37856(07-12-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 37856  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA No. 434-  

Bogotá,  D.C., siete (7) de diciembre de dos  mil once (2011)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala  examina  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de Mary  Elisabeth Duarte de Aldana contra la  sentencia  proferida  el  15  de  julio  de  2011 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que confirmó la condenatoria emitida el 31 de agosto de  2010  por  el  Juzgado  7  Penal  del  Circuito  de  descongestión  de la misma  ciudad.   

HECHOS  

El  tribunal  acogió  los presentados por el  juez de primera instancia, así:   

“MARY  ELISABET  DUARTE  DE  ALDANA, en su  condición  de  docente adscrita a la Secretaría de Educación de Cundinamarca,  el  7  de  septiembre  de 1994 y 18 de enero de 1999, solicitó su ascenso en el  escalafón  del  grado  8  al  10  y del 10 al 12, respectivamente, para lo cual  allegó  ante  la oficina de Escalafón, fotocopias de las actas de grado No. SC  2205  del  18 de marzo de 1994, expedida por la Facultad de Ciencias Sociales de  la  Pontificia  Universidad  Javeriana  que  otorgó el título de Licenciada en  Educación  Básica  Primaria  y  No.  921449  de 12 de diciembre de 1997, de la  Universidad   de  Buenaventura  de  Bogotá  D.C.  que  otorgó  el  título  de  Especialista en Didáctica de la Literatura Infantil, en su orden.   

Con base en los citados documentos, la Junta  Seccional  de  Escalafón Nacional ante Cundinamarca, mediante resoluciones Nos.  5626  del  24 de noviembre de 1994 y 3283 del 4 de agosto de 1999, concedió los  ascensos  solicitados  a  la educadora DUARTE ALDA (sic) del grado 8 al 10 y del  10 al 12, respectivamente.   

Dentro  del  proceso  de  verificación, el  Director  de  Personal Docente y Administrativo de la Secretaría de Educación,  solicitó   a  las  mencionadas  instituciones  universitarias  la  información  respectiva,   siendo   así   que   con  las  respuestas  suministradas  por  la  Coordinadora  Académica  de  Licenciaturas  de  la  Pontifica (sic) Universidad  Javeriana  y  el  jefe  de  Control  de  Registro  y  Control  Académico  de la  Universidad  San  Buenaventura,  de  fechas 19 de abril de 2004 y 12 de abril de  2004,  se pudo establecer que los dos títulos universitarios aportados por MARY  ELISABETH  DUARTE  DE  ALDANA  eran falsos, toda vez que no realizó estudios en  tales universidades”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  Mediante  resolución  del 18 de junio de  2004  y  a  instancia  de la denuncia interpuesta por el señor Wilson Bermúdez  Peñaranda,   Director   Administrativo  de  la  Secretaría  de  Educación  de  Cundinamarca,  la  Fiscalía  71 Seccional dispuso la apertura de instrucción y  la   vinculación   mediante   indagatoria   de  Mary  Elisabeth        Duarte        de       Aldana1.   

2.  El  mérito  del sumario se calificó con  resolución   de   acusación   del   28   de   septiembre  de  20072  en contra de  Mary   Elisabeth   Duarte   de   Aldana  en  calidad  de  autora  del delito de fraude procesal3, decisión que  al no ser impugnada cobró ejecutoria.   

3.  Mediante  sentencia  del  31 de agosto de  20104  el  Juez  7  Penal  del  Circuito de Descongestión de esta ciudad  profirió  sentencia  condenatoria  en  contra de la acusada, le impuso una pena  principal   de   48   meses  de  prisión  y  multa  en  el  equivalente  a  200  s.m.l.m.v. e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso de 60  meses.   Le   negó   la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y le concedió la prisión  domiciliaria.   

Fallo  que  al  ser  objeto  del  recurso de  apelación  fue confirmado el 15 de julio de 2011 por la Sala Penal del Tribunal  Superior            de            Bogotá5.   

4.  La defensa técnica interpuso y sustentó  el    recurso    extraordinario    de    casación6  por  lo  que  el  asunto  fue  remitido a la Corte.   

LA DEMANDA  

El  defensor  de  confianza  de  Mary  Elisabeth  Duarte  de Aldana formula  un   primer   reproche   como   principal   y   dos7 más que denomina subsidiarios  contra la sentencia de segundo grado.   

Los cargos:  

Primero, principal:  violación    indirecta,    error    de    hecho    por    falso    juicio    de  existencia.   

Cita  como  normas violadas los artículos 7,  13,  20,  23,  232,  234, 238 y 247 de la Ley 600 de 2000 y la Ley 87 de 1.993 y  sus decretos reglamentarios 1826 de 1994 y 1537 de 2001.   

