37915(16-01-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 37915  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Bogotá, D.C., dieciséis  (16) de enero de dos mil doce (2012).   

A    S    U   N   T  O   

Se pronuncian los suscritos Magistrados María  del  Rosario  González  Muñoz, Javier Zapata Ortiz, Sigifredo Espinosa Pérez,  Augusto  J.  Ibáñez  Guzmán,  José Leonidas Bustos Martínez y Julio Enrique  Socha  Salamanca,  sobre  la recusación elevada en su contra por la defensa del  acusado  Hugo  Heliodoro  Aguilar  Naranjo,  con  sustento  en la causal 4ª del artículo 99 de la Ley 600 de  2000.   

L  A    R  E  C  U  S  A  C  I  Ó  N   

Esgrime  la  defensa que al haber conocido y  suscrito  la  decisión  mediante  la  cual  la  Sala  profirió  resolución de  acusación  en  contra  del ex senador Oscar Josué Reyes Cárdenas –radicado   27.408-,   en  la  cual  se  hicieron  una serie de declaraciones y consideraciones relacionadas con el aquí  procesado,   estaríamos  impedidos  para  conocer  de  este  asunto  por  haber  comprometido  nuestro  criterio  e  imparcialidad, apoyándose en jurisprudencia  cuyos apartados cita.   

Advierte que las anotaciones sobre el coronel  Aguilar Naranjo contenidas en  la  resolución  de  acusación aludida –proceso  distinto-  son  de  carácter sustancial y tienen conexión  con  el  asunto  que ahora se somete a consideración de los recusados,  lo  cual   demuestra   con  la  transcripción  de  varias  de  las  consideraciones  realizadas  en  aquella  providencia  bajo  las  que  la  Sala  concluye, según  entiende,  (i) que el grupo  político  al  cual  pertenecía  el coronel recibió el aval y apoyo del Bloque  Central    Bolivar    de    las    autodefensas   al   punto   de   (ii) incentivar el voto a su favor cuando  aspiró   a  la  Gobernación  de  Santander  para  el  periodo  2004-2007;  que  (iii)  recibió  dineros de  algunos  paramilitares,  (iv)  nombró  a  Bonel Patiño Noreña como Secretario de Educación del Departamento  para  responder  a  los  compromisos  adquiridos  con  el grupo armado ilegal, y  (v)  participó en diversas  reuniones  celebradas por el mismo en cumplimiento de promesas hechas durante la  campaña que denotan sus vínculos con las AUC.   

Así,  afirma que el “consentimiento” de  los  recusados  se encuentra viciado para fallar el presente asunto dado que han  emitido  opinión por fuera del proceso en contra de su prohijado acorde con los  términos  fijados  en  el  artículo  99.4  de  la  Ley  600  de  2000, lo cual  compromete  su  idoneidad,  imparcialidad  y  objetividad  y,  por  tanto, deben  separarse  del  conocimiento  del proceso para garantizar el debido proceso y el  derecho a la defensa.      

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De acuerdo a lo establecido en los artículos  104  y  106  de  la  Ley  600  de  2000, corresponde a los suscritos Magistrados  pronunciarse  respecto  de  la causal de recusación esgrimida en su contra para  que  se  separen del juzgamiento del ex gobernador del departamento de Santander  Hugo    Heliodoro    Aguilar    Naranjo,    sometido   a  conocimiento  por  competencia  –artículos    235.4    Constitución  Política  y  75.6  Ley  600  de 2000-, con base en la resolución de acusación  proferida  el  treinta  y  uno  (31)  de  octubre  de 2011 por la señora Fiscal  General  de  la  Nación,  cuyos  hechos  fueron  sucintamente  resumidos  así:   

“El  aspecto  fáctico  se  deriva  del  contenido  de  una  serie  de  escritos  anónimos,  publicaciones  de  prensa y  denuncias  dirigidas a la Fiscalía General de la nación por la Vicepresidencia  de  la  República,  veedurías ciudadanas y personas naturales contra el señor  HUGO  HELIODORO  AGUILAR  NARANJO,  que  lo  vinculan con grupos de autodefensas  desde  cuando  hizo  proselitismo  político  para  aspirar a la Gobernación de  Santander  durante  el año 2003 y, luego en el ejercicio del cargo, al designar  a  Bonel Patiño Noreña como Secretario de Salud Departamental, cumpliendo así  compromiso con alisa “Ernesto Báez”.”   

