36858(01-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso nº 36858  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                            Aprobado acta N° 269.   

Bogotá,  D.  C., primero (1º) de agosto de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación  de la demanda de casación presentada por el defensor  de   MARIO   DE   JESÚS   POLO   DAZA   contra  la  sentencia del 10 de febrero de 2011, mediante la cual el  Tribunal  Superior  de Barranquilla confirmó el fallo proferido el 4 de mayo de  2010  por  el  Juzgado  Quinto  Penal del Circuito Adjunto de la misma sede, que  condenó  al  procesado  a  las  penas  principales  de  64  meses de prisión e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autor  del  delito  de  falsedad  ideológica  en documento  público.   

HECHOS  

          De   acuerdo  con  los  términos  de  la  acusación,  MARIO   DE   JESÚS   POLO  DAZA,  abogado  calificador   de   la   Oficina   de   Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Barranquilla,  realizó  el  29  de  junio  de  2001  en  el folio asignado a la  matrícula  inmobiliaria  34865  la  anotación  número  9  relacionada  con la  compraventa  constante  en la escritura 837 del 13 de los mencionados mes y año  otorgada  en  la  Notaría  Única  del Circulo de Santo Tomás por José  Jairo Cifuentes Cifuentes a favor de  José    Jairo    Cifuentes   Delgado   y      Jairo      León      Cifuentes  Delgado,   anotación   que  no  correspondía  a  la  realidad,  pues no cumplió los trámites registrales establecidos en el Decreto  1250 de 1970.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El trámite de la investigación estuvo a  cargo  de  la  Fiscalía  34 Seccional de Barranquilla, despacho judicial que la  inició  el  4  de  enero de 2002 y en su desarrollo escuchó en declaración de  indagatoria  de  MARIO DE JESÚS POLO DAZA.   

2.  A  través  de  sustanciatorio del 12 de  marzo  de 2003, el fiscal instructor, para entonces el 52 Seccional, decretó el  cierre  de  la investigación y calificó el mérito del sumario el 23 de agosto  de  2004  con resolución de acusación contra MARIO DE  JESÚS   POLO   DAZA,   por  el  delito  de  falsedad  ideológica   en   documento  público.  En  la  misma  decisión  le  precluyó  investigación  por  los  ilícitos de uso de documento público falso, estafa y  peculado por apropiación.   

3.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  Adjunto de Barranquilla, cuyo  funcionario  surtió las fases subsiguientes de la actuación, poniendo término  a  la  instancia  mediante  la  sentencia  del  4  de  mayo  de  2010, decisión  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  el  10  de febrero del cursante año al  desatar la apelación interpuesta por la defensa.   

4. Contra el fallo de segundo grado el mismo  sujeto  procesal  promovió  el  recurso  extraordinario  de  casación, el cual  sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal,  amparándolo en la causal tercera de casación de la Ley 600 de 2000.   

          Al  efecto  sostiene  que  la  sentencia  fue  dictada  en un juicio  viciado  de  nulidad,  pues  cuando  arribe  el  proceso  a la Corte Suprema con  ocasión  de esta demanda ya habrá operado el fenómeno de la prescripción, si  se  tiene  en  cuenta que para entonces estarán cumplidos los 6 años y 8 meses  requeridos por la ley para ello.   

          Lo  anterior,  según afirma, porque la ejecutoria de la resolución  de  acusación  se produjo el 9 de diciembre de 2004, fecha en la cual ya no era  procedente  ningún  recurso,  y ello no obstante que el interpuesto se declaró  desierto el 11 de enero de 2005.   

          El  actor  fundamenta  su  criterio  en  jurisprudencia  de la Sala,  acorde  con  la cual si la prescripción de la acción penal se produce después  del  fallo de segunda instancia la legalidad del mismo no es discutible por vía  de casación.   

          A  manera  de  capítulo  final,  el  demandante  argumenta  que  la  actuación  está  viciada  desde  la decisión mediante la cual se clausuró la  instrucción,   pues  se  adoptó  esa  medida  sin  previamente  resolverse  la  situación  jurídica  al  procesado,  a lo cual estaba obligada la Fiscalía de  conformidad  con  lo dispuesto en el numeral 1º del artículo 354 de la Ley 600  de  2000  y  habida  cuenta  que el delito por el cual se procede tiene prevista  pena de 4 a 8 años de prisión.   

          En  su apoyo trae a colación la decisión de la Sala del 4 de marzo  de 2009, dictada dentro del radicado 27539.   

          Finaliza   solicitando  declarar  la  prescripción  de  la  acción  penal.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

         De  acuerdo  con  la  resolución de acusación y las sentencias de  instancia,   los   hechos  ocurrieron  en  junio  del  año   de   2001,     es    decir,    antes  del  24  de  julio  de esa anualidad, fecha en que empezó a  regir el Código Penal expedido mediante la Ley 599 de 2000.   

         Para  esa  época estaba rigiendo el Código Penal de 1980, en cuyo  artículo  219  sancionaba  el  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  con  prisión  de 3 a 10 años, en contraste  con  el artículo 286 del estatuto punitivo de 2000, que lo reprime con prisión  de  4 a 8 años.   

         Tanto  la Ley  553   de  20001,  vigente  cuando  ocurrieron  los hechos, como la Ley   600  de  2000  (art.  205)  establecen  que       la       casación      común  u  ordinaria  procede  para delitos  cuya   pena   máxima   privativa  de  la  libertad  sea  superior  a  ocho  (8)  años.   

         Lo  anterior  significa  que en el presente evento, por aplicación  favorable  de  la ley en forma ultraactiva,   resultaba  procedente  acudir  a  la  mencionada  modalidad  del  recurso  extraordinario  de  casación, como  en  efecto lo hizo el censor, luego  ningún     cuestionamiento    cabe    formularle cuando actuó en ese sentido.   

          Lo  expuesto,  empero,  no  implica que la demanda objeto de estudio  deba  admitirse,  pues  para  ello  se  hacía  necesario el cumplimiento de los  presupuestos  establecidos  en  el  artículo  212  del Código de Procedimiento  Penal  de 2000, cuyo numeral 3º exige la redacción del libelo en forma lógica  y  coherente,  normativa  al  amparo de la cual la jurisprudencia de la Corte ha  establecido    unas   pautas   de   fundamentación,   que   no   satisface   el  libelista.   

          En  efecto,  la  Sala ha sido insistente en señalar que el ataque a  través  del  cual  se  busca  la declaratoria de la prescripción de la acción  penal   debe   proponerse   por  vía  de  la  causal  tercera  de  casación  y  desarrollarse  conforme  a  la  técnica de la causal primera, aquello porque la  continuación  de  la actividad judicial más allá del momento en que el Estado  pierde  la  potestad  punitiva vulnera el debido proceso y lo segundo por cuanto  la   anomalía   solamente   puede   provenir  de  la  inadecuada  interpretación  o  aplicación de normas concretas, o por el camino  del            yerro            probatorio2.   

En  el  presente  evento,  el  demandante no  cumplió  debidamente  la  regla  de  fundamentación antes señalada, porque se  limitó  a proponer el reproche por vía de la causal tercera, sin desarrollarlo  conforme  a  la técnica de la causal primera, lo cual lo obligaba a precisar si  el  error  devino  de  la  violación directa o indirecta de la ley sustancial y  luego  emprender  la  fundamentación  que  corresponde  a  la  modalidad  de la  infracción seleccionada.   

En  todo  caso,  teniendo  el  recurso  de  casación  como  finalidades,  de acuerdo con lo establecido en el artículo 206  de  la  Ley 600 de 2000, la efectividad del derecho material y de las garantías  debidas  a  las personas que intervienen en la actuación penal, la unificación  de  la  jurisprudencia  nacional  y  además  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las partes con la sentencia demandada, se impone también examinar  como  requisito de admisibilidad de la impugnación si la postulación se dirige  a alcanzar alguno de esos fines.   

Al  efecto,  necesario  se  hace efectuar un  juicio  negativo,  porque el reproche se sustenta no por la ilegalidad del fallo  impugnado,  sino sobre la eventualidad de que la prescripción se presente antes  de  que  el  proceso arribe a la Corte, lo cual quiere decir que la sentencia de  segunda  instancia  no  contiene  agravio  alguno  que  habilite  cuestionarlo a  través del recurso extraordinario de casación.   

Como lo admite el propio recurrente, la Sala  tiene  claramente  precisado que cuando la prescripción opera con posterioridad  al  fallo  de  segunda  instancia, no resulta viable su impugnación por vía de  casación,  pues  ese  medio  de  defensa  judicial se instituyó para juzgar la  corrección  de la sentencia, lo cual no incluye eventualidades ulteriores, como  la    prescripción    de    la   acción   penal   dentro   del   término   de  ejecutoria3.   

Si eso último ocurre, deberá el funcionario  judicial  ante el cual se tramita el proceso declarar su ocurrencia, de oficio o  a  petición  de  parte.  Y al efecto observa la Corte que dicho fenómeno no se  presenta  en  este  caso,  pues  la  ejecutoria de la resolución de acusación,  contrario  a lo sostenido por el defensor del acusado, se produjo el 31 de enero  de  2005,  fecha  en  que  adquirió  firmeza la resolución mediante la cual la  Fiscalía  declaró  desierto  el  recurso  de  apelación interpuesto contra el  pliego  acusatorio,  cuya declaratoria –advertido  sea-  resulta  imperiosa,  pues sólo de esa manera se da  por  culminado  el trámite de impugnación así formulado, como se desprende de  lo  establecido  en  el  inciso  segundo  del  artículo  194  de  la Ley 600 de  2000.   

Siendo  así  la situación, se tiene que la  prescripción   de  la  acción  penal  solamente  se  consolidaría  el  30  de  septiembre  de  2011,  pues  el término llamado a tener en cuenta en este caso,  atendida  la  condición  de  servidor  público  mediante  la  cual  actuó  el  procesado,  es  de  6  años  y  8 meses de prisión, conforme la jurisprudencia  vigente          de          la         Sala4.   

Ahora bien, con evidente desconocimiento del  principio  de  autonomía  que  rige  en esta sede extraordinaria, acorde con el  cual  no  resulta  admisible  mezclar  en  un  mismo cargo argumentos propios de  motivos  casaciones  diferentes,  el actor refiere al final de la censura que la  actuación  está  viciada de nulidad desde la decisión a través de la cual se  clausuró  la  instrucción,  porque la Fiscalía omitió resolver la situación  jurídica  al  sindicado,  lo cual surgía en este caso imperioso a la luz de lo  dispuesto  en  el  numeral  1º  del  artículo 354 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000,  atendida  la  pena mínima prevista para el delito de falsedad  ideológica en documento público.   

De  cualquier  forma, debe señalarse que la  postulación  del libelista carece a todas luces de fundamento, pues, como está  visto,  los  hechos  ocurrieron en vigencia del Código Penal de 1980 y para esa  época  el mencionado punible estaba sancionado con prisión de 3 a 10 años, es  decir,  el mínimo allí previsto era inferior a 4 años, luego no desbordaba el  límite  que  hacía  necesario  resolver  la situación jurídica acorde con el  artículo  357  de  la  Ley  600  de  2000,  sin que, por demás, dicho ilícito  estuviera incluido en el listado allí relacionado.   

         

          Los  defectos  de fundamentación advertidos en la demanda conducen,  en suma, a su inadmisión y en ese sentido se pronunciará la Sala.   

         Casación oficiosa:   

         Observa  la  Corte  que  el  juzgado  de  primera  instancia  cuando  dosificó  la  pena  vulneró  los  principios  de  favorabilidad  y  legalidad,  garantías  de  estirpe  constitucional  a  cuyo restablecimiento debe acudir de  inmediato  la  Sala,  como  quiera  que  el  Tribunal inadvirtió tal quebranto.   

          En   efecto,   el   a   quo  aplicó  en este caso la punibilidad prevista en el Código Penal de  2000,  a  pesar  de  resultar  más desfavorable para el acusado, pues, conforme  quedó   analizado   atrás,  esa  normativa  sanciona  el  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  con  prisión  de  4 a 8 años (art. 286),  mientras  el  estatuto  punitivo  de  1980  lo penalizaba con prisión de 3 a 10  años       (219).       Aun       cuando      el      extremo      máximo        previsto   en   la  segunda  de  esas  disposiciones  es  superior  a  la  establecida  en  la primera,  es  lo  cierto que en este  particular  caso  el  precepto de la codificación de  1980   se   torna   más  benéfico,  atendiendo que el fallador seleccionó la  sanción  dentro  del  cuarto  mínimo.  Así lo tiene  dicho    la    jurisprudencia    de    esta Corporación:   

         “En  estas  condiciones, se observa que el comportamiento punible  correspondiente  al de estafa agravada resulta ser el que contempla la pena más  alta,  pues  el  ámbito  de  movilidad punitiva abarca 164 meses, los cuales se  inician  en  un  límite  mínimo  de  16  hasta  un  máximo de 1805,   meses  conforme  los  artículos 356, en asocio con el 372-2  del  Código  Penal de 1980, norma que para efectos de individualizar la pena es  más  favorable  que  el  artículo  246  de  la  Ley  599  de  20006, toda vez que  si  bien  es cierto esta última tiene una pena máxima inferior, también lo es  que  en  este  caso  particular, la pena que se impondrá al procesado habrá de  ubicarse  dentro  del  cuarto mínimo, motivo por el cual la sanción definitiva  será  más  favorable  que  si  se  tomara  la  norma  del  Código  Penal  hoy  vigente”7.   

          Pero,  adicionalmente,  el  fallador  incrementó la sanción en una  tercera  parte,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  quinto del  artículo  83  del  mismo  estatuto  represor,  esto  es,  por  haber actuado en  condición  de  servidor  público, no obstante que ese precepto no contempla un  fundamento  modificador  de  la  pena,  sino solamente aumenta en la proporción  allí fijada el término de la prescripción de la acción penal.   

          La   Sala,   por  tanto,  como  ya  lo  anunció,  corregirá  tales  desaguisados,  tasando  la sanción con fundamento en el Código Penal de 1980 y  excluyendo   el   incremento   realizado   por   el  a  quo,  para  lo  cual  se  ceñirá  a  los parámetros  dosimétricos aplicados en el fallo.   

          Como  esos  criterios  se  contrajeron  básicamente  a  imponer  el  mínimo  legal  dentro  del  cuarto  inferior,  la Sala irrogará a MARIO  DE  JESÚS POLO DAZA la pena de tres  (3) años de prisión.   

          En  ese  mismo monto se fijará la inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  aplicada  también  por  el juez, pero se  precisará  que  esa  sanción reviste carácter accesorio, pues a diferencia de  lo  ocurrido  en el artículo 286 del Código Penal de 2000, en el artículo 219  del estatuto de 1980 no está prevista como principal.   

          La  redosificación  punitiva antes efectuada conlleva al imperativo  de  analizar  si el acusado se hace o no acreedor al subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  negado  en  el  fallo de primera  instancia  exclusivamente por cuanto la pena excedía de 36 meses, es decir, por  no cumplir el aspecto objetivo.   

          Al  respecto,  estima  la  Sala  que se satisfacen las exigencias de  carácter  subjetivo  contempladas en el artículo 63 del Código Penal, pues el  procesado  carece de antecedentes de todo orden y se trata de un profesional con  una   familia  estable,  según  así  consta  en  su  diligencia  de  inquirir,  situaciones   de   las  cuales  se  infiere  que  no  incurrirá  nuevamente  en  trasgresión  a  la  ley  penal,  lo  cual  lo  confirma  el hecho de no tenerse  conocimiento  acerca de la realización de comportamientos de esa naturaleza con  posterioridad  a  los  sucesos  aquí  juzgados.  Por lo demás, la naturaleza y  modalidades  del  hecho  punible  no  revisten  características  de  particular  significación  que  hayan  afectado  en grado sumo el bien jurídico tutelado a  través  de la norma infringida, al punto que el juzgado de primera instancia le  impuso la pena mínima.   

          En   consecuencia,   se   concederá   al   aludido  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena por un período de prueba de tres (3)  años,  para  cuya efectividad deberá prestar caución en cuantía de cinco (5)  salarios  mínimos legales mensuales y suscribir diligencia de compromiso en los  términos del artículo 65 del estatuto punitivo de 2000.   

          En  resumen,  de  oficio  y  de  manera  parcial  la Sala casará la  sentencia impugnada en los sentidos antes indicados.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  MARIO DE JESUS POLO  DAZA.   

         2.  CASAR  oficiosa  y  parcialmente  la  sentencia en los siguientes sentidos:   

        –  FIJAR en  tres  (3) años las penas  de  prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas,  precisándose  que  esta  última  se  impone  a  título accesorio.   

        –  CONCEDER  a  POLO DAZA,  en las condiciones y términos señalados en la parte motiva de  la  presente  decisión, la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

3.-            DECLARAR     que    los    restantes  ordenamientos de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

                      

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL     ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Empezó   a   regir   el   13   de   enero   de  ese  año.   

2 Cfr.  Auto  del  9  de  noviembre de 2006, radicación 26198. En el mismo sentido auto  del 2 de julio de 2008, radicación 29598.   

3  Sentencia de 30 de junio y auto de 8 de septiembre de  2004,  Rad.  Nº 18368 y 22588 respectivamente. En el mismo sentido, auto del 15  de mayo de 2008, radicación 29486.   

4  Sentencia  del  25  de  agosto  de  2004, radicación  20673.   

5 Así  resulta  luego  de  aplicar  la regla de que trata el artículo 60-4 del Código  Penal  de  2000  al  artículo  356,  en asocio con el 372, del Código Penal de  1980:  “si  la pena se aumenta en dos proporciones,  la  menor  se  aplicará  al  mínimo  y  la  mayor al máximo de la infracción  básica”.   

6  Según  el  Estatuto Sustantivo de 1980, la pena para el delito de estafa oscila  entre  1  y  10  años, mientras que la agravación por razón del artículo 372  incrementa  ese  rango de la tercera parte a la mitad.  En el Código Penal  de  2000,  la  estafa  tiene  fijada una pena que abarca desde los 2 hasta los 8  años,  en tanto que, por virtud de la agravación, dicho rango se incrementa de  la tercera parte a la mitad.   

7  Sentencia  del  3  de  diciembre de 2009, radicación  30816.     

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