Sostiene   que  los  juzgadores8  “ignoraron   gran   parte  del  plexo  de  pruebas  recopiladas,  es decir que fueron ignoradas, las que de  haber  sido  tenidas en cuenta la decisión sería absolutoria; referidas, entre  otras,  al  proceso  disciplinario que se le adelantó a la acusada, pues pese a  que  la  fiscalía  ordenó su incorporación “no se  anexan  ni  se  remiten unos casetes en donde quedaron grabados unos testimonios  decretados    a    favor    de   la   disciplinada9”.  Con  estos medios de prueba se hubiera demostrado plenamente que lo afirmado por  la   acusada  en  la  indagatoria  (trae  apartes  in  extenso)  es  totalmente  cierto,  esto  es,  que  fue  víctima  de  una  persona llamada José Rodríguez, responsable de los hechos y  quien la mantuvo en error durante todo el tiempo.   

Luego    enlista    otros    medios    de  prueba:   

(i)  Comunicación  emitida  por  el  DAS  de  fecha  4 de agosto de 2006, donde se certifica que no  registra      antecedentes;      (ii)   interlocutorio  del  28 de septiembre de 2007, a cargo de la  Fiscalía  71  Seccional, en la que se le precluyó la investigación a favor de  la  procesada  por  el  delito  de  falsedad  en documento privado; (iii)  oficio  número 039560 de junio de  2008,  emanado  de  la Dirección de Ejecuciones Fiscales, donde se acredita que  la  acusada canceló la obligación impuesta por la Secretaría de Educación de  Cundinamarca       por       valor       de       $58.589.91;       (iv)  certificaciones  expedidas  por  el  Párroco  de Pacho, Cundinamarca, el Alcalde Municipal y el Rector del Instituto  Departamental   Ana   Francisca   Lara,  sobre  el  buen  comportamiento  de  la  procesada.   

Acto  seguido,   indica que “el   H.   Tribunal   incurre  en  error  al  considerar  que  la  argumentación  expresada  en la indagatoria por la condenada carece de respaldo  probatorio                   alguno10”;  pues   tal  apreciación  desconoce:  (i)  la  multiplicidad  de  casos que se presentan en los municipios de  Colombia,  a  donde  arriban  personas  dedicadas  a  estafar  a sus pobladores;  (ii)  la  Secretaría  de  Educación   de   Cundinamarca   permaneció   engañada  durante  10  años  y,  (iii) la acusada no realizó  la    falsificación   de   los   documentos,   por   lo   que   “nace  a  la  vida  jurídica  y aplicable y de forma obligatoria al  caso  que nos ocupa la presunción de inocencia a favor de la condenada frente a  la   consumación   de   ese   hecho   punible   de   falsificación11”   

Frente  a  lo  que  denominó  trascendencia,  insiste  en  que  de  haberse  valorado  la totalidad de las pruebas, se hubiera  demostrado  plenamente  que  lo  afirmado  por  la  acusada  en  la  indagatoria  “no  tiene  ningún asomo de mentira”;  que  se omitió una investigación integral, incumpliendo de esta  manera  el  ad  quem con su obligación de investigar tanto lo favorable como lo  desfavorable  y  se  desconoció  la  facultad  de  ordenar  pruebas  de oficio.   

Concluye,   que   existió   negligencia  e  irresponsabilidad  por  parte  de los funcionarios judiciales, quienes ignoraron  que  la  procesada  es  una  persona  que dedicó 35 años de su existencia a la  enseñanza,  que  nunca  tuvo problemas con la justicia y que ha sido cumplidora  de sus obligaciones.   

Que     igual,      “estamos   en   presencia   de   un   estafador  de  nombre  JOSE  RODRIGUEZ12”,  persona  que  ofrece  estudios  de  postgrado  a  distancia,  situación  ratificada por otros docentes, luego no es  posible  “considerar que por tratarse de una persona  que  tiene  un  medio intelectual profesional de educadora la misma no pueda ser  estafada,  tal como lo afirma el funcionario AD QUEM13”.   

Luego, enruta su propuesta argumentativa en lo  relacionado  con  el control interno, su nacimiento en la Constitución de 1.991  y  los objetivos que persigue, todo para señalar que tal mecanismo no operó si  se  tiene  en cuenta la fecha de expedición de las resoluciones; situación que  contribuyó  a  que el estafador mantuviera engañadas a sus víctimas por tanto  tiempo.   

Retoma  nuevamente  lo  relacionado  con  la  diligencia  de indagatoria y las pruebas ignoradas por el ad quem, esta vez para  señalar  que  la  acusada  actuó  bajo  el  influjo  de un error invencible al  considerar  que  con  su actuación no concurría la materialización de ningún  “hecho  punible”, lo que  constituye    causal    de    ausencia    de    responsabilidad,    “porque  no  sabia (sic) que las actas de grado eran falsas y que  los  mismos  documentos  habían  sido el producto  de una estafa realizada  por  parte  del  señor  JOSE  RODRIGUEZ, y no solo (sic) a la condenada si no a  otros  docentes  más  del  municipio de pacho (sic)14”   

Luego y sin ilación alguna, hace alusión al  principio  de presunción de inocencia, para apuntalar que no es posible afirmar  que  la  procesada  conocía el origen ilícito de los documentos aportadas a la  Junta  de  Escalafón,  toda  vez que el Estado no pudo demostrarlo; adicional a  ello,   la   señora  Duarte  de  Aldana,  una  vez  se  enteró de su ilegalidad, devolvió la suma recibida  por dichos conceptos.   

