37504(13-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Aprobado Acta No. 378  

Bogotá,  D.C.,  trece  (13)  de  noviembre     de dos mil trece (2013)  

ASUNTO  

Se  pronuncia la Sala acerca de la viabilidad  de  la  demanda  sustento del recurso de casación instaurado por los defensores  de  RAFAEL  ANTONIO  PELÁEZ CASTAÑO y EDWIN ALEJANDRO TAFUR CÓRDOBA contra la  sentencia  condenatoria  del  27  de  julio  de  2011  proferida por el Tribunal  Superior  de Medellín, mediante la cual confirmó la emitida el 31 de enero del  mismo  año  por el Juzgado Veintitrés Penal del Circuito de esa ciudad, con la  única  modificación  relativa  al  monto  de  la pena privativa de la libertad  impuesta,    que    aumentó    a    setecientos    veinte    (720)   meses   de  prisión.   

HECHOS  

Fueron  narrados  por  los  funcionarios  de  instancia, en los siguientes términos:   

“…El día 25 de  Septiembre  de  2009,  aproximadamente a las 21:25 horas, el señor CARLOS MARIO  LOPERA  FERNANDEZ  se  encontraba  laborando,  conduciendo el taxi de placas TPQ  361.  Cuando  avanzaba  por  la  calle  conocida  por el nombre de LA BATEA, dos  jóvenes  le solicitaron una carrera con destino al parque de VILLA HERMOSA; uno  de  ellos  OSMAN ANDRES NOVOA SALDARRIAGA, a quien el taxista conocía de tiempo  atrás  y  el  otro  JOSE  DARIO  CASTRILLON.  OSMAN  ANDRES ocupó el puesto de  adelante  al  lado  del conductor, mientras  que JOSE DARIO se ubicó en el  asiento   posterior   del   vehículo.   Apenas   el  taxi  inició  la  marcha,  sorpresivamente  apareció una motocicleta con dos personas, quienes procedieron  a  disparar  con  arma  de  fuego, en contra de sus ocupantes. En el hecho   intervinieron  otras  personas  a  bordo de vehículos diferentes. El conductor,  LOPERA  FERNÁNDEZ,  resultó  impactado  en  una  de  sus  extremidades y en la  espalda.  NOVOA  SANDARRIAGA  resultó  herido  en  el  abdomen  y el tórax, no  obstante,  logró  bajarse  del automotor, logrando  guarecerse del ataque.  Por  su  parte  GARCÍA  CASTILLÓN  recibió  un  número  plural de heridas en  diferentes  partes  del cuerpo; fue llevado a un centro asistencial, pero llegó  sin vida.    

Desde   las  primeras  indagaciones  el  testigo  directo  señaló  como  presuntos  autores   de  estas  conductas  delictivas  a  los  jóvenes  RAFAEL  ANTONIO PELAEZ, alias “LA VACA”, EDWIN  ALEJANDRO  TAFUR  alias  “PEPONCA” y DANIEL MONTOYA SÁNCHEZ alias “DANIEL  ARETES”,  integrantes  del  combo  delincuencial denominado “LA ROJA”, que  opera  en  el  barrio  VILLA  HERMOSA  de Medellín. Estos hechos se atribuyen a  disputas  territoriales  entre  las bandas que delinquen en el sector. Dentro de  los  hechos relevantes de la fiscalía, se menciona un episodio ocurrido el 7 de  Noviembre  de  2009,  cuando  unidades de la policía judicial de la SIJIN-MEVAL  desarrollaban  labores de verificaciones en el barrio VILLA HERMOSA tendientes a  ubicar  las  residencias  de  los  presuntos  responsables, con miras a efectuar  diligencias de allanamiento y registro con fines de captura.   

Allí,  en  el  barrio  VILLA  HERMOSA,  los  miembros  de  la  policía judicial, que se trasportaban en un vehículo oficial  marca  Renault  Clío,  fueron  abaleados,  y  entre los agresores se encontraba  alias”  PEPONCA”  y  alias “LA VACA”, quienes previamente a los disparos  habían  sido reconocidos por OSMAN ANDRES NOVOA SALDARRIAGA, toda vez que éste  también  iba dentro del vehículo precisamente para colaborar con la ubicación  de        las        residencias       de       estas       personas…”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

   

El  juzgado  Treinta  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de  Medellín  expidió orden de captura  contra   RAFAEL   ANTONIO   PELÁEZ,   alias   “La  Vaca”   y  EDWIN  ALEJANDRO  TAFUR  CÓRDOBA  alias  “Peponca”,  la  cual se  hizo  efectiva  el  7  de  noviembre  de 2009 respecto del primero, mientras que  TAFUR CÓRDOBA fue aprehendido el 9 de enero de 2010.   

El  8  de  noviembre se realizó la audiencia  preliminar   de   legalización   de  captura,  formulación  de  imputación  e  imposición  de  medida  de  aseguramiento  en contra de RAFAEL ANTONIO PELÁEZ,  oportunidad  en  que  se  le imputaron los punibles de homicidio agravado, doble  homicidio  agravado  en  grado  de tentativa y porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal,  por  los  cuales  se  le  impuso  medida de aseguramiento de  detención preventiva en establecimiento carcelario.   

De  otra  parte,  el  9  de  enero de 2010 se  cumplió  idéntica  gestión en relación con EDWIN ALEJANDRO TAFUR CÓRDOBA, a  quien     igualmente    se    afectó    con    la    mencionada    medida    de  aseguramiento.   

Seguidamente,  el 9 de diciembre de 2009 y el  22  de  enero  de  2010,  la  Fiscalía  presentó  los  respectivos escritos de  acusación,  mientras  que  la respectiva audiencia se realizó el 11 de febrero  ante el Juzgado 23 Penal del Circuito de Medellín.   

El 8 de marzo de 2010 se cumplió la audiencia  preparatoria,  mientras que el juicio oral tuvo lugar en sesiones verificadas el  3, 4, 5 y 10 de mayo; el 2 y 13 de julio y el 10 de agosto de 2010.   

El 31 de enero de 2011 se emitió la sentencia  de  primera  instancia,  mediante la cual se condenó a RAFAEL ANTONIO PELÁEZ y  EDWIN  ALEJANDRO  TAFUR  CÓRDOBA  a  la pena principal de cuatrocientos sesenta  (460)  meses  de  prisión  como responsables del delito de homicidio simple, en  concurso  con  dos  homicidios  simples  imperfectos  y porte ilegal de armas de  fuego   de   defensa   personal  agravado,  al  igual  que  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por lapso  de  veinte (20) años y la privación del derecho a la tenencia y porte de armas  de fuego por quince (15) años.   

Impugnado  en  apelación  el fallo de primer  grado,  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  lo  modificó  en  el  sentido de  incrementar  la  pena  privativa  de  la  libertad impuesta a setecientos veinte  (720)  meses  de  prisión, en razón de la causal de agravación prevista en el  artículo  104,  numeral 4°, del Código Penal. En todo lo demás, la sentencia  fue confirmada.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

1.            Demanda  en  representación  de  RAFAEL  ANTONIO PELÁEZ CASTAÑO.   

Primer Cargo  

Acusa  el  demandante la sentencia de segundo  grado  de haber incurrido en error de derecho por falso juicio de legalidad, que  en  su  opinión  condujo  a  la violación del artículo 29 de la Constitución  Política,  al  igual que de los artículos 2, 5, 7, 15, 16, 391 y 437 a 441 del  Estatuto  Procesal  Penal  (Ley  906  de  2004), en razón a que se excluyó una  prueba  legalmente  aducida  a  la  actuación  que  acredita la inocencia de su  representado.       

Explica  que  el  Juez  Veintitrés Penal del  Circuito     de     Medellín    “…permitió  la  incorporación de forma legal del testimonio de Lisa  Shirley  Gómez  Vallejo  y  de  un  documento que contenía la declaración del  señor         Osman         Andrés        Novoa        Saldarriaga…”,  en  cuanto encontró acreditadas  la  pertinencia,  conducencia  y  utilidad de tales elementos de juicio, sin que  nadie presentara tacha alguna en torno a su legalidad.   

Señala   que  la  prueba  fue  incorporada  cumpliendo  los trámites previstos en los artículos 356 y siguientes de la Ley  906  de  2004,  en  cuanto  se  cumplió  con  el descubrimiento y traslado a la  fiscalía,  sin  que  se  presentara solicitud de exclusión o de rechazo de los  elementos  presentados,  de manera tal que su incorporación quedó amparada por  lo  preceptuado en los artículos 373, 437 y 438 de la normatividad en cita, que  autorizan  la  admisión  excepcional de la prueba de referencia, por lo cual su  análisis devenía obligatorio.   

Transcribe  los  apartes  de  la sentencia de  primera  instancia  donde  se  hizo  referencia a la prueba aludida, luego de lo  cual  resaltó  que el Tribunal Superior, teniendo como fundamento un estudio ex  post,  excluyó  del análisis tanto la declaración de la testigo de la defensa  Lisa  Shirley  Gómez  Vallejo,  como  la  entrevista que rindiera Osman Andrés  Novoa   Saldarriaga,   sin   contar  con  soporte  normativo  para  ello  y  por  consiguiente debió proceder a su análisis.   

Sostiene  que  en  la  entrevista rendida por  Novoa  Saldarriaga  ofrece  un relato de lo sucedido que se encamina a acreditar  la  inocencia  de  su representado, exposición que coincide con lo afirmado por  el   testigo   presencial   de   los  hechos  Carlos  Mario  Lopera  Fernández,  específicamente  en  cuanto  a que los agresores usaban cascos que impedían su  identificación.   

Afirma  que  de  no  haberse  excluido  los  elementos  probatorios  en  mención,  no  quedaba  otra alternativa al Tribunal  Superior  que  concluir en la ausencia de responsabilidad de su defendido, y por  consiguiente emitir fallo de carácter absolutorio   

Solicita en consecuencia a la Corte Suprema de  Justicia,  casar  la  sentencia  impugnada  y en su lugar pronunciar el fallo de  reemplazo de carácter absolutorio.   

Segundo Cargo  

Denuncia el demandante en esta oportunidad la  estructuración  de  un  error  de  derecho por falso juicio de convicción, por  cuanto,    en    su   opinión,   “…toda  la  prueba  utilizada  por  el Tribunal Superior de Medellín  para  condenar  en  términos  de  responsabilidad, es de referencia…”,  eventualidad  que constituye una  violación   de   la   denominada  “…tarifa  legal  negativa…”,  que  prohíbe emitir fallo de condena con fundamento exclusivo en  prueba de esa característica.   

Luego de transcribir los fundamentos expuestos  en   el   fallo   de   primera   instancia   para   sustentar  la  decisión  de  condena,   de  reseñar  y  discriminar  las  pruebas  aducidas  por la fiscalía en apoyo de su teoría del  caso,    concluyó   que   en   su   integridad   se   trata   de   pruebas   de  referencia.   

Afirma   que   la   trascendencia   de   la  irregularidad  denunciada  radica  en  la  vulneración  grave  y  flagrante del  derecho  material  a  la  libertad  de  su  defendido, en razón a una sentencia  injusta   basada   exclusivamente   en   prueba  como  la  señalada.   

Demanda  en  nombre  de EDWIN ALEJANDRO TAFUR  CÓRDOBA   

Con  sustento  en  la causal segunda a que se  contrae  el  artículo  181 de la ley 906 de 2004, se denuncia la violación del  debido proceso por afectación sustancial de su estructura.   

Para el censor, el vicio se presenta en razón  a  que  en  la  acusación  no  se  precisaron  con  tipicidad  cierta,  clara e  inequívoca  los  hechos,  es  decir,  no  hay  tipicidad  estricta en cuanto se  relaciona  con  la  circunstancia  de  agravación prevista en el artículo 104,  numeral  4°,  del  Código Penal, toda vez que, contrario a lo sostenido por el  Tribunal  Superior  en  el  fallo  impugnado,  en  la acusación la Fiscalía en  ningún    momento    aclaró    “…que  no  se  daba  el homicidio por precio o promesa remuneratoria,  sino        por        motivos       fútiles       o       abyectos…”.   

Sólo  en  el  curso  del  juicio  oral  hizo  alusión     el     Fiscal    al    “motivo        fútil”   cuando   presentó   su   teoría  del  caso,  pero  “…sigue  ubicando  genéricamente la  conducta     en     el     numeral    4°    del    artículo    104…”,  por  lo  cual  considera  que no  existe  claridad  en  torno  a  la  imputación jurídica, ya que no es factible  aducir  la  presencia  de analogía “…en    las    enumeraciones    de   la   citada   circunstancia   de  agravación…”.   

Explica  que  para negar la aplicación de la  causal  de  agravación  en  cuestión,  el juez de primer grado resaltó que la  fiscalía  anunció  que los ejecutores del hecho actuaron movidos por el ánimo  de  obtener el dominio territorial en el barrio Villa Hermosa y por ende ejercer  el  monopolio  de  la  venta  de  estupefacientes  y  el cobro de vacunas en ese  sector,  eventualidad  que en sentir de dicho funcionario en manera alguna puede  calificarse  como  un  motivo  nimio  o  sin  importancia,  pues  si  bien tales  comportamientos  son  rechazados  por  la  comunidad,  ello no resta importancia  “…a  la  razón  que  compele  a  los  integrantes  de  las  bandas  a  enfrentarse  de esa manera tan  violenta.  Quiérase o no, para los miembros de las bandas delictivas obtener el  dominio  territorial  les representa grandes ventajas, entre ellas las derivadas  del  tráfico  de estupefacientes o el cobro de peajes o impuestos a quienes por  necesidad   tienen   que   traspasar   las   fronteras   imaginarias…”.   

Resalta  el  Libelista  que  el  juzgador  de  segundo  grado,  por el contrario, estimó que las razones para la ejecución de  los    delitos    obedecen    a   “…circunstancias    sociales   jurídicas   y   rastreras…”,   con   fundamento  en  lo  cual  considera que concurre un motivo abyecto.   

Afirma  que  no  sólo  la  Fiscalía omitió  delimitar  de  manera  estricta  la  imputación  fáctica,  sino que además el  Tribunal  Superior,  sin  ser ello cierto, afirmó que el representante del ente  acusador  se  refirió  a  que  concurría  en  este  evento el motivo abyecto o  fútil, aspectos que no se reflejan en las acciones descritas.   

Destaca   que   la   acusación  constituye  presupuesto   y  límite  del  juzgamiento,  en  cuanto  allí  tiene  lugar  la  imputación  fáctica  y  jurídica  al  imputado,  de  modo  que  el juez está  obligado    a    dictar    sentencia    en    consonancia    con    los   cargos  formulados.   

Con apoyo en la transcripción de la opinión  de  algunos  doctrinantes  en  torno  al  alcance de la causal de agravación en  mención,  explica  que  los  supuestos fácticos que configuran cada una de las  diversas  eventualidades allí previstas son esencialmente distintas, motivo por  el cual no pueden confundirse en un mismo marco ontológico.   

Sostiene   que   la   trascendencia  de  la  irregularidad  denunciada  es  evidente, por cuanto de no haberse presentado, el  Tribunal  habría concluido que la deducción de la circunstancia específica de  agravación  del  homicidio y de la doble tentativa de homicidio fue equivocada,  lo  cual  condujo  a  la  aplicación  de  una  pena  mayor  a  la que realmente  corresponde,   evento  que  representa  una  clara  afectación  de  su  derecho  fundamental al debido proceso.   

Solicita en consecuencia a la Corte Suprema de  Justicia,  casar  parcialmente  la sentencia impugnada para excluir la causal de  agravación  irregularmente  aplicada  y  en su lugar confirmar la pena impuesta  por el a quo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.             En  el  marco  del  sistema  acusatorio  colombiano  previsto  en  la  ley  906  de  2004,  el  recurso extraordinario de  casación  se  erige  como  un  mecanismo  de control constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias proferidas en segunda instancia en los procesos  adelantados   por   delitos,   cuando   se   afectan   derechos   o   garantías  fundamentales.   

Bien   se   sabe   que   por  su  carácter  extraordinario,  este medio de impugnación se surte por fuera de las instancias  y  no  plantea una nueva consideración de lo que fue objeto de debate en ellas,  sino  un  juicio  de  valor  contra  la sentencia que le pone fin al proceso por  haberse proferido con violación de la ley.   

Corresponde  entonces  al demandante observar  las  reglas propias que diferencian el recurso extraordinario de los alegatos de  instancia,  lo  cual  implica que la proposición de los cargos debe ser clara y  precisa  mediante  la postulación objetiva y sin contradicciones de los errores  alegados,  con la indicación de las razones fácticas y jurídicas inherentes a  cada  causal,  con miras a la realización de alguno de los fines consagrados en  el  artículo  180 del Código de Procedimiento Penal, de manera tal que resulte  forzoso  para  la  Corte  advertir  la  necesidad  de  un fallo de fondo para la  consolidación de esos teleológicos cometidos.   

Dicha     finalidad     sólo    se    puede    alcanzar    a  través de la presentación  de  una  demanda  en la cual  se  identifique  la sentencia recurrida, acredite  la  legitimidad  y  el interés para recurrir, expresen con  claridad  y precisión los fundamentos fácticos     y    jurídicos    de    la  pretensión,    y    se   demuestre   la   objetiva  configuración  de  uno  o  varios  de los motivos de  casación taxativamente previstos por el ordenamiento  jurídico.   

Adicionalmente, se  debe   demostrar   en   el   libelo  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para cumplir alguna de las finalidades inherentes al  recurso  extraordinario,  las  cuales aparecen previstas en el artículo  180  del  Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

El  éxito  de  la  censura  depende  de  una  argumentación  dialéctica  que  conlleve,  de  forma  precisa  y  coherente, a  demostrar  que  el  fallo impugnado es ilegal por haber incurrido el juzgador en  vicios de juicio o de procedimiento.   

En  esta  oportunidad, observa la Sala que la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  RAFAEL  ANTONIO  PELÁEZ CASTAÑO no  satisface  los  requisitos  formales  ni materiales establecidos en el artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, en cuanto no cumple el libelista con la obligación  de  indicar cuál es la finalidad del recurso en los términos del artículo 180  de  la  Ley 906 de 2004, circunstancia que por sí sola amerita el rechazo de la  demanda.   

Es  necesario que la argumentación aborde en  acápite  separado  la  explicación  respecto a qué se pretende con el recurso  extraordinario,  esto  es, si la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de los intervinientes, la reparación de los agravios inferidos  a éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

Una declaración en tal sentido brilla por su  ausencia,   toda  vez  que  no  se  concreta  nunca  qué  es  lo  efectivamente  pretendido,  ni  se  explican  las  razones que determinan un pronunciamiento en  sede  extraordinaria  de  casación  para  alcanzar  alguna  de  las finalidades  señaladas para el recurso, de acuerdo con el aludido precepto.   

2.            Ahora  bien,  examinadas cada una de las  censuras  formuladas  por  el  demandante,  se tiene que el error de derecho por  falso   juicio   de   legalidad   denunciado   en  el  primer  cargo, en verdad no se estructura.   

En  relación  con  el  tema,  es  procedente  recordar  que  la  denuncia  de  una  inconsistencia  de  esta  índole, implica  cuestionar      la     validez     o     existencia  jurídica  de  la prueba, bien en sentido positivo,  esto  es  cuando el juzgador al  examinar  un  determinado  medio  probatorio  le  otorga validez normativa   porque  considera  que  cumple  exigencias formales de oportunidad, pertinencia,  admisibilidad,  publicidad  y contradicción pese a que ello no corresponde a la  realidad,    o    en   sentido   negativo,  que  se  estructura  cuando  se le niega a la prueba su capacidad  demostrativa,  por  entender que no reúne los presupuestos exigidos por la ley,  pero en verdad sí los cumple.   

En  esencia,  el  yerro  de  derecho a que se  contrae  el  primer  cargo alude a las ritualidades señaladas por el legislador  como   indispensables   en   el   proceso   de   producción,  incorporación  y  concentración  de  la  prueba  en  el  juicio,  motivo  por  el  cual cuando el  funcionario  judicial aprecia un medio que ignora alguno de esos presupuestos, o  califica   de   ilegal   una   que   sí   los   integra,   se   materializa  la  irregularidad.   

En  esta  oportunidad  el  vicio de legalidad  alegado,  tiene  que  ver concretamente con el aspecto negativo, en cuanto opina  el   demandante  que  el  funcionario  de  segundo  grado  excluyó  una  prueba  legalmente   aducida   a   la   actuación  que  acredita  la  inocencia  de  su  representado,  eventualidad  que  en  verdad  no se estructuró, toda vez que el  tribunal  lo  que  realmente hizo fue examinar la prueba para concluir que no le  otorgaba  credibilidad  debido  a  las  inconsistencias que se presentaron en el  trámite  realizado  ante  la  Notaría de Envigado, y por consiguiente luego de  discriminar   cada   una   de   sus   falencias,   concluyó   que  “…no  será  tenida en cuenta por la  Sala   como  evidencia  de  inocencia  a  favor  de  los  procesados…”,  es  decir,  no  le  otorgó  el  alcance pretendido por la defensa.   

Fácil es advertir que su oposición al examen  probatorio  del Tribunal, la hace descansar únicamente en sus discrepancias con  la   valoración  contenida  en  la  sentencia  impugnada,  donde  se  llegó  a  conclusiones  diferentes a las que pregona, pero sin entrar a demostrar el yerro  que   presuntamente   dio  origen  al  falso  juicio  de  legalidad  denunciado.   

Nulo  esfuerzo  realizó  el casacionista por  comprobar  el  error  supuestamente atribuible al Tribunal Superior, ocupándose  a   contrario   sensu  de  manifestar  genéricamente su opinión acerca de la valoración que en su sentir  correspondía  a  la  retractación  del  testigo  vertida  ante  la Notaría de  Envigado,  con  la  única  finalidad  de  propender  por  la  plena certidumbre  predicable  de  las  manifestaciones de su representado, sin tener en cuenta que  las  conclusiones  del  juzgador  con  fundamento en el análisis probatorio, en  tanto  no  se  aparten  de las orientaciones de la sana crítica, necesariamente  prevalecen  sobre  el  criterio  personal  del demandante, en razón de la doble  presunción  de  acierto y legalidad que ampara la sentencia proferida por el ad  quem.   

Así  las  cosas, es claro que el juzgador de  segundo  grado, sin darle desde luego la trascendencia que demanda el libelista,  sí  analizó  los  elementos  de convicción mencionados en la censura, sin que  fuera   necesario  profundizar  en  el  contenido  de  la  declaración  que  en  manuscrito  fue  presentada  ante  la  Notaría  de Envigado con la finalidad de  autenticarla,  pues  enseña  la  jurisprudencia,  que  el juzgador “…en   virtud   del   principio  de  selección  probatoria,  no está obligado a hacer un examen exhaustivo de todas  y  cada  una  de  las pruebas incorporadas al proceso, ni de todos y cada uno de  sus  extremos  asertivos,  porque  la  decisión se haría interminable, sino de  aquellos  que  considere  importantes  para  la decisión a tomar, de suerte que  sólo  existirá  error  de  hecho  por omisión o mutilación de prueba, cuando  aparezca  claro  que el medio, o un fragmento del mismo, fue realmente ignorado,  siendo   probatoriamente  relevante…”.1   

No  sobra  decir  que  tampoco  el demandante  consigue  acreditar  la  trascendencia  del error denunciado, en cuyo propósito  debió  desquiciar  la  totalidad de la base de convicción tenida en cuenta por  los  funcionarios  de  instancia para dar sustento al fallo, por cuanto, como es  sabido,  de  mantener  vigencia  al  menos  uno de los argumentos esgrimidos, el  reproche  se  torna intrascendente, y en esta oportunidad tal y como lo resaltó  el   juzgador  de  primer  grado,  la  retractación  contenida  en  el  escrito  presentado   ante   la   Notaría   de  Envigado,  en  nada  afecta  la  inicial  manifestación  del  declarante en torno a la responsabilidad de los acusados en  los ilícitos.   

En definitiva, examinado el cuestionamiento en  los  términos  consignados  en el libelo, se puede advertir que en verdad dista  mucho  de  satisfacer  la exigencia relativa a la indicación clara y precisa de  los  fundamentos  de  la censura, que por mandato legal se debió cumplir por el  casacionista.   

En  consecuencia,  la  Sala  inadmitirá  el  cargo.   

3.    En cuanto se relaciona con el  error  de  derecho  por  falso juicio de convicción a que se contrae el segundo  cargo  referido  a  que  toda  la  prueba  utilizada por el Tribunal Superior de  Medellín  para condenar es de referencia, es preciso señalar que aunque  el  libelo  en  cuestión presenta  múltiples  falencias  de  argumentación,  como  con  antelación  se  indicó,  la  Sala  estima necesario  superar  los  defectos  de  la  misma  atendiendo a lo  preceptuado   en   el   inciso   3º   del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,    en   ordena   examinar   la   eventual   afectación   de  las  garantías  fundamentales  de  los  acusados, motivo por el cual se admitirá el cargo.   

4.             Finalmente,  contra  la  decisión  de  inadmitir  el  primer  reproche  de  la demanda presentada en representación de  RAFAEL  ANTONIO  PELÁEZ  CASTAÑO, procede el mecanismo de insistencia previsto  en  el  inciso  segundo del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite a  falta de regulación legal es el siguiente:   

“a-  …  sólo  puede  ser  promovida por el demandante dentro de los cinco (5) días siguientes  a  la  notificación  de  la  providencia que inadmite la demanda de casación u  oficiosamente  provocada  dentro del mismo lapso por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación Penal -en tanto no sean recurrentes- el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la inadmisión.   

b-  La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c- Es potestad del funcionario ante quien se  formula  la  insistencia  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en   un   término   de   quince  (15)  días…”2   

.  

5.             Demanda  en  representación  de  EDWIN  ALEJANDRO TAFUR CÓRDOBA   

Por  reunir los requisitos establecidos en el  artículo  184  inciso  segundo  de  la ley 906 de 2004,  la Sala admite la  demanda  presentada  por  el  apoderado  de  EDWIN  ALEJANDRO  TAFUR CÓRDOBA, y  en     su    oportunidad    procederá  a  fijar  fecha  para  la  audiencia  de sustentación  del  mismo,  a  la cual podrán acudir  los  no  concurrentes  para  ejercer  su  derecho  de  contradicción.   

* * * * * *  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.            Inadmitir  parcialmente  la  demanda  de  casación  presentada en nombre de RAFAEL ANTONIO PELÁEZ CASTAÑO, respecto del  cargo   primero  que  por  presuntos  errores  de  derecho  en  la  apreciación  probatoria  se plantea, conforme con las motivaciones plasmadas en el cuerpo del  presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

2.             Superar  los  defectos  de  la  demanda  presentada  en  nombre  del  citado  procesado en relación con el segundo cargo  formulado,  el  cual  se admite, de acuerdo con lo indicado en el cuerpo de esta  providencia.   

3.              Admitir    la   demanda   instaurada   en   representación   de   EDWIN   ALEJANDRO  TAFUR  CÓRDOBA.   

En    su    oportunidad   se   fijará   fecha  para  audiencia  de  sustentación de los cargos  admitidos,   a   la  que  podrán  concurrir  los  no  recurrentes  para  que  ejerzan  su  derecho  de  contradicción,  dentro de los  límites de la demanda.   

Comuníquese y cúmplase,  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                                FERNANDO     A.     CASTRO  CABALLERO                                

EUGENIO FERNÁNDEZ  CARLIER                                    MARÍA     DEL     ROSARIO     GONZÁLEZ  MUÑOZ                    

GUSTAVO   E.   MALO   FERNÁNDEZ                                                                            EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia   Yolanda  Nova  García   

Secretaria    

1  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sentencia  del  29  de  octubre de 2003. Exp. 19737   

2Auto,  diciembre  12  de 2.005, radicación 24322; en el mismo sentido, auto, de mayo 4  de 2006, radicación 25006.     

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