38847(31-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 38.847  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 212-  

Bogotá,  D.C., treinta y uno (31) de mayo de  dos mil doce (2012).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala  si es procedente admitir la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   Luis  Romero  Romero  contra  la sentencia  dictada  el  15  de  febrero  de 2012 por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá  que confirmó parcialmente la proferida el 9 de septiembre de 2011, por  el  Juzgado  Sexto  Penal del Circuito con funciones de conocimiento de la misma  ciudad,  que  lo había condenado por los delitos de fraude procesal, obtención  de  documento público falso en concurso homogéneo, estafa agravada en grado de  tentativa y concierto para delinquir.   

ANTECEDENTES  

1.  El  14  de  junio  de  2006, Luis  Romero  Romero adquirió dos pólizas  de  seguro de vida de la Compañías Mapfre Colombia y Colseguros, cuyos amparos  contratados  por  fallecimiento por cualquier causa y enfermedad grave fueron de  $99.000.000   y  $49.500.000  y,  $70.000.000  y  $35.000.000,  respectivamente,  designando  como  beneficiarios  a  su esposa Fraidy Milena Marín Gómez e hijo  Luis       Alejandro       Romero       Marín1.   

El 27 de octubre del mismo año, a través de  apoderada,  la  señora  Marín  Gómez, hizo las reclamaciones respectivas ante  las  compañías  aseguradoras  por  muerte  de  su esposo, para lo cual aportó  registro  civil  de  defunción  de  la Notaría Primera de Bogotá expedido con  base  en  un  certificado  de  defunción  suscrito por el médico Freddy Quispe  Aruquipa de la localidad de Alto (Bolivia).   

Las  aseguradoras  se  negaron a autorizar el  pago  porque advirtieron algunas inconsistencias en la celebración del contrato  y  la  presunta  muerte del tomador, razón por la que instauraron la respectiva  denuncia  penal2.  Por  su  parte,  la  mencionada dama, en calidad de beneficiaria,  inició  ante  el  Juzgado  23  Civil  del Circuito de Bogotá proceso ejecutivo  encaminado a lograr el cumplimiento de los contratos de seguros.   

2. Previa autorización de los Jueces 65, 21,  62   y   39   Penal   Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de  Bogotá3,  en el municipio de Florián (Santander), el 30 de octubre de 2010  se   dio  captura  a  Luis  Romero  Romero,  quien  se  identificó  con  el  nombre  de  Luis  Riveiro Gómez  Ropero.   

3.  Ante  el Juzgado Trece Penal Municipal de  Bogotá,   al   día   siguiente,   se  legalizó  la  captura  de  Romero  Romero y la Fiscal 242 Seccional de  esta   ciudad4  le  imputó  las  conductas  punibles  de  obtención de documento  público5,  estafa  agravada en concurso homogéneo, concierto para delinquir  y  fraude  procesal (artículos 288, 246 y 247, 340 y 453 del Código Penal). En  la  misma  diligencia  se  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva    en    establecimiento    carcelario6.   

4.  El  29  de  noviembre  del mismo año, la  Fiscal  242  Seccional  presentó  escrito  de  acusación  por  los  delitos de  obtención  de  documento  público  falso (en concurso homogéneo en calidad de  autor),  concierto  para delinquir, estafa agravada en la modalidad de tentativa  y  fraude  procesal,  estos  tres,  como  coautor y los dos últimos en concurso  homogéneo   (artículos   288,   246,  247.4,  27  y  453  de  la  Ley  599  de  2000)7.   

5. El 13 de enero de 2011, ante el Juez Sexto  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de Bogotá se llevó a cabo la  formulación    de   acusación   conforme   a   los   términos   del   escrito  respectivo8.   

6.      Surtida      la     audiencia  preparatoria9  y  concluido  el juicio oral, el funcionario judicial expresó que  el    sentido    del    fallo   era   condenatorio10.   

7.  Mediante sentencia del 9 de septiembre de  2011,  el  juez de conocimiento condenó al acusado por los injustos endilgados,  a  la  pena  principal  de ciento treinta y siete (137) meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por  el  término  de  ocho  (8)  años11.   Además,  dispuso  darle  cumplimiento  al  acápite  de otras determinaciones12  y  le  negó la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria13.   

