38378(10-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado Acta No.213  

Bogotá  D.  C.,  diez  de  julio  de dos mil  trece.   

Se  pronuncia  la Corte sobre la admisión de  las  demandas  de  casación  presentadas  por  los  defensores  de  MAURICIO   ALBERTO   FRANCO  BUSTAMANTE      y    SALVADOR     CUEVAS     MARTÍNEZ            contra   la   sentencia   dictada   por   el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio  el 10 de mayo de 2011, mediante la cual confirmó la proferida en  primera  instancia por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado de esa  ciudad  el  12  de marzo de 2009, que condenó a los procesados por el delito de  extorsión agravada.   

Hechos  

El  23  de  febrero  de 2005, al promediar la  tarde,  cinco  sujetos,  algunos de ellos provistos de armas de fuego, radios de  comunicación  y  escarapelas  que  los  identificaban  como miembros del Cuerpo  Técnico   de  Investigación  de  la  fiscalía,  abordaron  en  la  ciudad  de  Villavicencio  a LUIS CARLOS ÁLVAREZ MORALES, quien se hallaba en compañía de  su  conductor  CAMILO  HERNANDO  COLMENARES SUÁREZ y el ayudante CARLOS ALBERTO  ROMERO  RODRÍGUEZ,  para  notificarle  que  tenían  una orden de captura en su  contra  y  que  debía  acompañarlos,   procediendo  a mostrarle una orden  falsa  y  a despojarlo de la pistola que portaba y de la cédula de ciudadanía.  Los  sujetos  permitieron  que  CAMILO  HERNANDO acompañara a LUIS CARLOS y que  manejara  el  vehículo  en  que  se  movilizaban,  un automóvil Renault Megan,  iniciándose  la  marcha  supuestamente  hacia la fiscalía, siendo seguidos por  una  o  dos motocicletas. En el trayecto le manifestaron a LUIS CARLOS que si no  quería   ser   trasladado  esa  misma  noche  a  Bogotá  tenía  que  entregar  cuatrocientos  o  quinientos  millones de pesos, exigencia que luego redujeron a  150  millones. A partir de ese momento le permitieron hacer varias llamadas para  que  realizara los contactos orientados a conseguir el dinero y visitaron varios  sitios  de  diversión  donde  ingirieron  bebidas  embriagantes. Hacia la media  noche,  el  conductor  fue  enviado  a  recoger un dinero, debidamente vigilado,  regresando  con  una  bolsa  que  contenía  80  millones  de  pesos, que fueron  recibidos  por  “El  Químico”.  Cerca  de la una de la mañana del día 24,  llevaron  a  LUIS CARLOS a las residencias YAIMAR para que pasara la noche junto  con  su  conductor  y  una  amiga,  en  habitaciones  separadas,  mientras otros  vigilaban  en  el  parqueadero.  Alrededor de las 8:30 de la mañana, uno de los  sujetos  autorizó  a LUIS CARLOS para que se marchara, manifestando que la cosa  se  estaba  poniendo  caliente, con el compromiso de entregar el dinero restante  en los días siguientes.       

Paralelamente,   CARLOS   ALBERTO   ROMERO  RODRÍGUEZ,  extrañado  por  el procedimiento, comunicó lo sucedido al abonado  165  de  la línea antiextorsión y secuestro del GAULA de la Policía Nacional,  iniciándose  operativos  con  el  fin  de localizar el vehículo Renault Megan,  labor  que  arrojó resultados a las 0.30 horas del día 24, en inmediaciones de  la  zona  rosa.  Los  agentes  se  mantuvieron  expectantes y minutos más tarde  observaron  que  el vehículo salió escoltado por una motocicleta, iniciándose  su  seguimiento,  pero  como  perdieron  su  rastro,  decidieron  interceptar al  motociclista,  quien  se identificó como JUAN FERNANDO  CARVAJAL SÁNCHEZ.  Alrededor  de  la 1:30 entró una llamada al celular que portaba, de una persona  que  pedía que lo recogiera en la estación de servicio La Palmira, lugar hasta  donde  se  trasladaron  las  unidades  del  GAULA, logrando la captura de WILDER  CUBIDES  ALVAREZ,  primo hermano de la víctima, quien había sido visto minutos  antes  en  el lugar donde fue inicialmente ubicado el vehículo. Como este   sujeto  decidió  colaborar,  la  policía  le  suministró  un celular para que  hiciera  una  llamada,  comunicándose  con  una persona, a quien le dijo que ya  sabía   de   la  entrega  de  los  80  millones  y  que  necesitaba  su  parte,  respondiéndole  su interlocutor que no se preocupara, que la plata la tenía el  señor  bajito  que  le  decían  “El  Químico”,  y  que  lo esperaba en el  terminal  para conversar. Se montó así un nuevo operativo, siendo capturado en  el  terminal  el  señor  RICHARD  MUÑOZ  MÉNDEZ. Hacia las 7 de la mañana se  logró  nuevamente  la ubicación del automóvil Renault Megan en el parqueadero  SEUZ  cerca  del  terminal  de  transportes, a donde había ingresado a las 0:01  horas,  por  lo  que  decidieron  montar vigilancia. A las 8:10 arribó un taxi,  ocupado  por dos pasajeros, quienes al detectar la presencia de las unidades del  GAULA  decidieron permanecer en el interior del vehículo en actitud sospechosa,  razón  por la cual los abordaron, respondiendo a los nombres de CAMILO HERNANDO  COLMENARES     SUÁREZ     (conductor    de    LUIS  CARLOS)  y      SALVADOR  CUEVAS  MARTÍNEZ,  ex  investigador  del  Cuerpo  Técnico de  Investigaciones  de  la  Fiscalía,  conocido  como  “El  Químico”, quienes  había  sido enviados a recoger el vehículo. Ante las manifestaciones de CAMILO  HERNANDO  que  señalaban  a su acompañante como la persona que había recibido  en  la madrugada los 80 millones de pesos, SALVADOR aceptó el hecho y trasladó  a  las autoridades hasta su residencia, donde hizo entrega de una bolsa negra en  cuyo   interior  fueron  hallados  $78’980.000.          

