37708(23-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 37708  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  411  

Bogotá  D.C., veintitrés (23) de noviembre  de dos mil once (2011)   

VISTOS:  

La   Sala  se  ocupa  de  la  definición  de  competencia  propuesta en  audiencia  del  18 de octubre de 2011 por la Magistrada con funciones de control  de  garantías  de  la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Bogotá.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

1.   El   9  de  septiembre  de  2011,  la Fiscal 47 de Justicia y Paz, Delegada ante el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  formuló  a  la  Magistrada con  función  de  control  de garantías de dicha Corporación sendas solicitudes de  formulación  de imputación,  respecto   de   los  postulados   Rodrigo  Alonso  Quintero,  Ramón  María Isaza Arango y Luis Eduardo Zuluaga Arcila,  el primero y el último miembros del Frente José Luis Zuluaga de  las   Autodefensas   Campesinas   del  Magdalena  Medio  y  el  segundo  miembro  representante  del  Bloque  de  las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio,  según  hechos  ocurridos  en  jurisdicción  de  los municipios de El Carmen de  Viboral, La Unión y San Luis, departamento de Antioquia.   

En  audiencia  del 18 de octubre de 2011, la  Magistrada  con  función  de control de garantías de la Sala de Justicia y Paz  de  Bogotá  se  abstuvo  de  llevar  a  cabo  la  audiencia  de formulación de  imputación   solicitada,   pues   consideró  que  la  competencia  para  dicha  actuación  recae en su homólogo del Tribunal Superior de Medellín, motivo por  el   cual   remitió   lo  actuado  con  destino  a  esta  Colegiatura  para  la  correspondiente definición de competencia.   

Así  mismo,  al  final  de  la  diligencia,  la   delegada   de   la   Fiscalía  General  de  las  Nación  presentó  un  escrito  a  través  del  cual  explica  que  los  hechos  asociados  a una misma estructura armada ilegal, como  así  lo  estableció  la  Corte  en  decisión del 31 de agosto anterior,   deben  ser  conocidos por un mismo magistrado de control de garantías o Sala de  Justicia  y  Paz,  toda  vez  que  la  conducta de concierto para delinquir, que  permite  la  activación  del  proceso transicional, así  como los delitos  particulares  cometidos  en  ejercicio  del  acuerdo  ilegal,  conforman un todo  inescindible  que,  de  ser  desconocido,  perjudicaría  el  conocimiento de la  verdad  histórica  y acarrearía otros inconvenientes de orden procesal como la  posibilidad  de  decisiones  encontradas, el traslado de los postulados privados  de  la libertad y necesidad de las víctimas de designar diversos representantes  legales para actuar en los distintos procesos.   

ARGUMENTOS   DE   LA   DECLARACIÓN   DE  INCOMPETENCIA   

   

La  Magistrada  con  función  de garantías  sostiene  que  la  competencia territorial de las salas de Justicia y Paz de los  tribunales  superiores  “viene  determinada  por  el  área  de  influencia  territorial  del grupo armado al margen de la ley al cual  perteneció  el desmovilizado, con independencia del lugar donde se agotaron los  correspondientes   comportamientos   punibles,   encaminados   a  concretar  los  propósitos  de  dicho  acuerdo criminal”; así, tras  reseñar  los  requisitos  legales  de  la  acusación formulada en el marco del  proceso  de  la  Ley  975 de 2005, precisa que en este caso el Frente José Luis  Zuluaga,  al  cual  pertenecían los postulados, estaba al mando de Luis Eduardo  Zuluaga    Arcila,    alias    Macguiver,  el  cual operó en los municipios del oriente antioqueño y allí  agotó los hechos objeto de imputación.   

Así mismo, recordó que sobre la competencia  territorial  del  delito  de  concierto  para delinquir, la jurisprudencia de la  Sala  ha dicho que ésta se determina teniendo en cuenta la estructura del grupo  armado   ilegal,   es   decir,   bloques   y   frentes,  siendo  estos  últimos  independientes  y  autónomos.  De  suerte que si en este caso fueron el oriente  antioqueño  y  Caldas  los lugares donde se ejecutaron y concretaron los hechos  punibles  objeto  del  concierto,  entonces es allí donde radica la competencia  para  tramitar  la  investigación.  Y aún cuando es cierto que el Frente José  Luis  Zuluaga hacia parte del bloque de las autodefensas del Magdalena Medio con  radio  de  acción  en  el  departamento  de  Cundinamarca  y, por ello, podría  decirse  que  la  competencia recae en la Sala de Justicia y Paz de Bogotá, tal  conclusión  no  es  atinada, por cuanto la competencia está ligada al lugar de  comisión de los delitos.   

Por  otra  parte,  argumenta  que  cuando el  postulado  comete  delitos  en  diversos  territorios,  la competencia se define  según  el  lugar  de  ubicación,  la seguridad de las víctimas y la facilidad  para  recolectar  la prueba; lo anterior con fundamento en el artículo 37 de la  Ley   975  de  2005,  el  derecho  de  acceso  a  la  justicia,  los  principios  fundamentales  fijados por la Organización de las Naciones Unidas, la Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos y por razón de la naturaleza transicional  del  proceso  y  sus  fines  de  obtener  la verdad, justicia y reparación, los  cuales  son  prevalentes  frente a las formalidades del proceso penal ordinario.   

En este caso, agrega la funcionaria judicial,  las  víctimas  se ubican en los departamentos de Antioquia y Caldas, y es allí  donde  debe  radicar  la  competencia  para  así  satisfacer los derecho de las  víctimas,  entre ellos los de acceder al expediente, hacer presencia física en  el  proceso  (lo  que  no se puede sujetar al vaivén de los medios técnicos) y  enfrentar  y  cuestionar  de  manera  directa  al postulado, para de esta manera  concretar  la  reconciliación y alcanzar la paz. Por otra parte, las pruebas se  ubican  en  el  lugar  donde  sucedieron  los  hechos  y  pueden ser fácilmente  recogidas  por  el  personal  del  CTI  con  sede en Antioquia, amén de que los  Acuerdos  8034  y  7726  de  2011 del Consejo Superior de la Judicatura fijan la  competencia  territorial  de las salas de Justicia y Paz de Medellín y Bogotá,  de  los  que se extrae que los hechos deben ser asumidos por la Sala de Justicia  y Paz con sede en Medellín.   

En  conclusión,  la  Magistrada  se declara  incompetente  para llevar a cabo la diligencia solicitada por la fiscalía y, en  consecuencia,  remite  la  actuación  con destino a la Corte para que defina la  competencia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. El artículo 32,  numeral  4,  de  la Ley 906 de 2004, dispone que la Corte conoce de “la  definición  de  competencia  cuando  se  trate  de  aforados  constitucionales  y  legales,  o  de  tribunales,  o  de  juzgados de diferentes  distritos”;   en   dicha   norma  se  contempla  la  hipótesis  planteada en este asunto, pues la Magistrada con función de control  de  garantías  de  la  Sala  de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá  insiste  en  que  la competencia para llevar a cabo la audiencia de formulación  de   imputación  le  corresponde  a  su  homólogo  del  Tribunal  Superior  de  Medellín.   

Es pertinente aclarar, además, que la Corte  ha  aceptado  la procedencia de la institución de la definición de competencia  en  trámites  regidos  por  la Ley 975 de 2005, toda vez que ésta no pierde la  calidad  de  superior  funcional  de  las  Salas  de Justicia y Paz a las cuales  compete     la     resolución     de    los    litigios    sometidos    a    su  consideración1.   

2. En este caso, se  trata  de  determinar  cuál  de  los  magistrados  con  función  de control de  garantías,  si la adscrita a la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Bogotá,  lugar donde hasta el momento la actuación se encuentra radicada, o el  de   Medellín,  comprensión  territorial  donde  ocurrieron  los  particulares  comportamientos   punibles   atribuidos,  es  el  competente  para  realizar  la  audiencia   de   formulación   de   imputación   respecto  de  los  postulados  Rodrigo Alonso Quintero, Luis Eduardo Zuluaga Arcila y  Ramón   María   Isaza   Arango,  los  dos  primeros  militantes   del   Frente  José  Luis  Zuluaga,  el  cual  hizo  parte  de  las  Autodefensas  Campesinas  del  Magdalena Medio, comandadas por el último.    

Pues bien, la Sala anticipa su conclusión en  el  sentido  de que su reiterada jurisprudencia sobre la competencia territorial  respecto  del  delito  de  concierto  para  delinquir,  conducta  que permite la  activación  del  proceso de Justicia y Paz, permite mantener el conocimiento de  esta  particular  actuación  en la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior  de Bogotá, por las siguientes razones:   

2.1.    De    manera    pacífica    y  reiterada2  la  Corte  ha  establecido  que  la competencia territorial de las  salas   de  Justicia  y  Paz  de  los  diferentes  tribunales  superiores  viene  determinada  por  el  área de influencia territorial  del  grupo  armado  al  margen  de  la ley al cual perteneció el postulado, con  independencia,  “sin querer significar con esto que  resulte   indiferente”,  del   lugar   donde  se  agotaron  los  particulares  comportamientos  punibles  encaminados  a  concretar los propósitos del acuerdo  criminal.  Dicho de otra manera, los criterios para la  definición  de  la  competencia  por  el  factor  territorial  deben  estar  en  consonancia  con la consumación del punible que permite el acceso al proceso de  la  Ley 975 de 2005 y no de la realización particular  de    cada    uno    de    los   actos   delictivos3.   

Lo  anterior  encuentra  su razón de ser en  que,  precisamente,  es  el  delito  de  concierto para delinquir el que permite  activar    el    proceso   judicial   de   naturaleza   transicional4.  Así  lo  ha  plasmado          la          jurisprudencia5:   

“Desde   su  preámbulo,  la  ley  de  justicia  y paz dispone que se aplicará a miembros de  grupos  armados  organizados  al  margen  de  la  ley, que contribuyan de manera  efectiva  a la consecución de la paz nacional. En consecuencia, se perfila como  primer  supuesto  fáctico que el procesado por esta jurisdicción es un confeso  infractor  del  delito,  por  lo menos, de concierto para delinquir agravado; de  donde  se  sigue  que,  conforme  a  esa  premisa  jurídica  y ontológica, los  crímenes  a confesar, imputar y por los que se habrá de acusar se ejecutaron y  consumaron  para  y  dentro  de  la  organización  delictiva.   El  examen  judicial  no  está  referido   a  un acontecer delictivo individual,   sino  a  los  fenómenos propios de la criminalidad organizada, explicados desde  distintas     teorías     y    resueltos    por    la    Sala    en    diversos  pronunciamientos6.”   

“El solo delito de  concierto  para  delinquir agravado, imputado y admitido por un integrante de un  bloque  de  las  autodefensas  desmovilizado, revela que aquél se integró a la  agrupación  y  desde  esa  condición  se adhirió a sus fines, para el caso de  estos  grupos,  la persecución de una serie de objetivos respecto de los cuales  corresponde  demostrar  en  cuántas  oportunidades  y  en  qué  condiciones se  realizaron  y  cuáles  son  imputables  a  ese postulado, según el presupuesto  normativo  que  deberá considerarse para cada atribución delictiva adicional a  la  concertación: con ocasión y durante la militancia. Si no se acompaña este  ingrediente  normativo  a  cada  delito  en  cuestión,  la conducta deja de ser  objeto    de    la    competencia    de     justicia   y   paz.”   

La importancia de la caracterización de esta  especial  conducta  punible  es de tal relevancia que la acusación proferida en  el  marco  de  la  Ley  975  de  2005  hace especial énfasis en ella; así  ocurre  cuando,  por ejemplo, exige completa precisión sobre la identificación  del  grupo  armado  ilegal, su influencia territorial, la fecha de ingreso a él  del  postulado,  los  daños  colectivos  ocasionados  por  el mencionado grupo,  dentro   del   marco   temporal   y   espacial  -áreas,  zonas,  localidades  o  regiones-   en  donde el desmovilizado desarrolló su militancia, o bien la  exposición  de  las razones por las que los hechos atribuidos pueden entenderse  cometidos  durante  y  con  ocasión  de  la  pertenencia  del  postulado  a  la  asociación ilícita.     

2.2.  Ahora  bien,  la  ley  ha  previsto la  eventualidad  de  que  el postulado, como integrante de la asociación ilícita,  haya  podido cometer delitos en diferentes lugares (correspondientes a distritos  judiciales  diversos)  en los cuales tuvieron asiento las operaciones criminales  del grupo armado ilegal.   

En  tal caso, ha dicho la jurisprudencia, la  competencia  se definirá según la ubicación y seguridad de las víctimas y la  facilidad  de  acceder  a  los  elementos  materiales  de  prueba.  Pero es  necesario  advertir  que en tales eventos los aludidos criterios de ubicación y  seguridad  de  las  víctimas,  o  bien  la facilidad de acceder a los medios de  pruebas,  no son de aplicación absoluta o automática, pues así mismo aquellos  deben    ponderarse    a    lado   de   otro   que   comprende   “todos  los  aspectos  necesarios  para  llevar  el proceso hasta su  culminación”7,  teniendo en cuenta que   se  trata  de  un  proceso  de  naturaleza transicional y excepcional, en el que  resulta  aceptable  que  la verdad, la justicia y la reparación integral de las  víctimas   resulte   prevalente   sobre   las  formalidades  y  requisitos  del  procedimiento   penal   ordinario,  es  decir,  entre  otros  aspectos,  de  los  tradicionales factores que fijan la competencia.   

En  este  sentido,  la  Honorable Magistrada  sugiere  que  acercar la sede del proceso al lugar de domicilio de las víctimas  o  a  aquél donde se presume se encuentran los elementos materiales probatorios  automáticamente  redunda  en  el  beneficio  de aquellas, así como en una más  eficiente  labor del ente investigador.  No obstante, es necesario analizar  más  a  fondo  este  aserto,  pues, al menos en un caso como este, en el que se  ventila  la  responsabilidad de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio,  agrupación   irregular   liderada  de  largo  tiempo  atrás  por  Ramón   María   Isaza  Arango,  conviene  indagar si tal afirmación resulta razonable.   

2.2.1. Así,  recuérdese cómo la Sala, en pronunciamiento del  22 de  septiembre  de  2010  (Rad. 33857), dentro del proceso de Justicia y Paz seguido  en  contra del mismo postulado Isaza Arango,  en  su  condición  de  comandante  del  mencionado  grupo armado  irregular,  y otros, expresó  que  “no  se  puede  desconocer  la  aún  existente  influencia  de  los  grupos  delincuenciales  en  las áreas donde operaron [las  Autodefensas  Campesinas  del  Magdalena  Medio],  no obstante que hubiesen sido  desmantelados  en  gran parte, como tampoco la posición que dentro de ese grupo  ilegal    ocupaba    el    hoy    procesado    ISAZA  ARANGO”.   

Una  tal  consideración,  que  hoy la Corte  retoma,  conduce  a  poner  en tela de juicio la conveniencia y seguridad de las  víctimas,  por  el  hecho  de  llevar  el proceso a un lugar más cercano a las  localidades  donde  éstas habitan y, además, ocurrieron innumerables crímenes  constitutivos  de  violaciones sistemáticas y reiteradas a los derechos humanos  en  contra  de  la  población  civil,  si  se  considera  que  aún  en  dichos  territorios mantienen influencia los grupos armados ilegales.   

2.2.2.    Por  otra  parte,  en  este  particular  asunto,  no  se tiene noticia que la radicación del proceso en esta  ciudad  capital haya representado un obstáculo para la eficaz participación de  las  víctimas,  las  cuales, además, han sido representadas por los apoderados  de  la  Defensoría  Pública de la Defensoría del Pueblo, quienes por su parte  no  han  manifestado  inconveniente alguno para el ejercicio de su gestión, por  el  hecho  de encontrarse radicado el expediente en la Sala de Justicia y Paz de  Bogotá.   Por  otra  parte,  aún  cuando  en  verdad  es  aconsejable  la  presencia  física  de  las  víctimas frente a sus victimarios, ello no permite  razonablemente   descartar   el   uso   de  medios  técnicos,  como  el  de  la  videoconferencia  u  otros  similares,  o  inferir  que  el uso de esta clase de  mecanismos  desestima  o  interfiere  de  manera  importante  con el objetivo de  alcanzar   la   conciliación   nacional,   la   reinserción   y   la   memoria  histórica.   

2.2.3.  En  cuanto  a  la  facilidad  que le  representaría  a la fiscalía obtener los medios de convicción por el hecho de  radicar  la  actuación  en  una  ciudad  geográficamente  más  próxima a los  lugares  donde  ocurrieron  los  crímenes  en  particular, dígase que esa sola  circunstancia  no  puede  predicarse  de manera genérica de todos los casos; en  primer  lugar,  como en el caso que concita la atención de la Corporación, por  la  ya  mencionada  influencia  que  aún mantienen los grupos armados en dichos  territorios,  lo  que hace razonable creer que pueden tener alguna injerencia no  solamente  en  los  elementos  materiales  de convicción sino, más grave aún,  sobre los testigos y víctimas.   

Además  de  lo  anterior,  debe  tenerse en  cuenta  que  la  Fiscal  General  de  la  Nación,  así  como sus delegados, el  personal  con  funciones  de  policía  judicial  y su cuerpo de investigación,  tienen  presencia  y  asiento  en  todo  el territorio nacional, lo que, una vez  más,  no deja ver con certeza cómo la actuación procesal avanzaría con mayor  eficacia  por  el  hecho  de  trasladar  la  sede del expediente a un lugar más  próximo a las  víctimas.    

Sobre este preciso aspecto, no puede perderse  de  vista  que  la fiscal delegada que actúa en este caso, la llamada en primer  lugar  a  expresar  su  inconformidad por las dificultades de recaudo probatorio  que   le  acarrearía  el  traslado  del  proceso,  tampoco  ha  manifestado  su  inconformidad  por  ese  motivo,  sino  que,  por  el  contrario, considera más  provechoso   para   los  efectos  de  la  actuación  mantener  su  trámite  en  Bogotá.   

2.2.4.   Así   mismo,  se  hace  necesario  tener  en  cuenta,  como  así se afirmó en la  citada  radicación  37253  del pasado 31 de agosto, las Autodefensas Campesinas  del   Magdalena  Medio  tuvo  influencia  predominante  en  el  departamento  de  Cundinamarca y territorios colindantes.   

2.3.  En  conclusión, el beneficio para las  víctimas  o  para  la  eficacia  del trámite procesal que predica la Honorable  Magistrada   como   consecuencia   de  modificar  en  este  particular  caso  la  competencia  territorial  no  se  aprecia  con  nitidez,  y  resulta  ser apenas  hipotética.   

No  es, pues, que al mantener la competencia  para  tramitar  esta  actuación  en la Magistrada con función de garantías de  Bogotá  se desconozcan los intereses de las víctimas, o su derecho de acceso a  la  justicia,  como  tampoco de preferir arbitrariamente este Distrito Judicial,  en  perjuicio de otros donde también actuó el grupo de autodefensas. De lo que  se  trata  con esta determinación es de reconocer en una dimensión más amplia  esos  intereses,  los cuales en últimas están encaminados a la fijación de la  memoria  histórica  nacional,  la reconciliación nacional y la garantía de no  repetición,  que  requieren  el  tratamiento  integral  y no fragmentado de las  dinámicas   de   violencia   generadas  por  los  grupos  armados  irregulares,  propósito   que   no  se  lograría  si  la  competencia  territorial  se  fija  únicamente  en  atención  al  lugar  de  ubicación  de  la  víctimas o de la  prueba.   

2.4.  Por el contrario, la solución que  la  Corte  le  impartirá  al asunto que acá ocupa su atención tiene en cuenta  otros  intereses,  ya no solo de las víctimas sino también de la justicia y la  paz  social  como valores constitucionales y de la memoria histórica, idóneos,  además, para lograr la eficacia de la actuación.   

La  postura que aquí se adopta considera la  relevancia  que  en  el  proceso  de justicia transicional tiene el grupo armado  ilegal,  como  protagonista  de una concurrencia de acuerdos de voluntad para la  comisión,  de  manera  sistemática  y  reiterada,  de  plurales  conductas  en  perjuicio  de  los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario de la  población civil.    

Así  las  cosas, el hecho de que sean, como  por  lógica  deben  serlo,  plurales  los miembros integrantes desmovilizados y  postulados  por  el  Gobierno  Nacional para el procedimiento especial de la Ley  975  de  2005,  o  bien  que  los  delitos cometidos en virtud de la asociación  ilícita  hayan  tenido  lugar en diversos lugares del país, son circunstancias  que  no  permiten  afirmar  que  se  trata de una pluralidad de procesos, según  cuantos  postulados  o  lugares  de  comisión de los delitos concurran, sino un  solo  proceso  que  investiga  y  enjuicia  a  un  número plural de postulados.   

De  esta  manera,  al  contrario  de  lo que  ocurriría  si  se tramitaran sendos procesos por cada lugar de comisión de los  delitos,  no se pierde la referencia de grupo armado irregular, en este caso las  Autodefensas  Campesinas  del  Magdalena  Medio,  que  materializa, como un todo  inescindible,  un  concierto  para  la  comisión  de  delitos  sistemáticos  y  generalizados.   

Una  solución  distinta  desconocería  la  estructura  que  ideó  el  legislador   para  el  proceso  transicional  e  incurriría  en  el error de fraccionar lo que naturalmente es inescindible, con  los  efectos  negativos  no  solo frente a las víctimas sino, en especial, a la  memorial  histórica,  pues  ésta  no  pasaría  de  ser  una mera sumatoria de  delitos  graves,  sin  el  hilo conductor que representa la contemplación de la  acción  de  un  grupo armado que materializa el concierto para delinquir.   Si  así  ocurriere,  no solamente se atomizaría la verdad histórica, sino que  podrían  producirse  decisiones  judiciales  encontradas  frente  a  casos  que  obedecen  a  una  misma  dinámica delictiva y, además, las víctimas deberían  afrontar  la ubicación del proceso en diferentes tribunales y así mismo contar  con  diferentes  representantes  judiciales;  y,  por  otro lado, los postulados  procesados  se  verían  sometidos a afrontar constantes traslados del centro de  reclusión   para   poder   atender  las  diferentes  diligencias  en  distintas  sedes.   

En  conclusión, si, como bien lo enseña la  realidad  y  la  experiencia  judicial  de los últimos años, la acción de las  Autodefensas  Campesinas del Magdalena Medio alcanzó una expansión territorial  que  excede  la  competencia  territorial  de  los  magistrados  de  control  de  garantías  y  salas  de  conocimiento  de Justicia y Paz, de tal suerte que los  crímenes  en particular atribuidos a sus integrantes se ubican en el territorio  de  unos  y  otros, la solución al problema de la competencia no puede buscarse  en  el  domicilio  de  cada uno de los afectados, sino en la naturaleza especial  del  proceso  de Justicia y Paz y en la estructura que contempló la ley para su  trámite,  la  cual  se funda en la especial clase de delincuencia organizada de  que se trata, esto es, la atribuida al grupo armado ilegal.    

3.   Bajo  estas premisas, la Sala asignará la competencia  para    continuar   la   presente   actuación   seguida   contra   Rodrigo  Alonso Quintero, Luis Eduardo Zuluaga Arcila  y Ramón  María  Isaza Arango, miembros  de  las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, a  la  Magistrada  de  control  de  garantías  de  la  Sala  de Justicia y Paz del  Tribunal Superior de Bogotá.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

MANTENER   la  competencia  para  conocer  de  la  audiencia  de  formulación de imputación e  imposición   de   medida   de   aseguramiento   en   contra   de   Rodrigo  Alonso Quintero, Luis Eduardo Zuluaga Arcila  y Ramón  María  Isaza  Arango en la Magistrada con función de  control  de  garantías  de  la  Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Bogotá.   

Contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Comuníquese   y   cúmplase,   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                                              SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                             AUGUSTO       J.      IBÁÑEZ  GUZMÁN   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                            JULIO ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto  de  definición  de  competencia de 31 de marzo de 2009, radicación No. 31491.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, auto del 31 de agosto de 2011,  radicación No. 37253.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 13 de julio de 2011,  radicación No. 36921.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal autos del 17 de junio de 2009,  radicados  31205  y  29560,  reiterados  en  auto  del 13 de julio de 2011, rad.  36721.   

5 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, autos correspondientes a las  radicaciones  31205  y  29560  ya citadas, reiterados en auto del 23 de junio de  2011, radicación No. 36745. .   

6 Cfr.  sentencias  de  casación  14851   del  8  de marzo de 2001, 22698 del 9 de  noviembre de 2006 y 23825 del 7 de marzo de 2007, entre otras.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 15 de julio de 2009,  radicado 32042, reiterado en citado auto rad. 37253.     

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