8.  Recurrido  el  fallo por el defensor, fue  confirmado  parcialmente  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá en  sentencia  del  15  de  febrero  de  2012  con  la  modificación consistente en  absolver  al  procesado  del  delito  de concierto para delinquir e imponerle la  pena     de     119     meses     de     prisión14.   

9.  La defensa técnica interpuso el recurso  extraordinario          de         casación15   y  presentó  la  demanda  respectiva   dentro   de   la   oportunidad   legal16.   

LA DEMANDA  

Luego   de   identificar  a  las  partes  e  intervinientes  y  la sentencia impugnada, sintetizó los hechos y la actuación  procesal,  para  a  manera  de  introito  aclarar  que  los  audios  del proceso  constituyen   “la  prueba  irrefutable”17  de  que  su  mandante  fue  condenado  sin que existiera prueba de la responsabilidad penal del procesado en  los delitos que le fueron atribuidos.   

A  continuación,  al  amparo  de  la  causal  tercera  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004 postula un único cargo en el  sentido   de   error   de   hecho   por   falso   juicio   de   existencia   por  suposición.   

Para  demostrarlo,  afirmó  que  el juzgador  –no  concreta  cuál- se  inventó  las  pruebas y que dado que su argumento es recurrente tomará el más  representativo.   

Es así como tras citar un breve fragmento del  fallo  de  segundo  nivel  en  el que se destaca que ante el requerimiento de la  policía  al  momento  de  ser  capturado  el  procesado se identificó con otro  nombre  y  que  a partir de ello es posible señalar su grave compromiso como la  persona  que  suscribió los contratos de seguro, critica al fallador plural por  cuanto  la  única  conclusión que se podría desprender de mencionar un nombre  diferente  al  verdadero  es  que  “la  persona no  quiere  decir su nombre real pero en manera alguna permite inferir que por decir  un  nombre  cambiado  ello haga a alguien responsable por la vía de inferencia,  de  una  conducta  penal”18.   

Enseguida se refirió al delito de obtención  de  documento  público falso y recordó que para la imputación de este injusto  le  correspondía a la Fiscalía señalar respecto de cuál o cuáles documentos  se  predicó  esta  conducta y en qué consiste el error en que se hizo incurrir  al  servidor  público.  Sin  embargo,  el ente acusador se limitó a aportar en  copia    simple    –no  original-  30  diferentes  documentos  públicos,  sin indicar frente a cuál de  ellos  se predica y tampoco se expresó de qué forma el procesado hizo incurrir  en error al funcionario.   

Además,  no basta con que un nombre aparezca  en  un  documento  público  para  que sea responsable de su elaboración pues a  manera  de  ejemplo,  en  los  casos  de  suplantación  o  en  los registros de  defunción,   quien   aparece   ahí  inscrito  en  nada  ha  contribuido  a  su  confección.   

Agregó que para que se tuviera por autor del  documento  al acusado, se requería un dictamen grafológico, o dactiloscópico,  o  testimonios  de  quienes hayan percibido directamente su creación o un video  en  el  que  se  registre  lo mismo; pero ninguna de estas pruebas se allegó al  juicio  y “la libertad probatoria no da para que el  juzgador  pueda  “inferir” que quien, ante el requerimiento de identidad por  parte  de  la  policía dice un nombre diferente al suyo, por ese solo hecho sea  responsable   de  la  comisión  de  conductas  penales  tan  graves”19.   

De otra parte, se incurrió en falso juicio de  existencia   cuando  el  juzgador  señaló  que  las  acciones  civiles  fueron  iniciadas  por  la  esposa  y  beneficiaria de los seguros y que el procesado es  responsable  del  delito  de  fraude procesal, por cuanto la Fiscalía no logró  probar  que  el  enjuiciado  fue  quien viajó fuera del país, ya que al debate  oral  únicamente  se introdujo copia de unos registros migratorios –sin  cadena  de custodia y sin contar  con  la  presencia  de  quien  los  recolectó- y no se allegaron los videos que  mostraran  el  paso  del  acusado por migración. Dijo que el encartado pudo ser  suplantado y las copias de tales registros adulterados.   

Reiteró  que  en  el juicio no se probó que  hubiera  participado  en ninguna falsedad y tampoco la forma en que intervino en  el  proceso  civil o como contribuyó para inducir en error al juzgador a efecto  de obtener decisión contraria a derecho.   