Finalmente, en lo que denominó, lo que debió  hacer  el  tribunal,  precisa  que  se  le  imponía realizar actos tendientes a  lograr  la  plena identificación y localización del señor José Rodríguez, a  quien  tilda  de estafador “y realizador en últimas  del             hecho             punible15”.   

Solicita, por tanto, que se case la sentencia  impugnada   y  se  disponga  la  absolución  de  la  acusada  por  ausencia  de  responsabilidad.   

Segundo cargo.  

En  este  acápite,  plantea  tres sub cargos  subsidiarios  por  violación  directa,  los  dos  primeros  por   error de  existencia,    y   el   tercero,   por   aplicación   indebida   o   error   de  selección.   

El    primero,    titulado   cargo  uno  A, tras referirse al error de  tipo  (artículo  32,  numeral  10)  y  a  los  conceptos  de  dolo  y  de culpa  (artículos  22  y  23  de la Ley 599 de 2000), propuso la causal de ausencia de  responsabilidad,  denominada  error de tipo invencible, el que fuera desconocido  por  el  juez  plural  aduciendo  falta  de  cuidado  del  sujeto o negligencia,  presupuestos  que corresponden al concepto de culpa y no del dolo; considera por  tanto    que    “es    un   exabrupto   jurídico  determinar(sic)  en  la  presente causa que(sic) existió una conducta dolosa en  el             sujeto             activo16”   

Lo dicho, le permite solicitar casar en forma  total  el  fallo recurrido y en su reemplazo aplicar el artículo 32, numeral 10  del Código Penal.   

Luego, el dos B, por  error  de  existencia.  Una  vez  citó los artículos  vulnerados:  207 de la Ley 600 de 2000, 182 del Decreto 100 de 1980, 6 de la Ley  599  de  2000,  4,  13,  29  y  230  de  la Constitución Política, y en lo que  denomina  fundamentos,  indica  que se desconoció el principio de favorabilidad  (que  tiene  su  desarrollo  en  el  inciso  tercero  del  artículo  29  de  la  Constitución  Política),  pues  los hechos tuvieron ocurrencia en vigencia del  artículo 182 del Decreto 100 de 1980.   

En  sentir  del demandante, si los documentos  “que  no  concuerdan  con lo (sic) registros o base  (sic)  datos17”  corresponden al año 1999, como así  las   resoluciones   expedidas   por   la   Junta  Seccional  de  Escalafón  de  Cundinamarca,  la  norma  vigente  para ese momento y aplicable al presente caso  era  el  artículo  182  del  Decreto  100  de  1980,  luego si los funcionarios  judiciales  encargados  de  la  investigación  y  del juzgamiento erraron en su  aplicación, se impone la intervención de la Corte.   

Seguidamente,   califica   de  “impertinente18”  la  postura  del  ad quem, al suponer que la consumación delictiva se prolongó  hasta  el  año  2004 basada en el precedente citado en el radicado 31407 del 23  de  agosto  de  2010,  pues  todos los casos son distintos, aquel corresponde al  sistema  acusatorio  y se refiere a un caso de concierto para delinquir; con tal  teoría  se  vulnera  el principio de favorabilidad y se sacrifican los derechos  del  condenado,   a  más  que,  “el precedente  jurisprudencial  en  mención  no resiste un análisis constitucional por ser la  misma  contraria  a  las normas constitucionales y a los principios rectores del  derecho    penal    que    protegen    y    materializar    el    principio   de  favorabilidad19”.   

También  se quebranta el artículo 209 de la  Constitución  Política  sobre  el  control interno por parte de los organismos  del  Estado,  toda vez que la Secretaría de Educación de Cundinamarca desde el  año  1993  posee  un sistema interno con el fin de verificar los documentos que  se  le  presentan,  la  que  no fue eficaz pues transcurrieron 10 años desde la  presentación de los mismos.   

Entonces,  “el  error   no   ha   persistido   como  consecuencia  del  engaño  al  funcionario  administrativo  sino  como  consecuencia  de la desidia, de la negligencia y del  incumplimiento  de  no  haber  ejercido  el  control  interno por parte de (sic)  sujeto  pasivo20,  situación  que  impide aplicar el artículo 453 de la Ley 599 de  2000.   

Solicita casar en forma total el fallo y en su  reemplazo  “sea  con  base  en  lo expresado por el  legislador  en  el  articulo  (sic)  182  del  antiguo  del C.P. (Decreto 100 de  1.980)21”.   

Y, el último, tres  C,  error  de  selección  o por aplicación indebida.  Una vez transcribe el artículo 453 del Código Penal,  se  interroga  “¿cuál  es el tipo penal aplicable  cuando  tratándose  de  un  delito  de  ejecución  permanente transita por dos  legislaciones   que   consagran   penas  distintas?22”,       cuya  respuesta,  indica, se ofrece en la jurisprudencia de la Corte  que  ha  señalado  que  debe  aplicarse  la  ley  más  favorable,  esto es, el  artículo  182  del  Decreto  100  de  1980, norma benigna a los intereses de la  acusada  y que el tribunal dejó de aplicar; además, se le imponía en estricta  observancia del principio de favorabilidad.   

Peticiona por contera que se case la sentencia  y   se  dicte  una  que  se  avenga  al  Decreto  Ley  100  de  1980,  artículo  182.   

Tercer   cargo,  (subsidiario): nulidad.   

Principia por enunciar las normas infringidas:  artículos  39, 305, 306 numeral 2, 307, 301 de la Ley 600 de 2000, 80, 83 y 182  del  Decreto  100  de 1.980, Ley 87 de 1.993 y sus Decretos reglamentarios, 29 y  209 de la Constitución Política.   

Amparado en el artículo 80 del Decreto 100 de  1.980,  que  señala  que  la  acción  penal  prescribirá  en  cinco años, el  recurrente  invoca  su  declaratoria  y  corolario  a  ello  la  nulidad  de  la  actuación,  sin  que  a  ello  le resulte oponible el transcurso del tiempo por  cuanto  tal circunstancia es producto de la negligencia y el descuido del sujeto  pasivo  del  hecho  punible,  toda  vez que hasta pasados diez años formuló la  correspondiente  denuncia penal, refiriéndose nuevamente al control interno por  parte de los organismos del Estado.   

Concluye,  que  la  perpetración del último  acto  se  realizó  el 18 de septiembre de 2000, fecha a la que se le habrán de  adicionar  cinco  años,  lo  que  significa  que  la acción penal se encuentra  prescrita  desde  el 18 de septiembre de 2005; entonces, para la fecha en que se  profirió  la  decisión  de  segunda  instancia  ya había operado el fenómeno  prescriptivo.   

Solicita,  se  reconozca la existencia de una  nulidad  por  violación  al debido proceso, se case la sentencia y se ordene la  cesación de todo procedimiento a favor de la acusada.   

CONSIDERACIONES  

Cuestión previa  

1.  Procedencia del recurso de casación por  la vía ordinaria.  Favorabilidad.   

La  Sala  ha señalado que, con la entrada en  vigencia  de la Ley 906 de 2004, se eliminó – en aquellos procesos rituados por  la  nueva  normatividad-  el  requisito  del  quantum  establecido  en  la  Ley  600  de  2000 y en estatutos  procesales  anteriores, para  acudir  al  recurso  de  casación, así como la diferenciación entre casación  ordinaria y excepcional.   

También,  hay  que  ratificar,  que  esta  Corporación    en   postura   que   se   ha   venido   consolidando23,    ha  dispuesto  que  en  aquellos  eventos  en  los  que la sanción para la conducta  punible   por   la   que   se   procede   haya   sido   modificada  (según  el  artículo  453  de la Ley 599 de 2000, la pena para el  delito  de  fraude  procesal,  actualmente  tiene  consagrada una pena de 8 a 12  años  de  prisión)  y ello comporte que el máximo de  la   pena  supere  los  8  años  de  prisión,  por  virtud  del  principio  de  favorabilidad   se   ha  de  considerar  que  resulta  procedente  la  casación  ordinaria,  lo  que  apareja  una  ventaja para el impugnante en cuanto no ha de  satisfacer  la carga argumentativa previa (desarrollar  la    jurisprudencia    nacional    o   para     garantizar    los    derechos    fundamentales) como lo demanda la casación discrecional.   

Son  estas las razones, por las que es viable  acudir   en   casación   en   el   presente   proceso   por   la  senda  de  la  ordinaria.   

II.    De   la   inadmisión   de  la  demanda.   

La totalidad de la demanda se limita a mostrar  la  inconformidad  con  la  apreciación  judicial  de  la  prueba y a oponer la  personal  apreciación  del  recurrente.  Igual, se desatendieron principios que  orientan    el    régimen    casacional   tales   como:   prioridad24,  taxatividad25,              especificidad26,   suficiencia27     y  autonomía28.   

Desestimó  el  demandante  extraordinario el  principio  de  unidad  jurídica  de  los  fallos,  pues  como  la Sala lo tiene  dicho29  las  sentencias  de  primera  y  segunda instancia constituyen una  unidad  jurídica,  no  solo  en  la  parte  motiva  sino en la resolutiva, ello  significa  que  las  consideraciones  y  el  examen  de  la  realidad probatoria  agotados  por  el  A  quo  se  entienden  incorporados a la sentencia de segunda  instancia  en  todo aquello en lo que no se desvirtúe o modifique, siendo deber  ineludible  del  demandante  estudiar  ambos  fallos  con el fin de integrar sus  argumentos,  ya  que,  de  no  hacerlo,  reduce  sus posibilidades al tener como  elementos  de  juicio  apenas los de la porción que haga materia de su estudio,  dejando  sin  reproche  y por tanto incólumes las valoraciones omitidas que por  el  principio  de  inescindibilidad  se  integran al fallo censurado.   

Respuesta  al  cargo  tercero  por  nulidad  (subsidiario).   

1.  La  Sala,  en  estricto  acatamiento  al  principio  de prioridad que orienta el recurso extraordinario, y no obstante que  no  fuera  formulado como principal, se detendrá en el estudio del reproche que  por  nulidad  invoca  el  recurrente  pues de prosperar resultaría inane emitir  pronunciamiento sobre los restantes.   

2.  El  reproche es inidóneo sustancialmente  por cuanto el censor desatiende puntuales aspectos:   

(i)   Que,   como  así  lo  ha  fijado  la  jurisprudencia  de  la  Sala  y  se reitera por vía de esta misma decisión, el  delito   de   fraude  procesal  no  es  de  mera  conducta  sino  de  ejecución  permanente30”.   

ii)  Que, bajo tal consideración y con base  en  los antecedentes procesales ya expuestos el término prescriptivo empezaría  a  correr  a  partir de la fecha de comisión del último acto, esto es, mayo de  2004,  que  corresponde  a la que la administración detecta las irregularidades  que los documentos contenían y cesan sus efectos.   

(iii) Que, el argumento de la prescripción en  la   fase  de  investigación  se  muestra  sustentado  erróneamente,  pues  el  libelista  –como viene de  verse-  parte  de un equívoco trascendente, el que no  es  distinto que considerar que el delito de fraude procesal es de mera conducta  y  tal  inexactitud  lo  lleva,  a  partir  de  posturas propias, a tomar fechas  distintas  (favorables a sus pretensiones)  para  realizar  el cálculo respectivo31   

.   

(iv)  Que,  es  evidente  que  durante  la  ejecución  del  delito han transitado varias normas reguladoras de la pena para  este  punible,  entre  ellas el Código Penal de 1980, artículo 182 que señala  una  sanción de 1 a 5 años de prisión y la Ley 599 de 2000, artículo 453 con  una  pena  de  prisión de 4 a 8 años, sin la reforma contenida en el artículo  11  de  la  Ley  890  de  2004,  pues  ésta  empezó  a  regir el 7 de julio de  200432,  esto  es,  con  posterioridad a la fecha en que cesó la presunta  conducta.   

(v)  En  este  orden de ideas, es el genuino  artículo  453  del Código Penal el que fija una pena de prisión de cuatro (4)  a  ocho  (8)  años,  la  norma  llamada  a regular el caso, pues tratándose de  delitos  permanentes cuya comisión comenzó en vigencia de una ley, pero que se  postergó  hasta  el advenimiento de una legislación posterior más gravosa, se  impone  aplicar  esta última normatividad, postura ya sentada por la Sala y que  hoy  ratifica33:   

“…De  conformidad  con  lo  expuesto,  concluye  la  Sala  en  primer lugar, que cuando se trata de delitos permanentes  iniciados  en  vigencia  de  una  ley benévola pero que continúa cometiéndose  bajo  la égida de una ley posterior más gravosa, es ésta última la normativa  aplicable,  pues en tal caso no se dan los presupuestos para acoger el principio  de  favorabilidad,  sino  que  opera la regla general, esto es, la ley rige para  los hechos cometidos durante su vigencia…”   

Son  estas las razones que llevan a la Sala a  inadmitir  el  cargo  anclado  en la declaratoria de prescripción de la acción  penal y en la posibilidad de declarar la nulidad de la actuación.   

Respuesta     al     cargo     primero  principal.  Violación  indirecta, error de hecho por  falso juicio de existencia.   

1. El demandante mezcla reproches que, por lo  contradictorios,  se  niegan  uno  al otro, razón por la cual solamente podían  ser planteados en forma separada y de manera subsidiaria.   

2.  Si  la  postulación  descansa  sobre la  violación  indirecta  de  la ley sustantiva, esta exige como solución un fallo  de  reemplazo,  pero  simultáneamente se queja de que a su asistida  se le  vulneró  el  principio  de  investigación integral, ante la no realización de  actos  tendientes  a localizar al presunto responsable, señor José Rodríguez,  estos reproches se repelen.   

3. En efecto, el último reclamo apunta a la  causal  de  nulidad  y, por consiguiente, rechaza la existencia de una sentencia  de  fondo, en tanto la infracción a ese derecho exige retrotraer la actuación,  y,  por  consecuencia,  refuta  la decisión de fondo perseguida a través de la  causal tercera.   

El  desconocimiento  de  la  garantía  de  investigación  integral  es reproche que ha debido elevar por vía de la causal  de   nulidad   como   lo   tiene  sentado  la  Sala34   

;  respecto  de  la cual y de prosperar, sus  efectos  irradiarían  hasta rehacer la actuación desde la etapa procesal donde  la  práctica  de  los  elementos  de  conocimiento  que  se omitieron resultara  pertinente,  perspectiva  en la que resulta consecuente solicitar la expedición  de una sentencia de reemplazo.   

No  obstante  la precariedad de la censura, y  sin  que  se  entienda  una  respuesta  de fondo, la Sala en virtud al ejercicio  pedagógico  como  juez  de  casación, ha de destacar que no cualquier carencia  probatoria  puede  ser  identificada  con la violación denunciada. Por ello, se  requiere   precisar   en  términos  de  conducencia,  pertinencia,  utilidad  y  posibilidades  reales  de  recaudo,  cómo  del  contraste  entre  los medios de  convicción  que  sirvieron  de  fundamento  a  las declaraciones del fallo y el  contenido  de la prueba dejada de practicar, no puede inferirse nada diferente a  que el sentido del fallo debe variar.   

4.  El  demandante   también  alude  al  supuesto   desconocimiento   de   la  presunción  de  inocencia.   Al  respecto,  suficiente  se ofrece  recordar     la     postura     de     la    Sala35:   

“…3.  La  presunción  de  inocencia,  entonces,  no  siendo  un derecho absoluto se mantiene vigente en el decurso del  proceso  penal,  que  se  va  minimizando  frente  a  la contundencia probatoria  dependiendo   del  avance  de  la  actuación  penal,  es  pues,  así  como  su  desvanecimiento  se  inicia  con  la  resolución  que  resuelve  la  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  y  se  extingue,  finalmente,  cuando  mediante  una  sentencia  amparada  con  la  doble condición de inmutabilidad e  intangibilidad,  se  declara  la  responsabilidad  penal  de  una persona por la  autoría o participación de una conducta ilícita…”.   

Ahora,  si  lo  que pretendía era alegar la  existencia  de  la  duda, ya porque el juez en la sentencia acepta la existencia  de  duda  razonable  originada  en  el  haz probatorio, pero dejó de aplicar el  precepto  sustancial  que  reconoce ese hecho, debió invocar violación directa  de  la  ley sustancial, o, si considera que el juez la ignoró por errores en la  valoración  de  las pruebas, se le imponía acudir a la violación indirecta de  la  ley  sustancial, especificando la naturaleza del yerro cometido, esto es, si  es de hecho o de derecho.   

5. Ahora, si bien  el  reproche  apunta  al primer motivo de casación y escogió la vía indirecta  bajo  la  senda de errores de hecho por falso juicio de existencia, no se ocupó  de  precisar si lo era por suposición material u omisión; igual, abandonó por  completo  la lógica argumentativa exigida, pues su reclamo no estuvo dirigido a  que  los  juzgadores  hubieran  supuesto u omitido la valoración de un medio de  prueba  sino a la falta de aducción. Lo presentado como yerro no es más que su  particular   percepción   de   la  forma  en  que  ha  debido  ser  fallado  el  proceso.   

6.  Fácilmente  se detecta en su escrito un  cúmulo  de  suposiciones, conjeturas, presunciones e hipótesis alejadas de una  verdadera  sustentación  en  sede  extraordinaria,  como  cuando  indicó  que:  (i)  la  versión  de  la  acusada     no     tiene     ningún    asomo    de    mentiras,    (ii)  que  se  está  en  presencia de un  estafador  o  lo relacionado con el control interno en las entidades del Estado.   

7. Como se puede apreciar son innumerables los  desatinos  del  demandante,  al presentar como argumentos opiniones subjetivas y  abstractas  sin  ninguna  posibilidad  de  transformar  el  fondo  del asunto de  acuerdo  a  sus  pretensiones,  con  total  apartamiento  de  los postulados que  gobiernan   la   casación,  entre  los  que  se  encuentran  los  de  claridad,  taxatividad,  coherencia,  precisión,  objetividad,  transcendencia, los cuales  fueron ignorados en forma absoluta por el censor.   

8.  El  demandante  faltó  al  principio  de  autonomía  que rige el recurso extraordinario pues entremezcló diversas formas  de     ataque,     el     falso     juicio     de    existencia,    –el  elegido-  y  el  de  raciocinio  –el  argumentado-,  pues  no  obstante  anunciar ataque por  vía  del  primero,  parte  de  su  argumentación  pretendió efectuarla por el  segundo.      Una     muestra     de    ello36:   

“no es posible considerar que por tratarse  de  una persona que tiene un medio intelectual profesional de educadora la misma  no        pueda        ser        estafada”37.   

La cita en referencia se traduce en una regla  del  sentido  común,  argumento  que  le  resultaba proscrito al interior de un  falso juicio de existencia.   

9.  Pero  la  falta de técnica no se quedó  ahí,  pues cuestionó con vehemencia y fue la constante en la demanda, la falta  de  veracidad que le comportó a los juzgadores la versión de indagatoria de la  acusada.   Para  la  Sala es inevitable precisar que la credibilidad que un  juzgador  le  confiere a un testimonio no es susceptible de ser atacada mediante  el  recurso de casación, pues en el sistema de persuasión de la sana crítica,  el  mérito que se le concede a un medio de convicción está dentro del ámbito  de  discrecionalidad  razonada  que la ley le dispensa al juzgador, salvo que se  demuestre  que,  desconoció  de manera manifiesta las reglas de la lógica, las  máximas de la experiencia, o los postulados de la ciencia.   

10.  Con  total  desapego  a  la  técnica  casacional,  el  censor  parte  de  la  hipótesis  de  que el juez de casación  necesariamente  admita  como irrefutable su apreciación probatoria y le imponga  determinado         valor         probatorio38:   

“…porque no sabia (sic) que las actas de  grado  eran  falsas  y que los mismos documentos habían sido el producto de una  estafa  realizada  por  parte  del  señor  JOSE RODRIGUEZ, y no solo 8sic) a la  condenada    si   no   a   toro   docentes   más   del   municipio   de   pacho  (sic)”   

11.  Del  cargo  y  su  desarrollo fácil es  advertir  que  el  libelo  está  dirigido  a  hacer  prevalecer  su  particular  valoración  respecto  a  la  forma  en  que  se ha debido valorar los medios de  prueba  allegados  al  proceso,  con  la  pretensión  de  alcanzar  un fallo de  naturaleza  absolutoria,  tesis inadmisible en tanto los análisis de las partes  solamente  son  eso y en modo alguno demostración de equivocaciones u omisiones  de quien concluye en sentido diverso.   

Respuesta al segundo cargo.  

  Uno A (subsidiario).   

1. A la Sala, se le ofrece oportuno destacar  que  cuando  se  demanda  una sentencia por violación  directa  de  la  ley  sustancial, en cualquiera de sus  tres  modalidades  (falta de aplicación, aplicación indebida o interpretación  errónea),   el   casacionista  debe  demostrar,  sin  desconocer  los  hechos  plasmados en el fallo, y sin discrepar de la forma como  el  juzgador  los  declaró  probados,  que  entre las  partes   motiva   y   resolutiva   de   la   providencia   no   existe  armonía  jurídica.   

2.  El  censor pretende absolución en tanto  estima  que  su  cliente  actuó  amparado  en  un  error de tipo, pero fuera de  disquisiciones  personales  no señala de qué forma las pruebas demostraban ese  yerro  invencible. En efecto, alusiones a la ignorancia de la procesada frente a  la  falsedad  de  los  documentos,  ingenuidad  y la devolución de los dineros,  además  de  señalar  como  responsable  de tales acontecimientos a una tercera  persona,  no pasan de ser meras apreciaciones personales que en nada contribuyen  a la acreditación exigida.   

3.  Pues  bien,  del argumento que propone el  libelista  se  extrae  claramente que se funda en su personal apreciación de la  prueba  que,  en  todo  caso,  no  pasa  de  ser distinta a la del sentenciador,  razonamiento  con  el  que se aparta de la vía de ataque alegada, en violación  al  principio  de  autonomía de las causales de casación, por lo que se impone  su inadmisión.   

Dos B y tres C (subsidiario).  

1. Frente a estos reproches cuya respuesta se  brinda  en  forma  conjunta en aras de evitar inútiles repeticiones, suficiente  es  señalar, como que ya la Sala lo señaló al responder el cargo por nulidad,  que  el  delito de fraude procesal es de ejecución permanente, luego, contrario  a  la  tesis del casacionista y como bien lo determinó el ad quem, el delito se  prorrogó  hasta  la  consumación del último acto el que tuvo lugar en mayo de  2004,  cuando la administración advierte las irregularidades que los documentos  presentaban  y  cesan  sus efectos; sin que con tal postura vulnere el principio  de    favorabilidad,    justamente    por    su    carácter    de   delito   de  permanente.   

2.  Nótese  de  qué  manera,  el censor se  muestra  renuente  en  aceptar  que  el  delito de fraude procesal por el que se  acusó  a  su  asistida  es  de  ejecución  permanente y que tal postura impide  aplicar  el artículo 182 del Decreto Ley 100 de 1980, luego, la Sala se está a  la  respuesta  brindada  en  precedencia  frente  a su interrogante ¿cuál  es el tipo penal aplicable cuando tratándose de un delito  de  ejecución  permanente  transita  por  dos legislaciones que consagran penas  distintas39?   

