38994(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 239.   

          Bogotá, D.C., veintisiete de junio de dos mil doce.   

VISTOS  

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora de LAUREANO RINCÓN ORTIZ, contra la sentencia de  segundo  grado  proferida  el  8 de abril de 2011 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Valledupar,  que  confirmó,  con algunas  modificaciones,  la  dictada  el  4  de octubre de 2011 por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Chiriguaná,  Cesar,  y  por  virtud  de  la  cual el procesado en  mención  quedó  condenado  a  las  penas  de 48 meses de prisión, multa de 50  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes e inhabilitación en el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso de 5 años, como autor del  delito de contrato sin el cumplimiento de requisitos legales.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron relatados en el fallo de segunda instancia como se transcriben a  continuación:   

   

“Se suscitan con  la  denuncia  escrita  presentada  por los señores Luis Raúl y Martín Eduardo  Murgas  Téllez  donde  daban cuenta de la suscripción de un contrato de manera  irregular,  suscrito  entre el municipio de Jagua de Ibirico-Cesar, representada  legalmente  por  el  ciudadano  Laureano Rincón Ortiz y la Corporación para la  investigación  y  el  Fomento  Empresarial  “CIFIN” por $40.000.000.oo cuyo  objeto  era  la  capacitación  para  la  vinculación  de  la  comunidad  en la  participación  de  la  gestión pública para el fortalecimiento del desarrollo  local     del     municipio     de     la    Jagua    de    Ibérico.”       

Con  base  en  la  denuncia  formulada,  la  Fiscalía  12  Seccional  de  Valledupar  abrió  investigación penal el 1º de  octubre  de  2007,  ordenando  la vinculación de LAUREANO RINCÓN ORTIZ, Martha  Leonor  Cala  Rojas  y Enitza Leonor Torres Ávila, quienes para la fecha de los  hechos  se desempeñaban, en su orden, como Alcalde del municipio de la Jagua de  Ibérico-Cesar,  representante  legal  de  la Corporación CIFIN y Secretaria de  Gobierno de la misma municipalidad.   

Evacuadas las diligencias pertinentes, el 28  de  diciembre  de  2007  se  declaró cerrada la investigación, tras lo cual se  calificó  el  mérito  del  sumario el 13 de febrero de 2008, acusándose a los  procesados  como presuntos coautores de los delitos de peculado por apropiación  e  interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos,  decisión  que  fue  impugnada  en  reposición  y  apelación  por  la por la defensa. El primero se  resolvió  el  17  de  marzo de 2008, negando la revocatoria de la decisión; el  segundo,  mediante  resolución  dictada  el 26 de mayo de 2009 por la Fiscalía  Tercera   Delegada   ante   el  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  confirmando  íntegramente la resolución en los términos aducidos.   

De  la  etapa del juicio conoció el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chiriguana,  Cesar,  despacho que luego de evacuar las  audiencias  preparatoria  y de juicio, dictó sentencia el 4 de octubre de 2010,  en los siguientes términos:   

     

a. Absolvió  a  Enitza Leonor Torres Ávila de los cargos por peculado  y “celebración” indebida de contratos.   

b. Absolvió  a  LAUREANO  RINCON  ORTIZ  y Marta Leonor Cala Rojas del  cargo de peculado por apropiación.   

c. Condenó  a  LAUREANO  RINCON  ORTIZ  a  las  penas  de  48 meses de  prisión,   multa   de   50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derecho  y  funciones públicas por el  término  de  5 años, como coautor de “celebración” indebida de contratos.   

d. Condenó  a  Martha  Leonor  Cala  Rojas  a las penas de 36 meses de  prisión,   multa   de   38  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derecho  y  funciones públicas por el  término   de   38  meses,  como  coautora  de  “celebración”  indebida  de  contratos, a título de interviniente.     

          La anterior determinación fue impugnada  por  los  defensores de LAUREANO RINCÓN ORTIZ y Martha Leonor Cala Rojas, dando  lugar  al  fallo de segunda instancia arriba mencionado, en el cual se confirmó  la  condena  impuesta  contra los mencionados, pero se modificó el nomen  juris de la conducta imputada, para  aclarar  que  la  misma  se  adecuaba  al delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales,  descrito  y  sancionado  en  el  artículo 410 del Código  Penal.   

