36977(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 36977  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 331  

Bogotá,  D.C., catorce (14) de  septiembre de dos mil once (2011)   

V   I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de casación presentada por la apoderada de la parte civil,  contra la sentencia del 14 de diciembre  de  2010,  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, por medio de la cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Octavo Penal del Circuito de la misma  ciudad,   el   15   de   diciembre   de   2009,  que  absolvió  a  Jesús  Antonio  Buriticá Restrepo, como  autor   de   la   conducta   punible   de   extorsión   agravada  en  grado  de  tentativa.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Esta  actuación  encontró  su  génesis  en la denuncia interpuesta por el ciudadano  Guillermo  Fino  Serrano,  el  27  de  marzo  de  2004, ante el Grupo de Acción  Unificada  por la Libertad Personal -GAULA- de Cundinamarca, en la cual informó  que  en  los  meses de octubre, noviembre y diciembre del 2003, y enero de 2004,  llegaron  a su oficina escritos anónimos amenazantes por medio de los cuales se  le  exigía  el  pago  de  cincuenta mil dólares (US$50.000.00), a cambio de no  denunciar  públicamente  unos  actos  de  corrupción que lo relacionaban y que  tuvieron  ocurrencia  durante  el  tiempo que estuvo a cargo de la Dirección de  Impuestos  y  Aduanas Nacionales -DIAN-, y del Instituto de los Seguros Sociales  –  ISS-,  acusaciones  que  también  se dieron a conocer a personas allegadas a  él, con el fin de presionarla.   

“El denunciante señaló a Jesús Antonio  Buriticá  Restrepo  como  posible  responsable,  porque  en  una de las misivas  aparecía  como  firmante,  respecto  de  quien además indicó, al parecer tuvo  algún vínculo con una persona que trabajó en el ISS.   

“En  desarrollo de labores investigativas  adelantadas  por  el Departamento Administrativo de Seguridad -DAS-, se dispuso,  el  6  de  mayo  de  2004, un operativo que culminó con la captura de Buriticá  Restrepo,  quien momentos antes había recibido un paquete que simulaba el monto  de   dinero  exigido,  luego  de  entregar  una  carpeta  que  contenía  varios  documentos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía General de la Nación, el  24  de diciembre de 2004, calificó el mérito del sumario con preclusión de la  investigación  a  favor  de  Jesús Antonio Buriticá  Restrepo.   

Apelada  la  anterior  decisión  por  el  apoderado  de  la  parte  civil, ésta  fue revocada por un Fiscal Delegado  ante  el  Tribunal  de  Bogotá  el  10  de  mayo  de  2005 y, consecuentemente,  profirió  resolución  de  acusación contra aquél por el delito de extorsión  agravada en grado de tentativa.   

2.  El  expediente  pasó al Juzgado Octavo  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  que,  el 15 de diciembre de 2009, absolvió a  Buriticá   Restrepo  del  punible  atribuido en la resolución de acusación.   

3.  Apelado el fallo por el apoderado de la  parte  civil,  el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 14 de diciembre de 2010, lo  confirmó en su integridad.   

Contra  la  anterior decisión, este sujeto  procesal interpuso recurso de casación.   

L  A     D E M A N D A      

Con  base  en  la  causal  primera  y en un  único  cargo, la apoderada  de  la  parte  civil acusa al Tribunal de haber violado, de manera indirecta, la  ley  sustancial,  “por  falta de aplicación de los  artículos  27  y  244  del  Código  Penal  (Ley 599 de 2000) normas llamadas a  regular el asunto”.   

Dice  que  el  sentenciador  cometió  un  ostensible  error  de  hecho  derivado  de  un  falso  juicio  de existencia por  omisión,  al  excluir  del  acto  de  valoración  la  confesión realizada por  Buriticá Restrepo, aspecto  que  incidió  en  el  sentido del fallo, yerro que condujo a la vulneración de  los artículos 233 y 289 de la Ley 600 de 2000.   

En  el capítulo que llamó “Medios   de  convicción  omitidos  por  el  ad-quem”,  hace  un  análisis  de  la presunta confesión realizada por el  procesado,  a  partir  de  la  cual  aduce  que  la  misma,  más los documentos  aportados  por  él  durante  el  allanamiento  y registro, apuntan a señalar a  Buriticá  Restrepo como el  autor de delito.   

Después de enunciar los artículos 280 del  Código  de  Procedimiento Penal y 195 de Código de Procedimiento Civil, pasa a  hacer  un  recuento de la actividad procesal en este trámite, resaltando que el  acusado,  desde  el  primer  momento, manifestó que se acogía a los beneficios  por  colaboración,  además  en  su  indagatoria  fue  consistente, enfático y  coherente  en sostener que fue el autor de las misivas enviadas a los concejales  de  Bogotá  y,  a  algunos medios de prensa, que tenia pruebas por el delito de  cohecho  contra  los señores Rodrigo Díaz Sendoya y Guillermo Fino, motivo por  el  cual el dinero que Fino debía entregarle a él era para no denunciarlo a la  fiscalía.   

Anota  que  estamos  ante  una  confesión  “FICTA”.  En  lo  que  denominó  “Presentación del efecto trascendente de  la    omisión    probatoria    en   la   sentencia   atacada”,   añade  que  el  desconocimiento  por  parte  del  Tribunal  de  la  revelación  de  Buriticá,  constituye  un  desfase  dogmático  que  lo  condujo  a desconocer la evidencia  fáctica,  sobre  la  materialidad  del  hecho  punible  y,  concretamente,  del  constreñimiento y utilidad que esperaba  obtener.   

Expresa  que  si  los  actos  idóneos  e  inequívocamente  dirigidos  a  la  consumación  del delito de extorsión no se  realizaron,   no   fue   por   causa   ajena   a  la  voluntad  de  Buriticá   Restrepo,   sino   por   la  intervención  del  Gaula, dado que éste, como lo manifestó en la indagatoria,  desplegó  todas  las  acciones  tendientes  a que Fino le entregará los 50.000  dólares.   

Reitera  que  es nítido el falso juicio de  existencia  en el que incurrió el juzgador de segunda instancia, respecto a los  aludidos  medios  de  convicción,  pues es claro que ellos fueron excluidos del  juicio probatorio, omisión que varió el sentido del fallo.   

Afirma  que  el Tribunal consideró que los  actos  de  Buriticá  eran  atípicos,  dado que estaba cobrando por medios indebidos unos dineros adeudados  por  Fino  Serrano,  producto  de una relación comercial,  afirmación que  vulnera  la regla de la experiencia, según la cual, una persona no tiene porque  solicitar  un beneficio de rebaja de pena por colaboración, cuando es requerida  por el cobro de una deuda.   

Después  de  reseñar  los  elementos  del  delito   de  extorsión,  anota  que  la  fuerza  con  capacidad  de  viciar  el  consentimiento  del  ofendido  es  evidente,   tal  como  lo demuestran los  testimonios  de  Alexander  Hernández y Mario Ramírez, los cuales constatan la  exigencia      económica      en     provecho     de     Buriticá,  situación que llevó a Fino  a  poner  en  conocimiento  de  las  autoridades dicha conducta, a sabiendas que  podía terminar siendo investigado.   

Por lo expuesto, solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada,  y,  en  su  lugar, proferir una de reemplazo, condenado a  Buriticá  Restrepo  como  autor   responsable   del   delito   de   extorsión   agravada   en   grado  de  tentativa.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  Recuérdese  que  dado  el  carácter  extraordinario  de  la  casación, al libelista compete elaborar la demanda bajo  los   estrictos   parámetros  contemplados  en  la  ley  y  decantados  por  la  jurisprudencia.  De  ahí  que  no  basta  con  afirmar que en la sentencia o al  interior  del  proceso  se cometió un error de derecho o de actividad, en tanto  se  debe  demostrar  la  existencia  del  vicio  y su trascendencia frente a las  plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

Cuando la censura se intenta por la vía de  la  violación indirecta de la ley sustancial, al demandante corresponde indicar  la  clase  de error en la apreciación probatoria, es decir, si fue de hecho y/o  de  derecho,  y  el  falso  juicio que lo determinó, esto es, si de existencia,  identidad, raciocinio, legalidad o convicción, respectivamente.   

Cumplido  lo  anterior,  en  el punto de la  trascendencia,  también  implica  una  carga  para el censor demostrar cómo el  vicio  en el acto de la apreciación de las pruebas, condujo a aplicar una norma  extraña  al  debate  y/o  a  excluir otra que resultaba pertinente para con los  hechos objeto de la controversia.   

De  manera  que  si  no  se  cumple con los  anteriores    derroteros,    sin    duda,   se   impone   la   inadmisión   del  libelo.   

2. En el supuesto que ocupa la atención de  la  Corte, resulta claro que el único cargo presentado por la demandante contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  no  reúne  los anteriores presupuestos,  razón por la cual, desde ya, se anuncia su inadmisión.   

De acuerdo con los argumentos expuestos como  sustento  de  la  censura, la Sala avizora que la inconformidad de la recurrente  radica  en  el  poder suasorio que el juzgador otorgó a las explicaciones dadas  por  el acusado, las cuales, al ser cotejadas con los demás elementos de juicio  incorporados  válidamente  a  la  actuación,  lo llevaron a concluir que no se  puede predicar la existencia del delito de extorsión.   

Según los presupuestos de lógica y debida  fundamentación,  la  demandante  no  cumplió  con  la  carga  de demostrar los  presuntos  errores  en  que  incurrió  el  sentenciador  al  apreciar la unidad  probatoria.   Es   verdad   que   indica  que  la  indagatoria  de  Buriticá  Restrepo fue excluida del acto  de  valoración,  pero  pasa por alto que el hecho contenido en esa probanza fue  objeto    de    debate,   al   punto   que   se   dedujo   la   atipicidad   del  comportamiento.   

En  efecto,  el  Tribunal  estimó  que los  hechos  narrados  por el denunciante, no resultaban acordes con las reglas de la  experiencia,  dada  la manera como presuntamente ocurrió la exigencia ilícita,  el  posible  autor  de  los hechos  y el acto de entrega del dinero, por lo  que resultaba evidente la inexistencia del mencionado delito.   

Frente a este tema vale resaltar las razones  del sentenciador de segunda instancia, así:   

“Considera  la  Sala  que  no  se  hace  necesario  acudir  a  más  elaborados  argumentos  para  confirmar la sentencia  absolutoria,  por  encontrar  que efectivamente la facultad de determinación de  Guillermo  Fino,  no  se  vio  comprometida con los actos desplegados por Jesús  Buriticá Restrepo, por lo siguiente:   

“1.   En  la  denuncia  presentada  por  Guillermo  Fino,  el  27  de  marzo de 2004, informó que a partir de octubre de  2003  empezaron  a  llegar  a  su  oficina escritos amenazantes en los que se le  exigía  una  cantidad de dinero, a cambio de no denunciar unos supuestos hechos  ilícitos  cometidos  en  la DIAN y en el ISS durante el tiempo que él estuvo a  cargo  de esas entidades; asimismo, que, de no efectuarse el pago de lo exigido,  se       generaría       un      ‘escándalo    ante    los   medios   de   comunicación’   y   se   enviarían  anónimos  a  diferentes personas y empresas para afectarlo.   

“Sostuvo  que  en principio no le prestó  atención  a  ese  asunto,  pero  que  para  los  meses de noviembre y diciembre  nuevamente  le  enviaron  misivas en ese sentido, con amenazas más concretas, y  en  enero  de 2004, fueron remitidos documentos con supuestas denuncias a varias  personas  allegadas  a  él,  entre ellas a Luis Guillermo Rodero, Gerente de la  firma  Inversora  de Valores, de la cual era socio; Javier Ayala, Comisionado de  Televisión;  Jorge  Durán,  Samuel  Arrieta, Angélica Tovar y Soledad Tamayo,  Concejales de Bogotá.   

“Informó  también  que  el  victimario  suministró  la  dirección  de  correo electrónico: art444cI@hotmail.com, a la  que  ‘aparentemente le han  escrito  para  solicitar  las  pruebas  de  corrupción el senador Cáceres y la  periodista    Gloria    Congote    de    la    revista    Semana    ’,  de  lo  cual  el  denunciante  se  enteró   porque   el   extorsionista    envió   copia   de   ‘los              mensajes  electrónicos’.   

“Con relación a esto debe decirse que, de  acuerdo  con  la  experiencia,  quienes  se  dedican  a  delitos  como el que se  atribuye,  esperan  a  conseguir el fin ilícito patrimonial perseguido a cambio  de  no hacer efectivas las amenazas, contrario a lo acontecido en el sub judice,  en  donde  el  presunto extorsionador primero cumplió las amenazas, enviando la  documentación  que  soportaba las denuncias de corrupción a personas allegadas  a  la víctima, así como a un Senador de la República y a una periodista, para  luego  exigir  el monto de dinero; es decir, escapa a toda lógica que si el mal  prometido  ya  había  tenido ocurrencia ¿qué fuerza coercitiva le quedaría a  la  amenaza  para  obtener  la  entrega  del capital?, la respuesta es diáfana:  ninguna.   

“2.  El  denunciante  refirió igualmente  que,  aunque  no  tenía  seguridad,  ‘por  algunos  indicios [creyó] identificar a una persona de nombre  Jesús     Buriticá     como     autor     de     la     extorsión’,  ya  que uno de los tantos escritos  aparece  firmado  con  ese  nombre,  a quien dijo no conocer pero que al parecer  tuvo  un  vínculo  con  alguien  que trabajó en el ISS; esto simplemente no es  verdad  porque,  recuérdese,  el  denunciante  por  intermedio  de  Luis  Mario  Ramírez      Leal,     quien     se     hizo     pasar     por     ‘Jorge’,  había  conseguido  contactar  al  ‘extorsionador’,  de  quien  conocía  de  antemano  su  abonado  telefónico y la  dirección  de su oficina, para pactar la entrega del monto de dinero requerido,  a  cambio  de los documentos originales con los que se demostraban las presuntas  irregularidades  cometidas  en  la  DIAN y el ISS. De ahí que tiene razón el a  quo  al  afirmar  que  no se trataba de correos anónimos, porque se conocía su  procedencia.   

“Además,   ninguno   de  los  escritos  aportados  por  Fino  y  por  Ramírez  Leal,  está  suscrito con el nombre del  procesado,  contrario  a  lo afirmado en la denuncia. Sumado a ello debe tenerse  en  cuenta  que  quedó  demostrado  que  existió  un  vínculo comercial entre  Guillermo     Fino     y     Buriticá,     el    que    surgió    ‘a    mediados    de    enero    de  2002’,  como lo declaró  Claudia  Hernández,  ex  esposa de Buriticá y ex empleada del ISS, del cual se  generó  una  deuda que nunca fue saldada por Fino. Si a ello se añade que Fino  mantuvo  comunicación  con  Claudia,  incluso  dos  meses antes de presentar la  denuncia,  no  puede  considerarse  cierto  que  desconociera  la  identidad del  supuesto  extorsionador y la procedencia de los documentos originales que estaba  utilizando.   

“Por  último,  resulta  a  todas  luces  insólito  que  el  victimario  hubiese  dispuesto  su  residencia como sitio de  encuentro  con  el  emisario  del  afectado,  ya  que,  apelando nuevamente a la  experiencia,  quienes  despliegan  acciones  extorsivas  buscan mantenerse en el  anonimato,  evitando  brindar  información  sobre  su  paradero, contrario a lo  acontecido en este asunto.   

“3.  Otro  indicio  de  que  las acciones  desplegadas  por  el  enjuiciado  no  tenían  ni  tuvieron  la potencialidad de  afectar  la  autodeterminación  de quien se ha querido presentar como víctima,  se  construye  del  hecho  indicador de que el afectado no acudió prontamente a  las  autoridades  a  poner  en  conocimiento  los actos ilegales irrogados en su  contra, sino que les dio prolongado manejo.   

“Esta  pasividad  con  la que actuó Fino  contrasta  con  su  formación  como abogado y su trayectoria directiva; esperó  más  de  seis  meses  para  interponer  la  denuncia,  tiempo  durante  el cual  adelantó  varias  diligencias,  acudiendo  a  Luis  Mario  Ramírez Leal, quien  sostuvo      ‘tres  entrevistas’     y  conversaciones  telefónicas con Buriticá, en lugar de actuar como lo haría un  ciudadano  de  bien,  poner  en  manos  del  órgano  de  persecución  penal el  adelantamiento de una investigación por el supuesto delito”.   

De tal manera, si la libelista estimaba que  las  conclusiones probatorias a las que arribó el juzgador, en orden a concluir  en  la atipicidad del comportamiento, trastocaron los postulados que informan la  sana  crítica,  entonces  debió postular la censura por los senderos del error  de  hecho  por falso raciocinio, indicando cuál fue el principio de la lógica,  el  postulado  de  la  ciencia  y/o la máxima de la experiencia quebrantada, de  qué   manera   lo   fue  y  su  incidencia  con  la  parte  dispositiva  de  la  sentencia.   

En tales condiciones, deviene necesariamente  la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se viola derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por la apoderada de  la  parte  civil,  por lo anotado en la motivación de  este proveído.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                        

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                             MARIA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

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