39345(08-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No.289  

Bogotá, D. C., ocho (8) de agosto de dos mil  doce (2012).   

VISTOS:  

La Sala resuelve sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado Rafael Ernesto  Cubillos  Romero,  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de  Cundinamarca,  mediante la cual se confirmó la dictada por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Fusagasugá,  que  lo  condenó en calidad de autor de la conducta  punible  de  violación  del  régimen legal o constitucional de inhabilidades o  incompatibilidades.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE:   

1.    Los  primeros  fueron  sintetizados  por  la  Fiscalía  ad  quem,  al  resolver  la  alzada  contra la resolución  acusatoria, en los siguientes términos:   

“Consisten en que el señor Rafael Ernesto  Cubillos   Romero,   en  su  condición  de  alcalde  del  municipio  de  Pasca,  Cundinamarca,  emitió  orden  de  servicios  por  $1.800.000.oo adiada el 20 de  noviembre  de 2003, a favor del señor Gustavo Origua Leiton, para supervisar el  programa  de  resisbenización (sic) en el municipio, a pesar de que era hermano  del  señor  Guillermo  Origua  Leiton, quien para la época ocupaba el cargo de  elección popular de concejal de la misma localidad.   

Por  tanto,  tal  situación constituyó el  desconocimiento  del  artículo  19 de la Ley 53 de 1990, con las modificaciones  introducidas  por  la  Carta  Política  de  1991  y la Ley 136 de 1994, el cual  contiene  la  prohibición  de  contratar por las administraciones municipales a  parientes     de     los     concejales    hasta    el    segundo    grado    de  consanguinidad”.   

2.   Por  esos  hechos,  el  12  de  marzo  de  2007,  en la Fiscalía Quinta Seccional de  Bogotá  de  la  Unidad  de  Fiscalías  de  Delitos  contra  la Administración  Pública,  de  Justicia  y  Otros,  se  profirió  resolución acusatoria contra  Rafael   Ernesto   Cubillos   Romero   y   Gustavo   Origua   Leiton1,    como  presuntos  autor  e interviniente, respectivamente, del delito de violación del  régimen  legal  o constitucional de inhabilidades o incompatibilidades, la cual  quedó  ejecutoria  el  21 de agosto de 2007, al ser confirmada por la Fiscalía  Segunda    de    la    Unidad    Delegada   ante   el   Tribunal   Superior   de  Cundinamarca.   

3.  La etapa de  la   causa   correspondió   adelantarla   al  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Fusagasugá,  donde celebradas la audiencia preparatoria y la vista pública, el  28  de  julio  de 2011 se condenó a Rafael Ernesto Cubillos Romero, a las penas  principales  de  48  meses  de  prisión,  multa de 50 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el  término  de  5  años,  al  hallarlo autor del delito por el que fue acusado, a  quien  se  le negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena, pero  se le otorgó la sustitutiva de la prisión domiciliaria.   

De  otra  parte,  Gustavo Origua Leiton, fue  condenado  a  las  penas  principales  de  6  meses  de  prisión, multa de 6.25  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y  funciones  públicas por el término de 7 meses y 15 días, al hallarlo autor, a  título  de  interviniente,  del delito por el que fue acusado, a quien a su vez  se  le  reconoció  la  rebaja  punitiva prevista en el artículo 56 del Código  Penal  y  se  le  concedió  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la  pena.   

4.    Esa  sentencia  fue  apelada  por  el  defensor del inculpado Rafael Ernesto Cubillos  Romero  y,  el  6  de  marzo  de  2012,  el Tribunal Superior de Cundinamarca la  confirmó,  decisión  contra  la  cual  el nuevo apoderado del citado presentó  recurso de casación.   

LA  DEMANDA:  

Está  integrada  por  tres  censuras, cuyos  argumentos se sintetizan de la siguiente manera.   

I.  Primer  cargo:  

1.    Con  fundamento  en la causal tercera de casación prevista en el artículo 207 de la  Ley  600  de  2000,  el  actor  denuncia  la sentencia por haberse dictado en un  proceso  viciado de nulidad, por cuanto se violó el principio de investigación  integral.   

2.   Una  vez  cita        argumento       de       autoridad2  en  donde  se recoge la forma  como  corresponde  alegar  la censura anotada, precisa que en el caso particular  se  dejaron  de practicar los testimonios de los funcionarios de la Tesorería y  de  Planeación  del  municipio de Pasca, a quienes les constaba que respecto de  las         personas        que        adelantaron        la        “resisbenización”,    “se  realizó  una  especie  de  «concurso  de  mérito»  o una  capacitación  en ese sentido”, de manera que las que  obtuvieron  los  mejores puntajes fueron contratadas mediante orden de servicios  por  tres  meses,  conforme  incluso  lo  señaló  el   procesado  Gustavo  Origua Leiton.   

3.  Así mismo,  el  libelista afirma que se omitió escuchar la declaración de los funcionarios  del  Departamento Administrativo Planeación Nacional que efectuaron la referida  capacitación,  como también realizar una inspección a los periódicos y a las  emisoras  de  la región, a través de las que se difundió la convocatoria a la  selección,  pero  además,  tampoco  se  trajo  el  documento  del  convenio de  cooperación  internacional  mediante  el  cual  se  patrocinó  la “resisbenización”.   

4.   Asegura  entonces  que  el testimonio de los funcionarios de la alcaldía era procedente,  pues  con  él  se  demostraba  la  existencia  del  proceso de selección, como  también  que  el  acusado  Gustavo  Origua  Leiton estaba dentro de la lista de  elegibles,   por   lo  que  “podía  acceder  a  la  contratación  por  expreso  mandato  del artículo 126, inciso 2º, de la Carta  Política”.   

5.  Añade que  la   prueba   testimonial  anotada  por  igual  era  pertinente  y  útil,  pues  coincidiría  con  lo  manifestado  por los encausados y con lo narrado por Lyda  Milena  Soacha  Sanguino  y  Hernán  Rolando  Benavides  Niño, quienes no solo  participaron  en  el  proceso,  sino  que  a  su vez refirieron la forma como se  llevó a cabo la convocatoria, la capacitación y la selección.   

6.   En  esa  medida,  el actor expresa que aquella omisión probatoria dio lugar a deducir el  delito   imputado   sin   “realizar   las  labores  necesarias   tendientes   a  establecer  la  veracidad  de  los  dichos  de  los  sindicados”.   

7.   Adicionalmente,  manifiesta  que  con  la  inspección se habría corroborado la  convocatoria,  según  lo relataron Lyda Milena Soacha Sanguino, Hernán Rolando  Benavides  Niño y hasta el propio Gustavo Origua Leiton, y que con el documento  que  recogía  el  convenio de cooperación internacional por igual “se   corroboraría   la   verdad  no  investigada”.   

8.   Una  vez  sostiene  que  en este caso la actividad de la Fiscalía se redujo a recibir las  indagatorias  de  los  inculpados sin orientar la investigación a determinar si  éstos  en  realidad  habían  incurrido en la conducta descrita en el artículo  408  del  Código  Penal,  pues  no  se  constató  si lo dicho por ellos en esa  oportunidad  era  cierto,  afirma  que  lo  más  grave es que se desconoció lo  previsto  en  el  inciso 2º del artículo 126 de la Constitución Política, en  tanto  de  la prohibición allí consagrada están exceptuados los nombramientos  que se hagan por méritos.   

Sobre  el  particular  reitera que aunque la  mínima  prueba  que fue recaudada señaló la existencia de la convocatoria, el  proceso  de  capacitación  y  la  selección  de quienes obtuvieron los mejores  puntajes,   por  igual  de  no  haberse  incurrido  en  la  omisión  probatoria  identificada  habría  permitido  concluir que la actividad previa a la orden de  servicios            para            hacer            la            “resisbenización”  habría llevado a  colegir  que  se  hizo  de conformidad con la norma constitucional aludida y que  por  ello  la  conducta del acusado Rafael Ernesto Cubillos Romero quedaría por  fuera del alcance del derecho penal.   

9.  Afirma que  si  bien  la  principal  prueba  de  cargo  es que el enjuiciado Cubillos Romero  firmó  la orden de servicios que dio lugar a la contratación, los funcionarios  judiciales  no desarrollaron ninguna actividad probatoria encaminada a demostrar  si efectivamente había adelantado el proceso de selección.   

10.   Una vez  precisa  que  las pruebas echadas de menos son pertinentes, expone que tienen la  capacidad  de  variar  el fallo, por tanto, pide que sea casado y que se declare  la  nulidad  de  lo actuado desde la audiencia preparatoria con el propósito de  practicar las pruebas omitidas.   

Segundo   cargo:  

1.  Al amparo  de  la causal primera de casación, consagrada en el artículo 207 de la Ley 600  de  2000,  el  libelista acusa la sentencia de haber violado de forma directa el  inciso  2º del artículo 126 de la Constitución Política, lo cual dio lugar a  su  falta  de  aplicación y a la correlativa aplicación indebida del artículo  408 del Código Penal.   

2.  Expone que  si  bien  el  Tribunal  reconoció  la  existencia  del concurso de méritos, no  aplicó  el  precepto  superior  en cita bajo el argumento de que en la orden de  servicios  firmada  por  Gustavo  Origua Leiton, éste indicaba bajo la gravedad  del  juramento  que  no  estaba  incurso  en  ninguna  causal  de  inhabilidad o  incompatibilidad legal.   

3.   Aduce  entonces  que  como  en  el  inciso  2º  del  artículo 126 de la Constitución  Política,   se   dispone   que  de  la  prohibición  allí  consagrada  están  exceptuados  los  nombramientos  realizados  por méritos, como sucedió en este  caso,  no  había  lugar  a  predicar el delito descrito en el artículo 408 del  Código Penal.   

4.   Así las  cosas,  subraya  que de haberse aplicado la norma superior, la sentencia habría  sido  absolutoria,  por  tanto,  pide  que  sea  casada  y  que  se dicte una de  reemplazo en el sentido anotado.   

Tercer   cargo:  

1.  Con apoyo  en  la  causal  primera de casación, prevista en el artículo 207 de la Ley 600  de  2000,  el  demandante  denuncia  la  sentencia  de haber vulnerado de manera  indirecta  la  ley  sustancial,  al  incurrir  en  errores  de  hecho  por falso  raciocinio  en  la  apreciación  de la prueba, lo que derivó en la aplicación  indebida del artículo 408 del Código Penal.   

2.   Sostiene  que  según el artículo 9º del Código Penal, para que la conducta sea punible  debe  ser  típica,  antijurídica  y culpable y que respecto de esto último es  necesario,  frente  al  caso  particular,  “que  el  servidor  público tenga pleno conocimiento de la omisión en el cumplimiento de  los  requisitos  esenciales  para  tramitar  o celebrar contratos”.   

3. Expresa que los  falladores  de  instancia  hallaron demostrado ese elemento debido a los errores  en  que  incurrieron  al  apreciar  la prueba, lo cual llevó a dictar sentencia  condenatoria    en    contra    del    enjuiciado    Rafael   Ernesto   Cubillos  Romero.   

4. Una vez recuerda  algunos  apartes de los fallos de primera y segunda instancia en donde se dedujo  la  responsabilidad  del  inculpado  Cubillos  Romero frente al delito imputado,  pues  en  esencia el a quo no  le  dio  crédito  a  su excusa de que cometió “una  ligereza”  o  que  fue  víctima  de la habilidad de  algunos   funcionarios   y   el  ad  quem  puso  de  manifiesto  que  en  la  orden de servicios suscrita por  Gustavo  Origua  Leiton  había  una  cláusula acerca de que éste “no  estaba  inmerso  en ninguna de las causales de inhabilidad o  incompatibilidad  previstas  en  la  ley”,  el actor  advierte  que  Origua  Leiton señaló que una vez se enteró de la convocatoria  por  la  radio  y  una  cartelera,  se presentó ante la necesidad de trabajar y  salió  elegido,  por lo que ni su hermano como alcalde ni el concejo influyeron  en su nombramiento.   

5.  Manifiesta  el  censor   que   entonces   el  error  por  falso  raciocinio  consistió  en  que  “los  funcionarios  de instancia, con fundamento en  los  precarios  elementos de juicio con que cuenta el proceso, pues se reducen a  los  documentos  enviados  a la alcaldía por la Contraloría y las indagatorias  de    los    acusados,    llegaron   a   conclusiones   carentes   de   sustento  probatorio”  respecto  de  la violación de régimen  legal  o  constitucional  de  inhabilidades  e  incompatibilidades, sin tener en  cuenta  “los postulados de la lógica”  y  “sobre  todo  los principios de la  experiencia”,  lo  que  los  llevó  a determinar la  responsabilidad  del  acusado en razón de su “falta  de          diligencia”,         “rompiendo   de   un   tajo  el  precepto  constitucional  de  la  presunción de inocencia”.   

6.  Añade que  los   falladores   de   primer   y   segundo  se  distanciaron  de  “los  principios  de  la  lógica” al  asumir  que  se había violado el régimen de inhabilidades e incompatibilidades  por  el  solo  hecho  de  que  se  tenía conocimiento personal de la condición  parental con uno de los aspirantes a los cargos ofrecidos.   

7.  Sostiene el  impugnante  que  “si  los  juzgadores  de instancia  hubieran  sustentado el ejercicio dialéctico de una manera serena de cara a las  máximas  de  la  lógica  que  ofrece  el devenir histórico de la sociedad, el  sentido  común  y,  en  general,  a  la  diligencia,  eficiencia y eficacia que  demanda   el  servicio  público,  a  partir  de  ese  entendimiento  ubicarían  [al procesado] por fuera del  marco   de   alcance   de   la   legislación   penal  colombiana”.   

8.   A juicio  del  memorialista,  en  el  caso  de  la  especie  se  presenta  un “típico   falso  raciocinio,  pues  se  falseó  la  inferencia,  poniéndola  a  decir  lo  que  no  se  desprende  de su contexto”,   de   manera   que   en   definitiva   el  Tribunal  “dio  por  demostrado  lo  que  tenía  que demostrar, lo cual se  conoce  en  la  lógica  como  sofisma  de petición de principio”,  por  cuanto concluyó que se daba la certeza en los términos del  artículo   232   del   Código   de   Procedimiento   Penal   sin   que   fuera  así.   

9.  Expone que  si  el  procesado  Rafael  Ernesto Cubillos Romero había prestado sus servicios  por  varios  años  a  la  administración  pública,  es claro que “no  los  iba  a  tirar por la borda”,  sobre  todo  si  se  recuerda  que  por razón de las amenazas de la subversión  despachaba  desde  la  Gobernación  de  Cundinamarca,  por tanto, el demandante  considera  que  la  sentencia  “se lleva de calle el  artículo  284  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  lo  que en buen romance  significa  que  para  el  funcionario judicial están proscritas las inferencias  subjetivas”.   

10.   Una vez  insiste  en  que  en  los fallos de instancia no se procedió de conformidad con  las  reglas  de  la sana crítica, afirma que de la apreciación correcta de las  pruebas  no  se  desprende  cosa distinta que una absolución, pues el Estado no  logró  demostrar,  en grado de certeza, que el acusado dolosamente contrató al  hermano  de un concejal que incluso era su contradictor político, razón por la  cual  pide  casar  la  sentencia  y  que  en  su  lugar  se  dicte  una  que  lo  exonere.   

11.  Señalado  lo  anterior, agrega que dada la forma de vinculación del enjuiciado y el cargo  a  él  imputado,  el caso particular da lugar a “la  aplicación  al  principio de in dubio pro reo”, pues  no     se     consiguió     comprobar,     en     grado    de    certeza,    su  responsabilidad.   

12.   Finalmente,   una   vez   trae   argumento   de   autoridad  sobre  “la   presunción   de  inocencia”3  y  recuerda  los  requisitos  previstos  en el artículo 232 de la Ley 600 de 2000, asegura que los juzgadores  se  equivocaron  al  condenar  al  inculpado  Rafael Ernesto Cubillos Romero sin  existir   certeza,  de  manera  que  violaron  los  principios  de  in  dubio  pro  reo  y  de presunción de  inocencia,  a pesar de la carencia de prueba que determinara su responsabilidad,  pues  no  hay  medio  de  persuasión que apunte a comprobar que actuó con dolo  frente   al  delito  de  violación  del  régimen  legal  o  constitucional  de  inhabilidades o incompatibilidades.   

Así  las  cosas,  luego  de citar un par de  autores  en respaldo de su postura, reitera su petición de casar la sentencia y  absolver al inculpado.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   SALA:   

I.        Cuestión   Previa:   

1.  La Corte,  al  examinar  la admisibilidad de la demanda de casación, centra su interés en  verificar   el   cumplimiento  de  ciertas  exigencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  en  punto  de  los cargos que la integran, con el propósito de  impedir  que el recurso extraordinario se convierta en una instancia adicional a  las  ordinarias  ya  agotadas,  atendiendo al hecho de que la sentencia arriba a  esta sede revestida de la doble presunción de acierto y legalidad.   

2.   Por  tal  motivo,  los  requisitos  reclamados  persiguen  que  la  demanda satisfaga unos  presupuestos  mínimos  de  coherencia,  lo cual supone expresar de forma clara,  precisa  y  completa  los  argumentos, en orden a garantizar el entendimiento de  los  problemas  jurídicos  a  la  Corte,  en  tanto  el recurso de casación es  eminentemente rogado.   

3.  Corresponde  entonces  al  libelista  especificar,  de  conformidad  con lo preceptuado en el  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la causal o causales de  casación  que  pretenda  hacer valer y, a su vez, desarrollar completamente los  cargos  que  sirven de sustento al recurso, respecto de los cuales debe expresar  los  fundamentos  de  hecho  y  de derecho e, igualmente, les asiste el deber de  demostrar  la  trascendencia  de  los  reparos, en aras de cumplir alguno de los  fines   establecidos   por  el  legislador  en  el  artículo  206  ibídem,  valga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de los intervinientes o la  reparación de los agravios padecidos por éstos.   

4.  Puesto de  presente  el  esfuerzo  argumentativo que corresponde desarrollar al impugnante,  la  Sala  procede  a  verificar  si  en  este caso se cumple en relación con la  demanda    formulada    por    el   apoderado   de   Rafael   Ernesto   Cubillos  Romero.   

Primer   cargo:  

1.   Está  pacíficamente  decantado  que cuando el reparo se invoca con apoyo en la causal  tercera  de casación consagrada en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, como  ocurre   en  este  caso,  corresponde  al  impugnante  precisar  la  especie  de  irregularidad   sustantiva  generadora  de  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  las  normas vulneradas, así como las razones del quebranto; labor  argumentativa    que    debe    desarrollar    ajustándose    a   la   realidad  procesal.   

2.   Así  mismo,  el  censor  ha  de determinar el tramo de la actuación donde el defecto  surte  sus consecuencias, expresando la causa por la cual no hay manera distinta  para  restaurar  el  derecho  menoscabado  que  optar  por  la  declaratoria  de  nulidad.   

3.  Además,  es  del resorte del recurrente acreditar que la irregularidad denunciada produce  una  secuela  negativa y esencial en la declaración de justicia contenida en el  fallo  impugnado,  pues  el  recurso  extraordinario  no  puede  sustentarse  en  especulaciones  o  en  aspectos  incapaces  de  originar  el  desconocimiento de  garantías.   

4. Ahora, como en  este   caso   puntualmente   se   alega  el  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral,  resulta  oportuno  señalar  que  por tratarse de una  expresión  del  debido  proceso,  en  cuanto  impone  al  funcionario  judicial  investigar  lo  favorable  y  lo  desfavorable a los intereses del procesado, el  mismo debe perfilarse de la siguiente manera:   

“Reiteradamente la Corte ha sostenido que  cuando  se  plantea en casación este motivo de nulidad, el escrito debe cumplir  algunas  condiciones  mínimas  de  contenido,  entre  ellas las siguientes: (i)  relacionar   los   medios   de  prueba  echados  de  menos,  (ii)  acreditar  su  conducencia,  pertinencia,  utilidad  y  posibilidades  reales de recaudo, (iii)  justificar  su  trascendencia,  y (iv) demostrar que los funcionarios judiciales  omitieron  realizar  los  esfuerzos  requeridos  para  practicarlas  estando  en  condiciones de hacerlo.   

Se hace esta precisión para dejar sentado  que  la  demostración  de  esta  especie  de  reparo  no se agota con el simple  señalamiento   de   las  pruebas  que  los  funcionarios  judiciales  omitieron  practicar  en  concreto dentro de una determinada investigación, ni mucho menos  en  la  presentación  de  una variedad de hipótesis probatorias producto de la  capacidad  imaginativa  del demandante, sobre las que se especula a partir de la  certeza  de  los resultados del proceso, sino en el cumplimiento claro y preciso  de    los    requerimientos   que   vienen   de   ser   indicados”4.   

5.  Conviene  precisar   también,  que  son  pruebas  pertinentes  las  orientadas a constatar  el   thema  probandum,  es  decir,  aquello  que  importa  demostrar  directa o indirectamente en el proceso  penal,  lo  cual generalmente se encuentra emparentado  con     la    validez    de    la    acción,    la  verificación    de   la   conducta   punible,   la  responsabilidad  del  vinculado  y la existencia de los perjuicios; mientras que  son    conducentes   las  autorizadas  por  la  ley con capacidad para comprobar  los   precisos  aspectos  que  interesan  en  el  caso  concreto  y  se  reputan  útiles  las  que  acreditan  un  asunto aún no  corroborado   y   que   reporta   un   verdadero   beneficio   al   sub judice.   

6.   Ahora,            es           necesario         añadir  que  la  trascendencia  del  medio de convicción no se debe confundir con su utilidad,  pues  aquélla no se refiere a  la  importancia  de  la prueba considerada en sí misma, sino que responde a sus  consecuencias  frente  a  los elementos de persuasión en que se apoya el fallo,  por  tanto,  un medio de convicción tendrá incidencia si posee la capacidad de  remover  la declaración de justicia y no gozará de ella cuando no la altera de  manera significativa o seria.   

7.  Se observa  entonces,  que en sede de casación de lo que se trata es de adelantar un examen  objetivo,  mas  no  mediatizado por la opinión o la especulación del actor con  el fin de lograr un resultado exclusivamente personal.   

8.    En  el  caso  de  la  especie,  básicamente  el  censor  echa  de  menos  la  práctica  del  testimonio de los  funcionarios  de la Tesorería y de Planeación del municipio de Pasca, de otros  vinculados  con  el  Departamento  Administrativo  de  Planeación  Nacional, la  inspección  a  unos medios de comunicación (radio y prensa escrita), así como  el   recaudo   de   un  documento  que  recogía  un  convenio  de  cooperación  internacional,  pues,  a  su  juicio,  con  tales  pruebas  se  demostraría  la  existencia  de  una  convocatoria  a  un  proceso  de  selección,  que tras una  capacitación,  finalmente  desembocó  en  la  firma de órdenes de servicios a  favor,   entre  otros,  de  Gustavo  Origua  Leiton,  de  manera  que  bajo  esa  perspectiva  y  en  el  caso  del  citado,  se estaría ante la excepción de la  prohibición  consagrada  en artículo 126 de la Carta Política, a pesar de ser  hermano  de  un  concejal,  por  lo  que  quedaría demostrado que no concurría  respecto  del  procesado  Rafael Ernesto Cubillos Romero el delito de violación  del     régimen     legal     o     constitucional     de    inhabilidades    o  incompatibilidades.   

9.  Frente a  una  queja  de ese jaez, varias son las inconsistencias que se advierten, vistas  las exigencias inicialmente precisadas.   

10.  En primer  lugar,  no  identifica  puntualmente  las  personas  que,  tanto  en  calidad de  funcionarios  de  la  administración municipal como la nacional, han debido ser  escuchadas,  defecto  que  se  repite  cuando  simplemente añora la inspección  judicial  a  medios  de  comunicación  radiales  y periodísticos de los cuales  omite su identificación.   

11.  Al margen  de  este  olvido,  por igual se observa que con tales pruebas lo que persigue es  prolongar  la  controversia  probatoria, en tanto la misma censura se encarga de  reconocer  que  la  información  contenida  en  la  prueba  echada  de menos se  recogió  a  través  de  otros  elementos  de  convicción,  como lo fueron las  declaraciones  de Lyda Milena Soacha Sanguino y Hernán Rolando Benavides Niño,  pero también con el dicho del inculpado Gustavo Origua Leiton.   

12. En esa medida,  de  nada  sirve  el  esfuerzo  del libelista por demostrar la pertinencia de los  medios  de  conocimiento  de  los  que  pregona  fue  omitida su práctica, pues  ninguna utilidad tendrían.   

13.   Por  tanto,  lo que revela la censura bajo examen, es el deseo de continuar un debate  probatorio  al  estilo  de  las  instancias y por tanto alejado en un todo de la  naturaleza extraordinaria del recurso de casación.   

14.  Entonces,  ante  los  evidentes  defectos  argumentativos  de  la  censura y su carencia de  trascendencia, se impone su inadmisión.   

Segundo  cargo:  

1.  Cuando se  denuncia  la  violación  directa  de  la  ley  de carácter de sustancial, como  sucede  en  esta  censura,  conviene  precisar  que el debate se circunscribe al  escenario  exclusivamente  jurídico  y de allí que el casacionista deba asumir  incondicionalmente  la  apreciación de los medios de conocimiento fijada por el  fallador,  pero  además,  es  necesario  que  se  someta a la realidad fáctica  declarada en la sentencia objeto de impugnación extraordinaria.   

2.   Ahora,  como  tres  son  los  conceptos a través de los cuales se llega a la violación  directa  de  una  norma  de  derecho sustantivo, conviene anotar que cada uno de  ellos    exige    composiciones    argumentativas    claramente    definidas   e  independientes.   

3. Así, cuando lo  perseguido  es  demostrar  la  exclusión  evidente  de  una  norma,  se  impone  comprobar el error acerca de su existencia o validez.   

4.  Empero, si  se  pretende evidenciar la aplicación indebida de una determinada disposición,  el  esfuerzo ha de orientarse a constatar la defectuosa adecuación del supuesto  fáctico    probado    respecto    de    la   hipótesis   contemplada   en   el  precepto.   

5.   Finalmente,  si  lo  deseado es poner de presente la interpretación errónea de  la  norma,  la tarea se debe concentrar en comprobar que a ésta se le confirió  un efecto limitado o excedido distinto al derivado de su contenido.   

6.   Adicionalmente,  es preciso mencionar que como la interpretación errónea parte  de  la base que la disposición vulnerada es correctamente seleccionada, no debe  confundirse  con  los  casos  donde  por  dársele  un alcance equivocado, no es  aplicada o se utiliza en forma indebida.   

7.  En efecto,  es  pertinente recordar que la aplicación indebida o la falta de aplicación de  una     norma     pueden     darse     a    consecuencia    de    su    errónea  interpretación.   

8.  En estos  eventos,  el  yerro  de  hermenéutica  conduce,  en  punto  de  la  aplicación  indebida,  a  desbordar el verdadero sentido de la norma y, por ello, se la pone  a  gobernar  un  asunto  que  no  contempla.  En  cuanto  hace  a  la  falta  de  aplicación,  el  error  en  la  exégesis  del  precepto lleva a restringir sus  efectos jurídicos y por eso no se la utiliza.   

9. Ahora, cuando se  alega  que  como  fruto  de  la  interpretación  de  la  norma  ésta se aplica  indebidamente,  como  evidentemente  lo  alega  el  libelista  en  este  reparo,  corresponde  al  impugnante (i) precisar el punto de derecho objeto del ataque y  establecer  la naturaleza del instituto jurídico recogido en él, puntualizando  su  ubicación  en  el  ordenamiento  positivo,  (ii)  especificar  cuál fue la  exégesis  dada  en la sentencia al mismo, (iii) indicar las razones por las que  ella  resulta equivocada y (iv) explicar porqué la comprensión propuesta en la  demanda   es   la  correcta,  lo  que  impone  demostrar  la  coherencia  de  la  interpretación  formulada  por  el  actor  frente  a las categorías jurídicas  relacionadas  con  la temática y respecto del universo regulatorio inherente al  punto de derecho cuestionado.   

10.  Igualmente,  conviene  mencionar  que la simple postulación de una interpretación plausible  paralela  a  la consignada en la sentencia no tiene cabida en sede de casación,  por  cuanto  el  recurso  extraordinario  no  está  instituido  para  prolongar  discusiones al estilo de las instancias.   

11.  En otros  términos,  frente  a  la  interpretación  razonada  y  razonable  de  la norma  realizada  por el Tribunal, no es posible intentar el recurso extraordinario, si  el  orden  jurídico,  los  valores, principios, derechos y demás garantías de  las  partes  e intervinientes, son respetados a través del entendimiento que de  los    preceptos   hace   el   ad   quem.   

12.    Al  confrontar  los  requisitos  que  se deben colmar cuando el cargo se postula con  apoyo  en  la violación directa de la ley sustancial a partir de la aplicación  indebida  de  la  norma  a  consecuencia  de  su errónea interpretación con el  contenido  del presente reparo, se advierten varias inconsistencias de lógica y  de adecuada argumentación.   

13.   En  este  sentido,  se observa que el esfuerzo demostrativo señalado en precedencia no es  desarrollado,  por  cuanto  es  claro  que  el  impugnante desconoce la realidad  procesal  con  el  propósito  de  sustentar  su particular punto de vista, pues  parte  de un supuesto fáctico no reconocido por el ad  quem, en tanto no es cierto que éste haya admitido la  existencia  de  un concurso de méritos en los términos previstos en la Ley 443  de  1998,  vigente  para  la  época de los hechos y que reglamentaba la carrera  administrativa,  sino  que  hizo  mención al simple procedimiento de selección  que  dio  lugar  a  contratar,  en  la  modalidad de prestación de servicios, a  varias      personas      para      que      adelantaran     la     “resisbenización”  de los habitantes  del municipio de Pasca.   

14.   Esa  particular  postura  del  libelista  da al traste con la obligación de respetar  los  hechos declarados por el Tribunal con miras a desarrollar la censura por la  vía de la violación directa de la ley sustancial.   

15.  Pero no  solo  tal  inconsistencia es la que conspira contra la adecuada formulación del  reparo,  sino  que  en  modo  alguno asoma el más mínimo esfuerzo por enseñar  porqué  jurídicamente  al  contrato  de  prestación de servicios suscrito por  Gustavo  Origua  Leiton se llegó a través de un supuesto proceso de selección  en  los  términos  previstos  en  el  artículo  125  de  la  Carta  Política,  reglamentado  a  su  vez,  para  la  época  de  los  hechos,  por la Ley 443 de  1998.   

16.  Entonces,  al  margen  de  que  a  lo  largo  el reparo el actor no ofrece las razones para  colegir  que  en  el fallo impugnado se incurrió en la violación directa de la  ley  sustancial, conviene recordar que la Corte Constitucional en las sentencias  C-154  de  1997 y C-614 de 2009, al revisar la naturaleza y alcance del contrato  de  prestación  de  servicios,  arribó  a la conclusión de que de allí no se  desprende  una  relación laboral con el Estado en estricto sentido, de donde se  sigue   que   mal   puede  afirmarse  frente  al  sub  judice,   que   de   la  simple  selección  de  unos  contratistas   para   “resisbenizar”  a  los habitantes del municipio de Pasca, se pueda predicar que se  trató  de un concurso de méritos según lo prevé el artículo 125 de la Norma  Superior,  a  la  que  desde  luego  remite  el  inciso  2º  del  artículo 126  ibídem, por lo que es claro  que  el  discurso  del  demandante se reduce mostrar una propuesta a todas luces  sofística.   

17.  Así las  cosas,  ante  los profundos defectos de lógica y adecuada fundamentación de la  censura objeto de análisis, se impone su inadmisión.   

Tercer   cargo:  

1.  Cuando un  reparo  se perfila denunciando la violación indirecta de la ley sustancial y en  particular  porque  a  la  misma  se llegó a consecuencia de error de hecho por  falso  raciocinio,  se impone particularizar la prueba sobre la cual se concreta  el  presunto  yerro y también es necesario poner de presente la vulneración de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  ofreciendo  los  motivos por los que en la  apreciación   del   medio   de  conocimiento  identificado  se  desconocen  los  principios  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las máximas de la  experiencia;  por  ende,  el recurrente debe señalar qué demuestra el elemento  de  persuasión  cuestionado,  cuál  es  la  inferencia  extraída de él en la  sentencia impugnada y el mérito probatorio allí concedido.   

2.  Cumplida  esa  labor,  al libelista le compete precisar la regla lógica, científica o de  la  experiencia  violada  en  el  fallo  y, correlativamente, debe expresar, con  claridad,  la  valoración correcta. Además, le asiste el compromiso de indicar  la  trascendencia  del  error  alegado  al  confrontarlo con el resto del acervo  probatorio  que  ha  servido  de  sustento a la sentencia objeto de impugnación  extraordinaria.   

3.  Es claro  que  el  esfuerzo  argumentativo  reseñado  en  modo  alguno es abordado por el  libelista,  por  cuanto,  contrario sensu,  se dedica a ensayar sus propias conclusiones sobre las pruebas de  manera  general,  con  el  propósito de hacer prevalecer su particular visión,  olvidando  con esa postura que la sentencia arriba a sede de casación precedida  de  la  doble  presunción de acierto y legalidad, de tal manera que los ataques  que  se  esperan  a  través  del recurso extraordinario, deben estar totalmente  desprovistos  de  conjeturas  subjetivas, pues de lo que se trata es de realizar  un  juicio  a  la  sentencia  bajo  unos  precisos  parámetros formales y no de  prolongar  discusiones  al  estilo  de  las  instancias, como permanentemente lo  evidencia el censor.   

4.  En efecto,  el  desacierto  del  actor  es total, en tanto la censura está integrada por un  conjunto    de    afirmaciones   orientadas   a   mostrar   indistintamente   el  desconocimiento  de  los  principios  de  la  lógica  y  de  las máximas de la  experiencia,  sin  precisar  sobre  qué  medio  de  convicción en concreto, ni  respecto  de  cuál  de tales principios o máximas es que recae el yerro de los  juzgadores.   

5.   Por  el  contrario,  de  forma permanente pone de presente la escasa prueba y que por tal  motivo  no  había  lugar  a predicar la certeza acerca de la responsabilidad el  procesado  Rafael  Ernesto  Cubillos  Romero  en  el  delito  de  violación del  régimen      legal      o      constitucional      de      inhabilidades      o  incompatibilidades.   

6.  Ahora, la  particular  forma  de  presentación  de  la  censura  condujo  a  que por estar  construida  a  partir  de afirmaciones generales, no solo no se identificaran de  modo  preciso  los errores de hecho por falso raciocinio, conforme se evidenció  en  líneas  anteriores,  sino que llevó a que en forma alguna se adelantara la  tarea  de  confrontación  con los restantes medios de persuasión que sirvieron  de sustento al fallo condenatorio.   

7.   Esto se  refleja  hasta  el  final  del  reproche,  pues  con  el  mismo estilo general e  indiscriminado  utilizado a lo largo del desarrollo del mismo, el censor demanda  a  favor  de su representado la aplicación de la duda, sin esmerarse en lo más  mínimo por precisar porqué había lugar a reconocerla.   

8.  Al margen del  discurso  general  y  sin  ningún  rigor casacional ofrecido por el demandante,  conviene  mencionar  que  a  la  responsabilidad  del  procesado no se llegó de  manera  infundada,  sino  como  fruto  de  la  valoración  en  conjunto  de los  distintos  medios  de prueba que obran en la actuación, según puede apreciarse  de    las    siguientes    conclusiones    consignadas    en    el   fallo   del  Tribunal:   

“En tal sentido, de acuerdo a las pruebas  recogidas  en  la  etapa  de  instrucción  y de juicio, se tiene que el alcalde  Rafael  Cubillos  conocía  que Gustavo y Guillermo Origua Leiton eran hermanos,  teniendo este último la calidad de concejal de dicho municipio.   

Ahora,   si  bien  la  selección  y  la  convocatoria  del  persona  que  efectuó  las labores de resisbenización en el  municipio  de  Pasca fue elaborada por la Oficina de Planeación municipal, ello  no  es  óbice  para  que  el alcalde no haya efectuado una verificación de las  órdenes  de  servicio  que  se  elaboraron  para tal fin, ya que es función de  éste  como  servidor  público,  velar  por  el  cumplimiento  del principio de  legalidad  de  las actuaciones de la alcaldía y que las mismas se ajusten a los  parámetros  legales  y  constitucionales.  Por ende, resulta ilógico que si el  alcalde  conocía  que estos dos eran hermanos y que si además de ello conocía  que  según las normas vigentes, no podía celebrar contratos con quienes fueran  familiares  de  las personas vinculadas a la administración, como es el caso de  los  concejales,  lo  cual le advertía a los funcionarios para evitar este tipo  de  inconvenientes,  no  se  explica  que  a  sabiendas  de  ello haya firmado y  autorizado  la  orden  de  prestación  de  servicios  a favor de Gustavo Origua  Leiton, hermano de un concejal municipal de la época”.   

9.  Lo que se  aprecia  entonces, es que el impugnante a través del cargo intentó mostrar una  realidad  acorde con los intereses que representa, mas no lo consiguió debido a  las  múltiples  falencias  de  lógica  y  adecuada  argumentación  que atrás  quedaron  evidenciadas,  por  lo  que esta censura, al igual que las anteriores,  también será inadmitida.   

10.   Para  terminar,  la  Sala  advierte  que  atendiendo  a  los  fines  de  la casación,  fundamentación  de  la  misma,  posición  del  impugnante dentro del proceso e  índole   de   la   controversia,  no  se  encuentra  violación  de  garantías  fundamentales  de  incidencia  sustancial  ni  procesal que deban ser protegidas  oficiosamente  y  conduzcan  a superar los defectos de la demanda, por lo que se  impone  su inadmisión, de conformidad con lo dispuesto por los artículos 212 y  213 del Código de Procedimiento Penal.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor  de  Rafael  Ernesto Cubillos  Romero.   

Contra  esta providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                  NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

Secretaria    

1  Ortografía  tomada  de  la  copia  de  la  tarjeta  alfabética  del procesado,  suministrada  por  el  Registrador  del  Estado  Civil  de  Pasca, Cundinamarca,  obrante  a  folio  28 del cuaderno original del sumario. Lo anterior, por cuanto  en   el   fallo   impugnado   el   segundo   apellido  se  refiere  con  “y”  griega.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencias del 27 de febrero y el  17    de    mayo    de    2001,    radicaciones    números   15402   y   15623,  respectivamente.   

3 Corte  Constitucional, sentencias T-581 de 1992 y C-252 de 2001.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 4 de mayo de 2006,  radicación No. 22328.     

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