38996(23-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  38996   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 198.  

Bogotá, D.C., veintitrés de mayo de dos mil  doce.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado DIEGO  ANTONIO  MOLINA  JARAMILLO,  contra el fallo de segunda instancia que profiriera  el  Tribunal  Superior  de  San  Gil,  fechado  el 5 de diciembre de 2011,   mediante  el cual confirmó en su integridad la sentencia emitida  el 17 de  septiembre  de  2010,  por  el  Juzgado  Promiscuo del Circuito de San José del  Guaviare,  condenando a su representado legal a la pena de 120 meses de prisión  y  multa  en  cuantía de 166.66 salarios mínimos legales mensuales, en calidad  de  cómplice  del  delito  de desaparición forzada. Además, se impuso la pena  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por un lapso   igual  al  de la sanción aflictiva de la libertad y se negaron al procesado los  subrogados  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de  la pena y  prisión domiciliaria.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en la sentencia de primera  instancia, del siguiente tenor:   

“El  acontecer  fáctico que dio origen al  presente  procesamiento  tuvo  ocurrencia  el  día  29  de julio de 2003, en la  carrera  26  N°  05-59  barrio  20 de julio de esta ciudad, cuando en extrañas  circunstancias  fue  sustraído  de  su  lugar de habitación el señor ROBINSON  CARRIASO  RAMÍREZ,  el  cual  fue  conducido  sin  rumbo fijo; su hermano ARLES  CARRIASO  RAMÍREZ,  al  intentar  localizarlo a su abonado celular  logró  comunicarse  con  este, el que le informó que se encontraba bien, en compañía  de  unos  amigos  de “DIEGO”, momento el que pasó otra persona al teléfono  indicándole  que  debía  dirigirse el día siguiente hasta el lugar denominado  Agua  Bonita,  advirtiéndole  que  debía  ir  con  “DIEGO”,  con  quien se  contactó  efectivamente  el  día 30 del mismo mes y año, el cual lo trasladó  en  una  motocicleta  en  horas  de  la  mañana  hasta  el sitio fijado para la  reunión,  fecha  desde  la  cual  no se volvió a tener conocimiento de los dos  hermanos”   

DECURSO PROCESAL  

Denunciada  la  desaparición  y  luego  de  adelantar  las diligencias preliminares encaminadas a dar con el paradero de los  desaparecidos,  con  fecha del 23 de enero de 2006, la Fiscalía Seccional 36 de  San  José  del  Guaviare,  abrió  formal  instrucción disponiendo escuchar en  indagatoria  a DIEGO ANTONIO MOLINA JARAMILLO, diligencia que se adelantó el 27  de enero de 2006.   

El  31  de  enero  de  2006, fue resuelta la  situación  jurídica  del  procesado, absteniéndose la Fiscalía de imponer en  su contra medida de aseguramiento.   

El  27  de  febrero  de 2008, fue cerrada la  instrucción.  En  consecuencia,  el  1 de abril de 2008 se calificó el mérito  del  sumario,  profiriéndose  resolución  de  acusación  en  contra  de DIEGO  ANTONIO  MOLINA  JARAMILLO,  en calidad de cómplice de la desaparición forzada  de  Arles  Carriaso Ramírez. Allí mismo se dispuso imponer en su contra medida  de      aseguramiento     de     detención     preventiva     sin     beneficio  excarcelatorio.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  trámite  del  juicio  fue  asumido por el Juzgado Promiscuo del Circuito de San  José del Guaviare, el 1 de julio de 2009.   

El 1 de septiembre de 2009, fue adelantada la  audiencia preparatoria   

La  audiencia   pública de juzgamiento  fue realizada los días 29 de enero y 24 de marzo de 2010.   

El  17  de septiembre de 2010, se emitió la  sentencia  de  primera  instancia, que fue oportunamente apelada por el defensor  del procesado.   

Finalmente,  el  5  de diciembre de 2011, el  Tribunal  Superior  de San Gil, designado para el efecto por el Consejo Superior  de  la  Judicatura,  en  plan  de  descongestión, profirió el fallo de segundo  grado,  el cual, en cuanto confirmó íntegramente lo decidido por el A quo, fue  objeto  del  extraordinario  recurso  de  casación interpuesto por la defensa y  sustentado  en  escrito  que  ahora  se  analiza  en su corrección argumental y  debida fundamentación.    

LA DEMANDA  

    

1. Cargo primero     

Lo enfila el casacionista en la causal primera  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, dentro de la vía indirecta, a través  del error de hecho por falso juicio de identidad.   

En  desarrollo  del cargo el demandante parte  por  significar que a los medios de prueba “SE LES DA  UN VALOR QUE NO TIENEN”.   

Luego   realiza   una  amplia  disertación  académica   acerca  del  principio  de   presunción  de  inocencia  y  su  correlato  in  dubio pro reo,  la sana crítica, la prueba testimonial y su  naturaleza,  la forma de abordar el examen probatorio -primero individualmente y  luego  en  conjunto-,  para  de ello concluir, sin solución de continuidad, que  “Si  aplicamos  los  parámetros  descritos  en  los  artículos  238 y 277 del C. de P.P., respecto de las llamadas reglas de la sana  crítica,  así  como  los referidos a la personalidad de los testigos, la forma  como  declararon  y  demás  singularidades, los testimonios de AURORA RAMÍREZY  ORFADY  CARRIASO  RAMÍREZ  no  resisten  el  rigor  crítico  para  fundar  una  condena.”   

Añade  que  las  declarantes  en  cita  son  sospechosas  e  interesadas  y carecen de “coherencia  individual y menos colectiva”.   

Critica,  así  mismo, que lo manifestado por  Ana  Rosa  Lasso, al parecer testigo de descargos, no haya sido tomado en cuenta  “con  el  único  argumento que es solicitado por el  sindicado   en   su   diligencia   de  indagatoria”.   

Termina  diciendo  que  la magnitud del error  condujo  a  condenar  “con las consecuencias nefastas  que ello conlleva”.   

    

1. Cargo segundo     

También dentro del camino indirecto del error  de   hecho,   pero   ahora   por  “Falso  Juicio  de  Raciocinio”,   el  impugnante  afirma  que  en  las  decisiones  atacadas  se  habla de pruebas determinantes de la participación de  su  representado  legal  en  el  delito, a título de cómplice, “pero   no  se  indica  cuáles  son  y  cómo  fueron  allegadas  al  proceso”.   

Agrega que a pesar de señalar “las   deponentes”,   que  el  procesado  pertenece  a  un  grupo paramilitar, ello no fue demostrado. Además, agrega, la  sola  manifestación  referida a que la región tiene problemas de desaparición  forzada  “no  es  un elemento de prueba que se pueda  tener  en  cuenta  como  se  hizo  por  los  falladores de instancia”.   

Sostiene, igualmente, que a las pruebas se les  asignó  un mérito persuasivo ajeno a su real contenido, en tanto, los testigos  de  cargos  “no  hacen  las  afirmaciones que se ven  erróneamente        plasmadas        en        las       sentencias”.   

No  se  explica  el  recurrente  cómo  las  instancias  dan  credibilidad  a lo expresado por las familiares de la víctima,  “pero  no  dan  a  conocer cuáles son los elementos  materiales  de  prueba  que  se  tuvieron en cuenta para afirmar que existió un  acuerdo  entre  el señor DIEGO ANTONIO MOLINA JARAMILLO y un grupo al margen de  la ley”.   

Advierte  el  impugnante,  de  otro lado, que  “existió  violación  de  derechos y garantías del  sentenciado,  como  se observa de la forma como se adelantó la investigación y  por tanto, solicito se decida de fondo”.   

Por último, depreca el demandante que se case  la   sentencia  atacada  a  fin  de  revocarla  y  absolver  a  su  representado  legal.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

En primer término debe hacerse hincapié en  cómo  la  Corte,  de manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad que  la   demanda  de  casación  comporte  un  mínimo  rigor  lógico  jurídico  y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido  que,  de  no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Contrariando  tan  claros  postulados, en  la   demanda   que   se   examina   el   recurrente  de  forma  por  demás  bastante  somera, pretende entronizar su particular visión de lo que los medios  de  prueba  ofrecen, sin siquiera delimitar efectivo algún tipo de yerro, pues,  la   manifestación   referida   a   que   se   trata,   lo   controvertido,  de  presuntos errores   de   hecho  por  falso  juicio  de  identidad     y    falso    raciocinio, no supera la simple formulación retórica.   

