37809(14-12-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso nº 37809  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  439  

Bogotá,  D.C., catorce (14) de diciembre de  dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el    defensor    del   procesado   Raimundo   Jaimes  Caballero,  en  contra  del  fallo  del 11 de julio de  2011,  a  través  del  cual  la Sala Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga  confirmó  la  sentencia  de  primera  instancia  del  Juzgado Tercero Penal del  Circuito  Especializado  de  la  misma ciudad, que condenó al mencionado por la  conducta  punible  de  concierto  para  delinquir agravado y lo absolvió de los  delitos de homicidio agravado y tentativa de homicidio agravado.   

H E C H O S  

El sentenciador de primer grado los resumió  de la siguiente manera:   

“La  presente  actuación  penal  tuvo su  inicio  en  las  investigaciones adelantadas para establecer la identidad de las  personas  que conformaron e incursionaron en el municipio de El Playón para los  años  2001  a 2003, y a raíz de esa incursión por grupos armados al margen de  la  ley  llamados Autodefensas Unidas de Colombia, más exactamente el grupo que  se  hizo  presente  en  el  mentado  municipio  fue  el Bloque Central Bolívar,  quienes  fueron  responsables  de  numerosos  homicidios,  entre  los  cuales se  cuentan   los  de  María  Helena  Cárdenas  Martínez  y  Hermógenes  Gálves  Castillo,  además  de  las  lesiones  casi  fatales que le fueran ocasionadas a  Jaime   Alexander   Galvis   Ropero,   quienes  fueron  ultimadas  con  base  en  informaciones   al  parecer  suministradas  por los acá procesados, en las  que  se  decía  que  dichas  personas  eran milicianos o subversivos y por esta  razón  debían ser eliminados, atentado que efectivamente sucedió el día 2 de  noviembre de 2000.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por los hechos  anteriores,  la  Fiscalía  44  Seccional  Especializada,  adscrita  a la Unidad  Nacional  de  Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, a través de  resolución     del     9     de     diciembre     de     2008,     acusó   a   Josué   Jaimes   Caballero,  Raimundo  Jaimes  Caballero,  Domingo  Buitrago  Piña  y Jaime Rueda Suárez, como coautores de las conductas  punibles   de   homicidio  agravado  en  María  Helena  Cárdenas  Martínez  y  Hermógenes  Gélves  Castillo, tentativa de homicidio agravado en la persona de  Alexander  Galvis  Ropero,  en concurso con concierto para delinquir (artículos  340,  inciso  segundo  del  Código  Penal  y  104, numerales 4, 7 y 8 del mismo  estatuto).  Por  este  último  delito  fue  igualmente llamado a juicio Orlando  Durán   Carmargo.    Los   apoderados   de   los   acusados   apelaron  la  determinación  acusatoria  y  luego  desistieron del recurso, tal como así fue  admitido por la fiscalía en resolución del 29 de enero de 2009.   

La  causa  fue  adelantada  por  el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga, despacho que, luego de  aceptar  el  trámite  propio  del  juicio,  el  25  de marzo de 2010, profirió  sentencia   de   primera   instancia,   a   través   de  la  cual  absolvió       a       Raimundo    Jaimes   Caballero,   Domingo  Buitrago  Piña  y  Jaime  Rueda  Suárez de los delitos de homicidio agravado y  tentativa  de  homicidio agravado; condenó  a  Raimundo Jaimes Caballero y    Jaime   Rueda   Suárez  a  las  penas  principales  de 7 años de prisión y multa de 6000  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, así como a la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  pena  privativa  de  la  libertad, como coautores de la  conducta   punible   de   concierto   para  delinquir  agravado,  al  tiempo que les negó el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y el sustituto de la  prisión  domiciliaria.  Así  mismo,  dispuso  la  cesación de procedimiento a  favor   de   Domingo   Buitrago  Piña  y  Josué  Jaimes  Caballero1.     

