37224(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37224  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 340.  

Bogotá D.C., septiembre veintiuno (21) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

          Decide   la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada   por  la  defensora  del  procesado  JIMMY  GILDARDO  MELO  ROSERO  con  el objeto de sustentar el  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto contra la sentencia proferida  por  el  Tribunal  Superior de Pasto el 25 de abril del año en curso, por medio  de  la  cual  confirmó  la  dictada  el  18 de noviembre de 2009 por el Juzgado  Adjunto  al  Tercero  Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad que condenó al  mencionado   por   el   delito  de  homicidio  en  la  persona  de  Jesús           Fernando          Burbano          Romo.        

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los   primeros   fueron  narrados  por  el  a     quo, en los siguientes términos:   

“Da  cuenta la historia procesal que el 19  de  febrero  de 2006, siendo aproximadamente la 1:30 de la mañana, en una calle  céntrica  de  la población de Sandoná, en las afueras de los establecimientos  públicos     conocidos     como    ‘Tabasco’,  ‘Donald’         y         ‘Admiral    Disco    Bar’ se suscitó un conflicto entre varios  de  los  concurrentes  a  la  zona  de diversión, encontrándose entre ellos el  señor  JIMMY GILDARDO MELO ROSERO, quien de manera desaforada y sin control, se  armó  con  un coto de botella y una navaja, lesionando al señor Silvio Andrés  Enríquez  Molina  en  su  brazo  izquierdo, quien sobrevive, y al señor Jesús  Fernando  Burbano  Romo,  en  el  hombro  izquierdo y corazón, quien fallece de  inmediato”.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  acontecimientos,  se  dispuso  la  apertura formal de instrucción, a la cual se  vinculó,  mediante  diligencia de indagatoria, a JIMMY  GILDARDO   MELO   ROSERO,  a  quien  se  definió  su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, sin  beneficio de excarcelación, por el delito de homicidio simple.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  su  mérito  el  21 de junio de 2006 con resolución de acusación en contra del  procesado por el mismo delito objeto de la medida detentiva.   

Ejecutoriado  el  proveído  anterior,  se  prosiguió  con  la  fase  del  juicio,  cuyo conocimiento se asignó al Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de Pasto, ante el cual se evacuaron las audiencias  preparatoria   y   de   juzgamiento.    Sin   embargo,   como   medida   de  descongestión1,  la  actuación  se  asignó  al  Juzgado Tercero Penal Adjunto al  Tercero  Penal del Circuito de la misma sede, el cual profirió fallo de primera  instancia  el  18  de noviembre de 2009, mediante el cual condenó a  JIMMY  GILDARDO  MELO  ROSERO  a la pena  principal  de  trece  (13) años de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un período igual, al  tiempo  que  lo  condenó  al  pago de perjuicios en las sumas establecidas y le  negó  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la pena y  el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

En  desacuerdo con la anterior decisión, la  impugnó  la defensora del procesado, motivo por el cual el 25 de abril del año  en   curso   el   Tribunal   Superior   de   la   misma  capital  se  pronunció  confirmándola.   

          El   fallo   del   ad  quem  es  ahora  objeto  del recurso extraordinario de casación promovido  por  igual  sujeto  procesal,  quien  lo  sustentó allegando el correspondiente  libelo,  sobre  cuyos presupuestos lógicos y argumentativos se ocupa la Sala en  esta decisión.   

LA DEMANDA  

La  defensora formula dos censuras contra el  fallo  impugnado;  la primera de ellas, por la causal segunda del artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, por vulneración del debido proceso y, la segunda,  con   fundamento   en  la  tercera  del  mismo  ordenamiento,  por  “manifestó   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación    de    la    prueba    sobre   la   cual   se   ha   fundado   la  sentencia”.   

Para  establecer  si  la  demanda reúne los  presupuestos  de  admisibilidad,  la  Sala  sintetizará sus fundamentos y, acto  seguido,  expresará  su  criterio.  Ello  con  el  fin  de  evitar repeticiones  innecesarias.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   Primer  cargo. Desconocimiento del  debido proceso.   

     

1. Fundamentación:     

Luego  de señalar que el proceso en esencia  es   una   sucesión  de  pasos  funcionalmente  encadenados  en  orden   a  determinar  si  una  persona  es responsable o no de una conducta punible, aduce  que  esa  finalidad  “no  se halla inmersa y deja de  aplicarse,  por  cuanto  existe una violación directa del derecho de defensa de  mi  representado,  consagrado  en el artículo 29 del ordenamiento superior, que  trata  entre otras cosa (sic),  del  derecho que le asiste a toda procesado a presentar pruebas y a controvertir  las  que  se  alleguen en su contra. Violándose de igual manera el principio de  instrumentalidad  de  las  formas,  principio de trascendencia y el principio de  protección”.   

Lo anterior, asegura, por cuanto en el fallo  no  se  consideró  “en  lo  más  mínimo  el papel  trascendental  que  jugó  en  la  etapa  del juicio, el ente investigador de la  Fiscalía  General de la Nación”, cuyo representante  solicitó  la  absolución  del  procesado  invocando  los principios de lealtad  procesal,  valoración  racional de la prueba, in dubio  pro  reo  y presunción de inocencia, con fundamento en  “una serie de fundamentos de hecho y de derecho, los  cuales    solicito    sean    revisados    por    menorizadamente   (sic) dentro del expediente”.   

Para  culminar,  indica  que  “de  igual  manera  la  violación  directa  a  este  principio se  refleja  en  el  análisis  valorativo que el fallador de segunda instancia da a  los  medios  de  prueba  obrantes  en el proceso, señalando que existen pruebas  indiciarias,  de referencia y directa que conduce (sic)  a  la  certeza sobre la responsabilidad del acusado”   

          1.2.    Consideraciones   de   la   Sala:   

         

          Previamente  ha de precisarse que aun cuando la libelista en las dos  censuras   propuestas   invoca   incorrectamente   las   casuales  de  casación  consagradas  en  la  Ley 906 de 2004 no obstante que el proceso se tramitó bajo  la  égida  de  la Ley 600 de 2000, tal falencia no se torna trascendente, en la  medida  en  que  las  motivos  pretextados  corresponden, respectivamente, a las  causales  tercera  y primera, cuerpo segundo, del artículo 207 de la Ley 600 de  2000.   

Ahora  bien,  en  cuanto  al  primer  cargo  propuesto  con  sustento  en  la  causal  tercera de casación contemplada en el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000 (segunda del artículo 181 de la Ley 906 de  2004),  esto  es,  porque la sentencia se dicta en un juicio viciado de nulidad,  se  ha  sostenido  en  forma  reiterada  por  esta  Sala  que aun cuando goza de  relativa   flexibilidad   en   su  desarrollo,  debe  cumplir  algunos  mínimos  requisitos para tenerla por satisfecha formalmente.   

Al  respecto, es preciso que el casacionista  identifique  claramente  el  motivo  sobre  el  cual  gira  la irregularidad que  advierte,  la  causal  de  nulidad que procede como consecuencia de ese defecto,  las  normas  que  apoyan su pretensión, la trascendencia que genera, bien en el  marco  de  la  estructura del proceso o en el de las garantías fundamentales de  quien  la  invoca,  y el momento procesal a partir del cual se debe invalidar la  actuación,  así  como la autoridad judicial a la cual corresponde el envío de  la actuación para que proceda a su enmienda.   

          También  se   tiene  establecido  que,  en  orden  a su debida  fundamentación,   dicha   propuesta  necesariamente  debe  compaginar  con  los  principios  que orientan la declaratoria de las nulidades, a saber, taxatividad,  instrumentalidad  de  las  formas,  trascendencia, protección, convalidación y  residualidad,     previstos     en     el     artículo     310     ibídem.   

De  modo  que sólo si la censura reúne los  anteriores  condicionamientos, se podrá concluir que se ajusta a los requisitos  previstos  en  el  artículo 212 del mismo ordenamiento procedimental, para así  admitirla  conforme  a  lo  dispuesto en el siguiente artículo de ese estatuto.   

Lo  anterior,  amén de que los cargos de la  demanda  de  casación  se  expongan  de  manera  lógica  y  con  un mínimo de  argumentación  adecuada,  como  surge  de  la exigencia contenida en el numeral  tercero  de la citada preceptiva al señalar que la demanda de casación deberá  contener   “la  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las    normas    que    el    demandante    estime    infringidas”.   

          Pues  bien,  resulta  evidente  que  la  censura  no  satisface  los  presupuestos  de admisibilidad referidos a la necesaria claridad y precisión en  su  formulación, de los cuales se pueda inferir que contiene una argumentación  lógica y coherente.   

Ello, por cuanto no es posible extraer de la  propuesta  el  motivo  sobre  el  cual  gira  la  irregularidad  constitutiva de  violación del debido proceso que denuncia.   

Ciertamente,   de   forma   simultánea  y  atropellada  señala  que  tal  situación  se  originó  por  transgresión del  derecho  de defensa, específicamente del derecho que asiste a presentar pruebas  y  a  controvertir las allegadas en su contra;  pero a la vez indica que se  produjo  por  no  haberse respetado el rol trascendental de la Fiscalía General  de  la  Nación,  en tanto su representante en el juicio deprecó la absolución  en  favor  de  su  prohijado.  Y,  para  rematar, también señala que a ello se  llegó  a  raíz  del  “análisis  valorativo que el  fallador  de  segunda  instancia  da  a  los  medios  de  prueba  obrantes en el  proceso”.   

Tal forma de concebir el ataque, acompañado,  por  lo  demás, de evidentes errores de redacción que dificultan en grado sumo  la  comprensión del escrito, configuran quebranto de principios basilares de la  actividad  casacional  en  procura  de  conseguir  demandas  que  satisfagan las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.   

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Contrario  a  lo  que  se persigue con estos  postulados,  en  este reparo se entremezclan propuestas antagónicas, como lo es  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, cuando señala que se incurrió  en  errores  en  la apreciación probatoria, con la nulidad, porque en el primer  caso  se  acepta  la  validez  de la actuación procesal por cuanto el ataque se  circunscribe  a  errores  de  juicio  o  in  iudicando  en  los  que  incurre  el  sentenciador  al momento de  fallar,  mientras  que  en  el  segundo  precisamente  se  discute ese aspecto a  través   de   yerros   in   procedendo  o de procedimiento.   

Y, por si lo anterior fuera poco, en realidad  la  censora  no desarrolla, de acuerdo con las pautas mínimas aludidas, ninguno  de  los planteamientos apenas enunciados. Así,      no  señala  cuál la razón para sostener que erige quebranto del debido proceso el  hecho  de  que  los  juzgadores  se  hubieran  apartado  de  la  solicitud de la  Fiscalía  y,  en  materia  de derecho de defensa, porque ni siquiera referencia  las  pruebas  que  a  su  juicio no se presentaron o no se controvirtieron, así  como  su  incidencia  frente  a  la  declaración  de  justicia  contenida en el  fallo.   

    

Las anteriores incorrecciones son suficientes  para  desestimar  este  cargo,  por  evidenciar  que no goza de la indispensable  presentación  lógica,  amén  de  carecer,  igualmente,  de una argumentación  coherente  que  permita su cabal comprensión. A tal punto llega la confusión y  la  entremezcla  conceptual, se insiste, que finalmente no se desarrolla ninguno  de los diversos reparos adjudicados al fallo impugnado.   

2.    Segundo   cargo.   Manifiesto  desconocimiento   de   las   reglas   de   producción   y  apreciación  de  la  prueba.   

2.1. Fundamentación:  

Aduce  la  libelista  que  el  sentenciador  incurrió  en  “graves  errores  de  hecho por falso  juicios  de  existencia, y de suposición probatoria, transgrediéndose con ello  el  artículo  372  de  la Ley 906 de 2004”, sobre el  objeto de la prueba.   

Tal situación se verifica, expone, porque se  “cercena  cualquier  prueba  que  le sea favorable o  benéfica  a  los intereses de mi representado”, como  así  ocurrió  con  el  testimonio de Lorena Constanza  Mora,  por  medio  de  la  cual  se  retracta  de  la  incriminación inicial contra su prohijado.   

Así mismo ocurre, añade, con el testimonio  de  la doctora Jimena Solarte,  quien  adujo que al Hospital Clarita Montes de Sandoná, la noche de los hechos,  llegaron  varias personas heridas y, sin embargo, “el  señor  Magistrado  asegura  que  la  única persona que pudo causarle la herida  mortal  al occiso debía ser mi representado, por cuanto fue el único individuo  belicoso   identificado  como  violento”,  olvidando  sobre el particular que se presentó una grave gresca.   

Igualmente,  prosigue, se incurrió en falta  de   apreciación   objetiva   del   dictamen  pericial  rendido  por  la  misma  profesional,  en  donde  se  consigna  que la herida ocasionada al occiso no fue  producida       por       elemento       corto       punzante,      “sin embargo el  señor  Magistrado  resta importancia a esta declaración y opta por concluir en  base  a  sus propias apreciaciones personales que mi representado el día de los  hechos  portaba  al  mismo  tiempo  coto  de botella y navaja, sin embargo causa  muchas  dudas  esta  consideración” en tanto ninguno  de los demás deponentes comunica esa circunstancia.   

      

También  le  llama  la  atención  que  no  obstante  para  el  juzgador  el  testimonio  de Danilo  Clemente  Erazo  alberga muchas dudas, lo cataloga como  testigo  directo  de  los  sucesos,  e  igual  sorpresa  le origina que todas la  pruebas  favorables  a  su  defendido sean desechadas por el juzgador. Peor aún  cuando  “las  correctas  leyes de la lógica y de la  ciencia,  no  son  tenidas  en  cuenta,  al no considerar en lo más mínimo las  circunstancias  en que se desarrollaron los hechos, el medio, el lugar, la hora,  ya  que  en  un  sitio  como  un  bar las personas que ingresan ingieren bebidas  alcohólicas  embriagantes, lo cual hace que sus capacidades mentales disminuyan  considerablemente   hasta   el   punto   de   perder   la   percepción   de  su  entorno”.                

Por  consiguiente,  anota,  se  violó  el  principio  de  existencia material de la prueba, a la par que se incurrió en un  error   de   razonamiento   “al  sacar  de  premisas  correctas  una  conclusión  que  lógicamente no deriva de ellas”.   

Por  lo  expuesto,  encuentra  establecidos  errores   de   hecho   por   un   falso   juicio   de   existencia  “derivados  de  omisiones  probatorias  o  suposición material de  pruebas”; por falso juicio de identidad “al      distorsionar     y     tergiversar     los     contenidos  probatorios”;  por  falso  raciocinio  “al  apreciar  los  testimonios…sin aplicación a los principios  de  la  sana  crítica,  apartándose  de  singulares  máximas  de experiencia,  desconociendo   concretas   leyes   de   la  lógica,  la  ciencia  o  criterios  técnico-científicos   estatuidos   para  valor  un  medio  de  convicción  en  particular”    y   porque   no   se   “otorga   a   las   probanzas   un   valor   que  la  ley  no  les  asigna”.   

De esta forma, afirma, se profirió el fallo  “menoscabando  el derecho penal de acto, valga decir  sin  acción,  se  antepuso  en  grado  de  plenitud  probatoria  fenómenos  de  atipicidad  de  la conducta, dejándose de aplicar los principio de in dubio pro  reo,  de  necesidad  o  de legalidad de la prueba, entre otros…”.   

En  tal  sentido, depreca casar la sentencia  impugnada y, en su lugar, absolver a su defendido.   

2.2. Consideraciones de la Sala:   

         

La revisión del segundo reparo contenido en  la  demanda  presentada  por  la  defensora  del procesado permite colegir, como  aconteció   con   el   anterior,  el  incumplimiento  de  los  presupuestos  de  presentación   lógica   y   debida   argumentación  que  se  exigen  para  su  admisión.   

Ello es así por cuanto a pesar de que invoca  la  causal de violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho en la  apreciación  de  las pruebas, en el contexto de su prédica no se desarrolla un  planteamiento  afín  con  esa  modalidad y, dicho sea de paso, con ningún otro  yerro demandable en sede de casación.   

Ciertamente,  de  acuerdo con la pacífica y  reiterada  jurisprudencia  de  esta  Sala  se  incurre en error de hecho ante la  comprobación  fehaciente  de  que  el  sentenciador  incurrió  en los llamados  falsos  juicios  de  existencia, raciocinio o de identidad, tema que sólo hasta  el  final del reparo pareciera teóricamente comprende la casacionista, pero que  no  se  verifica  en su desarrollo restante.  En esas condiciones, oportuno  se  ofrece  evocar  la  esencia y forma correcta de atacar tales errores en esta  sede:   

Así,  el  falso  juicio de existencia tiene  ocurrencia  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa  el  juzgador  no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal, regular  y  oportuna  (ignorancia  u omisión) o porque el juzgador lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente  está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  que se controvierte y en favor del interés que se representa -lo  cual  comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

El  falso juicio de identidad, por su parte,  se  verifica  cuando  el juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo  de  la  prueba para hacerla decir lo que ella no expresa materialmente. También  se  ha  expuesto  que  en  esa modalidad de desacierto en la apreciación de las  pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como  si  fuera el todo, en tanto ello constituye una forma de distorsión pues, en su  proceso  de  valoración  se le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa  manera su apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre  la  cual  recae  el  supuesto  yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su sentido.  Acto seguido, se debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  debe  mutarse  a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

La  última  de  las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

El  recuento anterior permite colegir que la  censora  no  desarrolló  en  el reproche ninguna de las modalidades de error de  hecho que apenas enuncia.   

Es  más,  en la disertación se confunden y  combinan  conceptos inherentes a cada uno de los yerros, de tal forma que cuando  habla  del  falso juicio de existencia impropiamente refiere al cercenamiento de  su   contenido   e,   incluso,  de  forma  concomitante  también  involucra  su  ponderación  con  desatención  de  “las  correctas  leyes de la lógica y de la ciencia”.   

El resultado no podía ser distinto al de no  desarrollar  adecuadamente ningún error. El falso juicio de identidad porque ni  siquiera   señala   cuál  fue  la  tergiversación  de  su  contenido;  el  de  raciocinio,  dado  que  tampoco  especifica  la  máxima  de  la experiencia, el  postulado  lógico  o  la  regla científica vulnerada con la apreciación y, el  falso  juicio  de  existencia,  en  tanto, como es la tónica generalizada de la  censura,  lo  que  en  el  fondo  pretende  es tomar distancia de la valoración  conferida  por  el  Tribunal  a  los  medios  de prueba señalados, esto es, los  testimonios   de   Lorena  Constanza  Mora,  Jimena Solarte  Danilo   y   Clemente         Erazo.                

Al  limitarse  la  libelista  a  exponer un  criterio  personal  de valoración probatoria que, dicho sea de paso, tampoco se  expone  con  claridad, no sólo atenta contra la naturaleza del recurso, bajo la  consideración  de que no constituye una tercera instancia, sino que desborda la  noción  de  error,  pues  el  asunto  se circunscribe a enfrentar dos puntos de  vista   sobre   un  mismo  tópico,  insuficiente  para  resquebrajar  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad que gobierna al fallo cuando arriba a esta  sede.   

Corolario  de  lo  expuesto, la decisión a  imponer    frente    a    este    segundo   cargo   también   es   la   de   su  inadmisión.   

Finalmente, sosténgase en relación con las  dos  censuras,  que  como  el  principio  de  limitación,  regente  al  recurso  extraordinario  de  impugnación y que por vía legal encuentra consagración en  el  artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000,  impide  a  la Sala subsanar las  incorrecciones  anotadas  en  punto  de la adecuada y lógica fundamentación de  los  cargos,  se  procederá  a  devolver la actuación al despacho de origen de  conformidad    con    lo   establecido   en   el   artículo   213   del   mismo  ordenamiento.      

Adicionalmente, porque no se advierte que se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención oficiosa de la Sala.      

         

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada   por  la  defensora  del  procesado  JIMMY  GILDARDO  MELO  ROSERO, por las razones consignadas en  la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                 ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1  Adoptada  por  el  Consejo  Superior  de  la Judicatura, mediante  Acuerdo PSAA09-5657 de marzo 18 de 2009.       

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