         Aunque  ambos  cargos adolecen de similar precariedad argumentativa  que,  debe  decirse,  ni  alegato  de  instancia  puede entenderse cuando omiten  reseñar  específicamente  los fundamentos de los fallos que se controvierten y  parten   siempre   de   consideraciones   genéricas,  por  razones  simplemente  metodológicas se abordarán individualmente ellos.   

    

1. Cargo primero     

         Amplia  y  reiteradamente  la  Sala  ha  señalado  cuáles  son  los  parámetros  de  fundamentación que rigen la vía  indirecta  y,  particularmente, el error de hecho por falso juicio de identidad,  especificando  cómo,  por  su  naturaleza  y  efectos,  se  trata  de  un yerro  eminentemente  objetivo,  en  cuanto, deriva de que no  se  lee  adecuadamente  el  contenido  íntegro  del  elemento probatorio y, por  ocasión  de  ello, se tergiversa el mismo, o se le hacen agregados inexistentes  o,  finalmente,  se cercenan  aspectos trascendentes.   

         De  esta  manera,  la demostración del error asoma elemental, dado  que  basta  con reproducir la totalidad del contenido  del  medio  suasorio y contrastarlo con lo que del mismo leyó el Tribunal, para  verificar    que,   en   efecto,   ocurrió   el   cercenamiento,   agregado   o  tergiversación.   

         Desde  luego,  para  que  el  medio  casacional resulte             trascendente,  después  de demostrado el vicio  debe proceder  el  impugnante a delimitar los efectos del mismo, para lo cual ha de efectuar un  nuevo  examen  del  conjunto probatorio en su integridad, ya corregido el error,  para  establecer que el panorama cambia radicalmente, al punto de obligar mutar,  para el caso, la condena en absolución.   

         Evidente  emerge,  del  escrito  presentado  por  el  defensor  del  acusado,  que esa no fue una tarea emprendida siquiera de forma marginal, con lo  cual carece el cargo del necesario soporte demostrativo.   

         Ello,  porque  apenas dedicó  su  esfuerzo  a  presentar  ópticas  pedagógicas referidas a la  evaluación  probatoria  y,  en  particular, a la forma en que debe abordarse el  examen  del testimonio, en manifestación completamente impertinente, pues, nada  se  hizo  para  establecer un hilo conector lógico jurídico con lo sucedido en  el   caso   concreto,   hasta   concluir,   sin  ningún  análisis,  que  la  sentencia  atacada  comporta  errónea    apreciación    de   la   prueba   testimonial   y   “ninguna     indiciaria”.   

         Mal  puede  la  Corte,  por  carencia  absoluta de objeto, siquiera  intuir  en  dónde  radica  el  yerro propuesto, dado que jamás se precisan los  fundamentos   específicos   del   fallo,   o   mejor,   la  postura  analítica  del  Tribunal  en  torno  de la prueba testimonial, y  sólo  acierta  el  demandante  a  introducir  conclusiones suyas, en ostensible  petición     de     principio     –yerro  lógico  que  consiste en dar por demostrado precisamente lo  que   debe   ser   objeto  de  demostración-  que  bien  poco  aporta  para  la  construcción  de  un  debate  serio  y, huelga anotar, nada postula para asumir  existente  algún  tipo de vicio, así fuese el falso juicio de identidad que de  manera huera se propuso como cargo.   

         Desde   luego,   si   ya  ampliamente  la  Sala  ha  precisado  las  diferencias  sustanciales  existentes  entre  el  falso juicio de identidad y el  falso  raciocinio,  no  puede  el recurrente, en el mismo cargo, señalar que se  presenta  lo  primero,  para  más  adelante  agregar  que  lo  ocurrido  es  lo  segundo.   

         La  confusión  del  impugnante  es  tan  profunda  que  finalmente  soporta  su  tesis  en  la  poca  credibilidad  de  los  testigos de cargo, pero  conforme  su  muy interesada visión de la prueba, sin abordar lo que sobre esas  declaraciones  sostuvieron  las  instancias, pasando por alto que la crítica en  casación   tiene   como   objeto   el   fallo   y   no   los  testigos  en  sí  mismos.   

         Dado  que  el  desarrollo  del  cargo  sólo  contiene afirmaciones  inconexas  del  casacionista,  nada  más  tiene  que  argumentar  la  Sala para  sustentar su inadmisión.   

    

1. Cargo segundo     

En  tratándose  del supuesto error de hecho  por  falso  raciocinio,  es  necesario  que  se  determine  específicamente  la  violación  de  los  postulados  que diseñan la sana crítica, estableciendo en  concreto  si  el  yerro  tuvo  lugar  respecto  de las normas de la ciencia, los  principios  de  la experiencia o las reglas de la lógica, abordando cada uno de  los  medios  probatorios  maculados por el yerro, para después significar cuál  es  el  principio,  norma  o  regla  aplicable  al  caso,  pasando  luego  a  la  demostración  de  trascendencia,  que  implica  hacer una nueva evaluación del  total  de  la prueba, en el que se incluya la correcta interpretación del medio  irregularmente  examinado, para demostrar que con ello la conclusión habría de  ser  diferente,  claramente favorable al procesado, ya porque implica revocar la  condena, ora porque debe modificarse ella.   

Nada de ello insinuó siquiera el recurrente,  con  lo  cual  la crítica no supera el estadio del simple alegato de instancia,  inane  en  sede  de casación, dado que el extraordinario recurso reclama de una  adecuada  demostración  referida  a que, en efecto, se presentó una ostensible  violación,  de  tal trascendencia en sus efectos, que obliga derrumbar la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad de que se halla revestida la sentencia de  segunda instancia.   

En  suma,  no  es  posible  acudir al camino  casacional  apenas  para  contraponer al más autorizado análisis del Tribunal,  la  particular  percepción que de los hechos y medios de prueba recogidos tiene  el impugnante.   

Aunque, cabe precisar, esa percepción a más  de  fragmentaria  aparece  inconexa  y  confusa, al punto de entremezclar en esa  jamás   desarrollada   propuesta  de  falso  raciocinio,  asuntos  referidos  a  presuntas  omisiones  de  motivación en las sentencias, yerros lógicos, falsos  juicios  de  identidad  por  agregación,  vulneración del debido proceso y, en  fin,  una amplia y dispersa gama de yerros que jamás se precisan ni mucho menos  se sustentan.   

Dado, entonces, que el recurrente se limita a  ofrecer  su  percepción,  desde  luego  interesada,  de lo sucedido, sin que ni  siquiera  acuda  a  señalar  qué  fue  lo  argumentado por el Tribunal o cómo  abordó  este  la  prueba,  se  impone  colofón  necesario  la  inadmisión del  cargo.   

        Para  finalizar,  debe  llamar la atención la Corte, respecto del  evidente  desconocimiento  del principio de legalidad en que incurre el fallador  de  primer  grado  cuando  decide rebajar la pena principal de multa, por debajo  del  límite mínimo establecido en el tipo penal, argumentando la imposibilidad  de  pago  del  procesado  y  supuestos  pronunciamientos de esta Sala y la Corte  Constitucional, nunca precisados.   

        Está   claro  que  al  funcionario  judicial  no  le  está  dado  sobrepasar    los    límites    punitivos   establecidos   en   la   ley,   ora  incrementándolos,   ya   reduciéndolos,   pues,   ello   implica,  además  de  suplantación   indebida  del  legislador,  clara  violación  al  principio  de  legalidad,   sin   que   jamás   la  norma,  o  la  jurisprudencia,  adviertan  que  la  poca  capacidad económica del condenado se  constituya en factor que habilite hacerlo así.   

        Sin  embargo,  como  se trata del recurso de casación interpuesto  únicamente  por  la  defensa  del  procesado, no es dable corregir el yerro, en  pleno  acatamiento  del  principio  de  no  reformatio  in  pejus,  que  la Sala  mayoritaria entiende prevalecer sobre el principio de legalidad.   

Como  la  Sala  no  observa, por fuera de lo  enunciado  en  precedencia,  del  examen  realizado  a  los fallos y el trámite  procesal,   algún  tipo  de  violación  de  garantías  que  reclame   su  intervención  oficiosa  y  evidente se observa la impropiedad de lo alegado por  el recurrente, necesaria se alza la inadmisión de la demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

        INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     del          procesado   DIEGO  ANTONIO MOLINA JARAMILLO.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Página  contiene  parte resolutiva y firma de los 9 Magistrados   

Casación   N°  38.996  –Inadmite demanda-  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                        MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ  MUÑOZ   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                        LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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