Contra esta determinación, la defensora del  procesado  LAUREANO  ENRIQUE  RINCÓN  ORTIZ interpuso recurso extraordinario de  casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          Al  amparo  de  la causal segunda del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  alega  que  el  Tribunal  incurrió  en  error al variar la calificación  jurídica  contenida  en  la acusación, pues con ello violó la ley sustancial,  el debido proceso y el derecho de defensa.   

          Advierte  que  como  abogada  del procesado LAUREANO ENRIQUE RINCÓN  ORTIZ,  encaminó  su  defensa  a  la  demostración  de que su prohijado no fue  responsable  de  la  conducta  descrita  en  el artículo 409 del Código Penal,  imputada  en  la acusación, actividad que se deslegitima cuando en la sentencia  el Tribunal le cambia esa denominación jurídica.   

          Sostiene  que si al estudiar la actuación el juzgador verificó que  la  conducta  del  procesado  no  encuadraba  en  el  interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos  sino  en  el delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales,  ha debido decretar la nulidad de lo actuado a partir de la  resolución  de  acusación,  o en su defecto desde la audiencia de juzgamiento,  en  orden a efectuar la variación respectiva, respetando el debido proceso y el  derecho de defensa.   

               Agrega que aunque ambas conductas  se  encuentran  en  el  mismo capítulo, se trata de dos tipos penales distintos  que tienen que ser imputados y discutidos de manera independiente.   

          Ello  porque  el  delito  de interés indebido en la celebración de  contratos  exige, para su estructuración, la obtención de un provecho propio o  para  otro,  mientras  que  el delito de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales ataca la indebida elaboración de un contrato.   

          La  defensa,  dice, encamino su defensa a demostrar la no obtención  de  provecho  alguno  por  parte  de  su  representado, con el contrato que como  representante  legal  del  municipio  de la Jagua de Ibérico, Cesar, suscribió  con  la  Corporación  para  la Investigación y el Fomento CIFIN, por lo que no  puede   reprocharse   ahora   la   irregularidad   del   contrato,  cuando  esta  circunstancia jamás se discutió en el proceso.   

          Aclara  que  la  sentencia  impugnada  se  ataca  al  amparo  de las  causales  segunda  y  tercera,  porque  la  misma no está en consonancia con la  acusación  y  por tal motivo se encuentra viciada de nulidad por violación del  debido proceso y el derecho de defensa, conforme a lo anotado.   

            Después  de  hacer  la  enunciación  independiente de los cargos  aducidos,  en relación con el invocado al amparo de la causal tercera, solicita  que  case  el fallo decretando la nulidad, en concordancia con los artículos 29  de  la  Carta  y  306-3 de la Ley 600 de 2000; en relación con el segundo, pide  que  se  case  la  sentencia,  para que en su lugar se dicte fallo absolutorio a  favor  de  su  poderdante  LAUREANO  RINCON  ORTIZ,  ante  la  imposibilidad  de  atribuirse  el delito de celebración de contrato sin el lleno de los requisitos  legales.   

                     

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En  el  trámite  de  la Ley 600 de 2000, la  causal  segunda  de  casación  se  configura  cuando  el  juzgador al dictar la  sentencia  desborda  el  marco fáctico o jurídico fijado por la resolución de  acusación  o  su  variación  (artículo  404),  como  cuando  condena  por una  conducta  punible  distinta  de  la  que  fue  objeto  de  acusación, o incluye  circunstancias  de  agravación  genéricas  o  específicas  no imputadas en el  calificatorio,  o desconoce las atenuantes que allí se reconocieron, o modifica  desfavorablemente   el   grado   o   la   forma  de  culpabilidad,  entre  otras  eventualidades posibles de presentarse.   

De  allí que para una debida argumentación  en   su   proposición,   el   demandante   debe  acreditar,  a  través  de  la  confrontación  entre  la  acusación  y la sentencia, que entre uno y otro acto  procesal   no   existe  unidad  con  los  hechos  (unidad  fáctica)  o  con  la  calificación   de  la  conducta  punible  (unidad  jurídica),  proponiendo  la  solución  que  en  estos casos autoriza la ley (fallo de  reemplazo), pues  es   de   la   esencia   de   esta   causal  que  quien  la  alega  acepta,  sin  cuestionamientos,  el  cargo  o los cargos formulados, porque a lo que se dirige  la  denuncia  de  inconsonancia  es  a  que  el  juzgador respete el marco de la  acusación   regresando   la   imputación   al   ámbito   por   el   cual   se  formuló.   

Pero además, no puede perderse de vista que  la  jurisprudencia  de  la Corte tiene decantado que en algunos casos es posible  condenar  por  un  delito  distinto  del  que  fue  objeto  de imputación en la  acusación,  sin  que  se  quebrante el principio de congruencia, siempre que la  nueva  calificación  no  desconozca  el  eje  central  o  núcleo básico de la  acusación  y  no  represente un desmejoramiento a la situación procesado. Así  se ha dicho:   

“[…]  el  principio de congruencia, como  garantía  de intangibilidad de la estructura conceptual del proceso, no implica  la  existencia  de  una  relación  de  conformidad  absoluta  entre  al acto de  acusación  y el fallo, sino el señalamiento de un eje conceptual que garantice  el  derecho  de  defensa  y la unidad lógica y jurídica del proceso, que no se  rompe  cuando  la nueva calificación respeta el núcleo básico o central de la  imputación    fáctica,    y    la    situación    se   torna   favorable   al  procesado.1     

En el caso sometido a estudio, el demandante  no  acredita  que  en  la  sentencia  el fallador haya desconocido los supuestos  fácticos   que  fundamentan  la  acusación  y/o  que  la  nueva  calificación  jurídica   haya   desmejorado  la  situación  jurídica  de  su  representado.   

Ello, porque en su argumentación la censora  se  limita  a  señalar que conforme con la acusación por el delito de interés  indebido      en      la      celebración     de     contratos     –artículo  409  del Código Penal-, la  estrategia  de  la  defensa  se  encaminó a demostrar que no hubo obtención de  provecho   alguno  con  el  contrato  objeto  de  la  investigación,  actividad  defensiva  que  habría  quedado  sin  piso  con  la  condenada por el delito de  contrato     sin     cumplimiento    de    requisitos    legales    –artículo  410  ibídem-, ya que nunca  se atacó la indebida elaboración del contrato.   

No  obstante,  tales  alegaciones  no  son  acreditadas  con  lo  consignado en la acusación y la posición defensiva que a  partir  de  allí  asumió  la  defensa, demostrativas de la intrascendencia del  yerro argüido.   

          Primero,  porque  en  la  resolución de acusación dictada el 13 de  febrero  de  2008,  la  Fiscalía  consignó  que  la  prueba  del  interés por  contratar   con   Martha  Leonor  Cala  Rojas,  se  deriva,  esencialmente,  del  apresuramiento  en la suscripción del contrato, del afán de cancelar su valor,  incluso   antes   de   que   comenzara   a   ejecutarse,  haciendo  énfasis  en  que,   

“…no  se  contó  con  pluralidad  de  ofertas;  y  donde  solo  se  tuvo en cuenta a quien se atrevió a presentar una  propuesta,  sin  que  entre  sus actividades se encuentre el objeto del contrato  suscrito,   como   lo   es   la   capacitación.”2     

Y en la resolución del 17 de marzo de 2008,  mediante  la  cual  se resolvió el recurso de reposición contra la primera, se  dijo expresamente que:   

“Ahora  bien,  en  cuanto  al  punible de  interés  indebido  en la celebración de contratos, bueno resulta advertir, que  se  presenta  un  interés  marcado en contratar con quien se hizo, Corporación  Cefin;  ya  que  ante su propuesta, no se consultan otras propuestas o se habré  (sic)  una  convocatoria  para  que  presenten  propuestas  similares de aquella  presunta   capacidad   de   capacitar  a  la  población  o  comunidad  para  su  participación  en  la  gestión  pública,  no hubo pluralidad de oferentes, ni  siquiera  sabemos  quién recibió la propuesta y para qué fecha; y ese estudio  de  oportunidad  y  conveniencia,  lo  vemos marcado por la propuesta sin fecha,  desconociéndose  por  ese  interés,  la  selección  objetiva  del contratista  dispuesta  por  el capítulo III del decreto 2170 de 2002, que reglamenta la ley  80             de             1993…”3    

A  su  vez,  en  la  resolución  de segunda  instancia,  dictada  el  26  de  mayo  de 2009 por la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  a  través  de  la  cual  se  confirmó  la  acusación,    se    consignó    que    en    la   celebración   del   aludido  contrato,   

“…no hubo cumplimiento de las exigencias  prescritas  en el estatuto de contratación para la administración pública ley  80 de 93…   

“El  resquebrajamiento  de  la  ley  de  contratación  es  tan  evidente  que  no hubo la más mínima intención de dar  cumplimiento  a los postulados de trasparencia, selección objetiva, económicas  y  responsabilidad,  pues sólo se visualiza el manifiesto interés de contratar  bajo  cualquier  consideración;  por eso sólo se atendió una sola propuesta y  se  dio  trámite  en  el menor tiempo posible…”4.   

Con base en tales presupuestos fácticos, que  motivaron  la imputación del interés indebido en la celebración de contratos,  se  concluye,  en  la  sentencia  impugnada,  que  más allá del interés en la  celebración  del contrato, lo que se vislumbra es la ejecución de un delito de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  que  se concretó en tres  aspectos puntuales, a saber:      

     

a. Pago  total  anticipado  a su ejecución, incumpliendo lo normado en  el artículo 40 de la Ley 80 de 1993.   

b. Pretermisión  de solicitar y evaluar otras ofertas, requisito legal  señalado en el decreto 855 de 1994.   

c. Violación  de  los  principios  de  transparencia  y  selección  objetiva.     

Por  lo  tanto, si tales presupuestos fueron  los  que llevaron al juzgador de segunda instancia a adecuar la conducta al tipo  penal   que   describe   y   sanciona   el  artículo  410,  con  el  nombre  de  “contrato    sin    cumplimiento   de   requisitos  legales”,  no  puede  admitirse,  como  lo afirma la  casacionista,  que  para  adecuar  la  imputación  a  esta  nueva modalidad, se  modificó  el  supuesto  fáctico  contenido  en  la  acusación, porque todo lo  contrario   se   acredita   con  los  apartes  destacados  de  la  decisión  en  cuestión.   

De   otro   lado,   es   evidente  que  la  modificación    en    el   nomen   juris  de  la  conducta,  ninguna  agravación  trajo a la situación del  procesado,  porque  uno  y  otro tipo penal contemplan prisión de 4 a 12 años,  multa   de   50   a   200   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas de 5 a 12  años,  razón  que  llevó  a  mantener,  por  el  delito  de  contrato  sin el  cumplimiento  de  los requisitos legales, la misma pena que se impuso en primera  instancia   por   el   delito   de  interés  indebido  en  la  celebración  de  contrato.   

  Finalmente, tampoco se acredita en la  demanda   que  la  modificación  en  el  nomen  juris  de la conducta configuró una violación al derecho de  defensa,  pues  la  afirmación  que en tal sentido hace la recurrente carece de  contenido,  ya  que la estrategia que dice haber asumido con ocasión del delito  imputado  en  la  acusación,  a  saber, la falta de obtención de un provecho a  consecuencia  del  contrato,  no conducía necesariamente a desvirtuar el delito  de  interés  indebido  en  la celebración de contratos, pues la jurisprudencia  tiene  decantado  que  el  injusto  no  requiere  de  una  utilidad  financiera,  económica  o  pecuniaria ni mucho menos un beneficio correlativo, así sea este  para   la  administración  pública,  pues  con  la  indebida  celebración  de  contratos    estatales,   de   todas   formas   se   infringe   la   ley   penal  contractual5.   

