37237(28-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37237  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                           Magistrado Ponente:   

                                              ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                              Aprobado Acta No. 351   

Bogotá,  D.C., veintiocho (28) de septiembre  de dos mil once (2011)   

VISTOS:  

Decide la Corte sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de Blas Arnulfo Gasca  Rodríguez  contra  la sentencia proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Ibagué el 29 de abril de 2011, confirmatoria del fallo dictado en  primer  instancia  por  el Juzgado 6° Penal del Circuito de esa ciudad el 10 de  junio     de     2008,     que     condenó     al     procesado    –junto   con  Andrés  Mauricio  Bermeo  Peña,  a  la  pena principal de 2 años de prisión y multa en el equivalente a  50  s.m.l.m.  como  responsables  del  delito  de  estafa,  al  tiempo que se le  absolvió  a  Gasca  Rodríguez  por  el reato de falsedad que le fuera también  imputado.   

HECHOS     Y     RESEÑA     PROCESAL  RELEVANTE:   

Acoge  la  Sala reseña de los primeros en la  síntesis del fallo de primera instancia, así:   

“Señaló la denunciante Jackeline Vásquez  Ramírez  que  conoció  a  Héctor  Enrique  Villanueva,  por  intermedio de su  sobrina,  de  la  cual  era  novio  y quien al pasar el tiempo se fue ganando su  amistad  y  confianza,  hasta  el  punto  de  solicitarle  dinero  en calidad de  préstamo  para  ponerlo a rentar sin ninguna garantía, debido a la puntualidad  en los negocios.   

Entre  el mes de enero y febrero de 2004, el  precitado  concurrió  a su casa en compañía de Andrés Mauricio Bermeo Peña,  donde  le  solicitó  en  préstamo  quince  millones  de pesos, dejándole como  garantía  un Renault Clío, vehículo que la denunciante nunca vio, pero por la  confianza  ciega  que  le tenía al novio de su sobrina pasó esta circunstancia  por alto; esta obligación fue cancelada.   

Respecto de los hechos de la denuncia, indica  la  señora  Vásquez Ramírez que Héctor Enrique Villanueva, en el mes de mayo  de  2004,  concurrió  a su residencia acompañado del señor Blas Arnulfo Gasca  Rodríguez  solicitándole  que  le  facilitara  treinta  millones  de  pesos en  efectivo  por  dos  meses,  dándole como garantía un cheque del Banco Ganadero  –Sucursal  San  Simón-  (Cuenta  No.  236011292;  cheque  No.  0000068),  girado a su nombre, el cual se  haría   efectivo   el   6   de   julio   de   2004  y  cuyo  girador  era  Blas  Arnulfo.   

Además  de lo anterior dejó como garantía  un  automóvil  Chevrolet  Zafira,  modelo 2004, color negro, de placas BOO 056,  vehículo  que  según Villanueva y Gasca Rodríguez era de ellos, entregándole  el  seguro  obligatorio,  Certificado  de gases, formulario único nacional para  realizar  el  traspaso  del  citado  automotor  (No.2004-0587303), firmado y con  huella  del  legítimo  propietario  del automotor, la señora Leonor Velásquez  Martínez;  los  precitados  aclararon  que si bien no estaba a nombre de ellos,  era   de   su   propiedad   y   que   en   cualquier  momento  podía  hacer  el  traspaso.   

Jackeline Vásquez Ramírez accedió a favor  y  los  individuos  le  dejaron  el  vehículo  en  el  parqueadero del conjunto  residencial  que  ella  habitaba,  con  la  entrega  de  los  docuementos  antes  referenciados.   

Pero el 3 de julio de 2004, el automóvil fue  incautado  por  la  Policía  Nacional,  quienes  manifestaron  que  había sido  hurtado y que tanto las placas como los documentos eran falsos”.   

Con fundamento en la precitada denuncia, como  sus  ampliaciones,  el  18  de agosto de 2004  la Fiscalía 14 Seccional de  Ibagué  dispuso  apertura  instructiva  (fl.70),  aportándose abundante prueba  testimonial  y  documental,  así  como  disponiéndose la vinculación mediante  indagatoria  de Héctor Enrique Villanueva, Andrés Mauricio Bermeo Peña y Blas  Arnulfo Gasca Rodríguez.   

Clausurada  la  investigación,  se  elevaron  cargos  en  contra  de  Bermeo  Peña y Gasta Rodríguez por el delito de estafa  –además   de   falsedad  pública  para  éste-, al tiempo que se precluyó la investigación en favor de  Villanueva  (fl.34  c.2), en decisión ratificada por la segunda instancia el 10  de noviembre de 2006 (fl.63).   

Evacuado el período del juicio se profirieron  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia en los términos previamente  reseñados.   

DEMANDA:  

Dos  son  las  censuras  que dice promover el  defensor  de  Blas  Arnulfo  Gasca  Rodríguez  contra  el  fallo  objeto  de la  impugnación extraordinaria.   

La           primera  fundada  en  la causal tercera de  casación,  acusa  el  fallo  de  quebrantar  el debido proceso ya que según su  criterio  “se ausentó del cuerpo explicativo o motivos de la sentencia” las  razones  fácticas  y  legales  para proferir la condena, esto es, que carece de  motivación  la  decisión  impugnada,  sosteniendo  enseguida  que  el Tribunal  “sólo   atinó   a   pronunciarse   sobre   la   impugnación”   de  Bermeo  Peña.   

Afirma  entonces  que  para  condenar  a  su  asistido  el  Tribunal  se  fundó en la denuncia y ampliación de la misma, las  declaraciones  de Ruth Villanueva, Ivón Adriana Cruz y Huberley Martínez, así  como  la  injurada  de  Héctor  Villanueva,  pero  no aludió a lo depuesto por  Maritza Mejía, María Aguilera y Erick Bermeo.   

Sostiene entonces se “falsa” la inferencia  de  ubicar  a Gasca con Bermeo como socios, pese a que prueba de diversa índole  afirma  que  aquél sólo era socio de éste en el lavadero de carros pero nunca  recibió dinero y los carros los conseguía el segundo.   

Así  asegura  que  correspondía al Tribunal  adelantar  un  análisis completo de las pruebas y no una deducción excluyente,  que  condujo a una decisión “precaria en su contenido incriminatorio” y por  tanto  “carente  de  motivación,  incompleta,  sesgada  y  deficiente  en sus  apreciaciones”,  máxime  cuando según su criterio, no se acreditó que Gasca  Rodríguez  haya  tomado  parte  en  el  negocio  de  obtener  dinero prestado y  garantizarlo  con  vehículos hurtados, de donde la “ausencia de motivación y  sustento  en las consideraciones de la autoría y la relación de pruebas que la  confirman, hace el pronunciamiento condenatorio nulo”.   

El           segundo  ataque,  que dice es subsidiario,  acusa  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial que dice derivada de falso  raciocinio  “y  no  compaginar  las pruebas tendientes a demostrar la presunta  responsabilidad  frente  al  ilícito  contenido  en  la  norma  que tipifica la  estafa”.   

A  continuación, bajo el título “Error de  hecho  por  falso  juicio de existencia por omisión”,  precisando que la  omisión  del  sentenciador  radica  en  “cimentar la responsabilidad penal de  Blas   Arnulfo   Gasca   Rodríguez  por  el  delito  de  Estafa,  sin  sustento  pleno”.   

El  fallo  no  se  pronunció   en   relación   con   lo  expresado  por  “Hermes  Hortha, Jair Patiño,  Alexander  Gasca,  Mauricio  Bermeo, Maritza Mejía, María y Erika Aguilera”,  cuya  confrontación  con  la  prueba  de  cargo  evidencian  la  ajenidad   del    imputado   con   el   delito   de   estafa,  reproduciendo  aquellos  apartes    de    sus   dichos   que  entiende  favorecerían  a  Gasca  Rodríguez,   aspectos  que confronta con las imputaciones que de la prueba  se dirigen contra el incriminado.   

De dicho ejercicio sostiene que correspondía  al   Tribunal   “analizar  tanto  lo  objetivo  como  lo  subjetivo”  de  la  participación  de  Gasca  Rodríguez en los hechos, que no hizo, ni se miró el  “recaudo   total   de   las   pruebas”,  ni  consideró  que  el  “dominio  funcional”  era  del  co  procesado Bermeo Peña, incurriendo en “errores de  tipo, configuración y alcance”.   

Solicita,  así  se  case el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES  

1. De manera prolija  la  doctrina  de  la Sala, en correspondencia con las exigencias básicas que la  ley  señala, ha tenido ocasión de precisar en orden a los parámetros que debe  reunir  un  libelo  casacional  para  provocar  su  admisibilidad y consiguiente  decisión  de  fondo,  cuando  quiera  que se escoge la causal tercera con dicho  cometido,  que  aún,  desde  luego,  tratándose  de  la  vía  de  nulidad, es  absolutamente  imperioso  al alegar la presencia de irregularidades sustanciales  que  se  sostiene  socavan  la actuación procesal, no solamente identificar con  precisión  y  claridad  la  índole  del  vicio,  esto  es si de garantía o de  estructura,  sino  demostrar  que el supuesto de la nulidad propuesta se enmarca  dentro  de  los  principios que orientan una decisión extrema como la reclamada  en el caso concreto.   

2. La evocación de  estos  parámetros  encuentra la Corte pertinente en el propósito de valorar la  viabilidad  formal  del primer  reparo  que  el  actor  hace  al  fallo  impugnado,  toda  vez que, imperioso es  advertirlo  desde  ya,  no  colma  la  propuesta en dicho sentido presentada con  tales   supuestos   y   por   el   contrario  se  presenta  inidónea  para  ser  admitida.   

3.   Dada   la  multiplicidad  de  temas  a  que  alude  el  actor  y  la  falta de coherencia y  correspondencia  entre  los  mismos,  así como la circunstancia de terminar las  distintas  variables  que  ofrece siendo antinómicas, ab initio debe señalarse  que el primer reparo a la sentencia se evidencia inadmisible.   

En  efecto,  si  bien  adujo originalmente el  censor  falta  de  motivación  del  fallo, lo que implicaría hacer evidente la  precariedad  en  las consideraciones de orden probatorio y jurídico conducentes  a  la  decisión  adoptada  y  el  hecho  de  que  dada  esa precariedad se haga  imposible  tomar  entendimiento  sobre las razones fundamentadoras del mismo, el  actor  elude  este específico ámbito de su demostración y, como ya se indicó  se  ocupa  de  temas aledaños la mayoría nada incidentes con el objeto central  de la propuesta de nulidad.   

4.  Alude en un  principio  a  una  confusa  falta de integración de los motivos que respalda el  reproche  penal  en contra de Gasca Rodríguez, con aquellos en que se fundó la  responsabilidad  del  co procesado Bermeo Peña, pero también que en el estudio  de  la situación de su asistido no se hizo referencia a diversas pruebas que lo  favorecían.   

Este    último   aspecto   es   abordado  insistentemente  por  el  libelista,  con  lo  cual  hace  notar que la eventual  falencia  de  motivación  estribaría  en  una pretermisión probatoria, asunto  sobre  el  cual,  evidentemente,  no  es la vía de nulidad el sendero apto para  semejante  debate, sino el propio de los errores de hecho que entonces dan lugar  a esa clase de falso juicio.   

Sin  embargo,  el  actor  incursiona  en  una  verdadera  apertura  de  debate  sobre la prueba que sirvió para estructurar el  delito  de  estafa  imputado  y  opone  a  la  motivación  de la sentencia -que  entonces  si  existe-, aquellos elementos de convicción que asume obran a favor  de  Gasca  Rodríguez,  sendero  por  el  cual  no  obstante  introduce  juicios  críticos  propios,  que lo conducen a descalificar las inferencias del juzgador  y  el mérito que le otorgó a los diversos elementos allegados, a tal punto que  sostiene  no  haber acreditado el Tribunal “con certidumbre ni prueba completa  que  el  procesado  Arnulfo  Gasca Rodríguez haya tomado parte en el negocio de  obtener  plata  prestada  para  garantizarla con vehículos hurtados”, aspecto  que  entroniza,  ni  más ni menos, una simple postura divergente de valoración  en  un  entrevero  de  argumentos  que  desdicen  de  la  absoluta  carencia  de  motivación  de  las  sentencias como único supuesto que haría viable sostener  la invalidación de un proceso por dicho aspecto.   

Las  deficiencias  formales  del  reparo  son  elocuentes.   

5.  El segundo   cargo  acusa  “errores  en  la  valoración  de  las  pruebas”, genérico que aun cuando intenta precisarse en  falso   raciocinio,   esto  es,  bajo  el  entendido  que  el  Tribunal  habría  transgredido  los  principios  de  la sana crítica en el estudio apreciativo de  los  diversos  elementos,  se  encamina  enseguida en forma confusa e intrincada  hacia  un  pretendido  “falso  juicio  de  existencia  por  omisión”,   precisando   entonces   que   dicha   pretermisión   consiste   en  afirmar  la  responsabilidad  de  Blas  Arnulfo  Gasca  Rodríguez, sin existir sustento para  ello.   

La  falta  de  claridad  y  precisión  son  elocuentes.   

Y, aun cuando enseguida alude al hecho de que  el  fallador  no  se  ocupó en  relación  con  lo expresado por  “Hermes  Hortha  (sic),  Jair (sic) Patiño, Alexander Gasca, Mauricio Bermeo,  Maritza  Mejía,  María  y  Erika  Aguilera”,  es  lo  cierto  que  cuya  confrontación  con  la  prueba  de cargo evidencian la ajenidad  del   imputado  con  el delito de estafa, reproduciendo aquellos apartes de sus dichos  que  entiende favorecerían a Gasca Rodríguez,  aspectos que confronta con  las imputaciones que de la prueba se dirigen contra el incriminado.   

Inusitadamente a renglón seguido señaló el  actor  que  correspondía  al  Tribunal  “analizar  tanto  lo objetivo como lo  subjetivo”  de  la  participación  de Gasca Rodríguez en los hechos o que el  “dominio  funcional”  del  hecho  lo  tenía  Bermeo  Peña,  incurriendo en  “errores  de tipo, configuración y alcance”, que se ignora específicamente  hacia donde conducen.   

6. Predomina en este  reproche  la  afirmación  según  la  cual  la  sentencia  ignoró  un grupo de  testimonios que favorecían al procesado.   

Con  miras  a  observar la justificación que  tendrían  en  el  caso concreto el pronunciamiento de la Corte de una decisión  de   fondo,   véase  la  absoluta  carencia  de  fundamento  que  ostenta  esta  censura.   

Dada  la  ratificación  que para el Tribunal  merecieron  las  consideraciones de primera instancia y por ende la integración  o  inescindibilidad  que  se  predica  entre las dos decisiones, emerge más que  manifiesto  lo  infundado del ataque en tanto predomina la afirmación según la  cual  se  incurrió  en la sentencia impugnada en protuberantes errores de hecho  al  omitirse  la  valoración  de los testimonios de Mauricio Bermeo, Karina del  Pilar  Aguilera,  Alexander Gasca, Erika Lorena Aguilera Franco, Maritza Bibiana  Mejía  Vargas,  Hermes Horta Cardoso y Jairo Otavo Patiño, pues la decisión a  quo,  no sólo sintetizó cada una de sus deponencias, sino que advirtió que el  propósito  de  ellas  de  favorecer al procesado no se cumplía, por carecer de  algo  más  que  sus  simples  afirmaciones  parcializadas,  por  los  nexos  de  consaguinidad y amistad, que no las hacías creíbles.   

De  más  por  lo  tanto  señalar,  que a la  inidoneidad  del  reparo  dada  las  características  de su propuesta, está la  ausencia  total  de  fundamento  que  se percibe en lo que logra entenderse como  cuestionamiento  propio  de  un  error  de hecho por omisión y que conduce, por  supuesto a la inadmisión del libelo.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de    casación   presentada   por   el   defensor   de   Blas   Arnulfo   Gasca  Rodríguez.   

Contra esta decisión no procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   cúmplase   y   devuélvase  el  expediente al Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                                         JOSÉ      LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO       ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                    SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                        MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                                                                  Permiso   

AUGUSTO           IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                                              JULIO E. SOCHA SALAMANCA   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

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