36274(05-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36274  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 315.   

Bogotá,  D.  C., cinco (5) de septiembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ABRAHAM   JOSÉ   RAMOS  CELIS  contra  la  sentencia  del  17 de noviembre de 2010 mediante la cual el Tribunal Superior de  Bogotá  confirmó  la  proferida  el 9 de febrero del mismo año por el Juzgado  Octavo  Penal  del Circuito de igual sede, que condenó al procesado a las penas  principales  de  60 meses de prisión y multa en cuantía de 5 salarios mínimos  legales  mensuales,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el término fijado para la pena  privativa de la libertad, como autor del delito de receptación.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente forma:   

          “Según informe del grupo de automotores  de  la  Policía  Metropolitana  de  Bogotá  SIJIN,  se tiene que para el 18 de  febrero  de  2004,  en  la  calle 7ª sur No. 0-56, barrio San Cristóbal Sur de  esta  ciudad,  conforme  a  datos  aportados por la ciudadanía acerca de que en  dicho   lugar   se  desbarataban  vehículos,  se  procedió  a  verificar  esta  circunstancia  solicitando  a  la  propietaria  del inmueble Luz Liliana Gálvez  Panchote  el  ingreso  al  mismo,  hallándose al levantar la reja del garaje al  interior  de  la  vivienda  una  gran  cantidad  de  partes de automotor y a Luz  Fernando  Torres  rompiendo la carrocería de un vehículo Renault Twingo, color  rojo,  con  número  de  chasis  y  serie  9FBC066054L806080 con placas BNK-538;  rodante  que  figura  registrado como hurtado según denuncia No. 137 presentada  por María Mercedes Mosquera Perdomo en la Estación de Chapinero.   

          En  el  mismo  lugar  se  encontraron:  un  torpedo delantero con el  número  consecutivo de producción F145A correspondiente a la camioneta Station  Wagon,  que  figura  como  hurtada  de  acuerdo  con  la  denuncia 3879 del 3 de  diciembre  de  2003; una puerta para un Twingo, con número de motor B700f744147  placas   BON-525  hurtado  el  22  de  enero  de  2004  conforme  denuncia  1676  –Fiscalía 6ª Seccional;  una  capota,  un guardafango, un frontal y cuatro copas del vehículo marca Fiat  con  número  de placas BJR-002 que figura hurtado según denuncia No. 36 del 12  de  enero  de  2004  CTI Melgar; una tapa de baúl, dos puertas, tres copas para  llantas,  un limpiabrisas con identicar CGT-915 que registra pendiente por hurto  según denuncia No. 541 del 6 de agosto de 2003 Puente Aranda.   

          Así   mismo   se   hallaron   diferentes  partes  de  rodantes  sin  identificación   correspondientes   a  las  marcas  Mazda,  Chevrolet  Corsa  y  Chevrolet Swift.   

          Hechos  por  los cuales fue igualmente vinculado a la investigación  Abraham  José  Ramos  Celis,  persona  que  se  dice arrendó el inmueble donde  fueron halladas las partes de automotores hurtados”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La  instrucción  penal  respectiva  se  inició  el  19  de  febrero  de  2004,  en cuyo desarrollo se vinculó mediante  indagatoria   a   Luis  Fernando  Torres  y    con    declaratoria   de   persona   ausente   a   ABRAHAM  JOSÉ  RAMOS  CELIS. El primero de  ellos,  en  el  curso de la investigación, se acogió al mecanismo de sentencia  anticipada, produciéndose la ruptura de la unidad procesal.   

2.  A  RAMOS CELIS  la  Fiscalía 127 Seccional le resolvió la situación  jurídica   el   25  de  junio  del  precitado  año,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento   de   detención  preventiva,  por  el  delito  de  receptación.   

3.  Clausurada  la  instrucción,  mediante  interlocutorio  del  5  de  diciembre de 2005 el fiscal calificó el mérito del  sumario,    profiriendo    resolución   de   acusación   contra   RAMOS  CELIS, por el ilícito atribuido en  la medida de aseguramiento.   

4.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Octavo  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  despacho judicial que en su  momento  realizó las audiencias preparatoria y pública de juzgamiento, tras lo  cual  puso  fin  a  la  instancia con la sentencia del 9 de febrero de 2010. Por  vía  de  apelación  proveniente de la defensa el Tribunal Superior de la misma  ciudad confirmó el fallo.   

6.  Por  lo  anterior  el  referido  sujeto  procesal  acudió  al recurso extraordinario de casación, presentando en tiempo  el respectivo libelo.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal,  el  cual  apoya  en  la  causal tercera de casación de la Ley 906 de  2004, por error de hecho derivado de falso juicio de identidad.   

          El  yerro  lo hace recaer en los indicios con los cuales el juzgador  arribó  a  la  certeza  de  la  responsabilidad  del procesado, en concreto, el  ataque  lo  dirige en cuanto al número de los mismos, a la prueba de los hechos  indicadores,  a  su  gravedad  y  a  la  inferencia  lógica  realizada  por  el  sentenciador.   

          Así,  empieza  refiriéndose  al  “modus  operandi”        y       al       “arrendamiento   del   inmueble”.  Al  respecto  considera  que  se  trata  de  un solo indicio, por cuanto la forma de  actuar  consistió  en  que  RAMOS  CELIS buscaba   el   inmueble   y   luego  ubicada  allí  a  Luis  Fernando  Torres  para  la actividad  ilícita.   

          Luego,   alude   a   la  “actividad  que  desarrollaba  el  enjuiciado” y a la “oportunidad  para delinquir”. Igualmente,  estima  que  se  trata  de  un solo indicio, porque la actividad es la que da la  oportunidad para desarrollarla.   

          A    renglón    seguido    hace    mención    al   “indicio   de   la   protección”,  para  disentir  por su apreciación en este caso, pues por ningún lado aparece prueba  demostrativa   de   que   RAMOS   CELIS  desplegara   alguna   actividad   para   proteger   a   Luis   Fernando   Torres.  Contrariamente,  añade,  aquél  aceptó  haber acompañado al segundo para que le arrendaran el  inmueble.  En  su  opinión,  este  indicio  es  solo  atribuible a Torres, pues fue éste quien negó conocer  a RAMOS.   

          Por  consiguiente,  es del criterio que sólo se está en presencia,  en   gracia   de   discusión,   de   dos   indicios,   a   saber:  modus     operandi     y    actividad  realizada.  Sin embargo, estima  que  el  primero  de  ellos  debe descartarse en este caso, pues la prueba no da  para  darlo  por probado, en cuanto el procesado solamente estuvo en el lugar de  los  hechos  en  una  oportunidad. En esas condiciones, considera que el indicio  subsistente  no  es  suficiente  para  condenar,  porque  se trata de un indicio  contingente.   

          En  su  sentir,  la actividad de mecánico del acusado y el hecho de  estar  en el negocio de autopartes genera apenas “una  probabilidad  remota”,  pues  se trata de un trabajo  lícito.   Por   lo   demás,   agrega,  el  haber  acompañado  a  Torres    al   inmueble   “no  puede  desembocar  tampoco  de manera grave que mi defendido sea  parte integrante del ilícito investigado”.   

          Para  el  actor,  de  otra parte, no es válido inferir lógicamente  que  como  el  acusado resultó involucrado en un caso pretérito ahora también  lo  está.  Sobre  el  particular,  señala  que  la  versión  del procesado es  creíble,  en  cuanto dijo que “sólo acompañó a su  otrora  compañero  a  que  se  ubicara  en  el  predio  en donde el segundo fue  capturado”,    sin   que   nunca   más   volviera  “a  dicho  lugar,  nunca  se  entendió con pagos de  arriendo,  nunca merodeó el lugar”. Lo contrario, en  su  concepto,  “sería  estigmatizar  eternamente  a  quien ha cometido un delito algún día de su vida”.   

          Luego  de  señalar,  finalmente,  que  aún aceptando, en gracia de  discusión,  que  en este caso concurren dos o más indicios, ellos no tienen la  eficacia  suficiente  para  soportar un fallo condenatorio, solicita casar éste  para, en su lugar, proferir uno de carácter absolutorio.   

             

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          En  virtud  del carácter extraordinario del recurso de casación y,  consecuentemente,  para diferenciarlo de los alegatos propios de las instancias,  el  legislador  en el numeral 3º del artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal,  impone  al demandante el cumplimiento de unos presupuestos de adecuada y  lógica   sustentación,   sin   los  cuales  el  libelo  está  llamado  a  ser  irremediablemente   inadmitido,   conforme   lo   establece   el  artículo  213  ibídem.   

          Dichos  requisitos  se relacionan con la acertada enunciación de la  causal  y  con la adecuada formulación del cargo, para lo cual se deben indicar  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  que se  consideran  infringidas.  A esas exigencias, las cuales operan de manera general  para  todas  las causales, es necesario añadir las pautas que la jurisprudencia  de  la  Corte,  a efectos de la cabal comprensión de los reproches denunciados,  ha  establecido  en  forma  particular  respecto  de  cada uno de los motivos de  casación.   

          En  el  caso  sometido  a  examen,  la  Sala evidencia en la demanda  defectos  de  fundamentación  desde  el  mismo  momento  de la enunciación del  único  cargo  formulado,  pues  el  censor  lo  apoya  en  la causal tercera de  casación  de  la  Ley 906 de 2004, pese a que el presente proceso se ritúa con  sujeción a los trámites previstos en la Ley 600 de 2000.   

          Ahora  bien,  el  error  de  hecho por falso juicio de identidad, al  cual  acude  el  libelista  para  estructurar el reproche, se presenta cuando el  fallador,  al apreciar la prueba, distorsiona su contenido fáctico para hacerle  decir  lo  que ella no expresa, en cuanto la cercena, adiciona o translitera. Su  demostración  requiere  que el actor identifique el medio sobre el cual recayó  el  dislate,  realice  un  cotejo  entre su contenido y aquel que le atribuye el  fallador,  precisando  los  apartes  donde  se  presenta  la distorsión y luego  acredite la trascendencia del yerro.   

          Sin  duda, tal carga argumentativa no la satisfizo el actor, pues en  momento   alguno  identificó  los  apartes  del  fallo  que  fueron  objeto  de  distorsión  por  el  fallador y mucho menos explicó la trascendencia del yerro  en el sentido de la decisión impugnada.   

          Observa  la  Sala  que  el  cuestionamiento  se  dirige  contra  los  indicios  estructurados  por el juzgador. Al respecto, es necesario recordar que  cuando  se  trata  de  atacar  por  vía  de  casación  la prueba indiciaria al  libelista   le   compete  precisar  si  lo  hace  respecto  (i)  de  los  medios  demostrativos  de  los hechos indicadores, (ii) de la inferencia lógica o (iii)  del  proceso  de valoración conjunto al apreciar su articulación, convergencia  y  concordancia de los varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes  pruebas1.    

También tiene dicho la jurisprudencia de la  Sala  que si se opta por lo primero, la impugnación solamente procede, desde la  perspectiva  del  error  de hecho, por vía de los falsos juicios de identidad y  existencia2   

,  mientras  si se cuestiona el razonamiento  lógico,   el   ataque   solamente   puede   dirigirse   por   vía   del  falso  raciocinio.   

El  demandante  tampoco se allanó a cumplir  los  anteriores  presupuestos de fundamentación, pues si bien inicia señalando  que  el  ataque  lo dirige, entre otros elementos, sobre la prueba de los hechos  indicadores  y  la  inferencia  lógica, lo cierto es que no identifica el medio  probatorio  ni  el razonamiento donde se presentó el error, ni tampoco sustenta  su  ocurrencia  conforme  a  los  motivos  anejos  a  cada  una  de las fases de  formación del indicio.   

En  realidad, la impugnación no pasa de ser  una  postulación  meramente  personal  acerca del mérito persuasivo del caudal  probatorio,  en  la  cual  el  actor  concluye  que la versión del procesado es  creíble,   cuya   posición   la  opone  a  la  valoración  del  sentenciador,  pretendiendo  de  la  Corte  que avale la primera y desestime la segunda, con lo  cual  olvida  que ese tipo de discrepancias son ajenas al recurso extraordinario  de  casación,  dada  la  doble  presunción de acierto y legalidad de que está  dotado el fallo de segunda instancia.   

Atendida,   por   tanto,   la   defectuosa  confección  de  la  demanda,  que  pone  de  presente el no cumplimiento de los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada fundamentación exigidos en esta sede, la  Corte la inadmitirá.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la Corte no avizora la vulneración de  garantías  fundamentales,  que le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ABRAHAM JOSÉ RAMOS CELIS.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

                      

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  En  este sentido, sentencia del 4 de abril de 2003. Rad. 14636.   

2 Cfr.  auto del 10 de marzo de 2009, radicación 26572.     

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