37717(15-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  110.     

Bogotá,  D. C., quince (15) de abril de dos  mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos   que   condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  MARÍA DORALBA  GÓMEZ  CEBALLOS, contra  el  fallo  del Tribunal Superior de  Medellín1,  que  revocó  el      proferido  por el  Juzgado  Décimo Penal del Circuito de Conocimiento de  la  misma  ciudad,  para  en  su  lugar,  condenar  a  la inculpada, la pena  de 54 meses  de  prisión,  por  la  consumación  del  punible  de  actos   sexuales   abusivos   con  menor  de  catorce  años.   

H    E    C    H   O   S   

El  25  de  septiembre de 2008, Oscar  Darío, viudo y padre de dos niñas  mellizas     de     cuatro    años    de    edad2   

, en su finca de recreo ubicada en Sopetrán  (Antioquía),  percibió como sus hijas intentaban penetrar sus partes íntimas,  preocupado  por la situación, le pidió el favor a su hermana conversar con las  chiquillas  cuando las recogiera de la guardería; horas más tarde se enteraron  que   un   fantasma   de   nombre  “Blu”,  en  las  noches  les  hacía  tocamientos libidinosos, por tal  circunstancia,  buscó  la  ayuda  de  una  psicóloga, a quien le revelaron las  pequeñas     que     MARÍA     DORALBA     GÓMEZ  CEBALLOS, -mujer quien las cuidaba- era la persona que  abusaba de ellas.       

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1.  El  30  de  noviembre  de  2009, ante el  Juzgado   Treinta   y   Nueve   Penal  Municipal  con  Funciones   de Control de Garantías de Medellín,  se  llevó  a  cabo audiencia  preliminar de formulación de  imputación  contra  MARÍA  DORALBA  GÓMEZ  CEBALLOS, a título de autora, por la  consumación de delitos sexuales.   

2.   El  23  de  diciembre  siguiente, ante el Juzgado Décimo Penal del  Circuito    de    Conocimiento,    la   Fiscalía    124   Seccional,   presentó  escrito  de  acusación, por  los  punibles  de  acceso  carnal abusivo con menor de  catorce  años  en  concurso heterogéneo y homogéneo  sucesivo  con  actos  sexuales  con  menor  de catorce  años,  agravado, luego, el 6 mayo de 2010, se llevó a  cabo      la      audiencia     de     formulación  de  acusación,  sin que se  hubiese peticionado nulidades, impedimentos o recusaciones.   

3.  El  día  2 de  julio,       se      continuó      con      la      audiencia      preparatoria,  donde  las  partes  descubrieron  sus correspondientes  elementos   probatorios   (testimoniales,  documentales),  evidencia  física  e  informes  de  investigación,  ante  los  cuales,  el  Juez  decidió  sobre  la  conducencia  y  pertinencia  de  cada medio; por otro lado, estipularon la plena  identidad  de  la  acusada, la edad de las víctimas y el hecho que la implicada  para   la   fecha   de   los  hechos  –septiembre  de 2008-, laboraba como empleada en la residencia de las  menores.                  

4. El 20 de octubre  de   2010,   se   inició   y  continuó  en  varias  sesiones  la  audiencia       de       juzgamiento,  para  luego  finiquitar  la  primera   instancia,   con   la   lectura  de  fallo,  en  el  que  absolvió       a       MARÍA  DORALBA  GÓMEZ  CEBALLOS,  de los  cargos endilgados.   

5. El 26 de agosto  de  2011, el Tribunal Superior de Medellín,   revocó  el  fallo  recurrido  por  la  defensa  técnica,  para  en  su  lugar, condenar a MARÍA  DORALBA  GÓMEZ  CEBALLOS,  a  la  pena  principal  de  cincuenta  y cuatro (54) meses de prisión,   a  título  de  autora  material  del  punible  de  actos  sexuales  abusivos  con  menor  de catorces años3;  en  forma  igual,  la  inhabilitó en el ejercicio de derechos y funciones públicas por un  lapso  igual  al  de  la  pena privativa de la libertad impuesta; a su turno, el  mencionado  interviniente  recurrió  en  sede  extraordinaria  la  sentencia de  segundo grado; libelo que la Sala entra a calificar.   

D    E    M    A   N   D   A     

Bajo   la   égida   de   la  Ley  906  de  2004, artículo 181,   el  defensor  elevó  un ataque por vía indirecta (falso  juicio de identidad) contra el fallo  emitido por el Juez Colegiado, tal y como indica a continuación.   

Sustentado  por  aplicación  indebida  del  delito  por  el  que  fue  sentenciado  su  prohijada  y exclusión evidente del  principio  de  in dubio pro reo, consagrado en el inciso final del artículo 7º  en  concordancia  con  el  381  de  la  Ley  906  de  2004,  por “distorsión    de    la   prueba…   de   distintos   errores   de  hecho.   

Consistentes   en   el   hecho   que   el  “padre  de  las  menores no sospechó de un posible  abuso  sexual”, tanto así, que la entrevista con la  psicóloga  fue  por  voluntad de la tía, quien estuvo presente en la cita, sin  que  se  hubiese  realizado  sesiones  individuales,  como tampoco se indicó la  técnica  utilizada  y  mucho  menos  se  grabó lo sucedido; esto en sentir del  memorialista,   “constituye   una  omisión  a  lo  ordenado  en  la  jurisprudencia  y  los  procedimientos para los casos de abuso  sexual,  pues  no  permite  verificar  en  qué  forma  se  llevó… y si se le  sugestionó    al    abordarles   su   sexualidad”.   

Motivo por el cual, cuestionó de la mano de  algunos  tratadistas  en psicología, la credibilidad del testimonio rendido por  una   de   las   menores,   sobre  la  base  de  las  continuas  “omisiones,      inconsistencias      y      distorsiones”,  incluso,  hasta  la  propia  especialista aceptó las posibles  equivocaciones  en  el  ejercicio  de  la profesión, cuando los infantes tienen  amigos  imaginarios y sus impresiones se encuentran acompañadas de pesadillas y  temores nocturnos.    

Dista  mucho  para  el  libelista,  ser  un  psicólogo  clínico  que  forense,  distinguiéndose  cada uno, por la forma de  lograr  la  consulta,  la  formación  académica  de cada uno, los contextos de  abordaje  diversos:  el primero cree todo lo que le dicen, el segundo, duda; sus  metodologías  son  diversas,  las  relaciones  profesionales  son, por un lado,  terapéutica  y,  por  el  otro, examinador; difieren también en los análisis:  “evaluación,     diagnóstico,     tratamiento,  seguimiento”       versus       “evaluación       diagnóstico,       informe       pericial      y  sustentación/ratificación”,  luego,  el  resultado  final,     es     una     historia     clínica     frente    a    un    informe  pericial         

Como  el  abuso  infantil,  según  autores  mencionados  por  el recurrente, producen situaciones extremas, de las mismas se  genera  “un  elevado nivel de estrés y malestar en  la  gran mayoría de los individuos”, afectando todas  las  esferas  de  la  vida  de  las víctimas, entonces, no existe un patrón de  síntomas   único   y   en  algunos  casos,  incluso,  hay  ausencia  total  de  ellos.         

Lo  precedente  aplicado al caso de estudio,  enseña  –en opinión del  profesional  del  derecho-  que  las  niñas  no estuvieron afectadas ni antes o  después  de  la denuncia penal, pues sus “síntomas  generales…    pueden    corresponder    a   cualquier   situación”,  en  esas  condiciones,  no  padecieron estrés postraumático,  peleas ni congelamientos.    

Bajo   el   título   de   “cuadro      clínico     en     menores     maltratados”,  trajo  a  colación  el  memorialista,  variadas hipótesis de  posibles    problemas   de   conducta,   desarrollos   tardíos   (crecimiento),  aislamientos,  sentimientos  de  responsabilidad  y poco rendimiento académico,  para  concluir  que  ningún síntoma de los anotados presentaron las pequeñas.   

Por  otro  lado,  anunció  que  se dejó de  explorar  en  instancias, “los problemas de ausencia  de   la   madre”   y   su  posible  “influencia   en   los   temores   y  en  el  fantasma  ‘blu’  de  que tratan las personas mayores  (familiares)  que  rodean a las niñas, pues que ésas  no  hicieron  relación  al  mismo,  lo  que  lleva a  concluir  que al relacionar a “blu” con MARIA DORALBA (sic) es efecto de una  inducción para su señalamiento”.   

