36192(05-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36192  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 315.  

Bogotá D.C., septiembre cinco (5) de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

          Decide   la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  la  defensora  del  procesado  CARLOS  RAFAEL  SALCEDO MARTÍNEZ con el objeto de sustentar el  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto contra la sentencia proferida  por  el  Tribunal  Superior de Cali, de fecha noviembre 10 de 2010, por medio de  la  cual confirmó la dictada el 28 de mayo anterior por el Juzgado Quinto Penal  del  Circuito Especializado de la misma ciudad, que lo condenó por el delito de  secuestro extorsivo agravado.        

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  acontecer  fáctico  que dio origen a la  actuación,  fue compendiado por el ad quem, así:   

“Se  adelanta  este sumario por los hechos  denunciados  por  la  señora Ana Lina López, ocurridos desde el 11 de junio de  2001,  cuando  luego  de  una  disputa  con  su compañero CARLOS RAFAEL SALCEDO  MARTÍNEZ,  éste  abandonó el municipio de Barbacoas, departamento de Nariño,  en  donde  convivían  y  viajó  hacia  Cali,  e  hizo  ir hasta la terminal de  trasportes  al  menor  C.A.L.,  de  12  años de edad, hijo de la señora López  Mina,  y  lo  llevó  de  viaje  con  él  hasta  el  departamento de Antioquia,  haciéndole  creer  al  niño,  que  su  madre  lo  esperaba  en  el lugar de su  destino.   

Consumado el rapto por ese engaño, llamó a  la  señora López exigiéndole la suma de diez millones de pesos por devolverle  a  su  hijo,  quien fue llevado a varios lugares hasta que lo dejara en manos de  una    familia    amiga    en    el    municipio    de   Caucacia   (sic).  El 20 de julio, es decir, un mes y  diez  días después, la mujer que cuidaba al menor llamó a la atribulada madre  y  le dijo que en el parque de esa localidad encontraría a su hijo. Ella viajó  entonces,     y     efectivamente    encontró    a    su    hijo”.   

Con  fundamento  en la referida notitia  criminis,  se dispuso la apertura  de  la  correspondiente  instrucción  penal,  a  la  cual se vinculó, mediante  declaratoria  de  persona  ausente,  a  CARLOS  RAFAEL  SALCEDO   MARTÍNEZ,   a  quien  se  le  definió  su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, sin  beneficio de excarcelación.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  su  mérito  el  22  de  marzo  de  2007 con resolución de acusación en contra  de  SALCEDO  MARTÍNEZ, como  posible  autor de la conducta de secuestro extorsivo agravado de conformidad con  el  artículo  170 del C.P., modificado por el artículo 3°, numeral 1°, de la  Ley 733 de 2002.   

A efecto de proseguir con la fase del juicio,  la  actuación  fue  asignada al Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado  de  Cali,  el cual, una vez surtido el trámite legal, mediante sentencia del 28  de  mayo de 2010, condenó al sindicado a la pena principal de veinticuatro (24)  años  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  de veinte (20) años, tras  encontrarlo responsable del cargo imputado en la acusación.   

En  la misma decisión, negó a SALCEDO   MARTÍNEZ  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y el sustituto de la  prisión  domiciliaria,  al tiempo que lo condenó al pago de perjuicios morales  por   una   suma   equivalente  a  diez  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

Contra la anterior determinación, interpuso  recurso  de  apelación  la  defensa  del  sindicado,  motivo  por  el  cual  se  pronunció  el Tribunal Superior de Cali el 10 de noviembre ulterior confirmando  la decisión impugnada.   

          El   fallo   del   ad  quem  es  ahora  objeto  del recurso extraordinario de casación promovido  por    la    defensa   de   CARLOS   RAFAEL   SALCEDO  MARTÍNEZ,   quien   lo   sustentó   allegando   el  correspondiente  libelo,  sobre  cuyos presupuestos lógicos y argumentativos se  ocupa la Sala a través de esta decisión.   