Es  el  artículo 453 (primigenio) de la Ley  599  de  2000  la  norma  que  regula  el  caso,  tal  como  lo consideraron los  juzgadores de instancia.   

Finalmente, la Sala ha revisado la actuación  y  no  ha  encontrado  causales de nulidad ni flagrantes violaciones de derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede  penetrar  al  fondo del asunto  oficiosamente.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         

RESUELVE  

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada   por   el   apoderado   de  Mary       Elizabeth       Duarte       de       Aldana.   

Contra   esta  determinación no procede recurso alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Comisión de servicio  

         

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO            JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ      AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO              JULIO             ENRIQUE            SOCHA  SALAMANCA                                              

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios 15 y 16 cuaderno original 1.   

2 Cfr.  folios 85-95 ibídem.   

3  Al  tiempo  se  precluyó  investigación  por  prescripción  de  la  acción penal  respecto del punible de falsedad en documento privado.   

4 Cfr.  folios 57- 79 cuaderno original 2.   

5 Cfr.  folios 5-17 cuaderno de segunda instancia.   

6 Cfr.  folios 27-70 ibídem   

7 Este  lo subdivide en tres.   

8 Cfr.  folio 7 ib.   

9 Cfr.  folio 7 de la demanda.   

10 Cfr.  folio 12 de la demanda.   

11  Cfr. folio 13 ib.   

12  Cfr. folio 17 ib   

13  Cfr. folio 18 ib.   

14  Cfr. folio 19 ib.   

15  Cfr. folio 26 ib.   

16  Cfr. folio 30 de la demanda.   

17  Cfr. folio 32 ib.   

18  Cfr. folio 33 ib.   

19  Cfr. folios 34 y 35 ib.   

20  Cfr. folio 36 de la demanda.   

21  Cfr. folio 37 ib.   

22  Cfr. folio 38 ib.   

23  Cfr. entre otras, radicación 34440, auto del 13 de abril de 2011.   

24  Cuando  en sede de casación se pretende la declaratoria de nulidad es imperioso  formular  el  cargo  como  primero  y  en  forma  principal,  los  demás serán  subsidiarios.   Igual,  se  ha  de  empezar (si son varios) por aquél cuya  declaratoria conlleve retrotraer el proceso a una etapa anterior.   

25 Las  causales  de  casación están expresamente señaladas por la ley, por lo que se  impone a quien acude al mecanismo extraordinario su cabal respeto.   

26 Se  quebranta  cuando  en  un  mismo  cargo  se  postulan violaciones distintas, sin  precisar cómo se materializa cada una de ellas.   

27 La  demanda debe bastarse a sí misma para demostrar el yerro.   

28 Al  interior  de  un  mismo  cargo  no  se pueden mezclar ataques correspondientes a  causales  distintas,  pues cada una tiene características y reglas técnicas de  demostración      diferentes      y     producen     diversas     consecuencias  jurídicas.   

29  Casación 18255, 21 de febrero de 2007.   

30  Corte   Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  radicación  29329,  sentencia del julio 5 de 2007.   

31  Para  la  Corte,  no  son de recibo los reiterativos e infundados argumentos del  casacionista  dirigidos  a  trasladarle  responsabilidad  a los funcionarios del  Estado  al  haber  omitido  en  tanto  tiempo  verificar  la autenticidad de los  mismos,  pues  con  independencia de las responsabilidades que les asistan en la  tardanza  en  su  verificación y las sanciones disciplinarias que puedan tener,  los efectos de la conducta se extendieron hasta el año 2004.   

32  Resulta  de  utilidad  destacar,  que  conforme  al  “[a]rtículo 15.  La  presente  ley  rige  a  partir  del  1  de  enero de 2005, con excepción de los  artículos  7  a  13,  los  que entrarán en  vigencia  en  forma  inmediata”, lo que significa que  a  partir  del  7  de  julio  de  2004  (vigencia  de la ley) rige el artículo 11,  referido al delito de fraude procesal.   

33  Sentencia del 25 de agosto de 2010, radicación 31407.   

34  Cfr.   entre   otras,   radicación   21237,  27  de  abril  de  2005:  “…El  desconocimiento  de  ese  principio  se erige en motivo de nulidad cuando dentro  del  proceso  penal  el  funcionario  judicial  deja  de  practicar  sin  motivo  razonable  las pruebas legales, conducentes, pertinentes y útiles a su objeto o  porque  de  manera injustificada  rechaza las oportunamente solicitadas por  los     sujetos     procesales     a     pesar    de    reunir    esas    mismas  condiciones”.   

35 Ver  sentencia de casación del 3 de agosto de 2005, radicado 19.641.   

36  Cfr. folio 99 cuaderno del Tribunal.   

37  Cfr. folio 100 ib.   

38  Cfr. folio 19 de la demanda.   

39  Cfr. folio 38 ib.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *