34856(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34856  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 425   

Bogotá  D.C., noviembre treinta (30) de dos  mil once (2011).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  el defensor de los procesados MANUEL ENRIQUE NÚÑEZ  DUARTE,   ANDRÉS   MAURICIO   CÁCERES   PARRA   y   JOSÉ   GABRIEL  JARAMILLO  MARIÑO.   

ANTECEDENTES:  

1. El 6 de marzo de  2009,  en  la  esquina  de  la calle 18 con la carrera 30 de Bucaramanga, Carlos  Adrián  Barón  Solano  fue  obligado mediante arma de fuego a subir a un carro  Chevrolet  Spring  BVA  985  conducido por MANUEL ENRIQUE NÚÑEZ DUARTE y en el  cual  se  encontraban  ANDRÉS MAURICIO CÁCERES PARRA y JOSÉ GABRIEL JARAMILLO  MARIÑO.  Lo hicieron sentar en el asiento trasero del automotor y lo despojaron  de  una  cadena  de  oro  valorada  en  200 mil pesos y un teléfono celular. El  último  lo  destruyeron  los  agresores al lanzarlo por una de las ventanas del  automotor.   

La  Policía,  enterada  de  la  situación,  desplegó  un operativo de  inmediato y logró la captura de los implicados  en   flagrancia.   Halló   en   su   poder   la  joya  hurtada  y  un  arma  de  fuego.   

2.   Al   día  siguiente,  ante  el  Juez  21  Penal Municipal de Garantías de Bucaramanga, se  legalizó  la  captura  de  los  aprehendidos y, acto seguido, se realizaron las  audiencias   de   formulación   de  imputación  e  imposición  de  medida  de  aseguramiento.  Los  procesados  no  admitieron  los  cargos. Se les afectó con  detención  preventiva  en  su domicilio por las conductas de hurto calificado y  agravado,  secuestro  simple  y  porte  ilegal  de  armas.  Respecto  de los dos  últimos  se  siguió  el  trámite  por  separado  al  presentar  la  Fiscalía  solicitud  de  preclusión  por  el  secuestro  y  preacuerdo  por  el  porte de  armas.   

3. La formulación  de  acusación en relación con el atentado contra el patrimonio económico tuvo  lugar  el  24  de  junio  de  2009   y  el  12  de  marzo de 2010, tras las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  el Juzgado 3º Penal Municipal de  Bucaramanga absolvió a los implicados.   

4.  La  Fiscalía  apeló  ese pronunciamiento y el Tribunal Superior de Bucaramanga, a través del  fallo  recurrido  en  casación,  expedido  el  20 de mayo de 2010, lo revocó y  condenó  a  los  inculpados,  en  calidad  de  coautores  responsables de hurto  calificado  y  agravado (Código Penal: Arts. 240-2, 241-10 y 268) a 72 meses de  prisión  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el mismo término. No se les concedió la condena de ejecución condicional  ni la prisión domiciliaria.   

LA DEMANDA:  

La  defensa,  en  el único cargo propuesto,  señaló  que  el Tribunal violó directamente la ley sustancial por aplicación  indebida  del artículo 239 del Código Penal, en el que se describe la conducta  de  hurto. Resultó equivocada la adecuación a ese tipo penal de los hechos que  se declararon probados.   

Hizo referencia luego a los elementos de ese  delito,  a  la  diferencia  entre  sustracción  y  apoderamiento según algunos  doctrinantes  y  al  criterio  de  la  remoción  de  la cosa con disponibilidad  corporal  para  el  perfeccionamiento  del  hurto, a través de la cual se busca  solucionar  hipótesis  límite, en las que el agente ha despojado a la víctima  del  bien  “pero  ante la persecución de éste o de  terceros,  por  determinado  lapso,  el  objeto  ha  sido recuperado”.  En  casos  así  el  autor no ha contado con la posibilidad de  disponer  a su arbitrio de la cosa o de ejercer pleno poder sobre ella, quedando  la acción en el nivel de tentativa.   

Resulta evidente en el presente caso, según  lo  anterior,  que  la  sentencia  de primera instancia era correcta. En esta se  estimó  que  si  bien  los  hechos investigados “son  dignos  de  reproche  jurídico”, no configuran hurto  porque  pese  a  existir  “una  actitud  conciente y  voluntaria  de  los  victimarios de lo antijurídico, aquella no tuvo por objeto  la   sustracción   de   bienes  de  propiedad  de  la  víctima”,  sino  que  estuvo  orientada  a  reprenderla y alejarla de Mayerly  Alarcón  Patiño,  novia de uno de los acusados. Se advirtió en esa decisión,  además,  “la  carencia  de ánimo para lucrarse por  parte de los victimarios”.   

Conforme  a la entrevista rendida por Carlos  Adrián  Barón, inquirió a sus agresores acerca del por qué lo iban a matar y  les  dijo  que  se  llevaran todo lo que llevaba consigo. En el mismo sentido se  expresó   en  una  diligencia  similar  Mayerly  Alarcón  Patiño.  La  propia  víctima,  entonces,  “ofreció los elementos que hoy  son  materia  del  reato que se investiga”. Por ende,  si     tal    iniciativa    no    fue    de    los    procesados    –estos,  según le contó MANUEL NÚÑEZ  a  Mayerly Alarcón y esta lo relató en su entrevista, sólo buscaban asustar a  Carlos  Adrián  Barón—, la  conclusión  es  que no incurrieron en hurto. Si el apoderamiento necesario para  la  estructuración  del ilícito implica que el sujeto activo entre en poder de  la  cosa  “sin ninguna autorización o permiso de su  titular”,  como aquí “si  hubo  tal  autorización, pues  (Barón)  ofreció  dichos  elementos  a  cambio  de que no le hicieran nada”, no  hubo delito por ausencia de ese elemento.   

Enseguida   precisa   el   casacionista:  “Igualmente  se  descarta por completo la existencia  de  animus  lucrandi;  cuando  está plenamente probado que uno de los elementos  ofrecidos   y   entregados   voluntariamente  por  la  víctima  (celular),  fue  literalmente  destruido  al  ser arrojado del vehículo, cuando el joven Adrián  se  bajó  del  automotor, quedando la cadena dentro del vehículo (arrojada por  la  víctima  y  recogida por MANUEL para ser entregada a la joven Mayerly, como  bien   lo   resalta  este  en  su  declaración  juramentada),  sin  que  existe  (sic)   en  la mente de  ninguno  de  los  incriminados  el  más  mínimo  aliciente  de  obtener algún  beneficio  por  dicho  elemento,  máxime cuando está demostrado que ninguno de  los  aquí  condenados  tuviere  la más mínima necesidad económica para ello,  pues  son personas con cierta solvencia económica, cuando todos están cursando  carreras      universitarias      pagadas     por     sus     padres”.   

Al   imputar   hurto   el   Tribunal,   en  consecuencia,  seleccionó  una  disposición  que  no  se  ajusta a los hechos,  constitutivos  de  constreñimiento  ilegal  o daño en bien ajeno, como bien lo  estableció   el   a   quo.   

Le  pide el casacionista a la Corte, en fin,  casar la sentencia impugnada y absolver a los procesados.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

1.  En el capítulo  IX  de  la  Ley  906  de  2004  dedicado  a regular el recurso extraordinario de  casación,  exactamente  en  el  inciso  2º  del artículo 184, se contemplaron  cuatro  posibilidades  para  no  seleccionar o admitir una demanda de casación:  carencia  de  interés,  no  señalamiento  de la causal, falta de sustentación  debida  de los cargos y cuando de su contexto se advierta fundadamente que no se  precisa  del  fallo  de  la  Corte  para  cumplir  alguna de las finalidades del  recurso.   

2.  En el presente  caso,  pese  a  ser evidente que el recurrente, en su condición de defensor del  condenado,  cuenta  con  interés  para  discutir  ante  la  Sala  la  sentencia  condenatoria  contra  su  asistido, no consiguió sustentar debidamente el cargo  propuesto.   

Con  sustento en la violación directa de la  ley  sustancial,  que  fue  la causal de casación seleccionada por el actor, la  discusión  está  limitada  al  contenido  jurídico  de la sentencia. Le está  vedado   al   impugnante,   en   consecuencia,  el  debate  relacionado  con  la  apreciación   probatoria   porque  en  esa  hipótesis  de  error  in  iudicando la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de un error estrictamente de derecho, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

En  la  sentencia  impugnada  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  le otorgó credibilidad al testimonio de la víctima,  según  el  cual los acusados, tras obligarlo con arma de fuego a subir al carro  en  el  que  transitaban,  le  hicieron  entregar su celular y su cadena de oro.  Entregó  la  segunda  luego de que JOSÉ GABRIEL JARAMILLO intentó quitársela  la  fuerza.  El teléfono fue destruido al lanzarlo los agresores por la ventana  del automotor.   

Eso  fue  lo  que  declaró  demostrado  el  ad quem y el censor, conforme  a  la lógica de la irregularidad denunciada, debía aceptar esa declaración de  la  sentencia  en  la  construcción   del  reproche. Pero no lo hizo así.  Reivindicó  como  verdad,  con  sustento  en  las pruebas de descargo,  lo  sostenido  por  sus  defendidos  y  a  partir de allí elaboró sus conclusiones  jurídicas.  Y  aunque es bastante discutible descartar el delito de hurto en la  hipótesis  fáctica  de  que  se  sirvió  el  demandante,  lo definitivo en la  consideración  de  que  la  censura  no  constituye una propuesta de violación  directa  de  la  ley  sustancial  susceptible  de examen en casación, es que la  discusión  jurídica  en  ella  planteada  no  está  referida a los hechos que  halló  acreditados  el  juzgador  sino a los que a juicio del actor sucedieron.   

Si  se tiene en cuenta, además, que ningún  error  de  naturaleza  probatoria  quedó  demostrado  en  el cargo –ni      siquiera      de     manera  implícita—, es manifiesto  que  no  hay  lugar  a  admitir  la demanda. Tampoco a superar sus defectos para  hacer  uso  de  la  facultad oficiosa contemplada en el inciso 3º del artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004.   

3.  Cabe  advertir,  para  finalizar,  que  contra    la   presente  decisión                 procede  el  mecanismo de insistencia de  conformidad  con lo establecido en la norma acabada de  mencionar,  cuyas  reglas  ha  definido la Sala en los  siguientes términos:   

         

          3.1.   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Corte  decida no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  reconsidere  lo  decido.  También podrá ser propuesto oficiosamente por alguno  de   los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal   –siempre que el recurso de  casación  no  haya  sido  interpuesto  por  un  Procurador Judicial—,   el   Magistrado   disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

          3.2.  La solicitud se puede presentar ante  el  Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          3.3.   Es   potestativo   del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

         

          3.4.  El  auto  a  través  del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

         En  virtud  de  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  los  procesados MANUEL ENRIQUE  NÚÑEZ  DUARTE,  ANDRÉS  MAURICIO  CÁCERES  PARRA  y  JOSÉ GABRIEL JARAMILLO  MARIÑO.   

          Contra  esta  determinación procede el mecanismo de insistencia, en  los términos a que se hizo alusión en las motivaciones.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JAVIER     ZAPATA    ORTIZ   

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ               

FERNANDO           CASTRO  CABALLERO                           SIGIFREDO                   ESPINOSA  PÉREZ                                    

MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                AUGUSTO             J.             IBAÑEZ  GUZMÁN                     

                   Comisión de servicio   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO            JULIO  ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA                                  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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