36345(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36345  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 425   

Bogotá D. C., treinta (30) de noviembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor de PABLO SANDOVAL RODRÍGUEZ, contra el  fallo  de  31  de  agosto  de  2010,  mediante  el  cual el Tribunal Superior de  Bucaramanga  confirmó  parcialmente  la  sentencia  dictada  el 30 de abril del  mismo  año,  por  el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Piedecuesta, que lo  condenó  como  autor del delito de hurto calificado y  agravado.   

HECHOS  

El  10  de  junio  de  2007, en horas de la  madrugada,  en  el  momento  en  que  la  pareja de novios conformada por Ferney  Oswaldo  Suárez  Mantilla y Leidy Johanna Mahecha Forero, se encontraban frente  a  la  casa  de  ésta  ubicada  en  el  barrio Chacarita de Piedecuesta, fueron  abordados  por  dos  hombres  quienes  se  movilizaban  en  una motocicleta, los  intimidaron  con  la  utilización  de navajas y se apoderaron de sus teléfonos  celulares,  la  billetera  de  Ferney  Oswaldo, en la cual tenía $100.000.oo en  efectivo y sus documentos  de identidad.   

Los desconocidos huyeron en la motocicleta y  perseguidos  por  la víctima se pudo determinar, que se trataba de una moto AKT  125,  color  azul,  de placas ARS 66B, la que más tarde fue inmovilizada por la  Policía  Nacional  cuando  era  conducida por PABLO SANDOVAL RODRÍGUEZ y en su  poder   se   halló   uno   de   los   celulares   hurtados   y  $147.000.oo  en  efectivo.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  El  29  de  abril  de  20091, la Fiscalía  radicó  el  escrito  de  acusación contra PABLO SANDOVAL RODRÍGUEZ como autor  del   delito   de   hurto   calificado   y  agravado  y  el 13 de mayo siguiente, se verificó la audiencia  con ese fin.   

2. Ante el Juez Primero Promiscuo Municipal  de  Piedecuesta,  el  3 de septiembre que cursaba, se llevó a cabo la audiencia  preparatoria2   y   el   29   de   enero   de   2010   la   vista   pública  de  juzgamiento3,   al   cabo  de  la  cual  se  emitió  el  sentido  condenatorio del fallo.   

Posteriormente, el 30 de abril del año que  corría4,  el Juzgado Promiscuo Municipal de Piedecuesta, le impuso a PABLO  SANDOVAL  RODRÍGUEZ, 45 meses de prisión; inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por el mismo periodo; y, le negó la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la prisión domiciliaria, como  responsable   del   delito   de  hurto  calificado  y  agravado.   

3.  Recurrida la decisión por la apoderada  de  PABLO  SANDOVAL  RODRÍGUEZ,  el  Tribunal  Superior de Bucaramanga el 31 de  agosto      de      2010      la      confirmó5  con  algunas modificaciones,  en  el  sentido de reducir la pena impuesta a 22 meses de prisión, lo mismo que  la accesoria.   

4.  Inconforme  con esta determinación, la  defensora  de  PABLO SANDOVAL RODRÍGUEZ, interpuso el recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

La verdad es que el escrito de sustentación  es    confuso    y    errático,    sin    embargo   se   logra   extractar   lo  siguiente:   

Dos censuras se postulan contra el fallo del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga amparadas en la causal tercera del artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, por violación indirecta  de la ley sustancial.   

Primer cargo  

La  sentencia  del  Tribunal  desconoce los  principios  rectores  y  garantías  procesales  contenidas en los artículos 29  (debido  proceso)  de  la  Constitución  Política;  6  (legalidad),    379    (inmediación),       380       (criterios      de  valoración),         381         (conocimiento   para   condenar)  y  432  (apreciación  de  la  prueba  documental)  numerales  2°  y 3° del Código de  Procedimiento Penal.   

Se presentó un falso juicio de convicción  porque  la  instancia para condenar, atribuyó un valor probatorio a un medio de  prueba documental que la ley no le otorga.   

Desconoció  el  contenido de los numerales  2°  y  3°  del  artículo  432  que  establecen,  en  su orden, que el juez lo  apreciará  teniendo  en  cuenta: i) que permita obtener un conocimiento claro y  preciso  del  hecho,  declaración  o  atestación  de verdad, que constituye su  contenido;  y  ii)  que  dicho  contenido sea conforme con lo que ordinariamente  ocurre.   