La  procesada  desde los cuatro meses estuvo  atendiendo  a  las  niñas,  ellas  le  decían  mamá y ninguna persona cercana  sospechó  de  cualquier  comportamiento  ilegal  de  su  prohijada;  el médico  legista,  no  halló  huellas  de  violencia,  cicatrices,  traumas,  estigmas o  desfloración en las pequeñas.   

Informó   el   recurrente  que,  estudios  empíricos  acreditan  que,  conductas  sexualizadas  no  tenían  como  origen,  necesariamente,  algún  abuso  y  como  la  especialista  no utilizó técnicas  adecuadas,  tampoco se tiene idea qué pasó en la entrevista con las niñas, la  tía   y   la   psicóloga,   luego,   en   su  criterio,  eran  “necesarias  otras  pruebas como test psicométricos para establecer  el  abuso”.          

El  Tribunal  rebatió  el  argumento que la  acriminada   en   el   desempeño   de   sus   funciones   les   “haya  tocado  los  genitales”, porque la  prueba  recopilada  en  el  plenario  mostraba  otra  realidad,  en  tanto,  las  chiquillas  fueron  expuestas  a actos libidinosos que luego repetían por haber  sido identificados como sensaciones agradables para ellas.   

Esta  aserción  judicial,  en  sentir  del  memorialista,  no  muestra  que  el  episodio  percibido  por  el  padre  de las  pequeñas,  hubiese  sido consecuencia de un abuso sexual, porque el mismo no se  dio  o  el  desvestir  un  muñeco  para  jugar  con  sus  partes íntimas en el  consultorio  de  la  psicóloga,  no  es posible entenderlo sino “como  una  manifestación…  sexual  propia  de  la  edad  de  las  menores”;   menos  aún,  puede  comprenderse  como  sinónimo  de abuso, el hecho que una de las pequeñas se toque su vagina porque  le  producía cosquillas, porque esto “es compatible  con   la   exploración   sexual   infantil”.    

Ángela  Marcela  Campo  Canoles,   quien  laboraba  como  doméstica  en  la  fecha  de  los  actos  ilícitos,  le  informó  a la justicia, del trato especial de la inculpada para  con  las  niñas,  sin  que  percibiera algún comportamiento sexual inadecuado,  “y si bien recriminaba que una empleada, como MARIA  DORALBA  (sic)  no tenía porque (sic) bañarse conjuntamente con las menores no  vio     ni    derivo    (sic)    de    ello    un    abuso    sexual”.   

Con  base  en  lo  anotado,  concluyó  el  libelista  que,  no se le debe dar credibilidad a los testimonios de las niñas,  “por   el   hecho   de   ser  menores  y  víctima  alegada”, desconociéndose el axioma de unidad de la  prueba  testimonial  y pericial, lo cual genera “una  verdadera   injusticia”,   motivo   por   el  cual,  peticionó   casar   el   fallo  cuestionado,  para  en  su  lugar  absolver      a      su      protegida  jurídica.   

C O N S I D E R A C I O N E S   

1.   Cuestión   previa.   La  Corte  viene  señalando,  que  con  la  entrada  en vigencia del  sistema  procesal  penal  acusatorio  previsto en  la  Ley   906   de 2004, se amplió el radio de acción para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  pues  en  la actualidad la  impugnación  es susceptible contra decisiones de segunda instancia dictadas por  los     diversos     Tribunales     de     Distrito  Judicial asignados en el territorio nacional, atacando  los  fallos  de condena o absolución, sin tener en cuenta como presupuesto para  su  admisibilidad  el  quantum  mínimo  de  pena  descrito  en  cada  injusto  típico,  como  lo imponían las  legislaciones anteriores.   

En esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  en el entendido que una de las obligaciones al  confeccionarla   es   demostrar   la   necesidad   de  intervención  de  la Corte para el logro de cualquiera  de los fines establecidos por el instituto.   

Siendo   ello   así,   el   Principio  de  Intervención  debe  ser el  norte  del  profesional  del derecho, pues integra cuatro aspectos teleológicos  que    se   traducen   en   el   espíritu   de   las   censuras:   (i)  la  efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la   reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la  unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar,  en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,  causales  (debida   sustentación)  y  trascendencia;  excepto  cuando  la Sala advierta, que  por   vigencia   de   derechos   y  garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  vilipendiados  en  instancias, implique casar de oficio la decisión  del  Juez  Colegiado,  desde luego, con base en motivos diversos a los expuestos  en  la demanda o exhibidos sin ninguna temática extraordinaria, tal es el caso,  cuando  solo enuncian el planteamiento jurídico sin ningún desarrollo debido o  el    ataque    es    incoherente    y    confuso,    contra    sus    anheladas  pretensiones.      

El anterior criterio se consolida al entender  que  la  Corte de Casación Penal, jamás ha predicado la inexistencia, ausencia  o  falta de los requisitos formales para decidir de fondo el caso o el éxito de  la   demanda   en  el  nuevo  esquema  procesal  penal  acusatorio;  todo  lo  contrario,  el  recurso en esta  sede,    no    perdió    su    entidad   de   juicio  lógico-argumentativo,  pues el libelo deberá cumplir  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen presupuestos  racionales  de no contradicción, claridad y precisión. Tampoco le corresponde,  en  consecuencia,  interpretar  las  alegaciones  de los recurrentes4,   rehacer,  modificar, readecuar o transformar el fondo de los ataques.   

La  Sala,  por  tanto, viene sosteniendo que  para  admitir  o  seleccionar  un escrito forjado     con     esos    designios,  es  decir,  casar  la  sentencia  impugnada,  él  mismo  tendrá  que  sujetarse al cumplimiento de los presupuestos formales consagrados  en  el  artículo  184,  ordinal 2° de la Ley 906 de 2004, con el propósito de  demostrar    la    evidente    vulneración   a   los   derechos   fundamentales  constitucionales  en cualquiera de sus enunciados cognoscentes y extraordinarios  por  parte  de  los intervinientes con la actuación penal; siendo ello así, se  deben    tener    siempre    presentes    los    principios    de   taxatividad,          claridad,        autonomía,       razón       suficiente,       no  contradicción,              limitación,          objetividad,  comprensión  y  precisión,  entre  otros,  para  –de la  mano  con  ellos-  desplegar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de  compendiar  en las censuras, aquellos errores de juicio o de  actividad  en  los  que  pudieron  haber  incurrido  los  juzgadores,  a  fin de  evidenciar,  por  ejemplo, la efectiva e indiscutible normatividad jurídica que  debió  regir  el  asunto,  la  adecuada  y  legal  valoración  de  los  medios  probatorios    o    desentrañar   manifiestos   desfases   contra   el   debido  proceso.      

También  ha  indicado la jurisprudencia, en  numerosas    oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   (ii)  el  interés del actor, (iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la  puntual  fundamentación  fáctica y jurídica y (v)  el cumplimiento de al menos uno de los fines del instituto, marcan  la  pauta  para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del fallo en  atención al artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

De  cara  al segundo referente disciplinado,  se  tiene que el interés   se  halla  intrínsecamente  relacionado  al  concepto de agravio, perjuicio o daño  que,  desde  luego,  tiene  que afectar los derechos fundamentales de las partes  con  la decisión por ellos recurrida en sede extraordinaria; sin embargo, si el  interviniente  no  sufrió  ningún  menoscabo  real  u  objetivo  con  el fallo  atacado,      tampoco,      como      es     obvio,     tendrá     interés  en  cuestionarla,  justamente,  porque  no  habrá  ninguna  garantía  que  subsanar  ni  se  podrá, por ende,  restablecer  alguna  norma  constitucional  o legal de las llamadas a regular el  caso,  sencillamente porque no existe vulneración a la legalidad del proceso en  sus     disímiles     expresiones     cognitivas5.   

2. Oportunidad para interponer el recurso de  casación.  El artículo 98  de  la  Ley  1395  de  2010,  modificó  el  precepto 183 de  la  Ley  906  de  2004,  en  punto  de las exigencias procesales para iniciar el  trámite  de  casación,  por  tal  razón, la Sala constata, que en el presente  caso,  se  dio  cumplimiento  a  los presupuestos allí plasmados, por parte del  Juez   Colegiado;   motivo  esencial y suficiente para continuar el estudio del libelo.   

3.     Caso     concreto. La Corte  advierte  que  el  ataque formulado  contra   la   sentencia   de   segundo   nivel   expedida  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín, no reúne  los  mínimos  presupuestos  de coherencia y lógica-argumentativa descritos por  la  jurisprudencia  para admitir la demanda   presentada   a   favor   de   la   hoy   condenada   MARÍA  DORALBA GÓMEZ CEBALLOS, con el fin  de  lograr  la   infirmación  de  la  decisión  cuestionada, en tanto, el  defensor  incurrió  en  graves,  múltiples y exacerbadas falencias, las cuales  atentan   contra   la  filosofía  que  inspira  el  recurso  extraordinario  de  casación.   

Menos  aún  puede  entenderse los reproches  como  nuevas  rutas  para confeccionar escritos de libre importe y, ensayar, por  ese  camino,  derrumbar  la doble presunción de acierto y legalidad inherente a  las  decisiones  concebidas  en  los  proveídos; tampoco consiste en añadir un  cúmulo  de  ideas  disgregadas  y  fragmentadas  en los libelos en búsqueda de  fines  jurídicos subjetivos o hipotéticos para asegurar un posible éxito, tal  como lo plasmó el impugnante.    

Como  metodología,  la  Sala  abordará  el  estudio   del   ataque   en   bloque,   estableciendo   aquellos   puntos   más  sobresalientes,  a  fin  de  determinar de manera precisa los desatinos de mayor  impacto  lógico  argumentativo, con el inmediato objeto de brindarle al jurista  suficiente claridad en torno a los dislates.    

Sobre     el    falso    juicio    de  identidad:    el    error    demandado,  debe  ser  motivado  teniendo en cuenta,  precisamente,  la  identidad  de    las    pruebas;    las    que    –por  esta  vía-  pueden  socavarse de  tres formas distintas e incompatibles:   

a) Por tergiversación, al cambiarle el juzgador  el  sentido  literal  a  la  prueba,  b)  por              adición, consistente en que se le añade  a   la   misma  aspectos  fácticos  no  comprendidos  en  ella  y  c)     por  cercenamiento,    se    descubre    cuando  se exime del contexto probatorio hechos o  circunstancias      esenciales     –incluidos,  como  es  obvio, objetivamente en el medio- que al haber  sido suprimidos, desquician y trastocan la decisión del juzgador.   

En las tres modalidades se muda textualmente  la  prueba  para  ponerla  a  decir  lo  que  ella,  en  su  propia naturaleza y  condición  no  dice,  muestra  o enuncia; vicio, desde luego, que conlleva a la  declaratoria   de   una   verdad   fáctica   diversa  a  la  revelada  por  los  falladores.   

De  igual  forma,  es  dable  aclarar que no  cualquier  medio cumple tales exigencias jurisprudenciales, pues cada sentido de  crítica  probatoria  conlleva  implícitamente  una estructura trascendente que  debe  incidir de manera concluyente en la decisión cuestionada, verbigracia, si  se   cercenó o tergiversó algún contenido testimonial, el mismo tuvo que  exhibir  una  incidencia  concluyente  en la declaración judicial, para tenerse  como  tal  y,  desde  ese  preciso  momento  analítico,  consolidar  una  nueva  evaluación  del  plexo  probatorio, con la pretensión indiscutible, de arrasar  con los contenidos fijados en la decisión cuestionada.   

Son  múltiples  y  complejos  los  yerros  detectados.   

Primero: ninguna de  las  pautas expuestas desde años atrás por la jurisprudencia, fue atendida por  el  memorialista, con lo cual, su ataque se muestra insustancial y fuera de toda  lógica  argumentativa,  más aún, cuando la censura la motivó bajo el jaez de  apreciaciones   personales   e  hipótesis  indemostradas,  como  cuando  adujo:  1)  que  el  “padre   de   las   menores   no   sospechó  de  un  posible  abuso  sexual”,   2)  la  tía  propuso  la  entrevista con la psicóloga, 3)   la   experta  no  realizó  sesiones  individuales,  4) tampoco se  supo    que    técnica    utilizó,    5)  ni  se  tuvo  idea  si  sugestionó a las pequeñas al abordar la  sexualidad,  6) las niñas no  se    afectaron   ni   antes   o   después   de   la   denuncia,   7)  los  síntomas  que  presentaban  son  generales   y   pueden   corresponder   a   cualquier  situación,  8) ninguna sintomatología presentaron las  pequeñas,  9)  ellas fueron  inducidas   para   señalar   a  su  prohijada  como  responsable,  10)  ninguna persona allegada a la casa de  las  chiquillas  sospechó  de  un  posible  comportamiento  sexual ilegal de la  procesada, entre otros.   

Segundo:   el  libelista,  en  un  mismo  texto  explicativo,  mezcló  en forma indiscriminada  institutos  jurídicos excluyentes, los cuales deben ser revelados por separado,  en  sí, alegó una supuesta violación al principio de investigación integral,  pues  aunque  no  lo  dijo  de  manera  textual,  su pretensión fue más allá,  cuando,  afirmó:  eran  “necesarias  otras pruebas  como  test  psicométricos para establecer el abuso”,  ante  lo  cual,  debe  decirse que un razonamiento de ese talante, es extraño y  absurdo  en  sede  del  sistema  acusatorio, donde el principio aludido no tiene  ninguna  vigencia,  justamente,  por la naturaleza, fines y contenidos del nuevo  esquema    procesal   penal:   con   tal   actuar   vulneró   el   postulado       de       autonomía     propio    del    recurso  extraordinario,   puesto   que   cada   embestida   conlleva   un   razonamiento  independiente  y al combinarlas, se tornan confusas e imprecisas, desapareciendo  de   contera,  su  alcance  validez y efectividad.   

Tercero:  Tampoco  examinó  el  libelista  aquellos  contenidos  jurisprudenciales  que  de manera  tajante  se  oponen  a  sus  hipótesis,  verbigracia,  cuando  sostuvo  que las  pequeñas no sufrieron ningún trauma o síntoma:     

De  ahí que la  lesividad,  es  decir,  la  afectación relevante del  bien  jurídico, depende de la valoración   de   la   naturaleza  sexual  del  comportamiento  y  no  de  constatar  un  daño concreto  en   la   integridad   sexual  de  la  persona  cuya  aquiescencia  por  consenso se descarta. Por lo tanto,  que  la  víctima  menor  de  catorce años  no haya quedado traumatizada después  del  supuesto  abuso  sexual  no  verifica  ni refuta su realización6.   

Cuarto: en el mismo  sentido,  adujo  el  defensor  que  a  las  pequeñas  víctimas “no   se   les   debe   dar   credibilidad   por  el  hecho  de  ser  menores”;  ante tan abrupta afirmación, sin ninguna  explicación  lógica  y  conectada  a  todas  sus  motivaciones,  la Sala viene  sosteniendo sobre el particular:   

Por  la importancia del tema sustancial de  la   demanda  (apreciación  del  testimonio  de  los  niños),       la       Sala       ratifica  el  criterio pacífico  según el cual, los testimonios de  menores…      no  están    condicionadas    a    ningún   tipo   de   tarifa   (positiva   o   negativa)   por     la     mera    condición    del  testigo.   

“De acuerdo  con  investigaciones  de  innegable carácter científico, se ha establecido que  cuando  el  menor  es  la  víctima de atropellos sexuales su dicho adquiere una  especial confiabilidad. (…)   

”A partir de investigaciones científicas  como  la anterior, se infiere que el dicho del menor, por la naturaleza del acto  y  el  impacto que genera en su memoria, adquiere gran  credibilidad    cuando   es   la   víctima   de   abusos   sexuales”7.   

Quinto: sin que se  entienda  como  una  respuesta de fondo sino en virtud del ejercicio pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala,  como  una  garantía  más  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales de las partes, se especificaran algunos aspectos  esenciales   abordados   por  el  Tribunal al caso en estudio.   

El  examen  realizado  por  la  psicóloga  YANETH  CRISTINA  MONTERROSA  MARTÍNEZ, expuesto a lo largo de su testimonio en  el  juicio  oral  y apoyado en el informe técnico científico concluyó que por  el  material  aportado  se  describían  una  serie  de comportamientos sexuales  inapropiados  para  su  edad  y  alteraciones  en  el  sueño  e irregularidades  emocionales compatibles con un posible abuso sexual. (…)   

En  Criterio de la Sala, si bien es cierto  que,  como  lo  dice  el  a quo en su providencia, ciertamente MARÍA DORALBA en  desarrollo  de  su  labor como niñera, tenía acceso al cuerpo de las menores y  no  hay  duda que tuvo que tocarles sus genitales por labores de limpieza o para  la  aplicación  de  ungüentos  para  paliar  alguna  infección,  no  comparte  la  conclusión  a  la  que  llega  el funcionario de  primera  instancia  pues,  las  versiones de las niñas, tanto en el juicio oral  –bastante  lacónicas  e  imprecisas  lo cual puede ser explicable por la corta edad- como aquello que les  manifestó  [una  de  ellas]  a  sus tías, a la psicóloga PIEDAD GÓMEZ y a la  doctora  MARÍA  CONSUELO,  sobre  episodios de abuso y, sí a ello agregamos la  versión  de  ÁNGELA  MARCELA  CAMPO CANOLES sobre la poca ortodoxa conducta de  MARÍA  DORALBA  en  su trato con las niñas, su celo excesivo y su actuar fuera  de  contexto de bañarse con aquellas y, muy en especial, las conductas sexuales  inapropiadas  que  las  chiquillas  desarrollaron,  así  como  sus episodios de  enuresis  o  copropresis,  llantos,  pesadillas  y cambios emocionales, permiten  arribar  a  conclusión diferente, esto es, que MARÍA DORALBA sí realizó esos  tocamientos abusivos.   

… las niñas fueron expuestas a contactos  lascivos  previos  en  sus zonas erógenas y derivaron sensaciones agradables de  aquello  lo  cual  las  llevó  a  su  repetición  ya  en  forma espontánea y,  si  MARÍA  DORALBA tenía por costumbre bañarse con  ellas,  no  obstante  que  le  era  recriminado  por  su  compañera de trabajo,  mantenía  una  relación  con  aquellas  de  un apego excesivo y las jovencitas  presentaron  episodios  como  los relatados en retención de orina y heces, así  como  pesadillas y sueño irregular, surge claro que sí realizó MARÍA DORALBA  los  comportamiento abusivos; las niñas, aún con sus  imprecisiones  lo  relataron  en el juicio oral, lo narraron a sus tías y a las  psicólogas  y  desarrollaron  comportamientos  compatibles  con  situaciones de  abuso  lo cual nos lleva entonces a afirmar que en este proceso hay conocimiento  más  allá de cualquier duda acerca de la materialidad de dichas infracciones y  de  la  responsabilidad  de MARIA DORALBA GÓMEZ CEBALLOS en la comisión de los  mismos.      

Tal y como se observa, el defensor dejó de  lado,  gran  parte  del  cúmulo  probatorio con el que se realizó el juicio de  responsabilidad  contra  su  prohijada,  por otro lado, atacó con aseveraciones  indemostradas    el    restante   acopio   demostrativo,   sin   ninguna   pauta  jurisprudencial  y  en  total oposición a lo decidido por el Juez Colegiado, lo  cual,  presenta  e  identifica  su  disconformidad,  como  un  escrito  de libre  factura,   desde   luego,   inoperante   en   sede   extraordinaria.     

Sexto:  en  igual  forma,   el   recurrente  violentó  el  postulado  de  corrección  material,  pues  al  cotejar  la  Sala la  demanda  impetrada  con  los  contenidos  objetivos  y literales de la decisión  atacada,  se  observa  que el memorialista desdeña y repudia lo plasmado por la  judicatura,  circunstancia  que  vulnera de tajo el axioma en estudio, según el  cual,  las  razones,  fundamentos  y  contenidos argumentativos diseñados en la  censura  deben ajustarse en un todo a la verdad procesal, cuestión que aquí no  sucedió  al  decir por ejemplo que las pequeñas víctimas no sufrieron ningún  trauma,  secuela,  síntoma  como  consecuencia  de  los  abusos  al  que fueron  sometidas:  temática  totalmente descartada por el Tribunal, como atrás quedó  puntualmente anotado.   

Séptimo: el axioma  de  trascendencia que guía el recurso de casación, fue ignorado totalmente por  el  recurrente,  motivo  por  el  cual,  su  discurso,  se torna como un alegato  libre,    genérico   y  subjetivo,   en  consecuencia,  sin  ninguna  eficacia  jurídica  y  vacío  de  cualquier contenido demostrativo.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable propia de los recurrentes, para  complementarlas,  adicionarlas  o corregirlas, máxime cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Corte,  de ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación, sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para fallar en consecuencia. Con todo, si se admite un libelo que  incumpla  elementales  presupuestos  de  lógica  y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

No    es    que    la    “técnica”  por  sí  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto.   

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane   y   queda  convertido  en  un  alegato  de  libre  importe  –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente,  la injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o  al  Bloque  de  Constitucionalidad,  siendo  ello  así,  se verifica, que el  impugnante  presentó  alegaciones  producto  de sus exclusivas percepciones del  derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra  lo afirmado por los funcionarios  judiciales,  sin  ninguna  prevalencia  en  la  lógica-jurídica requerida para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía  que   irradia   el   instituto   casacional;   circunstancia  por  la  cual,  la  Corte  inadmitirá el libelo  presentado   a   nombre   de   MARÍA  DORALBA  GÓMEZ  CEBALLOS.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los  sentenciados,  como  para superar los defectos y decidir de  fondo,  según lo impone la preceptiva del inciso 3º del  artículo 184 de  la Ley 906 de 2004.   

Mecanismo   de   insistencia:   

Puede  ser  promovido  por  el  recurrente,  dentro  de  los  cinco  días  siguientes  a  la notificación del proveído que  resolvió   inadmitir   la   demanda,   con   el   objeto   de  reconsiderar  lo  decidido8,  siendo potestativo de los funcionarios ante quienes se reformula,  optar  por  someter  el  caso  a  nuevo  escrutinio  de  la  Sala  o rechazar la  petición;  si  se presenta el segundo evento, se informará al interesado en un  plazo  de  quince días; por último, su no selección trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia atacada, salvo que prospere y permita su acogimiento,  motivo esencial para citar a audiencia de sustentación.   

Con fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de MARÍA  DORALBA  GÓMEZ  CEBALLOS, por las razones aducidas en  la parte motiva del presente proveído.   

Segundo:  Contra  la no  selección      procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, en los términos plasmados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

      

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ            GUSTAVO     ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ                   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                                                 JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de  primera y segunda instancia se promulgaron el 7 de abril y 26 de  agosto de 2011, respectivamente.   

2  Con base en los artículos 15 y 44 de la Constitución  Nacional; 1º, 33, 47, 8º  y  193,  7º  de  la  Ley  1098  de  2006,  la  Sala  se  abstiene  de  divulgar  los  nombres,  apellidos e  iniciales  de  la  niña  abusada  y  los  apellidos  de  sus  progenitores,  en  protección integral a sus derechos constitucionales fundamentales.   

3  Excluyó  la  magistratura,  la  causal  de agravación deducida en el pliego de  cargos,  consagrada  en  el numeral 2º del artículo 211 del Código Penal; por  otro  lado,  uno  de sus integrantes de la colegiatura, salvo voto, porque en su  concepto, no hay prueba suficiente para condenar.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia:  radicado:  25.565 (8-6-06).   

5 Corte  Suprema     de     Justicia,     mismo     sentido:     radicado    25.248     (10-5-06),    15.488    (16-7-01)   y   24.026 (20-10-05).   

6  C.s.j.,         Radicado:        39.215  (18-7-12).   

7  C.S.J.,  radicado  29.678 (5-11-08): “Sentencias del  19  de febrero de 2008, rad. núm. 28742; en el mismo sentido véanse sentencias  del  26  de enero de 2006, radicación 23706, sentencia del 30 de marzo de 2006,  rad.  Núm.  24468;   ib. Auto del 28511 del 28 de nov. de 2007;  auto  del   26/9/07,   rad.   Núm.  27946;   auto  del  26/09/2007,  rad.  Núm.  28274”.   

8 Opera  oficiosamente  para  los  Procuradores  Delegados  en  Casación,  excepto si el  demandante  es  el Ministerio Público ante el Tribunal, el Magistrado disidente  o  aquél  que no haya participado en el debate ni suscrito el auto inadmisorio.     

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