LA DEMANDA  

Luego de relacionar los sujetos procesales y  de      sintetizar los hechos de la actuación, incorpora un  acápite       denominado      “Causales      de  Nulidad”,             en             cuyo  primer           aparte,   rotulado  “Causal    primera”,  manifiesta   acogerse   a  “lo  establecido  en  los  numerales  1,  2 y 3 del artículo 306 del C.P.P. en concordancia con el numeral  8  del  art.  140  del  C.P.C., a su vez con el art. 207 numerales 1° y 3° del  C.P.P.,       preceptivas       que       estima  conculcadas.   

Lo anterior, pregona, en cuanto la Fiscalía  Décima   Especializada   de   Cali   “acogió  una  investigación  llena  de  vicios y ni siquiera se tomó el cuidado de hacer una  verdadera  investigación  para  el  esclarecimiento  claro  y  concreto  de los  hechos”,  en  la  medida  en  que  no  informó a su  prohijado sobre su existencia.   

Añade  que desde el mismo momento en que se  “avocó      el      conocimiento      de     la  denuncia” se advierten las “fallas grandísimas”  del  ente instructor, situación que se extendió hasta la emisión del fallo de  primera  instancia,  pues  sólo  obra  como  prueba en contra de su patrocinado  “un cassete sin desvirtuar y sin experticio técnico  y  dos  declaraciones  de  familiares  de la denunciante y una declaración  del   menor   en   el  que  supuestamente  manifiesta  de  que  fue  secuestrado  (sic)  pero manifiesta en la  misma que él andaba libremente”.   

Además, indica, la denunciante “sabía    lo   que   había   cometido   ante   las   autoridades  competentes”  y por ello está incursa en la conducta  de  fraude  procesal,  amén de que era “colaboradora  de  los  grupos  de Autodefensas, ya que a mi poderdante casi lo matan por orden  de   la   señora  Ana  Lina  López  Mina,  quien  ordenó  la  retención  del  mismo”.   

En   el  capítulo  siguiente,  intitulado  “Causal    segunda”,  comienza  por  solicitar  la  revocatoria  y  casación del fallo, para lo cual,  aduce,  “me  permito citar el numeral 3 del art. 207  del  C.P.P., norma esta violada, toda vez que al momento que se dictó sentencia  en  contra  de  mi  representado  señor, éste nunca fue citado ni escuchado en  indagatoria,  violándose  el  debido  proceso  consagrado  en  el art. 29 de la  Constitución  Nacional”,  teniendo  conocimiento de  ello  solo hasta cuando fue aprehendido por las autoridades, sin que haya podido  comunicarse  con  la denunciante o con su hijo, quienes al parecer se ausentaron  del país, desconociéndose su paradero.   

Acto  seguido,  en  el apartado que denomina  “fundamentos   de   la  impugnación”,  reitera  los  señalado  en  los capítulos previos en cuanto encuentra que se transgredió el  debido  proceso  y  el  artículo  254,  numerales  1 y 2, del estatuto procesal  “ya   que   no   hubo  cotejo  de  voces  entre  la  denunciante,  el  denunciado  y  la  tercera  persona  que  aparece dentro de la  grabación  lo mismo que la violación al art. 255 en su inciso 1, 2, 3 y 4 y la  violación   del   art.   257   criterios  para  la  apreciación  del  dictamen  (sic)”.   

Con  fundamento  en  lo  anterior,  depreca  “casar   este  recurso  de  casación  (sic)”  y,  a  consecuencia  de  ello,  revocar  en  todas sus partes la providencia impugnada,  pues   luego  de  presentada  la  denuncia,  Ana  Lina  López  “se desapareció de  la  fax  (sic)  de la tierra,  quedando  la duda surgida dentro del proceso por tanto solicito se aplique el in  dubio pro reo”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Sea  lo  primero  señalar  que  aun  cuando  pareciera   que  la  libelista  formula  dos  cargos  independientes  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  por  cuanto,  como  quedó  reseñado  en  el  capítulo  precedente,  el  apartado  de “causales de  nulidad”,   donde   expone   los   fundamentos   de  inconformidad,   lo   subdivide   en   dos   acápites,  a  saber:  “causal    primera”    y  “causal  segunda”, realmente sólo se  puede   concebir   uno,   dado   que  en  el  último  se  limita  a  reproducir  planteamientos del anterior.   

Ahora  bien,  es  evidente que la censura no  cumple  con  los  presupuestos  exigidos  legalmente  para  su  admisión  en el  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000, motivo por el cual se procederá a su  inadmisión  y  a  la  correlativa  devolución  del  expediente  al Tribunal de  origen,  como  así lo dispone la siguiente preceptiva del mismo ordenamiento en  caso de concretarse tal eventualidad.   

En  tal dirección, confluyen las siguientes  razones jurídicas:   

1.  La  censora  no señala en forma clara y  precisa  la causal por cuyo medio pretende el derrocamiento del fallo.  Por  lo  mismo,  no  desarrolla  un  cargo  acorde con los motivos legales previstos,  desconociendo  el  contenido  del  numeral  3°  del  aludido  artículo 212 del  estatuto  procesal  penal, según el cual la demanda, para ser admitida, deberá  contener      “la     enunciación     de     la  causal”.   

En  efecto,  la  impugnante,  en el apartado  denominado     “causal     primera”,   invoca  los  numerales  1  y 3 del artículo 207, que corresponden, en su orden, a las causal  de  violación  de la ley sustancial, sin especificar el motivo, esto es, si por  la  vía  directa  o  la  indirecta,  y  nulidad.  Por  su parte, en el acápite  siguiente,       rotulado      como      “causal  segunda”,   alude   al   numeral   3  de  la  misma  preceptiva.   

A  esta  confusión del enunciado se suma el  hecho   de   que   en   sus   fundamentos   la  demandante  involucra  supuestos  correspondientes  a diversos motivos de casación, pues al tiempo de exponer que  a  su prohijado no se le informó oportunamente del inicio de la investigación,  aserto  que  apuntaría  a  una  eventual  violación  del  derecho a la defensa  material  -aún cuando nada complementa sobre el particular- también afirma que  la  prueba  en su contra no colma los presupuestos para sustentar la condena, lo  cual  encasillaría  en  la  violación indirecta de la ley sustancial, y, en la  parte  final,  que  debió  absolverse  a  su  patrocinado  por  aplicación del  principio  in  dubio pro reo,  cuya  vulneración,  como  lo  tiene  de  antaño  sentado  la  Sala, bien puede  proceder por la última causal referida o por violación directa.   

Esa combinación de aspectos concernientes a  causales  de  casación  diversas evidenciada en la censura objeto de análisis,  resulta  atentatoria  de principios tutelares del ejercicio casacional, como son  los  de  autonomía  y  no  contradicción,  orientados a conseguir demandas que  cumplan  las  exigencias  legales  de  claridad  y  precisión, a través de una  argumentación suficiente y lógica.   

El  primero de tales principios, esto es, el  de  autonomía  en  la  formulación  de  los  cargos,  impone  que las diversas  propuestas  sustanciales  dirigidas  hacia  el resquebrajamiento del fallo deben  ser postuladas de manera independiente.   

Significa lo anterior que, con el propósito  de  evitar  entremezclas  argumentativas y conceptuales que puedan entorpecer la  comprensión   del   planteamiento,   máxime   cuando   se   trata  de  asuntos  fundamentados  en  diversas  causales  de  casación,  las  censuras  deben  ser  abordadas  por  separado  y,  en caso de ser excluyentes, no basta con ello sino  que, además, debe indicarse cuáles son subsidiarias.   

El  segundo  principio,  conocido como de no  contradicción,  íntimamente  relacionado  con  el  anterior, está orientado a  purgar       la      argumentación      precisamente      de      proposiciones  contrapuestas.   

Es lo que sucede en esta censura por exponer  planteamientos  que  al  rompe  son antagónicos, como lo es la violación de la  ley  sustancial, en cualquiera de sus manifestaciones, ya sea de forma directa o  indirecta,  con  la nulidad, porque en el primer caso se acepta la validez de la  actuación  procesal  por cuanto el ataque se circunscribe a errores de juicio o  in  iudicando  en  los  que  incurre  el  sentenciador  al  momento  de  fallar,  mientras  que en el segundo  justamente   se   debate   ese   aspecto   a   través  de  yerros  in        procedendo       o       de  procedimiento.   

2.  Aparte  de  lo  anterior,  es  necesario  precisar  que  la  fundamentación  ofrecida por la demandante, amén de exhibir  ostensibles  yerros  de  redacción  que  dificultan  su  intelección,  tampoco  desarrolla con suficiencia alguna de las causales referidas.   

Ciertamente,  en  cuanto  a  la  pretensión  compatible  con  la  nulidad,  porque  no  satisface  ninguno  de las exigencias  establecidas  para  tenerla  por  adecuadamente demostrada, por apelar a simples  generalidades,  tales  como  señalar que no se llevó a cabo una investigación  adecuada,  o  que  a  su  defendido  no  se  lo notificó su iniciación, sin la  indispensable  carga  argumentativa encaminada a respaldar  tales asertos y  a  demostrar  su  trascendencia  en el ámbito de la afectación de garantías o  del   menoscabo   de   las   bases   fundamentales  de  la  instrucción  o  del  juzgamiento.   

Pero  peor  sucede  con  el  desacuerdo  que  expresa  frente   a  la  apreciación  probatoria  del  juzgador, porque ni  siquiera  enmarca  esa  propuesta  en  los  errores  que  gozan de la entidad de  resquebrajar  el  fallo  conforme lo ha reseñado la reiterada jurisprudencia de  esta  Sala, bien de hecho o derecho; los primeros, conviene recordar, por falsos  juicios  de  existencia,  identidad  o  raciocinio  y,  los segundos, por falsos  juicios  de  legalidad  o  convicción, a cambio de lo cual pretende simplemente  imponer  su  particular criterio de apreciación, desprovisto de la aptitud para  derruir  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que ampara al fallo, al  paso  de  concebir erróneamente el recurso como una tercera instancia adicional  de discusión.      

3.  Las falencias denotadas permiten colegir  que  la  censura  propuesta  por la defensora de CARLOS  RAFAEL  SALCEDO  MARTÍNEZ  no satisface el presupuesto  de  contar  con  una  argumentación  lógica  y  suficiente,  a  partir  de  la  inexistente  claridad en punto de identificar el motivo de la inconformidad y el  ausente  desarrollo  de  una  propuesta  con   la  capacidad  de derruir el  fallo.      

De  ahí que, como se anticipó al inicio de  este  acápite  considerativo,  surja como decisión la de inadmitirla; además,  porque  el  principio  de  limitación  aplicable a este medio extraordinario de  impugnación,  cuya  consagración  legal se encuentra en el artículo 216 de la  Ley   600   de   2000,   impide   a   esta   Sala  subsanar  las  incorrecciones  anotadas.   

          En  consecuencia, a ello se procederá, además porque no se observa  que  durante  el trámite del proceso o con ocasión del proferimiento del fallo  se  hubiera  incurrido  en vulneración de garantías fundamentales que ameriten  intervención  oficiosa  de  la Sala, según la previsión contenida en el mismo  precepto.   

               En  mérito  de  lo expuesto, la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  la  defensora de CARLOS RAFAEL SALCEDO  MARTÍNEZ,  por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                 ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

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