38257(14-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38257  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 093.  

Bogotá, D. C., catorce (14) de marzo de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  CARLOS   MARIO   BETANCOURT   contra   la  sentencia  del  16  de  septiembre de 2011 mediante la cual el Tribunal Superior  Militar  confirmó  la  sentencia  proferida  el  3  de noviembre de 2010 por el  Juzgado  de  Primera  Instancia adscrito a la Policía Metropolitana de Bogotá,  que  condenó  al  procesado a  las  penas principales de 32 meses de prisión y 34,66 salarios mínimos legales  mensuales  de  multa,  así  como a las accesorias de separación absoluta de la  institución  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo  tiempo  de  la  privativa  de  la libertad, como autor responsable del delito de  lesiones personales.   

HECHOS  

          Los   resumió  el  Tribunal  de  la  siguiente  manera:           

“Ocurrieron el 26  de  abril  de  2002  a  la  altura de la Avenida Circunvalar frente al sector de  Bemposta,  Barrio  Turbay  Ayala  de  esta  ciudad,  cuando  el SI. CARLOS MARIO  BETANCOURT  con  el  indicativo  Laches  tres  adscrito  a  la Estación tercera  Santafé,  accionó su arma de dotación oficial  en tres oportunidades, la  última  de  las  cuales  hizo  blanco  en  el  fémur de la pierna izquierda de  GONZALO  ANDRÉS DÍAZ FISGATIVA a quien el Instituto Nacional de Medicina Legal  y  Ciencias  Forenses le dictaminó incapacidad definitiva de noventa (90) días  y   como   secuelas   deformidad   física   que  afecta  el  cuerpo  de  manera  permanente”.   

   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Con  fundamento en la denuncia formulada  por  la señora Carmen Rosa Díaz Fisgativa,  e1  Juez  147  de  Instrucción Penal Militar con sede en Bogotá  adelantó  inicialmente  diligencias  previas  y  luego, con decisión del 19 de  marzo  de  2003,  dispuso  la apertura de instrucción penal, en cuyo desarrollo  escuchó  en indagatoria al implicado, resolviéndole la situación jurídica el  9  de abril de 2003, providencia en la cual le impuso medida de aseguramiento de  detención   preventiva,   con  excarcelación,  por  los  delitos  de  lesiones  personales y prevaricato por omisión.   

2. Agotada la fase investigativa, el juez de  instrucción  remitió  el  proceso  al  despacho  de la Fiscalía Penal Militar  adscrita  al Departamento de Policía Bacatá, cuyo titular declaró su clausura  y  luego  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de acusación.   

3. Iniciada la etapa del juicio, el Juez 141  de  Primera  Instancia del Departamento de Policía Metropolitana de Bogotá, en  decisión  del 23 de octubre de 2007, declaró la nulidad de lo actuado a partir  de  la  decisión  mediante  la  cual  se declaró el cierre de la instrucción.   

4.  Devuelta la actuación, la Fiscalía 142  Penal  Militar  dispuso  una vez más el cierre de la investigación, y mediante  providencia  del  6 de mayo de 2008 calificó nuevamente el mérito del sumario,  profiriendo  resolución  de  acusación  contra CARLOS  MARIO  BETANCOURT por el delito de lesiones personales.  En   la  misma  decisión  le  precluyó  la  instrucción  por  el  punible  de  prevaricato por omisión.   

5.   Las   decisiones   contenidas  en  la  providencia  calificatoria  obtuvieron  confirmación del Tribunal Penal Militar  por  vía del grado jurisdiccional de consulta, según decisión del 17 de junio  de 2009.   

6. Correspondió tramitar la fase del juicio  al  Juez  de  Primera  Instancia  con sede en Bogotá, quien una vez celebró la  audiencia  de Corte Marcial, profirió el fallo posteriormente confirmado por el  Tribunal  Penal  Militar,  mismo  contra  el  cual  el  defensor  del  procesado  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación, cuyo libelo examina la Sala  desde el punto de vista de su adecuada y lógica fundamentación.   

