36228(07-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36228   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 230  

Bogotá D.C., siete (07) de julio de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  de  los  padres y hermanos del occiso  Francisco  Muñoz  Palechor,  reconocidos  como parte civil, contra el fallo de segundo grado de 27 de octubre  de  2010  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior de Neiva revocó la condena  proferida  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Pitalito en contra de  WILLIAM  FIGUEROA  PARRA,  para  en  su lugar absolverlo del delito de homicidio  culposo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“El 20 de octubre de 2003, aproximadamente  a  las  4:50 horas, en el kilómetro siete de la vía que de Pitalito conduce al  municipio     de     Timaná     (Huila),     en    la    vereda    ‘Mateo         Rico’ el vehículo identificado con placas  VZE-288   marca   Willis   de   servicio   público   afiliado   a   la  empresa  “Cootranslaboyana’  conducido  por  WILLIAM FIGUEROA PARRA colisionó contra las barandas del puente  de  la quebrada Tobo y posteriormente sufrió volcamiento. Como consecuencia del  choque  falleció  FRANCISCO  MUÑOZ  PALECHOR  y  resultaron  lesionados LEONEL  ALMARIO   NARVÁEZ,   ALBERIO   ALMARIO,  JUAN  CARLOS  y  JUAN  PABLO  FIGUEROA  OME”.   

La  Fiscalía  General  de la Nación abrió  formal  investigación  penal  en contra de WILLIAM FIGUEROA PARRA y lo escuchó  en  indagatoria.  Al  no  ser  necesario  resolverle la situación jurídica, de  conformidad  con  la  normatividad  adjetiva de 2000, al momento de calificar el  mérito  sumarial,  el  8 de febrero de 2005, profirió en su contra resolución  de  acusación  por  el delito de homicidio en concurso con lesiones personales,  ambos  en  la modalidad culposa, decisión confirmada por la Unidad de Fiscalía  Delegada ante el Tribunal el 31 de agosto de 2006.   

La  fase  del juicio la adelantó el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Pitalito, despacho que decretó la cesación de  procedimiento  respecto  del  delito  de  lesiones  personales  culposas ante el  desistimiento  de  la  acción  por  indemnización  integral presentado por los  ofendidos.  Y en relación con el ilícito de homicidio culposo, luego de llevar  a  cabo  el  acto  público de juzgamiento, mediante sentencia de 29 de enero de  2010  condenó  a  WILLIAM  FIGUEROA  PARRA  como  autor  del mismo, a las penas  principales  de treinta (30) meses de prisión, multa equivalente a treinta (30)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  la  época de los hechos  (2003)  y privación del derecho de conducir vehículos por treinta y nueve (39)  meses,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por igual lapso de la sanción aflictiva de la  libertad.   

También  lo condenó a pagar solidariamente  con  el  dueño  del  automotor, Leonidas Figueroa Ome y la empresa “Cootranslaboyana  Ltda.”,  a la cual  estaba  afiliado  el  rodante,  la  suma  de  $128.107.980,oo  por  concepto  de  perjuicios  materiales  y 50 salarios mínimos legales mensuales como perjuicios  de índole moral.   

En virtud del recurso de apelación formulado  por  el  defensor  del  enjuiciado,  el  apoderado  de  la  empresa “Cootranslaboyana  Ltda.” como tercero  civilmente  responsable  y  el  representante  de  la  parte  civil, el Tribunal  Superior  de  Neiva  mediante  decisión  de  27  de  octubre de 2010 revocó la  sentencia,   y   en   su   lugar   absolvió   a   FIGUEROA   PARRA  del  delito  endilgado.   

Contra  la  decisión  de  segundo grado, el  apoderado   de  los  actores  civiles  insiste  a  través  de  la  impugnación  extraordinaria,  con  la  respectiva demanda de casación, de cuya admisibilidad  se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Tras  anunciar  que  postula  un  cargo  por  violación   indirecta   de   la   ley   sustancial,   solicita  “la  nulidad  de  la  sentencia…por  error  de valoración o falso  juicio  de convicción, precisamente porque el sentenciador erró respecto de la  aplicación de las normas reguladoras del valor probatorio”.   

Para    el    libelista,    “existe  prueba  idónea que debió ser valorada, apreciada en su  exacta  dimensión  fáctica,  cosa  que  no  se hizo, pues al asignarle mérito  persuasivo,  el fallador transgredió los postulados de la lógica, las leyes de  la  ciencia, las reglas de la experiencia, o lo que es lo mismo transgredió los  principios de la sana crítica”.   

Cita  como  violados los artículos 23 de la  Ley  599  de  2000;  28,  50, 55 y 74 de la Ley 769 de 2002 (Código Nacional de  Tránsito   Terrestre),  indicando  que  también  hubo  infracción  al  debido  proceso.   

Refuta  así  al Tribunal por considerar que  había  duda probatoria al no poderse acreditar la velocidad en que se movía el  rodante,  porque,  contrariamente,  el  conductor  WILLIAM FUIGUEROA PARRA se la  imprimió  como  dan  cuenta  los  testimonios y la propia indagatoria, poniendo  así en riesgo la vida de los pasajeros.   

Explica que el procesado en su injurada hizo  su   “confesión”   cuando  indicó  que  se  desplazaba  como a cincuenta o sesenta kilómetros por  hora  y  tenía  otro  viaje  a  las 4 am., lo cual denotaría su afán ante ese  nuevo compromiso.   

Que  si  bien  el  incriminado dijo que otro  vehículo  lo  encandelilló, para el defensor, debió reducir la velocidad a no  más  de  treinta kilómetros por hora pues estaba oscuro y llovía, condiciones  que,   en   vez   de   lo   concluido   por   el   ad  quem, no eran intempestivas.   

Pone de presente que no se tuvo en cuenta la  destrucción  total  del  automotor  y  la  ausencia de huellas de arrastre pues  cayó  de  inmediato al lecho de la quebrada en un hueco a 1.60 metros del borde  del  puente,  ni  tampoco  fue  considerado  el  deplorable estado mecánico del  vehículo,     pues    si    el    conductor    aseveró    que:    “…le    adicioné    líquido    de   frenos   por   el   gasto  normal”,  es de elemental  conocimiento  que tal líquido se gasta por el mal funcionamiento del sistema de  frenos,  circunstancia ésta que por ser anterior al hecho dañoso, acreditaría  la omisión del deber objetivo de cuidado.   

En consecuencia, solicita a la Sala casar la  sentencia    y   revivir   la   condena   impuesta   en   contra   de   FIGUEROA  PARRA.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Teniendo  en cuenta lo previsto en el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación  es  viable  contra las sentencias proferidas en segunda instancia por  los  tribunales  superiores de distrito judicial y por el Tribunal Penal Militar  cuando  se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años.   

Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no es  emitido  por  los   citados  tribunales  o  el delito por el que se procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior  a dicho quantum punitivo, el  inciso  3º  del  artículo  205  del ordenamiento adjetivo penal faculta a esta  Sala  para  admitir discrecionalmente las demandas de casación que se ajusten a  los  requisitos  legales  cuando lo considere necesario para el desarrollo de la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.   

Lo  anterior  es  dable  siempre y cuando el  impugnante  precise  la  razón por la cual es imprescindible el pronunciamiento  de   la   Corte,   sea  que  se  requiera  su  criterio  de  autoridad  para  la  actualización  o  unificación  de  la jurisprudencia, así como también, debe  indicar  el  por  qué  la  decisión  solicitada tiene la doble utilidad de dar  solución al asunto y servir de norte en la actividad judicial.   

También  cuando  la  pretensión del actor  apunta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, ha de acreditar tal  pretermisión  e  indicar  las  normas  constitucionales que protegen el derecho  invocado  y  de  manera  obvia,  la  forma  como  fue  desconocido  en  el fallo  recurrido.   

Advertido  esto, por tratarse del delito de  homicidio  culposo,  previsto  en  el  artículo  109 de la Ley 599 de 2000, que  tiene   establecida   una   penalidad   de   dos   (2)   a  seis  (6)  años  de  prisión, como su  máximo  punitivo  no  supera  los  ocho  (8)  años, se impone  plantear el recurso a través de la vía discrecional.   

Pero aquí  el impugnante no anuncia, ni menos  desarrolla  alguna  de  las vertientes que admiten tal  vía,  sea  para  la  clarificación  de  la  jurisprudencia  a fin de emitir un  pronunciamiento  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  unificar posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, o para restaurar el agravio de alguna  garantía  fundamental  que  le  fuera vulnerada de la  parte  civil  que representa, pues sólo marginalmente  anota   que   también  hubo  infracción  al  debido  proceso     sin     alguna     demostración    al  respecto.   

Si  bien  opta  por  la  causal  primera  de  casación  por violación indirecta de la ley sustancial, incurre en una mixtura  cuando  pide  la  nulidad  de  fallo de segundo grado, con lo cual olvida que es  diferente  el  soporte  jurídico y argumentativo para cada causal de casación,  postura   que   en   todo   caso  contraviene  los  principios  lógicos  de  no  contradicción  y  de  razón  suficiente  que  imponen,  de  un lado, evitar la  presentación  de  postulados  que por su contraste se oponen, y de otro, que la  fundamentación para cada censura ha de bastarse así misma.   

Cuando la pretensión radica en una sentencia  estimativa,  como  en  este  caso,  se debe admitir la validez de la actuación,  pero  si  se  advierten  desafueros procesales con aptitud de afectar la validez  del  trámite  judicial,  se han de especificar y formular en primer lugar, para  seguidamente  denunciar  los errores sustentados en otras causales de casación,  porque   en   caso   de   prosperar   haría   inocuo   el   análisis   de  las  restantes.   

Pero además, el desarrollo del cargo carece  de  las  reglas  de  claridad  y precisión para demostrar tanto el error en que  incurrió  el  juzgador,  como su incidencia en el fallo, planteando incluso una  aporía  —camino sin salida  que   hace   inaccesible   el   cargo—,    cuando  dice que: “existe  prueba  idónea  que  debió  ser  valorada,  apreciada  en su exacta dimensión  fáctica,  cosa  que  no  se  hizo,  pues  al  asignarle  mérito persuasivo, el  fallador  trasgredió los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia, las  reglas  de  la  experiencia, o lo que es lo mismo transgredió los principios de  la  sana  crítica”, abordando así sincrónicamente  tanto   el   error   de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  y  el  falso  raciocinio.   

Si  se postula la violación indirecta de la  ley  sustancial,  como  la anunciada por el censor, se debe identificar el medio  probatorio   y  la  modalidad  de  yerro  en  que  incurrió  el  juzgador;  sea  error   de  hecho  en  sus  diversas  modalidades: falso  juicio  de  existencia  por  omisión  o  invención  de la prueba; falso juicio de  identidad  por  distorsión  o  tergiversación  de su  contenido  fáctico;  o  falso raciocinio  al  infringir  los  postulados  de  la  sana  crítica  y  derivar  conclusiones  que  contravienen los principios lógicos, las leyes de la ciencia  o   las   máximas  de  la  experiencia.  O  si  se  trata  de  un  error   de  derecho  debe  el  impugnante  explicar  si el yerro consistió en un falso juicio de  convicción por negarle a la prueba el valor conferido  por  la ley u otorgarle un mérito diverso del que le es atribuido legalmente, o  por   un   falso   juicio  de  legalidad  por valorar el juzgador alguna probanza con defectos formativos en  su incorporación o aducción procesal.   

En este caso, el demandante echa en falta en  el  fallo  el análisis de la velocidad con que conducía el procesado, referida  en  su  propia  injurada, así como el estado mecánico del rodante, la ausencia  de  huella  de  frenado  y las condiciones en que quedó luego del accidente que  daban   cuenta   los   respectivos   dictámenes,  pero  deviene  claro  que  al  corresponder  a  pruebas  analizadas  por  el  juzgador debió plantear un falso  juicio  de  identidad  si  consideraba  que de ellas no fueron tenidos en cuenta  hechos  relevantes  afectando  así  la  eficacia  demostrativa  o  alterado  la  integridad de su contenido.   

Además,  no  indica  qué  dato  novedoso y  desconocido  para  el juzgador develaban las pruebas y sobre todo su importancia  para  acreditar otra forma de ocurrencia de los acontecimientos que llevarían a  un fallo diverso.   

Desdeña así el juicioso análisis jurídico  realizado  por  Tribunal  para  arribar  a  la  conclusión que la disparidad de  criterios  exhibidos  a  lo  largo  del  proceso  como  generadores  de la culpa  atribuida    al    implicado,    impedían    sustentar    una    decisión   de  condena.   

En efecto, en el fallo se explicó que en un  principio  la  Fiscalía  en  la  instrucción  basó  la  infracción  al deber  objetivo  de  cuidado  por  no  haber  bajado  el  conductor  la  velocidad  del  automotor,  conforme  lo  enseña el artículo 74 de la Ley 769 de 2002, dada la  reducción  de las condiciones de visibilidad en la noche y el lamentable estado  en  el  sistema  de  frenos  del  rodante,  en tanto que el ente investigador en  segunda  instancia  agregó  que la falta atribuida al procesado se “concretó   en  haber  guiado  el  vehículo,  pese  a  que  sus  capacidades  cognitivas  habían disminuido, producto del cansancio y trasnocho,  además  por  infringir  el  artículo  70  Inciso  2°  del Código Nacional de  Tránsito  al  no haber dado prelación a un vehículo que subía”.   

Así  mismo, se resaltó que para el juez de  primera  instancia, el procesado no disminuyó la velocidad en el momento en que  fue  encandelillado  por otro vehículo superando la velocidad que correspondía  al  tránsito en zonas rurales.   

Por ello, determinó que:  

“Se   aprecia   que   los  funcionarios  judiciales   invocaron  varios  postulados  de  la  teoría  de  la  imputación  objetiva,  para  concluir que el ajusticiado es responsable de homicidio culposo  en  accidente  de tránsito. No obstante, la presunta superación de los riesgos  jurídicamente  permitidos  para  el  tránsito automotor carece de elementos de  pruebas  que  permitan  colegir  su  precisión e incluso se aluden infracciones  normativas   que   no   están   inmersas  dentro  del  ordenamiento”.   

De  la misma manera, el juez plural criticó  al  a quo por colegir que el  procesado asumió la posición de garante, porque:   

“…nada  se  explicó  al  respecto  y  se  arribó  a esa conclusión, sólo refirió que el  occiso  era  la  persona  que  más  había  consumido licor, lo que obligaba al  conductor  a  acatar las normas del tránsito terrestre, circunstancias que como  se  fijó  con  antelación  no  fueron demostradas. Si alguien tiene deberes de  seguridad  en el tráfico, lo trascendente para la imputación es si esa persona  desplegó  deberes  de diligencia para evitar que el peligro creado no excediera  los  límites  de  lo  prohibido.  Si  se  es  garante, no interesa si el sujeto  originó  el  curso  causal  (acción)  o  no  impidió  el desarrollo del mismo  (omisión)  sino,  si  ha cumplido con los deberes de seguridad que le impone el  ejercicio  de  una  actividad  peligrosa, circunstancias que del exiguo elemento  probatorio no fue demostrado”.   

En    consecuencia,    el    recurrente    no   cumple   con   las    exigencias   

legales  dispuestas  para  que  proceda  la  admisión   de  su  libelo  de  casación  por  la  vía  excepcional,  además,  la  Sala  no  observa  con  ocasión  del trámite procesal o en el fallo impugnado violación de derechos o  garantías     de    alguno    de    los    sujetos  procesales  como  para  que  se  hiciera necesario el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que  le  asiste  a fin de asegurar  su   protección   en  los  términos  del  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000).   

En  mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación interpuesta por el apoderado de  los  padres  y  hermanos  del  occiso Francisco Muñoz  Palechor,  reconocidos  como  parte  civil,  por  las  razones dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ            

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                          

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                          MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS          

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                       JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

     

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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