41118(02-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

   

Magistrado Ponente  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

   

Aprobado Acta No. 204   

Bogotá,  D. C., dos (02) de julio de dos mil  trece (2013).   

ASUNTO  

Estudia la Corte la posibilidad de admitir la  demanda  de  casación  presentada  por la abogada defensora de CARLOS FRANCISCO  RODRÍGUEZ  ROJAS contra el fallo de segunda instancia proferido por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Santa Rosa de Viterbo, en el cual confirmó  la  pena  de  42  meses  de  prisión  que  le impuso a dicha persona el Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Duitama, tras declararlo autor responsable de las  conductas  punibles  de    hurto  agravado      y              falsedad      en      documento  privado.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. CARLOS FRANCISCO  RODRÍGUEZ  ROJAS se hallaba vinculado laboralmente a Familia S. A. Esta empresa  lo  designó representante de ventas en Boyacá, con facultades para recibir los  pagos,  consignar los dineros y reportarlos a la sede de Bucaramanga. Entre 1998  y  2002,  se  aprovechó  de  tales  condiciones para apoderarse de una suma que  superó  los  $130’000.000.  Así  mismo,  falsificó  documentos, destinó los cheques de unos clientes para  cancelar  las facturas de otros, reportó deudores morosos sin serlo, etcétera,  todo  ello  con  el  fin  de  ocultar  los  vacíos  contables generados por sus  actos.  

   

2.  Denunciado  lo  anterior  por  el apoderado de Familia S. A., la Fiscalía General de la Nación  ordenó  la  apertura  formal del proceso, practicó pruebas y vinculó mediante  indagatoria     al     señalado. Agotada   la   instrucción,  calificó  el mérito del   sumario   el   5   de   febrero   de  2007,   acusándolo   por  los  delitos   de   hurto   agravado   y      falsedad     en     documento  privado, según   lo   previsto   en   los  artículos  239, 241 numeral 2 y 289 de  la  Ley  599 de 2000, actual Código Penal.   

   

Esta  providencia fue recurrida y confirmada  en    decisión    de   9   de   julio   de   20081.  

    

3. Le correspondió     el     conocimiento  de   la  etapa  siguiente  al  Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de Duitama, despacho que   por   los  comportamientos  materia  de  imputación   condenó   al   procesado   a   42   meses   de  prisión,  así  como   de   inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos   y  funciones  públicas.  Igualmente,  lo  condenó  al  pago  de  perjuicios  y le concedió el  mecanismo sustitutivo de la prisión domiciliaria.  

4.  Apelada  la  decisión por la  defensa, el  Tribunal      Superior      del      Distrito   Judicial  de  Santa  Rosa  de  Viterbo  la  confirmó  en  lo  que  fue  objeto  de  debate.  

5.  Contra  el  fallo  de  segundo  grado,  presentó  la  apoderada de CARLOS FRANCISCO RODRÍGUEZ  ROJAS            el recurso    extraordinario de casación.  

LA DEMANDA  

1. Al amparo de la  causal  primera cuerpo segundo de casación (numeral 1º del artículo 207 de la  Ley    600    de   2000),   propuso   la        censora un   único  cargo,  consistente  en  la  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de  un  error  de  derecho en la valoración de  la  prueba, que llevó a la falta de  aplicación  del  artículo 29 de la Constitución Política y los artículos 6,  232,  234,  259  y 276 del Código de Procedimiento Penal. Sustentó el reproche  con los siguientes argumentos:  

    

1.1. El  Tribunal  le otorgó valor probatorio a pruebas “que  de  ninguna  manera  reúnen  los  requisitos  exigidos por la  normas  que establecen su rito”, a saber, el acta de  inspección,  el  informe  realizado en presencia del procesado, los testimonios  de  Gabriel  Eduardo  Martínez  y  Nidia  Polo, los  informes de la Fiscalía y la indagatoria del procesado.   

1.2. El  ad  quem no le dio relevancia a lo  relatado  por  Nidia Polo  cuando  adujo  que CARLOS FRANCISCO RODRÍGUEZ ROJAS  consignó  todos  los  cheques y recibos.  En  cuanto  a  la  declaración  rendida  por  Ancízar Riveros  Camacho,  no  tuvo  en cuenta las apreciaciones de la defensa. Respecto del acta  de  inspección judicial, valoró las copias y no los originales de las facturas  de  los  clientes.  En los  informes  de  la  Fiscalía, jamás se comprobó la veracidad de apropiación de  dinero   alguno   ni   a   cuánto  ascendían  las  sumas              faltantes.   Y,  frente  a  los  estudios técnicos realizados por los  investigadores, no son en  estricto sentido medios de convicción.  

2. En  consecuencia,  solicitó a la Corte  casar   la   sentencia  del  Tribunal  para,   en   su  lugar,  dictar  fallo  absolutorio.   

CONSIDERACIONES  

1. La casación es un  recurso  extraordinario  que permite cuestionar, ante la máxima autoridad de la  justicia  ordinaria, la correspondencia de una sentencia de segundo grado con el  orden jurídico.  

Dicha  confrontación  repercutirá  si  se  descubre   en  el  fallo  un  error  de  juicio  o  de  trámite  jurídicamente  trascendente,  ya  sea  propuesto por el recurrente o advertido de oficio por la  Corte.  

Una  decisión  ajustada  a  derecho,  por el  contrario,  es  aquella  que  logra  sobrevivir  racionalmente  a  la  crítica.  

La  crítica  será  irrelevante  si no logra  refutar  la  providencia,  es  decir,  cuando no demuestra, bajo los parámetros  jurispruden-ciales,  que  riñe  en  aspectos  sustantivos  con la Constitución  Política, la ley o los principios que las rigen.  

Un alegato de instancia, por el contrario, no  necesariamente  está  basado  en  la  lógica del error. El sujeto procesal, en  esos  casos,  le  expone  a  los  jueces  de  primer y segundo grado una postura  fáctica  o  jurídica susceptible de resolver o de explicar los temas debatidos  en  el  proceso.  Pero  en  ningún  momento está obligado a establecer que las  decisiones  precedentes  (resolución  de  acusación  o  sentencia  del  a quo)  estuvieron determinadas por equivocaciones relevantes.  

De  ahí  que  la  demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y  213 de la Ley 600 de 2000 (Código de Procedimiento Penal aplicable para este  asunto)   exigen   una   presentación   lógica  y  adecuada  de  las  causales  establecidas  en  el  artículo  207 de tal estatuto, así como el desarrollo de  los  cargos  que  por  los  yerros  de  trámite  o  de juicio haya propuesto el  recurrente,  con la demostración de su importancia para efectos de la decisión  adoptada.   

2.    En este asunto, el  único  cargo  propuesto  por  la defensora de CARLOS FRANCISCO RODRÍGUEZ ROJAS  carece de fundamentos.  

Cuando  en  sede  de  casación se propone la  violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho  en  la  valoración  de la prueba, el demandante tiene la carga procesal de  (i)      precisar la modalidad del vicio, que  puede  obedecer  a  un  falso juicio de legalidad y, de manera excepcional, a un  falso   juicio  de  convicción;      (ii)    indicar  el  precepto  desconocido  o  vulnerado  por  el ad quem; y    (iii)      demostrar  que  el  error  determinó  o  suscitó  la  decisión  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia,   de   modo   que   sin   aquél   hubiera   debido  proferirse  otra  distinta.   

   

Acerca del falso juicio de legalidad, la Sala  tiene  dicho  que  se  da  cuando  el juzgador le otorga validez jurídica a una  prueba,  equivocándose  al considerar que cumple con las exigencias formales de  producción   e   incorporación,   o  cuando  le  niega  validez  al  medio  de  convicción, a pesar de que se observaron tales requisitos.   

En  este caso, la profesional del derecho, en  su  discurso  de  sustentación  del  reproche,  no  demostró  un  yerro de tal  índole.  

Es  decir, jamás se preocupó por establecer  alguna  concreta  transgresión,  con  datos tanto verificables como refutables,  del  debido  proceso  probatorio,  que  es  a  lo que en últimas alude el falso  juicio   de   legalidad.  Simplemente,  se  limitó  a  plasmar  en  el  escrito  aseveraciones  generales  y  abstractas  (como,  por ejemplo, que las pruebas de  cargo  “de  ninguna  manera  reúnen  los requisitos  exigidos     por    las    normas    que    establecen    su    rito”2).  Así mismo, reclamó que el  Tribunal   le  “dio  total  credibilidad”3  a  los  medios de convicción  que  comprometían  penalmente  a su protegido, pero no hizo otro tanto respecto  de  aquellos  elementos  que, en su entender, lo exoneraban. E incluso se quejó  porque,  al  parecer,  el  ad  quem valoró como pruebas informes que legalmente  sólo   podían   utilizarse   a   modo   de   criterios   orientadores   de  la  investigación.   

   

Estas  posturas,  además  de  incoherentes,  ninguna  relación  guardan con el falso juicio de legalidad. Por un lado, si lo  que  pretendía  la demandante era cuestionar la credibilidad total o parcial de  los  testigos,  esto  únicamente podría plantearse, en sede de casación, bajo  la  modalidad  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  siempre  y cuando  demostrara,  a  su  vez,  la  violación  en  las inferencias efectuadas por los  jueces   de   una   concreta  ley  científica,  base  lógica  o  regla  de  la  experiencia.  

Por otro lado, si lo que quería la recurrente  era  cuestionar  el  valor dado a unos informes que por mandato legal no podían  ser  apreciados  como  pruebas,  debió  haber propuesto un error de derecho por  falso  juicio  de convicción y no un falso juicio de legalidad, debido a que lo  esbozado  conlleva  de  manera  implícita  una tarifa legal negativa en materia  probatoria.  

En  todo caso, de la sola lectura del escrito  de  demanda  no  es  posible  distinguir  con  la  suficiente claridad lo que es  relato,  descripción o transcripción de la postura del ad quem de lo que es la  opinión  o explicación por parte del recurrente. Basta, para poner un ejemplo,  con los siguientes apartados:  

“En cuanto al  valor  probatorio  de  los informes de policía judicial el Tribunal que si bien  es  cierto,  Art.  314  de  la  ley  600  de  2000 nos dice que la exposición o  entrevistas  obtenidas  en las labores previas de verificación, no tienen valor  testimonial  ni  indiciario, pero podrían servir como criterios orientadores de  la  investigación  :  es  decir  que  este  informe  de policía en cuanto a su  contenido  deberá  ser  analizado  por  el  Fiscal  o  el  Juez correspondiente  siguiendo  las  reglas  de la sana crítica y tendrá el valor probatorio que el  funcionario  le asigne a cada en particular al examinarlo junto con otros medios  de    prueba    que    se    aporten    a    la    investigación      [sic].   

   

”En el l Art.  319  el  legislador procesal establece una serie de requisitos formales que debe  tener  quien  ejerce  las  funciones  de  policía  judicial  cuando  rinde  sus  informes.  Pero  no  se  ocupa  de  la  fijación del valor que los jueces deben  conceder  a  estos  escritos.  Se concluye que el legislador debe apreciar tales  piezas  procesales,  las  pruebas  deben ser asumidas de manera legal, regular y  oportuno,  su  apreciación se debe basar en los postulados de la sana crítica.    [sic]  

”Para  la  defensa  ataca la apreciación que el Juez de primera instancia respecto de este  informe        [sic]”4.  

En  este  orden  de  ideas, del contenido del  escrito  de demanda es imposible derivar una crítica racional a lo decidido por  los jueces de primer y segundo grado.  

Es  más,  la  Sala advierte que, en el fallo  materia  del  recurso,  el  cuerpo  colegiado  de segunda instancia respondió a  todos  y  cada  uno de los motivos de disenso de la recurrente, relativos en ese  entonces   a   los   temas   de        (i)    la  valoración de lo aludido por los testigos Nidia Polo y Ancízar  Riveros  Camacho,  así  como  del contenido del acta de inspección5;    (ii) la tipicidad en el caso concreto de  la    conducta    punible    de          hurto6;    (iii)      la calidad como prueba del informe  de  30  de  marzo y no como criterio orientador de la investigación7;    (iv)      la  imposibilidad  de  aplicar  el  principio    de    duda    a    favor   del   reo8;      y              (v)      la pena9. En ninguna de estas posturas,  la   Corte  encuentra  algún  criterio  fáctico  o  jurídico  que  de  manera  manifiesta  no  esté ajustado a derecho. E incluso el Tribunal sostuvo que, con  la  decisión  del  a  quo,  el  procesado debía darse por bien servido, pues a  pesar   de   la  gravedad  del  comportamiento  (el  apoderamiento  de  más  de  $130’000.000  aprovechándose  de  la confianza depositada por los dueños del dinero), le fue  concedida  la prisión domiciliaria, circunstancia que no podía ser revocada en  atención  del  principio  de  prohibición  de reforma en perjuicio10.  

A esta altura de la actuación, la providencia  del  Tribunal  se  presume  acertada  e  igualmente  ajustada a la Constitución  Política  y  la  ley. Por consiguiente, deberá prevalecer lo decidido frente a  cualquier  otra  consideración  que,  como  las  del  escrito,  no  conduzca  a  demostrar  un  yerro  susceptible  de  ser abordado en casación. De ahí que la  demanda  no  será  admitida.  Y,  adicionalmente,  la  Sala  tampoco  encuentra  violación  alguna  de  las  garantías  mínimas  de  las cuales sea titular el  procesado,  por  lo  que  no  hará  algún  pronunciamiento  oficioso contra la  sentencia dictada por el juez plural.   

   

En  mérito de lo expuesto, la    CORTE   SUPREMA   DE  JUS-TICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,  

   

    

RESUELVE  

NO  ADMITIR la  demanda    de   casación   presentada         por        la         defensora  de CARLOS FRANCISCO RODRÍGUEZ ROJAS contra       el  fallo  de segunda  instancia  emitido  por  el   Tribunal   Superior   del  Distrito  Judicial de Santa Rosa de Viterbo.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

            

                   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                  

           

                   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  

                                             

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO          

                   

MARÍA                   DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                  

                                             

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ          

                   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                  

                                             

JAVIER ZAPATA ORTIZ          

                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria                  

     

        

1   Folio   3   del  cuaderno  de  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal.        

2 Folio 48 del cuaderno del Tribunal.        

3 Folio  51 ibídem.        

4 Folios 53-54 ibídem.        

5  Folios 14-17 ibídem.        

6  Folios 17-21 ibídem.        

7  Folios 21-23 ibídem.        

8  Folios 23-24 ibídem.        

9  Folios 25-26 ibídem.        

10 Folios 25-26 ibídem.     

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