38125(19-09-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

Magistrado Ponente  

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 348   

Bogotá, D. C., diecinueve (19) de septiembre  de dos mil doce (2012).   

ASUNTO  

Decide  la  Sala  acerca de la posibilidad de  admitir  la demanda de casación interpuesta por el defensor de ALEXÁNDER SERNA  LÓPEZ  contra  el fallo de segunda instancia proferido por el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Manizales,  en el cual revocó la absolución que a  favor  de  la  referida  persona emitió el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de  dicha  ciudad  y,  en  su lugar, lo condenó a 4 años de prisión, 200 salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes de multa y 5 años de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públi-cas como autor responsable del  delito de fraude procesal.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  En un proceso  ejecutivo     de     mayor    cuantía,   comenzado   en  septiembre  de  2001,  el    Juzgado   Sexto   Civil   del   Circuito   de  Manizales  libró mandamiento de pago contra Transtel  S.  A.  por siete letras de cambio de $50’000.000    cada    una.    Los   títulos   valores   habían  sido girados por ALEXÁNDER SERNA LÓPEZ y      aceptados     por    Juan    Fernando    Gómez   Ortiz,  quien figuraba en     los     documentos   como   el  representante    legal    de    la    empresa.  Ninguno  de  ellos  tenía  vínculo   laboral,  contractual,  crediticio  o  de  cualquier    otra    índole    con    Transtel  S. A.  Sin  embargo,  el girador le  endosó  las  letras  al abogado Jorge Eduardo    Castrillón    Cabrales   para  gestionar su cobro judicial.   

2.  Presentada la  denuncia  por  el abogado de  Transtel     S.    A.,  la   Fiscalía  General  de  la  Nación     ordenó    la    apertura    del  proceso       y  vinculó     mediante     indagatoria  a ALEXÁNDER SERNA LÓPEZ y    a    Jorge   Eduardo   Castrillón  Cabrales   a   la   actuación  procesal.    Una   vez   concluida  la  instrucción,  calificó el mérito  del  sumario el    18    de    octubre    de    2007,  decretando  la  preclusión  a  favor del     último     y     acusando     al     primero    por    el  delito   de  fraude     procesal,     conforme     a    lo    dispuesto  en  el  artículo 453 de la Ley  599 de 2000, actual Código Penal.   

3. Ejecutoriada             la  resolución          acusatoria,             conoció   de   la   etapa  siguiente  el      Juzgado  Cuarto Penal del Circuito  de      Manizales,  despacho que absolvió   al  procesado  de  los  hechos  y  cargos  materia  de  atribución.   

4. Apelada   la   decisión  por   la   parte  civil,  el    Tribunal   Superior  del  Distrito Judicial de   Manizales  la  revocó  y,  en  vez  de  ello,  condenó  al procesado por el injusto en  comento  a  4 años de prisión, 200 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  multa  y  5  años  de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.  Igualmente,  le  concedió el  mecanismo  de la prisión domiciliaria como sustitutivo de la sanción privativa  de  la  libertad,  previa  suscripción de acta de compromiso y pago de caución  prendaria.   

5. Contra  el  fallo  de segundo      grado,     interpuso     el  defensor  de  ALEXÁNDER  SERNA   LÓPEZ,  por  vía  excepcional,         el        recurso   extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

1.    Tras  señalar  como fundamento  de   la   casación   discrecional   la   protección  de  la  garantía  de  la  presunción     de    inocencia,    propuso    el  recurrente   un  cargo  único,  atinente  a  la  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de  errores    de    hecho    en    la   apreciación   de   la   prueba.  Los  desarrolló  de  la  siguiente  forma:   

1.1. Falso    juicio    de    existencia    por    omisión:   El  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta  el  testimonio de Rafael  Arango  Henao. De haberlo  valorado,  concluiría  que el procesado    prestó   la   suma   de   dinero  configurada en las letras  de  cambio  y  luego  fue  víctima  de  amenazas que lo llevaron a desistir del  proceso     civil  ejecutivo.  También  omitió  el  certificado de la  empresa  de  transportes Rápido Tolima S. A., según  el  cual  ALEXÁNDER  SERNA LÓPEZ, para la época de  los  hechos,  era  propietario  de  cinco vehículos.  De  apreciarlo,  el  ad  quem    habría    concluido    que   éste   no   carecía   de  capacidad  económica    para    incursionar    en    el   negocio   jurídico   que   dice  realizó.   

1.2. Falso juicio  de  identidad: La segunda  instancia  cercenó  la  declaración de Luis Antonio  Quintero,  en  el entendido de que el testigo admitió prestarle al procesado lo  que  le  faltaba  para  completar  el dinero del préstamo. Por consiguiente, el  aspecto omitido era relevante para deducir su capacidad económica.   

1.3.   Falso  raciocinio: Rafael Arango  Henao,  en  su calidad de abogado, dijo asesorar a ALEXÁNDER SERNA LÓPEZ en la  realización  del  negocio.  Las  reglas  de  la  experiencia  enseñan  que una  persona,  ante  la  asesoría  jurídica  de otra, adquiere confianza y obra con  tranquilidad  basado  en sus conceptos. La lógica, por su parte, muestra que no  es  lo  mismo  entregar  dinero en mutuo a una persona natural que a una persona  jurídica,  ni  tampoco  escapa a ésta que todas  las  personas  son  ambiciosas.  En  consecuencia,  el  ad quem se alejó en sus  razonamientos de la sana crítica.   

2.    En  consecuencia,   solicitó  a  la  Corte  casar  la  sentencia  del  ad  quem y  absolver  al  procesado en aplicación del principio  de duda.   

CONSIDERACIONES  

1. De conformidad con  lo  señalado  en  el  inciso  1º  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, la  casación  procede  de manera regular contra los fallos de segunda instancia que  sean  emitidos  por  los  tribunales superiores de los distritos judicia-les del  país,  así  como  por  el  Tribunal Penal Militar, y que a su vez se traten de  procesos  adelantados por delitos con pena privativa de la libertad cuyo máximo  señalado en la ley exceda de los ocho años de prisión.   

Si  la decisión de segundo grado proviene de  un  juzgado de circuito, o si el tope legal de la pena de prisión es ocho años  o  menos,  la casación sólo será viable de manera excepcional o discrecional.  Es  decir,  en  la  medida en que la Corte lo estime necesario para respetar las  garantías  de  quienes  intervienen  en  la  actuación  o  para desarrollar la  jurisprudencia,   tal   como   lo   consagra   el   inciso  final  de  la  norma  señalada.   

En  tales eventos, la Sala tiene dicho que al  demandante  le  asiste  la  carga de presentar en forma racional y coherente las  razones  por  las  cuales  esta Corporación debería conocer de un asunto en el  cual  no  concurrieron  los presupuestos de la casación común, bien sea porque  el  pronunciamiento  resulta  necesario para el progreso de la jurisprudencia, o  bien porque hubo vulneración de garantías fundamentales.   

Pero,  adicionalmente,  la  demanda tiene que  elaborarse  con el debido acatamiento a los requisitos formales establecidos por  la  ley y la jurisprudencia. Esto es, respetando los parámetros de formulación  y  sustentación  de  los  cargos  previstos  en  el  artículo 207 del estatuto  procesal,  que  por  obvias razones deben ser consonantes con los argumentos por  los   cuales   el   recurrente   fundó  la  solicitud  a  través  de  la  vía  discrecional.   

De  ahí  que la demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y   213   de   la   Ley  600  de  2000  (Código  de  Procedimiento  Penal  aplicable  para  este  asunto)  exigen  una  presentación  lógica  y  adecuada  a  cada  una  de  las causales  establecidas  en el artículo 207 ibídem, así como el desarrollo de los cargos  que   por  los  yerros  in  procedendo  (o  de  mero  trámite)  o in iudicando  (o  de  juicio) haya propuesto el recurrente, con la  demostración de su trascendencia para la decisión adoptada.   

2. En este asunto, la  pena  del  delito  de fraude procesal    por   el  cual  fue  emitida  la  decisión  condenatoria  contra  ALEXÁNDER  SERNA  LÓPEZ  alcanza  en  materia  de privación de la libertad un  máximo  de ocho años de prisión (artículo 453 de la Ley 599 de 2000). Por lo  tanto,  el  demandante  tenía  el  deber  de circunscribirse a las obligaciones  propias   de   la  casación  discrecional,  de  acuerdo  con  lo  analizado  en  precedencia.   

El  profesional  del derecho, en este asunto,  hizo  alusión  a  la vulneración del principio de presunción de inocencia (y,  en  especial,  a la garantía de duda a favor del reo) como fin para superar los  requisitos  de  la  casación común. Sin embargo, el cargo que en desarrollo de  ese  propósito  propuso  al  respecto  denota  a lo sumo el planteamiento de un  debate que finiquitó la decisión de segunda instancia. En efecto:   

2.1. Cuando en sede  de  casación  el  demandante  propone la violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho en  la  valoración de la prueba, la Sala ha dicho que su  configuración   sólo  puede  obedecer  a  tres  clases, a saber:   

Falso  juicio  de  existencia.   Se   presenta  cuando  el  juez  o  cuerpo  colegiado, al proferir el fallo  objeto del extraordinario recurso, omite por completo valorar el  contenido  material de un medio de prueba  que  hace  parte  de  la  actuación  (y  que, por lo tanto, fue  debidamente  incorporado  al  expediente)  o  también  cuando  le concede valor  probatorio  a  uno  que  jamás  fue  recaudado  y,  por consiguiente, supone su  existencia.   

Falso   juicio  de  identidad.  Ocurre cuando el juzgador, al emitir  el   fallo   impugnado,  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de  determinado  medio  de  prueba,  haciéndole  decir  lo que en realidad no dice,  bien   sea   porque   lee   de   manera  equivocada  su  texto, o  le  agrega  aspectos que no contiene,  u  omite  tener  en  cuenta  partes  relevantes  del  mismo.   

Falso raciocinio.  Se  constituye  cuando el  funcionario  valora  la  prueba  de manera íntegra,  pero   se   aleja   en   la   motivación   de   la  sentencia   de   los   postulados   de   la   sana  crítica,  es  decir, de una determinada  ley  científica,  principio  de  la  lógica o máxima de la experiencia.   

Cualquiera  de  estos  yerros  debe  ser  relevante.  Esto  significa  que  frente  a  la  valoración  en  conjunto  de  la  prueba  efectuada por el  Tribunal,  o  por  ambas instancias (según sea el  caso),  su  exclusión  tendrá  que conducir a adoptar una decisión distinta a  la impugnada.   

2.2.   En  el  presente  caso, aunque el demandante aludió a cada uno de los errores fácticos  en  comento, en realidad no probó la existencia de alguno de ellos. Únicamente  insistió  en la postura absolutoria sostenida por el funcionario a quo, como se  analiza a continuación.   

Por un lado, los aspectos que supuestamente  omitió  o  cercenó  el  Tribunal  sí  fueron tenidos en cuenta en el fallo de  segunda  instancia.  Frente  al documento al parecer  ignorado,  así  como  al  testimonio de Luis Antonio  Quintero,  el  ad  quem  realizó expresa mención de  las  circunstancias  al  parecer pretermitidas (“de  esa  millonaria  cifra,  el  declarante Luis Antonio dejó entrever que para ese  lapso    le    prestó    ciento    veinte    millones    de   pesos”1;       “SERNA  LÓPEZ  no  tuvo  a  su  nombre vehículos en la cantidad y  calidad  descritos como para generar de ellos réditos a gran escala,  porque, incluso, Rápido Tolima lo certificó, en esa época no  le     adeudaba    dinero    alguno”2).   Sin  embargo,   el   alcance   probatorio   que  de  las  mismas  otorgó el cuerpo  colegiado   fue   diferente   a   lo   que   le  hubiera  gustado  al  profesional  del derecho. Y respecto  de  lo  dicho  por  el  abogado  Rafael Arango Henao, el juez plural desestimó,  aunque  sin mencionar al testigo, la hipótesis fáctica que allí se sostenía,  según   la   cual   el   procesado   prestó   la   suma   de  $350’000.000  a personas que a la postre  lo engañaron. Así se explicó en el fallo objeto de impugnación:   

“[…]  no  es  cierta  la apreciación del a quo al estimar  que  el  acusado  ‘fue  engañado  con  la  perspectiva  de  obtener unos intereses superiores a los que  regían  en  el  mercado  y,  alucinado  por  la  codicia,  reunió  trescientos  cincuenta   millones  de  pesos  y  los  entregó  a  préstamo,  sin  tener  la  precaución  de  constatar  personalmente la identidad de las personas a quienes  les  era  entregada la cuantiosa suma, confiado en lo que sobre el particular le  había   dicho   su   contador  y  amigo  Excelino  Salazar,  quien  servía  de  intermediario    entre    el    prestamista   y   los   prestatarios’,  por  lo  que  una vez vencido el  plazo  y  al  no  tener  noticia  del  rembolso,  optó  por entablar la demanda  ejecutiva,  debiendo  desistir  de  ella  con  fundamento  en  el  temor o miedo  generado  por  la  muerte  violenta  tanto  de  su  intermediario  como  de  los  aceptantes  de  los  títulos valores, porque muy a contrario de tal postura, se  advierte  que  el  ardid  lo generó él mismo con su actitud dolosa de permitir  que  un  abogado iniciara la demanda ejecutiva contra una prestigiosa empresa de  telecomunicaciones   con   entibo   en  unos  títulos  valores  cuyo  contenido  obligacional  no  tenía  ningún  haz  demostrativo en el mundo de los negocios  jurídicos  y,  menos  aún,  cuando él jamás pudo reunir tantos millones para  entregarlos   a   unas  personas  que  ni  siquiera  conocía  y  que  nunca  le  garantizaron  su  consecuente  restitución  con  los  intereses comerciales que  según    él    ‘lo  deslumbraban’”3.   

De esta manera, lo que el recurrente reclama  con  el  testigo  no  es,  en  el  fondo,  que  el  Tribunal haya desconocido el  contenido   material  de  su  relato,  sino  que  no  lo  haya creído. Y, como  tantas  veces  lo  ha  destacado  la Corte, la credibilidad no puede atacarse en  sede  de  casación, a menos que el interesado demuestre la violación de una de  las reglas de la sana crítica.   

Por otro lado, en  el  reproche  por  falso  raciocinio,  el  censor  fue contradictorio, porque se  refirió  en  ese  punto  del escrito a la apreciación del testimonio de Rafael  Arango  Henao, con lo cual advirtió de manera implícita que el Tribunal sí lo  valoró.  Esto  último riñe con el falso juicio de existencia por omisión que  propuso  en  el  mismo  cargo,  pues la esencia de este yerro fáctico consiste,  precisamente,    en    la    ausencia    de    apreciación    del    medio   de  conocimiento.   

Y,    en    todo   caso,   el  demandante  de  ninguna  manera  criticó  las  inferencias  o  razonamientos  que  el Tribunal empleó para llegar a su conclusión probatoria.  Sólo  insistió,  mediante  el  plantea-miento  de  reglas  de la experiencia y  enunciados               ‘lógicos’  que  no  son tales, en la teoría que sirvió de apoyo a la decisión de primera  instancia  y  que, dicho sea de paso, fue racionalmente refutada por el superior  funcional.   

En  este  orden  de  ideas,  si lo único que  persiste  a  esta altura de la actuación es una disparidad de criterios, lo que  debe  prevalecer  para  efectos  del  extraordinario  recurso  es  el  acierto y  legalidad  de la sentencia impugnada por encima de cualquier otra consideración  que  no  implique, en forma sustancial, un error susceptible de ser estudiado en  casación,    esto    es,    la    configuración    de    alguna    causal   de  procedencia.   

3. Con  base  en  lo  anterior,  la  Corte  concluye   que   el   abogado   se  apartó  en  el  escrito  de  los  principios  de  no contradicción,  sustentación  suficiente,  crítica  vinculante  y coherencia, de los cuales se  desprende  que  los  argumentos  deben  bastarse  por sí mismos para propiciar,  desde  una  óptica  de  lo  razonable,  la  existencia  de  un error  capaz  de  deslegitimar la sentencia  de  segunda  instancia.  Y  como la Sala,  una vez examinado el expediente, tampoco encuentra vulneración  de       las       garantías      judiciales,    no    admitirá    la  demanda     contra    la    decisión dictada por el juez plural.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTI-CIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada      por      el     defensor    de    ALEXÁNDER   SERNA  LÓPEZ    contra   el  fallo    de   segunda  instancia  emitido por el  Tribunal   Superior  del  Distrito    Judicial    de   Manizales.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA     DEL     ROSARIO     GONZÁLEZ     MUÑOZ          LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                       

       

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio 797 del cuaderno de la causa.   

2  Folio 803 ibídem.   

3 Folios 799-800 ibídem.     

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