En  el  curso  del día, rindió declaración  ante  el GAULA de Villavicencio JAVIER EDUARDO MURCIA CÁCERES, investigador del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  la  Fiscalía,  quien  manifestó  que  hallándose  ese  día  en  ejercicio  de  las  labores  propias de su cargo, se  enteró  de  la  captura  del  ex investigador    SALVADOR  CUEVAS  MARTÍNEZ,  lo  cual  le  llamó  la atención  porque  en  las  primeras horas de la mañana lo había visto en las residencias  YAIMAR  de  su  propiedad,  y  que  al  averiguar por el motivo de la captura le  dijeron  que  por el secuestro de unas personas que habían estado hospedadas en  dichas  residencias,  razón  por la cual decidió contar que alrededor de las 3  de  la  mañana  avistó  también  en  el  lugar  a  su compañero  MAURICIO   ALBERTO   FRANCO   BUSTAMANTE,  Investigador  Criminalístico  Dos  del  Cuerpo Técnico de Investigación de la  fiscalía,  con  el  uniforme  de operativos del CTI, quien le manifestó que le  había  llevado  unos clientes y que tenía varado el carro, y que a las 5 de la  mañana  cuando  se  levantó a llevar los niños al colegio, y alrededor de las  6:15  cuando  regresó,      MAURICIO  ALBERTO   todavía   permanecía   allí,   en  el  parqueadero,  con  unas  personas.    

Actuación procesal relevante  

1.  El  17  de  febrero de 2006, la fiscalía  calificó   el   sumario  con  resolución  de  acusación  contra    SALVADOR  CUEVAS  MARTÍNEZ,  HUGO HERNÁN  ANDRADE,                MAURICIO       ALBERTO      FRANCO  BUSTAMANTE,  JUAN  FERNANDO  CARVAJAL SÁNCHEZ, WILDER  CUBIDES  ÁLVAREZ  y  RICHARD  MUÑOZ  MÉNDEZ,  como  coautores  del  delito de  extorsión,  previsto  en  el  artículo  244  del  Código  Penal (modificado  por  el artículo 5° de la Ley 733 de 2002),  agravado  por  concurrir  las  circunstancias  previstas  en los  numerales    1°,    2°    y    8°    del    artículo    245    (modificado  por  el artículo 6° de la ley 733 de 2002)                ejusdem.1    Contra   esta   decisión  interpusieron  apelación  los  defensores  de  dos  de  los procesados, pero en  razón  a  que  desistieron,  la  fiscalía,  por  auto  de 17 de marzo de 2006,  declaró     desiertas     las     impugnaciones.2   

2. Mediante sentencia de 12 de marzo de 2009,  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito Especializado de Villavicencio condenó a    SALVADOR  CUEVAS  MARTÍNEZ,  JUAN  FERNANDO  CARVAJAL  SÁNCHEZ y RICHARD MUÑOZ MÉNDEZ, a la pena principal  de  42  meses  de  prisión  y  multa  de  874.95  s.m.l.m.v.,  y a  MAURICIO  ALBERTO  FRANCO  BUSTAMANTE a la  pena  principal  de  45  meses  de  prisión  y  multa de 937.5 s.m.l.m.v., como  coautores  responsables  del  delito  de  extorsión,  con las circunstancias de  agravación  deducidas  en  la  resolución  de  acusación, y la de atenuación  prevista   en   el   artículo   269  del  Código  Penal,  por  restitución  e  indemnización  integral. En la misma decisión absolvió a HUGO HERNÁN ANDRADE  ANDRADE  de los cargos imputados en el pliego de cargos y declaró la extinción  de   la   acción   penal    respecto   de   WILDER  CUBIDES  ÁLVAREZ  por  muerte.3  

3.  Apelado  este fallo por la fiscalía y la  defensa,  el  Tribunal Superior de Villavicencio, mediante el suyo de 10 de mayo  de   2011,   lo  confirmó  en  todas  sus  partes.4    Inconformes    con   esta  decisión,  los  defensores  de los procesados    MAURICIO  ALBERTO    FRANCO    BUSTAMANTE          y        SALVADOR   CUEVAS  MARTÍNEZ      recurren  en  casación.   

Las demandas  

A   nombre   de  Mauricio  Alberto  Franco  Bustamante  

Presenta tres cargos de nulidad con fundamento  en  la  causal prevista en el numeral tercero del artículo 207 de la Ley 906 de  2004.   

Cargo primero  

   

Sostiene  que  la  sentencia  se dictó en un  juicio  viciado  de  nulidad  porque  los  magistrados  que  dictaron  el  fallo  carecían  de  jurisdicción y competencia para hacerlo, toda vez que el caso ya  había  sido  fallado  previamente  mediante decisión que hizo tránsito a cosa  juzgada,  acorde  con  lo  establecido  en  el  artículo  19  de  la Ley 600 de  2000.  

Explica  que la fiscalía, al calificar el 17  de  febrero  de 2006 el mérito probatorio del sumario, precluyó investigación  en  favor  de  MAURICIO  ALBERTO  FRANCO  BUSTAMANTE  por el delito de secuestro  extorsivo  agravado,  y  que  esta  decisión  quedó  debidamente ejecutoriada,  razón  por  la  cual  no es posible someter al procesado a un nuevo juzgamiento  por  la  misma conducta, así se le dé una calificación jurídica distinta, lo  cual  determina  que  la  actuación  adelantada sea nula, de conformidad con lo  previsto  en  los artículos 19 y 306.1 de la Ley 600 de 2000, 8° de la Ley 599  de 2000 y 334 de la Ley 906 de 2004.   

Con  el fin de demostrar la censura reproduce  literalmente  la  parte  resolutiva  de  la  decisión de 17 de febrero de 2006,  donde  la  fiscalía dispuso precluir la instrucción respecto de los procesados  SALVADOR  CUEVAS  MARTÍNEZ,  HUGO  HERNÁN  ANDRADE,  MAURICIO  ALBERTO  FRANCO  BUSTAMANTE,  JUAN  FERNANDO CARVAJAL SÁNCHEZ, WILDER CUBIDES ÁLVAREZ y RICHARD  MUÑOZ  HERNÁNDEZ por el delito de secuestro extorsivo, y agrega que de acuerdo  con  la  normatividad  legal,  la variación de la calificación jurídica de la  conducta   sólo es posible en el juicio, siempre y cuando no concurran las  situaciones  previstas  en  los  artículos  19  de  la  Ley 600 y 8° de la Ley  599.   

Sostiene que en el presente caso la variación  de  la  conducta  se realizó con total violación de los derechos fundamentales  de  legalidad  y  debido  proceso,  porque no existe congruencia alguna entre la  conducta  investigada  y  la resolución de acusación, lo cual viola el derecho  de  defensa, dado que en la referida resolución “se produjo una decisión que  hace  tránsito  a  cosa  juzgada  material, respecto de MAURICIO ALBERTO FRANCO  BUSTAMANTE,  por  cuanto  se  precluyó  la  investigación, que en su contra se  adelantó,   por   la  misma  conducta,  por  la  cual  aquí  se  le  juzgó  y  condenó…”.  

Argumenta que la doble imputación de la misma  conducta   surge  clara, porque en la primera oportunidad se calificó como  SECUESTRO  EXTORSIVO AGRAVADO, respecto del cual se precluyó investigación por  parte  de  un  fiscal  competente,  y  que  en  la  segunda oportunidad la misma  conducta  se  calificó  como  EXTORSIÓN AGRAVADA, pese a la prohibición de la  doble incriminación.  

Cita   como   derechos   desconocidos   los  consagrados  en  los  artículos 2, 13, 15, 20, 21, 25, 29, 48, 53, 228 y 230 de  la  Constitución  Nacional,  al  igual que las prohibiciones consagradas en los  artículos  8°  de  la  Ley  599  de  2000 y 19 de la Ley 600 del mismo año, y  solicita  a  la  Corte  anular  la  actuación  a  partir  de  la  decisión  de  preclusión,   ante   la   imposibilidad   de   subsanar  el  vicio.     

   

Cargo segundo  

Asegura   que  la  sentencia  es  nula  por  afectación  del debido proceso, conforme a lo previsto en el artículo 306.2 de  la  Ley  600  de  2000,  debido a la existencia de irregularidades sustanciales,  porque  (i)  se  modificó  la  calificación  jurídica  de  la  conducta,  con  violación  del  artículo  404  de  la  Ley  600  de  2000,  porque habiéndose  precluido   investigación   no   podía   continuar  investigándose  el  mismo  comportamiento,  (ii)  se  violó el principio de doble incriminación, (iii) se  dejó  de  aplicar  el  artículo 334 de la Ley 906 de 2004, y (iv) se dictó la  sentencia  por  funcionarios  que  carecían  de  jurisdicción  y  competencia.  

Argumenta  que el artículo 8° de la Ley 153  de  1887  establece  que  cuando  no haya ley aplicable al caso controvertido se  acudirá  a  las  leyes  que  regulen  casos o materias semejantes, precepto con  fundamento  en  el cual es dable aplicar el artículo 334 de la Ley 906 de 2004,  que  establece  que  en firme la decisión de preclusión “cesará con efectos  de  cosa  juzgada  la  persecución  penal  en  contra  del  imputado  por  esos  hechos”.    

   

Agrega que con fundamento en esta preceptiva,  y  en  lo  dispuesto  en los artículos 19 de la Ley 600 de 2000 y 8° de la Ley  599  de  2000,  resulta  obvio  concluir  que  la  conducta punible de secuestro  extorsivo  que  se  le imputó a MAURICIO ALBERTO FRANCO BUSTAMANTE fue resuelta  con  preclusión  de  investigación,  decisión  que  se  encuentra debidamente  ejecutoriada   y   que  tiene  la  misma  fuerza  vinculante  de  una  sentencia  ejecutoriada,  lo  cual  impide al Estado colombiano someter a su representado a  un nuevo proceso penal.    

   

Con  el fin de demostrar el cargo, transcribe  la   parte  resolutiva  de  la  calificación  del  sumario,  y  relaciona  como  violaciones  al  debido  proceso  el  desconocimiento de los artículos 29 de la  Constitución  Nacional,  404  de la Ley 600 de 2000, 8° de la Ley 599 de 2000,  334  de  la  Ley 906 de 2004 y 19 de la Ley 600 de 2000, entre otros, los que en  su criterio fueron irrespetados en el trámite procesal.   

   

Lo  anterior,  porque  se desconoció la cosa  juzgada  material,  lo  cual resulta evidente si se tiene en cuenta que MAURICIO  ALBERTO  FRANCO  BUSTAMANTE  fue condenado por el delito de EXTORSIÓN AGRAVADA,  habiéndole  sido  definida, en forma definitiva, su situación jurídica cuando  la   fiscalía    precluyó  investigación  por  el  delito  de  SECUESTRO  EXTORSIVO,   mediante   decisión   ejecutoriada,  que  tiene  la  misma  fuerza  vinculante de una sentencia.   

   

Cita como derechos fundamentales desconocidos  los  previstos en los artículos 404 de la Ley 600 de 2000, 8° de la Ley 599 de  2000,  334  de  la  Ley 906 de 2004, 19 de la Ley 600 de 2000, 48, 53, 58, 228 y  230  de la Constitución Política, y solicita a la Corte decretar la nulidad de  lo   actuado  a  partir  inclusive  de  la  resolución  de  preclusión  de  la  investigación,  teniendo  en  cuenta  que  se está frente a un vicio que no es  posible enmendar.   

Cargo tercero  

Afirma que la sentencia impugnada se dictó en  un  juicio  viciado  de nulidad, conforme a lo previsto en el artículo 306.3 de  la  Ley  600 de 2000, por violación del derecho de defensa, por inactividad del  defensor,  puesto  que  omitió  solicitar,  en  su  oportunidad, la nulidad del  juicio,     por     violación    del    principio    de    cosa    juzgada  material.  

Indica que en la fase del juicio, a partir de  la  ejecutoria de la resolución de acusación, las partes tienen la posibilidad  de  solicitar  nulidades,  las  cuales  deben  ser  resueltas  en  la  audiencia  preparatoria,   petición  que  debió  presentar  el  defensor  del  procesado,  teniendo  en  cuenta  que  a  nadie se le puede imputar, por más de una vez, la  misma  conducta  punible,  cualquiera  sea  la denominación jurídica que se le  haya   dado,   y   que   los   funcionarios   judiciales  habían  perdido   jurisdicción y competencia para continuar con el caso.   

Esta  grave  omisión del defensor trajo como  consecuencia  que  se  adelantara en contra del procesado un juicio por la misma  conducta  por  la  cual  ya  se  le  había  precluido  investigación,  con una  denominación  jurídica  distinta,  lo  cual  no  está  permitido,  según  se  desprende  de los artículos 19 de la Ley 600 de 2000, 8° de la Ley 599 de 2000  y  334  de  la  Ley  906  de  2004,  violando  los  derechos  consagrados en los  artículos  2°,  6°, 13, 15, 20, 21, 25, 28, 29, 48, 53, 58, 228, 229 y 230 de  la Constitución Política.  

Estas  especiales  razones  llevan a concluir  forzosamente  que  en  este  caso  se  presentó  una  violación del derecho de  defensa,  por  falta  de  defensa técnica, debido a los errores que cometió el  abogado,  al no solicitar, dentro de las oportunidades legales correspondientes,  las  nulidades  que  se  presentaron  en el trámite procesal, razón por la que  pide  a  la Corte, después de transcribir la parte resolutiva de la preclusión  de  la  investigación  y  citar  nuevamente las normas violadas, casar el fallo  impugnado  y  decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  exclusive de la  calificación del sumario.     

   

Demanda   a   nombre  de  Salvador  Cuevas  Martínez  

Es  sustancialmente  idéntica a la anterior.  Contiene  los  mismos  cargos  de nulidad contra la sentencia, con la diferencia  que  el  libelista  altera el orden de presentación de los ataques, y que en el  cargo  por  violación  del  derecho  de  defensa,  que plantea de primero, cita  jurisprudencia  constitucional  sobre  la  defensa  técnica  y  agrega  que  en  relación  con  este procesado su defensor omitió también sustentar el recurso  de  apelación  que interpuso contra la sentencia de primera instancia. Por esta  razón,  y  para no incurrir en repeticiones innecesarias, la Sala se abstendrá  de resumir su contenido.    

   

SE CONSIDERA  

La Corte inadmitirá las demandas de casación  presentadas  por  los  defensores  de    MAURICIO ALBERTO  FRANCO  BUSTAMANTE      y    SALVADOR  CUEVAS   MARTÍNEZ,      por  no  cumplir  los  requisitos  mínimos  de  orden  formal  requeridos   para su selección a trámite, ni  satisfacer  los  presupuestos  básicos de idoneidad sustancial exigidos para la  realización de los fines del recurso.  

Con  el  fin  de  concretar  el alcance de la  impugnación,  es   necesario  hacer  dos  precisiones,  (i) que los cargos  planteados  en  las  dos demandas son sustancialmente idénticos, y (ii) que los  tres  ataques  se  construyen  sobre  el  mismo supuesto: el desconocimiento del  principio de cosa juzgada.  

La  diferencia radica en el motivo de nulidad  invocado,  pues en uno de los ataques se plantea violación del artículo 306.1,  por  considerar que los juzgadores carecían de jurisdicción y competencia para  continuar  el  proceso.  En otro violación del artículo 306.2, por estimar que  su  adelantamiento  en  las  referidas condiciones se erige en una irregularidad  sustancial.  Y  por último, violación del artículo 306.3, por desconocimiento  del  derecho  de defensa, porque los defensores no solicitaron nulidad por dicho  motivo   en   la   oportunidad   que   tenían  para  hacerlo.     

