37506(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37.506  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 139-  

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de abril de dos  mil doce (2012).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de la demanda de casación presentada por la apoderada de Seguridad  Atlas  Ltda.,  en  calidad  de  tercero  civilmente  responsable  contra la sentencia proferida el 30 de mayo de  2011   por   la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cali,  que  confirmó  parcialmente  la  condena  impartida  el 25 de febrero de 2009 por el Juzgado 16  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, contra José Fernando Tello Acosta en  calidad de autor, del delito de homicidio simple.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.   A  eso  de las 4:00 p.m. del 14 de  mayo  de  2002,  en  la empresa incineradora Fuller, ubicada en la Calle 8ª No.  36-15  del  municipio  de Yumbo (Valle del Cauca) entre Henry Quiñónez Aguas y  José Fernando Tello Acosta,  se  suscitó  una  acalorada  discusión  por  cuanto  el  primero  –auxiliar de planta-, mojó al segundo  con  una  manguera,  reyerta  al cabo de la cual el último, vigilante designado  por  la  empresa  Seguridad Atlas Ltda., disparó su arma de fuego de dotación,  contra aquél, causándole la muerte.   

2.  Por  estos  hechos, al día siguiente la  Fiscalía  114  Seccional  de esa localidad declaró abierta la investigación y  ordenó  vincular mediante indagatoria a José Fernando  Tello   Acosta1.   

3.  Mediante  resolución  del 21 de mayo de  2002  se  resolvió  la  situación  jurídica  del  indagado  en  el sentido de  abstenerse   de   imponerle   medida   de   aseguramiento   por   el  delito  de  homicidio2.   

4.   El  8  de  julio del mismo año se  clausuró       el       ciclo      instructivo3  y  el 5 de diciembre de 2003  se   profirió   resolución   de   acusación   en   contra   de   José  Fernando Tello Acosta en calidad de  autor      del      delito      de     homicidio4.   

No  obstante,  recurrida la decisión por la  defensa,  la  parte  civil  y el tercero civilmente responsable -Seguridad Atlas  Ltda.-,  mediante  resolución  del 26 de febrero de 2004, la Fiscalía Delegada  ante  el Tribunal Superior de Cali declaró la nulidad de la actuación a partir  del       cierre       de       investigación5.   

5.  Una  vez  practicados  algunos medios de  prueba,  nuevamente se decretó el cierre de la instrucción por resolución del  23        de        agosto       de       20056.   

6.  A  continuación, el 22 de septiembre de  2005,  otra  vez  se  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación    por    el    delito   de   homicidio7.   

Contra esta determinación, el defensor, y la  representante  judicial  de  Seguridad  Atlas  Ltda.  interpusieron  recurso  de  apelación,  pero  en decisión del 10 de junio de 2008 dictada por la Fiscalía  Segunda  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Cali, fue confirmada, con la  adición  consistente en la imposición de medida de aseguramiento de detención  preventiva8.   

7.  El  juicio  correspondió  al Juzgado 16  Penal  del Circuito de Cali, despacho que avocó el conocimiento del asunto el 8  de          julio          de          20089.   

8.   Surtidas  las  audiencias  públicas,  preparatoria  y  de juzgamiento, mediante sentencia del 25 de febrero de 2009 el  acusado  fue condenado como  autor  responsable del punible de homicidio simple, a la pena principal de trece  (13)  años  de prisión, a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por el término de ciento sesenta (160) meses y  al  pago  solidario  junto  con la empresa Seguridad Atlas Ltda. de ciento trece  millones,  ciento  treinta  y  ocho  mil  quinientos  ochenta  y seis, pesos con  noventa  centavos ($113.138.586.90) por concepto de perjuicios materiales y cien  (100)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes a favor de cada uno de los  perjudicados  (Ana  Milena  Castillo  Rengifo  y Jhon Stiven Quiñónez Castillo  -esposa  e  hijo  del occiso-), en razón de los perjuicios morales. Igualmente,  le  negó  al  sentenciado  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la  pena10.   

9.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia,  el  defensor  del  procesado  y  la  apoderada  judicial del tercero  civilmente  responsable  interpusieron recurso de apelación contra aquél, y el  30  de  mayo  de  2011 fue confirmado por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Cali  con  la  adición  consistente  en  ordenar  el  comiso  del arma de fuego  incautada.11   

10.  A   través   de   abogada   el   tercero   civilmente  responsable  interpuso12  y  sustentó  el  recurso extraordinario de casación13.   

11. El representante la parte civil presentó  dentro de la oportunidad legal el alegato de no recurrente.   

12.   El   asunto   fue   remitido   a  la  Corte.   

LA DEMANDA  

Una vez la demandante identifica los sujetos  procesales  y  sintetiza los hechos y la actuación procesal, en un acápite que  intituló    “ALCANCE    DE    LA    INPUGNACIÓN  (sic)”14  precisa que su pretensión  está  orientada  a  que se case parcialmente el fallo de segunda instancia para  que  se  revoquen  “los  parágrafos  4,  3 y 5 del  RESUELVE  de  la  sentencia  de  primera  instancia  del  25 de febrero de 2009,  proferida   por   el   Juzgado   16   Penal  del  Circuito  de  Cali”15,   por   cuyo   medio   el  procesado  y  la  empresa  Seguridad  Atlas  Ltda.  fueron  condenados  al  pago  solidario  de los perjuicios materiales y morales y se desvinculó al llamado en  garantía    –Seguros  Colpatria  S.A.,  para  que en cambio, se absuelva a su mandante del pago de los  referidos  perjuicios “por culpa personal del agente  e      inexistencia      del      nexo      con      el     servicio”16.   

Cargo        primero.   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  primero,  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, la libelista acusa la  sentencia  de  segunda  instancia  de  violar directamente la ley sustancial por  “aplicación indebida de los parágrafos 1º de los  artículos  2347,  2356  del  Código Civil con relación a los parágrafo (sic)  final  de  artículos  (sic)  2347  y  articulo  (sic)  2349  del Código Civil,  Articulo  (sic)  1  y  2  del  Decreto  2187  de  2001  que  reglamento (sic) el  Decreto-Ley     356     de     1994”17.   

Afirma  que su representada fue condenada en  perjuicios  porque  se  predicó  que  la  empresa  incurrió,  en  ““culpa    in   eligendo”   o   “invigilando””18  al  contratar al procesado  pese a que no era apto para el servicio.   

Precisa  que  para  adoptar esa decisión el  Tribunal  se  valió de un documento en el que el jefe de servicios expresó que  “el  guarda es persona conflictiva y disociador, el  15  de  octubre cuando se efectuó el pago el señor dijo que lo estaban robando  que  no  volvería al puesto”. NOTA: “a solicitud del cliente el guarda debe  continuar  en el puesto; literal C “Según las anotaciones anteriores se puede  concluir  que  este  guarda  no  es  apto  para  seguir ocupando el puesto en la  empresa”19, y de la manifestación del  encausado  en la indagatoria según la cual no prestó el servicio militar en el  ejército sino en la policía.   

Para la demandante las referidas anotaciones  “se      tomaron      aisladamente”    20  porque  aunque  el  A  quo  valoró  las  declaraciones de Milton Jair Campaz Cuero, Javier Mauricio Gómez,  Rubén  Darío  Julio  –que  señalarían   que   el  acusado  es  “una  persona  calmada,        obediente,        respetuosa       y       tranquila”21-  y,  María Isabel Caicedo  –Psicóloga  que  habría  señalado  que  aquél  es  una  persona  serena,  que  el proceso de selección  reportó  que  era  apto  para  el  servicio  y que ha tenido un buen desempeño  laboral-,  la hoja de vida del procesado –en  la  que  consta  que  no ha tenido  suspensiones  ni llamados de atención-, la entrevista  y  la  confirmación  de  referencias  laborales  respectivas,  no  lo  hizo  en  conjunto.    De   haberlo   hecho,   habría   concluido   que   “no     es     una     persona    disociadora    y    mucho    menos  conflictiva”22  y  que  es  apto  para  el  servicio de vigilancia.   

Asegura  que  no  haber prestado el servicio  militar  en el ejército no resulta determinante para concluir que el enjuiciado  carecía  de  conocimiento  en  el  manejo  de  armas,  pues Rubén Darío Julio  Corredor  –supervisor de  la  empresa-  explicó que la empresa le ofrece a los vigilantes “muy               completas              capacitaciones”23.   

En  todo  caso, sostiene que “si   se   aceptara  el  hecho  de  que  el  procesado  carecía  de  conocimiento  en el manejo de armas de uso personal, este hecho, no fue la causa  determinante  del  daño: el daño provino de una situación personal del señor  TELLO  ACOSTA,  por  fuera  de  las funciones de guarda de seguridad”24,   de   tal   forma   que  “se  presentó  una  culpa  personal  y  única del  procesado”25  que  impide  imputarle  el  daño  a  la  empresa, en tanto ocurrió la “ruptura  del  nexo  causal  entre  el  daño  y  la  relación  de causalidad”26.   

Explica  que al procesado se le encomendaron  las  funciones  previstas  en  el  artículo  1  del  Decreto  2187  de 2001 que  reglamentó   el   Decreto-Ley   356   de   1994,   específicamente,   las   de  “proteger   custodiar,   efectuar   controles   de  identidad  en  el acceso o en el interior de la empresa y vigilar bienes muebles  e  inmuebles  de  cualquier  naturaleza, a fin de prevenir, detener, disminuir o  disuadir  los  atentados  o  amenazas  que  puedan  afectar la vida y bienes del  cliente”27  y no la de “causar   daño   a   la   vida   y   bienes   del   cliente  y  sus  dependientes”28.  Por  eso,  considera  que  cuando  el  acusado  disparó  contra  la  víctima, lo hizo dentro de su esfera  personal y no, en su condición de guarda de seguridad.   

Cita  algunas  providencias  del  Consejo de  Estado  referidas  a  la  ausencia  de  responsabilidad  para la administración  frente  a daños causados por la actividad privada de sus funcionarios y agentes  y  asevera  que  la calidad de empleado no conlleva por sí sola, la imputación  del  resultado  para  el  empleador,  ya que se debe establecer si la fuente del  daño  deviene  de  una  conducta particular o de la prestación del servicio de  vigilancia.   

En  el  mismo  cargo,  pero  abordando  otro  tópico,  la  togada  critica  a  los  fallos  por  violar  directamente  la ley  sustancial  al  dejar  de  aplicar  los  artículos  1155  y 1099 del Código de  Comercio  y  1º  del Decreto 2187 de 2001 que reglamentó el Decreto Ley 356 de  1994     y     desvincular     al     llamado    en    garantía    –Seguros    Colpatria    S.A.-   por  considerar que el homicidio doloso excluye el contrato de seguros.   

Al   respecto,  tras  citar  el  contenido  normativo  de  tales  preceptos  señala  que las exclusiones en ellos previstos  “no  se  pueden predicar de los actos dolosos o que  por  culpa  grave  hayan  sido  cometidos  por  los dependientes del asegurado o  tomador,  pues  estaríamos ante una responsabilidad civil indirecta”29.   

Explica que su mandante adquirió la póliza  de   responsabilidad   civil   extracontractual   No.  4700002540  para  que  la  aseguradora  respondiera  por  el  pago  de  los  perjuicios  causados  por  sus  dependientes  en  razón  de  condenas  judiciales  y  que la cobertura incluía  “uso  indebido  de  armas  de  fuego  y  errores de  puntería”30;   luego,  “no  tendría razón de ser, adquirir una póliza que no cubra estos  eventos”.   

Predica  que  a  la  cláusula  segunda  del  contrato,   el   juez  de  primera  instancia  le  dio  un  alcance  inadecuado,  concretamente,  a  la  diferencia  entre  asegurado  y  empleado. Por eso, si la  conducta  dolosa la cometió un dependiente del asegurado, para la recurrente es  claro  que  no  opera  la  exclusión  del  contrato. Lo contrario beneficiaría  injustamente a la compañía de seguros.   

Como  el arma de fuego se usó indebidamente  para  un  fin  distinto  al servicio de seguridad, cree que el daño se realizó  dentro  del  amparo  del  riesgo  contratado  y que el llamado en garantía debe  responder  patrimonialmente por los perjuicios causados con el delito a favor de  la parte civil.   

Segundo cargo.  

Lo    enuncia    como    “VIOLACION  DE LA NORMA SUSTANCIAL POR ERROR DE DEERCEHO (sic) EN LA  APRECIACIÓN     DE     LA    PRUEBA”31 y también  como   “[v]iolación  indirecta,  por  aplicación  indebida  del  artículo  237  de  la  Ley  600  de 2000, articulo (sic) 177 del  Código  de  procedimiento  (sic)  Civil y articulo (sic) 29 de la Constitución  Nacional    (sic)”32.   

Dice  que  la  violación  de  las referidas  normas  se  causó porque se dio por demostrado sin estarlo que i) su poderdante  incurrió    en   faltas   in   eligendo     e     in    vigilando  y  en  error grave porque contrató a un empleado no apto para el  servicio  de  vigilancia  privada  y que no tenía entrenamiento en el manejo de  armas,  ii) el procesado es una persona impulsiva y conflictiva y, iii) el daño  antijurídico  se  produjo  por  esas  razones  y  con  ocasión del servicio de  vigilancia.   

Aclara que los errores de hecho se produjeron  porque  se  apreció erróneamente el informe de evaluación psicológica del 15  de  septiembre de 1999 y la evaluación para personal en período de prueba y no  se  valoraron  las  declaraciones  de María Isabel Caicedo, Milton Jair Campas,  Javier  Mauricio  Gómez,  Rubén  Darío  Julio  Corredor,  la hoja de vida del  procesado,  las pruebas psicotécnicas y el resultado de la entrevista, anexos a  la misma.   

Para  demostrarlo,  retoma  los  argumentos  planteados  en  la  primera  parte  del cargo anterior, acerca de la aptitud del  procesado  para  el  servicio,  que estaría probada con los referidos medios de  prueba,  insistiendo  en  que  estos no fueron valorados en conjunto, pese a que  así lo dispone el artículo 237 de la Ley 600 de 2000.   

Finalmente, reitera la petición inicial y la  adiciona  solicitando vincular a Seguros Colpatria S.A. en calidad de llamado en  garantía  para  que  responda  por  el  pago  de  perjuicios  en caso de que se  mantenga la condena.   

ALEGATO DEL SUJETO NO RECURRENTE  

El representante de la parte civil se opone a  la  admisión  de  la  demanda  porque  a  su  juicio no cumple los presupuestos  legales. Subsidiariamente pide no casar la sentencia impugnada.   

Para soportarlo, inicialmente señala que la  inconformidad  descrita en la demanda de casación radica únicamente en el pago  de  perjuicios,  por lo cual la recurrente debía atenerse a las causales y a la  cuantía  previstas  en  las normas que regulan la casación civil, presupuestos  que  no  atendió la libelista porque mientras los 425 salarios mínimos legales  mensuales,  exigidos  para  acudir  en  casación,  equivalen a $227.630.000, el  valor  de  la  condena  por  el  referido concepto fue de $212.518.586.90, monto  inferior a la aludida cuantía.   

Además,  el  libelo  no  se  sujetó  a las  causales   de   casación   descritas   en  el  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento Civil.   

Así mismo, luego de citar jurisprudencia de  la  Corte  acerca  de  los presupuestos lógico argumentativos mínimos para dar  curso  a  una  demanda  de  casación,  se  refiere a la técnica necesaria para  denunciar  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  y  expresa que la  casacionista  utilizó  los  medios  probatorios  para hacerle decir algo que no  revela    “pues    con   sesgadas   y   parciales  transcripciones  y  sin  apreciar lo que dice la prueba en su conjunto, trata de  otorgarle    un    valor    distinto”33.   

Así  destaca que la ineptitud del guarda no  solo  se  estableció  a  partir  de la evaluación para personal en período de  prueba  sino  de  lo  señalado  por la psicóloga respecto a todo el proceso de  selección.   

En  este  punto, resalta que Seguridad Atlas  Ltda.  desatendió  el  concepto  emitido por el Jefe de Servicio, en el sentido  que  el  procesado  no era apto, so pretexto de que el cliente había solicitado  su   continuidad,   con   lo   que   asumió  su  propio  riesgo  y  generó  la  responsabilidad civil que cuestiona.   

Igualmente,  destacó un aparte –no considerado por la demandante- del  testimonio  de  la  psicóloga  en  el  que  indicó  que el acusado no pasó el  período  de  prueba,  no  se  cumplió  el conducto regular y algo debió haber  pasado.   

Así concluye que la valoración conjunta de  la   prueba   conducía   a   establecer   que   el  enjuiciado  “NO  DEBIO  HABER CONTINUADO EN LA EMPRESA AL NO PASAR EL PERIODO DE  PRUEBA   Y   POR   NO   CUMPLIR   CON   EL   PERFIL  PARA  EL  CARGO”34.   

Reseña igualmente un segmento del testimonio  de   Rubén  Darío  Julio  Corredor  –supervisor-  que habría sido cercenado por la recurrente en el que  alude  a las precauciones que deben tener los guardas y concluye que las pruebas  no  se  valoraron  aisladamente  sino en conjunto por parte de los falladores de  las dos instancias de decisión.   

Dice  que  no  es  cierto  que  no  se hayan  apreciado  los testimonios de María Isabel Caicedo, Milton Jahir Campaz, Javier  Mauricio  Gómez  y  Rubén Julio Corredor, pues todos ellos fueron expresamente  examinados.   

Recuerda  también  que  cuando  se alega la  violación   directa   de   la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida,  el  casacionista  se  debe  abstener de reprochar la prueba para elaborar un estudio  eminentemente  jurídico,  precaución  que  no fue atendida por la libelista en  tanto  se  dedicó  a cuestionar la que sirvió para predicar la responsabilidad  de su prohijada.   

Por  último,  señala que la petente estaba  impedida    para    predicar   respecto   de   una   disposición   –normas relativas a la responsabilidad  civil-,  la  aplicación  indebida  y  la  falta  de  aplicación,  pues ello es  excluyente.   

CONSIDERACIONES  

1.  Casación que involucra indemnización de  perjuicios.   

1.1. Al tenor del artículo 208 de la Ley 600  de  2000  “[c]uando  la  casación tenga por objeto  únicamente  lo  referente  a  la  indemnización de perjuicios decretados en la  sentencia  condenatoria  deberá  tener  como fundamento las causales y cuantía  establecidas  en las normas que regulan la casación civil, sin consideración a  la  pena  señalada  para  el  delito  o  delitos”.  (Subrayas    y    negrillas    fuera    del   texto  original).   

1.2. En el caso de la especie, tal como desde  la  entrada  de  la  demanda  lo  hace  manifiesto la recurrente y lo destaca el  representante  de  la  parte  civil,  el  motivo  de  disenso  se circunscribe a  cuestionar  la  condena  en  perjuicios  materiales  y  morales  causados con la  conducta  punible  y endilgados a la empresa Seguridad Atlas Ltda. en calidad de  tercero  civilmente  responsable, lo que significa que para acudir en casación,  se  imponía  respetar  la  cuantía  fijada  en el artículo 366 del Código de  Procedimiento  Civil  equivalente  a  425  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes   y  las  causales  descritas  en  el  canon  368  del  mismo  Estatuto  Adjetivo.   

La sentencia de primera instancia, confirmada  por       la       de       segundo       grado35,   tasó   los  perjuicios  materiales         en         113.138.586,9036   y  los  morales  en  100  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes para cada uno de los perjudicados  (esposa  e  hijo del procesado), lo que significa que la condena total ascendió  a             411,237            s.m.l.v.37.   

Por su parte, la pretensión invocada por la  parte   civil   en  la  demanda  correspondiente  fue  de  $50.000.000  (161,812  s.m.l.m.v.38)  por  concepto  de  perjuicios  materiales  y  1000 s.m.l.m.v. en  razón   de  los  de  orden  moral,  para  un  total  de  1.161,812  s.m.l.m.v..   

Como  la  cuantía  se  obtiene restando del  monto  total de la pretensión económica invocada por la parte civil (1.161,812  s.m.l.m.v.)  la  suma  reconocida en la condena respectiva (411,237 s.m.l.m.v.),  en  el  caso  concreto  se  tiene  que  aquella resulta ser del orden de 750,575  s.m.l.m.v.,  umbral  que  supera con suficiencia los 425 s.m.l.m.v. exigidos por  la  legislación civil para acceder a la impugnación extraordinaria, razón por  la  que  por  lo  menos,  por  este  aspecto,  contrario  a lo solicitado por el  apoderado de la parte civil, no hay lugar a inadmitir la demanda.   

1.3.  No  ocurre lo mismo, respecto del otro  requisito  de  admisibilidad  previsto  en el mencionado artículo 208 de la Ley  600  de  2000,  alusivo  a  la  necesidad  de acudir a las causales de casación  descritas  en  el  ordenamiento procedimental civil para acceder a este recurso,  las que no fueron consideradas.   

Y aunque de vieja data la Corte se ha ocupado  de  reiterar  que  esta  falencia no es suficiente como para no darle curso a un  libelo,    en    tanto    ambas   legislaciones   procedimentales   –civil  y  penal-  prevén  semejantes  motivos  de  reproche,  como  sucede  en  este  caso,  en  el  que se predica la  violación  directa  e  indirecta de la ley sustancial, modalidades de error que  también  están previstas en la causal primera del artículo 368 del Código de  Procedimiento  Civil,  lo  cierto  es  que  tal  como con acierto lo hace ver el  abogado  de  la  parte civil, el libelo que se examina no satisface los mínimos  presupuestos  de  admisión previstos en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000,  equivalentes  a  los  previstos  en  el artículo 374 del Estatuto Procedimental  Civil.   

En   efecto,   ambos  ordenamientos  y  la  jurisprudencia  que  los desarrolla disponen que la demanda debe ser íntegra en  su  formulación,  suficiente,  clara  y precisa en su desarrollo y eficaz en la  pretensión,  de  tal suerte que se debe soportar en los principios que rigen el  recurso    extraordinario,   en   especial,   los   de   claridad,   precisión,  fundamentación,  prioridad,  no contradicción y autonomía, sin que sea viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

Además, aunque en términos generales, como  se  precisó atrás, la demanda responde a una pretensión económica, lo cierto  es  que  de  alguna  manera,  al negar el nexo de causalidad entre el daño y la  culpa          de         la         empresa39,   también  cuestiona  la  vinculación  de  su  mandante  al  proceso  en  calidad  de  tercero civilmente  responsable  y  en  esa  medida  se abre la posibilidad de acudir a las causales  previstas en la casación penal.   

No obstante, el libelo que se examina adolece  de  múltiples  defectos  argumentativos  que  hacen inviable su admisión, como  pasa a verse.   

2. Primer y segundo cargos.  

2.1.  Si  bien  los  dos  sentidos de ataque  escogidos  por  la libelista para acusar la legalidad de la sentencia de segunda  instancia   –violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial-  son distintos y el principio de  autonomía  que  rige el recurso de casación enseña que los reproches se deben  presentar  separadamente,  dado que en este caso, los argumentos que fundamentan  los   dos  cargos  son  esencialmente  los  mismos,  que  no  fueron  postulados  respetando  el  principio  de prioridad de tal suerte que sea posible establecer  si  uno  es  subsidiario  del  otro  y  que, la libelista confunde las reglas de  argumentación  de  ambas  modalidades de censura, la Sala advierte desde ya que  se ocupara de examinarlos conjuntamente.   

2.2. Cuando se intenta la postulación de la  censura  por la ruta de la violación directa de la ley sustancial, el libelista  debe  hacer completa abstracción de lo fáctico y probatorio y, en ese sentido,  admitir  los  hechos  y la apreciación de los medios de convicción fijados por  los  sentenciadores,  de manera tal que le corresponde desarrollar el reproche a  partir  de  un  ejercicio  estrictamente  jurídico,  en  el  que  establezca la  vulneración   del  precepto  normativo  en  el  caso  concreto,  por  medio  de  cualquiera  de  las tres modalidades de error: falta de aplicación, aplicación  indebida  o  interpretación errónea y seguidamente, demuestre la trascendencia  del yerro en el sentido de la decisión impugnada.   

Mientras  que  la falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte de la acertada selección de la norma aplicable al  asunto  debatido,  pero conlleva un entendimiento equivocado de la misma, que le  hace producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

En el caso sometido a examen de admisión, se  advierte  que  el  demandante ignoró las reglas de argumentación propias de la  transgresión  directa,  porque  si  bien  invocó  la  aplicación  indebida de  “los  parágrafos  1º de los artículos 2347, 2356  del  Código  Civil  con  relación  a  los parágrafo (sic) final de artículos  (sic)  2347  y  articulo  (sic) 2349 del Código Civil, Articulo (sic) 1 y 2 del  Decreto   2187   de   2001   que   reglamento   (sic)   el  Decreto-Ley  356  de  1994”40,   no   se  quedó  en  el  análisis  estrictamente  de derecho que se le imponía sino que irrumpió en el  campo  de  lo  fáctico,  esto  es,  cuestionó  los  hechos  y  la  valoración  probatoria    fijada    en    las    sentencias    condenatorias    –inescindibles  por conservar el mismo  sentido de decisión-.   

Ello,  como  cuando criticó al Tribunal por  inferir  a  partir  del  documento  de  evaluación para personal en período de  prueba  y  la  indagatoria,  que  la  empresa  convocada  en  calidad de tercero  civilmente   responsable   incurrió   en   culpa  in  vigilando     e    in  eligendo  al  contratar  una  persona no apta para el  servicio  de  vigilancia  dado  su  perfil  psicológico  y  que  no  tenía  la  capacitación  necesaria  para  el  manejo  de armas de fuego, o cuando intentó  descalificar  el  nexo de causalidad existente entre el daño causado y la culpa  de  la  empresa  valiéndose  para  esto  de  supuestos de hecho distintos a los  fijados  por  los  juzgadores,  en  tanto afirmó que la conducta del acusado de  disparar  el arma de fuego contra la víctima y causarle la muerte correspondía  a  un  acto  que  involucraba  únicamente  su  esfera  personal  y  no, como lo  sostuvieron  los  sentenciadores  del  resorte directo de Seguridad Atlas Ltda.,  empresa  que  como  quedó  comprobado  en  los  fallos no eligió ni vigiló de  manera  adecuada  la  fuente  de  riesgo, máxime cuando justamente, tal como lo  destacó  la demandante, por virtud del artículo 1 del Decreto 2187 de 2001 que  reglamentó  el  Decreto-Ley 356 de 1994, al ofensor se le había encomendado la  labor  de “proteger custodiar, efectuar controles de  identidad  en  el acceso o en el interior de la empresa y vigilar bienes muebles  e  inmuebles  de  cualquier  naturaleza, a fin de prevenir, detener, disminuir o  disuadir  los  atentados  o  amenazas  que  puedan  afectar la vida y bienes del  cliente”41,  intereses  dentro  de los  cuales  por  supuesto, estaba el de velar por la integridad física y la vida de  los  empleados  de  la firma contratante del servicio de vigilancia –Incineradora Fuller-.   

En  efecto,  se  lee  en  la  demanda que la  censora   pretende  una  valoración  distinta  a  la  que  le  imprimieron  los  juzgadores  a  los  supuestos  fácticos  probados  en  el  proceso, postura que  exigía  la  proposición  del  presunto  yerro  por  la  ruta  de la violación  indirecta  con  atención  de las reglas técnico jurídicas que rigen este tipo  de  ataque  y  demostrar que el mismo tiene la entidad suficiente para variar el  sentido  del fallo, lo que finalmente intentó en el segundo cargo, pero como se  verá, también con desafortunado resultado.   

2.3.  Nótese  como  la  letrada  limitó su  ataque  a  predicar,  en ambos cargos, la falta de valoración en conjunto de la  prueba  a  partir de la cual se dedujo la responsabilidad civil extracontractual  de  su  poderdante,  sin  argumento  distinto a señalar que si el examen de los  medios  de  conocimiento  hubiera sido total otro sería el resultado del fallo,  omitiendo  de  esta  manera,  la  carga  de concretar, atendiendo la lógica del  recurso  de  casación, los presuntos errores de hecho en que habrían incurrido  los  juzgadores; esto, se recaba, al amparo de la postulación de la infracción  indirecta    –que   no  directa- de la ley sustancial.   

En este punto, importante es resaltar que no  basta  la  llana  oposición  al análisis probatorio integrado en la sentencia,  pues  ello  corresponde  a una estrategia defensiva propia de las instancias. En  sede  de  casación, como el fallo de segundo nivel, está precedido de la doble  presunción  de acierto y legalidad, el rigor técnico exige que el casacionista  identifique  el  tipo  de error y lo acredite haciendo palmario lo que revela el  medio  de  convicción  y  la  valoración  errada  que  respecto del mismo haya  plasmado  el  juzgador, con la carga adicional de mostrar que ese defecto incide  radicalmente en la decisión que acusa.   

Esta  no  fue la metodología que empleó la  abogada,  pues  únicamente  se  dedicó  a citar fragmentariamente segmentos de  algunos  medios  de  conocimiento  documentales  y testimoniales que a su juicio  indicarían  que Tello Acosta es una persona apta para el servicio de vigilancia  y  diestro  en el manejo de armas, dejando de lado el deber de acreditar que los  juzgadores  incurrieron en algún yerro específico en el proceso de valoración  probatorio  al  establecer  conforme  a  los  mismos medios de prueba, a los que  alude justamente lo contrario.   

Y  es  que no porque el recurrente exhiba un  criterio  distinto  al  entronizado  por las instancias, hay lugar a predicar un  error  susceptible  de  ser atacado en casación. No, es la falta de valoración  de   un   medio   probatorio,  o  la  suposición  de  alguno,  la  apreciación  distorsionada,  cercenada  o  maximizada  del mismo o la flagrante violación de  las  leyes  de  la  sana  crítica  la que podría dar lugar, si es que el yerro  resulta  relevante  para  los  fines de la decisión final, a conjurar contra la  sentencia de segunda instancia.   

Esto, por supuesto, no es lo que patentiza la  demanda.  Todo lo contrario. El simple examen de la misma permite adverar que la  libelista  construyó  un alegato de instancia que de manera alguna puede servir  para  sobreponer su criterio sobre el de los juzgadores, lo que se hace evidente  cuando  por  ejemplo, critica al A quo por deducir que el enjuiciado carecía de  conocimiento  en  el manejo de armas porque no prestó el servicio militar en el  ejército  sino  en  la policía y lo contrapone a lo afirmado por el supervisor  Rubén  Darío  Julio Corredor en el sentido que los vigilantes eran capacitados  por  la  empresa,  pero  en todo caso, inadvirtiendo que el juzgador también se  apoyó  en  lo  dicho  por  el  procesado  en  la  injurada  en  el  sentido que  “siendo auxiliar bachiller le enseñan el manejo de  armas  observándolas y no cogiéndolas, y ya al final es que le dan unos cursos  de   ocho   días,   primer   y   segundo  nivel  en  la  Compañía”42,  supuestos de hecho estos,  no  controvertidos por la letrada y que fortalecieron la decisión de condena en  perjuicios     solidaria     entre     victimario     y    tercero    civilmente  responsable.   

2.4.  Inane resulta ser la pretensión de la  actora  tendiente  a  asimilar  los  eventos  de  exclusión  de responsabilidad  extracontractual  del  Estado,  cuando  quiera  que  el  agente  causa  un daño  patrimonial  por  fuera del ejercicio del cargo público, al caso que nos ocupa,  pues  además que omite explicar a la Corte por qué razón habría de aplicarse  la   jurisprudencia   emitida   por  el  máximo  órgano  de  la  jurisdicción  contencioso  administrativa  a  un proceso que si bien involucra un asunto civil  se  tramitó  ante  la  jurisdicción  penal,  no tiene el alcance de excluir la  responsabilidad  del tercero civilmente responsable respecto de la actuación de  un         dependiente         –contratado  por  su  cuenta y riesgo para desempeñar una actividad  peligrosa-  que  cometió  el  injusto  de  homicidio  en ejercicio del cargo de  guarda  de  seguridad  de  los  bienes  y personas de la empresa contratante del  servicio    de    vigilancia,    precisamente   contra   un   empleado   de   la  misma.   

2.5. Por virtud del principio de autonomía,  la  demandante estaba impedida para agregar otro reproche dentro del mismo cargo  adicional  al que se viene estudiando, por cuanto no obstante que se escogió la  misma  senda  de  la  violación directa por falta de aplicación, son distintas  las  normas  presuntamente  violadas y diferentes los fundamentos del reparo, lo  que impedía atomizarlos como lo hizo desacertadamente la actora.   

Pero,  más  grave  aún  es  la  manifiesta  inidoneidad  del  ataque que refulge diáfana al observar que la libelista acusa  la  falta de aplicación de los artículos 1155 y 1099 del Código de Comercio y  1º  del Decreto 2187 de 2001 porque desde su particular punto de vista cree que  los  juzgadores  se  equivocaron al estimar que Seguros Colpatria S.A. no estaba  convocado  a  responder  en  calidad  de llamado en garantía por tratarse de un  homicidio  doloso  porque  asume  que  tales  normas  lo  impedían y en cambio,  obligaban  al asegurador a cubrir la contingencia, cuando lo cierto es que, como  acertadamente   lo   estableció   el   A   quo  y  lo  confirmó  el  Ad  quem,  “el  contrato de seguros, (…) no cubre eventos en  los   cuales   el   delito  es  doloso”43.   

En  verdad,  se  tiene  que,  la aseguradora  “no  asume  el  riesgo  sino en casos culposos y no  dolosos”44, precisamente el primero de  esos   preceptos,   establece   con   meridiana   claridad  que  “el  dolo,  la  culpa  grave  y los actos meramente potestativos del  tomador,     asegurado    o    beneficiario,    son    inasegurables”   y   que   la   cláusula  segunda  del  contrato  de  seguros  –citada  en  la demanda-  también    así    lo    dispuso    cuando    señaló    que   “[l]os daños a las personas o los bienes  de   terceros   causados  por  culpa  grave  o  dolo  del  asegurado”45,       no      estaban  amparados.   

Y que no se diga que la cobertura establecida  en  el  contrato  de  seguros  bajo el tenor de “USO  INDEBIDO    DE    ARMAS    DE   FUEGO   Y   ERRORES   DE   PUNTERÍA”46   podría   habilitar   la  subrogación  en  la  responsabilidad  en cabeza de Seguros Colpatria S.A., toda  vez  que,  esa  disposición claramente rige en daños ocasionados por conductas  culposas,  pues,  se  itera,  no  solo  la  convención pactada entre las partes  excluyó  los  daños  causados por comportamientos dolosos, sino que el mandato  legal  incorporado  en el aludido artículo 1055 del Código de Comercio así lo  condiciona.   

En ese orden, lo infundado del ataque impide  considerar la posibilidad de admisión de la demanda.   

2.6.  Ahora, yerra la libelista cuando en el  segundo  cargo,  de  manera  por  demás  confusa,  postula  un  “ERROR    DE    DEERCEHO    (sic)   EN   LA   APRECIACIÓN   DE   LA  PRUEBA”47,  el  que  en  materia  de  casación  penal  contrae  la  apreciación  de  una  prueba  con defectos en su  formación  o incorporación al proceso o la falta de valoración de una que los  reúna  por aducirse algún vicio relacionado con su aprehensión o el quebranto  de     la     tarifa     legal     –excepcional-  prevista  en  la  ley  para el análisis del medio de  convicción,   supuestos   que   en  parte  alguna  fueron  enarbolados  por  la  censora.   

También se equivoca cuando a la vez postula  la  “aplicación  indebida  del artículo 237 de la  Ley  600  de 2000, articulo (sic) 177 del Código de procedimiento (sic) Civil y  articulo    (sic)    29   de   la   Constitución   Nacional   (sic)”  y  la ata a la violación indirecta, siendo que esta modalidad  de  ataque  corresponde  a la infracción directa, generando así una confusión  que    la    Corte   no   puede   corregir   por   virtud   del   principio   de  limitación.   

2.7.   El   quebranto   del  principio  de  fundamentación   debida   en   cuanto   hace   al  segundo  cargo  –como  fue  la  constante  en  toda la  demanda-  es  ostensible si se considera que la recurrente alega que se apreció  erróneamente  el  informe  de  evaluación psicológica del 15 de septiembre de  1999  y  la  evaluación para personal en período de prueba, pero no especifica  la  razón  ni  el  motivo de ataque casacional que lo soporta. No se sabe si es  que  se  desfiguraron  las  pruebas  o si se emplearon reglas de la experiencia,  postulados  de  la lógica o leyes de la ciencia no llamadas a regular el asunto  y   la   Corte   no   puede   suponerlo   o   inventarlo   para   dar  forma  al  disenso.   

Así  mismo,  aunque  se  afirma  que  no se  valoraron  las  declaraciones  de  María  Isabel  Caicedo,  Milton Jair Campas,  Javier  Mauricio  Gómez,  Rubén  Darío  Julio  Corredor,  la hoja de vida del  procesado,  las pruebas psicotécnicas y el resultado de la entrevista, anexos a  la   misma48,  la  verificación  del  fallo  de primera instancia –inescindible  con  el de segunda, por  cuanto  conserva  el  mismo  sentido  de  decisión-  da  cuenta  de  que  todos  ellos49        fueron        analizados50,  incluso  en detalle, así  que  la  premisa  carece  en  esencia  del  presupuesto  material de verdad, que  pudiera dar sustento a la pretensión.   

Repárese  incluso  que,  es la misma actora  quien  en  los  dos  cargos  admite que tales pruebas sí fueron valoradas, solo  que,  en  sentido  diverso  al anhelado por ella, lo que además hace patente la  ruptura  del principio de no contradicción según el cual no es posible afirmar  y negar al mismo tiempo una misma proposición.   

Las anteriores, son razones suficientes para  no admitir la demanda examinada.   

Como  la  revisión  del  expediente permite  inferir  que no se ha incurrido en notorias causales de nulidad ni en flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  la  Corporación no puede penetrar de  oficio al fondo del asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  apoderada  de  Seguridad  Atlas  Ltda.,  en  calidad  de  tercero     civilmente     responsable,  contra  la  sentencia del 30 de mayo de 2011, dictada por la Sala  Penal del Tribunal Superior de Cali.   

Segundo.  Contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

            

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ            MUÑOZ  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

            

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA   

            

JAVIER  ZAPATA  ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folio 7 del cuaderno original 1.   

2 Cfr.  folios 58-64 ibídem.   

3 Cfr.  folio 293 C. 2.   

4 Cfr.  folios 322-332 ibídem.   

5 Cfr.  folios 358-363 ibídem.   

6 Cfr.  folio 400 ibídem.   

7 Cfr.  folios 443-450 ibídem   

8 Cfr.  folios 484-502 ibídem.   

9 Cfr.  folio 523 ibídem.   

10 Cfr.  folios 753-797 del cuaderno original 3.   

11  Cfr. folios 874-894 cuaderno original 4.   

12  Cfr. folio 906 ibídem.   

13  Cfr. folios 918-934 ibídem   

14  Cfr. folio 922 ibídem.   

15  Ibídem.   

16  Ibídem.   

17  Ibídem.   

18  Ibídem   

19  Ibídem.   

20  Ibídem.   

21  Ibídem.   

22  Ibídem.   

23  Cfr. folio 925 ibídem.   

24  Ibídem.   

25  Ibídem.   

26  Ibídem.   

27  Cfr. folio 926 ibídem.   

28  Ibídem.   

29  Cfr. folio 928 ibídem.   

30  Ibídem.   

31  Cfr. folio 930 ibídem.   

32  Cfr. folio 928 ibídem.   

33  Cfr. folio 9 del memorial a folio 956 ibídem.   

34  Cfr. folio 11 del memorial a folio 958 ibídem.   

35 Con  la  adición  consistente en ordenar el comiso del arma de fuego utilizada en la  comisión del reato.   

36  Equivalentes  a  211,237  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, como  quiera  que  el salario mínimo para el año 2011, época para la cual se dictó  la sentencia de segunda instancia, era de $535.600.   

37  Producto de sumar 200 s.m.l.m.v. más 211,237.   

38 El  salario  para el año 2002, cuando se presentó la demanda de parte civil era de  $309.000.   

39 No  “entre    el    daño    y    la   relación   de  causalidad”   como   erradamente   lo  sostuvo  la  demandante a folio 925 del cuaderno original 4.   

40  Ibídem.   

41  Cfr. folio 926 ibídem.   

42  Cfr.  folio  34  de  la  sentencia de segunda instancia a folio 786 del cuaderno  original 3.   

43  Cfr.   folio   35   de   la   sentencia   de   primera  instancia  a  folio  787  ibídem.   

44  Ibídem.   

45  Cfr. folio 928 del cuaderno original 4.   

46  Ibídem.   

47  Cfr. folio 930 ibídem.   

48  Ibídem.   

49  Cfr.  folios  28-29  de  la  sentencia de primera instancia a folios 780-781 del  cuaderno original 3.   

50  Salvo  el  del  señor  Campas en el aparte de la atribución de responsabilidad  civil  a  Seguridad  Atlas Ltda. pero que resulta intrascendente si se considera  que  el  valor  de  este  medio de prueba, la demandante lo circunscribió al de  haber  afirmado  que era una persona tranquila, calmada, obediente y respetuosa,  calidades  que  expresamente  fueron  apreciadas  por  el  A quo, pero que no le  merecieron  relevancia  ante  la contundencia de lo revelado por la hoja de vida  del  enjuiciado  y  lo reseñado por la referida psicóloga en el sentido que de  haber  conocido  su  perfil  psicológico no lo habría aprobado (folio 34 de la  providencia a folio 786).     

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