Igualmente, para que se produjera la tentativa  de  estafa  –asevera- se  requería  que  se  hubieran aportado documentos, pero en el juicio no se probó  que  su  mandante  hubiera elaborado alguno, e insiste en que la responsabilidad  por  este  injusto  se  dedujo  de  haber  dicho  un  nombre distinto cuando fue  requerido por la policía.   

Concluyó que el sentenciador se inventó una  inferencia  para  condenar  a  su  representado y que nada se probó sobre i) la  identidad  de su defendido, ii) la existencia de las pólizas de seguro y quién  las  suscribió, iii) quién signó los documentos llevados al juicio, iv) cómo  el  procesado  incurrió  en los delitos de fraude procesal y estafa en el grado  de  tentativa  y,  v)  la  participación  del  enjuiciado en la elaboración de  algún  documento  falso  a través de la firma o la imposición de la huella en  el mismo.   

Solicita casar el fallo confutado, absolver a  su defendido y ordenar su inmediata libertad.   

CONSIDERACIONES  

1.  Sobre  el  juicio  de admisibilidad de la  demanda.   

Al  tenor de lo dispuesto en el artículo 180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene como  finalidad  “la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a   estos,   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia”.   

Con     tal     propósito,     el    inciso    2º    del  artículo  184  ejúsdem  fijó las reglas mínimas  de   admisión   de   la  correspondiente  demanda,  estableciendo  que  no  se seleccionará  aquella  que  i)  carezca de interés  para  acceder al recurso, ii) no invoque la causal conforme a la cual se edifica  el  reproche  de las contempladas en el artículo 181  ibídem,   iii)   omita   desarrollar   los  cargos  correspondientes  o, iv)  fundadamente  se  logre  establecer  que  no  se  requiere  de la sentencia para  cumplir    las   finalidades   previstas   en   el   aludido   artículo  180;  lo  anterior,  salvo  que el cumplimiento de alguno de  esos  fines  permita  superar  los defectos técnicos  que  exhiba  el libelo y  decidir de fondo.   

También tiene  decantado  la  jurisprudencia  que  la demanda debe ser  íntegra  en  su  formulación,  suficiente,  clara y precisa en su desarrollo y  eficaz  en  la pretensión, de tal suerte que se debe soportar en los principios  que  rigen  el recurso extraordinario, en especial, los de claridad, precisión,  fundamentación  debida,  prioridad, no contradicción y autonomía, sin que sea  viable  argumentar  a  la  manera de un alegato de instancia. La proposición de  los cargos exige escoger adecuadamente la c   ausal  y  el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

La  demanda  que  nos  ocupa  además  que  omitió  la  ineludible  labor  de  identificar  razonadamente  cuál  es  la  finalidad  concreta  de  la impugnación, de aquellas  descritas   en   el   referido   artículo  180,  no  satisface los requisitos  mínimos  que  exige  el referido canon 184 para su admisión en punto del cargo  invocado  y,  por  lo  tanto,  no  puede  ser  seleccionada. Las razones son las  siguientes:   

i)   Así  como  el  recurrente  hace  una  aclaración  inicial  en  el  sentido  que  los  audios  del proceso constituyen  “la       prueba      irrefutable”20  de  que  su  mandante  fue  condenado  sin  que  existiera prueba de su responsabilidad penal en los delitos  atribuidos,  del  mismo  modo la Corte está en el deber de precisarle que tales  registros    no    constituyen    medio   de   conocimiento   alguno  que tuviera que ser valorado por los juzgadores; las pruebas son  aquellas  que  fueron practicadas de manera pública,  concentrada   y  con  inmediación  del  funcionario  judicial  en el juicio oral; distinto es que de ellas  se  dejara  constancia  en  los registros fílmicos o  magnetofónicos     que     reposan     en     el  expediente.   

ii) Aunque la demandante enuncia la causal  y  el  sentido  de  error  en los que apoya el único  cargo       que       propone,       esto       es,      una      infracción   indirecta   de   la   ley  sustancial  en la modalidad de error de hecho por falso juicio de existencia por  suposición,    no    solo   abandonó   la   técnica   que   informa   su  demostración   sino   que   sin   hacer   expresa  proposición   de   otras   modalidades  de  error,  dirigió  la  fundamentación  del reproche hacia  ellas  en  lo  que  no  es  más  que  un alegato de  instancia,   quebrantando   al   paso   el  postulado  de  autonomía  que  rige  el  recurso de casación,  esto,  como  cuando  critica  que  se hayan valorado documentos en copia simple,  reproche      que  eventualmente  tendría que haber sido propuesto por  la  senda  del  falso  raciocinio  pero  que estaría  llamado  al  fracaso en la medida que en materia penal, por virtud del principio  de  libertad  probatoria,  no  hay  lugar  a  exigir  que  los  documentos  sean  aportados  al  proceso  necesariamente       en       original       o      copia      auténtica.   

iii)   Para  la  demostración   del   error   de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  suposición,  es  del  resorte  del  casacionista  acreditar  que  la  autoridad  judicial  valoró una prueba o un supuesto fáctico que materialmente no aparece  objetivo  en  el  proceso  y  que  de  no  haber sido inventado el sentido de la  decisión habría variado radicalmente.   

iv)  En  el caso de la especie, la recurrente  asegura  que  los juzgadores incurrieron en yerros de esa laya porque supusieron  las   pruebas  de  la  responsabilidad  penal  del  procesado  en  los  injustos  endilgados;  sin  embargo,  siendo  de  su  exclusivo  resorte, nada especificó  acerca  de cuáles fueron las pruebas que habrían supuesto, o como él mismo lo  dice, inventado los falladores.   

Nótese  en  este punto, como la libelista se  limita  a  hacer énfasis en que los sentenciadores crearon una inferencia que a  su  juicio  es  incorrecta,  esta  es,  aquella  según  la  cual  el  procesado  suscribió  los  contratos  de  seguro  y  es  responsable  por  los  delitos de  obtención  de  documento  público falso, fraude procesal y tentativa de estafa  porque  se  identificó  con  un  nombre  distinto  cuando fue requerido por las  autoridades de policía al momento de su aprehensión.   

En ese orden, no es frente a la valoración de  un  medio  de prueba inexistente o, por lo menos, respecto de un hecho indicador  que  no  pudiera  ser  tal,  que  la togada estructura el presunto yerro sino en  términos  expresos de la defensora en torno a una inferencia, que evidentemente  no  podía  ser  controvertida  mediante  el  sentido  de  error escogido sino a  través  del  falso  raciocinio,  identificando  la  ley  de  la  sana  crítica  indebidamente  aplicada  así  como  la  llamada  a  gobernar  el  asunto  y  la  trascendencia del yerro para el caso.   

v)  En todo caso, la inidoneidad del reproche  refulge  evidente  cuando  se  advierte  que no solo es verdad que el acusado se  identificó  con  un nombre distinto al verdadero cuando fue requerido a la hora  de  ser capturado, es decir, este es un hecho real y plenamente acreditado, sino  que  contrario a lo aseverado a lo largo del libelo, existe suficiente prueba de  cargo  que  da cuenta tanto de la materialidad de las conductas punibles como de  la  responsabilidad  del  procesado  en  los  mismos  y  por  tanto, descarta la  proposición  central  de  la demanda encaminada a demostrar que no hay una sola  prueba de tales aspectos.   

Ciertamente,  si bien tal como lo reconoce el  fallo    de   primera   instancia   –inescindible  con  el  de segundo nivel por cuanto conserva el mismo  sentido  de decisión- no se realizaron cotejos grafológicos para establecer la  persona  que  suscribió  las  pólizas  de  seguro,  atendiendo el principio de  libertad  probatoria  se tiene que “tras confrontar  las  firmas  que  aparecen  en  el  formato  de  consulta  AFIS de la cédula de  ciudadanía     1.019.020.430     y     las     que     parecen     (sic)   en   aquellas   [se  refiere  a  las pólizas], guardan  identidad,     lo     que     permite     concluir     que    si    (sic)  fueron  suscritas  por la misma  persona,  esto  es,  LUIS  ROMERO ROMERO”21;  es decir,  que  sí existe prueba de que el procesado fue el tomador de dichos contratos de  seguro,  distinto  es  que  la recurrente no esté de acuerdo con la valoración  que de ella hicieron los juzgadores.   

vi) A lo dicho se suma que la imputación fue  realizada  a  título  de  coautoría,  grado  de  participación acogido en las  instancias  y  frente  al  cual  la  defensora  no hizo ningún cuestionamiento,  haciendo palmario aún más, la intrascendencia de su reproche.   

vii)  Resulta del todo infundado asimismo que  la  jurista se duela de que no se haya concretado respecto de cuáles documentos  se  perfeccionó  el  delito de obtención de documento público falso y de qué  manera,  pues  verificado  el  fallo  de primer nivel se establece con meridiana  claridad  cómo  y sobre cuáles documentos recayó el comportamiento delictivo.  Es de esta manera como el juez unipersonal expresó:   

“Frente  a  la  conducta  punible  de  obtención  de  documento  público  falso,  la  misma se  estructura  con  la expedición del registro civil de defunción No. 03770693 de  la  Notaría  Primera  del  Círculo  de  Bogotá, con base en el certificado de  defunción  0527485 del 23 de septiembre de 2006 de Bolivia Murillo La paz, cuya  funcionaria  en  ejercicio  de  sus funciones, consignó un hecho contrario a la  verdad   relacionada   con   la   inexistente  muerte  del  señor  LUIS  ROMERO  ROMERO.   

Igual   sucedió   con   la  cédula  de  ciudadanía  No.  1.019.020.430  asignada  al señor LUIS ROMERO ROMERO, que por  ser  documento  público,  con  base  en  el registro civil de defunción que se  presentó   ante   dicha   autoridad,   se   canceló   por   muerte22.”23   

viii)  Las reglas de argumentación jurídica  proscriben  todo fundamento especulativo. En ese orden, a más que la demandante  omitió  edificar  alguna  discrepancia  concreta  frente  al  razonamiento  del  juzgador  de  primer  nivel  asentado  al  cabo  de confrontar las firmas de las  pólizas  y  el  formato de consulta AFIS, en el sentido de encontrar probada su  uniprocedencia,  se  observa que a la togada le fue suficiente con ponderar como  posible    alguna    suplantación,    sin    aludir    a   soporte   probatorio  alguno.   

ix)  Se  recaba, lejos de lo postulado por la  letrada,  no fue únicamente porque el procesado se cambió el nombre cuando fue  requerido  por  los  policías  encargados  de  llevar a término la captura que  resultó  comprometido  en  los  injustos  atribuidos sino por la valoración en  conjunto  del  cúmulo  de  pruebas  practicadas  en el juicio oral y cuyo poder  suasorio  no fue discutido para descartar su efecto relevante en la decisión de  condena.   

x) Para rematar es indispensable precisar que  carece  del presupuesto de verdad la premisa según la cual nada se probó en el  juicio  sobre la identidad del procesado, ya que precisamente éste resultó ser  el  aspecto  medular  de la actuación, de tal suerte que a la determinación de  la  plena  identidad  de Luis Romero Romero,  los  juzgadores  llegaron  a  través del correspondiente estudio  dactiloscópico  efectuado  por  un  experto  lofoscópico que en la oportunidad  legal lo introdujo al debate oral.   

Los  errores  advertidos hasta aquí permiten  afirmar   que   lejos  de  confeccionar  un  cargo  concreto  que  evidencie  la  insoslayable  violación  indirecta  de  la  Constitución  o la Ley en el fallo  recurrido,  la  demandante  pretende  encontrar  un  escenario  que  a manera de  tercera   instancia,   la  habilite  para  introducir  su  particular  análisis  probatorio,  en  contravía  de  los  juicios  valorativos  expresados  por  los  juzgadores en la providencia atacada.   

En  suma,  la  Sala  no  observa  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón  de  las  finalidades de la casación, distinto al que se referirá en el  acápite    de   cuestión   final,   por   lo   que   la   demanda   debe   ser  inadmitida.   

2. Del mecanismo de insistencia.  

Al  amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos24:   

(ii)  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         

(iii)  La  solicitud  de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus delegados para la  casación  penal,  o  ante  alguno  de los Magistrados integrantes de la Sala de  Casación Penal, según lo decida el demandante.   

(iv)  La  solicitud respectiva puede tener  dos  finalidades:  la  de rebatir los argumentos con fundamento en los cuales la  Sala  decidió  no  seleccionar  la demanda, o para demostrar por qué no empece  las  incorrecciones  del libelo, es preciso que la Corte haga uso de su facultad  para superar sus defectos y decidir de fondo.   

(v) Es potestativo del Magistrado disidente  o  del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia,  optar  por  someter  el asunto a consideración de la Sala o no presentarlo para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al peticionario. Así  mismo,  cualquiera  de  ellos  puede invocar la insistencia directamente ante la  Sala de manera oficiosa.   

(vi)  El  auto  a  través  del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso, con la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la  prescripción  de la acción penal,  efectos  que  no se alteran con la petición de insistencia, ni con su trámite,  a no ser que ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a  través de la cual no se selecciona la demanda está contenida  en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169, inciso 3, de la Ley 906  de  2004, esto es “mediante comunicación escrita dirigida por telegrama, correo  certificado,  facsímil,  correo electrónico o cualquier otro medio idóneo que  haya  sido  indicado  por  las partes”, se establecerá el término de cinco (5)  días  contados a partir de la fecha en que se produzca alguna de las anteriores  formas  de  notificación  al  demandante, como plazo para que éste solicite al  Ministerio  Público  o a alguno de los Magistrados integrantes de la Sala, si a  bien lo tiene, insistencia en el asunto.   

A su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud de insistencia supone un estudio ponderado de la solicitud, de  la  demanda,  del  auto  por  el  cual  no  se  seleccionó  y  de la actuación  respectiva,  se  otorgará  al Ministerio Público o al Magistrado respectivo un  término  de quince (15) días para el examen de la temática planteada, vencido  el  cual  podrán  someter  el  asunto  a  discusión  de  la Sala o informar al  peticionario    sobre    su    decisión    de    no    darle    curso    a   la  petición”.   

3. Cuestión final.  

Por  último,  la  Sala  se  ve  impelida  a  precisar  que  si  bien el recurso extraordinario de casación no constituye una  oportunidad  para  rebatir  el  criterio  del juzgador como si se tratara de una  instancia  adicional,  sí comporta un control de legalidad y constitucionalidad  concreto  frente  al fallo recurrido, que propende por la efectivización de los  fines  previstos  en  el  artículo 180 del ordenamiento procesal penal vigente,  estos  son, la guarda de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios,  la unificación de la jurisprudencia y  la realización del  derecho material.   

En ese orden, el artículo 184, inciso 3º de  la  Ley 906 de 2004, faculta a la Corte a actuar oficiosamente, prescindiendo de  la  intervención  del  Ministerio Público, cuando aún inadmitiendo la demanda  de  casación  advierta  la  necesidad  de  hacer  efectivo el derecho material,  preservar  o  restaurar  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparar  los  agravios  inferidos  a éstos o unificar la jurisprudencia por razones distintas  a las planteadas en el libelo.   

Este es el caso, pues la Sala advierte que  si  bien  la  sentencia  impugnada  absolvió  al  procesado por el delito de  concierto  para delinquir y readecuó la pena de prisión correspondiente parece  haber   omitido   hacer   lo   propio  respecto  de  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas,  lo   que  eventualmente  ameritaría  la  casación  oficiosa  y  parcial  del  fallo, a fin de restablecer la garantía eventualmente  trasgredida al enjuiciado.   

De  manera  que  una  vez  proferida  esta  decisión  y cumplido con el rito de la insistencia, el expediente regresará al  despacho  del  Magistrado  Ponente con el propósito de  que  la  Sala  se  pronuncie  oficiosamente acerca de la posible vulneración de  garantías fundamentales, conforme se ha indicado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   Luis  Romero  Romero  contra  la sentencia  dictada  el  15  de  febrero de 2012 por la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior de Bogotá.   

Segundo. Conforme al  inciso  2º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004, y bajo  los  términos  expuestos en la parte considerativa de esta providencia, procede  la insistencia.   

Tercero.  En  firme la anterior decisión y cumplido con el trámite de la  insistencia,    regresar    la    actuación    al   Despacho   del   Magistrado  Ponente  para  que  la Sala se pronuncie oficiosamente  acerca de la posible vulneración de garantías fundamentales.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

            

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ     MUÑOZ  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

            

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA   

            

JAVIER  ZAPATA  ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Se  precisa  que previo a la celebración de los contratos  de   seguro,   el   joven  Romero  Romero,  diligenció  la     expedición     de    su    cédula  de  ciudadanía  y del pasaporte y  contrajo     matrimonio     con    Fraidy    Milena  Marín  Gómez   y   reconoció   como   su   hijo  a  Luis     Alejandro     Romero    Marín.   

2  De  esta   manera,   se   supo  que  el  22  de  septiembre  de  2006,  Luis  Romero  Romero ingresó    a   la  Clínica     Complejo  acompañado  de  Leonardo  Sierra    Sierra,    por    cuanto    supuestamente  había  sufrido  un  accidente  de  tránsito  a  las  23:30 p.m. de ese día. En  este   centro   hospitalaria   se   le   diagnosticó  conmoción     cerebral    postrauma    a    D:C:,  contusión      de      codo      izquierdo    y    policontuso;   sin   embargo,   al   día   siguiente   fue   dado   de   alta   por   petición    de    su    acompañante    quien  asumió la responsabilidad frente al egreso.  El  mismo  día,  a  eso de las 23:30 el señor      Romero     Romero  ingresó a la  Clínica  Paraná    donde    fue   atendido   por  el  doctor  Freddy  Quispe   Aruquipa  quien   certificó   que   lo   recibió   en   estado   de   coma,  haberle  practicado  procedimiento  de  reanimación  cardiopulmonar  y  su posterior muerte.  Sin  embargo,  no  se  realizó  autopsia  y  no  hay  constancia  de  la repatriación del cadáver.   

3 Cfr.  folios 4, 26, 30 y 39 de la carpeta.   

4  En  el  acta se señala que  fue   a   la   Fiscal   14   Seccional  a  quien  le  correspondió  esta  diligencia;  sin  embargo, en el  escrito  de  acusación  se  precisa  que lo fue a la  Fiscal 242 Seccional de Bogotá.   

5  Se  aclara  que el injusto  realmente  imputado  fue el de obtención de documento  público  falso  y no como consta en el acta donde se  consignó  que  fue  por  el  reato  de  falsedad  en  documento público.   

6 Cfr.  folios 44-46 ibídem.   

7 Cfr.  folios 56-58 ibídem.   

8 Cfr.  folio 62 ibídem.   

9  Cfr.      folios      86-88     ibídem.   

10  Cfr. folios 176-177 ibídem.   

11  En  la  parte  motiva de la providencia se le impuso  también  la  pena  de  multa en cuantía  de  200  salarios  mínimos legales  mensuales vigentes.   

12  Consistentes   en  cancelar  toda  medida  cautelar  impuesta  al  procesado  por el Juez Penal Municipal  con  funciones  de control de garantías, informar de  la  decisión  al  Juzgado  23 Civil del Circuito de  Bogotá,    no    cancelar    el    registro    de  defunción     del     enjuiciado    porque    ya  había    sido    invalidado    por    orden    la  Fiscalía,  oficiar a la Cooperativa de Servicios Exequiales Coosercun y a  la         Parroquia        Jesús  de Nazareno de Medellín   para  que  corrijan  los  registros  de  cremación  y del osario a nombre de Luis Romero  Romero,  ordenar  a  la  Registraduría    Nacional    del   Estado   Civil  que  corrija  la  vigencia  de  la  cédula  de  ciudadanía No. 1.019.020.430  porque  el  señor Romero  Romero no ha fallecido, compulsar copias para que se  investigue   a   Fraidy   Milena  Marín  Gómez y  a  Leonardo Florez Sierra,  si   es  que  no  lo  había  hecho  previamente  el  ente acusador.   

13  Cfr. folios 182-203 ibídem.   

14  Cfr.  folios  48-70  del  cuaderno del Tribunal. Se precisa que si bien la parte  resolutiva  del  fallo  de  segunda instancia alude al delito de “falsedad  en  documentos”,    en    realidad    Luis   Romero  Romero     fue     sentenciado     por   el   injusto   de   obtención  de  documento público falso.   

15  Cfr.       folio       80      ibídem.   

16  Cfr. folios 92-101 ibídem.   

17  Cfr.   folio   3   de   la   demanda   a  folio  94  ibídem.   

18  Cfr.   folio   5   de   la   demanda   a  folio  96  ibídem.   

19  Cfr.   folio   7   de   la   demanda   a  folio  98  ibídem.   

20  Cfr.  folio  3  de  la  demanda a folio 94 ibídem.   

21  Cfr. folio 14 de la sentencia de primera instancia a  folio 190 de la carpeta.   

22  Ver folio 91 de la carpeta.   

23  Cfr.  folios  13-14  de  la  sentencia  de  primera  instancia a folio 190 ibídem.   

24  Auto   del   12   de  diciembre  de  2005  (radicado  24.322).     

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