36452(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36452  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No.139  

Bogotá  D. C., dieciocho de abril de dos mil  doce.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  MIGUEL   ADOLFO   RAFAEL   HUMBERTO   CHACÓN   KEYEUX  contra  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior de Bogotá el  3  de  noviembre  de  2010, mediante la cual confirmó la emitida por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  esta ciudad el 26 de marzo del  mismo   año,   que   condenó   al   procesado  por  el  delito  de  lavado  de  activos.   

Hechos  

El  14  de  septiembre  de  1998,  una fuente  anónima  informó  por teléfono a la Seccional del Departamento Administrativo  de  Seguridad (DAS) del Valle del Cauca, que en el vuelo de Avianca Bogotá-Cali  de  las 16 horas, viajaba una persona con dos cajas de cartón, en cuyo interior  se  transportaban dólares. A la llegada del vuelo a la ciudad de Cali, personal  de  inteligencia  del  DAS interceptó al señor LUIS CARLOS MACÍAS NIETO en el  momento  que  recibía  dos  cajas de las características mencionadas, quien al  ser  interrogado  sobre  su  contenido manifestó que se trataba de un equipo de  sonido  que  le  había  sido  confiado  en  Bogotá  por el señor MIGUEL    ADOLFO    RAFAEL   HUMBERTO   CHACÓN   KEYEUX,  pero  al  ser sometidas a revisión, se constató que además del  equipo  contenían 177.500 dólares en diferentes denominaciones, cuidadosamente  camuflados en el interior de los bafles.       

Actuación procesal relevante  

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos  en  contra  de  MIGUEL  ADOLFO  RAFAEL  HUMBERTO  CHACÓN  KEYEUX,  lo vinculó formalmente al  proceso  mediante  declaración  de  persona  ausente  y  luego  lo  escuchó en  indagatoria,  y el 22 de octubre de 2007 calificó el sumario con resolución de  acusación  en  su  contra  por  el  delito  de  lavado de activos. Apelada esta  decisión  por la defensa, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá, en  decisión  de  13  de diciembre de 2007, le impartió confirmación.1   

2. Rituado el juicio, el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá,  mediante sentencia de 26 de marzo de  2010,  condenó a MIGUEL ADOLFO RAFAEL HUMBERTO CHACÓN  KEYEUX  a  la pena principal de 80 meses de prisión y  multa  de  555  s.m.l.m.v., y la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por el mismo término de la pena privativa de la  libertad,  como  autor  responsable del delito de lavado de activos.2    

3.  Apelado  este  fallo  por la defensa y el  representante  del Ministerio Público, para pedir la absolución del procesado,  por  considerar que no existía prueba de la procedencia ilícita del dinero, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, mediante el suyo de 3 de noviembre de 2010, que  ahora   la   defensa   recurre   en   casación,   lo   confirmó  en  todas  su  partes.3   

La demanda  

Con  fundamento  en  la causal prevista en el  numeral  primero,  cuerpo primero del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, acusa  la  sentencia  impugnada  de  violar  en forma directa la ley sustancial, “por  aplicación  indebida  del  artículo  247A  del Decreto 100 de 1980, y falta de  aplicación    de   los   artículos   9   (conducta  punible),           10          (tipicidad)  de  la Ley 599 de 2000, y las  normas   medio,   artículo   232   de   la   Ley   600  de  2000  (requisitos    para   condenar)”.    

Sostiene  que  de acuerdo con las directrices  que  la  Corte  ha   trazado  por vía jurisprudencial sobre los contenidos  estructurales  del  delito de lavado de activos, el núcleo de la conducta surge  cuando  el  sujeto realiza operaciones “para ocultar  dineros  de  origen  ilegal  en  moneda  nacional  o  extranjera  y su posterior  vinculación  a  la economía, haciéndolos aparecer como legítimos”.   

Adicionalmente a esto se exige una condición  esencial:  que  los  dineros  se hayan originado “en actividades delictivas de  bienes  provenientes  de  los  delitos  de extorsión, enriquecimiento ilícito,  secuestro  extorsivo,  rebelión,  o  relacionados  con  el  tráfico  de drogas  tóxicas,  estupefacientes o sustancias sicotrópicas”, según se desprende de  la  descripción  típica  vigente  para  el  momento de los hechos, de donde se  sigue  que  no  puede  existir  delito si la conducta no se ejecuta para ocultar  dineros producto  de estas concretas actividades delictivas.   

Afirma  que  el  tribunal,  al  destacar  los  pronunciamientos   de   la  Corte  sobre  el  tema,4   precisó  que  la  conducta  delictiva  podía  estructurarse  al realizar cualquier otro acto para ocultar o  encubrir  el origen ilícito de los bienes y que “ni  siquiera  es  necesario  demostrar  el  delito  subyacente  para  establecer  la  existencia  del  punible  de  lavado  de  activos,  sino  que  simplemente si al  interior  del  proceso  no se logra determinar cuál es la ilicitud (sic) de los  bienes,  ese  hecho,  per  se,  es suficiente para acreditar la materialidad del  delito,   pues   el  sujeto  activo  oculta  la  verdadera  procedencia  de  los  bienes”,  conclusiones que constituyen una decisión  autónoma,  que  desconoce  la  relación  que  debe existir con las actividades  ilícitas.   

Agrega   que  la  violación  que  denuncia  proviene,  en primer lugar, de la consideración de que conforme al principio de  legalidad,  nadie  puede  ser juzgado sino conforme a las leyes preexistentes al  acto  que  se  le  imputa;  como  también,  del  postulado  de que para que una  conducta  sea  punible  se requiere que sea típica, antijurídica y culpable; y  que  la conducta es típica cuando la ley la define de manera inequívoca, clara  y expresa.   

El  tribunal,  sin  parar  mientes en que las  descripciones  típicas  no  son las mismas, tomó el aparte final del artículo  323  de  la  ley  599  de  2000  (modificado  por  el  artículo  8°  de  la Ley 747 de 2002), para sostener,  como  lo  sostuvo la Corte que: “para incurrir en la  conducta  de  lavado  de activos basta con que el sujeto activo oculte o encubra  la  verdadera  naturaleza,  origen,  ubicación,  destino,  movimiento o derecho  sobre  tales  bienes  o  realice  cualquier otro acto para ocultar o encubrir su  origen  ilícito,  para incurrir por esa sola conducta en las penas previstas en  la norma”.   

La aplicación indebida del artículo 247A del  Decreto  100  de  1980  proviene  entonces  de  un  equivocado  concepto  y  una  equivocada  interpretación del tipo penal, porque todos los verbos rectores que  describen  la conducta tienen su razón de ser en cuanto el origen de los bienes  esté  vinculado  con  uno cualquiera de los delitos indicados en la norma, esto  es,  extorsión,  enriquecimiento ilícito, secuestro  extorsivo, rebelión, o narcotráfico.   

No  obstante, el tribunal creó un nuevo tipo  penal   al   deducir   consecuencias  insostenibles  con  base  en  una  lectura  fraccionada  de  la  norma y de la jurisprudencia, porque lo que debe entenderse  del  fallo  de la Corte, al interpretar el actual artículo 323 de la Ley 599 de  2000,  y no el original artículo 247A del Decreto 100 de 1980, que es distinto,  es  que  para  incurrir en el delito es necesario que los bienes  provengan  de  las  actividades  ilícitas  ya  citadas,  puesto  que, si no es así, no se  configura la conducta punible.   

Partir    del    simple    ocultamiento   de  dinero  sin  relación  alguna  con  esta clase de comportamientos, “es tanto como crear un tipo penal  que  no  existe  en  la  legislación,  violando  de  esa manera el principio de  legalidad  y  de  tipicidad estricta”. Pero así lo sentenció el tribunal, no  solo  en  la  parte  del fallo ya transcrito, donde sostiene que “si  al  interior  del  proceso  no  se logra determinar cuál es la  ilicitud  (sic) de los bienes, ese hecho per se, es suficiente para acreditar la  materialidad  del  delito”,  sino  en  el  siguiente  aparte  donde  asegura que: “sin lugar a dudas no se  ha  demostrado  la  procedencia  ilícita  (sic)  de  los  US  177.500 dólares,  cuestión  a  la  que  está  obligado  el  señor Miguel Adolfo Rafael Humberto  Chacón  Keyeux,  como  propietario del dinero; por ende, es posible inferir que  la  actividad  ilícita  consistió en encubrir la verdadera naturaleza, origen,  ubicación,  destino, movimiento o derecho sobre tales bienes, de manera que por  esa  vía se estructuraría la tipicidad y el juicio de reproche por la conducta  de        lavado        de        activos”.5    

Reitera que la afirmación del tribunal, en el  sentido  de  que  el  delito  de  lavado de activos nace del hecho de ocultar el  origen  del  dinero,  es  una apreciación inexacta, porque el ocultamiento solo  tiene  razón  de  ser si está demostrado o se infiere más allá de toda duda,  que  la acción tiene como objeto ocultar dineros provenientes de los delitos de  extorsión,   enriquecimiento   ilícito,   secuestro  extorsivo,  rebelión,  o  relacionados  con  el  tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias  sicotrópicas,  conclusión  que se echa de menos en la sentencia impugnada. Por  tanto,  pide a la Corte casar el fallo y dictar en su reemplazo uno de carácter  absolutorio.   

SE   CONSIDERA   

La  Corte inadmitirá la demanda de casación  presentada  por  la  defensa  por  no  cumplir  los  requerimientos  mínimos de  claridad,  concreción  y  debida  fundamentación  exigidos por la normatividad  legal  y  la lógica del error planteado para su estudio de fondo, ni satisfacer  los   presupuestos   básicos   de   idoneidad  sustancial  necesarios  para  la  realización de los fines del recurso.   

Como se dejó visto, el casacionista sostiene  que  el  tribunal  violó  en  forma directa la ley sustancial, al afirmar en la  sentencia  que  para  la  estructuración  del delito de lavado de activos no es  necesario  demostrar  la  procedencia  ilícita  de  los dineros, y al condenar,  sustentado  en  esa  premisa,  al procesado, desconociendo que el tipo penal que  regula  el  caso  exige  para  su configuración que los bienes provengan de los  delitos  de extorsión, enriquecimiento ilícito, secuestro extorsivo, rebelión  o narcotráfico.    

Así  planteado  el  cargo,  ningún  reparo  ameritaría  su  formulación  por  la  vía de la violación directa de la ley,  pues  esta  modalidad  de  ataque  implica  que  el  error se haya presentado en  ejercicio  de  la  actividad  in iudicando y que sea de naturaleza eminentemente  jurídica,  condiciones  que,  a  juzgar  por  su enunciado, habría que dar por  descontadas  en el presente caso.   

Pero desde el punto de vista de su corrección  material,  derivada de la relación de correspondencia que debe existir entre lo  afirmado  por  el  casacionista  y  la verdad de lo que afirma, la censura está  distante  de  erigirse  en  un escrito idóneo para la realización de los fines  del  recurso,  pues no es cierto que el tribunal haya hecho las afirmaciones que  dice  que  hizo,  en  el  sentido  de  que no era necesario establecer el origen  ilícito    de    los   dineros   para   efectos   de   la   tipificación   del  delito.          

Todo  lo  contrario.  De  la  revisión de la  sentencia  se  advierte   que  en la primera parte de sus considerandos, el  tribunal  se  refirió  a  los  componentes  objetivos  del  delito de lavado de  activos,  siendo  absolutamente  claro  en  el  sentido  de  indicar que para su  configuración  típica  se  requería  probar,  además de la existencia de una  cualquiera  de  las  modalidades comportamentales previstas alternativamente por  la  norma,  el  nexo de los bienes con las actividades ilícitas indicadas   en ella,     

“Así  las  cosas,  el delito de lavado de  activos  es  un  delito especial y autónomo, en el cual se debe demostrar o por  lo  menos  inferir durante el proceso que los bienes objeto de la investigación  tienen  algún nexo con alguna de las actividades ilícitas a las que se refiere  el  artículo  247A,  aclarando,  sin  embargo,  que para su acreditación no es  necesario  la  existencia de una sentencia previa en ese sentido, sino que en el  proceso  debe  estar  patente  esa  situación,  bien  sea que la conducta se le  impute  a  quien se investiga o a un tercero, sin que esa particularidad demande  una          prueba          específica”.6   

También  se  refirió  a  las  alternativas  probatorias  de  este nexo, siguiendo al efecto desarrollos jurisprudenciales de  la  Corte  sobre  el  punto,  que  cita y transcribe, en los que ha dicho que el  lavado   de   activos   es  un  delito  autónomo  e  independiente,  y  que  su  configuración  no  depende  de la demostración, mediante declaración judicial  en   firme,   del   delito   subyacente,   “sino   de   la  mera  inferencia   judicial   al  interior  del  proceso,  bien  en  sede  de  imputación,  en  sede  de acusación o en sede de  juzgamiento,  que  fundamente  la  existencia  de  la(s)  conducta(s) punible(s)  tenidas  como  referente  en  el tipo penal de lavado de activos”.7     

Posteriormente, al incursionar en el análisis  del  caso  concreto, el tribunal precisó que para la imputación de la conducta  al  procesado  “era  menester establecer la existencia de alguno de los verbos  rectores   alternativos   del   delito  de  lavado  de  activos  y  la  procedencia  ilícita  del  dinero incautado, o por lo menos su  inferencia”,8  no  dejando duda alguna en cuanto a que  acogía  el  criterio  sobre la necesidad de establecer también, así fuese por  vía  de  inferencia  judicial,  el  nexo  de  los  dineros  incautados  con las  actividades  ilícitas relacionadas en el artículo 247A del Decreto 100 de 1980  (extorsión,   enriquecimiento  ilícito,  secuestro  extorsivo,     rebelión     o     tráfico    de    estupefacientes).    

En  el  marco  de  esta  secuencia  lógico  argumentativa  dijo compartir igualmente las apreciaciones del juez de instancia  en  el  sentido  de  que  en  el caso que se estudiaba subyacían los delitos de  narcotráfico  y/o enriquecimiento ilícito, iniciando en seguida, por separado,  el  estudio  de  este  nexo,  donde  se  refirió, in extenso, a las pruebas que  permitían  llegar  razonablemente  a  la  conclusión de la vinculación de los  dineros       con       dichos       ilícitos,9    luego    de    lo   cual,  precisó:   

“Así  las cosas, lo expuesto permite a la  Sala  llegar  a  la  conclusión, contrariando lo expuesto y argumentado por los  recurrentes,  que es indiscutible e indudable que se ha demostrado la existencia  del    punible    de   lavado   de   activos,   pues   se   puede   inferir  fundada y razonablemente que los  dineros  incautados al señor LUIS CARLOS MACÍAS NIETO y de propiedad de MIGUEL  ADOLFO  RAFAEL  HUMBERTO  CHACÓN KEYEUX tienen su origen mediato o inmediato en  actividades  ilícitas de narcotráfico y/o enriquecimiento ilícito, razón por  la  cual evidentemente el prementado no logró mostrar la procedencia lícita de  los  bienes, pues no eran provenientes de las actividades económicas realizadas  por  él,  por  cuanto  del  proceso  se  ve  que  ninguna  de  sus  actividades  comerciales  justifica una suma cercana a los US177.500 dólares”.10    

Como puede verse, no es cierto que el tribunal  haya  decidido  prescindir  del  elemento  objetivo  referido  al  nexo que debe  existir  entre  los  bienes  y  las  actividades delictivas referenciadas por la  norma,  ni  mucho  menos, que hubiese condenado al procesado sin tener en cuenta  esta  exigencia, situación que hace que el cargo que torne absolutamente inane,  por   sustentarse   en   afirmaciones   que   no   coinciden   con   la   verdad  procesal.     

La  fundamentación que acompaña la demanda,  responde  a una percepción descontextualizada y distorsionada del fallo, que no  se  compadece  con  el cuidado y/o lealtad que le es exigible al impugnante como  sujeto  procesal,  pues  en  el  propósito  de  mostrar  un  error in iudicando  inexistente,  extrae  de  la  decisión  del tribunal segmentos que altera en su  literalidad,   haciendo  que  resulten  confusos,  o  que  expresen  lo  que  no  dicen.   

Es  el caso del primer párrafo de la página  19  de  la sentencia, en el que el tribunal dice “se puede afirmar con base en  la   jurisprudencia   de   la   Corte  Suprema  de  Justicia  que,  ni  siquiera  es necesario determinar cuál es el delito subyacente  para  establecer  la  existencia  del  punible  de  lavado  de activos, sino que  simplemente  si  al  interior  del proceso no se logra determina la licitud de los bienes, ese hecho per se,  es  suficiente  para  acreditar  la  materialidad  del  ilícito, pues el sujeto  activo    oculta    la   verdadera   procedencia   de   los   bienes”,  del  cual  el  demandante  sólo  transcribe  el  segmento que  aparece  en  letra  cursiva  y  en  el  que  cambia  la  expresión licitud       por       ilicitud,  dando  un  sentido  totalmente  distinto al discurso.   

Similar situación se presenta con el párrafo  tercero  de  la  página  26  de  la sentencia, en el que el tribunal afirma que  “sin   lugar  a  dudas  no  se  ha  demostrado  la  procedencia  lícita de los  US177.500  dólares,  cuestión  a la que está obligado el señor Miguel Adolfo  Rafael  Humberto  Chacón  Keyeux,  como  propietario  del  dinero; por ende, es  posible  inferir  que  la  actividad  ilegal consistió en encubrir la verdadera  naturaleza,  origen,  ubicación,  destino,  movimiento  o  derecho  sobre tales  bienes,  de  manera  que por esa vía se estructuraría la tipicidad y el juicio  de  reproche  por  la conducta de lavado de activos”,  en  cuya  transcripción  el  demandante  modifica  la  expresión  lícita       por       ilícita,   haciendo   que   se   altere  totalmente su significado y alcance.   

Si el casacionista consideraba que los dineros  incautados  no  provenían  de  las  actividades ilícitas referenciadas por los  fallos  (enriquecimiento  ilícito  y/o  tráfico  de  estupefacientes), y por tanto, que la prueba esgrimida  por  los  juzgadores  no  resultaba  idónea  o  suficiente  para  arribar a tal  conclusión,  como es o pareciera ser en lo que radica realmente el motivo de su  inconformidad,  debió  acreditar  que su conclusiones se sustentaban en errores  de  apreciación probatoria, ya de hecho, ora de derecho, pero este ejercicio no  lo   intenta,   ni   del   contenido   de  los  fallos  surge  que  se  hubiesen  presentado.       

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  requisitos  mínimos  de  orden formal ni sustancial exigidos para su estudio de  fondo,  se  la  inadmitirá  y  se ordenará devolver el proceso a la oficina de  origen,  no  advirtiendo violaciones a las garantías fundamentales que la Corte  esté en el deber de proteger de manera oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por  el  defensor  de  MIGUEL  ADOLFO  RAFAEL HUMBERTO  CHACÓN KEYEUX.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                FERNANDO                              ALBERTO                             CASTRO  CABALLERO                               

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                  MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                                          

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                LUIS                              GUILLERMO                              SALAZAR  OTERO                                 

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA  ORTIZ                           

Nubia Yolanda Nova García  

SECRETARIA  

    

1  Folios  174-219 del cuaderno original 6 y 33-49 del cuaderno de la Delegada ante  el Tribunal.   

2  Folios 1-24 del cuaderno original 9.   

3  Folios 3-41 del cuaderno del tribunal.   

4  Concretamente cita la casación 23174 de 28 de noviembre de 2007.   

5  Página 26 de la sentencia.   

6  Página 16 del fallo.   

7  C.S.J.,  Sala  de Casación Penal. Casación 23174, sentencia de 28 de noviembre  de  2007,  la  que citó y transcribió en sus apartes pertinentes, junto con la  Casación  23754  de  9  de abril de 2008, para ilustrar sus afirmaciones. En el  mismo  sentido  pueden ser confrontadas la Casación 28892 de 9 de junio de 2010  y  la  Casación27144  de  2  de  febrero  de  2011,  entre  muchas otras.    

8  Página 21 del fallo.   

9  Páginas 27 a 37 del fallo.   

10  Página 37 del fallo.     

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