En  múltiples  oportunidades  la  Sala  ha  expresado  que  el  instituto  de  los impedimentos y las recusaciones tiene una  clara  fuente  constitucional,  pues,  de  un lado, el artículo 228 de la Carta  Política  dispone que la administración de justicia es función pública y que  sus  decisiones  son  independientes,  y,  de otro, el artículo 230 de la misma  prevé  que  en sus providencias los jueces sólo están sometidos al imperio de  la ley.   

En    desarrollo    del    principio   de  imparcialidad  que  debe  presidir  las  actuaciones  judiciales, la legislación procesal ha previsto una  serie  de  causales  de  orden  objetivo y subjetivo por virtud de las cuales el  juez   debe  declararse  impedido  para  decidir,  garantizando  a  las  partes,  terceros,  demás  intervinientes  e  incluso  a  la  comunidad  en  general, la  transparencia   y   rigor   que   deben   presidir   la   tarea  de  administrar  justicia.   

Ahora,  como  a  los  jueces  no  les  está  permitido  separarse  por  su  propia voluntad de las funciones que les han sido  asignadas,  y  a  las partes no les está dado escoger libremente la persona del  juzgador,  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del conocimiento de un caso  determinado  a  un  juez  o magistrado no pueden deducirse por analogía, ni ser  objeto  de  interpretaciones  subjetivas,  en  cuanto  se  trata  de  reglas con  carácter  de  orden  público,  fundadas en el convencimiento del legislador de  que  son  éstas  y  no  otras  las  circunstancias fácticas que impiden que un  funcionario   judicial  siga  conociendo  de  un  asunto,  porque  de  continuar  vinculado  a  la  decisión compromete la independencia de la administración de  justicia  y quebranta el derecho fundamental de los asociados a obtener un fallo  proferido     por    un    tribunal    imparcial.1   

Es entonces a partir de dichos parámetros        que        debe  examinarse    lo    postulado   por   la     defensa    para    solicitar    que   nos   separemos   del  conocimiento  del  asunto  y, al efecto, de  entrada se observa cómo la causal de  recusación   aducida   en   manera   alguna  guarda  coherencia  con  los  hechos  que  soportan  esa  manifestación,  pues,  si  de  lo  que  se  trata  es de  relacionar   que   en   otro   proceso   diferente   se  analizaron  las  mismas  circunstancias  fácticas  y  se  verificó  el  valor  de la prueba recogida en  contra  de  otros  investigados por conductas punibles  similares   a   la  que  es  objeto  de  juzgamiento  en  este  caso,  es  claro  que lo realizado en aquella  oportunidad  se  limita  al  estricto cumplimiento de  las  funciones  y  los  deberes  encomendados  constitucional  y  legalmente a la  Sala,  en cuanto ha sido la  señalada  para  investigar  y  juzgar los  delitos  cometidos  por  los  miembros  del  Congreso, aun cuando  hubieren  cesado  en el ejercicio de su cargo siempre que las conductas punibles  por  las  cuales  se proceda en su contra  tengan  relación  con  las  funciones desempeñadas –artículo  235.3  y  parágrafo de la  Constitución Política-.   

De  ninguna  manera  esa decisión judicial  puede    siquiera    por    analogía    definirse    como    una   “opinión”     o     “consejo”,   para   utilizar   los  términos   consignados   en   la   causal   4°   del   artículo  99    de    la    Ley    600        de       2000.   