La  decisión  de  condena,  luego  de  ser  apelada  por  la  fiscalía,  así   como   por   los   defensores  de  Jaime  Rueda  Suárez  y  Raimundo   Jaimes   Caballero,   recibió  confirmación  por parte del  Tribunal  Superior de Bucaramanga, a través de fallo de segundo grado del 11 de  julio   de   2011.    En   contra   de  lo  decidido  por  el  ad  quem,  el  apoderado  de Jaimes   Caballero   formuló  el  recurso  extraordinario   de  casación  y  lo  sustentó  oportunamente  a  través  del  correspondiente escrito.    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  del  procesado  Raimundo   Jaimes   Caballero,  luego  de  relatar  los  hechos de manera distinta a los plasmados por el fallador, formula  dos  cargos,  así: a través del primero denuncia la violación indirecta de la  ley  sustancial,  por  violación de las máximas de la  sana   crítica;  por  medio  del  segundo,  alega  la  nulidad de la resolución de  acusación. Sus argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo: violación de las reglas de la  sana crítica   

Al  amparo  de la causal de casación de que  trata  el  artículo  207,  numeral  1, parte segunda, de la Ley 600 de 2000, el  casacionista   denuncia  que  el  juzgador  incurrió  en  error  de  hecho  por  apreciación  equivocada  de la prueba, particularmente por violar las reglas de  la   sana  crítica.  Cita  el  artículo  340  del  Código  Penal  como  norma  indebidamente aplicada.   

En  sustento  de  su  censura,  alega que el  juzgador  no detalló en cada una de las pruebas analizadas qué parte es la que  compromete   la   responsabilidad   del   procesado   como   integrante  de  las  autodefensas,  ni  enunció  las  reglas  de  la sana crítica que empleó en su  apreciación,  sino  que  se  limitó  a  narrar  los hechos indicados de manera  conjunta.  Echa  de  menos  las  explicaciones  sobre  la  manera  en que Jaimes  Caballero  integró  las  AUC;  qué información le transmitió al grupo; cuál  fue   el   apoyo   logístico  prestado,  el  cual  consistía  en  conferencias  encaminadas  a  cumplir  el  cometido  de  dar  muerte  a  los integrantes de la  guerrilla;  así  como  los  detalles  de  la  alimentación  suministrada a los  guerrilleros, y el nombre de los comensales.   

Enseguida, el libelista emprende el análisis  de  la  prueba  testimonial, según lo que considera una apreciación respetuosa  de la sana crítica:   

Es  así como se ocupa de la declaración de  Raimundo  Jaimes  Caballero;  del dicho incriminatorio inicial de Fabián Pérez  Álvarez   y   de  su  posterior  retractación,  de  la  cual  asegura  que  es  “correctísima    y    se   identifica   con   el  arrepentimiento  de  Judas  Iscariote cuando vendió a Jesús por veinte monedas  de  plata”;  de los testimonios de los paramilitares  Brayan  Stiven  Carrillo  y  Carlos  Alberto  Aras  Espitia,  del  dicho  de los  dirigentes  de  la  campaña  electoral  del  alcalde  Josué  Jaimes Caballero,  Mariela  León  Forero,  Pablo  Andrés  Forero  Cárdenas,  Edgar Jaimes Rubio,  Salustiano  Anaya  Urbina,  Ana  Ilse  Manosalva,  Jaime  Portilla, María Yanit  ‘Sánches     de  Sánches’,   José  del  Carmen  Toloza, Julio César Chaparro, Jaime Rueda Suárez, Edy Alexander Arias,  Stella  Caballero Parada, los exalcaldes de El Playón Josué Jaimes Caballero y  Humberto Herreño Tamayo, así como de la prueba trasladada.   

De   las   declaraciones   referidas,   el  casacionista  enfatiza que los deponentes señalaron a Jaimes Caballero como una  persona  honorable  y  ajena  al  grupo  paramilitar, y que todo se trata de una  retaliación  en contra de su hermano, el exalcalde Josué Jaimes Caballero, por  haber expulsado del municipio al grupo armado ilegal.   

Considera  que  los declarantes de cargo son  asesinos  profesionales,  actúan  perversamente  desde  la  Cárcel  Modelo  de  Bogotá,  son mentirosos y muestran una mentalidad dañina y que, en cambio, las  declaraciones   de   descargos   merecen   toda  credibilidad  por  provenir  de  comerciantes,    según   las   reglas   de   la   sana   crítica   y   de   la  experiencia.   

Reprocha  que  el  juzgador  no advirtió lo  ilógico  que  resulta  que  el  exalcalde de El Playón Josué Jaimes Caballero  hubiera   recurrido  a  la  ayuda  política  de  las  autodefensas,  cuando  se  comprometió  y  efectivamente  los  desterró de la localidad, como tampoco que  hubiese  manifestado que todo lo que él hablaba con los hermanos Vergel Torrado  éstos se lo transmitían a la guerrilla.   

Así   mismo   alega  que  “la  ciencia y la criminología nos ha enseñado que el hombre puede  nacer  criminal nato, de la misma manera bueno o volverse criminal, viviendo con  los  criminales  como  le ocurrió a estos 4 sujetos que estamos comentando, que  son  criminales  natos que odian a la sociedad y viven llenos de ira contra ella  y  por  eso andan ‘armados  hasta   los   dientes’,  aterrorizándola  y  matándola,  luego cómo vamos a creerles ciegamente que el  condenado   Raimundo  Jaimes Caballero, que es un hombre bueno, constructor  del  Municipio  del  Playón,  en 50 años, que tiene su familia legalmente bien  formada  dentro de la disciplina de la sociedad, se pueda comparar y mezclar con  estos  bandidos  criminales  que  invadieron  el  playón (sic) como mercenarios  asesinos  a sueldo que mataron sin ningún escrúpulo y contemplación al pueblo  playonero.”   

Con  fundamento en lo anterior, el censor le  pide  a  la  Sala que revoque la sentencia impugnada y, en su lugar, absuelva al  procesado.     

Cargo  segundo: nulidad de la resolución de  acusación   

Al  tenor  de  la  causal  de  casación que  contempla  el  artículo  207,  numeral  3, de la Ley 600 de 2000, el demandante  denuncia  que  la  sentencia  fue  emitida  en  un juicio viciado de nulidad por  incumplir  la  resolución  de  acusación  los  requisitos  formales legalmente  consagrados,  lo  que  violó  el debido proceso (artículo 306-2 del Código de  Procedimiento Penal de 2000).   

En  apoyo  de  su  crítica,  señala que la  resolución   de  cargos  no  precisó  en  qué  consistió  su  actuación  de  organizar,  promover,  armar o financiar al grupo armado ilegal y, en cambio, se  limitó  a  esgrimir  ‘un  montón  de  especulaciones probatorias’  con  criterios peligrosistas; indica que dicha providencia tampoco  fue  explícita  en  detallar  cómo  fue que Jaimes Caballero accedió al grupo  armado  ilegal,  cómo se comprometió con sus comandantes a ser socio o coautor  de  los  crímenes  cometidos,  ni  a  mencionar de forma pormenorizada cómo se  elaboraron  las  listas  de  las  futuras  víctimas de los paramilitares; dicha  omisión  condujo  al sentenciador a no advertir que el derecho penal es de acto  y no de autor.   

Por  lo  tanto,  el  impugnante  aprecia que  “de  la  lectura del voluminoso proceso se verifica  que  no existen pruebas de la supuesta vinculación de Raimundo Jaimes Caballero  a  las  autodefensas  y  con  cuál  jefe  paramilitar de los mencionados atrás  registró  su  matrícula al grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia y  qué  crimen  específico  se comprometió a realizar de manera conjunta con los  paramilitares o individual”.   

En conclusión, el libelista denuncia que el  acusador   ‘violó  el  requisito     de     la    calificación    jurídica    provisional’,  al  tiempo que omitió reseñar los  motivos  por  los  cuales  compartía  o  no  las  apreciaciones  de la defensa.   

Con  apoyo en las anteriores reflexiones, el  impugnante  le  pide a la Corporación que case la sentencia impugnada y declare  la  nulidad  de todo lo actuado desde la resolución de acusación, a fin de que  el  fiscal  califique  correctamente  la  investigación, dictando a su favor la  preclusión de investigación.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. La Corporación  anticipa  su  decisión  de  inadmitir  la  demanda de  casación,  toda  vez  que  evidentemente incumple los  requisitos  de  lógica,  claridad  y  debida  postulación  y  fundamentación,  consagrados  en  el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000, y desarrollados  ampliamente por su jurisprudencia.   

Como enseguida se enseña, con los argumentos  expuestos   en  el  libelo,  el  recurrente  pierde  de  vista  que  el  recurso  extraordinario  de casación debe plasmarse en un discurso lógico, sistemático  y  coherente,  sujeto a un desarrollo argumentativo claro y preciso, que no deje  dudas  sobre  la  materialidad  de  los yerros susceptibles de ser denunciados a  través  de las distintas causales y de su aptitud para derribar las bases de la  sentencia  de  instancia,  pues,  como así lo ha fijado la jurisprudencia de la  Colegiatura,   el  recurso  extraordinario  no  está  destinado  a oponerse a las apreciaciones de instancia,  a  través  de  ponderaciones  distintas,  por muy plausibles que le parezcan el  recurrente,   ni  a  denunciar  cualquier  clase  de  irregularidad  en  el  debido proceso o vulneración de  garantías,  pues  ante  irritualidades insustanciales el proceso puede mantener  su validez.   

2. Con fundamento en  los  presupuestos  reseñados,  puede  afirmarse,  entonces,  que  la demanda de  casación   adolece   de  numerosas  y  ostensibles  falencias  que  impiden  su  admisión, así:   

2.1.  En  primer,  lugar  surge  más  que  nítido que el casacionista se aparta diametralmente de  los  hechos  objeto de juzgamiento, tal como los plasmó el sentenciador, lo que  naturalmente  impide  el éxito de sus pretensiones. En efecto, el censor inicia  el  libelo  relatando  la  situación fáctica a su acomodo, es decir, afirmando  que   los   hechos   atribuidos   a   Raimundo  Jaimes  Caballero se contraen a un montaje político, a manera  de  retaliación  en  contra de su hermano (el anterior alcalde del municipio de  El  Playón),  por el hecho de haber desterrado de esa localidad a los grupos de  autodefensas.   

Pues  bien, vistos los fallos de instancia y  la  resolución  de  acusación, aparece con claridad que dichas providencias no  se  centraron  en  la circunstancia que alega el recurrente, sino que precisaron  los  hechos  objeto  de  acusación y juicio como las conductas constitutivas de  homicidios  agravados,  tentativa de homicidio agravado y pertenencia a un grupo  armado ilegal.   

Por  lo  tanto,  al  poner  el  libelista el  énfasis  en  un  asunto  que no fue objeto de investigación ni enjuiciamiento,  funda  los  cargos  en  una  realidad  muy  distinta,  lo  que de entrada impide  lógicamente la demostración de los yerros que pregona.   

2.2.  Así  mismo,  resulta  incontrovertible  una  grave  equivocación  en  la postulación de los  cargos.  Ésta se produjo cuando el demandante formuló en primer lugar el cargo  de  violación indirecta de la ley sustancial, en la modalidad de error de hecho  y,  en  segundo  término, el de nulidad. De esta manera, el censor desconoce el  principio de prioridad de las  causales  de  casación,  pues  ha debido proponer el cargo de nulidad de manera  principal  y  antes  que  el de violación indirecta; al tiempo que este último  necesariamente  ha  debido  formularse  en  segundo  lugar  y  como subsidiario.   

La  manera  desatinada  en que el demandante  postula  los  cargos,  de admitirse la demanda, enfrentaría a la Sala a adoptar  determinaciones  ilógicas,  pues  podría  eventualmente absolver al procesado,  como  así  lo  pide  el demandante en el primer cargo, y luego a anular todo lo  actuado  desde  la  resolución  de  acusación.  Precisamente,  el principio de  prioridad  de  las  causales  de  casación  enseña  que, en primer lugar, y en  capítulo  separado, se debe postular como principal el cargo o cargos con mayor  poder  de  invalidación;  y luego, de forma subsidiaria, aquellos que propenden  por  un fallo de reemplazo, además, porque lógicamente el éxito de la censura  por  error  de  hecho  supone  necesariamente  que  el  casacionista  admite  la  legalidad del proceso.   

Por lo anterior, y con el fin de respetar la  jerarquía  de  las  causales de casación, la Corte abordará el estudio de los  requisitos  de  lógica  y  debida  fundamentación  de  los  cargos en el orden  inverso al que aparece en el escrito.   

2.3.    El  cargo  de  nulidad, a través  del  cual  el  impugnante  alega  que  la  fiscalía, al memento de calificar el  mérito  del  sumario, ha debido precluir la investigación a favor del entonces  investigado   Raimundo  Jaimes  Caballero,  como  también  que el acusador omitió dar respuesta a las tesis  defensivas,   contradice   las   enseñanzas   que   sobre   la  postulación  y  sustentación   de   esta  clase  de  vicios  ha  fijado  de  tiempo  atrás  la  jurisprudencia de esta Colegiatura.   

En  cuanto  a  la manera de orientar en esta  sede  la  errónea  calificación  de  los hechos, la jurisprudencia ha dicho lo  siguiente:   

“La  indebida  calificación  jurídica  de  los  hechos,  en  efecto,  tal y como se ha venido  sosteniendo,  se  origina  en  un  error  de  juicio del funcionario judicial al  momento  de  proferir  la  acusación  y  repercute  en  la  estructura procesal  solamente   en  aquellas  eventualidades  en  las  que no hay lugar a dictar sentencia de reemplazo.   Cuando  así  sucede,  el  remedio del error implica regresar la actuación a la  diligencia  de  audiencia  pública cuando pueda allí variarse la calificación  jurídico  provisional  de  la  conducta,  o  al  momento  del cierre de la  investigación  cuando el error determina un cambio de competencia, en los casos  en  que  la  misma  no se pueda prorrogar en los términos del artículo 415 del  Código  de  Procedimiento  penal.  En  eventos  así, entonces, en cuanto tiene  lugar  una  afectación  del debido proceso que sólo puede remediarse a través  del  mecanismo  de  la  nulidad  procesal,  tiene que plantearse el problema con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación,  aunque  acudiendo  para  su  sustentación  a  la  lógica  de  la  primera,  pues, como se dijo, el vicio se  origina  en  un  error  de  juicio o in iudicando del funcionario judicial. Pero  cuando  no  sea  necesario  retrotraer  la actuación para remediar el error, se  reitera,  la  propuesta  debe  efectuarse  y  desarrollarse bajo la égida de la  causal primera de casación.   

De  cualquier  manera,  eso es evidente, el  demandante  tiene la carga de concretar si se trata de un yerro jurídico el que  condujo  a  efectuar  la  equivocada  adecuación  típica  del  hecho, o uno de  naturaleza  probatoria.  Si elige la primera opción, le corresponde señalar la  razón  por  la cual es incorrecta la selección de las normas aplicadas al caso  específico,  conforme a las directrices que regulan la violación directa de la  ley  sustancial;  y  si  opta  por la segunda, debe determinar si la impropiedad  tuvo  ocurrencia  a  causa  de  un  error  de  hecho  o de derecho, el cual debe  precisar       y       acreditar      que      es      trascendente.”    2   

De  los razonamientos que sustentan el cargo  se  aprecia  con claridad que el demandante incumple con los precisos requisitos  de  postulación de la irritualidad que pregona, pues si su alegación se centra  en  un  error  de  juicio  probatorio  Raimundo  Jaimes  Caballero  parte  de la  fiscalía,  el reproche ha debido ser propuesto por medio del a causal primera y  no de la tercera..   

En  todo  caso,  aún cuando el casacionista  hubiese  acertado  en  la orientación del cargo, de todos modos éste carece de  una  debida  sustentación,  pues,  en  lugar  de  demostrar una anomalía en la  apreciación  probatoria  por  parte  del acusador, lo único que propone es una  ponderación  diferente  a la de aquél, lo que por sí mismo es inidóneo tanto  para  invalidar  la actuación, como para para mutar el sentido de la sentencia.   

Por  otra  parte, el argumento que tiene que  ver  con  la ausencia de respuesta por el fiscal a las alegaciones de la defensa  desconoce  la  realidad  procesal,  pues la resolución de acusación dedicó un  largo  acápite  a  dicho  asunto.  Y  aún  cuando la materialidad del vicio se  configurara,  el  impugnante  olvida  su  deber de enseñar la trascendencia del  mismo,  es  decir,  de qué manera la hipotética omisión que afirma le generó  un perjuicio claro al procesado o su defensa.   

En  conclusión,  el  cargo  de  nulidad  se  presenta   mal  postulado  y  sustentado,  lo  que  necesariamente  conlleva  su  indamisión.        

2.4.  El cargo que  fue  indebidamente  propuesto  en primer lugar, a través del cual el impugnante  sostiene  que  el  fallador  incurrió en violaciones a  las  máximas  de  la  sana crítica, adolece del error  común  de  oponer  a  la  del  funcionario  judicial  la  personal apreciación  probatoria del recurrente.    

En efecto, no obstante lo extenso del libelo  y  sus  llamativas  ilustraciones, éste no pasa de ser un memorial de instancia  con  las particulares apreciaciones del casacionista respecto de las pruebas que  obran  en  la actuación, sin mayor contenido que las calificaciones peyorativas  y  peligrosistas  hacia los testigos de cargo y el reclamo de credibilidad a los  de  descargo,  para  obtener  así  una conclusión diversa a la que elaboró la  corporación  de segundo grado, pero sin demostrar en esta última una anomalía  ostensible  y trascendente. Dicho cometido no se cumple con la mera enunciación  de  las  dos  supuestas  reglas  de  experiencia  que a su arbitrio configura el  recurrente  y  que  por  parte  alguna enseñan una anomalía en la apreciación  judicial,  ni  se  muestran  aptas  para  derribar  el  soporte probatorio de la  providencia impugnada.   

2.5. El demandante  se  equivoca  al sustentar el cargo de violación indirecta de la ley sustancial  sobre  la  supuesta  apreciación errónea de la prueba trasladada. Lo anterior,  por   cuanto   el  ad  quem  excluyó  dichos  elementos  de  juicio del sustento probatorio de la sentencia,  tras  encontrar irregularidades en su aducción. Por lo tanto, los razonamientos  del  impugnante  que  se  apoyan  en los medios de convicción excluido resultan  ostensiblemente       intrascendentes.    

3. Conclusión  

Por  las  razones  precedentes,  los  cargos  formulados   por   el   defensor  de  Raimundo  Jaimes  Caballero  adolecen  de  una  indebida  postulación y  fundamentación,  razón  por  la  cual la demanda  será inadmitida a esta  sede  extraordinaria, sin que, por otra parte, la Corte evidencie del estudio de  las  diligencias  la  necesidad de superar los defectos del libelo con el fin de  corregir    de    manera   oficiosa   alguna   violación   a   las   garantías  fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

INADMITIR la   demanda   de   casación   presentada   por   el   apoderado   de   Raimundo Jaimes Caballero.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

                                                                                                                     

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

                                                                                                                                 

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                           Permiso   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ     GUZMÁN                                        

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                                JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  La  del  primero,  como  consecuencia  de  su comprobada muerte y la del segundo, en  atención  al principio de non bis in idem,  puesto  que  los  hechos  que  aquí  se  la  atribuyeron fueron  juzgados  en  un  proceso  separado,  bajo  la  denominación de sedición. Así  mismo,  Orlando  Durán Camargo se acogió a sentencia anticipada, motivo por el  cual, en su caso, se dispuso la ruptura de la unidad procesal.   

2 Corte  Suprema    de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    sentencia  del  13  de  mayo  de  2004,  radicación 20680; en igual  sentido,  sentencia  del  25  de  febrero  del  mismo  año,  rad.  20526, entre  otras.     

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