37945(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  37945   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 139.  

Bogotá D.C., abril dieciocho (18) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

Acomete  la  Colegiatura la constatación de  las  exigencias  de  argumentación  lógica  y  suficiente  demostración en el  libelo   casacional  presentado  por  el  defensor  del  procesado  WILSON  FRANCISCO  TROMPA SÁNCHEZ, contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de  Cundinamarca  el  17  de  agosto  de 2011, por medio de la cual revocó al fallo  absolutorio  dictado el 27 de noviembre de 2009 por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de Facatativá, para en su lugar condenar al mencionado ciudadano como  autor  penalmente responsable del delito de acceso carnal abusivo con incapaz de  resistir.   

HECHOS  

Aproximadamente a las diez de la noche del 3  de   junio   de   2006,   la   niña  YYY1  de  quince  años  de  edad  salió  de su residencia a hurtadillas y se fue a una fiesta de  sus  compañeros  en  la  calle 5ª con 3ª de Facatativá; allí ingirió licor  hasta  las dos de la mañana, momento en el cual disgustó con su novio y se fue  caminando   hasta  la  carrera  3ª  con  calle  9ª,  donde  se  encontró  con  Wilson   Rocha   a  quien  conocía,    y    con    WILSON   TROMPA   y  Cindy  la  novia  de  este. Con ellos siguió ingiriendo licor y se fueron a otra fiesta en  el  barrio San Carlos, para tiempo después irse a la residencia de TROMPA    SÁNCHEZ    donde    continuo  consumiendo  aguardiente  a  instancia  de éste. En la madrugada del 4 de junio  WILSON   TROMPA  accedió  sexualmente  a  la  menor  y  con  posterioridad  en  compañía de Wilson  Rocha  la  llevaron al baño para  que se aseara.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en  la  denuncia formulada por el  padre  de  la víctima la Fiscalía Seccional de Facatativá declaró abierta la  instrucción,   en   desarrollo   de   la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a   WILSON   FRANCISCO  TROMPA  SÁNCHEZ,   resolviéndole   su   situación   jurídica   con   medida   de  aseguramiento  de  detención preventiva como posible autor del delito de acceso  carnal con persona puesta en incapacidad de resistir.   

          Posteriormente  se  llevó  a  cabo  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de  cargos,  la cual fue improbada por el Juzgado Primero Penal del  Circuito   de   Facatativá,   mediante   auto   del   22   de   septiembre   de  2006.   

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario fue calificado el 17 de marzo de 2008 con resolución de acusación  en  contra  del vinculado como probable autor del delito que sustentó la medida  asegurativa,  decisión  que al ser impugnada por la defensa, fue confirmada por  la  Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cundinamarca el 12  de diciembre de 2008.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Facatativá, despacho que una vez  surtido  el  rito definido por el legislador, profirió fallo el 27 de noviembre  de   2009,   por   cuyo   medio  absolvió  a  TROMPA  SÁNCHEZ     por     el     delito     objeto    de  acusación.   

Una  vez impugnado el fallo del a  quo  por  la  Fiscalía,  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca lo revocó mediante proveído del 7 de agosto de 2011,  para  en  su lugar condenar al procesado a la pena principal de cuatro (4) años  de  prisión,  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  y  al  pago  de la correspondiente  indemnización  de  perjuicios,  como autor penalmente responsable del delito de  acceso carnal abusivo con incapaz de resistir.   

          En  la  misma  decisión  le  negó  tanto  la condena de ejecución  condicional,    como    la    prisión    domiciliaria    sustitutiva    de   la  intramural.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem   el  defensor  del  procesado  interpuso  recurso  de  casación  y allegó oportunamente el respectivo libelo,  cuya admisión se examina en este proveído.   

LA DEMANDA  

          Sin  explicar  la  razón  de  su aserto, inicialmente el recurrente  aduce  que  acude a la casación discrecional, para más adelante manifestar que  es   necesario   “unificar  posturas  conceptuales  respecto   a   (sic)   la  apreciación  y  la  valoración  que  se  debe hacer a  (sic)    las   pruebas   periciales   y   determinar  cuando  (sic) adquieren o no  el criterio de certeza”.   

Acto   seguido,   el   recurrente  propone  “la  violación indirecta por vía de hecho y falso  juicio  de identidad”. En la demostración del reparo  afirma  que  el  “aquen”  (sic)  consideró acreditada la condición de embriaguez de la menor con base en  el  dictamen  pericial  rendido  por  el  médico forense, para lo cual tuvo que  adicionarlo   e  infirió  acontecimientos  no  planteados  allí,  de  modo  lo  distorsionó.   

Precisa  que en el dictamen no se precisa si  la  menor se encontraba o no embriagada para cuando fue accedida carnalmente, ni  señala  el grado de alcohol que tenía para aquél momento, y menos precisa que  se    encontraba   inconsciente   o   que   no   era   capaz   de   determinarse  sexualmente.   

Advera  que a partir del dictamen no podían  extraerse  conclusiones,  pues  de  acuerdo  con  las  reglas  de la ciencia era  necesario  adelantar  otras  verificaciones  multidisciplinarias para establecer  que la menor se encontraba inconsciente al momento de los hechos.   

          También  dice que no es igual anotar en el dictamen “Estado  de  conciencia: Obnubilado”, con  afirmar  que  la  víctima  estaba  alterada  en  su  capacidad cognitiva. Luego  señala  que la perito no dijo en su dictamen que la niña estuviera afectada en  su juicio de realidad.   

Considera   que  si  la  menor  propuso  a  WILSON   TROMPA   que  se  quedaran  charlando  y  habló con él de su novio, es evidente que no estaba en  un  estado de inconsciencia como producto de la ingesta de licor, de modo que el  citado  yerro  incidió  en  el  sentido  del  fallo  proferido  en contra de su  asistido.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto, el censor  solicita  a  la  Sala  casar  la  sentencia  atacada,  para  en  su lugar dictar  sentencia  absolutoria  a  favor  de  WILSON FRANCISCO  TROMPA SÁNCHEZ.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  el  examen  de  las  exigencias  para concurrir a este mecanismo  impugnaticio  extraordinario corresponde a la Sala verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada  argumentación   definidos   por   el   legislador   y   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  a fin de obviar que este recurso extraordinario se convierta en  una  tercera instancia. Tales  requerimientos  se  orientan  a  conseguir  libelos  enmarcados  dentro  de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a la Sala en su función constitucional y legal develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la Ley 600 de 2000, este medio de impugnación extraordinaria procede contra  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos “por los  tribunales   superiores   de   distrito   judicial   y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose   de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas  por los mencionados tribunales o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en precedencia (como ocurre en este asunto) o sanción no restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso  3º del artículo 205 del estatuto procesal penal  faculta  a  esta  Sala  para  admitir discrecionalmente los libelos de casación  presentados,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

Para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al  recurrente expresar con claridad y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya para pronunciarse con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico específico, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  dual utilidad de brindar solución al asunto y  servir de guía a la actividad judicial.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

          En  el  caso  objeto  de  estudio  advierte la Sala que en punto del  recurso  extraordinario  de  casación  se impone acudir a la vía discrecional,  pues  se  procede por el delito de acceso carnal abusivo con incapaz de resistir  establecido  en  el  artículo  421  de  la  Ley  599 de 2000, cuya pena máxima  privativa  de la libertad no supera los referidos ocho (8) años dispuestos para  acceder a la casación común.   

Ahora,  si  bien  el  recurrente  acude a la  casación  discrecional  invocando  para ello la necesidad de unificar posturas,  lo  cierto es que su planteamiento no se adentra de manera alguna a demostrar su  postulación  casacional, es decir, no se esfuerza por persuadir a la Corte para  que admita discrecionalmente su libelo.   

         En  efecto,  el  defensor no identifica en  concreto  la  temática que debe abordar el pronunciamiento, no dice si sobre el  particular  ya  hay  decisiones y, de ser así, cuáles son las providencias que  se  ocupan  del  asunto  y  cómo  se  relacionan con el caso objeto de estudio,  omisión  que  a  la postre le impide identificar el punto dudoso, la existencia  de   decisiones   contradictorias,   o   el  vacío  que  corresponde  dilucidar  jurisprudencialmente  y  cómo  el  desarrollo  del  concepto reclamado tiene la  doble  utilidad  de  servir, tanto para este trámite, como para la solución de  casos similares.   

Sin  duda,  para  conseguir  la  admisión  discrecional   del   libelo  de  casación  no  basta  afirmar,  sin  más,  que  “se  pretende  esclarecer  la dualidad de conceptos  que    existen    respecto   a   (sic)   la    apreciación    y    valoración    de   una   misma   prueba  pericial”,  pues  como  ya  se  dijo,  la  labor del  casacionista  debe  ir mucho más allá, en la medida en que debe convencer a la  Sala  acerca  de  la  utilidad y necesidad de su pronunciamiento, deberes que no  emprendió.   

Adicional a lo anterior se tiene, que tampoco  de  la  demanda  se  consigue  establecer  con precisión la denuncia de agravio  alguno  a  los derechos fundamentales del acusado, pues aunque el actor denuncia  la  violación  indirecta de la ley por falso juicio de identidad, no se empeña  en acreditar tal quebranto.   

Impera  señalar que dicho error tiene lugar  cuando  los  falladores  al  ponderar  el  medio  probatorio  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo,  adicionándolo o tergiversándolo, motivo por el cual  correspondía  al  demandante  identificar  a  través del cotejo objetivo de lo  dicho  en el elemento de convicción y lo asumido en el fallo, el aparte omitido  o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos producidos a partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte resolutiva de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con el simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del  recurrente  sobre  la  prueba cuya  tergiversación  denuncia,  en  cuanto es su obligación acreditar materialmente  la  incidencia del yerro en la falta de aplicación o la aplicación indebida de  la  ley sustancial en el fallo, esto es, señalar la modificación sustantiva de  la  sentencia atacada con la corrección del error y la debida valoración de la  prueba,  en  conjunto  con  las demás, obligaciones no asumidas en forma alguna  por el casacionista.   

Además,  al  deplorar  en su exposición la  vulneración  de  las  reglas  de la ciencia, ingresa en el discurrir propio del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio, el cual acontece cuando los falladores  derivaron  de  la  prueba  deducciones  contrarias  a  los principios de la sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la experiencia.   

Tratándose  de  dicho error, corresponde al  libelista  establecer  qué  dice  en concreto el medio probatorio indebidamente  ponderado,  qué  se  infirió  de  él  en  la  sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado,    proceder    que   en   este   asunto   tampoco   acometió   el  defensor.   

Advierte la Sala que el actor no se detiene a  cuestionar  lo  declarado  por  la  propia  víctima,  ni tiene en cuenta que el  examen  de  embriaguez  fue  practicado  el  mismo día de los hechos, es decir,  algunas  horas  después  del  acceso  carnal. Tampoco ataca de manera alguna el  dicho   de   Oscar   Javier   Rodríguez,  quien  a  las siete de la mañana recibió en su casa a la menor,  ni  lo  expuesto por el mismo acusado en punto del estado de ebriedad en el cual  se  encontraba  la niña momentos antes de la relación sexual, de manera que se  queda  en  la  crítica  insuficiente  y  fragmentaria  de  algunas pruebas, sin  percatarse  que  para  conseguir la admisión del libelo era necesario emprender  un ataque a los pilares fundamentales del fallo cuestionado.   

Como  viene  de  verse,  es  palmario que el  censor  se sustenta únicamente en su imprecisa percepción personal del asunto,  en  manifiesto  quebranto de la presunción de acierto y legalidad de la cual se  encuentra revestido el fallo.   

Tampoco  el  casacionista  indica las normas  violadas,  omisión que le impide señalar cómo se produjo el quebranto de cada  una  de  ellas,  falencia adicional a las anteriores que permite advertir serias  inconsistencias en la presentación del libelo.   

Así    las    cosas,    considera      la      Colegiatura   que  si  el  impugnante  no  conduce su demanda conforme  a  las  referidas exigencias dispuestas, de una parte,  para  acceder  a la casación discrecional y, de otra, para postular y demostrar  los  reproches  contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del principio de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para  enmendar  las  falencias de aquella, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000  se  impone  de  plano la inadmisión  del   libelo   en  tales  condiciones           presentado.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de   derechos   o  garantías  del  acusado,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   WILSON  FRANCISCO  TROMPA  SÁNCHEZ, por  las razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ           

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 No se  registra  el  nombre de la niña en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.     

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