          Pero  además,  la  revisión  objetiva  de la actividad defensiva a  favor  del  procesado  LAUREANO ENRIQUE RINCÓN ORTIZ, incluidas sus alegaciones  en  el  curso  del proceso, dejan en evidencia que el mismo se ocupó de refutar  otros  aspectos  del  supuesto  fáctico  de  la  imputación,  entre ellos, los  encaminados  a  sustentar  el  incumplimiento  de  los  requisitos  legales  del  contrato  investigado,  buscando,  entre  otros aspectos, justificar la omisión  que  se  le  atribuye  en  la  acusación  de haber consultado por los menos dos  ofertas  previas  a  la  escogencia  de  aquella que generó la suscripción del  contrato,  punto  al cual se refiere ampliamente en la sustentación del recurso  de  apelación  que  interpuso contra la sentencia de primera instancia, como se  lee en el siguiente apartado:   

“En  el  caso  particular  y  como  puede  colegirse,  no aparece demostrado que RINCÓN ORTIZ ni la doctora MARTHA CALA se  hayan  compaginado  a  concertado  para  celebrar  dicho  convenio  violando los  principios  rectores  de  toda contratación para obtener un provecho económico  por  el  valor  que  suscribieron el mismo; porque puede verse la claridad de la  actuación  precontractual,  contractual,  en que se realizó el convenio, donde  mi  representado  manifestó  las  circunstancias  del por qué aceptó una sola  oferta,  observando  la honestidad, capacidad, trasparencia, cualidades tanto de  la  firma  como de su representante legal…es por eso que esta defensa disiente  de  las  manifestaciones  realizadas  por  el  Juez  fallador,  quien  de manera  falseada  alega que existía un interés marcado de RINCÓN ORTIZ de celebrar el  convenio  sin  atender  el  procedimiento  correcto de selección, que según su  concepto  debía  ser  mediante  dos  (2)  ofertas  a  efecto  de cumplir con la  selección  objetiva,  sin  atender  las explicaciones dadas por el encausado al  momento  de  su indagatoria, ni mirar las pruebas aportadas y que dieron lugar a  acoger       esa      sola      propuesta…”6   

Igualmente,  in  extenso   se   dedicó  el  defensor  a  refutar  el  cuestionamiento  por  el  pago  anticipado  del contrato, que fue imputado en la  acusación  como irregularidad que sustenta el desconocimiento de otro requisito  legal  del contrato en cuestión, específicamente el consagrado en el artículo  40 de la Ley 80 de 1993.    

Ante esa realidad, no es posible admitir la  pretendida  violación  al derecho de defensa del procesado RINCÓN ORTIZ con el  cambio   del  nomen  juris  de la conducta en  la  sentencia  del  Tribunal, porque el procesado y su defensor  conocieron  y  se  defendieron del supuesto fáctico que sustenta la imputación  por  el  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de requisitos legales, sin que  ningún  sorprendimiento  se haya configurado en este aspecto.    

Entonces,  como no se acredita yerro alguno,  el  libelo  será  inadmitido, pues tampoco se observa la vulneración de alguna  garantía  fundamental  que  amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de  la  Sala  de  Casación Penal, en los términos del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

Página contiene parte  resolutiva y firma de 3 Magistrados   

Casación   N°  38.994  –Inadmite demanda-  

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  procesado  LAUREANO ENRIQUE RINCÓN ORTIZ por   las   razones  expresadas  en  la  parte  motiva.   

Contra  este auto  no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

Página contiene firma  de 5 Magistrados   

Casación   N°  38.994  –Inadmite demanda-  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ           MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                              JULIO     ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  C.S.J.,  Colisión  18457,  Auto  de 14 de febrero de  2002;  Casación  21287,  Sentencia  de  11  de agosto de 2004; Casación 23069,  Sentencia de 15 de junio de 2005, entre otras.   

2  Página 34 cuaderno No. 2   

3  Folio 64 cuaderno No. 2   

4 Folio  81 ibídem   

5 Ver,  entre  otros,  sentencia  de  casación  del  7 de octubre de 2009, radicado No.  29.791   

6  Folio 242 cuaderno No. 2     

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