37983(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     nº  37983   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 139.  

Bogotá D.C., abril dieciocho (18) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

Acomete  la  Corporación el examen sobre el  cumplimiento  de  las  exigencias de crítica lógica y sustentación suficiente  en  el  libelo  casacional presentado por el defensor del procesado JAIME  LORENZO  DÍAZ  MONTES,  contra la  sentencia   de   segunda   instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  el  21  de  septiembre  de  2011,  confirmatoria  de la dictada en  primera  instancia  por  el  Juzgado  Octavo Penal del Circuito con funciones de  conocimiento  de  la  misma  ciudad  el  15 de diciembre de 2010, por cuyo medio  condenó  al mencionado ciudadano como autor del concurso material homogéneo de  delitos de actos sexuales con menor de catorce años agravado.   

HECHOS  

El  día 14 de noviembre de 2008, una fuente  humana   no   formal   manifestó   ante   las   autoridades   que  JAIME  LORENZO DÍAZ MONTES abusaba de sus  hijas1    C.H.   y  M.F. de dos y cuatro años,  respectivamente.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada ante el Juzgado Sexto  Penal  Municipal  con  control  de  garantías  de  Barranquilla  se  expidió a  instancia    de    la   Fiscalía   orden   de   captura   contra   DÍAZ  MONTES,  la  cual  se materializó  días  después.  El  mismo despacho impartió legalidad a la aprehensión, y la  Fiscalía  le imputó la comisión del concurso de delitos de actos sexuales con  menor  de  catorce  años  agravado,  la  cual  no aceptó. A solicitud del ente  investigador  le  fue  impuesta medida de aseguramiento de detención preventiva  en establecimiento carcelario sin derecho a libertad personal.   

          El  8  de abril de 2009 se entregó el escrito de acusación y el 13  de  julio  de la misma anualidad se realizó la correspondiente audiencia, en la  cual   la   Fiscalía   imputó   a   JAIME  LORENZO  DÍAZ el concurso de delitos que sustentó a la medida  de aseguramiento, sin que se allanara.   

          Surtido  el  debate  oral,  el Juzgado Octavo Penal del Circuito con  funciones  de conocimiento de Barranquilla profirió fallo el 15 de diciembre de  2010,    por    cuyo    medio   condenó   a   DÍAZ  MONTES a la pena principal de doscientos sesenta (260)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por doscientos sesenta y tres (263) meses, como  autor    penalmente    responsable   del   concurso   de   delitos   objeto   de  acusación.   

          En  la misma oportunidad le fue negada la suspensión condicional de  la ejecución de la pena.   

Impugnada  la  sentencia  del  a   quo  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  lo confirmó mediante proveído del 21 de septiembre  de 2011.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem   el   defensor  interpuso  en  oportunidad  recurso extraordinario de casación y allegó el respectivo libelo,  cuya admisibilidad se estudia en este auto.   

LA DEMANDA  

El  censor  formula  dos reproches contra el  fallo    del    Tribunal.    El   primero  al  amparo  de  la  causal  segunda  de  casación  reglada  en el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, por “nulidad  de  la  prueba  ilícita” y violación del derecho de  defensa y el debido proceso de su asistido.   

Deplora que la génesis del averiguatorio la  constituyó  lo  informado  por  una  fuente  humana  anónima,  cuyo relato fue  expuesto   por   las   funcionarias   del   Cuerpo  Técnico  de  Investigación  Carolina  Alfaro  Salazar y  Beatriz  Elena  González.  Precisa  que  con  dicha  información  se  dispuso  la  captura de JAIME  LORENZO  DÍAZ, y fue sustentada la  imputación,  la  medida  de  aseguramiento  y  la  acusación,  “irregularidades   que  afectan  el  debido  proceso,  los  derechos  fundamentales   y  las  formas  procesales  legalmente  establecidas”.   

          A  partir  de  lo expuesto considera que se ha violado el derecho de  defensa  de  su asistido, de modo que se impone invalidar la actuación desde la  formulación de la imputación.   

          En   el  segundo  reparo,  el recurrente manifiesta que se violó indirectamente la ley sustancial  por  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  pues no se dio por demostrada la  ausencia   de   dolo,   no   se   reconoció  la  duda  razonable  (in  dubio  pro  reo),  y  se violaron los  principios de la lógica y las máximas de la experiencia.   

          En   el  desarrollo  de  la  censura  refiere  que  el  ad   quem  no  tuvo  en  cuenta  pruebas  practicadas  en  el  juicio  como las declaraciones de las niñas, las cuales no  fueron  apreciadas conforme a las reglas de la sana crítica, máxime si se tuvo  en   cuenta   lo  dicho  por  la  psicóloga  Liliana  Pautt  para otorgar credibilidad a lo expuesto por las  víctimas.   

          Argumenta  que  “las niñas no pudieron  entender  con  grado  de  logicidad  que  su  padre  si  bien  las tocaba en sus  genitales  algunas  veces  con copitos jhonson, lo hacía cumpliendo el deber de  cuidarlas,  asearlas y curarlas” y así lo corroboran  los  testigos  Humberto  Díaz, María Palacio, Sindy  Díaz      e     Ilsa  Yañez,  madre  de  las menores, motivo por el cual se  encuentra    demostrada    la    ausencia   de   dolo   en   el   proceder   del  acusado.   

          También  dice  que  las  pruebas  configuran una duda razonable que  debe ser resuelta a favor de su procurado.   

Con  fundamento  en  lo  anterior,  el actor  solicita  a  la Sala casar el fallo impugnado, para en su lugar dictar sentencia  absolutoria   a   favor   de   JAIME  LORENZO  DÍAZ  MONTES.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  sentado  la  Sala  que  si bien en el  estatuto  procesal  de 2004 no media distinción entre el recurso extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó la exigencia de  la  cantidad  de  pena  máxima del delito para acceder a dicha impugnación, es  claro  que  corresponde  al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las censuras el acatamiento de las exigencias de lógica y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  conseguir  el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función reglada de orden constitucional y  legal,   develar   o   desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece  de   interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de sustentación”     (subrayas     fuera     de     texto),    el    libelo    se  inadmitirá.   

          Una  vez  advertido  lo anterior, en cuanto atañe a la primera  censura  encuentra la Colegiatura  que  el  demandante se sustrae de lo dispuesto en el artículo 183 de la Ley 906  de   2004,   según  el  cual,  corresponde  al  censor  acudir  “mediante  demanda que de manera precisa y  concisa   señale   las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos” (subrayas fuera de texto).   

En  efecto, si lo preciso alude a lo exacto,  riguroso,  estricto  o  minucioso,  y lo conciso se refiere a lo breve, sucinto,  escueto  o  directo, no se aviene con esa exigencia dispuesta por el legislador,  que  inicialmente el defensor postule la “nulidad de  la   prueba   ilícita”,  propia  de  la  violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de un error de derecho por falso juicio  de  legalidad  (causal  tercera), pero acto seguido señale en forma sincrónica  la  violación  del  derecho  de  defensa  y el debido proceso de su patrocinado  (causal  segunda),  de  modo  que el recurrente mezcla en una misma postulación  dos  yerros,  en  manifiesto  quebranto  del  principio  de  autonomía  de  las  causales,  según  el  cual,  a  cada  uno de ellas corresponde un discurso y un  ámbito  demostrativo  que  les  es propio, sin que se puedan confundir unos con  otros, como sucede en el caso de la especie.   

Impera  señalar  que  el  actor no tiene en  cuenta   que  la  violación  del  derecho  de  defensa y el debido proceso  corresponden  a  ámbitos  diversos  y  delimitados.  El primero, constituye por  regla  general  un  vicio  de estructura (falta de competencia, pretermisión de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto que el segundo, el quebranto del  derecho  de  defensa,  engendra  afectación de la garantía, motivo por el cual  era  imprescindible  que  fuera  claro  sobre el particular en su planteamiento,  evitando su impropia formulación simultánea.   

Además,  no  procede a explicar la forma en  que  se produjo la violación del debido proceso, esto es, de qué manera fueron  socavadas  las  bases  y  estructura  del trámite; tampoco señala de cómo fue  violado  el   derecho  de  defensa de su procurado, dado que, en virtud del  principio  de  trascendencia que rige la declaratoria de nulidad del proceso, la  simple   ocurrencia   de   la  incorrección  no  conduce  necesariamente  a  la  invalidación  de lo actuado, en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

Adicionalmente  no  puntualiza el ataque que  dirige  contra el recaudo probatorio, pues se limita a señalar que lo informado  por  la fuente humana anónima fue incorporado a la actuación con el testimonio  de  las  funcionarias  del  Cuerpo  Técnico  de Investigación, pero no atina a  señalar  por qué ello fue irregular, amén de que solo dice, sin explicar, que  ello   comporta  “irregularidades  que  afectan  el  debido  proceso,  los  derechos fundamentales y las formas procesales legalmente  establecidas”.   

          El reparo debe ser inadmitido.   

Respecto del segundo  cargo  es  oportuno  señalar que como el casacionista  invocó  un  error  de  hecho por falso raciocinio, tal yerro tiene lugar cuando  los  falladores  derivaron  de la prueba deducciones contrarias a los principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la  ciencia o las reglas de la experiencia.   

Tratándose  de  dicho yerro, corresponde al  libelista  establecer  qué  dice  en concreto el medio probatorio indebidamente  ponderado,  qué  se  infirió  de  él  en  la  sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado,    proceder    que    en    este    asunto    no    acometió   el  recurrente.   

          Sin  dificultad  se  constata  que el planteamiento del casacionista  carece  de acreditación, pues únicamente aduce que no se dio por demostrada la  ausencia   de   dolo,   no   se   reconoció  la  duda  razonable  (in  dubio  pro  reo),  y  se violaron los  principios  de  la  lógica  y  las  máximas  de  la  experiencia, pero no hace  esfuerzo  alguno  por  demostrar  de  qué  manera  se  produjo tal equívoco de  raciocinio,  pues  no señala la ley científica, principio lógico o máxima de  la experiencia objeto de quebranto.   

          Ahora,  en  cuanto  atañe  a  la  ponderación  de lo dicho por las  niñas,  se observa que el recurrente pretende anteponer su valoración de tales  pruebas  sobre  la  apreciación que de las mismas plasmaron los funcionarios en  el  fallo,  proceder  inadmisible  en este recurso extraordinario, no instituido  para  alargar  los  debates  o  para  que  los  demandantes planteen su personal  visión  del asunto, sino para denunciar errores trascendentes en la aplicación  de   la   ley,   la   apreciación   de   las   pruebas  o  la  legitimidad  del  trámite.   

En cuanto atañe a la reclamación que cifra  en  la falta de aplicación del principio in dubio pro  reo,  era  imprescindible  que señalara la vía de su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o indirecta. Si  postulaba  la  primera, le correspondía demostrar que el fallador reconoció en  las   consideraciones   de   la  providencia  atacada  la  existencia  de  dudas  trascendentes  de  imposible eliminación sobre la materialidad de la conducta o  la  responsabilidad del procesado y, pese a ello, profirió sentencia de condena  con  exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el principio,  cuando   le   correspondía   en   consonancia   con  su  exposición  absolver,  circunstancia que no tuvo lugar en el fallo impugnado.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

También  se  observa  que  si  la queja del  casacionista  se  orienta  a cuestionar que no fueron valoradas algunas pruebas,  ello  corresponde al error de hecho por falso juicio de existencia por omisión,  sustancialmente  diverso  al  falso  juicio  de raciocinio, como que tiene lugar  cuando  pese  a  estar  la  prueba  en  el  diligenciamiento  no  es  objeto  de  apreciación  judicial,  caso  en el cual debe el demandante indicar el elemento  probatorio  omitido,  cuál  es  la  información objetivamente suministrada, el  mérito  demostrativo  al  que  se hace acreedor y cómo su estimación conjunta  con  el  resto  de pruebas conduce a trastrocar las conclusiones de la sentencia  impugnada, deberes cuyo cumplimiento tampoco asumió el actor.   

          Las   falencias   referidas   son   suficientes  para  inadmitir  el  reparo.   

De conformidad con lo expuesto, encuentra la  Sala  que en evidente olvido de la dual presunción de acierto y legalidad de la  cual  se  encuentra  revestido el fallo, el casacionista únicamente orientó su  esfuerzo   a   exponer  en  forma  desordenada  y  sincrónica  toda  suerte  de  situaciones  que  en  su criterio condujeron a la sentencia de condena, pero sin  detenerse    a    observar    las    reglas    propias    de   este   medio   de  impugnación.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  confección,  su  presentación  con base en análisis probatorios fragmentarios  e  indemostrados,  y  sin  atenerse  a  las  reglas lógicas y argumentativas que la gobiernan, obliga a la  Sala  a  inadmitirla  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  pues  en virtud del principio de limitación propio del trámite  casacional,   la   Corte   no   se   encuentra  facultada  para  enmendar  tales  incorrecciones.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías,  como para adoptar la decisión de superar los defectos  de  la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º del artículo  184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  JAIME  LORENZO  DÍAZ MONTES  por las razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 No se  registra  el  nombre  de las niñas en aplicación del numeral 8º del artículo  47    del    Código    de    la    Infancia   y   la   Adolescencia.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *