda debe bastarse a sí misma para propiciar la  invalidación  del  fallo,  al  paso  que  la Corte no puede entrar a suplir sus  vacíos, ni a corregir sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

A  más  de  las reseñadas inconsistencias,  también   debe   subrayarse  que  con  la  prédica  no  logra  demostrarse  la  consolidación  del error de apreciación probatoria pretextado, ni ningún otro  de  esa  naturaleza  o  cualquiera  con la incidencia necesaria para derribar el  fallo.   

Al respecto, comiéncese por recordar que el  actor  invoca  un  error  de  hecho  por falso raciocino, por lo que oportuno se  ofrece  en  este  momento  recordar  su  esencia, así como la forma correcta de  atacarlo   en  esta  sede,  conforme  a  la  jurisprudencia  reiterada  de  esta  Corporación.   

Dicho   yerro   se   configura  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo las reglas de la sana crítica,  esto   es,   postulados   lógicos,   leyes   científicas   o  máximas  de  la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.    

Finalmente deberá demostrar la trascendencia  del  error  expresando  con  claridad cuál debe ser la adecuada apreciación de  aquella  prueba,  con  la  indeclinable obligación de acreditar que su enmienda  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado.   

En los ataques construidos por el demandante  ni  siquiera  se  vislumbra  claridad en punto de los medios de prueba sobre los  cuales   recaen.   Así,   aun  cuando  en  el  primer  cargo  advierte  que  la  inconformidad  deriva  de la  apreciación  del  testimonio  del  menor y casi en su totalidad se ocupa de esa  probanza,  a  la  par  divaga  sobre  la  apreciación de otras pruebas, como el  documento  elaborado  por el rector del plantel educativo al cual pertenecía la  infante  para  el  momento  de  los  hechos  y  la  declaración de Luis     Alfonso     Cano.      

En el segundo cargo  la  situación empeora, en tanto se diserta sobre la apreciación general de las  pruebas  y  sólo por pasajes se ocupa de algunas en concreto, para concluir que  no    se    desvirtuó    la    presunción   de   inocencia   de   MOLINA  TAMAYO  y que, por tanto, procede  su  absolución  en  aplicación  del  in  dubio  pro  reo.   

Pero lo más grave frente a esa postulación  es  que  en  ninguna  de las dos propuestas,  como  en  rigor  lo  exige  el pretextado yerro valorativo de las  pruebas,  se  aborda  desconocimiento  de regla alguna de la sana crítica, esto  es,  según  ya  se  precisó,  de  postulados  lógicos,  leyes  científicas o  máximas  de  la  experiencia. A cambio de ello, opta impropiamente por expresar  su  punto  de  vista  personal  sobre su apreciación.              

La   actitud   consistente   en   exponer  abiertamente  su  criterio personal en punto de la valoración de las probanzas,  que   dicho   sea   de   paso,   según   lo   atrás   advertido   tampoco   es  comprensible,   deja  sin  demostración  el  error  formulado  y, además,  atenta   contra   la   naturaleza   extraordinaria   del  recurso  de  casación  –en cuanto se concentra en  la  producción  de  errores  que  afectan la constitucionalidad o legalidad del  fallo,  sin  que constituya una tercera instancia- y con la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  lo gobiernan -en cuya virtud prevalece el juicio del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del recurrente-.   

Los  crasos defectos argumentativos puestos  de  manifiesto,  permiten  a  la  Sala razonablemente concluir que la demanda no  cumple  con  las exigencias contenidas en el reseñado numeral 3° del artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000, motivo por el cual, como se indicó en la parte  inicial  de  este  acápite  considerativo, se impone su inadmisión  y  la  devolución  del  expediente  al  despacho   de  origen,  tal  como  lo  precisa  el  artículo  213  ibídem.    

Finalmente, dígase que la Sala no advierte  que  dentro  del  presente  trámite  y  en  la  sentencia  se haya incurrido en  violación   de   garantías   fundamentales   que   reclame   su  intervención  oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor del procesado GABRIEL DE  JESÚS  MOLINA  TAMAYO, por las razones consignadas en  la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO               FERNANDO  ALBERTO     CASTRO     CABALLERO           

SIGIFREDO                 ESPINOSA  PÉREZ             MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ                 

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                              JULIO E. SOCHA  SALAMANCA               

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Como  esta providencia puede ser publicada, se omite el nombre de  la  menor,  de  conformidad con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de  la  Ley  1098  de  2006  “por  la cual se expide el  Código   de   la   Infancia  y  la  Adolescencia”.   

2 En la  sentencia  se  desestimó la agravante imputada en la acusación del numeral 4°  del artículo 211 del C.P.       

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