37639(23-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                            JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                            Aprobado Acta No. 230   

Bogotá,  D. C., veintitrés (23) de julio de  dos mil trece (2013).   

                                                                                    

ASUNTO  

Estudia la Corte la posibilidad de admitir la  demanda  de casación presentada por el abogado de MATÍAS OLIVEROS DEL VILLAR y  KATYUSKA  ROJAS  RINCÓN  contra  el fallo de segunda instancia proferido por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  en  el  cual  revocó  parcialmente  la  sentencia absolutoria emitida por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  Especializado  de  esta  ciudad  condenando  a  esas  personas por los  delitos   de   concierto   para   delinquir  agravado  y concusión.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. MATÍAS OLIVEROS  DEL  VILLAR  fue elegido alcalde de El Banco (Magdalena) para el periodo del 1º  de  enero  de  2004  al  21 de diciembre de 2007. Durante la campaña, todos los  candidatos  se  reunieron  en  una  finca  de  esa  jurisdicción,  en donde los  comandantes  de  las  AUC  (Autodefensas  Unidas  de  Colombia)  escogieron a la  persona  a  la  cual  le brindarían apoyo a cambio de asumir compromisos con el  grupo  armado  ilegal,  entre  otros, otorgarles la contratación del municipio,  así  como  el  30%  de  los  cargos de libre nombramiento, y ejecutar todas sus  gestiones en beneficio de la organización.   

El  21  de  diciembre  de 2004, el mandatario  suscribió  con  el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo el convenio de  apoyo  financiero 057, por medio del cual la alcaldía, entre el 13 de mayo y el  14   de   diciembre   de   2005,   recibió   recursos   por  $1.278’565.000, con el fin de cubrir el pasivo  laboral de la Empresa de Servicios Públicos de El Banco.   

Sin embargo, MATÍAS OLIVEROS DEL VILLAR y su  esposa,      KATYUSKA      ROJAS     RINCÓN,     desviaron     $600’000.000 de esos recursos para su propio  beneficio   y  de  las  AUC.  En  esa  empresa,  al  parecer,  contaron  con  la  colaboración  de  los  abogados  Pedro  Nel  Rico  Martínez y Ánderson Tinoco  Epalza.  Para  ello,  se  valieron  de  dos  métodos.  El primero consistía en  realizar  pagos dobles o desproporcionados. El segundo radicaba en autorizar las  sumas  conciliadas  ante  el  Juzgado  Único  Laboral del Circuito de El Banco,  haciendo  que  los  beneficiarios  recibieran una ínfima parte. Así, el 12% de  las  sumas  liquidadas  era  destinado  a  la financiación de las AUC, el 10% a  cubrir  las  labores  de  gestión  del  alcalde  y el 15% para otros servidores  públicos o la esposa de aquél.   

2.   Presentada  denuncia,  la  Fiscalía  General  de  la Nación ordenó la apertura formal del  proceso  y  vinculó  por  medio  de  indagatoria  a  Pedro  Nel Rico Martínez,  Ánderson   Tinoco  Epalza,  KATYUSKA  ROJAS  RINCÓN  y  MATÍAS  OLIVEROS  DEL  VILLAR.    Agotada   la   instrucción,  calificó  el mérito del    sumario   el   19   de   junio   de  2008,   acusándolos  por  las conductas punibles  de   concierto  para  delinquir  agravado,  peculado por apropiación y           concusión,  según  lo previsto en los artículos 340 inciso 2º,  397   y   404   de  la  Ley  599  de  2000,  actual  Código  Penal,    el    primero    como    autor   de  todos  los  comportamientos y los restantes a título  de        “intervinientes       (determinadores)   [sic]”1   respecto   de     los     dos     últimos     delitos     imputados.   

Esta     resolución     quedó  ejecutoriada  el  8 de agosto de  20082,  fecha  en la que la Fiscalía negó la  reposición  interpuesta  contra  la  providencia  por medio de la cual declaró  desierto   el   recurso   de   apelación   presentado   contra   el  pliego  de  cargos.   

3. Le correspondió     el     conocimiento  de   la  etapa  siguiente  al  Juzgado  Único  Penal  del Circuito de Santa Marta. Pero debido a un cambio  de  radicación  ordenado  por  la  Corte,   el   proceso   fue  repartido  al  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado     de     Bogotá,     despacho  que absolvió a los acusados de  todos los hechos y cargos materia de atribución.   

4.  Apelada    la   decisión   por  la parte  civil  y  la  representante  del organismo instructor,  el   Tribunal   Superior   de   Bogotá  la  revocó  de  manera  parcial,  en  el sentido de condenar   a   MATÍAS   OLIVEROS   DEL  VILLAR,     como    coautor    del    concierto   para  delinquir  agravado  y  autor  de  la concusión, a  119   meses   de   prisión   y   37,5   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  multa;  y  a  KATYUSKA  ROJAS RINCÓN, como coautora del  concierto  para delinquir e   interviniente   de   la  concusión, a  99  meses  de  prisión  y  37,5 salarios mínimos legales mensuales vigentes de  multa.   

Así  mismo,  los  condenó  al  pago  de  perjuicios   derivados   de  la  ejecución  de  las  conductas  punibles  y  a la inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por un lapso igual al   de  sus  respectivas  sanciones  privativas  de  la  libertad.   

Igualmente, les  negó  cualquier  mecanismo de sustitución de la ejecución de la pena, dispuso  librar  orden  de  captura  en su contra y  confirmó  la  providencia en todos  los     demás    aspectos    que    no    fueron  materia de modificación.   

5. Contra  el  fallo  de segundo  grado,  presentó  el  abogado  de  MATÍAS   OLIVEROS  DEL  VILLAR  y  KATYUSKA  ROJAS  RINCÓN  el recurso   extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

1. Al amparo de  la  causal  tercera  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, propuso  el  recurrente  un único     cargo,     relativo  a  la nulidad por violación  del   debido   proceso,  derivada  de  la “falsa motivación de la sentencia  de  segunda instancia”3.     Lo     desarrolló   con   los   siguientes  argumentos:   

1.1. El  Tribunal  sustentó  su  decisión  con base en testimonios de  “algunos    adversarios    políticos    y   con  animadversión         con         el        entonces        alcalde”4,    situación    que   no  consideró suficiente para restarles credibilidad a sus relatos.   

1.2. También      se     apoyó     en     pruebas     “introducidas   sin   el   debido   proceso  probatorio”5.  La  sentencia de primera instancia, en cambio, está fundada en las pruebas  legalmente  recaudadas  en  el  proceso.   

1.3.   Hubo,  además,  apreciaciones  probatorias  “opuestas en  ambas   sentencias”6.      Así      sucedió  con la versión libre de Reyes Eduardo Sánchez  y  las  declaraciones     de    Epifanio    Ruidíaz  Ramos,  Jorge  Luis  Bayter,  Germán Monroy, César  Abud,  Penélope  Pérez  Bello,  Tito  León  Moisés  Padilla, Gustavo Gabriel  Méndez,  Pablo  Rodríguez,  Jorge  Granados Rojas, Alfonso Manrique, José del  Carmen  Trespalacios,  Patricia  del  Carmen Suárez, Pedro Coley, Enith Bandera  Páez,  Miguel Bayter, Edilberto Manuel Díaz Olaya, Luis Cadena Morón, Merardo  Robles  Benavides,  Omar  Arenillo Menco, Mario Mora Ramos, Naime Mieles, Blanca  Isabel  Sepúlveda, Ronelsa Muñoz Oliveros, Alfredo Capataz, Ariel Mora Ortiz y  León José Masson Vigna.   

2. En  consecuencia,  solicitó a la Corte  casar  el  fallo recurrido para, en su lugar, confirmar la decisión absolutoria  de primera instancia.   

CONSIDERACIONES  

1. La casación es un  recurso  extraordinario  que permite cuestionar, ante la máxima autoridad de la  justicia  ordinaria,  la correspondencia con el orden jurídico de una sentencia  de   segundo   grado,   de   la   cual  en  principio  se  presume  su  acierto,  constitucionalidad y legalidad.   

Dicha  confrontación  repercutirá  si  se  descubre   en  el  fallo  un  error  de  juicio  o  de  trámite  jurídicamente  trascendente,  ya  sea  propuesto por el recurrente o advertido de oficio por la  Corte.   

Una  decisión  ajustada  a  derecho,  por el  contrario, es aquella que resiste racionalmente la crítica.   

La  crítica  será  irrelevante  si no logra  refutar  la  providencia,  es  decir,  si  no  demuestra  bajo  los  parámetros  jurisprudenciales  que  riñe  en  aspectos  sustantivos  con  la  Constitución  Política, la ley o los principios que las rigen.   

Un alegato de instancia, por el contrario, no  necesariamente  está  basado  en  la lógica argumentativa del error. El sujeto  procesal,  en  esos  casos, le expone a los jueces de primer y segundo grado una  postura  fáctica  o  jurídica  susceptible de resolver o de explicar los temas  debatidos  en  el  proceso.  El funcionario judicial, a su vez, puede acoger las  explicaciones  o  bien  inclinarse  por  otras.  Pero  ninguno  está obligado a  establecer  de  forma  explícita que las decisiones precedentes (resolución de  acusación   o   sentencia   del  a  quo)  estuvieron  determinadas  por  yerros  relevantes.   

De  ahí  que  la  demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y  213 de la Ley 600 de 2000 (Código de Procedimiento Penal aplicable para este  asunto)  exigen una presentación lógica y adecuada a las causales establecidas  en  el  artículo 207 de tal estatuto, así como el desarrollo de los cargos que  por  los  vicios  de  trámite  o de juicio haya propuesto el recurrente, con la  demostración    de    su    importancia    para   efectos   de   la   decisión  adoptada.   

2.  En  el presente  asunto,  el  defensor  de  MATÍAS  OLIVEROS DEL VILLAR y KATYUSKA ROJAS RINCÓN  jamás  demostró  error  alguno  en el fallo condenatorio de segunda instancia.   

En  primer  lugar, no es motivo de nulidad la  “falsa  motivación de  la  sentencia  de  segunda  instancia”7.  En  efecto,  la  invalidez  de  la  actuación  procesal  debido  a  la  violación  del  principio  de  motivar las  providencias  judiciales, lo ha señalado    la   Sala,   tan   solo   procede  frente  al supuesto de la  ausencia   absoluta   de   motivación8.   

La          Corte  se  ha  referido a la ‘motivación       falsa      o  sofística’  como otra  de   las   modalidades   de   conculcación   del  principio  en  comento,  en  la medida en que se refiere  a  aquella  apreciación deformada o incompleta de la  prueba  que  utiliza  el  juez  para  llegar  a  conclusiones  erradas  o  abiertamente  alejadas  de  la  verdad  demostrada  en el  proceso.  Sin  embargo,  también  ha  sido clara al  precisar   que   “en  semejantes   eventos,   dado  que  la  irregularidad  afecta  exclusivamente  la  sentencia  del  Tribunal,  está facultada la Corte para emitir la decisión que  deba                  reemplazarla”9.   

En segundo lugar, en ningún momento   el  abogado  demostró,  y  ni  siquiera  sugirió,  la  existencia  de  algún yerro  susceptible  de  ser  abordado  en  sede del extraordinario recurso.   

En el desarrollo del único reproche por él  interpuesto,    reclamó    el   demandante   estos  temas:  (i) que   el   Tribunal,   en   la  decisión  impugnada,  le  otorgó  credibilidad    a    ciertos    testimonios;   (ii)  que  además  se  fundó en elementos de juicio (sin  decir  cuáles)  que  fueron  incorporados  a  la  actuación con violación del  debido  proceso  probatorio;  y  (iii)  que  valoró  medios de prueba en forma  opuesta al juez a quo.   

Estas  posturas  no  tienen  vocación  de  prosperidad.  Primero,  porque  la  credibilidad  no  es  atacable  en  sede  de  casación,  a  menos  que  el  interesado demuestre la vulneración a uno de los  parámetros  de  la  sana  crítica,  es  decir, a una concreta ley científica,  principio de la lógica o máxima de la experiencia.   

Segundo,  porque  el  desconocimiento  del  debido  proceso  de  la prueba no sólo debe plantearse como un error de derecho  por  falso  juicio  de  legalidad en la apreciación  probatoria,    sino    que    además    tiene   que   fundamentarse   con  suficiencia,    entre   otras   cosas,   predicarlo  de  al menos     un     determinado elemento de convicción.   

Y  tercero,  porque  si  una  decisión  de  segunda  instancia  revoca  total  o parcialmente la  de  primera,  no  constituye anomalía alguna que se  haya  valorado  la  prueba  de manera ‘opuesta’,    como   lo   arguyó  el  demandante.  Por el contrario, en  la     mayoría     de     los     eventos     la  revocatoria  será  la consecuencia necesaria de esa  divergente apreciación.   

En síntesis, el  demandante  se  quejó  porque  el  Tribunal,  en la  sentencia   impugnada,  presentó  en  su  criterio  “una  sintética  y  subjetiva  versión  de  los  hechos,   descalificando   testigos   y   desechando  la  decisión  de  primera  instancia”10.        Pero       lo  anterior    no   es   más   que   una   opinión,  que de ninguna manera repercute para los efectos del  recurso extraordinario de casación.   

3. De conformidad con  lo  hasta  ahora  expuesto,  lo único que advierte la Corte es la inconformidad  del  recurrente  con  la  decisión  adoptada.  Pero  como  esta  altura  de  la  actuación  la providencia del Tribunal debe presumirse acertada y ajustada a la  Constitución  Política y la ley, prevalece lo decidido frente a cualquier otra  consideración  (como  las  del  escrito)  que  no conduzca a demostrar un yerro  susceptible  de  ser  abordado  en  casación. Por lo tanto, la demanda no será  admitida.   

Y,  adicionalmente,  como  la  Sala  tampoco  encuentra  violación  alguna  de  las  garantías judiciales de los procesados,  ningún  pronunciamiento  oficioso hará contra la sentencia dictada por el juez  plural.   

En  virtud de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada         por        el defensor  de   MATÍAS   OLIVEROS   DEL   VILLAR   y  KATYUSKA  ROJAS  RINCÓN  contra el  fallo  de  segunda  instancia  emitido  por  el   Tribunal   Superior   del  Distrito  Judicial        de        Bogotá.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                                                         

MARÍA  DEL  ROSARIO     GONZÁLEZ     MUÑOZ     GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1   Cf.   folios   242-243   del   cuaderno  VII  de  la  actuación  principal.   

2 Folio  200 del cuaderno VIII de la actuación principal.   

3 Folio 234 del cuaderno del Tribunal.   

4 Folio  236 ibídem.   

5 Folio  239 ibídem.   

6 Folio 240 ibídem.   

7 Folio 234 del cuaderno del Tribunal.   

8 Cf.  sentencia de 27 de julio de 2006, radicado 22329.   

9 Sentencia de 4 de marzo de 2009, radicación 24797.   

10 Folio 249 ibídem.     

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