38092(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 38092  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 139.  

Bogotá,  D.  C., dieciocho (18) de abril de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Examina la Corte los presupuestos de adecuada  y  lógica  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el  apoderado  de  la  compañía  de  seguros  Liberty S.  A.,  contra  la  sentencia  del  4 de octubre de 2011,  mediante  la  cual el Tribunal Superior de Ibagué confirmó en lo pertinente la  sentencia  proferida  el  19 de octubre de 2010 por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Espinal, que condenó a ROSA ELENA MEDINA  ÁLVAREZ  a  las  penas  principales  de 37 meses y 10  días  de  prisión y 30 salarios mínimos legales mensuales de multa, así como  a  las  accesorias  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  y  privación  del  derecho  a la tenencia y porte de armas por igual  lapso  al  determinado  para  la  sanción privativa de la libertad, como autora  responsable del delito de homicidio culposo agravado.   

HECHOS  

Los  resumió  el  Tribunal  de la siguiente  manera:   

“Sucedieron  aproximadamente a las 1:33 de  la  tarde  del  24  de  julio  de  2008  en  las  instalaciones de la Empresa de  Servicios  Públicos  de  Acueducto  y  Alcantarillado  de la ciudad de Espinal,  ubicada  en  la  cra. 6 con calle 8, donde la señora Rosa Elena Medina Álvarez  se  encontraba laborando como vigilante, quien tomó su arma de dotación que se  encontraba  descargada  y  comenzó a jugar con ella, ante lo cual su compañero  de  trabajo  Juan  Erasmo Duarte, quien laboraba igualmente como vigilante de la  empresa  de  vigilancia  Ultrasegura  Ltda.,  le  decía que tuviera cuidado. De  pronto  Rosa  Elena  le  introdujo  un  cartucho  al  arma  y  les propuso a sus  compañeros  que jugaran a la ruleta rusa y comenzó a darle vueltas al tambor y  a  cerrarlo.  Minutos  más tarde, Rosa Elena se encontraba cerca de la puerta y  repentinamente  dio  un  giro  y  el arma se le disparó, causándole lesiones a  Juan  Erasmo  Duarte  Peña, a cuya consecuencia se produjo su deceso cuando era  trasladado  a  un  centro  asistencial.  Tan  pronto ocurrieron los hechos, Rosa  Elena  huyó  del  lugar dejando abandonada el arma de fuego, pero fue capturada  momentos después”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada al día  25  de  julio de 2008 por el Juzgado Tercero Penal Municipal de la misma ciudad,  se  legalizó  la  aprehensión  de  ROSA ELENA MEDINA  ÁLVAREZ.  Allí  mismo,  la  Fiscalía  le  formuló  imputación  por  el  delito  de homicidio y el despacho judicial la afectó con  medida de aseguramiento de detención domiciliaria.   

2.   Oportunamente,   la  Fiscalía  Sexta  Seccional  presentó  escrito de acusación contra ROSA  ELENA  MEDINA  ÁLVAREZ,  atribuyéndole  el delito de  homicidio simple.   

3.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  mencionada ciudad,  funcionario  que  realizó  la audiencia de formulación de acusación el 1º de  febrero  de  2009,  en  cuyo  desarrollo  imputó  a  la procesada el mencionado  punible.   

4. La audiencia preparatoria se fijó para el  27  de  marzo  del  citado año. Una vez se inició, la Fiscalía y la procesada  con   la   asistencia   de  su  defensor  presentaron  preacuerdo,  en  el  cual  MEDINA   ÁLVAREZ   aceptó  responsabilidad  en el delito de homicidio culposo agravado por haber abandonado  el  lugar  de  la  comisión  de  la  conducta.  En esa misma diligencia el juez  aprobó  el  preacuerdo  y dispuso la celebración del incidente de reparación,  en  cuyo  desarrollo  se  vinculó  a  la misma acusada, así como a Ultrasegura  Ltda.,  como tercero civilmente responsable y a Seguros Liberty, como llamado en  garantía.   

5. Finalizado el incidente de reparación, el  juez  profirió  la  respectiva  sentencia.  En  ella determinó como perjuicios  materiales  la  suma de $34.816.477,18 a favor del hijo del occiso, Juan  Manuel  Duarte  López, y como daños  morales  el  valor de $154.5000.000 a favor, en partes iguales, del antes citado  y  de  los  padres  del  obitado, señores Vidal Erasmo  Duarte   y   Soledad  Peña  Duarte.   

6.  Contra  el  fallo  de  primera instancia  interpusieron  el  recurso  de apelación el representante de las víctimas y el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable y del llamado en garantía, por  cuya  vía  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  le impartió confirmación, con  excepción  del  numeral  6º,  en  el  cual  el  a quo  había otorgado a los sentenciados el plazo de 6 meses  para cancelar los perjuicios, decisión que revocó.   

8.   Inconforme   con   la  sentencia  del  ad  quem,  el  apoderado del  llamado     en     garantía    acudió    al    recurso    extraordinario    de  casación.   

LA  DEMANDA   

          El   actor  empieza  justificando  la  finalidad  de  la  casación,  señalando  que  en este caso se requiere decisión de fondo de la Corte Suprema  porque  los  falladores de instancia desconocieron las garantías de las partes,  así  como  el  derecho  material.  Igualmente,  se  refiere  a  la procedencia,  oportunidad  e  interés  para  recurrir,  argumentando  que  esos  prosupuestos  concurren  en  el  presente asunto. En punto al interés, sostiene que aunque la  cuantía  para  recurrir  cuando  la  inconformidad  recae  sobre los perjuicios  corresponde  a  425  salarios mínimos legales mensuales, lo cual no acontece en  este  evento,  resulta  imperioso  dar  aplicación  aquí  a lo dispuesto en el  artículo  372.2  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  acorde  con  el  cual  “no  podrá  declararse  inadmisible  el recurso por  razón de la cuantía”.   

         

          Precisado  lo anterior, el demandante formula un único cargo contra  la  sentencia de segunda instancia, por violar indirectamente la ley sustancial,  causal  de  casación prevista en el numeral 1º, inciso 2 del artículo 368 del  Código de Procedimiento Civil.   

          Al  amparo  de  dicha causal, acusa al Tribunal de incurrir en error  de  derecho  por  otorgar  a  una  copia  un valor que la ley no le atribuye. En  concreto,  se  refiere a la póliza de seguros, pues ese documento se allegó en  copia,  sin cumplir el requisito de autenticación de que trata el artículo 426  de  la Ley 906 de 2004, no siendo tampoco procedente declarar su autenticidad de  acuerdo  con el artículo 268 del ordenamiento procesal antes citado, pues no se  presentan en este caso las situaciones allí previstas.   

          En  consecuencia,  considera  que  el  juzgador  no  podía  otorgar  “valor  probatorio  absoluto  a  una  copia  de  tan  importante  documento, nada menos que el que prueba la existencia de un contrato  de  seguro”.   La referida copia, añade, ni se  aportó  en  original,  ni se solicitó su exhibición, ni se reconoció por las  partes.   

          Estima  trascendente  el  yerro  porque con base en esa copia se dio  por  demostrado  el  contrato  de  seguro y, consiguientemente, se condenó a la  compañía  de  seguros  Liberty  S.  A.  al  pago  de  una  millonaria  suma  de  dinero,  sin que se hubiera  demostrado  la  existencia  y  naturaleza  de la relación contractual entre esa  compañía y Ultrasegura Ltda.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Establece  el numeral 4º del artículo 181  del Código de Procedimiento Penal lo siguiente:   

“Cuando  la  casación  tenga  por  objeto únicamente lo referente a la reparación integral  decretada  en  la  providencia  que  resuelve  el  incidente, deberá tener como  fundamento  las causales y la cuantía establecidas en las normas que regulan la  casación civil”.   

Acorde  con lo previsto en el artículo 366  del  estatuto  procesal  civil, modificado por el artículo 1º de la Ley 592 de  2000,  para acceder al recurso de casación en materia civil es necesario que el  valor  de  la  decisión  desfavorable  sea  o  exceda  de 425 salarios mínimos  legales mensuales.   

El  demandante reconoce que en este caso no  se  cumple  la exigencia antes mencionada, pues la cuantía de los perjuicios no  excede  de  425  salarios  mínimos legales mensuales. Sin embargo, sostiene que  aquí  resulta imperioso dar aplicación al inciso segundo del artículo 372 del  Código  de  Procedimiento  Civil,  conforme  al cual la Corte no puede declarar  inadmisible el recurso por razón de la cuantía.   

El  actor,  sin  embargo, olvida que la  regulación en punto de las  facultades   para   decidir  sobre  la  concesión  y admisibilidad de la demanda  de  casación  es  distinta  en  el  ordenamiento  procesal  civil  con respecto  a  la  contemplada  en  el  estatuto procesal penal.   

En   efecto,  si   bien   en  ambos  ordenamientos  procesales  al  respectivo  Tribunal  le corresponde decidir sobre la concesión del recurso y a  la  Corte  pronunciarse  sobre  su  admisibilidad, es lo cierto que mientras   en   el   primero  de  ellos,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en el artículo 370,  modificado  por  el  numeral  185  del  artículo  1º del Decreto 2282 de 1989,  la  facultad  del  ad quem  no   sólo  comprende  lo  relativo  a  la  oportunidad  en  su  interposición  sino también lo  concerniente  a  su legitimación, en  el  estatuto procesal penal  al  juzgador de segundo grado sólo le compete definir  lo  atinente  al primero de  esos   temas,   siendo  del  resorte  exclusivo  de  la  Corte  lo  relacionado   con   el   interés   del  impugnante,  según  así  se desprende de lo establecido en el artículo 183 de  la  Ley  906  de  2004,  modificado  por  el  artículo  98  de  la  Ley 1395 de  2010, en armonía con lo previsto en el artículo 184  ibídem.   

En  efecto,  el  citado  artículo  370 del  Código  de  Procedimiento  Civil, con la modificación en mención señala lo siguiente:   

“Cuando  sea necesario tener en cuenta el  valor  del  interés  para  recurrir  y  éste no aparezca determinado, antes de  resolver  sobre  la procedencia del recurso el tribunal dispondrá que aquél se  justiprecie  por  un  perito,  dentro  del término que le señale y a costa del  recurrente.  Si  por  culpa  de  éste no se practica el dictamen, se declarará  desierto  el recurso y ejecutoriada la sentencia. El dictamen no es objetable.   Denegado  el  recurso por el tribunal o declarado desierto, el interesado podrá  recurrir en queja ante la Corte.   

Interpuesto el recurso en tiempo y por parte  legitimada,  el  tribunal  lo  concederá  en sala de  decisión  si fuere procedente, y dispondrá el envío del expediente a la Corte  una  vez  ejecutoriado  el auto que lo otorgue y efectuadas las diligencias para  el  cumplimiento  de  la  sentencia”  (subrayas por  fuera del texto).   

Precisamente,   por  ser  el  Tribunal  el  facultado  para  decidir  sobre  la  legitimación del recurso, es que el inciso  segundo  del  artículo 372 de la misma codificación señala perentoriamente lo  siguiente:   “No  podrá  declararse  inadmisible  el  recurso  por razón de la cuantía”. Al  respecto,  con un sano criterio estimó el legislador que si al  fallador  de segundo grado se le asigna la atribución de definir lo relativo al  interés,  al punto de facultársele para designar perito en caso de no aparecer  determinada   la  cuantía  y,  en  esos  términos,  conceder  el  recurso  con  fundamento  en  el  peritazgo,  no  existía  motivo  para que la Corte después  controvirtiera  lo decidido en ese aspecto por su inferior. De ahí que la Corte  Constitucional,  en  la  sentencia  C-716  de  2003, haya declarado exequible el  precitado  inciso  del  artículo  372,  para lo cual expresó razonamientos del  siguiente tenor:   

“Encuentra  la  Corte  que  el  legislador  confió  al  tribunal o a los jueces del circuito en el caso de la casación per  saltum  la  estimación  del  interés para recurrir en casación, otorgándoles  autonomía  en  ese  aspecto,  sin  que por ello pueda predicarse violación del  principio  de  independencia  funcional  en la administración de justicia, pues  como  se  señaló,  es  al  legislador  a  quien  corresponde dictar las normas  procesales  y  regular  el  trámite  en  los  procesos y, en ese orden de ideas  consideró  que  el  factor  cuantía del interés para recurrir fuera un asunto  que  llegara  definido  a  la  Corte  Suprema,  sin  que  con  ello  se viole la  Constitución Política”.   

Por su parte, el artículo 183 de la Ley 906  de   2004,   con   la   modificación   de  la  Ley  1395  de  2010,  prevé  lo  siguiente:   

“Oportunidad.  El  recurso se interpondrá  ante  el  Tribunal  dentro  de  los  cinco  (5)  días  siguientes  a la última  notificación  y  en  un  término  posterior  común  de  treinta (30) días se  presentará  la  demanda  que  de  manera precisa y concisa señale las causales  invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  la  demanda dentro del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

Y  el  artículo  184, inciso primero de la  misma Ley 906, expresa:   

“Admisión.  Vencido  el  término  para interponer el recurso, la demanda se remitirá junto  con  los  antecedentes  necesarios  a  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte  Suprema  de Justicia para que decida dentro de los treinta (30) días siguientes  sobre la admisión de la demanda.”   

Como  se observa, de las mencionadas normas  se  desprende  que  una  vez  interpuesto  y  sustentado en tiempo el recurso de  casación,  la respectiva demanda deberá ser enviada a la Corte, a la cual, por  tanto,  le corresponde decidir sobre todo lo relacionado con la admisibilidad de  la impugnación.   

Tal es la comprensión que esta Corporación  le  imprimió  a  la temática en la sentencia de casación del 15 de septiembre  de    20101.  En esa decisión se destacó cómo hasta antes de la expedición  de  la  Ley 1395 de 2010 a la Corte le correspondía decidir, incluso, acerca de  la  extemporaneidad  de  la  impugnación,  sin que entonces el Tribunal tuviera  atribución  alguna  para negar por ningún motivo el recurso en caso de haberse  presentado   la   respectiva   demanda.   Sobre   el   particular,   remembrando  pronunciamiento               anterior2,    la    Sala    señaló:   

“… en el marco de la Ley 906 de 2004… a  la  Corte  le  corresponde pronunciarse sobre todo lo relacionado con el recurso  de  casación  una  vez se allega la respectiva demanda, de modo que el Tribunal  ni  siquiera  ostenta  competencia  para  declarar  desierta la impugnación por  sustentación  extemporánea, como sí ocurre cuando se trata de asunto regulado  por  el  estatuto  procesal  penal de 2000, en cuyo artículo 210, inciso final,  atribuye  al  juzgador de segundo grado la función de abstenerse de conceder el  recurso    si    se    presenta    tal    eventualidad    (art.    210,   inciso  final)”.   

En  la  sentencia de casación del   15   de   septiembre   de  2010,  arriba  citada,  evidenció  también    la    Sala  cómo  a  partir  de  la  vigencia  de la Ley 1395 la  competencia   para   pronunciarse   sobre  la  extemporaneidad  del  recurso  le  corresponde    al   Tribunal,   retornándose  en ese  sentido  al  sistema  contemplado  en la Ley 600 de 2000. Sin embargo, ratificó  que  los demás aspectos relacionados con la impugnación extraordinaria son del  resorte  exclusivo  de  la  Corte Suprema de Justicia.  Sobre   el   particular  se  expresó  lo  siguiente:   

“Según    lo   dispuesto   en   dicha  norma3,  el  plazo  de  los  cinco  días  para manifestar la decisión de  impugnar  el  fallo  transcurre de manera independiente al de los treinta que el  inconforme  tiene  para  sustentar  el  recurso  extraordinario,  con lo cual se  retorna  a  lo  dispuesto  en  el sistema anterior, en el que el juez de segunda  instancia  concedía  o  no  el  recurso,  al constatar si se había interpuesto  oportunamente.   

Así las cosas, si dentro de los cinco días  siguientes  a  la  última  notificación  del  fallo de segunda instancia no se  manifiesta  la decisión de impugnarlo, la sentencia adquiere ejecutoria y será  devuelta  la  actuación  al a quo; y, si dentro del dicho plazo se interpone el  recurso,  pero  no  se  sustenta, o se hace de manera extemporánea, el Tribunal  competente   declarará   desierto   el  recurso  extraordinario  mediante  auto  susceptible del recurso de reposición.   

En conclusión, sólo cuando se interponga y  sustente  en  tiempo el recurso extraordinario de casación, la actuación será  enviada  a  la  Corte  para  que  se  surta la siguiente fase del trámite de la  impugnación      extraordinaria      (las      subrayas      no      son      del      texto).   

          En  esas  condiciones, resulta claro que en materia penal no resulta  dable  aplicar  la  prohibición prevista en el inciso segundo del artículo 370  del   Código   de   Procedimiento   Penal,  acorde  con  la  cual  “No  podrá  declararse  inadmisible el  recurso  por  razón  de  la  cuantía”,  porque la  facultad  para  resolver sobre ese aspecto, a diferencia de lo que ocurre con la  casación   civil,   le   corresponde  exclusivamente  a  la  Corte  Suprema  de  Justicia.   

         Es  de  anotar  que  la  remisión  efectuada en el numeral 4º del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004 se restringe a las causales y la cuantía,  luego  es  exclusivamente  en esos dos aspectos que se aplica la casación civil  cuando  la impugnación extraordinaria tiene por objeto únicamente lo referente  a  la  reparación  integral, no así en lo relativo al trámite y admisibilidad  del   recurso   que,  por  tanto,  se  rigen  por  las  normas  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

En  consecuencia,  por  carecer  de interés  jurídico  para recurrir, pues el valor de la decisión desfavorable es inferior  a  425  salarios  mínimos  legales mensuales, la Sala inadmitirá la demanda de  casación  interpuesta  por el apoderado de la compañía Seguros Liberty, en su  condición de llamado en garantía.   

         

          Al  margen  de  lo  anterior,  la Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  imponga  su intervención oficiosa en este caso.   

Se  precisará,  finalmente, que contra esta  decisión  sólo cabe el mecanismo de insistencia, conforme lo tiene establecido  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede bajo las  reglas    fijadas   en   jurisprudencia   reiterada   de   la   Sala4.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta por el apoderado de  la  compañía  Seguros  Liberty,  en su condición de llamado en garantía, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

        De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,    contra   la   misma   procede   la   insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ              MARÍA       DEL       ROSARIO       GONZÁLEZ  MUÑOZ                      

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      LUIS    GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Radicación 33858.   

2 Auto  del 2 de diciembre de 2008, radicación 30771.   

3  Se  alude al artículo 98 de la Ley 1395 de 2010.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *