36493(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso nº 36493  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 340  

Bogotá, D. C., veintiuno (21) de septiembre  de dos mil once (2011)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Guillermo  Albeiro de Jesús Álvarez Tejada, contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín, el 10 de marzo de  2011,  mediante la cual confirmó parcialmente la proferida por el Juzgado Sexto  Penal  del Circuito de la misma ciudad, el 17 de agosto de 2010, que lo condenó  como  autor  de  las conductas punibles de fraude procesal, falsedad material en  documento   público,   estafa   agravada   y  falsedad  en  documento  privado.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“Mediante denuncia formulada por el señor  Alcides  Ocampo,  indicó  que  el  señor Guillermo de Jesús Álvarez Ruiz, es  propietario    de    una    finca    situada    en    el   paraje   ‘Pajarito’,  del  corregimiento  Robledo de este  municipio,  de  lo  cual da cuenta la escritura pública No. 301 del 22 de enero  de  1955  de  la  Notaría  Primera  del  Círculo  de Medellín, con matrícula  inmobiliaria  No.  01N-523811Z. Asimismo adquirió un lote aledaño en el paraje  ‘La  cuchilla’, fracción Robledo de este municipio,  mediante  escritura 6851 deI 5 de noviembre de 1957, matrícula inmobiliaria No.  01N-1222274.   

“Inmuebles  de los cuales se recibían las  facturas  de impuesto predial y sólo para el primer trimestre del año 2009, se  percataron  que  no  llegaron.  Al  indagar  por  ello  encontraron  que las dos  propiedades  habían  sido  adquiridas  por el señor GUILLERMO ALBEIRO ÁLVAREZ  TEJADA,  mediante  escritura pública No. 7450 del 27 de diciembre de 2004 de la  Notaría  Primera  de  Medellín,  donde  el señor Álvarez Ruiz aparecía como  vendedor,  siendo ello registrado en la oficina de Instrumentos Públicos en las  matrículas  inmobiliarias Nos. 01N122274 y 01N- 5238117 el día 21 de noviembre  de  2008.  Además  aparece  registrada  en la matricula 01N-122274 la escritura  pública  240  del  27  de enero de 2009, de la Notaría Cuarta de Medellín, de  constitución  de  hipoteca  a  favor  del señor Juan David Echeverry Villa por  valor  de  $  100.000.000,00 como también en la matrícula 01N-5238117 y por la  escritura  pública  No.  207  del  2  de  febrero de 2009, hipoteca a favor del  señor  Mario  Alejandro  González  Patiño  por el valor de $ 50.000.000,oo en  ambas matrículas.   

“Indicó  el  denunciante  que  el  señor  Álvarez  Ruiz  nunca  celebró  estos  actos  comerciales con Albeiro de Jesús  Álvarez, quien fue criado por él, al ser hijo de una sobrina.   

“Sobre  la  escritura  7450  del  27  de  diciembre  de  2004 de la Notaría Primera del Círculo de Medellín, aparece en  los  folios  que allí reposan que la misma pertenece a la compraventa celebrada  entre  las  señoras  Ana,  Maria  Rocío  y  Alba Lucía Zuluaga Baena y Alonso  Betancur     Escobar,     de     un     apartamento     con     matricula    No.  0010053330”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la fiscalía  presentó  escrito de acusación  contra Guillermo  Albeiro  de  Jesús  Álvarez Tejada por los delitos de  fraude  procesal,  falsedad  material  en  documento público, estafa agravada y  falsedad en documento privado.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del   juicio  oral,  el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  con  función  de  conocimiento  de Medellín, el 17 de agosto de 2010, dictó sentencia de primera  instancia  en  la  que  condenó a Guillermo Albeiro de  Jesús  Álvarez  Tejada a las penas principales de 108  meses  de  prisión, multa de 210 salarios mínimos legales mensuales vigentes y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el mismo lapso de la privativa de la libertad, como autor de las  conductas  punibles de fraude procesal, falsedad material en documento público,  estafa agravada y falsedad en documento privado.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor del  procesado,  el  apoderado de las víctimas y el Ministerio Público, el Tribunal  Superior  de  Medellín,  el  10  de  marzo  de  2011, al desatar el recurso, lo  modificó,  en  cuanto  a  la  pena  privativa de libertad, puesto que impuso al  proceso  104  meses  de  prisión;  igual  término determinó para la accesoria  anteriormente referenciada.   

Contra  la  anterior  decisión, el defensor  interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

Al amparo de la causal  tercera, según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de  2004,  presenta un único   cargo,  a  través  del cual  acusa   al   Tribunal  de  haber  transgredido,  de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial,  por  “incurrir en ostensibles errores de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad y raciocinio en la apreciación de las  pruebas”,   yerro  que  derivó  en  la  aplicación  indebida  de  los  artículos  246, 287, 289 y 453 del Código Penal y, falta de  aplicación    del    7°,    inciso   2°,   del   Código   de   Procedimiento  Penal.   

Dice  que  hubo un falso juicio de identidad  respecto  de  la  declaración de Guillermo de Jesús Álvarez Ruiz, dado que se  le  dio  un  alcance que no emerge de su narración, lo cual condujo a que se le  otorgara unos efectos que no se desprenden de su tenor literal.   

Después de relacionar apartes del testimonio  y  analizarlo,   afirma  que se cercenó el contenido objetivo, haciéndole  decir menos de lo que enseñaba.     

Sostiene que hubo un falso raciocinio frente  a  las  declaraciones  rendidas  por  Jesús  Otilio  Ruiz Restrepo y Orlando de  Jesús  Villada  Molina, “por desconocimiento de una  ley científica”.   

A   continuación  hace  referencia  a  la  documentación  forense,  la grafología y  la dactiloscopia, aduciendo que  los  juzgadores  consideraron probada la falsedad de la promesa de compraventa y  la  escritura 7450 del 27 de diciembre de 2004, con base en las versiones de los  notarios  que  aparecen  suscribiéndolas  y  dando  fe de ellas, lo cual, en su  sentir,    debió   “obedecer   a   una   actividad  racional…,   evaluando   los  procedimientos  utilizados  para  establecer  su  aceptabilidad en el proceso y su correlativo juicio critico”.   

Luego  de explicar el concepto de creencias,  las  convicciones,  la  comprensión  y  la  teoría del conocimiento, acota que  sólo   la   prueba   científica,   esto   es,   dactiloscopia,  grafología  y  documentológica,   pueden  determinar  con  exactitud  si  los  documentos  son  espuréos,  concluyendo  que  las instancias suplantaron la prueba pericial, por  la declaración de los  notarios.   

Comenta  que  si  se  hubiese  seguido  los  lineamientos  de  la ciencia forense  ante enunciados, se habría concluido  inevitablemente   que   la   falsedad  en  la  promesa  de  compraventa  no  fue  plenamente  probada  en  el  juicio.   

De otro lado, pasa a citar el testimonio del  perito  Héctor Ariel Vargas Piramanrique, a partir del cual anota que los datos  suministrados  crean serias incertidumbres y cavilaciones acerca de si el señor  Guillermo  de  Jesús Álvarez Ruiz realmente suscribió los documentos tildados  de  falsos,  razón  por  la  cual  reclama  la  aplicación del principio   in       dubio       por       homine.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en su lugar, absolver a su defendido de los cargos por  los que fue condenado.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación se concibe como un medio   

de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines, con lo cual adquiere una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia de los vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

En  cuanto  a  los  errores  en la actividad  probatoria,  estos  pueden tener como génesis yerros de hecho o de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o,  se  supone otro que no desfiló en el debate, se tergiversa su  contenido   material,  haciéndose   derivar   una   verdad   que   no  emerge  del  mismo o, cuando se aprecia en abierta  contrariedad    con    las   reglas   que   rigen   a  la  sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la norma.   

Así mismo, en el punto de la postulación de  la  censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase del error y el falso  juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto a la trascendencia del  vicio,  evidenciar  cómo  los  medios  de  prueba  de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  el  fallo necesariamente habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y,  por  último,  también  le  corresponde  indicar  a  la Corte cómo el vicio incidió en la aplicación del derecho, esto  es,  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  se  excluyó  otra  que  sí  resolvía  todos  los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

Respecto  al error de hecho por falso juicio  de  identidad, valga resaltar que el mismo ocurre cuando el juzgador al apreciar  la  prueba  en  su  expresión  material, distorsiona su contenido fáctico, por  adición,  cercenamiento  o  transmutación  del mismo, haciendo que diga lo que  materialmente no dice.   

Por  su  parte,  el  error  hecho  por falso  raciocinio,  se  presenta cuando el juzgador al estimar el elemento de juicio se  aparta  abiertamente de las reglas de la sana crítica, en la determinación del  mérito  probatorio, o en la construcción de inferencias lógicas en este campo  y,  por  tanto,  cuando  se plantea esta clase de yerro en casación, la demanda  debe satisfacer, al menos, los siguientes contenidos:   

“Uno,   el  señalamiento  específico de la prueba o de la inferencia lógica en la cual se  presentó  el error, con el plus de que si lo denunciado es un error en la   construcción  de  un  indicio,  deberá  precisarse  en  qué  fase del proceso  intelectual  de su construcción tuvo lugar: si en el análisis de la prueba del  hecho indicador o en la obtención de la inferencia lógica.    

Dos, la indicación precisa de la regla de la  sana  crítica  que  fue  quebrantada por los juzgadores de instancia, exigencia  que  implica  identificar  a  su turno el postulado de la lógica, la máxima de  experiencia,  o el principio de la ciencia que los juzgadores dejaron de aplicar  o    aplicaron   indebidamente   en   el   proceso   de   apreciación   de   la  prueba.     

Tres,  la  acreditación de la trascendencia  del  error,  que  comporta tener que valorar de nuevo el conjunto probatorio que  sirvió  de  fundamento a los juzgadores de instancia para llegar a la decisión  cuestionada,   con   exclusión  del  error  denunciado,  para  mostrar  que  la  conclusión  habría  sido  distinta de no haberse presentado el atentado contra  las     reglas     de     la     sana    crítica2”.   

Aclarado  lo anterior, surge evidente que el  único  cargo  planteado  contra  el  fallo  de  segunda instancia no reúne los  presupuestos  de lógica y debida fundamentación, toda vez que el censor en vez  de  enseñar en qué consistió el error de hecho por falso juicio de identidad,  esto   es,  la  distorsión  cometida  en  la  prueba  que  señala,  dedica  su  demostración  en presentar una personal opinión, con relación al mérito dado  al  testimonio  de  Guillermo  de  Jesús  Álvarez  Ruiz,  sin que demuestre la  existencia del citado vicio en la actividad probatoria.   

Es decir, de esa pluralidad de argumentos no  emerge  el  denunciado error y,  menos, la trascendencia del mismo frente a  las conclusiones adoptada en el fallo.   

Tampoco fue afortunado en la fundamentación  del  error  de  hecho por falso raciocinio, habida cuenta que si bien indica que  el  sentenciador, al valorar  varios testimonios, vulneró principios de la  ciencia,  de  todas  formas  no  indicó a qué postulado se refería y cómo el  mismo incidió en el juicio de responsabilidad contra el procesado.   

Así  mismo,  como si la casación fuera una  instancia  más  del  proceso, critica al sentenciador por haber concluido en la  falsedad  de  los documentos, sin tener en cuenta la prueba pericial allegada al  respecto.   

De  tal manera, surge fácil concluir que la  inconformidad  del  casacionista  recae  sobre  el mérito dado a las probanzas,  disparidad  de  criterios  que, como se sabe, no constituye yerro en orden a ser  postulado  en  esta  sede, a menos que se vislumbre que las inferencias tuvieron  génesis  en  trasgresiones  de las reglas que informan la sana crítica, evento  que aquí no ocurrió.     

En   tales   condiciones,   se  impone  la  inadmisión                                 de                                la  demanda.               

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se violaron  los  derechos  o  las  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo   para   decidir   de  fondo,   según  lo  dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado   Guillermo   Albeiro   de   Jesús  Álvarez  Tejada  procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,3 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Guillermo Albeiro de Jesús Álvarez Tejada.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                    JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO            SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                             MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Casación  29441 del 10 de julio de 2008.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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