38893(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta No. 239  

Bogotá,  D.C., veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012)   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor  de  los  procesados  JHON  JADER CERVERA GIL  y    WILLIAM    ANTONIO  OVALLES,   en  contra  de  la sentencia de fecha 9 de diciembre de 2011 emitida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cúcuta, por medio de la cual  revocó  el  fallo  absolutorio de primer grado proferido por el Juzgado Segundo  Adjunto  Penal  del Circuito Especializado de Descongestión de la misma ciudad,  y,  en  su  lugar, los declaró coautores penalmente responsables de la conducta  punible de secuestro extorsivo.   

H E C H O S  

El 25 de mayo de 2007, en horas de la noche,  el  señor  ORIELSON  PACHECO  SÁNCHEZ,  después  de tomarse unas cervezas con  DANIEL  y  MARLON  en  el  sector donde tiene su local comercial en la ciudad de  Cúcuta,  se trasladó con sus acompañantes hasta el barrio Atalaya para acudir  al  velorio  del  progenitor  de su compadre, pero al no lograr un encuentro con  éste,  se  dirigieron  a la tienda de un amigo para continuar ingiriendo licor,  lugar  en  el que estuvieron hasta aproximadamente las diez de la noche, sin que  pueda  recordar  qué  sucedió  después, habiéndose despertado en horas de la  madrugada  en  una  habitación atado de pies y manos, sitio del que salió tras  lograr   desamarrarse,   retornando   al  establecimiento  que  había  visitado  previamente,   siendo   auxiliado   por   dos   amigos  que  lo  llevaron  a  su  casa.   

De   manera  simultánea,  la  familia  de  ORIELSON    PACHECO   SÁNCHEZ   recibió   varias   llamadas  telefónicas  exigiéndole  la  suma  de ciento sesenta millones de pesos (160.000.000) por la  liberación  de  éste, de quién se afirmó había sido secuestrado saliendo de  un  velorio  en  horas  de  la noche, motivo por el cual un hermano del afectado  acudió    al     Grupo    Antisecuestro    y    Extorsión    –  GAULA,   autoridad que luego de  brindar  asesoría para la negociación logró la captura del hombre que acudió  a  recibir  el  dinero,  respondiendo al nombre de JHON  JADER  CERVERA GIL, quien informó que todo había sido  planeado  y  organizado en compañía de otros tres sujetos, lo cual posibilitó  la  aprehensión de WILLIAM ANTONIO OVALLES,  persona  encargada  de  manejar el taxi en el que pretendía huir  CERVERA GIL.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  La  Fiscalía  Sexta  Delegada   ante  los  Jueces  Penales  del Circuito Especializado de  Cúcuta,   a  través  de  resolución  del  18  de  enero  de  20081,  acusó  a  JHON  JADER  CERVERA  GIL  y  WILLIAM  ANTONIO OVALLES como  coautores   del   comportamiento   punible  de  secuestro  extorsivo,  decisión  confirmada  el  19 de noviembre de 2008 por la Fiscalía Cuarta Delegada ante el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cúcuta2.   

2.   El   2  de  septiembre  de 2010, el Juzgado Segundo Adjunto Penal del Circuito Especializado  de        Cúcuta       dictó       sentencia3,   por  medio  de la cual  absolvió  a  JHON  JADER  CERVERA MILLÁN       y      WILLIAM     ANTONIO  OVALLES.   

3.  La  anterior  decisión  fue  apelada  por  los  delegados  de  la  Fiscalía  y el Ministerio  Público,  y  revocada  por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cúcuta, a través de fallo de segundo grado del 9 de diciembre de  20114,  mediante el cual condenó a los procesados a la pena principal de  240  meses  de  prisión  y  multa  de 2.000 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por término igual, como coautores del delito de secuestro  extorsivo.  Así  mismo,  los condenó al pago de los perjuicios ocasionados por  la  conducta  punible y denegó el subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  el  sustituto  de  la  prisión domiciliaria.    

Inconforme  con  lo resuelto, el defensor de  JHON  JADER  CERVERA  GIL  y  WILLIAM   ANTONIO   OVALLES  formuló    y    sustentó    oportunamente   el   recurso   extraordinario   de  casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

Primer cargo.  

Al   amparo  de  la  causal primera de  casación  prevista  en  el numeral 1° del artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  el  defensor  de  los  procesados  acusa la sentencia de incurrir en un error de  hecho    por    “falsa    apreciación    de   la  prueba”, toda vez que no obran pruebas que permitan  señalar    a   sus   patrocinados   como   los   verdaderos   partícipes   del  delito.   

Refiere que según el relato de la víctima  no   recuerda  en  gran  parte  lo  sucedido  la  noche  que  presuntamente  fue  secuestrado  por  encontrarse  en alto  estado de embriaguez, circunstancia  que el fallador interpreta como si al   

ofendido  se le hubiera suministrado algún  tipo  de  sustancia  para  mantenerlo  sedado,  sin que se hubiese practicado la  prueba pericial respectiva.   

Dice  que  en  momento  alguno  el afectado  señaló  a  sus patrocinados como las personas que lo secuestraron, y cuestiona  que  no  se  haya  procurado  obtener  declaración  directa del señor ORIELSON  PACHECO SÁNCHEZ sobre el particular.   

En  relación con el procesado JHON  JADER  CERVERA GIL, sostiene que no  está  demostrada su participación en el ilícito enrostrado, encontrándose en  su  caso los elementos estructurales del delito descrito en el artículo 244 del  Código  Penal  (extorsión),  por  ser  el  encargado  de  recoger  el  paquete  contentivo  del  dinero producto de las exigencias y no como de manera equívoca  se  le señaló por el sentenciador que fue la persona que realizó las últimas  llamadas  para concretar la entrega del dinero, pues, insiste, ello no encuentra  respaldo en prueba pericial idónea.   

A WILLIAM ANTONIO  OVALLES  se le condenó por el supuesto señalamiento  que  le  hiciera  JHON  JADER CERVERA GIL  al  momento  de ser capturado por miembros del GAULA, pero ocurre  que  el  comportamiento exteriorizado por éste no podría conducir a la certeza  de   su  culpabilidad,  evidenciándose  en  cambio  que  no  huyó  del  lugar,  precisamente,  por la confianza de estar cumpliendo con los quehaceres laborales  legítimos.   

Segundo Cargo.  

El  demandante  sostiene  que por exceso el  fallador  le  otorgó  a  las  pruebas  un  valor que legalmente no corresponde,  incurriendo  así  en  un  error  de derecho por falso  juicio    de    convicción,    por    “exceso   y  defecto”.   

Retoma en gran parte el discurso expuesto al  momento  de  plantear el primer cargo y reitera que en realidad no existe prueba  fehaciente  que  sin  dubitación  alguna ofrezca certeza de la coautoría en el  delito  de  secuestro  extorsivo,  pues  el  sentenciador se limitó a tomar los  dichos   de   los   policiales   y   construyó   hechos  determinadores  de  la  responsabilidad  a  partir  de  circunstancias  que en forma alguna permitirían  demostrar  su  culpabilidad,  por lo que solicita se case la sentencia recurrida  y,  en  su  lugar,  se  absuelva  a JHON JADER CERVERA  GIL  y  a  WILLIAM ANTONIO  OVALLES.   

A  su  vez, depreca la modificación de la  calificación   jurídica   respecto  de  JHON  JADER  CERVERA  GIL,  para  que se le llame a responder como  coautor  del  delito  de  extorsión y se tengan en cuenta las circunstancias de  menor  punibilidad  que concurren a su favor, en orden a estudiar la posibilidad  de  otorgarle  el  beneficio  de  libertad  condicional, así como su manifiesta  imposibilidad  de  pagar la multa impuesta, conforme al artículo 39 del Código  Penal.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. La Sala de manera pacífica y reiterada  ha  advertido  la  necesidad  de que la demanda de casación comporte un mínimo  rigor  lógico,  jurídico  y  argumental,  pues  no se trata de hacer valer una  especie  de  tercera instancia que sirva de escenario adecuado a la controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primer  y  segundo  grado, en la cual se  pretende  anteponer el particular criterio o valoración probatoria, a aquel que  sirvió  de  soporte a las decisiones de los jueces, entre otras razones, porque  a  esta  sede arriban aquellas precedidas de una doble connotación de acierto y  legalidad.   

Se faculta, por ello, que dicha presunción  sea  quebrada a través de criterios claros, lógicos,  coherentes  y  fundados  derivados  del compromiso de  demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió  el fallador, suficiente para  derruir  el  contenido  de  verdad   de   la   sentencia,   en  el  entendido  de  que,  de  no  haberse  materializado  el  yerro, otra  hubiese    sido    la    decisión    y,  precisamente,  se    ofrece    trascendente    recurrir    al   mecanismo   extraordinario   de  impugnación.   

No corresponde     con     las  exigencias argumentativas planteadas en la ley y desarrolladas  por      la      jurisprudencia,     los  simples  reclamos  formales  o  de  estilo,    sino   que   se   impone   la  necesidad  de  que  el  derrumbamiento  de esa doble presunción    discurra   por   caminos  adecuados      de      claridad,      lógica      y     sindéresis,  sin  los  cuales,  sobra recordar, la  discusión   deviene   en   el   simple   debate  de  posturas  contrarias  e  interesadas, ya agotada con el  proferimiento del fallo de segundo grado.   

2. Cuando se acude a la vía extraordinaria  para  cuestionar  la valoración probatoria de los jueces de instancia, es carga  del  impugnante  precisar  si la lesión obedeció a un error de derecho o a uno  de  hecho;  en  el  primer  evento,  a  la  vez,  se impone que concrete si ello  obedeció  a un falso juicio de legalidad o a uno de convicción, con la cita de  las  normas  procesales  que  reglan  las  formalidades omitidas; si de error de  hecho  se  trata, es necesario que señale si fue producto de un falso juicio de  existencia  (por  omisión  o  suposición)  o  de  identidad,  o  de  un  falso  raciocinio  (en  este  caso debe indicarse la regla de experiencia, la ley de la  ciencia,  o  el  postulado lógico, como componentes de la sana crítica, objeto  de trasgresión).   

Por ello, el éxito de la censura no depende  de  lo  sugestivo del discurso plasmado en la demanda, sino de la argumentación  metodológica  que  conlleve,  de  manera  lógica,  precisa  y  coherente, a la  demostración  de la ilegalidad de la sentencia, por haber incurrido el juzgador  en  vicios de procedimiento o de juicio (in procedendo  o  in iudicando),  según  el caso, principios y requisitos que en el caso presente  desconoció  el  censor,  motivo  por  el  cual  desde  ya  la  Corte anuncia la  desestimación       del       libelo.   

3.   En   el   primer   cargo   el  defensor  anunció  una  “falsa  apreciación  de  la  prueba”, pero no especificó,  desarrolló  ni  demostró,  como  le  correspondía, si ello fue producto de un  yerro  de  hecho  o de derecho, ni la especie de falso  juris   a   través   del   cual   se  concretó  la  equivocación.   

Lo       que    hizo    el  censor,   de   manera  un  tanto   incoherente y repetitiva, fue   

acudir a un alegato de libre postulación.  Tal  mecanismo  puede  resultar admisible en las dos instancias que conforman la  estructura  básica  de un proceso como es debido, pero resulta extraña en sede  de  casación,  a  la  cual las decisiones de los jueces llegan precedidas de la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, que, por tanto, solamente puede ser  desvirtuada  a partir del señalamiento y demostración de concretos errores que  de  tiempo  atrás  la ley y la jurisprudencia han señalado, lo que no se logra  con  la  simple  confrontación  de  una  forma  de valoración diversa, que por  razonable  que  se  muestre  no  estructura  los  yerros  que  habilitan la vía  extraordinaria.   

4.  Ahora, si se trataba de plantear en casación un error de derecho  por   falso   juicio   de  convicción,  como  se  anuncia  en  el  segundo  cargo,  el  libelista pasó por  alto  que  esta  clase de desacierto consiste en el reconocimiento del valor que  la  ley  asigna  a  determinadas pruebas, lo cual presupone la existencia de una  “tarifa  legal”  en la  cual,   por  voluntad  del  legislador,  a  las  pruebas  corresponde  un  valor  demostrativo  o  de  persuasión  único,  predeterminado  y  que  no  puede ser  alterado por el intérprete.   

En  una  propuesta  de esta naturaleza, es  deber  del  casacionista señalar las normas procesales que reglan los medios de  prueba  sobre  los  que se  predica el yerro, acreditar cómo se produjo su  transgresión y enseñar su incidencia en el sentido del fallo.   

El  censor  no  fundamentó  el  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  que apenas anunció, sin siquiera  decir qué mérito o valoración le fue otorgada.   

Todas  estas  deficiencias  e imprecisiones  permiten   concluir  a  la  Sala  que  la  demanda  de  casación  incumple  los  presupuestos   formales   de   claridad,   precisión,  trascendencia  y  debida  fundamentación,  motivo  por  el  cual  -tal como ya se anticipó- será inadmitida.     

5.  Por  último,  se  advierte  que  del  análisis  del  proceso no se  vislumbra  violación  de  derechos  fundamentales  o  garantías de los sujetos  procesales  que  amerite  el  ejercicio de la facultad oficiosa de índole legal  que al respecto le asiste a la Sala para asegurar su protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JHON  JADER  CERVERA  GIL  y  WILLIAM ANTONIO OVALLES.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                              FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                           MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ     MUÑOZ                     

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                   JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA            

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

          Secretaria   

    

1 fol.  33-50 cuaderno Fiscalía   

2 fol.  101-109 cuaderno Fiscalía   

3 fol.  159-168 cuaderno original N°3   

4 fol.  6-21 cuaderno del Tribunal     

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