Cuando  la  norma  relaciona el antecedente  previo  consistente en que el funcionario “haya dado  consejo    o   manifestado   su   opinión   sobre   el   asunto   materia   del  proceso”,  necesariamente  remite  a  un  tipo  de  actuación  extraprocesal     extraña  al  estricto cumplimiento de la labor  de  administrar  justicia  deferido  al  mismo  por razón de su cargo, pues, se  reitera,  si lo manifestado se consigna formal y materialmente en una decisión,  ello  supera  con mucho esa informalidad consignada en  la   causal  citada  y cuyo  fin  es  precisamente  evitar que lo expresado por fuera del proceso  sea  reiterado  en  éste, poniendo en  entredicho    la    seriedad    e   imparcialidad    de   quien   así   ha  actuado.   

Sobre    la    mencionada   causal   ha  dicho   la   Sala   que  “no toda opinión emitida  por  el  juez  sobre  el  objeto  del  proceso  da  lugar  a  la declaratoria de  impedimento,  sino  sólo  aquélla  que  se  produce  extraprocesalmente  puede  conducir  a  la separación del asunto” 2  y, también  se advirtió de antaño que:   

“Sobre el particular se precisó en auto de  diciembre  19  de  2000,  reiterado en los mismos términos el 25 de junio de la  presente  anualidad  (Rad.  19587),  que  no  toda  opinión o concepto sobre el  objeto  del  proceso  origina causal impediente, pues la que adquiera relevancia  jurídica  en  esta materia es la emitida por fuera del proceso y de tal entidad  o  naturaleza  que  vincule al funcionario sobre el aspecto que ha de ser objeto  de  decisión.  No es aquella opinión expresada por el juez en ejercicio de sus  funciones,  exceptuado el evento de “haber dictado la providencia cuya revisión  se  trata”,  porque  ello  entrañaría el absurdo de que la facultad que la ley  otorga  al juez para cumplir su actividad judicial a la vez lo inhabilitara para  intervenir  en  otros  asuntos  de  su  competencia, procedimiento que ni la ley  autoriza     ni     la     lógica    justifica”.3   

Así las cosas, no  se  materializa la causal de  impedimento   aducida  por  la  defensa  para  que los suscritos magistrados deban  separarse   del   conocimiento   del   enjuiciamiento  del  acusado, muy a pesar de que en el proceso que  la  Sala adelanta en contra del ex senador Oscar Josué  Reyes  Cárdenas  –radicado  27.408-,  al  valorar  los  hechos  y  la  prueba allí recaudada se hayan hecho  algunas  consideraciones  con  relación  a aquél, al calificarse el mérito de  tal  sumario,  cumpliendo  de  esa  forma  con  la  obligación constitucional y  legal.   

Las causales de  impedimento  se  advierten  expresas,  en  cuanto  excepción  a  la competencia  legalmente  deferida  a  los  funcionarios, razón suficiente para que no quepan  analogías  o  interpretaciones  subjetivas,  debe concluirse carente de asidero  legal      la      causal     aducida.   

Es más, si por fuera de la taxatividad legal  pudieran  existir factores materiales que en un caso concreto condujeran a dudar  de  la  independencia  o  imparcialidad del juez, es menester  advertir que  tampoco  en  los  hechos  puestos  de  presente  por  la  defensa se advierte la  existencia de un dicho compromiso de la justicia.   

Lo   anterior  porque  la  resolución  de  acusación  proferida  por  la  Sala  dentro  del  radicado  27.408 –que  cita la defensa- se produjo dentro  de  los  marcos  de  la  competencia  asignada  por  la  Constitución y la Ley,  atendido  un  conjunto  probatorio cuya formación, producción e incorporación  estuvo   regentada  por  unas  condiciones  de  inmediación,  concentración  y  controversia  sustancialmente  distintas  a las que corresponden al caso del hoy  acusado   ex  gobernador  Aguilar  Naranjo.   

En  ese  contexto,  tratándose  de  dos  diferentes  procesos  y,  además,  de  distintos  acusados, está claro que las  incidencias  probatorias no son exactamente iguales y  que   su   análisis   implica  no  solo  verificar  su  contenido  y  alcance  respecto  de  cada uno de  ellos, sino responder adecuadamente a los argumentos  de  los  sujetos  procesales,  muy a pesar de que se  hayan  hecho  consideraciones  aisladas  en  torno  a cualquiera de ellos en las  diferentes actuaciones.   

Además,  si  bien  los  hechos  objeto  de  este  proceso  se  relacionan    con    aquellos    de   que  trata la actuación adelantada por  la  Sala  contra  el  ex  senador  Oscar  Josué  Reyes  Cárdenas  –radicado 27.408- que se encuentra en la  etapa  del  juicio  –por lo  que  aún  resta por evaluarse en grado de certeza su realidad y responsabilidad  con  fundamento en la prueba recaudada-, no se está en presencia de eventos que  impliquen  por doble vía la comisión de conductas punibles, como aconteció en  el  caso  del  ex  Ministro Sabas Pretelt de la Vega4     respecto     de     las  investigaciones  proseguidas  contra  los ex congresistas Yidis Medina Padilla y  Teodolindo  Avendaño,  razón  por  la  cual muy a pesar de que en el evento de  estudio    tan    solo   el   juzgamiento   del   ex   gobernador   Aguilar  Naranjo se encuentre asignado a la  Sala, tampoco opera la causal de recusación aducida.    

Recuérdese  lo   manifestado   con  antelación       al       respecto:   

“12.  Pártase del saber que el instituto  de  los  impedimentos  se funda en la necesidad de preservar, como esencia de la  función  judicial,  la  imparcialidad e independencia, al propósito de que las  decisiones  sean  legítimas  y  genuinamente  justas,  dando  por descontado su  subordinación  al imperio de la Constitución Política (Arts. 228 y 230) y sus  desarrollos  legales  (Leyes  de  Procesamiento),  de donde emanan los distintos  modelos  procesales  que el sistema jurídico Colombiano tiene diseñado para el  efecto,  conforme  a  su  particular  tendencia  axiológica; desde el acentuado  adversarial  avenido  con  la  ley  906  de  2004 y su fórmula triangular de la  relación  procesal  o  “principio  acusatorio”,  hasta el más retraído en  esos  rasgos  gobernado  por  la  concentración de funciones de “investigar y  juzgar”,  que  por  virtud  constitucional  aplica  al procesamiento de “los  miembros  del  Congreso”  de la República (Art. 235-3), asido a las reglas de  la Ley 600 de 2000.   

13.  Es de esa manera como dentro del marco  de  la  Constitución  Política  y todo el catálogo de derechos superiores, el  sistema  de  procesamiento, amén de su base axiológica, determina un modelo de  juez  conforme  a  sus  poderes  o  facultades, tanto como de sus impedimentos o  motivos  de  inhibición. Existe una gran diferencia entre un juez de un sistema  sustentado  en  pilar  acusatorio  o  de  separación  de funciones, como el que  configuró  la  Ley  906  de  2004,  con  respecto  a otros ajeno a esos rasgos,  como  el  que  prevé la Ley 600 de 2000;  más  aún acentuado el que la Constitución Política concibió  para  procesar  a  los  Congresistas de la República, en cuya cabeza concentró  las facultades de investigar, acusar y juzgar.   

14.  Esa  la razón por la cual, si bien es  cierto  que  tal  como lo refirió la defensa, la letra del artículo 99-4 de la  Ley  600  de  2000  fue  reproducida  por  la  norma 56-4 de la ley 906 de 2004,  describiendo  en  ambos  casos una de las causales de impedimento en la función  judicial,  su hermenéutica no puede ser análoga, pues se nutren de fundamentos  ideológicos  antagónicos.  Esas  normas,  aunque  iguales en su semántica, se  integran  a  sistemas  procesales  disanálogos  y por lo mismo, aunque también  confluyen  en  su  teleología, son irradiadas por diferentes principios que les  fijan  rasgos  igualmente distintos. Por eso dentro del presente proceso, que se  rige  por  el  método  de la Ley 600 de 2000 y sus arraigos inquisitivos, dicha  causal  de  impedimento  no puede interpretarse a la luz de la Ley 906 de 2004 y  su carácter acusatorio.   

15. De ahí que cuando la norma señala que  es  causal  de  impedimento  que  el  funcionario  “…  haya  dado  consejo o  manifestado  su  opinión  sobre  el  asunto  materia del proceso”, es forzoso  comprender  que  si  eso  se  da  al interior de un proceso seguido por la Corte  Suprema  de  Justicia,  ajeno  al  fundamento  acusatorio,  bajo  las facultades  constitucionales  de “investigar y juzgar a los miembros del Congreso” (Art.  235-3),  como  lo  tiene  sentado desde antaño la jurisprudencia de la Sala, la  “opinión”  que  inhabilita  no  “es  aquella … expresada por el juez en  ejercicio  de sus funciones (…), porque ello entrañaría el absurdo de que la  facultad  que  la ley otorga al juez para cumplir su actividad judicial a la vez  lo  inhabilita  para  intervenir en otro asunto de su competencia, procedimiento  que  ni la ley autoriza ni la lógica justifica” 5.   

16. La función judicial es por esencia una  emisión  incesante  de  opiniones,  que  se  dan  a  la  par  con  la sucesión  progresiva  de  actos que significan el procedimiento, y siendo eso una realidad  inocultable,  no  se comprende como puede ser coherente dentro de un sistema que  concentra  en  la  persona  del  juez  todos  los roles del procesamiento, que a  pretexto  de  pérdida  de imparcialidad un juicio de valor lo inhabilitara para  efectuar  el  siguiente.  Una  contradicción  de  tal carácter al interior del  sistema  judicial,  haría  inane  toda  posibilidad utilitaria del mismo, hasta  desfigurar   las   razones   de   su  existencia  por  plena  ineficacia  (…).   

17.  En  coherencia  con  lo  anterior, con  MICHEL  TARUFO  “[P]uede observarse que en realidad el juez “toma partido”  a  favor  de  una parte y en contra de otra en cualquier momento del proceso, es  decir,  en todas las ocasiones que dispone o decide alguna cuestión relativa al  procedimiento,  o  resuelve  cuestiones  preliminares  o  prejudiciales  y,  sin  embargo,  nadie  piensa  que  por esa razón, y en cada uno de esos momentos, el  juez       pierda       su       imparcialidad6”.  Porque es que el juez en  el  ejercicio de juzgar o tomar partido, no puede perseguir más que la justicia  representada  en otorgar a cada cual la razón que le corresponda, sustentado en  la  verdad,  sea  cual  sea;  sin  ningún afán propio distinto al de acertar y  menos  reparar  en intereses políticos contingentes, o de alguna manera afectos  a   lo   puramente   personal   o   egoísta.”   7(Negrilla     fuera    del  texto).   

                    Y es que así  el  método  de  procesamiento  en  este caso no corresponda al de marcado rasgo  inquisitivo  que  caracteriza  aquellos que la Sala adelanta contra miembros del  Congreso,  a quienes investiga, acusa y juzga en ejercicio de esa concentración  de  facultades  constitucionales  y legales, lo cierto es que lo atribuido a los  recusados  es  haber  emitido  la  resolución  de  acusación  en contra del ex  senador  Reyes  Cárdenas, en la que se hicieron algunas referencias en torno al  aquí  enjuiciado,  cumpliendo  su  labor  de  administrar  justicia, lo cual no  corresponde  a  ninguna  opinión o juicio de valor personal hecho por fuera del  ejercicio  funcional  sobre  el  fondo  del  asunto  que  ahora  se  somete a su  conocimiento, tal y como atrás se sentó.   

          Por    lo   anterior,   los   suscritos   magistrados   RECHAZAMOS   el   motivo  de  impedimento  enrostrado   para  conocer  del  proceso  que  cursa  contra  el  ex  gobernador  Hugo    Heliodoro    Aguilar    Naranjo  y, por tanto, siguiendo las pautas fijadas en las normas 101, 103,  104   y  106  de  la  Ley  600 de 2000, debe suspenderse el procedimiento y  remitirse  el  expediente  a  los restantes integrantes de la Sala que no fueron  recusados,  para  que  recompuesta  en  el  número reglamentario de miembros la  misma,   a   partir   de   sorteo   de   conjueces,   adopte  la  decisión  que  corresponda.     

C U M P L A S E  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                      AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                    

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

                                  

    

1 Auto  del 19/10/2006, radicado 26.246.   

2 Auto  del  05/07/2007,  radicado 27.775, entre otros (ver p. e. autos del 19/01/2005 y  16/03/2005, radicados 23.169 y 23.374.   

3 Auto  del 03/03/2004, radicado 21.943.   

4  En  cuyo auto del 23/11/2010, radicado 35.058, la Sala señaló:   

   “3.  Lo  anterior,  implicó por  supuesto,  que la actividad probatoria en tales actuaciones se llevara a cabo en  su  integridad por esta Sala de Casación Penal, existiendo en ambos casos, como  en  éste,  comunidad  de  prueba, la cual una vez sometida a la correspondiente  valoración  conjunta  en las decisiones de mérito, permitió concluir en grado  de  certeza  que  YIDIS  MEDINA PADILLA y TEODOLINDO AVENDAÑO cedieron ante los  ofrecimientos  burocráticos  efectuados  por  altos  funcionarios  del entonces  Gobierno  Nacional,  entre  los que se cuenta el aquí acusado, SABAS PRETELT DE  LA  VEGA,  para  que  la  primera  votara  en  sentido afirmativo el proyecto de  reelección  presidencial  sometido  a escrutinio del Congreso en el año 2004 y  el  segundo,  se  ausentara  de  la  sesión  correspondiente, impidiendo de esa  manera  que  se aprobara la proposición de archivo impulsada por los opositores  de la referida iniciativa de reforma constitucional.   

3.    Y    si    bien,    por  tratarse  de  hechos  que por su dinámica implican por doble  vía  la  comisión  de  conductas delictuales, en la  medida  en  que  el  juicio de reproche penal lo es tanto para quienes aceptaron  y/o   recibieron   las   prebendas,   como  para  aquellos  que  hicieron  tales  ofrecimientos  para  lograr  que los referidos congresistas actuaran contrario a  sus  funciones  o las omitieran, una razón de orden constitucional impidió que  se  investigaran  conjuntamente, pues la función de investigación que la Carta  le  atribuye  a  la  Corte  está  referida  de manera exclusiva a las conductas  delictivas  cometidas por los congresistas que tengan relación con el ejercicio  de  las funciones, para el caso en que hayan hecho dejación del cargo; mientras  que  en lo que tiene que ver con los Ministros de Despacho, dignidad que ocupaba  el  doctor  SABAS PRETELT DE LA VEGA para la fecha en que presuntamente ejecutó  los  actos  por  los  que  se  le  formuló  acusación, esta Corporación sólo  interviene  en  la etapa de juzgamiento, previa acusación del Fiscal General de  la  Nación,  como  expresamente  lo  manda  el  artículo  235.4  de  la  Carta  Política.”   (Subrayado   y  negrilla  fuera  del  texto).   

5 Auto  del 03/09/2002, radicado 19.756   

6  TARUFFO  Michele.  La  Prueba.  Traducción  de  Laura Manríquez y Jordi Ferrer  Beltrán.    Colección   Filosofía   y   Derecho.   Edición   Marcial   Pons.  Madrid/Barcelona/Buenos Aires, 2008 p. 182.   

7 Auto  del 04/11/2010, radicado 33.713.     

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