Pero todos los cargos, como ya se indicó, se  construyen  sobre  el  supuesto de que el caso ya fue juzgado mediante decisión  que  hizo tránsito a cosa juzgada, y por tanto, que el juzgamiento y condena de  los  procesados      MAURICIO  ALBERTO  FRANCO  BUSTAMANTE    y          SALVADOR    CUEVAS  MARTÍNEZ  por el delito de extorsión resulta ilegal,  por  expresa prohibición de los artículos 19 de la Ley 600 de 2000 y 8° de la  Ley  599  de  2000,  que  definen  los  principios de cosa juzgada material y de  prohibición de la doble incriminación.  

Siendo este el contenido real de la censura, a  los  demandantes  les era exigible empezar por demostrar, si pretendían que sus  alegaciones   no   sucumbieran  en  el  vacío,   el  cumplimiento  de  los  presupuestos  requeridos  para  la  estructuración de la cosa juzgada, a saber,  (i)  la  existencia  una  sentencia  en firme, o de una providencia que tenga la  misma  fuerza  vinculante,  también  en  firme,  en la cual se haya resuelto el  caso,  y  (ii)  la existencia de una nueva actuación por los mismos hechos, con  el mismo objeto y contra los mismos sujetos procesales.  

Esta  tarea es solo en apariencia agotada por  los  libelistas,  pues  al  entrar  a  demostrar  el  componente  referido  a la  existencia  de  identidad entre los hechos que determinaron la preclusión y los  que  motivaron  la decisión de condena, incurren en una petición de principio,  al  darlo por acreditado con la sola transcripción de la parte resolutiva de la  decisión  preclusiva, sin acreditar, como correspondía hacerlo, que los hechos  por  los  que  se  precluyó  son  los  mismos  en  los que se sustenta ahora la  decisión de condena.  

Una lectura desprevenida de la providencia que  calificó  el  mérito  del  sumario,  permite  fácilmente  establecer  que  la  realidad  que los demandantes exhiben para sustentar sus ataques responden a una  percepción  tergiversada  de  la  realidad  procesal,  puesto  que  al hacerlo,  deliberadamente  omiten  hacer  referencia  al  contenido  y  fundamentos  de la  decisión,  de  los  que inequívocamente surge que los hechos por los cuales la  fiscalía  precluyó investigación no son los mismos que sirven de fundamento a  la condena.  

Preciso  es  recordar, para hacer claridad al  respecto,   que   los   hechos   que   dieron   origen   a   la   investigación  comprendían   dos  situaciones,  (i)  una  retención  ilegal,  y (ii) una  exigencia  económica,  también  ilegal,  como  condición  para  recuperar  la  libertad,  aspectos  que  hicieron  que  la fiscalía calificara inicialmente la  conducta  como secuestro extorsivo agravado y profiriera medida de aseguramiento  por             dicho             delito.5   

En los alegatos precalificatorios, la defensa  técnica   de        MAURICIO  ALBERTO  FRANCO  BUSTAMANTE    y      SALVADOR CUEVAS MARTÍNEZ    cuestionó  la  tipificación  de  la  conducta,  por  considerar  que los verbos rectores del delito de secuestro no concurrían, toda  vez  que  las  personas presuntamente retenidas habían departido libremente con  los  procesados  en  diferentes  sitios  públicos,  sin limitaciones de ninguna  índole,  y que a lo sumo podía estarse frente a un delito de estafa, tesis que  fue  parcialmente  acogida  por  el  ente acusador, que declaró no probados los  verbos   rectores  del  secuestro,  pero  sí  la  exigencia  económica,  y  el  constreñimiento,  razón  por  la  cual  mutó  la  calificación  a extorsión  agravada,  

“[…]  conforme  las  pruebas  legalmente  allegadas  al  plenario,  se tiene que en efecto no tuvo ocurrencia el delito de  secuestro,  o  al menos al efecto existe duda suficiente para pretender endilgar  ese responsabilidad penal a los encartados…”  

“[…]  de  todas  formas y con suficiente  claridad  se tiene demostrado que hubo una exigencia económica, inicialmente en  cantidad  de  cuatrocientos  a  quinientos  millones  de pesos, luego rebajada a  ciento  cincuenta y que finalmente se materializó en la entrega real y material  de  ochenta  millones  de  pesos  ($80’000.000),  recibidos efectivamente por SALVADOR CUEVAS MARTÍNEZ, y  cuya  parte  luego reclamaban vía telefónica WILDER CUBIDES ÁLVAREZ y RICHARD  MUÑOZ  MÉNDEZ,  con lo que así mismo se desvirtúa su ajenidad con los hechos  investigados,  así  mismo  la  de  JUAN  FERNANDO  CARVAJAL SÁNCHEZ, con quien  aceptan departían la noche de los insucesos”.   

“Establecida  entonces la materialidad de  la  exigencia económica con connotación de extorsiva, además que se tiene que  vislumbra  con  claridad  la  existencia  del  constreñimiento como ingrediente  necesario  al  momento  de  edificar  juicio  de reproche por la responsabilidad  penal  por conducta contra el patrimonio económico, pues este se hizo consistir  en  el  requerimiento  ilegal  con  el  argumento  de  la existencia de orden de  captura  en  contra  de  LUIS CARLOS ÁLVAREZ MORALES, el acompañamiento de que  fue   objeto   durante  toda  la  noche  y  con  la  exigencia  de  que  llamara  constantemente  por  vía  celular  en  búsqueda de más dinero”.     6  

Como puede verse, los hechos por los cuales la  fiscalía  precluyó  investigación  no  son  los  asociados  con  la exigencia  extorsiva,  que  sirven  de fundamento al fallo de condena que ahora se impugna,  sino  los  vinculados  con  la  retención ilegal de las personas, que permitía  tipificar  el  delito  de  secuestro,  situación que es corroborada en la parte  resolutiva  de la resolución calificatoria, en la que se precluye por el delito  de secuestro extorsivo y se acusa por  extorsión agravada.  

Esta  reseña  deja sin sustento fáctico los  distintos  cargos  que  los  demandantes plantean por nulidad, pues todos ellos,  como  ya se dejó consignado, se sustentan en la afirmación de la existencia de  cosa  juzgada  material,  con el argumento simple y llano que los hechos por los  que  ahora  se  condena  son  los  mismos  por  los  que  la fiscalía precluyó  investigación,  premisa  que  además  de  indemostrada,   resulta  no ser  cierta.   

En  el desarrollo del cargo por violación al  debido   proceso    los   casacionistas  sostienen  adicionalmente  que  la  variación  jurídica  de  la  conducta  realizada  por  la  fiscalía viola los  principios  de  legalidad,  debido proceso y derecho de defensa, porque rompe la  congruencia  que  debe existir entre la conducta investigada y la resolución de  acusación,  sin  exponer  los  fundamentos  de  su  afirmación, ni ventilar el  ataque  frente  a los principios que deben orientar la declaración de nulidades  en         el         proceso         penal.7  

No obstante estas falencias demostrativas, la  Corte  estima  necesario precisar que la congruencia, como componente del debido  proceso,  se  predica  de  la resolución de acusación y la sentencia, no de la  medida  de  aseguramiento  y  la  acusación,  como  parecieran  entenderlo  los  recurrentes,  y   que  la  pretensión  de que se retrotraiga la actuación  para   hacer   coincidir   esas   últimas,   resulta  no  solo  infundada  sino  contradictoria,  por  cuanto  implicaría  tener  que  acusar  por  el delito de  secuestro.  

    

Dígase también que la imputación jurídica  de  la  conducta en la fase de la investigación tiene carácter provisional, en  virtud  del  principio de progresividad que rige la búsqueda de la verdad en el  proceso  penal,  como ya lo ha expuesto la Corte en otras oportunidades, lo cual  significa  que  no  es  vinculante,  o  que no tiene carácter definitivo, y por  ende,  que  puede  ser  objeto  de  modificación antes de la calificación o al  interior de ésta.   

La     defensa     de          SALVADOR    CUEVAS   MARTÍNEZ        sostiene  también  que en el caso de su representado se quebrantó el derecho de defensa,  por  inactividad  del  defensor,  porque  quien  lo  asistía  no  solo dejó de  plantear  en  la  audiencia preparatoria la nulidad por violación del principio  de  cosa  juzgada, sino que omitió sustentar la apelación que interpuso contra  la  sentencia de primera instancia, sin explicar por qué razón una omisión de  esta  índole se erige de suyo en abandono del encargo, o en descuido manifiesto  de  la  gestión,  con  implicaciones  materiales en el ejercicio del derecho de  defensa.   

La Corte ha dicho que la inactividad  del  defensor  en  un  determinado  estadio  de  la actuación, o en un acto procesal  específico,  no  constituye,  de  suyo,  abandono  de  la  gestión,  porque la  decisión  de  no intervenir puede obedecer a una estrategia defensiva, frente a  la  cual  el abogado goza de total libertad, y que sólo cuando la situación de  inercia  se  traduce  en  un  estado de desamparo material evidente, que reduzca  sustancialmente  las  posibilidades defensivas, con perjuicio para el procesado,  es dable alegar la violación del derecho.   

Visto,  entonces, que las demandas analizadas  no  satisfacen  los  requerimientos  mínimos  de  orden  formal  ni  sustancial  exigidas  para  su  selección  a  trámite,  se  las inadmitirá y se ordenará  devolver  el  proceso  a  la oficina de origen, no advirtiendo violaciones a las  garantías  fundamentales  que  la Corte esté en el deber de proteger de manera  oficiosa.  

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

   

   

RESUELVE  

Inadmitir   las   demandas   de   casación  presentadas    por    los    defensores    de    los    acusados        MAURICIO   ALBERTO   FRANCO  BUSTAMANTE      y    SALVADOR       CUEVAS       MARTÍNEZ.    

   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

   

   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

   

             

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ

           

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO                                            FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO

           

 

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                            GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ          

 

LUIS GUILLERMO                   SALAZAR OTERO                                            JAVIER ZAPATA ORTIZ          

       Nubia Yolanda Nova García                  

Secretaria    

                                    

ACLARACIÓN DE VOTO  

    

             

Aun  cuando  estuve  de  acuerdo  con  la providencia adoptada en el  presente  caso,  opté  por  aclarar  voto para precisar que la decisión de los  juzgadores  de  instancia de otorgar a los procesados la rebaja de pena prevista  en  el  artículo  269 del Código Penal estuvo correcta sólo porque los hechos  ocurrieron  en febrero de 2005, es decir, antes de entrar a regir la Ley 1121 de  2006,  en  cuyo artículo 26 se estableció de manera expresa la prohibición de  conceder  dicha diminuente cuando, entre otros eventos y como acontece aquí, se  procede por el delito de extorsión.   

          En  otras  palabras,  el  principio  de  favorabilidad  impedía  la  aplicación  de  la  referida prohibición, lo que, entonces, no ocurre en todos  aquellos  procesos  cuyos  hechos  tengan  ocurrencia  con  posterioridad  a  su  vigencia,  conforme  lo vengo en forma insistente sosteniendo con planteamientos  que,   en   esos   términos,  considero  necesario  repetir,  así:     

          Al  respecto,  bien  está  evocar  el  claro  texto  de  la  citada  disposición, según el cual:   

“ARTÍCULO  26.  EXCLUSIÓN   DE   BENEFICIOS  Y  SUBROGADOS.  Cuando  se  trate  de  delitos  de  terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,    extorsión y conexos, no procederán las  rebajas  de  pena  por  sentencia  anticipada  y  confesión,  ni se concederán  subrogados  penales  o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de la  libertad  de  condena  de  ejecución  condicional  o suspensión condicional de  ejecución   de   la  pena,  o  libertad  condicional.  Tampoco  a  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión,      ni  habrá   lugar   ningún   otro   beneficio   o   subrogado  legal,  judicial  o  administrativo,    salvo    los    beneficios    por   colaboración  consagrados  en  el  Código  de Procedimiento Penal, siempre que  esta     sea    eficaz”    (subraya    fuera    de  texto).   

          Del  citado  precepto  se  establece  que  tratándose del delito de  extorsión  no  es procedente descuento punitivo alguno, tanto menos el derivado  de  la  reparación  a la víctima por parte de autores o partícipes, según ya  lo  tenía suficientemente decantado esta Colegiatura, como así se consignó en  sentencia   de   casación   del   29   de   julio  de  2008  (Rad.  29788),  al  señalar:   

“La Corte puede  afirmar  sin  dubitación  alguna  que  el querer del legislador al promulgar la  norma  cuestionada  fue      negar en adelante, cualquier  posibilidad  de  descuento o subrogado penal a los condenados por los delitos de    terrorismo,  financiación  de  terrorismo, secuestro  extorsivo,  extorsión  y  conexos, sin distinguir el  sistema  procesal  en  el cual regiría” (subraya fuera de texto).   

Es  importante  recordar  que si bien en el  Proyecto   de   Ley  No  208  que  cursó  en  el  Senado  (138  en  Cámara)  ,  “por  el cual se dictan normas para la prevención,  detección,  investigación  y  sanción  de  la  financiación del terrorismo y  otras  disposiciones”, no aparecía en un principio  el  citado  precepto prohibitivo de beneficios, en las modificaciones efectuadas  por  los  ponentes  Germán  Vargas  Lleras,  Ciro Ramírez Pinzón, Mario Uribe  Escobar  y  Héctor  Helí  Rojas  se  introdujo  tal norma, cuya inclusión fue  aprobada  por  la  Comisión  Primera  del  Senado  de la República8,  la  cual  únicamente  fue  modificada  ulteriormente  al  marginar el delito de secuestro  simple e incluir el punible de financiación del terrorismo.   

Los  motivos  expuestos  para establecer la  prohibición de beneficios fueron:   

“Se  propone  introducir  un artículo nuevo, retomando el artículo 11 de la Ley 733 de 2002,  a  través  del cual se excluyó la posibilidad de conceder subrogados penales o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena cuando se trate de delitos de terrorismo,  financiación  del  terrorismo,  secuestro,  secuestro  extorsivo,    extorsión y conexos.   

Ello  por  cuanto  en  reciente  sentencia  proferida  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia  el  14 de marzo de 2006, dicha  Corporación  consideró  que las prohibiciones contenidas en el artículo 11 de  la  mencionada Ley 733 no son aplicables a los delitos de extorsión, secuestro,  terrorismo  y conexos cometidos a partir del 1 de enero de 2005 en los distritos  en que rige a plenitud la Ley 906 de 2004.   

Bajo   esta   perspectiva,      estaríamos  avocados  a  que  los  terroristas,  secuestradores  y  extorsionistas,  no  estén  recluidos  en  la  cárcel,  al  considerar  que el  artículo   11   quedó   derogado  al  entrar  en  vigencia  el  nuevo  sistema  procesal” (subrayas fuera de texto).   

          Conforme  a  lo  anterior,  es  palmario  que  si  por  razones  de  política  criminal,  más  específicamente  de política penal, la pretensión  del  legislador  fue  la  de excluir a los condenados por delitos de terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,  extorsión  y conexos, de  cualquier  rebaja de pena o subrogado penal, no resulta procedente aducir que en  aras  de preservar la justicia restaurativa o los derechos de las víctimas, sea  viable  interpretar  el artículo 26 de la Ley 1121 de 2006 en el sentido de que  allí  no  se  prohíbe  la  rebaja  de  pena  por reparación para el delito de  extorsión  y  que por ello es viable dar aplicación al artículo 269 de la Ley  599 de 2000 para los condenados por tal punible.   

          Si  de  acuerdo con una regla interpretativa de vieja data donde el  legislador  no  distingue es improcedente que el intérprete lo haga, no resulta  plausible  reconocer rebaja de pena para quien repare a la víctima de un delito  de  extorsión,  pues  esa  no  es  la  voluntad del legislador, ni es lo que se  deduce del texto legal analizado.   

          No  en  vano el artículo 27 del Código Civil colombiano establece  que  “Cuando  el sentido de la ley sea claro, no se  desatenderá  su  tenor literal a pretexto de consultar su espíritu”,    y    a    renglón   seguido   puntualiza:   “Pero  bien  se  puede, para interpretar una expresión oscura de la  ley,  recurrir  a  su  intención  o  espíritu, claramente manifestados en ella  misma   o   en   la   historia   fidedigna   de  su  establecimiento”.   

          De  acuerdo  con  la  disposición trascrita puede colegirse, de una  parte,  que  el  artículo 26 de la Ley 1126 de 2006 es lo suficientemente claro  en  cuanto  se  refiere  a negar toda rebaja de pena o subrogado penal a quienes  fueren  condenados, entre otros, por el delito de extorsión. Y, de otra, que al  consultar  la  exposición  de  motivos para que el legislador introdujera dicho  precepto,  logra establecerse que su finalidad no fue otra a la de responder con  dureza  punitiva a la comisión de tales punibles, sin permitir, se reitera, las  rebajas de penas o el otorgamiento de subrogados.   

          Esto  último  como  respuesta  necesaria  y   proporcional del  legislador  al  clamor  de  una sociedad inerme que ve cómo se han incrementado  desorbitadamente   estas  modalidades  delictivas,  a  cargo,  generalmente,  de  estructuradas  organizaciones  que  han  encontrado  en la extorsión una fuente  inagotable  de  ingresos, sacando provecho del temor y el estado de indefensión  del  ciudadano  ante  el  abandono  de  un  Estado que, en la realidad, no logra  garantizar su seguridad.   

          Es  por  eso  que  a  través  de  la  jurisprudencia  no  se  puede  desconocer  el  propósito exteriorizado del constituyente derivado de erradicar  o,  por  lo  menos,  atemperar  esa  realidad  criminal, mediante el instrumento  legítimo  que  hace  parte  de  su  libertad  de  configuración legislativa en  materia  penal,  de  negar  todo beneficio o subrogado a quienes sean condenados  por  tales  delincuencias,  incluyéndose  allí,  desde luego, la reducción de  pena  por  reparación  consagrada  en  el  mencionado artículo 269 del Código  Penal  para  los  delitos  contra  el  patrimonio  económico,  como  se  venía  sosteniendo  por  la  Sala  hasta  antes  de  esta  variación  de  la  cual  me  aparto.   

          Es  que  el  bien  intencionado  objetivo  perseguido  con el cambio  jurisprudencial  de  velar,  a tono con la tendencia actual de la Corte, por los  derechos  de  las  víctimas  mediante  la  materialización  a  su  favor de la  denominada    justicia    restaurativa    en    el   sentido   de   “propiciar  y  estimular  la  reparación  de  los perjuicios por  medio  de  consecuencias favorables para el agresor”,  realmente logra el efecto contrario, por las siguientes razones:   

          En   primer  lugar,  porque  ubica  a  las  víctimas  en  un  plano  regresivo,  como si su interés dentro del proceso penal fuera exclusivamente el  de  obtener un resarcimiento económico, dejando de lado la evolución que sobre  al  particular  han  labrado Corte Constitucional y esta Sala en cuanto a que su  rol  se ha redimensionado para dar paso a la búsqueda de los derechos de verdad  y justicia.   

         

En  segundo  término, por considerar que el  principio  de  conmutatividad,  cuyo  propósito  es  el  de  buscar un punto de  equilibrio  entre  el  dolor  ocasionado  a  los  ofendidos y al que por haberlo  infligido  debe  soportar  el  agresor,  se  satisface con el excesivo descuento  punitivo  contenido  en  la norma    “de la mitad a las  tres  cuartas  partes”, el cual no sólo torna inanes  los  esfuerzos  del  legislador  ya referidos, tendientes a combatir y erradicar  ciertas  modalidades delictivas, sino que deja prácticamente en la impunidad la  comisión,  como  ocurría  antes  de  la veda implementada con la Ley 1121, del  delito  de extorsión, desconociendo que se trata de un comportamiento de enorme  gravedad  y  actualidad  que principalmente afecta la autonomía personal y trae  consigo  un  inmenso grado de zozobra a quien lo padece, en tanto la mayoría de  las  veces  la amenaza o factor intimidante utilizado va dirigido a causar daño  a la vida o integridad propia o a la del grupo familiar.   

          En  tercer  lugar,  la  tesis  prohijada  por la Sala mayoritaria se  muestra  distante  de la realidad social, en donde la víctima indefensa, que ya  ha  sido  coaccionada  una vez,  por cuenta, en su generalidad y como ya se  dijo,  de  organizaciones  delictivas con gran capacidad de daño, debe soportar  una  segunda  coerción  para  aceptar  la  cantidad  ofrecida como reparación,  haciéndose  así  acreedores  al  significativo  descuento  punitivo   que  otorga    la    norma,    siendo,    por    tanto,    objeto    de   una   nueva  victimización.   

Tal   postura,  por  último,  que  en  la  práctica,  según  lo expuesto, patrocina la impunidad del delito de extorsión  en  contravía con el fin perseguido por el legislador, correlativamente lacera,  a  diferencia  de  lo que se expone en la decisión mayoritaria, la credibilidad  del  ciudadano  en  la  Administración  de  Justicia, quien espera una sanción  efectiva de este tipo de conductas.     

En  los anteriores términos dejo sentada mi  aclaración de voto.   

Con toda atención,  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada  

Fecha          ut  supra.    

             

   

      

1  La  circunstancia  prevista  en  el  numeral  1°  se  predicó  de  WILDER  CUBIDES  ÁLVAREZ,  la  establecida  en el numeral 2° de HUGO HERNÁN ANDRADE y MAURICIO  ALBERTO  FRANCO  BUSTAMANTE y la contemplada en el numeral 8° respecto de todos  los procesados.  

         

2  Folios 48 del cuaderno original 4.  

         

3  Folios 1-78 del cuaderno original 8.  

         

4  Folios 46-62 del cuaderno del Tribunal.  

         

5  Folios 169-184 del cuaderno original 1.  

         

6  Página 16 de la acusación.  

         

7  Artículo 310 Ley 600 de 2000.  

         

Cfr. Gaceta del Congreso No. 132  del 19 de mayo de 2006. págs. 9-10.     

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