LA  DEMANDA   

          El   recurrente  instaura  la  demanda  por  vía  de  la  casación  excepcional,  atendida la violación de las garantías fundamentales que, según  dice,  se  presentó en este caso, derivada tal vulneración del desconocimiento  de los derechos de defensa y debido proceso.   

          Al  respecto,  sostiene  que el acusado fue condenado con base en un  arsenal  probatorio  que  no  tiene  asidero  legal,  amén  de atribuírsele el  punible  a  título  de dolo sin existir la más mínima prueba de la intención  de  causar  daño.  Además, añade, se le vulneró el derecho de defensa cuando  se   asignó  un  valor  equivocado  a  los  testimonios,  lo  cual  constituye,  igualmente, transgresión al principio de legalidad.   

          En  ese  orden,  pasa a formular tres cargos contra la sentencia del  Tribunal, todos por violación indirecta de la ley sustancial.   

          En    el    primer   cargo   denuncia  la presencia de un error de hecho derivado de falso juicio  de  existencia, en cuanto el juzgador supuso medios probatorios para estructurar  la prueba indiciaria.   

          Para  sustentarlo  empieza  conceptualizando  acerca  de  la  prueba  indiciaria  citando  la  normatividad  que la regula, así como jurisprudencia y  doctrina  relacionada con el tema, tras lo cual se refiere a los fundamentos del  fallo,  señalando  que  la  conclusión  según  la  cual el procesado disparó  deliberadamente  y  sin  motivo  alguno en contra de la víctima  carece de  asidero  probatorio,  pues en la actuación no se acreditó de manera directa ni  indirecta tal hecho.   

          En  ese  sentido,  destaca  cómo  si  bien  el  lesionado señala a  CARLOS  MARIO  BETANCOURT  de  haberle  disparado  cuando  se  encontraba  agachado  haciendo  sus  necesidades  orgánicas,  la inspección judicial practicada en el curso del proceso acredita  que  entre  el  policial  y  el ofendido había una distancia de 8 metros con un  grado  de inclinación del 24.1% en una zona boscosa, luego resulta inviable que  aquél  lo  viera  y  menos  que  éste  advirtiera la presencia del uniformado,  máxime cuando el proyectil ingresó por la parte de atrás.   

          Resaltó  además  el cambio de versión experimentado en la señora  Carmen    Rosa    Díaz,  declaración  con  la  cual  se  sustentó también la condena, en cuanto narró  inicialmente  que  el  causante de las lesiones fue un vehículo particular, con  todo  lo  cual hace énfasis en que en su posterior testimonio dejó por sentado  no haberse percatado del momento de la agresión.   

          Luego  de  señalar  que  la  testigo  Dora  Cecilia   Torres   Díaz,   así   como  el   oficial   Alarcón  Sánchez  tampoco  presenciaron  los  hechos, cuestiona al juzgador por tomar de esas declaraciones  la  parte más gravosa para el procesado, sin existir prueba alguna demostrativa  de  la  realización  por  parte  de  éste  de  acto  alguno tendiente a causar  daño.   

          Sobre  la  incidencia  del  error,  insiste  en  que la sentencia se  fundamenta en un hecho indicador que no pudo ser probado.    

          En    el   segundo   cargo   acusa  al Tribunal de incurrir en error de hecho derivado nuevamente  de  falso  juicio  de  existencia,  pero  esta  vez  por omitir medios de prueba  recaudados en el plenario.   

          El  actor  refiere  que  tal  yerro recayó sobre la declaración de  Edward    Yesid    Rodríguez    Cortés,  en  la  cual  el  aludido manifestó que el día de los hechos la  señora     Carmen    Rosa    Díaz    acudió  a  la  Estación  Tercera  de Policía a formular denuncia,  indicando  que  las  lesiones  causadas  a  su  hijo  provinieron  de un disparo  realizado   desde   un   carro  azul  que  se  movilizaba  por  la  circunvalar.   

          En  su  criterio,  del  testimonio  omitido se desprende la versión  contradictoria  de  la  mencionada  señora, en cuanto después aseveró que las  lesiones  se  las  causó  el  aquí  procesado, lo cual pone de presente que su  testimonio es falaz.   

          Considera  que  de  haberse  realizado  un  estudio  juicioso  y  en  conjunto  de  todas  las  pruebas  recaudadas, se determinaría la existencia de  circunstancias  concomitantes  y  posteriores que, de conformidad con las reglas  de  la sana crítica, conducirían a descartar al procesado como el autor de las  lesiones   sufridas   por  la  víctima  o  aplicar  el  principio  in dubio pro reo.   

          Según  expresa también, la no apreciación de las pruebas conlleva  a  la  vulneración  del principio de investigación integral.             

          En    el    tercer   cargo   predica  la  existencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad.  Lo sustenta señalando que el fallador recortó el contenido literal  del   testimonio   del   Subintendente  Jair  Humberto  Montenegro  Osorio, en cuanto no tuvo en consideración  el  aparte  donde  el declarante manifestó que al llegar al lugar de los hechos  encontró  un  joven herido con arma de fuego, mismo momento en el cual también  hizo  su aparición la mamá de éste, aseverando que unos sujetos pasaron en un  vehículo y desde el mismo le dispararon al ofendido.   

          En  su  concepto,  de  haberse  tenido en cuenta dicho testimonio en  forma  completa,  el sentido de la decisión habría sido distinto, en cuanto se  demostraría   que   el   procesado   no   participó  en  la  comisión  de  la  conducta.   

          Estima  vulnerada  la  norma procesal acorde con la cual las pruebas  deberán  ser  apreciadas  en  conjunto  y  de acuerdo con las reglas de la sana  crítica,  cuando  se  toma  en  cuanta  únicamente  la  parte que incrimina al  acusado,  lo  cual  condujo  una  vez  más  al desconocimiento del principio de  investigación  integral,  pues  si  se  hubiere  procedido  en  forma distinta,  considerando  además  las reglas de la sana crítica, no se daría bajo ningún  punto  de  vista  la certeza requerida para proferir sentencia condenatoria y se  hubiera   aplicado   el   principio   in   dubio  pro  reo.   

          En  esas condiciones, solicitó casar la  sentencia impugnada y proferir, en su lugar, fallo absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

Correctamente,  el  demandante  acudió a la  casación  discrecional,  pues  la  sentencia  de segunda instancia se profirió  dentro  de  un  proceso  que  se  adelanta  por el delito de lesiones personales  previsto  en  el  inciso  segundo del artículo 113 del Código Penal, cuya pena  máxima  allí  establecida  no  excede de ocho (8) años de prisión, límite a  partir  del  cual procede la casación ordinaria o común, conforme lo prevé el  inciso primero del artículo 205 de la Ley 600 de 2000.   

Acorde  con  el  inciso  tercero  del  mismo  artículo  205  en  cita  y con las pacíficas decisiones producidas al respecto  por  la  Sala,  cuando  se  acude  a  la casación excepcional o discrecional el  recurrente  ostenta  la  carga  de fundamentar la necesidad del fallo impetrado,  expresando  si  la finalidad de la impugnación es desarrollar la jurisprudencia  o preservar la intangibilidad de los derechos fundamentales.   

          Al  respecto,  esta  Corporación  tiene  dicho  que si se trata del  primero   de   esos   aspectos,   al   demandante  le  corresponde  exponer  con  claridad  y  precisión los  motivos   por   los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas  conceptuales o actualizar la doctrina,  bien  para  abordar  un tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera la decisión solicitada tiene la dual utilidad de brindar solución  al  asunto  y  servir  de  guía  a  la  actividad judicial. Por su parte, si la  pretensión  del  casacionista  se  orienta  a asegurar la garantía de derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación  de demostrar la violación e indicar las  normas  constitucionales  o  legales que protegen el derecho invocado, así como  su   desconocimiento   en   el   fallo   recurrido1.   

En el caso objeto de estudio, el actor invoca  la   casación   excepcional   para   buscar   la   protección   de  garantías  fundamentales,  y al efecto predica la vulneración de los derechos de defensa y  debido  proceso,  porque el acusado fue condenado  sin existir prueba de la  intención  de causar daño, con un arsenal probatorio que no tiene “asidero  legal” y, en fin, mediante la  asignación de un valor equivocado a los testimonios.   

Como  se  observa,  lejos  de  sustentar  la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  que  aduce,  el  impugnante en  realidad   cuestiona  al  fallador  por  incurrir  en  errores  de  apreciación  probatoria,  en  cuanto  le  atribuye emitir la condena sin existir prueba de la  responsabilidad  del  procesado,  olvidando  que ese tipo de ataques, por versar  sobre  vicios  in iudicando o  errores  de juicio, no se relacionan con la protección de axiomas superiores, a  menos  que,  como  ha  tenido  oportunidad de precisarlo la Corte, se refieran a  defectos  graves  de  motivación, porque en esos casos se vulnera el derecho de  contradicción,    situación    que    en    momento    alguno    plantea    el  casacionista.   

De  todas  maneras, encuentra la Sala que el  actor  no  cumple  las  demás exigencias legales indispensables para admitir la  demanda,  conforme  lo establece el inciso final del artículo 205 de la Ley 600  de  2000,  entre  las cuales está la de enunciar la causal y formular el cargo,  con  expresión  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos  y de las normas que se  estiman  infringidas,  según  lo  determina  el  numeral  3º del artículo 212  ibídem,  para  cuya  satisfacción  se  requiere, además, seguir las pautas de  sustentación  que la Corte ha fijado cuando se trata de elaborar una demanda de  casación.   

          En  efecto, en el primer cargo denuncia  la presencia de un error de hecho derivado de falso juicio  de  existencia, en cuanto el juzgador supuso medios probatorios para estructurar  la prueba indiciaria.   

         Como  lo tiene precisado la jurisprudencia de esta Sala, el aludido  error  de  hecho  se  configura  cuando el sentenciador, al apreciar el conjunto  probatorio,  omite  valorar  algún medio de convicción obrante en el proceso o  supone otro inexistente.   

          Para  su  demostración  al  libelista  le  corresponde  señalar  si  el yerro se presentó por  haberse    omitido    la    apreciación    de    una    prueba    (existencia  por  omisión)  o  porque el  sentenciador   inventó   una   que   no   obra   en  el  proceso  (existencia  por  invención), precisando  cuál  es  el  contenido de la prueba omitida o cuál el mérito asignado por el  juzgador  al  medio  supuesto  y, en ambos casos, indicando la trascendencia del  error.   

          En  el  presente  caso,  el  censor  no  cumplió  con  dicha  carga  argumentativa,   pues  si  bien  aludió  al  falso  juicio  de  existencia  por  invención,  en ningún momento identificó la prueba o pruebas supuestas por el  fallador.  Simplemente,  se  limitó  a  decir que en el proceso no se acreditó  directa  ni  indirectamente  que  el  acusado  hubiese disparado deliberadamente  contra  la  víctima,  y  luego  se  dedicó  a  cuestionar  el mérito suasorio  asignado   por   el  fallador  a  los  medios  de  convicción  allegados  a  la  actuación.   

          Es  así como considera que la inspección judicial practicada en el  lugar  de  los  hechos desvirtúa la versión del lesionado. Igualmente, censura  la   credibilidad   de   la  declaración  rendida  por  la  señora   Carmen   Rosa  Díaz  por  incurrir  en  contradicción  y  no  presenciar  los  hechos.  Y,  finalmente,  le resta total  mérito  persuasivo a los testimonios de Cecilia Torres  Díaz  y  del  oficial  Alarcón  Sánchez  también por ser de oídas.   

          Olvida  el  demandante  que ese tipo de discrepancias probatorias no  son  admisibles  en  sede  de  casación, dada la doble presunción de acierto y  legalidad  de  la sentencia de segundo grado, a cuyo amparo la labor apreciativa  del  fallador  prevalece  sobre  la  del recurrente, a menos que se demuestre la  incursión en grave error, lo cual no ocurrió en este caso.    

          En    el   segundo   cargo   acusa  al Tribunal de incurrir en error de hecho derivado nuevamente  de  falso  juicio  de  existencia,  pero  esta  vez  por omitir medios de prueba  recaudados en el plenario.   

          Aun  cuando  el censor predica el yerro respecto de varios elementos  de  prueba,  al  desarrollar  el  reproche solamente se refiere al testimonio de  Edward    Yesid    Rodríguez    Cortés,  con lo cual de suyo revela falta de coherencia en la postulación  del ataque.   

          Sea   como   fuere,  encuentra  la  Sala  que  el  error  carece  de  fundamento,  pues  aun cuando el Tribunal no hizo mención expresa a la referida  declaración,  sí  abordó  el examen del aspecto cuya no apreciación aduce el  demandante,  es  decir, el cambio de versión experimentado en la versión de la  señora  Carmen  Rosa  Díaz,  otorgando  credibilidad  al  señalamiento efectuado por ésta, en el sentido de  que  el  aquí  procesado  fue  el  autor  de  la  lesión causada a su hijo, no  obstante  la  referida  variación  de su testimonio2.   

          Como  lo tiene dicho la jurisprudencia de la Corte, no se incurre en  falso  juicio  de  existencia  cuando a pesar de no mencionarse expresamente una  determina  prueba,  el sentenciador asume el análisis de su contenido, dándole  el   mérito   suasorio   que   estima   pertinente3.   

          En    el    tercer   cargo   predica  la  existencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad.   

          El  aludido  dislate  se presenta cuando el fallador, al apreciar la  prueba,  distorsiona  su  contenido  fáctico  para hacerle decir lo que ella no  expresa, en cuanto la cercena, adiciona o translitera.   

La  adecuada sustentación de esa especie de  error  de hecho le exige al censor identificar el medio sobre el cual recayó el  dislate,  realizar  un  cotejo  entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el  fallador,  precisando  los  apartes  donde  se  presenta  la distorsión y luego  acreditar la trascendencia del yerro.   

          Es  criterio  consolidado  de  la  Sala, igualmente, aquel según el  cual  la  adecuada  sustentación  de  todo yerro en sede casacional requiere la  sujeción  del impugnante a los fundamentos del fallo, pues lo contrario implica  desconocer  el  principio  de  lealtad,  lo  cual  hace, a su vez, que el ataque  pierda seriedad.   

          Tal  presupuesto  no  es  satisfecho por el actor en este caso, pues  sostiene  que  el  sentenciador  no  tuvo  en  consideración el aparte donde el  Subintendente      Jair     Humberto     Montenegro  Osorio  declaró  que al llegar al lugar de los hechos  hizo  también  su  aparición  la  mamá  del  afectado, aseverando que quienes  dispararon  en  contra de su hijo se desplazaban en un vehículo automotor. Pero  situación  muy  diversa  revela  el  fallo de segundo grado, en cuanto allí se  señaló lo siguiente:   

          “De  otro  lado,  hallándose  los  policiales  y  el lesionado en  (el)    teatro   de   los  acontecimientos,   hasta   allí   llegaron  los  familiares  de  este  último,  señalando  como  autores  de  las  lesiones  a  los  integrantes de la patrulla  policial,  frente  a tal sindicación, los dos policiales tampoco son coherentes  respecto  a  esta  circunstancia,  es  así  como  el  SI MONTENEGRO OSORIO JAIR  HUMBERTO  niega  que  en  aquél  lugar  los  hubieren  responsabilizado  de las  lesiones,    al   respecto   dijo:   ‘la  señora  madre llegó al lugar de los hechos al parecer como que  vive  cerca  de  una  finquita, llegó al lugar y el muchacho le dijo a ella que  había   sido   un   carro   que   le  había  disparado,  ningún  (sic)  momento  dijo  que  un propio de la  Policía…  en  ningún momento la señora mencionó  que    nosotros    le    hubiéramos   disparado   o   algún   propio   de   la  policía’. Pero contrario  a  esta  negación,  el  propio  procesado  señaló  que  sí  fueron objeto de  acusaciones   en   el  lugar  de  los  hechos…”4          (subraya      la     Sala).     

          Como  se  observa,  no  resulta  exacta la afirmación acorde con la  cual  el  fallador  no  consideró  el  aparte  del  testimonio  de Montenegro   Osorio   donde   refiere  la  manifestación  inicial  de  la  testigo  Carmen  Rosa  Díaz.  Distinta situación es que no le haya asignado  el  valor  persuasivo  pretendido en la demanda, pero ese tipo de discrepancias,  como  ya  se  dijo,  no  es  susceptible  de debatir en sede de casación.    

          Como,  de  acuerdo  con  lo  visto,  el  libelista  no satisface las  exigencias  de  fundamentación  exigidas para la casación excepcional, la Sala  inadmitirá la demanda objeto de examen.   

          Casación oficiosa:   

          Advierte  la Corte que el a quo,  en  decisión no corregida por el Tribunal, vulneró el principio  de  legalidad  al dosificar las penas privativa de la libertad y multa impuestas  al   procesado   CARLOS  MARIO  BETANCOURT.   

          En  efecto,  por  cuanto  al  lesionado se le dictaminó incapacidad  definitiva  de  90  días y secuela consistente en deformidad física que afecta  el  cuerpo  de  carácter  permanente, resultaba aplicable en este caso, como en  efecto  lo  estimó  el  fallador  de  primera  instancia, el inciso segundo del  artículo 113 del Código Penal de 2000.   

          No  obstante,  a  pesar  de  que dicho precepto sustancial contempla  prisión  de  dos  (2)  a  siete  (7) años y multa de 26 a 36 salarios mínimos  legales    mensuales,    el    a   quo   resultó  teniendo  en  consideración  los extremos que van, de una  parte,  de treinta y dos (32) a ciento veintiséis (126) meses de prisión y, de  la  otra,  de  34.66  a 54 salarios mínimos legales mensuales, aplicando a este  caso,  al  parecer,  el  incremento  punitivo  previsto  en  la Ley 890 de 2004,  pasando  por alto que el presente asunto no se rige por la sistemática prevista  en  la  Ley  906  de  2004 y, en todo caso, que los hechos ocurrieron en el año  2002.   

         

         La   Sala  corregirá  de  inmediato  el  quebranto  advertido,  en  aplicación    del   criterio   adoptado   en   providencia   del   12    de    septiembre    de    20075,   cuando   se   cambió  la  jurisprudencia  según  la  cual,  al  advertirse  la  vulneración   de  garantías  fundamentales,  debía  surtirse,  previamente,  traslado  al  Ministerio  Público  para  que  emitiera  concepto  sobre  el  particular, trámite este que se  consideró  inconsecuente  frente  al deber funcional de la Corte de reparar los  agravios   causados   a   los   derechos   superiores   tan  pronto  avizore  su  presencia.   

         En  tales  condiciones,  como  se observa que el juzgado de primera  instancia  impuso al procesado los mínimos legales, en igual sentido procederá  la  Sala,  por  cuya  razón  casará parcialmente y de  manera   oficiosa   la   sentencia   impugnada,   para   fijar  en  veinticuatro  (24)  meses  la pena de prisión y en veintiséis (26)  salarios  mínimos  legales  mensuales  la multa, en el  entendido  de  que  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  quedará  en  el  mismo  lapso  de  la  nueva  pena  privativa  de la  libertad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala De  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta   por   el   defensor   de   CARLOS  MARIO  BETANCOURT.   

2.-    CASAR  oficiosa y parcialmente la  sentencia     para     fijar    en    veinticuatro  (24)  meses  y  en  veintiséis (26) salarios mínimos  legales  mensuales  las  penas  de  prisión  y multa  impuestas      al     mencionado     BETANCOURT.   

3.-             DECLARAR  que los restantes ordenamientos  de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO         FERNANDO         ALBERTO        CASTRO        CABALLERO            

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ          MARÍA              DEL              ROSARIO              GONZÁLEZ  MUÑOZ                      

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

2 Cfr.  Págs. 14 y 15 del fallo de segundo grado.   

3 Cfr.  Sentencias  del   3 y 24 de octubre de 2002, radicaciones 15927 y 15298. En  el  mismo  sentido  auto  del  30  de  mayo  de  2007,  radicación 27174,   sentencia  del 1º de noviembre de 2007, radicación 25236 y sentencia del 21 de  julio de 2009, radicación 32099.   

4 Pág.  21 ibídem.   

5 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  Penal.  Providencia  del 12 de septiembre de 2007,  radicación 26967.     

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