Al desconocer este mandato, se incurrió en  un   falso   juicio   de   convicción   negativo   al  inadvertir  “…una  expresa  prohibición  legal  asignándole  eficacia  de  conocimiento para la construcción de la verdad procesal.”   

Al  tomar  el  documento  denominado por el  Tribunal  como  hoja de población, no se le podía tener como prueba cierta por  presentar  inconsistencias  trascendentales  como:  i)  la  anotación sobre los  hechos  está  realizada  a  las  2:45 del 10 de junio de 2007 y consagra que el  acusado  fue  hallado  en el parque a las 3:20 horas del mismo día, sin que sea  posible,  que  un  hecho que no ha acaecido sea registrado con antelación en el  tiempo;  y  ii)  la siguiente, está registrada a las 3:05 horas del mismo día,  también de manera antelada al hecho ya inscrito.   

De   este   documento   el   ad  quem obtiene la identificación de la  motocicleta      y     le     otorgó     “total  convicción”.   

Así  realizó una interpretación errónea  de  la  prueba  en  contravía de los principios de la sana crítica, el que una  vez  corregido  genera  la duda y la necesidad de aplicar el principio universal  del  in  dubio  pro  reo y  consecuente absolución.   

La   sentencia   está  soportada  en  la  apreciación   de   la  hoja  de  población,  analizada  en  conjunto  con  los  testimonios  de  la  víctima  Leidy  Mahecha y de los policiales que elaboraron  aquélla,  a  partir  de  los  cuales  se  extrajo  el  indicio  de oportunidad,  inferencia   que   solo   aporta   dudas,   falta   de   certeza,  conjeturas  y  especulaciones.   

Como    trascendencia    del    vicio  expone:   

“Para  el caso particular el error que se  presentó  fue grave, que tiene repercusiones nocivas para la constitucionalidad  y  legalidad  en  el  resultado de la sentencia, de tal manera que si se hubiera  apreciado  la Hoja de Población acorde con las falencias que la misma presenta,  no  se  hubiera  inferido  la  responsabilidad  de  mi asistido, siendo su fallo  favorable.”   

Segundo cargo  

La  sentencia  viola  los  artículos  29  (debido  proceso)  de  la  Constitución   Política;   7°   (presunción   de  inocencia    e    in   dubio   pro   reo),        379        (inmediación),    380    (criterios    de    valoración),   381  (conocimiento      para     condenar)     y     404    (apreciación    del  testimonio)    del    Código    de   Procedimiento  Penal.   

El  Tribunal  llegó  a  una  “concepción”   equivocada  de  los  hechos sustento del fallo.   

Dice,  que  la aplicación del in    dubio   pro   reo,   conforme   a  jurisprudencia  reiterada  puede  ser objeto del recurso de casación, tanto por  la  vía  directa,  como  por  la  indirecta,  sin  que  sea  del  arbitrio  del  casacionista  seleccionarla,  si  no  que  ello  obedece  a  la  naturaleza  del  yerro.   

“Finalmente  si  lo  que  acontece es que  ‘el   juez  ignora  la  existencia  razonable   y manifiesta de la duda partiendo de las pruebas, y  que,  pese  a  ello  condena,  debe  acudir  a la violación indirecta de la ley  sustancial   por   error   de   hecho’”.   

El Tribunal ignoró la existencia razonable  y   manifiesta   de   la   duda   que   evidencian   las   pruebas  -no    dice    cuáles-   “…lo  cual  ocurrió por no haber  valorado algunas de las  mismas    o    porque    valoró   otras,   pero   tergiversando   su   objetivo  contenido”.   

Afirma,  que  el  falso juicio de identidad  como  error  de  hecho  se  presenta cuando el juzgador tergiversa, distorsiona,  desdibuja  o  desfigura el hecho que revela la prueba y le da a ésta un alcance  objetivo  que no tiene, ya porque le quita una parte al hecho, le agrega otro, o  porque lo sectoriza, parcela o divide.   

Agrega, que:  

“Por  supuesto,  si  el  indicio no tiene  asidero  real, entonces se tiene que concluir que no hay prueba de la autoría y  de  contera,  no  puede  entonces  predicarse  responsabilidad  frente  al hurto  calificado  y  agravado.  Se  presenta  un yerro fáctico que se originó con la  falsa  apreciación de la prueba indiciaria, la cual simplemente se supuso, pero  no se acreditó en grado de certeza sus premisas.”   

Destaca  que  la  autoría  del  hecho  se  edificó  en  la  prueba de referencia de Leidy Mahecha, la hoja de población y  los  testimonios  de los agentes que no estuvieron en ellos, los que no permiten  predicar  con  grado  de certeza que el acusado fue la persona que en compañía  de  otro  joven  se  apoderó  de  los  bienes denunciados sustraídos, donde el  procesado  en  su  declaración  explica  el  por  qué  tenía  en  su poder el  teléfono  celular y aparece relacionada la placa de la motocicleta con el hecho  investigado.   

A  esta  última atestación el Tribunal le  resta  credibilidad porque le “resulta improbable la  ocurrencia  de  la  compra  del  teléfono  con base en el sentido común de las  reglas lógicas de comportamiento social.”   

De este modo ignora el comportamiento social  de  los  colombianos donde predomina la cultura de lo fácil, el consumismo y la  economía informal.   

También desconoció el testimonio de Rafael  Antonio  Niño Navas con el argumento de presentar inconsistencias, siendo éste  la  persona  a  quien el acusado acompañó hasta el cierre de la taberna por la  seguridad  del  dinero que llevaba, sin que sea aceptable desestimarla porque no  estuvo  con  éste  en  su  aprehensión,  y solo lo hizo hasta cuando llegó al  barrio   donde  residía  porque  allí  se  sintió  seguro   “…  y  como  lo  señalan las reglas de la experiencia, por que  (sic)   han  de  permanecer  dos persona juntas cuando estas (sic) viven en  diferentes lugares?”   

De  estas  dos  versiones  aflora  la duda  razonable que debe ser absuelta a favor de SANDOVAL RODRÍGUEZ   

“TRASCENDENCIA  

Así pues, la falta de apreciación de las  pruebas  directas  relacionadas  por  la defensa impidió a la Sala Penal del H.  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga, reconocer la existencia  de   una  DUDA  RAZONABLE,  en  la  participación  del  señor  PABLO  SANDOVAL  RODRÍGUEZ, en el hurto materia de este proceso.   

Es  claro entonces que la condena de PABLO  SANDOVAL  RODRÍGUEZ  por  el delito de HURTO CALIFICADO Y AGRAVADO, obedeció a  un  error  de  hecho  que  generó la aplicación indebida de dicha norma, yerro  que,  a  su  vez, impidió al ad quem reconocer el INDUBIO PRO REO del que trata  el   artículos   7  del  CPP,  (sic)  norma  que  no  se  aplicó,  debiéndose  hacerlo.”   

Solicita se case la sentencia y se absuelva  a PABLO SANDOVAL RODRÍGUEZ del delito que le fue endilgado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada por el defensor de  PABLO  SANDOVAL  RODRÍGUEZ  será  rechazada  al  no  satisfacer los requisitos  formales  ni  materiales  establecidos  en  el  artículo  184  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  906  de  2004,  adicionalmente,  porque  la  Sala de  Casación  Penal no advierte vulneración de las garantías fundamentales de que  son  titulares  los  intervinientes,  que  la Corte debiera proteger, así fuere  oficiosamente,    en    los    términos    del   artículo   180   (fines  de  la  casación)  ibídem6,   y   del   artículo   29  (debido  proceso)  de  la  Constitución  Política;  además, de no resultar preciso emitir un nuevo fallo  de  fondo,  por  lo  cual  no es necesario superar los defectos de la demanda en  atención  a los fines de la casación, ni por la fundamentación de los cargos,  ni  por la posición de los impugnantes dentro del proceso, ni por la índole de  la controversia planteada.   

Vale  precisarle  a  la recurrente, que el  recurso  extraordinario  de  casación se rige por el principio dispositivo, las  pretensiones  de  la  demanda  delimitan  la competencia de la Sala de Casación  Penal,  con  excepción  de  la nulidad que puede ser decretada oficiosamente en  aras   de   la   protección   de  los  derechos  fundamentales  y  la  eventual  intervención  de oficio para el restablecimiento de garantías superiores a los  sujetos procesales, si a ello hubiere lugar.   

Por  tanto,  no  constituye  una  tercera  instancia;  tampoco  la  oportunidad para someter a un nuevo juicio al procesado  mediante   la  proposición  de  un  debate  probatorio  generalizado,  sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  ad  quem, por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

Por  tanto,  el recurso de casación está  concebido  como  un  instituto  procesal extraordinario en procura de remediar o  poner  fin  a  la  violación  de  la  Constitución Política, del bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley, que hubiese ocurrido y se refleje en la sentencia de  segunda  instancia,  por errores de juicio o de actividad; como tal, comporta la  elaboración  de un juicio lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

1.  Un  inicial  e  insalvable  desacierto  perceptible  de  manera llana, corresponde al soslayo de la carga de expresar de  manera  motivada  y fundada, la finalidad perseguida con esta impugnación, como  lo       exige      el      inciso      segundo7   del   artículo   184  del  estatuto instrumental.   

2. Advertido, que los dos cargos formulados  en  la  demanda  están  soportadas  sus alegaciones desde inconformidades en la  valoración  probatoria,  encuentra la Sala pertinente y en un sentido formativo  recordarle  a  la  impugnante, que si su disentimiento radicaba en el manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  apreciación de elementos de conocimiento,  esta  temática ha sido tratada en la jurisprudencia8  como violación indirecta de  la   ley   sustancial   por:  i)  errores  de  hecho,  que  pueden  ser:  falso  juicio de existencia, falso  juicio  de  identidad  y  falso raciocinio; o ii) por errores de derecho, en los  que   se   ubican   el  falso  juicio  de  convicción  y  el  falso  juicio  de  legalidad.   

En ese orden, el falso juicio de existencia  ocurre  cuando  el  juez  omite  apreciar  una  prueba  legalmente  producida  o  incorporada  al  proceso,  o  infiere  consecuencias  valorativas a partir de un  medio  de convicción que no forma parte del mismo por no haber sido producido o  incorporado.   

A su turno, el falso juicio de identidad se  presenta  cuando  el  fallador  tiene  en  cuenta  el  medio  probatorio legal y  oportunamente   producido   o   incorporado;   sin  embargo,  al  apreciarlo  lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su contenido literal, hasta  llegar  a  conclusiones  distintas  a  las  que  habría  obtenido si lo hubiese  considerado en su integridad.   

En esa hipótesis, el censor tiene la carga  de  confrontar  por  separado el tenor literal de cada prueba sobre la cual hace  recaer  el  yerro,  con  lo que el ad quem  pensó  ellas  decían;  y  una  vez  demostrado el desfase, debe  continuar hacia la trascendencia de aquella impropiedad.   

En  otras  palabras, quien así alega debe  comparar  puntualmente  lo dicho por los testigos, o lo indicado por las pruebas  de  otra  índole,  con  lo leído por el Tribunal Superior en esas específicas  versiones  testimoniales,  o  con  lo  que  entendió  indicaban  los  restantes  elementos  de  convicción;  todo con el fin de acreditar el distanciamiento del  fallo,  con  la  realidad  objetivamente declarada por el acopio probatorio, por  distorsión, recorte o adición en su contenido material.   

El falso raciocinio tiene presencia cuando  a  una  prueba que existe legalmente y es valorada en su integridad, el juzgador  le  asigna  un  mérito  o  fuerza  de  convicción  con  transgresión  de  los  postulados  de  la  sana  crítica;  es  decir,  las  reglas  de  la lógica, la  experiencia común y los dictados científicos.   

Esta  especie de error exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  principio de la lógica o máxima de la  experiencia  fue  desconocido  o  aplicado incorrectamente por el juez; además,  demostrar  la  trascendencia de ese yerro, de modo que sin él, el fallo hubiera  sido  diferente;  y  concomitantemente  indicar  cuál era el aporte científico  correcto,  el  raciocinio  lógico  o  la  deducción  por  práctica que debió  aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

De   otra   parte,   el   falso  juicio  de convicción, al cual se  refiere  la  defensora  en el primer reparo, tiene cabida, cuando el juzgador no  le   otorga  a  un  determinado  medio  de  prueba  el  valor  asignado  por  el  legislador.   

Esta  clase  de  dislate, en el sistema de  apreciación  probatoria  de  persuasión  racional  o sana crítica, rector del  proceso  penal  colombiano,  no  tiene  cabida,  al inexistir en el ordenamiento  instrumental   norma  encargada  en  asignar  atributo  suasorio  a  determinado  elemento  de  conocimiento,  como  de manera equivocada lo pretende presentar la  libelista  a  partir  de los numerales 2 y 3 del artículo 432, que atañe a los  criterios  que  debe  tener  en cuenta el juez para la apreciación de la prueba  documental,  pues el precepto no  indica al fallador, cuál es el valor que  le  corresponde  a esta clase de medios de prueba, por el contrario, le enseña,  qué parámetros debe observar para su evaluación y valoración.   

De  manera  reiterada  ha precisado esta  Corporación  que la única posibilidad de afectación de la tarifa legal, lo es  de  forma  negativa,  como  mandato  de  proscripción  para  emitir  sentencias  soportadas  exclusivamente  en  pruebas  de  referencia,  evento que aquí no se  convoca.   

Así, la ocurrencia de esta clase de yerro,  corresponde  al evento en el cual el Juez resuelve una cuestión extrapenal y no  le  atribuye  al  dispositivo  de  conocimiento,  el  importe  asignado  por  la  legislación   a   la  que  se  remite,  con  base  en  la  cual  fundamenta  su  decisión.   

Por último, el falso juicio de legalidad,  atiende  al proceso de formación de la prueba, las normas que regulan la manera  legítima de producirla e incorporarla al proceso.   

Esta  clase  de  dislate  “gira  alrededor  de  la validez jurídica de la prueba, o lo que es  igual,  de  su  existencia jurídica (concepto que no debe ser equiparado con el  de  existencia  material),  y  suele  manifestarse  de dos maneras: a) cuando el  juzgador,  al  apreciar  una  determinada  prueba,  le  otorga validez jurídica  porque  considera  que  cumple  las  exigencias  formales  de  producción,  sin  llenarlas  (aspecto positivo); y, b) cuando se la niega, porque considera que no  las  reúne,  cumpliéndolas  (aspecto  negativo).”  9   

Por tanto, quien así lo alega reconoce la  existencia  material  del  medio de prueba, pero controvierte el desconocimiento  del  debido  proceso y su legalidad en las etapas de formación e incorporación  al  asunto,  no,  como  equivocadamente  esboza el recurrente, sobre el grado de  asignación  suasoria,  certeza  o  verisimilitud,  otorgada  por  los jueces de  primero y segundo nivel.   

         

A  esta  metodología  argumentativa no se  ciñe  la  defensora  de  PABLO  SANDOVAL RODRÍGUEZ, si bien en el primer cargo  dice  acogerse  al  falso  juicio  de  convicción  por el desconocimiento de la  tarifa  legal  negativa,  como  ya  se  acotó,  esta  precisión la soslayó en  absoluto  en  el  segundo reproche, pues no obstante definir las modalidades del  falso  juicio  de identidad, su alegación de manera incontrolada y deshilvanada  se  difuminó  en  discusiones  esbozadas  por  omisión probatoria –falso         juicio        de  existencia-,   que   luego   fueron   desviadas   a  controversias  por  la  apreciación  de pruebas calificadas como de referencia,  reputación   que  le  otorgó  al  testimonio  de  la  víctima  Leidy  Mahecha  –falso   juicio   de  convicción-; para finalmente culminar el galimatías  fáctico  en  el  reproche  del  desconocimiento de las reglas de la experiencia  –falso  raciocinio-  en  la atestación del declarante Rafael  Antonio Niño Navas.   

Todas  estas  aparentes  formas  de  error  fueron  propuestas  de  forma  inconclusa,  a  la manera de un debate probatorio  generalizado  e  inconexo  con  las  censuras  propuestas, como si se tratara de  surtir  una  instancia  adicional  a  las  ya precluidas, pretendiendo oponer su  percepción  personal de los hechos y las pruebas al criterio de los falladores,  sin  ninguna  prevalencia  de  la  lógica jurídica requerida para sustentar la  demanda  más  allá  de disentir sobre los argumentos de condena, reiterando su  disentimiento  por el no reconocimiento de la duda probatoria, con lo cual todas  las  pretensiones  se  alejan de la filosofía propia del recurso extraordinario  de casación.   

Esta  forma  insuficiente de argumentar ha  sido  catalogado  por la lógica formal como petición de principio, con base en  el  cual se aspira a sustentar una tesis con su solo enunciado, desquicio que se  advierte  en  la  demanda  cuando  luego de anunciada de manera común a las dos  censuras  la  violación indirecta de la ley sustancial por transgresión de los  artículos    29    (debido    proceso)     de    la    Constitución    Política;    379    (inmediación),    380    (criterios    de    valoración),   381  (conocimiento    para    condenar)    del   Código   de  Procedimiento  Penal;  y  adicionalmente  el  6  (legalidad)    y   432  (apreciación  de  la  prueba documental)  numerales  2°  y  3°,  para  el  primero,  y  7°  (presunción  de inocencia e in dubio pro  reo),  y  404 (apreciación  del testimonio), del mismo  ordenamiento,  para  el segundo reproche, en todo el extenso de la demanda, nada  se volvió a decir de ellos.   

Inexiste cualquier referencia jurídica en  el  desarrollo  de  los  dos  cargos al instituto del debido proceso, tampoco se  vuelven  siquiera  a  mencionar  los principios de inmediación y legalidad, hay  total  abstracción  sobre ellos, al estilo de la mejor entelequia, prescinde de  exponer  y  enseñar  a  la  Sala  el  concepto material de la violación de las  normas  que  señala  como  de  carácter sustancial, esencia de la proposición  jurídica.   

Es más, no se conoce cuál es su vínculo  con  los  probables  dislates de derecho y de hecho que menciona, menos aún, el  concepto  de  su  transgresión,  es decir si ocurrió por falta de aplicación,  aplicación indebida o quizá por un error hermenéutico.   

De  esta  manera  el  libelo  carece  del  cumplimiento  de los principios de claridad, precisión y debida argumentación,  último   conforme   al  cual,  el  escrito  debe  contener  la  intelectualidad  suficiente de bastarse a sí mismo.   

Como  quedó  reseñado,  era  carga de la  libelista,  identificar  el  medio  de  prueba, mostrar su contenido literal y a  partir  de  éste, contrastarlo con los fallos de instancia, para así mostrarle  a  la  Corte,  en  qué  consistió  el desafuero de apreciación probatoria que  esperaba  demostrar,  labor  que  no fue asumida, pues dedicó su esfuerzo a una  disertación  indefinida  en la que abigarró múltiples formas de error, que no  son  susceptibles de exponer bajo una misma senda conceptual, en desconocimiento  del principio de autonomía en casación.   

Resulta oportuno precisar, la prohibición  al  interior  de  una misma censura para entremezclar ataques propios de reparos  diferentes,  al tener cada uno distintas características y parámetros lógicos  de    demostración    con    diversas    consecuencias   jurídicas10.  Es que la  decisión  a  adoptar por la Corte en caso de prosperidad del reproche formulado  contra  la  sentencia,  debe  compaginar  con  el  motivo  invocado  y  el error  aducido11.   

Al  inobserva  este postulado –autonomía-  en  el  segundo  cargo el desatino de la recurrente llega al extremo de combinar  dos  especies  de error, anunciado inicialmente el falso juicio de identidad, se  pasó  a  la  proposición  del  falso  raciocinio,  donde para el primero, debe  partir  de  la  aceptación  de  la  existencia  y  contemplación  adecuada del  contenido  de  la  prueba,  pues la discusión se centra en los juicios de valor  asignados  a  éstos,  a  partir de los dictados de la lógica, las reglas de la  experiencia  y  las  leyes  de  la  ciencia;  para el segundo, siendo válida su  aducción,  la  controversia  gira  en  torno al entendimiento equivocado que de  ella    tuvo   el   juzgador   por   adición,   cercenamiento   distorsión   o  tergiversación.  Por  ello,  si  el  deseo  de la demandante era hacerlo de esa  forma,  debió  presentarlos  en  cargos  separados.  El  hacerlo  como aquí se  propone,  constituye  una  evidente  paradoja,  al  resultar  excluyentes  entre  sí.   

Un  alegato  así  se  torna  confuso,  al  desconocer  el  recurrente,  que  cuando  se  ataca  la  sentencia  por  la vía  indirecta  de violación a la ley sustancial y se propone como error de hecho la  forma  del  falso  raciocinio,  se parte de una prueba  que   existe   legalmente  y  que  fue  valorada  en  su  integridad,  a  la  cual  el  juzgador  le  asigna  un  mérito  o  fuerza de  convicción  con  transgresión  de  los  parámetros  de  la sana crítica, por  tanto,   no   resulta   válido,   frente   a   la  lógica  formal,  argumentar  simultáneamente  y  en  un mismo cuerpo, errores en el ejercicio de persuasión  racional,  respecto  de  elementos  de convicción desprovistos en el expediente  (suposición),     o  existiendo,     el     fallador     los     echa     de    menos    (pretermisión),   los  cercena  o  los  tergiversa.   

El haberlo hecho de esta forma, rompió el  postulado  de  identidad  conforme  al  cual  no  se puede ser y no ser al mismo  tiempo,   convirtiendo   de   este   modo,   la   proposición  en  una  premisa  contradictoria e irrazonable.   

Es que no resulta sensato alegar yerros de  raciocinio  con  ocasión  a  juicios  de  valor  realizados por el fallador, en  relación  a pruebas cercenadas. Si esa es la inconformidad, el vicio por alegar  corresponde  a otro de diferente naturaleza, como podría ser el falso juicio de  identidad,  eso  sí,  en  forma  separada y cumpliendo los parámetros exigidos  para su demostración, tarea abandonada por la casacionista.   

Así, dado el carácter rogado propio del  recurso   extraordinario   y  en  cumplimiento  del  principio  de  limitación,  no le está permitido a la  Corte  suplir  las  omisiones  del escrito de sustentación. Por tanto, no puede  corregir,  complementar  o  de cualquier otra manera suplantar a la casacionista  en  la  construcción  de la demanda, salvo, como inicialmente se acotó, cuando  atendiendo  sus fines y en procura de la defensa de las garantías fundamentales  deba   hacerlo,   evento   que   aquí  no  acontece,  motivo  por  el  cual  se  rechazará.   

EL MECANISMO DE INSISTENCIA  

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   contra   el   presente  auto  procede  el  mecanismo  especial  de insistencia, cuyo  trámite  no  fue desarrollado en la legislación procesal penal. No obstante la  Sala   ha   definido   las  reglas  a  seguir  para  su  aplicación12,  como  a  continuación se precisa:   

1. La insistencia es un mecanismo especial  de  exclusiva  promoción  por  el  impugnante,  dentro  de  los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide  inadmitir o no seleccionar la demanda de casación, con el fin de lograr  se reconsidere lo decidido.   

2.  La  solicitud  puede  elevarse ante el  Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  fuese  el  casacionista;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante otro que no haya  intervenido en la discusión.   

3.  Es potestativo del disidente, de quien  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo para su revisión. En este último evento informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.  El auto a través del cual se inadmite  el  libelo  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el  recurso  de  casación,  salvo la  prosperidad   de   la   insistencia,   pues   conlleva   a   la   admisión   de  éste.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por  la  defensora  de  PABLO  SANDOVAL   RODRÍGUEZ,  conforme  a  lo  expuesto  en  precedencia.   

        2.  De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley  906  de 2004, es facultad del demandante elevar petición de insistencia, según  lo indicado en la parte motiva de este auto.   

                    Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                    JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                            SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                              AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                     Comisión de servicio   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                               JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

                                                  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.  

    

1 Folio  20 de la carpeta.   

2 Folio  52 de la carpeta.   

3 Folio  118 de la carpeta.   

4 Folio  140 de la carpeta.   

5 Folio  214 de la carpeta.   

6  El  artículo  180  del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, señala que  la  casación  tiene  por  finalidades  la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, y la unificación de la jurisprudencia.   

7  “Artículo  184.- …No será seleccionada por auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  Magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en cualquiera de los siguientes supuestos: si el demandante carece de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su contexto se advierta  fundadamente  que  no  se  precisa   del  fallo para cumplir algunas de las  finalidades     del     recurso.”    (negrillas fuera de texto).   

8 Auto  de casación de 9 de octubre de 2009, radicación No. 29949.   

9  Sentencia  de 27 de febrero de 2001, radicación No. 15042, auto de casación de  15 de mayo de 2008, radicación No. 28559.   

10  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

11  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.   

12  Auto   de   casación   de   15   de   diciembre   de   2005,   radicación  No.  24322.     

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